Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de
Stephenie Meyer y su casa editorial.
El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"
Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.
Solo para mayores de 18 años.
Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor
Susurros Inmortales
Capitulo 12 – Conociendo al enemigo.
Carlisle Cullen
Denali – En alguna parte de la cordillera de Alaska
Habíamos dejado nuestro vehículo en el estacionamiento de un hotel de Fairbanks. Luego marchamos a pie hasta la residencia de Eliazar, cerca del parque nacional de Denali. Las estepas heladas del paisaje, calmaban nuestros ánimos, mientras nos dejábamos ir en una carrera veloz y liberadora. Esme no dejaba de pensar en nuestros hijos. Nunca conocí mente más piadosa que la de mi esposa. De carácter amable y benévolo, la inmortalidad solo había acentuado su naturaleza compasiva. Era mi compañera perfecta y le amaba hasta la locura. Lo había sabido desde el instante en que le vi en el hospital, donde agonizaba. Solo unos momentos de conocerla me bastaron para comprender que esa criatura que se debatía ante la muerte, era a quien elegiría para el resto de la eternidad. Y gracias a Dios, aunque poco quisiera él que le nombrara, pero es así. Ella aprendió a corresponderme.
Corría a mi lado con su belleza pacífica y etérea. Su cabeza se llenaba de imágenes emotivas de nuestros hijos, mezclados con el retrato de Bella. Su cara triste y su voz tímida, se colaban en su pensamiento con tanta asiduidad como Alice o Edward. ¿Dónde estarían ahora? ¿Habrán sobrevivido a la guardia que les perseguía? Tantas preguntas. Tan pocas respuestas.
Yo mismo me encontraba inundado en un pesar, tenebroso y expectante. Parecía imposible que tamaña tragedia se hubiese desencadenado en tan corto tiempo. ¿Si hubiese actuado antes? Me reprendía mentalmente. Mi justificativo era que a pesar de tener enfocada mi intención en el regreso de Edward, no podía dejar de estar encantado y en cierto modo intrigado por el poder de esta pequeña humana, que se había ganado el corazón de un vampiro.
Mis secciones solo revelaron el don latente de una mente poderosa, que miraba más allá. No estaba seguro pues algo así como un escudo, protegía su pensamiento y no podía leer en ella. Mas sus palabras y acciones develaban su misterio. Algo así como el talento de mi hija, pero hacia el pasado. Por supuesto que no me había atrevido a compartir mi descubrimiento con Alice, pues era consciente de la empatía que la joven despertaría y ya era suficientemente difícil la tarea de separarla de Edward, como para que también le alertara de la posibilidad de haber encontrado otra vidente.
El paisaje conocido de la propiedad de nuestros amigos, comenzaba aparecer en nuestra rauda carrera. En verdad ansiaba compartir mis descubrimientos con Eleazar. Éste había pertenecido a la guardia íntima de los Volturis y durante su estancia había ayudado a Aro a descubrir las posibles habilidades de los vampiros, haciendo que tuvieran especial trato con aquellos cuyos dones podían ser cultivados. Incluso su instinto, ayudaba a descubrir estos talentos en algunos humanos, aunque su lectura fuera confusa y este aspecto es el que me parecía más riesgoso en manos tan codiciosas como las de Aro. Por supuesto que Eliazar no compartía mi punto de vista, ya que su agradecimiento a la casa, era total.
Estaba ensimismado en esos recuerdos, cuando voces desconocidas se colaron en mi mente. Nunca como hoy agradecí mi don de percibir el pensamiento ajeno. Por la claridad de su hilván, denotaba que eran: Vampiros. Sin dudarlo: la guardia de los Vulturis estaba allí. Por un segundo detuve mi carrera, con intención de proteger a mi esposa. Pero las lecturas del conjunto no me alertaban de que estuvieran buscándonos. No. Ellos había venido tras de Eleazar y su familia. Estaban claramente decepcionados por no encontrarlos. De repente entre la filas de pensamientos una voz dulce e inconfundible se mezcló con el sabor de un recuerdo velado hacia el resto. "No lo hagas" repetía la voz de Alice en el extraño vampiro. Debía enfrentarlos. Alguien de allí dentro sabía sobre mis hijos.
- Esme. Hay vampiros de los Vulturis en la caza de Carmen y saben de Alice. Creo que deberías marcharte. Con suerte puedas unirte con Peter y Charlotte en las afueras de México. - Acabé por confiar en mi esposa.
- ¿Eleazar, Carmen y las niñas? - Preguntó Esme con clara aflicción en su rostro divino. Es raro como llamaba a Tanya, Irina y kate. Más lejos no podían estar de ser unas niñas. Aunque había aprendido a quererlas, no podía negar que esas coquetas vampiras eran lo más cercano a unos íncubos que tantos dolores de cabeza (en el sentido figurado) le habían provocado a Eleazar.
- Han conseguido huir. Se encuentran decepcionados y furiosos por ello. Pero debo entrar. - Apliqué con calma. No hacía falta que me respondiera, pero en momentos tan sombríos fue reconfortante saber que mi compañera estaría conmigo hasta el final.
- Iré contigo. - Contestó mi amor y tomados de la mano, caminamos a pasos mortales, el resto del trayecto que nos separaba de la cabaña.
No hicimos más de diez metros, cuando la figura de una vampira pequeña de ojos evidentemente orientales nos franqueó la puerta. La voz en su mente relataba con furia el encuentro con Edward, Alice y Bella. Y ahora se desasía en ganas de desquitar su enojo con nosotros, o por lo menos conmigo. "Malditos ojos amarillos" martillaba su mente una y otra vez.
- Soy Carlisle Cullen. He venido en busca de Eleazar. ¿Supongo que vuestra presencia no es de cortesía?. - Me presenté con voz clara y sin temor.
- ¿Inglés… he? La cortesía como el té es algo que ya no disfruto. - Gruñó la pequeña vampira y nos hizo un ademán para que entráramos.
- El mismísimo Carlisle Cullen. - Escuché la voz que me llamaba y al momento de cruzar el umbral, reconocí al personaje que me había nombrado.
Su mente rememoró en milésimas de segundos, retazos de conversaciones de un pasado remoto en los cálidos aires de Volterra. Sabía que no era de sus preferidos por mi elección…digamos culinaria, pero en cierto modo era respetuoso del grado de amistad que llevaba con sus maestros.
A su lado, otro joven vampiro de largos cabellos rubios, tenía la vista fija en una fotografía donde nos veíamos junto a Alice. Su mente volvía a señalar "No lo hagas". Él le conocía, pero por secretas razones no compartía esa información con el resto. Tal vez no todo estaba perdido.
- Me estabas llamando, Demetri. - Me apresuré a saludar, buscando una reacción que me alentara a este plan descabellado de exponernos ante nuestros sicarios.
La voz mental del joven exhaló aliviado "Gracias a Dios. Ella no está con él, parece que su pareja… es la dama que está a su lado" "¿Ella sabrá que le busco? Y la empatía de su gesto hacia Alice, me hizo comprender que podía encontrar un aliado.
- ¿Qué haces por aquí Carlisle? - Consultó Félix, saliendo desde la parte trasera de la estancia. Ese musculoso personaje era uno de los guardias más antiguos de la corte y habíamos compartido mucho tiempo durante mi estancia en Volterra. Era de mente simple, fuerza descomunal y lealtad incondicional.
- Vine a visitar a unos amigos. - Dije con tranquilidad, analizando los pensamientos de mi entorno. "Parece extrañamente tranquilo" "Ella en cambio está aterrorizada" recitó la voz mental del joven vampiro y allí supe de su don. Un lector de emociones. ¿Sería su habilidad, la lectura o también podría controlarlas?
- No es buena época para las visitas. - Respondió Demetri y avanzó hacia nosotros. - Sus pensamientos hablaban a claras de la sorpresa y confusión que reinaba. Nuestra presencia no estaba dentro de sus planes. No sabían qué hacer con nosotros. El peligro: "los mismos ojos amarillos". Como si ello fuera la señal de la traición.
Yo me adelanté con aparente tranquilidad y predispuesto a controlar mis emociones en resguardo de lo que pudiera advertir el vampiro rubio. Extendí la mano hacia Demetri y éste después de dudar un segundo, la estrechó con seguridad. Acto seguido me di vuelta hacia Félix y repetí el gesto ganándome un abrazo que si hubiese sido humano, de seguro habría culminado con varios huesos rotos.
A mi lado Esme comenzaba a relajarse, aunque su rostro era tan transparente y claramente se encontraba intimidada y asustada. Por el rabillo del ojo, observé la mirada fija del rubio sobre mi esposa y como reflejo de mi vista, giro sus ojos hacia mí y percibí una calma extraña y reconfortante, que contradecía mis instintos. Sí con seguridad podía controlar las emociones.
- Ellos son Santiago y Alec. - Pronunció Demetri con ademán galante hacia los otros vampiros que estaban al final de la sala.
Conocía a Alec. Pero el tono sombrío de sus pensamiento, hizo que solo le dirigiera una inclinación de cabeza.
- ¿Qué hermoso hombre? Donde te tenían guardado, que recién ahora te veo. - Aclaró para mi desconcierto el otro jovencísimo vampiro llamado Santiago. De afinadas facciones y cabello castaño claro, muy corto, llevaba sus manos llenas de anillos de impresionante valor y era el único que no traía el broche de la casa. Extraño pensé y al momento leí su mente. Si me horrorizaba de su forma de hablar, ni que decir de su pensamiento indecoroso y vulgar. ¿Dónde encajaba este fenómeno en la guardia?
- Lo siento Cullen. Es de los 90. Un caso perdido. - Explicó Félix y luego agregó.- Este es el Mayor Jasper Wihtlock y la damisela es Rosalie Hale. Aunque de dama tiene poco.
- Si aprecias las inservibles cosas que te cuelgan entre las piernas, abstente de decir algo más. - Escupió la vampira que nos había escoltado y subiendo su brazo, deslizó sus manos desde la parte de encima de su cabeza, en una caricia lenta por su cara, su garganta y luego su cuerpo. Tras el trazo las asiáticas facciones fueron cambiando al señorial rostro de una mujer de unos treinta años de rasgos latinos. Labios gruesos, ojos negros, cutis trigueño. "Increíble" pensé ¿Cuál será su real aspecto? Incluso semejaba a una humana normal.
- Mis respetos. Señor. - Jasper se acercó a nosotros y en un gesto galante hizo un clave de tacos hacia mi persona y luego extendió su mano hacia Esme y le besó la mano. - Jasper Wihtlock. Madame.
- Esme Cullen. Caballero. - Respondió Esme visiblemente encantada.
- Oh por favor. Venga conmigo, señora. Estará más segura y querrá arreglar su traje. Supongo que conoce la casa, mejor que yo. - Aplicó Rosalie, llevando a mi esposa hacia arriba.
- ¿Qué sucede Demetri? - Me decidí a encarar.
- Dímelo tú. - Espetó Demetri intentando sonsacarme.
- Lo que leo en tu mente es demasiado confuso como para entenderlo. - Solté.
- Cierto. Tu don. No sé porque me hacía que tal vez comiendo animalitos, se te hubiera disuelto la magia. - Reprendió con esa natural altanería que le reconocía.
- A cada cuál su antojo. - Proclamé. No estaba dispuesto a caer en su juego bajo.
- Lo siento Carlisle. A veces olvido de que siglo vienes. Tal vez por nuestro tiempo, las cosas eran más simples y ni siquiera nos hubiésemos visto en estas circunstancias. Hoy por hoy es difícil saber quién está del lado de quién. - Explicó Demetri con aire serio. Su cabeza relataba las órdenes de aniquilar a todos los nombrados en los escritos de Isabella. Temblé imperceptiblemente.
Luego de esta declaración, procedió a contarme todo. Incluso la muerte de Jane y no pude dejar de mirar con recelo hacia donde estaba su hermano. Su conflicto amagaba a desatar una catástrofe. Analicé cada una de las cosas que me decían.
- No entiendo. Eleazar no ha sido nombrado en esos cuentos. - Me atreví a decir, después de revisar unas diez veces la publicación de la web sobre la que trabajaba el tal Santiago.
- Es verdad. Pero el aquelarre de las hermanitas Shelijov, sí. "Los ángeles caídos de Alaska" .Aro, nos envió en su búsqueda porque es sabido que éstas convivían con la pareja. - Replicó Santiago con una mirada cargada de insinuación e insolencia hacia mi pecho. En verdad era molesto.
- Esto es totalmente inaceptable. No tienen argumentos. Esto desatará la guerra. - Dije con cierta cólera y al instante sentí el poder de Jasper calmándome.
Estaba casi fuera de mí. Si bien había leído las historias de Bella, ahora analizadas con otros ojos, veía la cantidad de detalles imposibles que se definían en sus escritos. No podía negar que parte de ellos eran a conocimiento de lo que yo mismo había compartido con Edward… pero el resto era inverosímil. ¿Sería reflejo de su don o solo imaginación?
- Yo solo sigo órdenes. - Respondió Demetri, sacándome de mis cavilaciones.
- Entonces déjame hablar con Aro. Debe haber otra forma de controlar esto.
- Yo opino que es hora de salir a la luz. Salir del closet. - Opinó Santiago y todos giramos a verle.
- Eres un subversivo. Menos mal que no te escuchan los maestros o correrías la suerte de Vladimir y Stefan. - Rugió Félix atemorizante.
- Ellos saben de mi lealtad. Lo escrito en mi cuerpo y abriéndose la camisa, observé el tatuaje enorme que cubría su pecho. El emblema de la casa Vulturis. - Sus ojos no se despegaron de los míos. - ¿Te gusta? - Me dirigió exhibiéndose como un trofeo.
- No lo sé. Supongo que es bonito. ¿Lo que no entiendo es como han logrado grabártelo? - En realidad estaba extrañado.
- Viejo. Lo hice ante de que me convirtieran. Era discípulo de Aftón. - El joven Santiago sonrió con picardía. Mi ser se removió incómodo ante el conocimiento que los rumores eran ciertos. Se reclutaban humanos como edecanes. El vampirismo había pasado de ser una condena a una promesa. ¿Quién en su sano juicio elegiría esta vida?
Mientras Demetri y Félix deliberaban, me dirigí hacia la otra habitación, donde un cabizbajo Alec se hundía en la miseria. Tanto padecimiento y dolor había en su mente. Me acerqué con precaución. Sabía que era extremadamente peligroso en su estado.
- Alec. Lo siento mucho. - Solté como saludo. Es sus ojos de un profundo borgoña, pude ver la tristeza y su pensamiento reflejó la extrañeza que habiendo sucedido lo que sucedió; era la primera vez que alguien le decía algo así.
- No hay nada que sentir. Los vampiros no sentimos. - Respondió con voz oscura. Mentía. Se mentía así mismo.
- Claro que sentimos. Nuestra naturaleza es pasional y los lazos que compartimos son más fuertes que los de cualquier otra especie. Esos sentimientos nos hacen más racionales. Sino seriamos animales sin conciencia. - Mis palabras eran medidas, vigilando atentamente cada una de sus reacciones. Era tan joven.
- ¿Crees que puedo tener conciencia después de lo que he hecho? Sé que puedes leer en mi mente, lo que pasó con Jane. - Inquirió con dureza y el peso de la ancianidad cubrió su tono. Su mente repasó la escena con verdadero horror.
- No te atormentes más Alec. No seas juez de tus acciones, vaya a saber que pensaba Jane en esos momentos. - Intenté calmar su dolor.
- Esos escritos la mataron. ¿Tú crees que dicen la verdad? ¿Si lo supieras me lo dirías? - Consultó el joven. Me sentí miserable por el futuro incierto que nos deparaba el camino del conocimiento abierto por Bella.
- No sé qué pensar . ¿Sabes que puedes confiar en mí? - Le dirigí mirando directamente a sus ojos.
- Sé que sí Carlisle. Sé que sí. - Contestó Alec. Le debía la verdad. Si de algún modo podía averiguar los pormenores de lo que sucedió con los hermanos. Sería el primero en decírselo. Yo se lo debía.
- Mis escusas por la interrupción. Carlisle. Demetri pide que te reúnas con él. - Expresó Jasper con caballerosidad.
- Eres un muchacho muy educado y propio. Ojala pudieras conocer a mi hija. Creo que se llevarían bien. - Largué aprovechando el solitario trayecto, esperando no haberme equivocado. Al momento su mente se llenó con la imagen de mi Alice. Algunas eran puro recuerdo de cuando le había visto en Seatle. Otras fantasías poco propias de un caballero sureño.
- ¿Tienes una hija? - Se volvió a mirarme.
- Se llama Alice. Hace un tiempo que no le veo. Espero en verdad que esté bien. - Completé sin dejar de mirarlo.
Sus pensamientos iban y venían, buscando decidir lo que era correcto o no. Al fin la intriga o la lujuria. Le gano. Esto último no era lo que hubiera querido, pero si de alguna forma garantizaba un pasaporte seguro para ella, Lo aceptaría.
- Si hubiera una forma de encontrarla, de seguro que yo velaría para que ella estuviera bien. - Deslizó Jasper. Sus ojos de un profundo rojo me escudriñaron con inteligencia.
- Créeme que ella te encontrara muchacho. - Susurré y le vi dibujar una sonrisa discreta.
Tras unas frases cordiales, pude hablar por teléfono con Aro y allí pude deslizar mi oferta de ayudarlos a desenmarañar este misterio. Con recelo Aro, accedió a ello, solo con la condición de que viajáramos a Volterra. Cosa que accedí. No tenía mejor oportunidad que esta para insistir en que esta cacería de brujas era el método menos apropiado para acallar el desliz. Estábamos en medio de una guerra y yo me había apuntado en la primera fila del batallón.
Bella
Estado de Washington EE.U.U.
Como cambiaba la vida de una persona en solo 24 horas. La realidad tenía puertas oscuras en las que seres mitológicos existían e interactuaban con nosotros, en formas que ni siquiera imaginábamos. Allí estaba yo enamorada perdidamente de uno de esos seres: Un vampiro. Era real, él estaba allí. Había probado sus helados labios y había presagiado su pasión. Nuestros destinos se habían cruzado, arrastrando a otros en nuestra desgracia, pero solo podía pensar que era una afortunada de haber conocido tal magnifico amor.
Intranquila, extenuada mental y físicamente. Intenté coordinar mis acciones para quitarme las extrañas ropas con la que Alice, me había vestido. Diablos el solo pensar en el poder con el que Edward podía disponer de mi voluntad, me hacía estremecer. Aunque lo amaba, no podía de preocuparme sobre si era capaz de traicionarme y en resguardo de cualquier retorcida idea, podía volver a obligarme a olvidarle. Además había ciertas reacciones cuando nombró a la tal Tanya, que me inspiraron unos celos enormes y otros sentimientos encontrados. ¿Cómo podía competir con mi simple humanidad, contra su belleza inmortal? Seguro era deslumbrante y había tenido siglos de ventaja para tentar a mi amado.
Estaba en esos pensamientos cuando al intentar quitarme la remera por encima de la cabeza, note que el dolor en mi torso se acentuaba. Con gran dificultad logré completar la acción y al sacar la prenda, descubrí los enormes moretones que circuncidaban mi cintura. Levanté un de los brazos y observé la coloración morada. Deslicé mis dedos con cuidado.
- Ahhgggg. - El simple roce, me hizo dar un alarido bajo. No quería que él se diera cuenta. Imposible.
- Bella ¿Estás bien? - Susurró la voz de Edward al instante. La puerta entreabierta filtraba su figura.
- No es nada Edward. Me golpeé con el borde de la banqueta. - Mentí con celeridad.
- Si necesitas algo, estoy aquí. - Dijo con voz ronca.
En otras circunstancias, me habría abandonado a la urgencia de mi propio deseo y pedido que me acompañara. Nada podía ser mejor que cumplir mi fantasía de recorrer sus músculos con mis manos y despertar su hombría para que me tomara en todo el sentido de la palabra. Deseaba tanto hacer el amor con él. Pero si veía mi estado se pondría de malas.
- Todo bien. - Contesté abriendo el agua de la ducha. Ya vería cómo hacer para ocultar mi lesión.
Dejé que el agua calmara mis músculos, e intenté relajarme en la caricia tibia de la lluvia. Con cuidado enjaboné mi cuerpo, frotando con delicadeza por la herida. Algunas veces, el solo movimiento de la esponja sobre mi piel, me arrancaba algunos gemidos, que traté de acallar. Lo difícil fue intentar lavar mi cabello; apenas alcé mis brazos un jadeo involuntario escapó y me mordí el labio con fuerza. Una lágrima se deslizó por la comisura de mis ojos y un hilo fino de sangre corrió por mi lengua, llenándome de su sabor salado. El dolor era descomunal.
Si contaba con que los agudos oídos de Edward no escucharan mi queja, era imposible que el olor de mi sangre expuesta, le pasara desapercibida. Estaba de espaldas, cuando sentí la cortina del baño correrse.
- Edward. - Logré decir con voz desencajada y grave. El sentimiento no era de miedo. Era puro deseo. Me volví con lentitud.
Allí estaba él. Parado frente a mí con sus ojos negros como la más oscura noche, su boca entreabierta en un gesto fiero y sensual. Fijo su mirada en mis labios sangrantes Sus ojos se volvieron más turbios y trago con fuerza. Luego los cerró y al volver a abrirlos; deslizó su mirada lujuriosa por mi desnudez. Moví con torpeza mis manos en un afán de cubrirme, pero él en un movimiento que apenas vi, me detuvo las manos.
Chicas/os: Perdón por la demora. Espero que les guste.
Les cuento además que ya completé el fics "El riesgo de amar". Pasen a leerlo.
Bienvenidos Siempre. Con Cariño Mirna.
