Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de
Stephenie Meyer y su casa editorial.
El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"
Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.
Solo para mayores de 18 años.
Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor
Susurros Inmortales
Capitulo 13 – de Tratos y Tratados
Edward
Estado de Washington EE.U.U. (cerca de Forks)
Estaba afuera de la habitación, paseando nerviosamente de lado a lado, como un león enjaulado. No. Miento. Como un vampiro lujurioso y con años de celibato encima.
Trataba de enfocar mis pensamientos en el futuro encuentro con Eleazar. Ocupar mi tiempo, mientras esperaba que Alice volviera. Había decidido hacer una breve incursión de caza. De cierta forma, el estrés y la presencia tan cercana de Bella, la habían debilitado y se sentía abatida. Desconcentrada. Por más que quisiera ver nuestro futuro o el de nuestros amigos cercanos, todo estaba brumoso y descentrado. Necesitábamos algo de claridad, para saber cómo actuar. Forks estaba a pocos kilómetros y nos urgía establecer un plan para acercarnos al padre de Bella. ¿Tal vez pudiera empujarlo a …? Mi frase quedo cortada por el suave gemido de mi ángel. Sin mediar tiempo, ya me encontraba en la habitación.
- Ahhgggg. - El sonido ahogado de su voz. No era de placer. ¿Dolor?
- Bella ¿Estás bien? - Murmuré, tentado a cruzar la puerta que nos separaba.
- No es nada Edward. Me golpeé con el borde de la banqueta. - El ritmo de su corazón era un llamado enloquecedor para mi autocontrol.
- Si necesitas algo, estoy aquí. - Dije con voz desconocida. La emoción me embargaba completamente.
- Todo bien. - Contestó mi Bella.
Su respuesta se perdió en el ruido de la regadera. Cerré los ojos y algo así como un mareo, llenó mis sentidos. Sonreí ante el descubrimiento de estas sensaciones tan humanas. Sentimientos perdidos en mi inconsciente. Adormitados durante tantos años de estar congela… Otro gemido imperceptible. Cuando quise darme cuenta estaba apoyado sobre el marco. Bella obedientemente había dejado la puerta entreabierta. El aire se desplazaba con los sabores florales del jabón que estaba usando, mezclado con su esencia fragante y exquisita. Lo paladeaba en la lengua. Tragué el veneno que se acumulaba en mi boca. Podía imaginarla pasando sus manos por su cuerpo, tal vez acariciándose. La deseaba como un demente y los sonidos ahogados de su respiración entrecortada me estaban tentando como si no existiera futuro.
De repente el jadeo, fue un auténtico grito de dolor. No pude contenerme y en un solo paso me adentré al baño y descorrí la cortina.
- Edward. - Susurró Bella.
Estaba de espaldas a mí. Perfecta en su desnudez. Una venus de largos cabellos caoba que descendían como un río caudaloso hasta la redondez de sus nalgas. La espuma apenas adornaba la superficie impecable de su piel. Obré por impulso, sin meditar lo que ella pensaría de mi irrupción tan poco caballerosa y mi cerebro intentó dar con alguna palabra, pero estaba atontado. Mi boca se llenó de ponzoña por un deseo más carnal y solo pude clavar mi vista en sus ojos acaramelados, la pupila dilatada como un espejo de mis propias emociones y su boca. Diablos sus labios estaban teñidos del tesoro de su sangre. Su sangre … Oh por favor. El depredador en mí tensó los músculos y el hombre en mí, dejó de respirar. Cerré los parpados por un minuto eterno, buscando todo el dominio que pudiera encontrar en mi eterna y maldita vida. Cuando volví abrirlos, el hombre había ganado y con la mayor adoración, deslicé mi mirada por sus curvas femeninas. De repente las ví. Ella intentó cubrirse, pero le detuve aferrándola de las muñecas.
- Oh Dios. Soy un monstruo. - Gemí con desesperación y la solté. Su piel quemaba ante mi tacto.
- Edward. Edward. No. Estoy bien. - Intentó decir Bella.
Era un monstruo sin perdón. La había lastimado. Mi abrazo estaba marcado alrededor de su torso como una cadena morada, que centímetro a centímetro como una sentencia; ponía en evidencia cuanto le costaría a mi delicada humana, ser el objeto de mi afecto enfermizo.
Bella salió envuelta en una toalla extendiendo sus brazos hacia mí. Yo me retiré hacia un rincón, desesperado por poner distancia.
- No te acerques. - Gemí.
- Edward. Esto no es nada. Estoy bien. - Dijo Bella intentando acercarse.
- No digas la palabra "bien" - Mi voz era tan fría como el hielo. - Si valoras en algo mi cordura, no digas la palabra "bien" (Amanecer – Cap. Isla Esme)
- No fue intencional. Estabas protegiéndome. - Aplicó Bella. Volviendo a acortar el trecho.
- No te me acerques. Te he dañado. - Gruñí y despojándome de toda apariencia humana, comencé a trepar de espaldas el quicio de la pared.
Bella abrió grande sus ojos y pude ver como su cara me miraba aterrorizada. Tal vez esto era lo que tenía que ver para darse cuenta del peligro que era. Del monstruo que era. Con la fuerza sobrehumana de mis extremidades me sujeté a la esquina del techo. Agazapado en la oscuridad, colgaba como una gárgola pétrea e inamovible. Una estatua de fría y dura piedra.
- Edward. - Sollozó Bella. - Me estás asustando.
- Mejor así. Témeme. Yo no soy tu ángel guardián. Soy un ser que no debería existir. Sin alma, sin vida. - Dije entre dientes.
- Como vas a decir eso. Eres "mi vida" Lo prometiste. Lo prometiste. "nada podrá separarnos" - Imposible describir la culpa que me invadía al ver a mi pequeña humana, elevando su cara marcada por un reguero implacable de lágrimas. Hasta cuanto le haría daño. Lo había prometido… no solo que nada nos separaría sino que nada le dañaría. Y allí estaba yo, hiriéndola una vez más.
Bella cayó al suelo. Quedó arrodillada frente a mí. Su cara escondida entre las piernas encogidas. Temblando descontroladamente.
No se por cuanto tiempo fui capaz de dejarla allí. Su dolor era mi dolor, pero no podía dejar de odiarme por lo que era. Tal vez tenía las costillas quebradas, no podía continuar así, dejándola sufrir. Así que con temor, me deslicé hacia abajo. A solo unos pasos de su abatida figura. Era tan delicada, efímera, mortal. ¿Qué derecho tenía yo de robar su amor? Su destino era vivir, encontrar el amor, casarse, tener hijos. Yo nada de ello podía darle. Pero me aseguraría de que así fuera. Me lo juré a mí mismo.
- Lo siento Bella. - Me incliné hacia ella, aun poniendo una prudente distancia. Necesitaba constatar cuanto le había dañado.
- Por favor Edward. Ven. - Dijo mi ángel alzando su mano hacia mí.
- No puedo. Aún no. - Exclamé con dureza. Luego de unos minutos, volví a hablarle. - Isabella sería mejor que descansaras. Yo velaré tu sueño. - Quise calmarla.
- No lo hagas, Edward. - Soltó Bella, levantando su rostro. - No me vayas a obligar olvidarte. Me muero si lo haces. Entiendes. - Su rostro mostraba una determinación que me asustó.
No pude hablar. Solo negué con la cabeza. De repente un ruido a maderas destrozadas resonó por el pasillo del parador. El ataque era inminente y yo otra vez había dejado que la cercanía de Bella, me distrajera lo suficiente como para que mis adversarios, tomaran ventaja. Solo atiné a ponerla a resguardo, detrás de mi cuerpo, cuando dos poderosas figuras entraron al cuarto. Sus rostros jadeantes, mostraban una furia asesina. Me agazapé dispuesto al enfrentamiento, cuando un tercero ingresó, sujetando del cuello el delgado cuerpo de Alice.
- Edward. - Gimió Alice desde su agarre. Su cuerpo se contorsionaba tratando de liberarse del apretado abrazo.
- Déjenla. - Grité encolerizado.
- Tú aquí no ordenas nada. - Sentenció una voz grave que bien conocía.
- Perdón. Es un pedido, No una orden. - Traté de aplacar mi temperamento y enderecé mi cuerpo. Tal vez con suerte, si dejaba de mostrarme desafiante, lograría que nos dejaran con vida. Ahora no solo estaba en juego, yo y mi estupidez. Mi hermana Alice y Bella, acompañarían mi destino.
- ¿Qué haces de nuevo en nuestras tierras? - Atacó el que sostenía a Alice y algo en mi postura, acabó relajando la disputa pues aflojó levemente el apretón sobre su cuello.
- Hola de nuevo Sam Huley. - Salude a mi enemigo mortal. Los licántropos también comenzaban a rodearnos. ¿Qué demonios pensaba al volver a Forks?
Estambul Turquía – Europa Oriental
Narrador anónimo
No lejos de Taksim Square, donde las calles comenzaban a despoblarse, una figura se desplazaba con porte y gracia. Demasiado elegante para ser otro desventurado turista, en busca de recuerdos, fuera del centro cosmopolita de la ciudad; Su semblante era primoroso en rasgos y proporción. Las ropas caras de corte europeo, atrajeron la atención de una prostituta que le llamó desde la desvencijada puerta de una casona. El extraño miró con sigilo hacia atrás y sin disimulo se acercó a ella. Un intercambio de palabras y la risita histérica de la no tan joven mujer, sucumbió en un escalofriante jadeo. Las dos sombras ahora se abalanzaban una sobre otra en una danza que poco tenía que ver con el amor.
El vampiro bebió con deleite, pero antes de acabar con la mujer, se despegó de su cuello con un gruñido.
- Maldito irlandés. Si no fuera por ti, no andaría tan frustrado. Espero que esta vez me agradezcas. - Reprendió al aire y con un gesto desganado, cargo el cuerpo de la mujer sobre sus hombros y se deslizó entre las callejuelas empedradas en una furtiva huida.
Al llegar a un desierto depósito que les servía de guarida, dejó caer a la mujer sobre el piso. Más allá de la oscuridad otro personaje, observaba la escena.
-¿ Trayendo comida a casa? - Se apuró a decir una voz socarrona.
- Mira irlandés, no puedes dejar de alimentarte, el momento se acerca. Mauricio ha llamado. ¿Cómo estarás preparado para la pelea?. - Inquirió el primer desconocido.
- ¿Por qué todos creéis que el Ojo nos conducirá a una guerra? ¿No hay método piadoso, que nos haga encontrar la paz del nuevo orden? Dime Tayyip - Reprendió el vampiro saliendo a su encuentro. Cabellos rizados oscuros y cortos. Amplias espaldas, extremidades musculosas y facciones hermosas. Sonrió al acercarse y graciosos hoyuelos se marcaron en la comisura de sus labios. Su sonrisa franca, se abrió en saludo hacia el otro vampiro y sus ojos…. Sus ojos de un extraño brillo ambarino, casi blanco, relucieron como diamantes en su pétreo rostro.
- Tú sabes de sobra, que si no compartiera tus ideas, jamás te hubiera acompañado todos estos años. Hemos esperado mucho, para ser liberados, como dice la profecía. Salir del yugo de los malditos Vulturis con sus aires refinados y sus poses mediáticas. Pura farsa, irlandés, pura farsa. - Proclamó Tayyip con cierto enojo.
- Y no lo niego amigo mío. Solo que mi reposo, ha alumbrado caminos de reconciliación, más que de guerra. - Proclamó el enorme vampiro con voz jovial pero pacífica.
- Creo que de tanto encierro, te has cabreado más que los señores rumanos. - Intentó burlarse Tayyip.
- Si te dieras el tiempo necesario, estoy convencido que tú también encontrarías esta conciencia. Si en el camino hemos de luchar, pues así será, pero no tomaré las armas antes. He sido custodio de la reliquia por más de un siglo y espero con ansias el momento en que salgamos de este mundo de tinieblas. - Explicó el que llamaban irlandés.
- Pareces un monje, más que un guerrero. - Soltó Tayyip.
- Solo porque veo, lo que tus ojos no alcanzan a vislumbrar, amigo Tayyip. Tú me traes a esta mujer para que sacie mi sed. ¿Que viste para que consideraras, tomarla por presa? Una mujer de la vida, con ropas indecorosas y lenguaje precoz, que a nadie importa si desaparece en la noche. Yo … amigo mío. - En ese momento, se volvió a ver a la desparramada figura de la mujer que tumbada sobre el sucio suelo del lugar, se encogía como una flor mustia. - Yo veo una madre que lucha, para sobrevivir a la pobreza, tras esas uñas pintadas, hay callos de lavar la ropa a mano y esta noche lamentablemente, sus dos pequeños llorarán porque nunca volverá a casa. - La enorme figura del vampiro se acercó al cuerpo y lo tapó con una lona.
- No todos tenemos tu control, ni nos conformamos con sorber una maloliente cabra, amigo. Aprecia mi esfuerzo, y bebe de ella. Tenemos un largo camino que recorrer. - Concluyó Tayyip.
- Como lo dijiste estoy conforme, pero por piedad te pido que culmines con su sufrimiento. Si permanece más tiempo con tu ponzoña en el cuerpo, acabará por convertirse. - Respondió el vampiro llamado irlandés.
No hubo acabado la frase, cuando Tayyip se abalanzó sobre la mujer y en poco tiempo, sorbió su vida, dejándola inerte sobre el cemento. El enorme cuerpo del vampiro se alejó sin ruido hacia la esquina contraria, rezando algo así como una letanía. Miraba con total desaprobación la escena que trascurría a metros de él. Tayyip culminó su tarea y con recelo volteó a mirar hacia el irlandés.
Éste movió un falso acabado en la pared lejana del depósito y procedió a sacar un arcón de madera oscura con esquineros de hierro. Una extraña inscripción tallada en la tapa, llamó su atención.
- ¿Alguna vez le haz abierto? ¿Qué hay dentro? - Consultó Tayyip exhaltado.
- Yo solo custodio el cofre; la llave es guardada por Stefan. - Susurró el irlandés. Acunó la extraña caja contra su pecho. Su enorme mano acarició la inscripción.
- ¿Qué dice Emmett? - Preguntó Tayyip.
- צרור החיים - Susurró Emmett - "Vida eterna"
Hola amigas.
Aquí va otra pieza del rompecabezas y un Emmett con una personalidad totalmente diferente. Como un gran tablero de ajedrez, las piezas han comenzado a moverse y el final de la partida… será inesperado.
Bienvenidos Siempre. Con Cariño Mirna.
