Besos. (Drabbles Francia-España)

Séptimo drabble: Beso Justino: Los dos miembros de la pareja introducen su lengua en la boca del otro.

Disclaimer: Ay si Hetalia fuese mío...*Trollface* Lo mal que me lo iba a pasar yo si Hetalia fuese mío.


Beso Justino.

La mirada de España describía frialdad en cada motita brillante instalada en sus irises. Ninguno de sus hombres parecía percatarse de esa mirada, pues estaban muy ocupados detrás de él mirando a los hombres que avanzaban con lentitud por el camino que separaba España de Francia. Esa helada mirada estaba dirigida a los soldados franceses que salían de su casa. Por fin.

Después de casi siete años de hostilidades, el causante de todo esto, Francia dejaba en paz sus territorios, a su gente, a sus ciudades.

Y sobre todo, le dejaba en paz a él.

Con los brazos cruzados dejaba que el viento meciese su cabello marrón, mientras cambiaba la dirección de su mirada de la hilera de tropas napoleónicas a la pradera que se extendía a su izquierda, donde sus generales más allegados y sus comandantes le acompañaban en ese momento. Iba a mirar de nuevo a las tropas cuando vio una figura muy reconocible acercándose. España se alejó un poco, quedando detrás de sus oficiales y dándole la espalda al recién llegado, que habló a los oficiales pero no apartó sus ojos azules de la espalda de Antonio.

-Esa es la última hilera de soldados- afirmó en un tono bajo que casi debilitó al español. Casi. Seguía erguido con la cabeza bien alta escondiendo su rostro de la mirada de Francis cuando éste dijo-. ¿Se me permitiría hablar un poco apartado con España? Pueden vernos en todo momento, pero requiero algo de privacidad.

Antonio se giró entonces, mirando casi sin expresión a su vecino. Por un momento Francis creyó que le iba a mandar a freír espárragos. El nerviosismo de los oficiales también parecía indicarlo, hasta que Antonio les despachó con un movimiento de la cabeza.

Cuando se quedaron ellos dos solos, Francis se quitó su elegante sombrero y miró al español, con él en las manos.

-No sé cómo empezar a disculparme- reconoció el rubio sin dejar de mirar el rosto de su compañero.

-La gente "normal" suele empezar con un "lo siento"- expuso el español. Aunque no pretendía ser un comentario gracioso, ni mucho menos, Francis sintió alivio cuando le oyó responderle. Algo era algo. Con cautela se acercó al español y dejó caer la mano derecha con el sombrero en ella. La mano izquierda de Francis, incapaz de estarse quieta, se posó en la mejilla de Antonio, quien en seguida llevó la suya a la muñeca del francés, con la evidente intención de alejarla de allí.

En ese momento los ojos de Francia y de España se encontraron, entrelazándose. Llevado por el momento, el rubio deslizó sus labios a los de España y coló su lengua dentro. Para su sorpresa, España coló la suya también en su boca. Pero fue sólo durante un momento. Cuando se dio cuenta, España ya se había alejado y había eliminado todo contacto con el francés. Captando el mensaje, Francis se colocó el sombrero mientras decía:

-Lo que más me duele de todo esto, es que vas a tardar un siglo en volver a reír conmigo.

Mientras Francis se alejaba, oyó a España hablar. La frase ni siquiera estaba dirigida hacia él, pero una extraña sensación le embargó cuando la escuchó:

-Lo que a mí más me duele, es saber que no tardaré ni diez años en hacerlo.


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