Besos. (Drabbles Francia-España)

Noveno drabble: Beso de vaca: Uno de los dos lame con la lengua la mejilla de su compañero.

Disclaimer: Ay si Hetalia fuese mío...*Trollface* Lo mal que me lo iba a pasar yo si Hetalia fuese mío.


Beso de vaca.

Si había algo que a Hispania le entusiasmase en suma medida, sin duda eso era cuando Galia se quedaba dormido a plena vista de todo el mundo. No solía ocurrir a menudo, el galo era la muestra de la elegancia y del saber estar y evitaba siempre dar muestras de sueño. Pero ahora que estaban ellos solos en casa de Roma mientras éste se había ido a tratar varios temas con Germania, Galia se había dejado caer en un sofá para leer algo interesante y había acabado quedándose dormido en él, con la lectura de turno encima del pecho.

Hispania se quedaba embobado mirando la belleza de su vecino. Normalmente se percataba de que, según crecía, Galia se iba haciendo más apuesto y más elegante. Empezaba a atraer la mirada de muchas mujeres y la de casi los mismos hombres. Entre ellos, la del propio Hispania.

Pero a cada ligero movimiento de su cabeza sus cabellos trigueños se meneaban con dulzura. Con cada parpadeo esos ojos imposiblemente azules se te clavaban con premeditada y calculada sensualidad. Sus labios se abrían como si te incitasen con su movimiento a unirte a ellos. Y lo peor de todo era que el galo cada vez era más consciente del poder que estaba adquiriendo. De eso y de que debajo de la ropa había piel que se podía tocar. Hispania ya se había percatado tarde un par de veces de que su vecino había colado una mano por debajo de su túnica y le sobaba descaradamente el trasero. Cuando le preguntaba por qué lo hacía, el rubio se limitaba a responder:

-Es que se te está quedado un culo de lo más prieto, perfecto para l'amour.

Esa era otra. Galia e Hispania seguían entendiéndose. Pero cuando volvían a su casa hablaban de forma diferente. Cada vez más. Lo cual por una parte era bueno, pues significaba que estaban creciendo y desarrollándose.

Hispania, por su parte, también había crecido algo. Sus ojos eran más alegres y verdes, su cara ya había perdido la suavidad infantil y había comenzado a adquirir unos rasgos más angulosos. Aparte del ya mencionado trasero y sus torneadas piernas. Y un malsano gusto por dormir.

Por eso que a Hispania se le viese durmiendo en el sofá era habitual. Que se viese a Galia abandonando sus recién adquiridos rasgos atractivos y con esos ojos lujuriosos cerrados, era un espectáculo para nada usual. E Hispania estaba aprovechándolo al máximo, mirando como el pecho del rubio subía y bajaba con lentitud y suavidad.

Entonces, Galia despertó abriendo sólo un ojo y lo enfocó en su compañero.

-¿Qué haces ahí?- preguntó con la voz un poco ronca.

Hispania se sobresaltó al ver que había sido pillado justo mientras se envalentonaba con el rubio. Habría sentido pudor de no ser porque ya eran bastantes años conociéndose y precisamente no era lo más vergonzoso que el galo le había pillado haciendo.

-Has enmudecido por mi espectacular belleza y estilo, ¿verdad?- preguntó el rubio con una sonrisa pícara levantándose y acercando sus manos peligrosamente al bajo de la túnica de Hispania.

Entonces notó algo mojado y desagradable pasarse por su mejilla mientras él alargaba las manos a los bronceados muslos hispanos. Esa cosa mojada se deslizó con lentitud pasmosa desde su mandíbula hasta el pómulo bajo el ojo, que se cerró por inercia.

Segundos después Hispania se secaba los labios riendo con alegría mientras Galia se limpiaba el moflete con disgusto.

-Te vas a enterar ahora- aseguró el galo con infantil resquemor y una sonrisa traviesa, empezando a perseguir a Hispania por toda la casa.

Porque, a pesar de que creciesen, todavía sentían la emoción que los niños sentían cuando jugaban al "pilla-pilla". Y ellos no eran ninguna excepción.


Próximamente: Beso "Yo te sigo".

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