Besos. (Drabbles Francia-España)

Undécimo drabble: Beso espacio-tiempo: Un beso en el que se pone tanto sentimiento que se pierde la noción del espacio y el tiempo.

Disclaimer: Ay si Hetalia fuese mío...*Trollface* Lo mal que me lo iba a pasar yo si Hetalia fuese mío.


Beso espacio-tiempo.

El pasodoble era pasión.

El pasodoble era sentimiento. Era romperse los pies hasta saber bailarlo.

Para Francis, el pasodoble era, junto con el tango argentino y el vals vienés, uno de los bailes más eróticos que se podían encontrar en el globo terráqueo. Mientras el tango expresaba la lujuria de dos amantes que desean encontrarse y apagar ya esas llamas que los consumían y el vals hablaba de dos enamorados que se miraban y juntaban sus cuerpos como si nunca se dejasen ir; el pasodoble era la unión de ambos. Eran dos amantes enamorados que en vez de querer apagar esas llamas de deseo se querían fundir en ellas, querían que éstas les consumieran hasta el final, sin dejar siquiera sus cenizas.

El pasodoble podía ser tierno y violento al mismo tiempo. Y Francis adoraba esa parte de la cultura de España. Y por eso:

-Quiero aprender a bailar pasodoble.

Eso fue lo que le dijo a su vecino en una de las múltiples reuniones que tenían ambos. Claro debía haber tenido en cuenta que decírselo cuando Antonio estaba tomando un sorbo de gazpacho no había sido la mejor de las ideas. El español le miró estupefacto por unos momentos antes de intentar tragar el líquido que se había quedado en su boca. La impresión hizo que el gazpacho se fuese para otro lado y que Antonio estuviese a punto de atragantarse. Tras unas palmaditas de Francis en la espalda, España se pudo incorporar mientras el francés sorbía un poco de su vino, tranquilizando a los dos jefes, tanto el suyo como el del español. Sólo entonces le devolvió la mirada a Antonio, bajando con suavidad la mano que mantenía en la espalda de éste.

-¿Lo decías en serio?- preguntó el español sin apartar su mirada estupefacta del francés que se las había apañado para llevar su mano más debajo de la cintura del castaño y se acercaba peligrosamente a su baja espalda y el atractivo montículo en el que terminaba.

-Yo nunca te mentiría, chéri~- dijo Francia con una sonrisilla traviesa que España no sabía a qué venía. Mientras el francés seguía con esa mirada para nada inocente, su mano se intentaba colar por debajo del pantalón del hispano, oculto bajo la chaqueta de su formal traje. Cuando pensó que iba a conseguir introducir su mano, Antonio se echó hacia atrás en la silla, aprisionando la mano del francés entre su espalda y el respaldo, todo porque a su derecha un político francés reclamaba su atención. Francis intentó no gemir de dolor cuando eso ocurrió, haciendo unas muecas e intentando avisar al hispano que seguía hablando con el político sin enterarse de nada. Cuando por fin, Francia logró recuperar su adorada mano derecha la sopló por encima, intentando hacer pasar el dolor. Entonces Antonio se giró y sonrió a su vecino.

-Perdona, quería preguntarme una cosa- se fijó en la mano que el francés acariciaba como si de un gatito se tratase- ¿Estás bien?

-¿Yo?- preguntó Francis recuperando la compostura-. Yo estoy parfait, Espagne..

Tras recuperar la movilidad de la mano derecha, apoyó un brazo en el respaldo de la silla del español, que volvía a beber gazpacho.

-Lo decía en serio. Quiero aprender pasodoble y que además tú me enseñes.

Esta vez Antonio no se había atragantado con la bebida. De hecho, lo único que hizo fue mirar con una ceja enarcada al francés.

-Y supongo que querrás que yo haga de la chica, ¿no?

-Quiero aprender para bailarlo con españolas, mon ami.

Aunque no se volvió a sacar el tema durante toda la velada, la idea no abandonó nunca la mente de Francia, que buscaba la mejor estrategia para volver a sacar el tema frente al español. Un par de días después, Antonio sorprendió a Francis invitándole a su casa para darle esa clase de baile que el francés tanto parecía desear. España le dio pautas sobre la ropa que debía llevar cuando se pusiesen a bailar: algo que le permitiese movilidad, sobre todo para abrir las piernas, una camiseta tampoco muy apretada y unos zapatos cómodos, pero zapatos.

Así pues, Francis al día siguiente se cambió en casa de España y le esperó en el salón del moreno cuyos muebles se habían apartado para dejarles un interesante espacio para bailar. Su anfitrión llegó poco después, vestido con unos pantalones bastante holgados que le permitía movimientos amplios, unos zapatos brillantes y bien cuidados y una camisa blanca abierta un poco en el pecho que contrastaba de manera exquisita con su bronceada piel.

-Por mucho que me encante esa camisa, debo admitir que, como vas a hacer tú de la mujer te esperaba con un vestido ajustado rojo~

Antonio ignoró el comentario del francés, o eso le pareció en un primer momento, porque al pasar a su lado para poner el disco en la mini cadena, mientras él intentaba abrazar al hispano para colar una mano por su pecho, España le pisó con contundencia un pie, sin parar en su camino al aparato.

-Sólo ten en cuenta que si haces algo, puedo pegarte otro pisotón de ese tipo.- expuso el español introduciendo el disco y dándole al play mientras Francis intentaba desentumecer su pie-. Lo primero que debes saber, sí de verdad quieres aprender a bailar pasodoble, es que esto no es como bailar en una discoteca-. El hispano se giró con una sonrisa en la boca que sin embargo no compartieron sus ojos. Sus ojos verdes estaban serios, demostrando que, a pesar de su siempre presente jovialidad, el español estaba concentrado-. El pasodoble tiene un componente de sentimiento que no encontrarás en muchos bailes. Al Foxtrot y al Charleston, el pasodoble y el tango se los comen con patatas. Bien. ¿Sabes andar?

-¿Perdón?- preguntó Francis confuso ante la última frase de Antonio. El español se acercó a él y le puso una mano más arriba de la cintura (si veía que la bajaba demasiado, sería capaz de clavarla con grapas a su camisa) y agarró la otra-. Esto me está empezando a gustar~.

- Empiezas andando hacia delante con el pie derecho y yo llevaré el izquierdo hacia atrás. Ocho pasos. Puedes mirar al suelo al principio, pero según vayas mejorando, eso quedará terminantemente prohibido-. Antonio comenzó a guiar al francés, quien miraba al suelo mientras andaban los ocho pasos-. En el pasodoble, cuando se está cerca de la pareja, siempre se mira a los ojos. Una vez hemos avanzado te toca retroceder. Sí, sí- dijo el español con regocijo viendo como el francés hacía una mueca de hastío-. No pienses que en seguida me iba a poner a hacer las complicadas figuras que ves en los concursos de televisión.

-Yo sólo sería feliz si te aferrases a mí como hacían las bailarinas…¡Ay!- se quejó Francis al recibir otro pisotón de Antonio.

-A partir de ahora no puedes mirar el suelo.

Francis fue más serio de lo que el español esperaba. Tras aprenderse todas las figuras básicas en una sola tarde, el español se mostró entusiasmado y quedaron para seguir la semana siguiente. Y así semana a semana el galo fue mejorando hasta el punto de que Antonio pidió a una experta bailarina que le montase una coreografía que pudiese bailar Francis. La bailarina le acompañó durante un par de clases en las que el francés fue, menos participativo y más pervertido que de costumbre. Bajaba la mano que tenía en la cintura de Blanca hasta el trasero de la mujer y Antonio debía estar todo el rato corrigiéndole. Tras varias amenazas, a la siguiente semana, Antonio volvió a aparecer solo.

-Bien. El baile que hemos montado lo dominabas con Blanca. Pero he decidido probar por mi mismo que sabes moverte.

-Eso lo sabes mejor que nadie, chéri. El baile es una expresión vertical del deseo horizontal, ¿recuerdas?

Antonio ignoró la pulla del francés e inició la música, poniéndose luego en la posición inicial.

Entonces ocurrió.

Los ojos verdes de España, centrados en uno de los bailes más populares de su tierra chocaron contra los azules de Francia, centrados en un reto que le habían lanzado y al que no pensaba renunciar. Era como si dudase de su poderío, y eso no lo iba a permitir.

Según bailaban, ejecutando todas las figuras con una precisión impecable, sobre todo teniendo en cuenta que Francis no era un profesional y que el hispano no estaba acostumbrado a usar los pasos de la mujer, Antonio se dio cuenta de algo. Nunca había sentido tanta concentración y a la vez tanto deseo mientras ejecutaba ese baile. Las dos miradas parecían haber creado un campo electromagnético en el que también se encontraban anclados sus cuerpos. Antonio no podía dejar de mirar esos ojos azules mientras que Francis se lamentaba de no haber aprendido a bailar pasodoble antes.

Cuando faltaban apenas dos figuras para terminar el baile, Francis recogió a Antonio de un giro y ambos que quedaron con los torsos pegados y la respiración acelerada, dejando que la música siguiese sin acompañarla. Y aún con ese magnetismo rodeándoles, Antonio giró levemente la cabeza y besó los jadeantes labios del francés.

No supieron que pasó, ni cuánto tiempo estuvieron besándose con tímido y a la vez arrojado interés, pero cuando por fin se sintieron capaces de separarse, la música se había acabado y habían cambiado tanto de postura que había acabado Francis contra la pared y Antonio besándole contra ella.

Con la respiración acelerada, volvieron a conectar sus ojos.

Ninguno sabía que decir, qué pensar, ni qué sentir. Sólo entonces Antonio sonrió y le dijo al francés:

-Me temo que ya no tengo nada más que enseñarte.

Y mientras el español se alejaba y se iba, con la respiración acelerada y una mano en el vientre, intentando normalizarla, Francis se dio cuenta de algo.

El pasodoble era pasión española. Intentar dominarlo a la perfección era como querer comprender todo lo que pasaba por la cabeza del hispano.

El pasodoble era Antonio.


Próximamente: Beso "cazador".

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