Dean no pudo mirar el mensaje, habían llegado a la dirección en la que según habían dicho los testigos, estaba el criminal al que buscaban. Vio que tenía un mensaje pero guardó el móvil, ya lo miraría más tarde.
"¿Cómo siempre?" Miró a su compañero. Nick siempre parecía tranquilo, por muy agobiante que fuera la situación Nick siempre estaba relajado; pero esta vez, algo en su mirada ni estaba bien. "¿Qué ocurre? ¿Va todo bien?"
"Si, es sólo… no te preocupes." Nick agitó la cabeza, como si estuviera quitando algo de la mente y salió del coche.
Dean lo miró con preocupación, como les habían dicho en la primera clase en la academia de policía, tenían que confiar plenamente en su compañero, pues cualquier fallo, cualquier despiste podía suponer una pérdida muy cara. Confiaba en Nick con su vida misma, pero había algo en él, algo que no le había contado y que le mosqueaba, algo que le mantenía fuera del mundo, en sus propios pensamientos, al margen del arresto que estaban a punto de hacer.
"¿Seguro que estés bien?"
Nick se dio la vuelta ante la pregunta de Dean.
"Claro, vamos, antes de que ese desgraciado se nos escape."
Mentía, no estaba bien, pero tampoco sabía explicar que era lo que le faltaba. No era un problema de amor, pues tenía novia y todo les iba bien; pese a que llevaba mucho tiempo sin saber de su padre, había aceptado que el hombre volvería cuando quisiera y en el trabajo todo iba bien.
Lo cierto que es que no tenía motivos para estar preocupado. Pero aún así, tal vez su instinto, su sexto sentido, le decían que algo no funcionaba, que algo no estaba en su sitio y lo peor de todo es que no tenía ni idea lo que era. Por eso no dijo nada, porque no quería alarmar a Dean.
"Sabes que puedes contarme todo lo que preocupe ¿verdad?"
"Claro que si. Venga Dean, no te pongas sentimental ahora que tenemos trabajo que hacer."
Dean lo vio avanzar, arma en la mano, lentamente hasta el interior del edificio. Nick era lo más parecido que había tenido nunca a un hermano, por eso, Dean siempre le había contado todo y esperaba lo mismo por parte de su amigo. Hasta aquel día así había sido siempre. ¿Por qué Nick cambiaba las cosas ahora? ¿Qué era lo que pasaba por su cabeza y que no podía decirle?
Sin embargo, ahora no importaba, lo primero era detener al bastardo que estaba cometiendo aquellos horribles crímenes. No había podido quitarse las fotos de las chicas muertas de la cabeza desde que había visto la primera foto; incluso era difícil reconocer a la víctima allí.
Conforme subían por los pisos, sin coger el ascensor para no hacer ningún ruido, iban pidiendo a la gente que se metiera en sus pisos. Subieron hasta el cuarto, la puerta de la derecha, cerrada a cal y canto era la que buscaban. No parecía el terrible lugar en el que habían pasado aquellas horribles cosas, pero aún así, Dean se sintió mal.
Siempre había tenido un buen sexto sentido, algo que le decía en su interior cuando entrar a los sitios o cuando estaba pasando algo malo. Ese mismo sexto sentido ahora le decía que entrar en ese apartamento era una terrible idea; pero era su trabajo, sea podía ser la única oportunidad que tuvieran de pillar a uno de los peores asesinos en serie de la cuidad.
Le hizo un gesto a Nick y cada uno se puso a un lado de la puerta. habían pedido refuerzos, pero tardarían unos minutos en llegar. Posiblemente no tuvieran esos minutos.
Dean abrió la puerta de golpe.
"¡NYPD!" Gritó con tanta fuerza que resonó en todo el apartamento.
Sin embargo nadie contestó.
Los dos policías se miraron y ambos entraron por fin en apartamento. Se trataba de un lugar frío, demasiado para ser un sitio normal. Parecía que había una maldad especial allí dentro, un frío que se clavaba en los huesos de ambos y les hizo empezar a tiritar sin darse cuenta.
El piso estaba completamente vacío, no había muebles, excepto una mesa en mitad de la habitación. Las demás estaban desiertas por completo. Pero aún así, la sensación de maldad, de odio incluso, como si todo lo que había ocurrido allí hubiera impregnado las paredes, todo hablaba de muerte, de desesperación, incluso Dean creía escuchar las voces de las chicas que habían torturadas en esas habitaciones.
"¿Lo notas?" Dijo el policía en voz baja a su compañero, que tan sólo asintió mientras miraba a su alrededor. "¿Qué demonios ha hecho ese tío aquí? No parece siquiera algo que pueda hacer un ser humano."
Dean estaba incómodo y violento en el apartamento, como si un centenar de ojos lo miraba desde todos los ángulos; se preguntó si se trataría de los espíritus de las muchachas muertas, sobretodo de aquellas que nunca habían sido encontradas. Necesitaba salir, respirar aire fresco.
"¿Te encargas un momento?" Al mirarle, Nick se dio cuenta que su compañero estaba especialmente pálido.
"¿Te encuentras bien? No tienes buen aspecto." Dean asintió y salió del piso, aquel sitio le daba realmente muy mala espina. Sin embargo una vez, fuera, todo cambio. No se había dado cuenta pero dentro del apartamento, se había sentido casi incapaz de respirar, pero ahora estaba recuperándose rápidamente.
Uno segundo antes había sentido como si una mano invisible le apretara la garganta, como si impidiera que el aire entrara en sus pulmones, miró sus manos que también habían perdido su color. Todo era tan extraño.
Un par de golpes provenientes del interior del apartamento lo sacaron de sus pensamientos.
"¡Dean!"
Era la voz de Nick, nunca lo había escuchado gritar así, desesperado. Dean entró en el apartamento, pese a lo poco que le gustaba la idea. Allí dentro no había nadie, de nuevo como el momento en el que habían entrado, el lugar parecía desierto; pero Dean sabía perfectamente que su compañero estaba allí. Sacó de nuevo su arma y miró a su alrededor, la gente no se desvanecida así como así.
Al no recibir respuesta por parte de su compañero, Dean decidió llamarle en voz alta; preocupado por él.
"¿Nick? Nick, ¿Dónde estás?" Dio un par de pasos dentro del apartamento y de repente, sus ojos se posaron en la puerta del fondo, que lo atraía como un canto de sirena le atraía, le llamaba. "¡Nick!" Dijo de nuevo, todavía más preocupado.
"Estoy aquí." Llamó Nick desde la habitación a la que estaba mirando Dean.
El policía fue allí y lo encontró en el suelo, pálido como si estuviera muerto, incluso parecía estar temblando como si hubiera visto a la misma muerte. Dean se arrodilló a su lado y al poner la mano sobre su hombro, Nick se sobresaltó todavía más.
"¿Estás bien? Parece que no te puedo dejar mucho rato solo, primero el escándalo en el local de striptease y ahora te amedrentas en un apartamento vacío. ¿Qué ha sido esta vez, una rata?"
Dean ayudó a Nick a ponerse en pie que mientras se sacudía el polvo de la ropa, contestó molesto.
"En primer lugar, lo del local de striptease no fue mi culpa, se le veía claramente a la chica que estaba allí porque tenía problemas con su padre y en cuanto a la oque he visto aquí…"
Los dos se dieron la vuelta al mismo tiempo, pues los dos notaron aquella presencia a su espalda.
"¿Qué hace usted aquí? Es la escena de un crimen." Los dos apuntaron al misterioso hombre que no salía de las sombras con sus armas. "Identifíquese."
Se quedaron sus palabras al ver sus ojos brillar de un amarillo intenso.
"Os gustan las obras de arte que he creado con las chicas. Los humanos sois tan extraños y atrayentes al mismo tiempo. Me encanta jugar con vosotros, daros formas, crear y cuando me canso, os tiro a la basura."
Dean apuntaba al hombre con aprensión. No podía creer que aquel extraño personaje, cuyos ojos cambiaban de color con tanta facilidad, hubiera hecho daño a tantas chicas y que además se vanagloriara de eso.
"Queda detenido por el asesinato de…
El hombre se echó a reír sin dejar a Dean teminar la frase.
"Sólo quiera mostraros mi trabajo, no que me detuvierais por él. además sólo llevo doce, todavía no lo he terminado."
"¿De que demonios estás hablando maldito pirado?" Contestó Nick que apenas podía seguir escuchando a ese tipo. Sujetó con fuerza su arma, pues su primer impulso fue acabar con él allí mismo.
"¿Demonios? ¿Dónde?" El extraño, como si estuviera interprentando un papel miró a su alrededor. "Ah si, aquí hay uno."
Levantó la mano hacia los dos policías y los lanzó de golpe contra la pared. Cayeron al suelo de golpe, sin dejar de mirar al hombre y por más que intentaban levantarse no se lo permitió. No podía ser cierto lo que había dicho de que era un demonio, pues tales cosas no existían. El hombre acercó, ambos se miraron mientras trataban de ponerse en piel pero era completamente imposible. De nuevo, el extraño levantó las dos manos y ambos sintieron que dejaban de respirar.
"No os olvidéis de esto para vuestro caso. Serán catorce y después mi trabajo estará hecho. Todavía os quedan dos chicas para poder atraparme." Se agachó hasta ellos con la misma sonrisa de antes. "recordadlo bien dos chicas más."
Colocó su mano sobre las frentes de ambos y en menos de un segundo, los dos quedaron inconscientes.
- o -
Después de la hora de comer, Sam recibió un mensaje, justo cuando ya no esperaba respuesta de Dean, esta llegó y le citó de nuevo en su apartamento. No era el lugar más romántico, pero le pareció una buena señal, pues Dean le gustaba y no era habitual que los rollos de una noche le pidieran volver a sus pisos.
Recordaba el camino sin problemas, había deseado poder volver allí. No se había podido quitar a Dean de la cabeza en todo el día. Sin comer siquiera fue allí, deseaba verlo y poder hablar.
El policía le abrió con una bolsa de hielos en la cabeza.
"¿Qué ha pasado? ¿El malo se ha escapado?" Dean le miró sin saber que decir.
Fue hasta el sofá y se sentó, bebiendo un largo trago de cerveza. Sam hizo lo mismo, fue hasta él y se sentó a su lado, sin dejar de mirar e mirar a Sam, ¿Cómo le había a explicar lo que había pasado si ni siquiera se lo habían dicho a su jefe?
"¿Va todo bien?"
Dean dejó la bolsa de hielo en la mesa.
"No se como decir esto." Sam lo miró en silencio. "Hemos visto algo que no tiene sentido." Sin saber porque lo hizo, Sam puso de nuevo la bolsa de hielo sobre la cabeza de Dean mientras lo escuchaba.
"¿El que?"
"¿Crees en los ángeles, demonios, en todas esas cosas?"
"Creo en dios, pero los ángeles… no se supongo que si, ¿Por qué?"
Dean protestó le dolía demasiado la cabeza como para pensar. Cerró los ojos y apoyó la cabeza en el sofá. Sam sonrió, le gustaba la idea de cuidar de él.
"Vamos, ¿por qué no te tumbas? No se lo que os ha pasado, pero necesitas descansar, yo me quedaré aquí."
Con la ayuda de Sam, Dean se tumbó en el sofá, el joven abogado le quitó los zapatos y tras pasar por la cocina puso un trapo húmedo en la frente. Se sentó en un hueco que quedaba y lo miró.
"Nos enfrentamos a un demonio. Nuestro asesino es un demonio."
"Claro que si, ese tipo es un auténtico demonio."
Dean sujetó el brazo del abogado.
"No, ese hombre es un demonio de verdad, venido del auténtico infierno."
Un momento después Dean cerró los ojos, ya lo había dicho, un demonio, eso era un demonio lo que lo había dejado fuera de juego.
