Dean despertó al anochecer. Seguía en el mismo sofá, pero las cosas habían cambiado un poco. A simple vista, su apartamento parecía el mismo, pero ciertas cosas eran diferentes. Las botellas de cerveza vacías que solía tener encima de la mesa, habían desaparecido, el salón estaba limpio, como él no lo había tenido nunca; incluso había una pequeña maceta junto al televisor.
Se incorporó, todavía le dolía la cabeza y se quedó sentado en el sofá.
"Ya pensaba que ibas a dormir hasta mañana. Parecías agotado."
Dean se dio la vuelta, ahí estaba Sam, con un trapo en la mano secando un plato, apoyado en la puerta de la cocina. Estaba sonriente, aunque no era difícil ver cierta preocupación en su mirada.
"¿Te has pasado todo el día aquí limpiando? Me recuerdas a mi madre."
"Tenía que hacer algo mientras dormías, no podía dejarte solo."
Dean no dijo nada, hacía tanto que alguien no se preocupaba por él de esa forma, que le pillo por sorpresa el comentario de Sam. Se miraron, había tantas cosas por decir, pero ninguno de los dos quería romper ese momento. Además, Dean no podía dejar del enfrentamiento con ese demonio. ¿Realmente había sido un demonio? En su mundo, los demonios no existían, no eran parte de la realidad.
"Siento haberte metido en esto. Ha sido una tontería llamarte." Se levantó del sofá, pero todavía le dolía lo suficiente la cabeza como para tambalearse un poco. "Gracias de todas formas, pero no quiero que piensas que soy un absoluto loco."
"¿Por qué lo dices?"
"Te dije que me había enfrentado a un demonio y desde luego, ese tipo de cosas no existen, no fuera de los libros y las películas."
En silencio, Sam se acercó a Dean e hizo que volviera a sentarse en el sofá; se le notaba en la cara que no estaba del todo bien. Dean suspiró, pero no dijo nada; no se atrevía a decir nada, no después de haberle dicho al tío con el que se había acostado que les había atacado un demonio.
Tenía que hablar con Nick, seguro que él le contaba lo que realmente había ocurrido; tal vez se había dado un golpe en la cabeza y por eso había visto los ojos de aquel tipo cambiar de color y por eso había sentido que les lanzaba contra la pared.
"Os atacó un demonio." Dean se volvió hacia Sam. "¿Qué pensabas que no te iba a creer? Os atacó un demonio, lo se, he oído hablar de esas cosas. No eres el primero que me cuenta una historia así."
"¿De que estás hablando? Los demonios no existen, ni los ángeles, ni el hombre del saco, no son más que cuentos para asustar a los niños." Dean lo miraba con los ojos muy abiertos, sin poder creer lo que Sam le estaba diciendo. "¿No me dirás ahora que eres de los que leen el horóscopo todos los días y tiene un vidente particular?" Dijo con una enorme sonrisa.
"No digas tonterías, claro que no creo en el horóscopo, al menos no en el del periódico. Pero los demonios son reales y te lo puedo demostrar." Dean mantuvo la sonrisa, aunque le costaba creer lo que estaba escuchando. "No me mires así, lo digo en serio, los demonios son completamente reales, siempre han estado allí y seguirán estando mucho después de que el ser humano desaparezca."
"Vale, ahora si que me estás dando miedo. Creía que eras una abogado respetable y completamente normal y ahora resulta que te sabes la biblia de memoria." Sam acarició el rostro del detective sonriendo y le dio un ligero beso en los labios. "¿Y eso?"
"Por ser todavía alguien inocente." Colocó su mano sobre el pecho de Dean y le hizo echarse hacia atrás, apoyar la espalda en el sofá y tras unas pequeñas caricias, Dean cerró los ojos. Le besó con intensidad, notaba sus labios recorriendo su boca y su cuello, aquello le hacía sentir realmente bien. "¿Sabes? Me gustaría ayudarte en la investigación sobre ese demonio y esos asesinatos."
Dean se levantó de golpe, alejando a Sam de él. Hasta ese momento su instinto nunca le había fallado y cuando le avisaba, como si de un sentido arácnido se tratara, que algo no iba bien, siempre le hacía caso. En ese preciso momento, estaba sintiendo justamente eso, que algo no iba bien con Sam
"¿Qué pasa?" Sam también se levantó, pero al encontrarse el arma de Dean apuntándole, se detuvo. "Creo que no estás bien, todavía necesitas descansar, ¿Por qué no te sientas?"
"¿Quién cojones eres?"
"Dean… soy Sam, nos acostamos el otro día y ahora intento ayudarte con el caso que llevas entre manos. Se que no es fácil de asimilar, se que averiguar que hay demonios y otras cosas a nuestro alrededor no es fácil de comprender, pero es la verdad."
Sam se acercó a él, pero Dean no bajó su arma; el corazón le latía muy rápido y tenía todo el cuerpo en tensión. Apenas conocía a Sam pero recordaba su conversación en el bar, su forma de moverse, Sam no era el tipo que tenía delante y sin saber porque, Dean llegó a preguntarse, si tan siquiera era humano.
"No des ni un paso más o te dispararé." Dean tenía miedo, estaba aterrado, como nunca lo había estado en toda su vida, nunca se había enfrentado a algo así.
Sam sonrió, pero ahora no era la misma sonrisa que le había gustado en el bar, no era esa la boca que había deseado besar durante horas.
"Vamos Dean, no seas así. Ahora que sabes que los demonios existimos, nos podrías divertir mucho tu y yo, no sabes de lo que soy capaz."
"¿Eres un demonio? ¿Me he acostado con un demonio sin saberlo?" Dean dio un nuevo paso hacia atrás, tropezándose con el sillón, aquello era más de lo que sentía con fuerzas para asimilar, pero al ver que Sam se volvía a acercar a él, volvió a retomar el arma con fuerza entre sus dos manos.
"No, no te acostaste conmigo y es una pena, me gustaría saber que se siente al tirarte a un policía. Sam es un encanto, tengo que reconocerlo y ha sido la mejor forma de acercar me a ti. Mientras dormías, me introduje en él. Luchó y siento que todavía lo hace, pero no se pudo resistir a mi al final."
Dean creía que se iba a desmayar, ¿Cómo podía estar ocurriendo eso en su vida? ¿Cómo podía haber cambiado su vida de forma tan repentina? No era más que un tipo normal, un policía de New York, con una vida como la de cualquier otra persona. No sabía de demonios, ni absolutamente nada sobrenatural. ¿Qué tenía que ver él con todo aquello.
"Sal de él… como quiera que se diga."
"¿Y si no lo hago? No puedes matarme, porque si lo haces, entonces estarás matando a Sam y se que te gusta, lo veo en tus ojos y si me esforzara un poco más, lo podría leer en tu mente. Así que deja de echarte faroles, porque no me vas a tocar."
No supo porque lo hizo, ni siquiera pensó en ello, simplemente se dejó llevar. Estaba acostumbrado a pensar rápido y actuar todavía más rápido, por lo que tras una rápida mirada a su alrededor, vio la garrafa de agua tras el sofá. Algo en su interior le dijo que a cogiera, por lo que cuando el demonio se acercó a él, se escabulló, la cogió y sin pensarlo dos veces, lanzó el agua sobre la cara de Sam.
El demonio protestó y cayó al suelo, llevándose las manos al rostro que había comenzado a echar humo. Dean lo miró desde donde estaba. No miraba al demonio, sino que miraba a Sam. Si lo que el demonio le había dicho era cierto, tal vez Sam también estuviera sufriendo en ese momento.
Apuntándole todavía con el arma, Dean se acercó a él, mientras escuchaba los gemidos del demonio, porque esa voz no podía pertenecer a Sam. Se arrodilló al ver que se quedaba quieto, completamente inmóvil, como si estuviera inconsciente o incluso algo peor; pero Dean prefiera no pensar que podría haberle matado. Con el arma en una mano, acercó la otra al cuerpo del abogado.
"¿Sam, estás bien?"
Sam se levantó de golpe y cogió a Dean por el cuello, sujetándolo con fuerza, hasta casi dejarle sin respiración.
"¿De verdad pensabas que ibas a acabar conmigo de una forma tan burda? Si, el agua bendita duele mucho, pero no es suficiente para matar a un demonio. Sam sabe cosas sobre nosotros, pero no lo suficiente, pobre infeliz, pensaba que el agua podría ayudarte. Pero ahora que me has cabreado, su ayuda no te va a ser muy útil." Apretó con más fuerza el cuello del policía y una vez que estaba de pie le quitó los pies del suelo.
Dean apenas podía respirar, sus pies ya no tocaban el suelo y el arma se le había caído de las manos. No duraría mucho tiempo así. Sin embargo, miró al demonio, tenía que encontrar a Sam por algún lado, tenía que saber que estaba allí el hombre con el que había pasado la mejor noche de toda su vida y al que había acudido tras el shock de descubrir a un demonio. Sam tenía que estar ahí.
"No te preocupes Dean, no vengo a matarte." El demonio se acercó al oído del policía. "Quiero que le des un mensaje a tu amigo Castiel." Dean trató de protestar, pero apenas podía mantenerse consciente ya, como para preguntar quien era Castiel. "Esconderos aquí, de una forma tan tonta, no le va a servir de nada, porque si yo os he encontrado, no seré el último demonio lo haga." Lamió lentamente el rostro de Dean y aprisionó sus labios con fuerza, haciéndole daño, dejándole sin respiración.
Lanzó a Dean al suelo y observó como su cuerpo resbalaba por el entarimado, hasta golpearse la espalda contra una columna. Se echó a reír, siempre le había gustado jugar con los humanos como si de sus muñecos particulares se trataran. Dean se quejó, trato de levantarse, pues no se iba a dejar vencer así tan fácilmente, pero las piernas no le respondieron; todavía no podía respirar y los brazos no consiguieron impulsar todo su cuerpo y volvió a caer.
El demonio se acercó y levantó su cabeza.
"No voy a matarte ahora, todavía me quedan muchas cosas que probar contigo."
Lo dejó caer otra vez, se puso en pie y como un torrente de humo salió de la boca de Sam. El abogado gritó y cayó al suelo entre espasmos. Tardó unos segundos en volver en si. Miró a su alrededor, recordaba la casa de Dean. Entonces lo vio tirado en el suelo, no recordaba lo que había ocurrido, pero tenía la horrible sensación d que había hecho algo terrible.
Tan sólo recordaba haber perdido el control de su cuerpo, que algo se metía dentro. Tantas historias leídas sobre las posesiones de los demonios y cuando le ocurría a él, aún cuando había notado una extraña presencia en el apartamento, algo realmente malo y por mucho que había preparado el agua bendita no lo había podido evitar.
"¿Dean?"
Tan sólo pudo arrastrarse hasta el policía, le tocó el rostro, Dean se removió y se quejó en cuanto Sam movió su cuerpo dolorido. Colocó la cabeza del policía sobre sus piernas y volvió a acariciarle el rostro, como si de un pequeño gatito se tratara.
"¿Dean que ha pasado?"
"Aléjate de él y levanta las manos, donde pueda verlas." Al darse la vuelta Sam pudo ver que había otro hombre allí, armado, no había escuchado la puerta al abrirse, pero allí estaba, apuntándole. "He dicho que te alejes de él."
"Tu debes de ser su compañero ¿verdad? Mira no se lo que ha pasado, acabo de despertarme y Dean estaba así…"
"¡Muévete!" Nick le dio un golpe con la pierna para alejarlo, sin dejar de apuntarle y comprobó el estado de Dean. "Espero que no has sido tu, porque de lo contrario…"
"¿Qué…"
Los dos se volvieron hacia Dean al escucharlo hablar.
"Dean, vamos Dean."
"Nick."
"Si estoy aquí. Voy a llamar a una ambulancia. Dime quien te ha hecho esto." No apartó el arma de Sam mientras hablaba con Dean, pero su compañero se había convertido en su prioridad en ese momento. "¿Ha sido él?"
"No, el demonio."
Nick y Sam se miraron, Nick incrédulo ante lo que su compañero acababa de decir, pensando que el golpe en la cabeza había sido demasiado duro, Sam por otro lado, preguntándose que le habría hecho aquella criatura mientras había dominado su cuerpo.
