Sam no creía en ángeles y demonios, no era una persona crédula y no se dejaba impresionar con facilidad; pero aquella noche algo demasiado imposible de imaginar le había ocurrido. Nick le había preguntado sin parar, pero por más que había intentado buscar las palabras más apropiadas para hablar sobre lo ocurrido, tan sólo se le ocurría decir la más absoluta y obvia de las verdades.

"He sido poseído por un demonio." Nick incrédulo lo miró, intentando averiguar si el abogado estaba intentando tomarle el pelo o si quería encubrir lo que fuera que le había hecho a Dean. "Se que resulta difícil de creer, pero es cierto, un demonio estaba dentro de mi, me dominó, ni siquiera se como entró en mi cuerpo en un primer momento; pero quería matar a Dean de eso no tengo ninguna duda."

"Un demonio quiere matar a Dean." Nick sonrió, en su carrera como policía había escuchado todo tipo de historias, desde las increíbles hasta que las que eran tremendas mentiras, pero aquello sobrepasaba todo lo que esperaba. "Y dime una cosa ¿el tridente y los cuerpos los llevaba incorporados o los había dejado en el infierno?"

"Vale, no me creas si no quieres, pero Dean me dijo que… ¿Sabes porque vino en un primer momento aquí? Vistéis algo en el caso en el que estáis trabajando. Dijo que era un demonio y te aseguro que yo tampoco lo creí cuando lo dijo."

Nick escuchó atentamente, mientras sentía que algo cambiaba en su interior. Sabía perfectamente lo que habían visto en aquella casa, aunque su cerebro se había negado a aceptarlo. Aquel hombre no era un ser humano, no hubiera podido deshacerse de ellos tan fácilmente. Pero, también era verdad que no creía en demonios ni nada parecido.

Sam le ofreció una taza de café, que sin azúcar ni nada casi se bebió de un trago. Lo dejó sobre la mesa y se acercó al sofá en el que Dean estaba descansando y sentó en la mesita de café. Su compañero estaba pálido, como no lo había visto nunca.

Desde que habían empezado a trabajar juntos, Nick se había preocupado por él, como si de su hermano mayor se tratara. Dean por el contrario, era el perfecto camikaze, al que no le importaba aparecer en mitad de un tiroteo o arriesgar la vida si era necesario para hacer bien un trabajo. A veces, Nick se preguntaba si lo que Dean deseaba en realidad era morir.

Nunca se lo había preguntado, nunca se había atrevido, pero había ocasiones en las que lo miraba e intentaba ver que era lo que le ocultaban aquellos ojos verdes, que era lo que no le estaba contando y porque hacía aquellas cosas que Nick nunca llegaba a comprender.

Dean abrió los ojos lentamente, se removió en el sofá y miró a su alrededor.

"¿Qué ha pasado?" Se incorporó, aunque le dolía la cabeza.

"¿No te acuerdas?"

Nick miró a Sam, si su compañero decía algo que pudiera implicar de alguna forma al abogado, lo detendría inmediatamente y sin dudarlo. Comprobó que tenía el arma en su sitio, cargada y preparada para usarla si era necesario.

"Sam, ¿Me atacaste?"

Nick se levantó, pero Sam contestó al policía al ver el rápido movimiento de su compañero.

"Tienes que acodarte, tu mismo me hablaste del demonio que os atacó en aquella casa. Viniste aquí…"

"El demonio." Dean se levantó pese al dolor de cabeza, acababa de recordar el día tan extraño que había tenido. "Si, el demonio que nos atacó… bueno no se si era un demonio o que era, pero desde luego no era humano." Miró a Nick en busca de una respuesta afirmativa por parte de su amigo, pero todo lo que encontró fueron unos ojos que lo miraban perplejidad.

De repente, Dean miró a Sam, por fin lo había recordado, un demonio lo había poseído a él, tal vez el mismo demonio al que se habían enfrentado Nick y él unas horas antes, no podía estar completamente seguro y había estado a punto de matarlo.

"¿Qué es lo que está pasando aquí?" Preguntó al aire sin esperar que ni Sam, ni su compañero le contestara. "¿Desde cuando los demonios son reales?"

Se dejó caer de nuevo en el sofá y suspiró con fuerza, la mirada puesta en la nada, el pensamiento; en intentar averiguar como habían llegado a ese punto.

"¿Entonces lo estás diciendo en serio?" Nick no se lo podía creer. "¿Me estás diciendo en serio que crees que nos atacó un demonio? Dean te he oído decir muchas cosas extrañas a lo largo de los años que te conozco, pero esto ya es demasiado. No existen los demonios, igual que no existen los ángeles, no hay una guerra más arriba de lo que vemos entre el bien y el mal." Dean abrió la boca para protestar, pero su compañero no se lo permitió y continuó hablando. "En cuanto a lo que nos pasó, no se, hay gente muy fuerte, igual ese tío era boxeador o algo así."

"Si hubieras visto lo que ha pasado aquí no dirías lo mismo."

Nick se puso en pie y fue hasta Sam. No le gustaba el abogado, había aparecido sin más en la vida de su mejor amigo y había sido justo a partir de ese momento cuando las historias de los demonios habían comenzado alrededor Dean.

Tal vez hubiera una explicación mucho más racional y humana que los demonios y tal vez por eso, Sam quería convencerles de que se trataba de algo demoníaco. Si el tenía algo que ver, si ocultaba algo, podía haber montado una forma de distraerles.

"Tienes razón, no se lo que ha pasado aquí. Pero se lo que creo y desde luego los ángeles y los demonios no forman parte de mis creencias. Mira Dean, no se lo que habrás visto aquí, pero yo estoy agotado y me voy a marchar a casa, si por un casual entras en razón y te das cuenta que este cuento de los demonios no puede ser real, me llamas."

Nick se marchó, sin que Sam o Dean dijeran nada al respecto. Los dos estaban todavía bajo el shock de lo que había ocurrido y en el caso de Dean, no podía creer que su mejor amigo no creyera sus palabras. Lo vio marcharse, le dejaba allí, en casa de un extraño, al menos para Nick y ni siquiera creía lo que le había dicho.

El abogado se sentó a su lado y para sorpresa de Dean, rodeó sus hombros con el brazo y apoyó la cabeza sobre su hombro. Los dos estaban agotados, con miedo, aunque ninguno de los dos lo fuera a decir en voz alta. Tampoco querían pasar el resto de la noche solos y menos después de lo que los dos habían visto.

Se quedaron en silencio un momento, todavía no habían tenido tiempo para hablar tranquilamente sobre lo que había ocurrido entre ellos, sobre lo que sentían o no sentían el uno por el otro, al menos no sin un demonio de por medio.

Sin embargo, Dean no quería hablar, estaba demasiado confundido con lo que había visto, con lo que había vivido y con el comportamiento de Nick con él, que lo último que deseaba en ese momento era pararse a hablar de lo que sentía o dejaba de sentir; mucho menos pensar si se estaba enamorando de aquel abogado que tenía a su lado o no.

Lentamente movió la mano y rodeó la cintura de Sam, se dio la vuelta, lo miró a los ojos y sonrió, para terminar besándole, todavía en completo silencio. Se apoderó de sus labios lentamente, poco a poco se recostó sobre él, para terminar sentado sobre sus piernas.

Sam no se movió, dejó que Dean hiciera con él lo que quisiera, disfrutó de las manos que le estaban desabrochando la camisa y sintió la lengua del policía dentro de su boca, recorriendo todo su interior. Gimió y eso excitó todavía más a Dean, que sujetó sus brazos con fuerza. Le besó el cuello con mayor intensidad y se quitó la camiseta.

De repente se detuvo y miró a Sam.

"¿Qué ocurre?"

"Eres tu ¿verdad? Quiero decir, ¿Que no tienes ningún demonio dentro?" Sam se echó a reír, al mismo tiempo que rodeaba su cuello para volver a besarle, pero Dean detuvo de nuevo. "Me gusta probar cosas nuevas, pero acostarme con un demonio… no creo que paso de eso. ¿Eres humano?"

"¿Por qué no lo compruebas tu mismo?" Contestó Sam con una sonrisa llena de picardía en los labios.

Se acercó de nuevo a Dean, rodeó su cuello y atrajo rostro hasta él para poder besarle otra vez. tal vez Dean no recordara lo que había ocurrido la primera vez que se habían acostado, pues parecía estar bastante perjudicado por el alcohol, pero Sam estaba decidido, que después de todo por lo que habían pasado en las últimas veinticuatro horas, aquello lo iba a recordar como la mejor noche de su vida.

Además, desde que lo había conocido en aquel bar, Sam se había prometido no perder la oportunidad de estar con él para el resto de su vida. No podía olvidar el mal aspecto que traía Dean. Un rato más tarde sabría que se trataba del caso que llevaba entre manos, las chicas muertas por lo que parecía ser un asesino en serie.

Aún así, Sam se había sentido atraído por él, desde el primer momento en el que sus miradas se habían encontrado, desde que Dean se había presentado. Ahora, Sam tenía decidido que había encontrado al hombre por el que merecía la pena enamorarse y tal vez dejar un poco de lado el trabajo para estar con él.

- o -

Nick no llegó a casa aquella noche, en realidad nada más salir del apartamento, sintió que algo estaba ocurriendo. Siempre se había fiado de su instinto y por el momento no le había fallado. Se detuvo en medio del pasillo, sentía que alguien le estaba vigilando, pero no había nadie, a un lado el ascensor, al otro una ventana que daba a la calle y en medio, las puertas de los distintos apartamentos. Definitivamente no podía haber nadie que pudiera estar espiándole.

de todas formas, estaba alerta, con el arma preparada. Se dio la vuelta, algo estaba cerca, algo estaba a punto de ocurrir, solo que no esperaba que no se tratara de algo humano, si no de algo celestial.

De repente, una intensa luz inundó todo el pasillo y un terrible sonido que hizo saltar los cristales de la ventana. Nick se tiró al suelo, no podía soportarlo, aquel ruido estaba a punto de reventarle los oídos. De la misma forma misteriosa que había empezado, se detuvo.

Nick se puso en pie, aunque no sabía muy bien porque lo estaba haciendo. Levantó la vista, como si pudiera ver el mismo cielo a través del edificio, pero allí no había nada.

"¿Qué es lo que está pasando?" Dijo en voz alta sin esperar respuesta, sin saber que esa contestación estaba a punto de llegar.

Cayó al suelo como si hubiera sido fulminado por un rayo. Quedó tendido en el suelo, parecía muerto, pero no lo estaba. Su cuerpo se estaba recuperando, pero aunque algún médico hubiera ido a atenderle, nadie sabría lo que le estaba ocurriendo.

Tenía los ojos abiertos y aunque no sabía exactamente lo que estaba ocurriendo, no tenía miedo, algo en su interior le hacía permanecer tranquilo, una voz que hablaba en su cabeza, como si de repente hubiera enloquecido y le repetía una y otra vez que todo estaba bien, que no tuviera miedo.

"Ahora estás trabajando para el señor. Él te protegerá y yo como su hijo y siervo, prometo mantener tu cuerpo intacto y lo protegeré también." No conocía aquella voz, incluso podía ser su propio cerebro, pero no le importaba, cuando abrió los ojos y miró al techo, se dio cuenta que no era él quien dominaba su cuerpo y de nuevo, escuchó aquella voz, solo que ahora no estaba en su mente, si no que salió de sus labios cuando una señora le preguntó quien era.

"Soy Castiel, espero que tenga un buen día."