"Debería marcharme ya." Sam suspiró y se acurrucó todavía más contra el cuerpo de Dean. el policía sonrió. "Lo se, pero tengo que irme a trabajar. Los malos no se meten en la cárcel solos."
"¿Por qué no vienes a cenar esta noche? Todavía no sabes que cocino realmente bien."
El policía revolvió el cabello de Sam y le besó en la cabeza. Todavía se preguntaba como era posible que ese joven abogado que muy poco tenía que ver con él, pudiera hacerle sentir todas aquellas emociones al mismo tiempo.
"¿Sabes que eres el primer tío con el que me acuesto más de una noche seguida? Por no decir que eres el primero que consigue que pase la noche en su casa y no salgo pitando."
Había sido una noche intensa y al menos Dean la recordaba. En un primer momento no había querido quedarse, alegando que tenía cosas que hacer y que tenía que madrugar. Pero Sam era realmente persistente. Sus ojos pardos se habían vuelto picaros, sobretodo cuando no se apartaban de Dean y al final habían conseguido que el policía se quedara allí esa noche.
Cenaron juntos, era la primera vez Dean cenaba con un ligue y no podía quejarse, la comida china le encantaba y la compañía del abogado. Era divertido, su sentido del humor se parecía mucho al suyo, aunque Dean descubrió que era muy sencillo meterse con él y chincharle y hacerle rabiar. Le encantaba ver su expresión despistada cuando no comprendía alguna de sus bromas y se reía como no lo había hecho en mucho tiempo.
Al pasar las horas, cuando la cena hubo terminado y la película que habían visto en la televisión, Dean miró a Sam, ambos sabían lo que deseaban, se miraron, pues ninguno quería dar el primer paso y estropear aquel instante. Dean se mordió el labio; el abogado ya le había visto hacerlo y conocía el significado de ese gesto.
Por eso, decidió arriesgarse. Se arrodilló en el sofá y se acercó a su huésped, que simplemente lo miro sin hacer nada, dejó que el abogado rozara su mejilla ligeramente, con el dorso de su mano, lo vio sonreír, como si de un niño dando sus primeros pasos se tratara y tras unos segundos de duda, Sam le besó. Los dos cerraron los ojos y se dejaron llevar. Las manos de Sam pronto comenzaron a recorrer el cuerpo del policía y y las suyas se deslizaron bajo al camisa de Sam.
No era la primera vez que se acostaban, ya conocía el cuerpo de su amante, pero al menos para Dean era la primera que lo iba a recordar y también la primera vez que acabaría durmiendo en la cama de otra persona y no querer marcharse antes del amanecer.
Hicieron el amor durante horas, sin decir una sola palabra, tratando de no pensar en los demonios, en que ahora sabían que el mundo era un mundo mucho más complejo de lo que nunca hubieran creído posible. Tan solo se miraban mientras el sudor de ambos recorría los dos cuerpos. Sentado sobre el abogado, Dean miró a Sam, sonrió y se apoderó de sus labios como si nunca lo hubiera hecho.
Finalmente los dos se quedaron dormidos, Sam con la cabeza apoyada sobre el pecho del policía y este, después de mirarle durante un buen rato, se había terminado por quedar dormido.
"No me has contestado." Dijo Sam mientras observaba a Dean mientras se vestía. Le gustsaba mirarle, le gustaba su cuerpo, pues nunca había visto un cuerpo tan perfecto en un hombre. "¿Vendrás a cenar esta noche? Con un poco de suerte serán unas horas tranquilas, sin demonios ni posesiones."
Dean se dio la vuelta sonriendo.
"No me puedo creer que realmente hayas dicho eso." Se acercó a la cama y besó a Sam, aunque no quisiera reconocerlo, estaba empezando a sentir algo muy fuerte por el joven abogado. "Bueno, supongo que no estaría nada mal tener una velada tranquila por una vez."
"¿Entonces vendrás?"
Un largo suspiró precedió a la respuesta de Dean. claro que quería ir, pero temía donde podían llevarle todas aquellas citas. Hacía mucho tiempo que se había prometido no volver a enamorarse nunca más y ahora sentía que estaba a punto de romper esa promesa hecha a si mismo.
"Dean…"
¿Pero como negarse a esa mirada de cachorrillo abandonado? ¿Cómo decir que no a esos ojos que parecía que tan solo esperaban ser amados? Se sentó en la cama y Sam tan sólo tardó un segundo en apoyar la cabeza sobre sus piernas, como si de un perrillo se tratara.
"No prometo nada, seguramente surgirá un asesinato o algo peor y tenga que quedarme a trabajar. Pero haré todo lo que pueda por venir. Además, tengo curiosidad por lo que puedas prepararme para cenar."
"Te sorprenderé."
Un nuevo beso por parte de Dean terminó la conversación. Tan sólo le susurró al oído que volviera a dormir, que era demasiado temprano y se marchó, con una enorme sonrisa en los labios, pensando que tal vez había llegado el momento de hacer las paces con sus propios fantasmas.
o –
"¿Se puede saber donde te habías metido? Llevo esperándote toda la mañana." Dean no quería gritar, pero ya se había llevado la bronca del comisario por los dos. No se podía crecer que Nick apareciera allí como si nada, con la misma ropa del día anterior. "Nick, ¿Qué coño te pasa? Estás como en otro mundo."
Nick le miró, pero Dean se dio cuenta que algo extraño pasaba con su mejor amigo. si no lo conociera bien, diría que se había fumado algo y se había pasado con la cantidad. Aquella mirada no parecía la suya, había algo extraño en aquellos ojos, en su postura, en la forma de no moverse.
Tal vez no fueran más que paranoias suyas. Había pasado por mucho en dos días, descubriendo que los demonios, el último tío con el que se había acostado y que casualmente le gustaba, había sido poseído por un demonio que había intentado matarle y todo eso, sin saber si acababa de descubrir el amor a primera vista.
"Estaba ocupado. Siento mi tardanza." Dijo sin más Nick, pasando de largo de Dean y sentándose frente a su escritorio y miró el ordenador, aunque parecía no estar haciéndole ni caso a la pantalla. "¿Cuál es la misión de hoy?"
"¿Misión?" Sorprendido, Dean se acercó hasta su compañero. "Por si no te acuerdas todavía no hemos pillado al cabrón que está acabando con la vida de algunas chicas de la ciudad." Nick le miró, pero no había emoción en sus ojos, aquel caso ya no le importaba. "¿Se puede saber que coño te pasa? Ayer estabas deseando pillar a eses bastardo y ahora parece que te da igual."
"Dean, Nick os quiero en la calle en cinco minutos." Bobby Singer había salido de su despacho, pero Dean no le había hecho caso, tan sólo esperaba alguna reacción por parte de su compañero, pero no hubo ninguna. Incluso cuando Dean dejó pasar unos segundos, no ocurrió nada. "Vamos, chicos que los criminales no os van a estar esperando toda la vida."
Dean se marchó sólo, aunque sabía que Nick le seguía. Cogió el ascensor, como su compañero junto a él. no se podía creer que le mirara sin decir nada, como si de un extraño se tratara. Al fin llegaron abajo, Nick salió de la comisaría y entró en el coche.
"Ya es suficiente. Ahora estamos solos, así que ya estás diciendo que es lo que te pasa. Se que no estás celoso de que me acueste con Sam, porque a estas alturas de nuestras no te vas a enamorar de mi. Si es por el caso, ya se que se nos ha ido un poco de las manos y que no podemos decirle a nadie que se trata de demonios. Pero vamos, dime que es lo que te pasa."
Nick le miró y entonces lo vio, no estaba seguro de lo que era, pero Dean podía jurar ala cien por cien que no estaba mirando a los ojos a su mejor amigo. de tratarse de otro día, hubiera creído que era por culpa del estrés, pero después de todo lo que había visto en las últimas veinticuatro horas…
Salió del coche y se alejó a paso ligero. Neceistsaba pensar, no podía ser cierto, no podía tratarse de uno de esos malditos demonios, porque todavía no había descubierto como luchar contra ellos. Escuchó pasos a s espalda, sabía que era Nick o quien era que se encontrara dentro de su cuerpo, pero Dean no se detuvo hasta llegar a la calle.
"¡Dean!"
"Incluso tu voz es diferente. ¿Creías que no me iba a dar cuenta? ¿Qué eres, un demonio? Me gustaría que me dijeras porque de repente no me podéis dejar tranquilo. No os he hecho nada.
Nick estaba delante de él, serio incluso parecía algo deprimido, pero Dean no se molestó en preguntar. Tocó su arma, asegurándose de que estaba allí, aunque sabía que no haría nada frente a un demonio y que lo único que lograría sería acabar con la vida de su mejor amigo. No lo haría, no le dispararía, pero al menos se sentía más seguro con su arma cerca.
"Responde ¿Quién o que eres?"
Una mujer que pasaba a su lado, se volvió al escucharle decir eso, Dean sabía que sonaba realmente raro, pero no le importaba; tan solo quería respuestas.
"Dean no lo entenderías, ninguno humano podría comprenderlo."
"Prueba, porque por si no te has dado cuenta estás usando el cuerpo de mi mejor amigo y eso no me hace ninguna gracia. Imagino que no querrás ser descubierto por todos los humanos de esta ciudad, así que ya puedes empezar a decirme quien eres o de lo contrario…"
Cuando Dean se quiso dar cuenta, ya no estaban medio de la calle. Miró a su alrededor, se trataba de una habitación cerrada, sin puertas, ni ventanas, no había forma de escapar de allí aunque hubiera querido. Nick o lo que fuera que lo estaba controlando, también estaba allí; se manteía serio, completamente serio, parecía que nada pudiera hacerle perder la calma. Dean se acercó a él, pero cuando levantó la mano hacia el policía, se quedó parado, en seco, como si sus piernas se hubieran convertido en dos pesadas columnas.
"¿Quién eres y que has hecho con mi amigo? Si le ocurre algo a Nick, te juro… Maldito demonio."
"No soy un demonio. Nick está bien, está aquí dentro y sabe lo que estoy haciendo. Está de acuerdo, porque de esto depende la seguridad de todo el mundo."
"¿Y como pretendes que me crea yo eso? NO tengo mas que tu palabra y después de todo lo que he visto y como Sam estuvo a punto de matarme, mientras era dominado por un demonio que se parecía demasiado a él, no voy a creerte sin más."
El extraño se acercó, Dean no podía retirarse, aunque no hubiera podido ir muy lejos. El corazón le latía tan fuerte, que estaba seguro que aquel ser lo estsaba escuchando. la mano del desconocido se posó sobre su pecho y un tremendo calor comenzó a recorrer su cuerpo, sin embargo, no tuvo miedo, no sintió pavor, tan sólo un absoluto bienestar y la total seguridad de que sus palabras eran ciertas, incluso creyó sentir a Nick al mirarle a los ojos.
"¿Qué eres?"
"Soy Castiel, un ángel del señor."
