Dean sintió que el mundo a su alrededor comenzaba a dar vueltas. Ya había sido un shock para él descubrir que había demonios en el mundo, que las posesiones eran reales y además darse cuenta que estaba empezando a sentir algo muy fuerte por un hombre. A todo eso, ahora tenía que sumar lo que acababa de escuchar; su mejor amigo ya no era humano, Nick ya no era Nick, sino que un ángel había tomado su cuerpo.
"¿Cómo has dicho?"
"Soy Castiel, un ángel del señor."
"Se lo que has dicho, pero no me lo puedo creer. Vale que los demonios existan, al fin y al cabo el mal siempre ha estado ahí, dispuesto a corromper al ser humano, a hacernos malos, a dañarnos. Los ángeles no nos habéis ayudado cuando más nos ha hecho falta, si sois reales, ¿por qué nunca habéis ayudado al ser humano cuando realmente lo necesitábamos?"
Dio un paso atrás, estaba viendo a su mejor amigo, pero lo conocía demasiado bien como para saber que aquellos ojos que lo miraban con dureza y sin la luz que normalmente iluminaba el rostro de Nick, no era el de su amigo. Pero tampoco podía ser un ángel, pues si algo tenía claro Dean era que los ángeles no eran reales, esa clase de imaginería positiva no podía ser real en un mundo como el suyo.
"Soy un ángel Dean y Nick sigue estando aquí dentro. No me quedó más opción que tomar su cuerpo."
"Eso suena asqueroso tío."
Dean se aseguro que tenía el arma preparada por si última instancia tenía que defenderse de aquella cosa. No estaba seguro de ser capaz de disparar a su amigo, pero al menos estaría preparado.
"Es un momento muy delicado Dean, no podía hacer otra cosa."
"Podías haber escogido a cualquier persona y eliges a mi mejor amigo, no creas que después de eso te voy a tener mucho aprecio."
Sacó su arma y apunto contra el ángel. Apenas conocía nada sobre criaturas sobrenaturales y no tenía la más remota idea sobre si un disparo le haría algo, pero al menos no permitiría que se acercara a él más de la cuenta.
"Dean tienes que escucharme." El ángel dio un paso más hacia el policía.
"No te muevas o juro que te dispararé."
"Matarías a tu amigo si lo haces."
"Ya lo has matado tu." No pudo evitar que la mano que apuntaba al ángel le temblara. Al fin y al cabo seguía siendo su amigo, Nick para él era como un hermano mayor, habían pasado por tantas cosas juntos, que la sola idea de perderlo ya demás perderlo a manos de una criatura así. "Has matado a mi amigo."
"Nick no está muerto aquí dentro, tan sólo he tomado prestado su cuerpo."
Dean no sabía que pensar, podía estar mintiéndole, pero sin saber porque, un parte de él creía al supuesto ángel. Bajó el arma, sin dejar de mirarle, buscando algo de Nick que todavía existiera ahí dentro. Le costaba admitirlo, pero la verdad era que no le causaba ningún temor, sino todo lo contrario en realidad, estar cerca de aquel ser que estaba poseyendo a Nick no le producía ningún mal sentimiento.
"¿Estás intentando decirme que Nick está vivo?"
"Sam estaba vivo cuando el demonio le poseyó y los ángeles podemos no ser tan intrusivos, apenas entramos en la mente del humano al que poseemos, aunque en el caso de Nick es difícil apartar algunos de sus sentimientos."
"¿A que te refieres?"
"No debería hablar de eso contigo, si él no ha hablado de eso contigo…"
"Corta el rollo, acabas de decirme que eres un ángel, has poseído el cuerpo de mi amigo y ahora me dices que te has vuelto remilgado. ¿Qué es lo que no puedes separar de Nick?"
Sin darse cuenta había bajado el arma y estaba relajado, no sabía lo que era pero ese ángel o lo que fuera, le hacía no sentir ningún miedo o temor. Todo estaba bien, incluso estaba seguro que Nick estaba bien, aunque estuviera atrapado en su cuerpo. Era una sensación realmente extraña, pero por más que lo intentaba, no conseguía sentirse mal.
"No puede dejar de pensar en su padre."
Dean se quedó paralizado y completamente pálido. No hacía ni dos días que habían hablado del padre de Nick, de lo mucho que había hecho por intentar encontrarlo y como parecía que había desaparecido de la faz de la tierra.
- o -
Aquella conversación todavía estaba fresca en su mente, como si hubiera ocurrido tan solo un momento antes. Se odiaba por no haber podido ayudar a su amigo. Lo había visto tan hecho polvo ante la desaparición de su padre. Aquella llamada de teléfono a las tres de la mañana había sido el momento más difícil de toda su vida.
"Creo que no quiere que le encuentre Dean, pero le echó de menos. ¿Dean, porque se fue? Dime que tu sabes algo, te llevas bien con, te quiere como a un hijo. Tal vez…" Aunque no podía verle, Dean estaba casi seguro que su amigo estaba llorando o intentaba no hacerlo, pues la voz se le quebraba cada pocos segudos
"Lo siento tío, pero no se nada, no me dijo nada, la última vez que hablé con él, parecía estar tranquilo, no creí que fuera hacer nada así. Además, seguro que vuelve pronto, eres su hijo, no te dejará así como así."
Pero aquella conversación había sido hacía ya tres meses y por el momento no había ninguna piesta sobre su padre. No había duda, que pese a no hablar del tema, Nick estaba destrozado por la marcha de su padre.
- o -
"¿Por qué estás aquí? ¿Qué es lo que quieres?"
Su pregunta todavía resonoaba en su mente cuando llegó al apartamento de Sam. No podía quitarse de la cabeza la idea de haber estado hablando con un ángel. En cuanto el abogado abrió la puerta, Dean entró sin decir nada y se dejó hacer en el sofá, con un fuerte suspiro.
"Veo que al final has podido venir." Dijo Sam con una enorme sonrisa mientras observaba al policía. "Estaba preparando la cena, ¿Cómo de hecha te gusta la carne?" Dean no dijo nada, tan sólo se cubrió el rostro con las dos manos y volvió a suspirar, esta vez con mayor intensidad. "¿Va todo bien?"
Al abrir los ojos, tumbado en el sofá, encontró el rostro de Sam mirándole desde arriba, boca abajo en realidad, apoyado en el brazo del sofá, pero con una enorme sonrisa en el rostro.
No dijo nada, pues no sabía como contarle las novedades que habían ocurrido en su vida ese mismo día. Por eso, tan sol alargó las manos, cogió el rostro de Sam entre ellas y le besó apasionadamente. El joven abogado a punto estuvo de perder el equilibrio, tuvo que agarrarse al sofá para no caerse, pero cerró los ojos en cuanto sus labios entraron en contacto con los de Dean. se dejó llevar, adoraba besarle, o más bien ser besado por el policía, los minutos desaparecían cuando estaban juntos, incluso la carne que estaba en el horno dejaba de tener importancia.
Dean, por su parte, le besaba desesperadamente, pues ahora estar con Sam parecía ser lo único que tenía sentido en su vida. Aquellos labios eran reales, los pequeños suspiros que emitía Sam, entrelazaba sus dedos en el cabello del moreno, eran completamente reales. Sam era real y no todos aquellos ángeles, demonios y criaturas de las que no quería saber nada.
"Dean." Intentaba decir Sam en los pocos momentos en los que el policía le dejaba respirar. "Dean. ¿Qué es lo que ocurre?"
pero Dean seguía besándole cada vez con más insistencia, con más devoción, hasta hacer que el abogado se sentara en el sofá, se recostara sobre él y pudo quitarle la camiseta, que ya estaba manchada con algo de grasa. Adoraba ese cuerpo, al menos eso tenía lógica. Le gustaba tocar ese cuerpo grande, perfectamente musculado que pertenecía a Sam.
"Dean, espera."
Le encantaba la forma, ligeramente ruda con la que le trataba Dean, pero necesitaba saber porque estaba tan alterado. Cuando Dean introdujo la mano en sus pantalones; Sam le detuvo, acompañante su gesto con un suave gemido.
"Dean ¿Qué es lo que te ocurre?"
"¿Tan difícil es de pensar que quiero follar contigo?"
"No, si no fuera porque, me estoy sintiendo un poco utilizado para tratar de olvidar lo que se que te ocurre."
"¿Y que hay de malo en eso?" Dean volvió a intentar alcanzar los labios de Sam para volver a besarle, pero esta vez, el abogado se retiró. Lo miró con dureza, no le gustaba ser el juguete de nadie y mucho menos para que Dean pudiera no pensar en lo que fuera que le había ocurrido. "Lo siento, no he tenido un buen día."
Se dejó caer en el sofá y soltó momentáneamente el cuerpo de Sam.
"Cuando te dije que me gustabas, cuando te dije que vinieras a cenar esta noche, no fue solo porque quisiera acostarme contigo. Me gustas de verdad, quisiera tener una relación contigo más allá del simple sexo."
"Negaré haber dicho esto, delante de otras personas, pero tu también me gustas y estaría bien tener algo contigo." No era mucho, pensó Sam, pero algo le dijo que era mucho más de lo que Dean estaba acostumbrado a decir a la gente con la que solía acostarse habitualmente. "Lo que pasa, es que hablar sobre esto."
"He estado poseído por un demonio y he estado a punto de matarte cuando en realidad no quería hacerlo. No creo que vayas a sorprenderme fácilmente."
Dean acarició la pierna de Sam, levantó la vista, suspiró una vez más, para tomar fuerzas sobre lo que iba a decir, por fin sonrió, seguro de que el abogado se iba a reír en su cara en cuanto dijera aquello en voz alta.
"¿Crees en los ángeles?"
"¿ángeles? Supongo que si hay demonios tendrá que haber algo que equilibre la balanza. No se, si me hubieras preguntado hace una semana, diría que eso era cosa de fe. Ahora, supongo que me dirás que has conocido a un ángel." Dean asintió sin decir nada, la gente pensaría que estaba loco, pero Sam le comprendía muy bien. "¿Has conocido a un ángel? ¿Cómo es? Quiero decir. ¿Son como nosotros? ¿Parecen humanos o son…"
"Es Nick." Sam abrió la boca, pero ningún sonido salió de ella. "Bueno, Nick no es un ángel, sino la… criatura que se ha mentido dentro de él, el que lo ha poseído, si que lo es, o al menos dice serlo."
"No me lo puedo creer."
"Lo se, por eso a lo mejor, he actuado de una forma demasiado impulvia al llegar aquí. Estar contigo es lo único que parecía real. Lo siento, no quería…" Un beso de Sam en los labios le cerró la boca. "¿Y eso?"
"Quería demostrarte que soy real, que estoy aquí contigo. estamos juntos en esto." Le besó el cuello y dejó que Dean le abrazara. Sintió la acelerada respiración de Dean contra él. "Averiguaremos de que va todo esto, te lo prometo."
"Pues entonces ya podemos darnos prisa, porque ese ángel, Castiel, ha dicho que está a punto de empezar."
"¿Empezar, el qué?"
Dean negó con la cabeza, también quería saber de lo que le estaba hablando, pero Castiel no parecía el ser más hablador y comunicativo del mundo, pues antes de poder preguntarle, se había marchado.
"Desapareció sin más, no pude preguntarle."
"Bueno entonces supongo que tendremos que esperar a que vuelva." Sam sonrió. "Tenemos la cena en el horno y la casa para nosotros solos." Se levantó y tiró de Dean para hacer lo mismo. Le dio un tierno beso en los labios y siguió tirando de él hasta cocina. "Además me vendrá bien, un poco de ayuda para las bebidas, todavía no se lo que te gusta."
