Aquella noche, Dean soñó con las horas que había pasado con Sam haciendo el amor. cada momento, cada respiración del joven abogado, cada vez que se habían mirado a los ojos y cada vez que le había susurrado al oído que le quería, incluso cuando Dean no había contestado, por no saber muy bien que decir al respecto.

Todo estaba en su mente y estaba seguro que formaría parte de su recuerdo durante mucho tiempo, aquellos brazos que le rodeaban y en ocasiones parecía que iban a aplastarle, aquellos besos, largos y profundos que le hacían suspirar, como no lo había hecho nunca y aquel cabello, sudoroso, que caía sobre su rostro. Todo en Sam era perfecto, su sonrisa, sus ojos pardos que Dean todavía no había conseguido todavía averiguar de que color eran exactamente, sus manos, su olor. Todo Sam era, simplemente perfecto.

Se durmió en sus brazos, Dean que siempre dejaba que la otra persona se apoyara sobre él, se había quedado dormido entre los brazos de Sam, con la cabeza apoyada sobre su pecho y notando los dedos del abogado entrelazándose en su cabello.

"Dean, se que no es el mejor momento para preguntarte esto, porque no quiero estropear la noche, pero, tengo que hacerlo, porque he estado con otros hombres y a veces las cosas no salen de todo bien."

Las palabras de Sam resonaron en su mente de nuevo mientras dormía.

"Sam, ¿te importaría ir al grano?"

Sam sonrió y agradeció la oscuridad de la habitación para que Dean no viera como se ruborizaba en menos de dos segundos.

"Creo que me estoy enamorando de ti y se que casi no llevamos tiempo juntos. Seguramente para ti es muy pronto, pero tengo que saberlo ya." Respiró con fuerza y trató de sacar las palabras que llevaba días pensando, desde que se había acostado por primera vez con el policía. "¿Qué es lo que sientes por mi?"

Se temió lo peor, tal vez estaba estropeando lo que podía ser una bonita relación, pero los reveses en la vida habían sido ya demasiados como para hacerse ilusiones ahora por nada.

"¿Quieres saber si se gustas? ¿Si te quiero?"

"Querer es mucho decir."

"Bueno, entonces no te lo digo."

Sam se incorporó rápidamente, como si hubiera escuchado un ruido extraño en la casa, aunque en realidad no estaba seguro si había escuchado bien lo que Dean acababa de decir. Lo miró a los ojos en completo silencio, esperando que el policía repitiera de nuevo sus palabras.

Dean le acarició la mejilla, se acercó a él y le besó en los labios con la mayor ternura posible.

"No se hacia donde va esto y mucho menos con eso de que los ángeles existen y todo eso. Seguramente en otras circunstancias me tomaría mi tiempo, te diría que teníamos que ir más despacio; pero ahora, el mundo se ha vuelto del revés." Le dio un nuevo beso, más intenso todavía y que estuvo a punto de dejarle sin respiración. "Todo es distinto ahora, por eso, aunque casi no te conozco, llevo en este apartamento más que en mi casa las últimas noches y me atrevo a decirte, sin miedo a lo que pueda pasar mañana, que si, te quiero."

Sam se volvió a ruborizar y esta vez Dean lo vio sin problemas, pero no dijo al respecto, porque aunque no se notara, él era el primero que estaba muerto de miedo por lo que estaban haciendo.

No recordaba cuando había sido la última vez que había abierto su corazón a nadie, realmente prefería no pensar en eso, porque había sido demasiado doloroso. Desde entonces había decidido no mostrar sus sentimientos hasta que estuviera muy seguro de la relación en la que se metía. Por eso, en los últimos cuatro años no había estado con nadie más de una semana seguida.

Volvieron a hacer el amor, casi en completo silencio, tan sólo llenado la habitación con continuos gemidos y suspiros. Al final, los dos se quedaron dormidos, su cuerpos entrelazados. Primero fue Dean el que cayó dormido, durante unos minutos Sam le miró, acariciándole el cabello con los dedos, sin poder apartar la mirada de su cuerpo perfecto.

Le había dicho que quería, aquello era más de lo que había deseado escuchar y lo había dicho sin más, le había mirado a los ojos y había sonado completamente sincero; no había más que Sam pudiera pedirle. Le besó en la cabeza como si de un niño se tratara, como si fuera su niño y sonrió, pues cuando había dicho que le gustaba, que estaba empezando a enamorarse de él, no había sido del todo sincero, pues la realidad era que había perdido la cabeza por él.

Así se habían dormido, apenas cubiertos por la ropa de la cama, la noche era fría, pero a ninguno de los dos pareció importarles, pues el cuerpo de su compañero los calentaba a los dos.

- o -

era bien entrada la madrugaba, cuando Dean despertó de golpe al notar que había una presencia en la habitación. Se incorporó en la cama y ahogó un grito furioso al ver que Castiel estaba en la puerta mirándolos a los dos. Estaba tan silencioso que parecía ser una estatua o tal vez una simple ensoñación, pero cuando Sam abrió los ojos y también se sobresaltó al verlo, Dean comprendió que no era cosa tan sólo de su mente.

"¿Va a ser siempre así a partir de ahora? ¿Vas a irrumpir en nuestra intimidad siempre que te apetezca?" Castiel no dijo nada, tan sólo entró en el dormitorio y se situó a los pies de la cama, mientras Sam, sin apartar la mirada de él, cubría su cuerpo y el Dean con la sábana. "Porque sinceramente, ya es un shock bastante grande enterarte de que un ángel a tomado el cuerpo de tu amigo, como para encima saber que el ángel en cuestión es un mirón."

"Necesito tu ayuda." Dijo Castiel como si no hubiera escuchado lo que el policía acababa de decir.

"¿Un ángel necesita mi ayuda? ¿Para qué exactamente?"

"En realidad necesito la ayuda de los dos."

Dean y Sam se miraron, sin entender una sola palabra de lo que el ángel estaba tratando de decirles.

"¿No esperarás que comprendamos lo que estás diciendo verdad? Porque sigo sin comprender porque tuviste que coger el cuerpo de mi amigo como recipiente, como para comprender como vamos a servirte de ayuda Sam y yo."

"No es fácil de explicar y mucho más difícil de comprender para los humanos."

"Oye, que seamos humanos no quiere decir…"

"Es vuestro destino, igual que era vuestro destino estar juntos." Dean y Sam se quedaron petrificados, aquello era lo último que habían esperado escuchar.

"¿Cómo has dicho? ¿Destinados para que?"

Dean se empezó a incorporar, hasta que se dio cuenta que no llevaba nada debajo de la sábana, por lo que tuvo que quedarse en la cama.

"Ya os he dicho que no es fácil de comprender, pero ahora mismo no tengo tiempo de explicaros todo esto."

"¿Cómo que no tienes tiempo? Eres un ángel tienes todo el tiempo del mundo." Castiel fulminó a Sam con la mirada, por decir algo que para él era tan estúpido. "No pretendía ofenderte, pero por si no te has dado cuenta eres el primer ángel que conozco, creía que el tiempo para vosotros no es um problema."

"Si las cosas van bien, no es un problema, pero cuando busco a un demonio fugado, digamos que de nuestra prisión, el tiempo se nos echa encima muy fácilmente." Estaba agotado y se le veía en la mirada, eso era algo que Sam también acababa de descubrir, los ángeles se podían cansar. "Para eso os necesito, para dar con él".

"Quieres que seas tus cebos." Dean se había puesto el boxer que se había perdido por la cama y se levantó.

Sam no pudo evitar mirar el cuerpo perfecto de Dean y sobretodo fijarse en su trasero, perfectamente enmarcado en aquel boxer negro. Se mordió el labio, gesto que no paso desapercibido para Castiel, pero no dijo nada al respecto, tenía cosas más importantes en las que preocuparse.

"Quiero convertiros en cazadores."

"¿Cazadores? ¿Qué es eso?" Sam se mantuvo en la cama, como si allí pudiera estar seguro frente a los cambios que estaban sucediendo a su alrededor, demasiado rápidos para su gusto.

Dean comenzó a dar vueltas por la habitación, como si fuera un felino enjaulado. No comprendía nada, las palabras de Castiel, no hacía más que darle un terrible dolor de cabeza.

"¿Quieres convertirnos en una especie de mercenarios asesinos de demonios o algo así?"

"Es una forma de decirlo, aunque no seréis mercenarios, nadie os pagará por eso, pues nadie sabrá lo que estáis haciendo."

"A sí que el mérito se lo lleva otro, eso me recuerda demasiado a mi trabajo en la policía, nosotros ayudamos a la gente pero el mérito siempre se lo llevan los jefes, que no han movido un dedo."

"No tiene nada que ver con eso Dean. Se trata del bien y del mal, de un equilibrio, de la continua guerra, la que precisamente mantiene ese equilibrio. Si la gente se enterara de lo que está ocurriendo más allá de sus vidas, sería un caos terrible para todo el mundo. Tal vez no lo comprendáis ahora, pero con el tiempo os daréis cuenta que el silencio es la mejor forma de ayudar al ser humano."

Dean miraba a Sam mientras escuchaba las palabras del ángel. Aquello parecía sacado de una película de ciencia ficción, no podía estar ocurriéndole realmente a él. El abogado parecía realmente asustado, todo aquello le estaba sobrepasando y aunque todavía no lo conocía completamente, estaba seguro que si acelerada respiración no era nada bueno.

Se volvió de nuevo hacia el ángel y con gesto serio se dirigió a él.

"Se que te corre prisa, imagino que ese demonio será capaz de hacer cosas horribles." Castiel asintió en silencio. "Pero tienes que darnos un tiempo para aceptar todo esto. Si dices la verdad y estamos destinados a no se muy bien que, entonces no tienes de que preocuparte, ya sabrás que aceptaremos luchar a tu lado."

"¿Qué propones?"

"Danos dos días… tres días para comprender todo esto, para aceptar lo que tu dices que es nuestro destino. Ven a buscarnos aquí dentro de tres días y te daremos una respuesta." Disimuladamente, Dean miró a Sam, que ahora estaba tan pálido que parecía haber enfermado de golpe, se agarraba con fuerza a la sábana y todavía no había dejado de mirar fijamente a Castiel.

"No tengo tres días."

"Y nosotros no podemos decidir ahora. Quieres cambiar nuestras vidas de repente y quieres que lo aceptemos sin más. lo siento pero no somos como tu. Acabamos de descubrir la existencia de ángeles y demonios, no puedes pedirnos que seamos tus soldados así como así. Solo te estoy pidiendo tres días."

Todos guardaron silencio un momento, hasta que por fin el ángel volvió hablar.

"Muy bien tu ganas, tres días, pero los inocentes que mueran en ese periodo a manos del demonio, caerán en vuestra conciencia."

El batir de las alas indicó que el ángel se había marchado, aunque lo hizo de una forma tan inmedianta que ninguno de los dos se dio cuenta en un primer momento. Pero por fin estaban solos otra vez.

"Dean…"

El policía se dio la vuelta, su compañero estaba desnudo, arrodillado en la cama, exteniendo las manos hacia él en busca de refugio.

"Solucionaremos esto."

"¿Qué vamos a hacer?" En lugar de contestar, Dean rodeó con sus brazos al joven abogado y dejó que se desahogara, lo escuchó sollozar, muerto de miedo, temblando. "¿Por qué tenemos que ser los elegidos nosotros? ¿Por qué no podemos llevar una vida normal como todo el mundo."

"Vamos a solucionar esto, te lo prometo." Dean esperó que su tono sonara suficientemente convincente, porque su interior, la realidad era que Dean no estaba para nada seguro de sus palabras, también para él había sido un golpe muy fuerte y por mucho que tratara de simularlo, había dejado de ser, en unos pocos minutos la persona fuerte y segura de si misma, que su padre había criado.