Castiel les había dado tres días, pero Dean no sabía como usarlos. Estaba totalmente confundido porque ahora se daba cuenta que el mundo que había creído real hasta ese momento, no era más que una ilusión que escondía mucho más detrás. Durante el primer día, permaneció en silencio la mayor parte del tiempo, tal vez pensando demasiado, pero era todo lo que podía hacer, pensar en lo que les había dicho Castiel, ese destino, en el que por cierto, nunca había creído; en la seguridad de Castiel en que Sam y él tenían que estar juntos. ¿Qué pasaba si al final no encajaban como pareja? ¿Significaba eso, que el mundo se acabaría, o llegaría el Apocalipsis?

No podía lanzarles una bomba así y luego decirles que tenían que convertirse en cazadores de demonios, cuando ni si quiera sabían lo que eso significaba.

A media tarde del segundo día, Sam puso una taza de café en sus manos y se sentó a su lado en el sofá. Mantuvo el silencio que había creado Dean y espero a que fuera el propio policía el que dijera algo.

"Nada de esto tiene sentido Sam." Dijo por fin al terminar la taza.

"Nunca he creído que la vida tuviera mucho sentido. Pero siempre he creído que había algo más ahí fuera." Dean lo observó con curiosidad. "No me mires así, soy un chico espiritual y me gustó siempre creer en los ángeles. Siempre estuve seguro que había algo por encima de nosotros."

"Así que crees en los ángeles. Pues sinceramente Sam, creo que va siendo hora que llamemos a nuestro amigo Castiel para que nos explique un par de cosas."

"No, le pediste tres días, así que vamos a aprovecharlos." Dean sonrío con malicia. "No me referio a eso Dean, ¿Por qué le pediste tres días? ¿Qué es lo que tenías que solucionar en estos tres días? Porque llevas día y medio ahí sentado y ni siquiera has hablado conmigo. ¿Qué te ocurre?"

"Nada, supongo que ha pasado todo muy rápido y…"

"Imagino que crees que no conozco y probablemente tienes razón, no se quien es Dean Winchester, hasta hace una semana no te había visto y cuando nos conocimos tan sólo hablamos para ofrecerte venir a mi casa a follar conmigo. No fue el mejor principio posible para una relación, pero tu mismo dijiste que me querías y espero que no arrepientas ahora."

"Sam," Empezó a decir Dean sonriendo. "No se trata de ti, porque lo único que tengo claro de estos días es que siento algo realmente grande por ti, puedes llamarlo amor. Sí, te quiero Sam, te quiero porque eres lo único que permanece estable en mi vida y por nada del mundo querría perderte ahora."

Las mejillas de Sam enrojecieron rápidamente. No recordaba que nadie le hubiera dicho algo así en toda su vida.

"Entonces, ¿Qué es lo que te pasa?"

Dean suspiró. Hacía tiempo que nadie le preguntaba lo que le ocurría. Cuando Nick estaba con él, antes de convertirse en el ángel Castiel, no tenía que preguntarle lo que le ocurría, pues como si mejor amigo conocía todos los estados de ánimo de Dean con tan solo mirarlo a los ojos.

Por eso no estaba muy acostumbrado a hablar de sus sentimientos; era lo malo de haber sido criado por su padre, un hombre que no era excesivamente sentimental y que le había enseñado a ser un muchacho fuerte. "Si muestras lo que sientes, la gente se aprovechará de ti." Le había repetido John como un mantra mientras el muchacho creía.

Dean había terminado por creérselo y ahora ser abierto y mostrar sus emociones, no era lo más sencillo del mundo. Pero cuando tenía a Sam delante, mirándole con esos ojillos de cachorrillo abandonado, no había forma de esconderle nada.

"No se…" Traga saliva, le cuesta hablar, no pesaba que expresarse tal cual era él, fuera tan difícil. Pero se esfuerza, respirar profundamente y se decide a hablar. "Estoy asustado."

"Yo también todo esto es una locura, pero conseguiremos solucionarlo."

"No me refiero a eso. No me dan miedo los demonios, estoy seguro que me he enfrentado a gente mucho peor en la ciudad. No tienes ni idea del tipo de escoria que mueve por estas calles." Cogió la mano de Sam y el abogado se dio cuenta en ese momento que Dean estaba temblando.

Sam se lo quedó mirando totalmente sorprendido, no se esperaba algo así, creía conocer a Dean, estaba convencido que podía ver más allá de su personalidad fuerte y dura, la típica de un policía, pero lo que no hubiera imaginado era que Dean pudiera ser alguien realmente débil.

"Te prometo que…"

"Sam, lo que quiero decir es que… puedo enfrentarme a un tiroteo, un secuestro, todo, pero ahora me doy cuenta que esto lo tenemos que hacer juntos y tu no eres," baja la mirada, no quiere hacerle daño con sus palabras, pero no conoce una forma mejor de decirlo. "No eres un luchador ni nada parecido, yo llevo muchos años entrenándome todos los días, se como pelear, pero tu… ni siquiera sabes disparar. No puedo ni pensar que te ocurriera algo."

"Dean…"

"No, lo digo en serio. Supongo que no lo he dicho demasiado últimamente, pero me parte el alma pensar que te pueda ocurrir algo."

"Dean…" Volvió a repetir Sam, sólo que esta vez su tono de voz fue cálido y realmente romántico. Se acercó al policía, le rodeó la cintura y se sentó a horcajadas sobre sus piernas. "No, la, verdad es que no lo has dicho mucho, pero me encanta escuchar que te preocupas por mi."

"Así que, dime Sam, ¿Qué vamos a hacer?"

"Por lo pronto tienes día y medio para darme unas rápidas lecciones de defensa persona." Dean abrió los ojos de par en par. "No me mires así, lo digo en serio, tu mismo lo has dicho. No tengo idea de defenderme y si viene un demonio a por mi, tendré que saber como reaccionar."

"¿No pretenderás que te convierta en Bruce Lee de la noche a la mañana? Además, no se como enfrentarme a un demonio, la última vez que lo hice, nos metió una buena paliza a Nick y a mi."

Bajó la mirada deprimido, su amigo otra vez; no había forma de dejar de pesar que le había fallado, que si hubiera visto lo que estaba a punto de ocurrir, ese maldito ángel no hubiera tomado el cuerpo de su mejor amigo. Era su responsabilidad, porque era su compañero, su hermano incluso y como tal tenía que haberlo protegido. Nick no estaba en su mejor momento, estaba abatido por la marcha de su padre y no había prestado atención a otras cosas. Tenía que haberle protegido.

"Recuperaremos a Nick, ya lo verás."

"¿Puedes leer mi pensamiento?"

Sam sonrió con picardía y le robó un beso de los labios.

"No me hace falta, por si no te lo ha dicho nunca nadie, eres un libro abierto. Es una de las cosas buenas que tienes, tus ojos no saben mentir." Dean mostró un gesto de desaprobación, no le gustaba nada ser tan predecible, tan obvió. "Pero no te preocupes, tu disfraz de tipo duro es muy bueno, la mayor parte de la gente no ha visto tu doble identidad."

Jensen se puso colorado y se mordió el labio. Como el gustaba a Sam verlo así, tan vulnerable. No pudo resistir darle otro beso.

"¿Me estás comparando con un superhéroe?"

"Si realmente consigues enseñarme para que consiga defenderme, serás todo un superhéroe para mi." Sam se puso en pie se quitó la camisa, dejándola perfectamente plegada en el respaldo del sofá y se puso delante de Dean. "Vamos, que no disponemos de todo el día, dentro de día y medio Castiel volverá y tenemos que estar preparados."

Dean lo miró, le encantaba admirar el cuerpo de abogado. Le parecía mentira que no fuera al gimnasio y que no hiciera nada para trabajar esos abdominales que se marcaban por debajo de la camiseta gris.

"¿Quieres que empecemos ahora?"

"¿Cuando mejor?"

Con un movimiento rápido, Sam se agachó, cogió la mano de Dean y tiró de él para que se pusiera en pie. Volvió a abrazarle y le besó, con mayor intensidad esta vez, penetrando en su boca como solo él sabía hacerlo. Dean suspiró y se aferró a la espalda de Sam, como si temiera perderle.

Sin que Sam se lo esperara, le empujó al suelo. El abogado cayó de golpe y durante un momento sintio el terrible dolor en las costillas.

"¿A que ha venido eso?" Protestó en voz alta mientras se intentaba poner en pie.

"Si quieres entrenar, va siendo hora de que sepas que no se juega limpio en la vida real y no creo que los demonios se tomen tampoco muchas contemplaciones y menos si ven que no estás preparado." Sam le fulminó con la mirada, no esperaba que se lo tomara tan en serio de buenas a primeras.

"No hace falta ser tan brusco Dean, podías haberme avisado."

Dean le ofreció la mano para que se pusiera en pie, con la mejor de su mejor sonrisa. Sam suspiró, algo le decía que aquellas horas iban a ser las más largas de toda su vida, no estaba equivocado, pues cuando creía que Dean le iba a abrazar, para pedirle perdón por haber sido tan duro, le dio la vuelta, le sujetó un brazo contra su espalda y le apretó ligeramente el cuello.

Sam protestó y trató de liberarse, pero contra más fuerza usaba para soltarse, menos lo conseguía.

"Vamos, Sam tienes que encontrar la forma de soltarte, tienes que luchar."

"No creas que no lo estoy intentando, pero me haces daño." Se quejó con fuerza, los dos cayeron de rodillas al suelo, mientras Sam seguía forcejeando para conseguir tan sólo agotarse cada vez más. "Dean, ¿podrías empezar por algo más suave en lugar de estrangularme?"

"Se que puedes hacer, además eres un tío enorme, deberías poder conmigo." Estaba seguro de ello, lo había visto en compañeros policías, estaba convencido que Sam podría hacerlo también.

"No puedo."

"Claro, ahora me dirás que no estás preparado para esto. Si nos atacan los demonios, no podrás decirles que te dejen porque no estás preparado." Apretó un poco más el brazo de su compañero hasta hacerle protestar otra vez. "Aunque ahora se que no serás de mucha ayuda para cubrirme las espaldas."

"Dean, no digas eso." Su voz salió entrecortada, entre el forcejeo y los brazos de Dean aprisionándole, no era nada fácil hablar. "Claro que te ayudaré."

"Pues, entones lo llevo claro. Espero que me mate rápido el demonio al que me enfrente."

"Joder, Dean, deja de decir eso." Sam forcejeó todavía más, pero todavía no consiguió mover al policía de encima de él.

"Es la realidad Sam, no puedo contar contigo para que me protejas, si no siquiera puedes evitar que yo te sujete." Se acercó a su oído. "Vas a ser carne cañón para los demonios. En cuanto te vean, te van a hacer pedazos, sino cosas peores."

"¡Ya basta!"

Sam le dio un fuerte empujón que lo tiró al suelo, Dean cayó de culo, pero no pudo ponerse en pie, porque Sam cayó sobre él, se sentó con fuerza sobre su estómago y apenas le permitió respirar. Le sujetó de la camisa y le miró con rabia.

"¿Y ahora que? ¿Sigo siendo un cero a la izquierda?"

Dean le sujetó del pelo y tiró de él. Sam protestó, pero no se movió. Todavía faltaba algo, lo que Sam estaba haciendo no eran más que amenazas, nada con lo que poder enfrentarse a un demonio; siempre y cuando Dean supiera enfrentarse a un demonio, necesitaba ver que podía llegar más lejos."

"No tienes huevos, los demonios te van…" Antes de poder terminar de hablar, Sam le dio un puñetazo el la cara y otro más en la nariz que lo tumbó de nuevo en el suelo.

El labio de Dean comenzó a sangrar, al igual que su nariz.

"Oh dios mío, Dean. lo siento mucho. No pretendía…" Dean se echó a reír pese al dolor, se incorporó y abrazó a Sam, manchando de sangre su camiseta. "¿Estás bien? Creo que te he golpeado demasiado fuerte?"

"Creo que vamos a conseguir buenos progresos contigo."