Tres días no era mucho tiempo, pero había sido suficiente para que Sam aprendiera las cosas básicas y necesarias para no ser una presa tan fácil. En lo que se refería al enfrentamiento con los demonios, Dean no tenía un gran idea sobre lo que había que hacer, pero si le había enseñado como defenderse o como quitar el arma a un adversario.
Aún así, el policía no las tenía todas consigo y estaba decidido a no quitar el ojo de encima al abogado, ya se odiaba lo suficiente por haber perdido a Nick a manos de un ángel, como para dejar que le pasara algo ahora a Sam.
La última noche, como si se tratara de la última oportunidad que tenían de estar juntos, hicieron el amor durante horas, hasta terminar durmiéndose agotados en brazos del otro. Apenas hablaron, pues no había mucho que decir en una situación semejante. Simplemente, se dejaron llevar por la pasión y el amor que sentían por el otro.
Con las primeras horas de la mañana del siguiente día, Dean despertó, pero se quedó ahí, mirando a su compañero durmiendo apoyado sobre él. parecía tan tranquilo, como si su vida no hubiera cambiado en absoluto, como si los demonios siguieran siendo cosa de los libros y los ángeles cuentos para niños .
Pero Sam había cambiado, lo veía en su rostro y se imaginó lo que estaba soñando en ese mismo momento. Tal vez estarían ellos dos, luchando espalda contra espalda contra algún demonio, en lugar de un sueño bonito y precioso en el que imaginar su futura vida con la persona a la que quisiera.
Sonrió, Dean nunca se había enamorado, si no contaba al profesor de matemáticas suplente del viejo señor Watson. Estaba muy bueno y no debía tener más de veinticinco años que para un muchacho de tan solo dieciséis era poco menos que un dios.
Pero ahora, era distinto, Sam era distinto, había algo que los había unido desde el primer momento más allá de un buen polvo o una casualidad. Más allá del ataque de unos demonios o cualquier otra cosa. Lo suyo con Sam iba mucho más allá, aunque no pudiera explicarlo.
Sam se removió lentamente y abrió los ojos mientras iba despertando. Los volvió a cerrar y sonrió, acurruándose contra el cuerpo de Dean.
"Buenos días."
"No se si van a ser tan buenos días." Dijo Dean con media sonrisa.
"Tendremos que esperar a que venga…"
Antes de Sam pudiera terminar la frase Castiel ya había aparecido en la habitación, de nuevo sin avisar, de nuevo sobresaltándolos a los dos.
"Han pasado tres días." Dijo en ángel sin más preámbulos.
"Al menos nos dejaras desayunar."
"Casi no tenemos tiempo." Castiel dio un paso hacia ellos, pero ninguno de los dos se movió. "Nos estamos jugando la existencia de la humanidad entera."
"Y nosotros no estamos jugando caer rendidos por no haber comido bien." Dijo Dean sin alejarse ni uno solo centímetro de Sam. "Así que por ser nuestro primer día, vas a dejar que nos duchemos tranquilamente y desayunemos."
Castiel no dijo nada, había conocido muchos humanos, aunque jamás había tenido una relación con ninguno de ellos. No eran sus amigos, nunca lo habían sido, pero el policía era diferente; todavía no era un cazador y ya tenía la forma de ser de uno.
- o -
Tal y como había dicho Dean, Castiel les dejó tiempo para arreglarse y desayunar. Gastaron bromas sobre ángeles y demonios, que Castiel no comprendió y tampoco les prestó demasiada atención. Pero también se miraron en silencio, diciéndose con una sola mirada lo que no querían comentar delante de un ángel.
La vida les había cambiado, pero había sido uno de esos cambios, el que les había sentir bien a los dos. Antes de conocer a Dean, Sam sentía que le faltaba algo en la vida, una parte que todavía no había encontrado, pero que estaba allí, esperándole, llamándole continuamente. Había leído tantas veces las viejas historias griegas de la media alma que nos espera en otra parte del mundo, que Sam había llegado a pensar que nadie se había acordado de fabricar una media alma para él.
Había estado con varios tíos, pero nadie le llenaba emocionalmente de verdad; o resultaban ser unos completos niñatos o buscaban una relación demasiado seria o no estaban de acuerdo con que su novio cobrara más dinero que ellos. Nadie se había parado nunca a preguntarle si era feliz.
Pero de repente, Dean había aparecido en ese bar, el hombre perfecto, al menos en lo que al aspecto físico se refería y eso que Sam no se fijaba en eso. Pero Dean era simplemente perfecto, ojos perfectos, labios perfectos, manos, cuerpo, cabello, trasero, todo era perfecto.
Se acercó a él, bueno en realidad fue a la barra a pedir algo, pero Sam estaba allí, bebiendo una cerveza. Se miraron, la música estaba muy alta en ese momento como para molestarse en decir nada.
Sam todavía no recordaba como habían terminado en casa de Dean, revolcándose en la cama, pero había sido la mejor noche de su vida, sin excepciones y ahora sentado en la mesa de la cocina de Dean, mirándole mientras desayunaban un café con tostadas y un ángel entre ellos, Sam se dio cuenta, que daba igual lo loco que se volviera el mundo, Dean y él serían siempre Dean y Sam, juntos.
Era extraño sentirse tan unido a alguien al que dos semanas antes no habías visto en tu vida. Pero el sentimiento estaba ahí, el amor que Dean le transmitía sin decir nada, lo rápido que comenzaba a latir su corazón cuando se miraban a los ojos; todo eso formaba parte del sentimiento.
"Bueno Cass, amigo, somos todo tuyos."
El ángel se cruzo de brazos y los miró.
"¿Sabéis acaso donde os estáis metiendo?" Se miraron y volvieron a mirar a Castiel. "Estamos en guerra, pero para vosotros es más un juego. Los demonios no son como vosotros creéis."
"Nos hemos enfrentado a dos."
"Esos solo estaban jugando con vosotros. Un demonio de verdad os matará antes de que podáis verlo y más cuando sepa que sois cazadores." Dean se echó a reír, todavía le parecía excesivo eso de cazadores y negó con la cabeza. "He visto morir a gente mucho más preparada que vosotros a manos de un demonio."
"¿y como lo evitamos?"
"Entrenando. Normalmente habríais empezado mucho antes, siendo unos niños tal vez, pero vosotros sois todo lo que tengo así que tendré que entrenaros yo mismo y evitar que os maten."
"Gracias, supongo." Contestó temeroso Sam.
"Vamos a empezar por algo fácil; intentad golpearme."
- o -
Cuando Castiel había dicho algo fácil, Dean se imaginó sus años en la academia de policía cuando el instructor decía "el día de hoy va a ser ligero." Daban unos cuantos los golpes, unas patadas y sudaban. Pero poco tenía que ver con lo que les obligo a hacer Castiel.
La mitad del tiempo estaban en el suelo, asegurándose que tenían todas las costillas en su sitio y ningún hueso roto y la otra mitad Castiel los lanzaba por los aires cuando hacían la más mínima mención de acercarse.
"Otra vez."
"Cass, si lo que pretendes es matarnos, te aconsejaría que usaras un par de balas para cada uno, sería mucho más efectivo." Protestó Dean mientras ayudaba a Sam a ponerse en pie. "¿A que viene todo esto? Los demonios no van a llamar a la puerta para matarnos."
"Los demonios son capaces de cualquier cosa. Según los recuerdos que el humano dentro del que estoy posee, un demonio se metió en Sam y estuvo a punto de matarte, ¿no es cierto?"
Dean bajó la mirada, había decidido olvidar de ese momento. Se había sentido aterrado, sin saber que hacer y seguro de que estaba a punto de morir; pero lo que más miedo le había dado en esos momentos, era la idea de que Sam pudiera quedar atrapado dentro de esa cosa. La mano de Sam sobre su hombro le hizo regresar a la realidad y su sonrisa, dejó marchar los fantasmas durante momento.
Parecía que el muchacho era capaz de leerle la mente, porque sin que Dean llegar a decir nada, Sam le abrazó por detrás y le besó el cuello. "No fue culpa tuya, ni siquiera se cuando me poseyó, a lo mejor cuando nos acostamos el primer día, ya lo tenía dentro."
"Ni se te ocurra decir algo así. No me he tirado a ningún demonio, a saber que aspecto tienen esas cosas de verdad."
"Bastante desagradable para el ser humano diría yo." Sam y Daen se volvieron hacia Castiel, a veces no les hacía gracia que el ángel fuera tan sincero. "No te gustaría verle las dos…"
"¡Cass! Ya es suficiente, he dicho que no quiero saber como son los demonios. Con que me digas como matarlos, serás suficiente." La mano de Sam rodeó su cintura y lo atrajo hacia si, como si quisiera darle fueras.
"Lo haremos juntos." Dean le sonrió agradecido. "Tu solo dinos como acabar con ellos."
"Acabar con un demonio no es nada fácil, no hay más que un par de formas de hacerlo y ahora mismo no disponemos de ninguna, pero si que conozco el paradero de unos cuantos libros de magia y hechicería que podrían serviros."
"¿Quieres que nos convirtamos en uno maldito Harry Potter?"
"No he tenido el placer de conocer a ese mago, pero si conoce los exorcismos que necesitamos tal vez sea un buena idea ir verle." Dean abrió la boca para explicarle su error; pero se abstuvo, sería demasiado complicado hablarle del cine y de los libros. En su lugar decidió preguntar por los exorcismos.
"Así que seremos más como el padre Carras."
"Dean…" Sam apretó la mano de Dean, poco a poco empezaba a comprender el sentido del humor de su nuevo compañero.
En ese preciso momento la puerta del apartamento se abrió de golpe y una chica apareció en ella.
"Vaya, vaya, Castiel veo que has encontrado a los chicos, pero supongo que llevas poco tiempo con ellos y no te ha dado mucho tiempo de ponerlos al día."
"Meg."
"¿Quién es Cass?"
"Hola Dean." El policía se puso tenso, dispuesto a enfrentarse a aquella mujer, no parecía nada del otro mundo, más bien todo lo contrario, pequeña, delgada, podría hacerle daño con un mal golpe. Había esperado que los demonios cogieran gente que impusiera un poco más. "Veo que eres todo un luchador, veamos cuanto aguantas de pie y cuanto aguanta el pequeño Sammy sin intentar ayudarte."
La chica dio un paso adelante, al igual que Dean, pero se detuvo, clavó los ojos en el policía y levantó la mano. Dean tan sólo pudo dar dos paso más, antes de salir despedido contra la pared.
"¡Dean!" Gritó Sam y fue hacia él.
"Ha sido muy fácil, Cass, creo que estás perdiendo facultades."
Den comenzó a ponerse en pie, dolorido, nada de lo que les había hecho pasar Castiel hasta ese momento, se parecía a eso.
"¿Qué estás haciendo aquí Meg?" Castiel se interpuso entre los muchachos y el demonio, por lo que Dean y Sam dejaron de ver a al chica. "No tienes nada que ver con esto, te conozco bien."
"Me conocías Cass, las cosas han cambiado mucho."
"¿Qué significa eso?"
Meg no contestó, volvió a mover la mano y Castiel fue lanzado hasta otra pared, las ventanas de la habitación se resquebrajaron del impacto invisible. Se dirigió hacia el ángel; pero antes vio que los nuevos cazadores se movían; los detuvo, lanzó una vez más a Dean al suelo, el muchacho ya estaba dolorido, por lo que apenas pudo moverse, pero Sam quedó clavado en el suelo.
Una vez junto a Castiel, se arrodilló y le acarició el rostro.
"Llevas demasiado tiempo entre los humanos Cass. Pero no te preocupes, pronto sabrás lo que está por venir."
Una fuerte luz iluminó la habitación cegando a Sam y Dean. Cuando todo volvió a la normalidad, Castiel estaba en el suelo, inconsciente o al menos eso esperaban. Definitivamente, el enfrentamiento con los demonios no era lo que ellos habían esperado.
