Dean ya se estaba preocupando por el estado de Castiel, cuando el ángel despertó. Habían pasado más de dos horas desde el ataque de Meg y tampoco era para llevarle a ningún hospital, teniendo en cuenta que se trataba de un ángel. Pero al final, Castiel volvió en si. Abrió los ojos aturdido y miró a ambos lados, finalmente se fijó en los dos muchachos que lo observaban fijamente.
"¿Cómo estás? O mejor dicho, ¿Qué es lo que ha pasado?" Preguntó Dean dando un paso adelante hacia el ángel.
"Meg."
"Si, eso ya lo sabemos, pero ¿Qué es lo que ha pasado para dejarte KO así como así? ¿Esa tal Meg es tan fuerte como para poder contigo."
"Normalmente no, pero bajé la guardia." Castiel desvió la mirada, pero no había forma de evita que los muchachos supieran que estaba escondiendo algo en sus palabras y en lo que no decía. "No creí que fuera capaz de algo así. Estaba equivocado."
"Cass, ¿Qué es lo que no nos has contado. Hemos visto como te hablaba Meg, ¿hubo algo entre vosotros?"
"Es… complicado."
"¿Qué entiende un ángel por complicado?"
Castiel miró a los muchachos; lo cierto era que merecían saberlo todo, ahora que acababa de descubrir que Meg estaba detrás de todo aquello. Llevaba tanto tiempo guardándolo, que había mantenido al esperanza de no volver a hablar del tema. Estaba equivocado. Respiró profundamente, aunque siendo un ángel no le sería necesario hacerlo y empezó a recodar una historia que veía de muy lejos.
"Meg no era como la conocéis ahora, ni siquiera era un demonio cuando la conocí yo. Tan solo, estuvo equivocada sobre el bando al que universo cuando la guerra con los demonios comenzó. Era joven, tan solo tenía unos pocos miles de años y creía que estaba haciendo lo correcto al juntarse con ciertos ángeles que trabajaban con para sacar a Lucifer de la jaula. Creo que entonces ella no lo sabía, no hasta que fue demasiado tarde.
Cuando mis hermanos la encontraron, lucharon con ella, intenté detenerles, pero muchos de mis hermanos, lo que trabajan con Michael, no son tan comprensivos como yo y desde luego no dan segundas oportunidades. Atraparon a Meg casi sin esfuerzo y sin permitir que ella dijera nada o que yo hiciera nada por ayudarla, la enviaron al infierno y lógicamente le quitaron sus dones de ángel."
"Y ella piensa que tu estuviste involucrado en aquello." Dijo Sam.
Castiel asintió en silencio, con todos los años que habían pasado desde entonces, todavía se sentía esta terrible culpabilidad en su interior. Siempre había estado seguro que podría haberla salvado, si se hubiera esforzado, si no hubiera luchado, ya entonces, contra sus hermanos, tal vez Meg no hubiera pasado por todo eso.
"¿Y tu quieres ayudarla?" Continuó diciendo Sam.
Castiel no dija nada, pero los dos cazadores novatos conocían perfectamente esa mirada. Había estado enamorado de ella. Tal vez en una forma un tanto peculiar tratándose de ángeles y todo eso, pero no había duda que Castiel sentía algo muy grande por ella.
"¿Qué podemos hacer para ayudarte?"
"¿Ayudarme?" Aquel gesto proveniente de un ser humano, sonaría casi a una burla, pero en los días que habían tenido oportunidad de conocerlo, los dos sabían muy bien que el sentido del humor no era el fuerte de Castiel ni mucho menos. "Ni siquiera yo mismo se como hacerlo."
Sam se movió por la habitación como si estuviera pensando algo. "Si Meg fue un ángel, tal vez exista una forma de hacerle un exorcismo para expulsar al demonio y devolverla a su estado original."
"Un momento, ¿De verdad estamos hablando de hacer un exorcismo a un demonio que antes era un ángel para que vuelva a ser un ángel otra vez? ¿Acaso eso se puede hacer?" Dean estaba clavado en el suelo, sin poder creer lo que estaba escuchando. Ya era bastante difícil escuchar hablar sobre ángeles y demonios y tener delante a un ángel que estaba enamorado de un demonio, pero lo que Sam estaba proponiendo parecía una auténtica locura.
Pero tanto Castiel como Sam parecían comprender lo que el cazador acababa de decir. Los miró, ambos se mantuvieron en silencio, mirándose, parecía más bien que estuviera transmitiéndose algún tipo de información metal, que él no llegaba a comprender y por un momento, sin saber muy bien el motivo, se sintió celoso de que Sam compartiera más con Castiel que con él mismo.
"¿Qué me he perdido?"
Sam se volvió hacia Dean sonriendo, definitivamente se había perdido algo. "Aunque no te lo creas he leído más de algún libro sobre ángeles, demonios, exorcismos…."
"Empiezo a pensar que no se con quien estoy saliendo y no se si eso me da miedo."
Sam le sacó la lengua y se volvió de nuevo hacia Castiel. "Creo que leí una vez, en antiguas leyendas, que se habían hecho este tipo de exorcismos, que humanos de la época se habían encontrado con demonios que no eran originariamente tales y les habían ayudado a volver a su forma angelical."
Castiel se levantó de la cama casi de un salto y se colocó junto a Sam, su malestar había desaparecido por completo, miraba con ojos muy abiertos, dos grandes luminarias azules clavadas en Sam. "¿Dónde has leído eso? Necesito que vuelva a encontrar a ese libro, tal vez se la única forma que tenga de recuperar a Meg." Sin duda, había mucha más historia entre Castiel y Meg, de la que el ángel les había contado.
"Iré a buscarlo."
Sam salió de la habitación un momento más tarde, Dean fue tras él y lo detuvo en el pasillo. Le sujetó por el brazo y le obligó a detenerse.
"¿De verdad sabes lo que estás haciendo?"
"¿A que te refieres?"
"Nos estamos enfrentando a un demonio, estamos creyendo la palabra de Castiel a pies juntillas. No se, tal vez deberíamos investigar un poco más, tal vez Cass no esté mintiendo después de todo."
"Dean, se que nosotros tampoco nos conocemos mucho, pero me gustaría que te fiaras de mi instinto en esto. Castiel está enamorado de Meg, eso has tenido que verlo en sus ojos." Claro que lo había visto, porque estaba casi seguro que él miraba de la misma forma a Sam. "Y necesita nuestra ayuda. Seguramente esto tenga que ver mucho con la guerra de la que nos habló Cass o a lo mejor no. Pero yo digo que le ayudemos."
Dean sonrió y acarició la mejilla de Sam con el dorso de su mano. Besó discretamente sus labios y dijo casi pegado a ellos, "Vas a conseguir volverme un blandengue y la gente en la comisaría se reirá de mi."
"Sabes muy bien que yo no te estoy obligando a hacer nada."
"Si me miras con esos ojillos de cachorrillo abandonado es como si me obligaras, no se decirte que no."
Sam rodeó la cintura de Dean y lo atrajo con un tirón seco hasta él, le atrapó los labios con su boca, hasta dejarle prácticamente sin respiración. Le escuchó gruñir y soltar un pequeño gemido.
"¿Entonces qué, vas a echarme una mano para ayudar a Castiel o no?"
"Eres un manipulador."
Sam sonrió ampliamente y cogió a Dean de la mano para llevarlo al pequeño cuarto que a él le gustaba llamar biblioteca y que ya no podía tener más libros guardados en su interior. Dean miró las manos entrelazadas y se dio cuenta que era la primera persona que hacía eso con él, una pareja que le trataba con verdadera naturalidad, como un verdadero novio.
"Sam, lo que tenemos tu y yo… no voy a negar que me he acostado con bastantes tíos, pero no creo haber tenido una verdadera relación con ninguno de ellos. Así que dime lo que somos tu yo."
Le pilló por sorpresa, Sam no esperaba escuchar algo así de un tío tan seguro de si mismo como Dean, pero al mirarle a los ojos, vio que aquellas pupilas verdes brillaban como no lo habían hecho nunca y parecía realmente fuera de juego. Se acercó a él y lo apretó contra la pared, apoyó las dos manos a ambos lados del otro cazador y lo miró a esos ojos que ahora le miraban buscando respuestas.
"¿Qué quieres que seamos? Nos hemos acostado, lo pasamos bien juntos y por lo menos en mi caso te he contado cosas de mi vida que no sabe nadie más. ¿Qué es eso para ti?"
Si no lo conociera bien, Sam diría que el cuerpo de Dean había comenzado a temblar y para colmo no sabía que responder, por primera vez en su no muy larga relación, había dejado a Dean sin palabras. Por eso, sin esperar más, le dio un beso, lo más tierno que pudo en los labios y rodeó una vez más su cuerpo.
"Yo se perfectamente lo que siento por ti," Le susurró al oído. "pero no te voy a presionar para que digas o hagas algo para lo que no estés preparado."
"Sam, tengo un problema." Dean apoyó la frente sobre el pecho de su compañero, intentando así evitar mirarle a los ojos ante lo que estaba a punto de decir. "Creo que nunca me había enamorado."
"¿habías?"
"Hasta ahora y precisamente lo que me aterra." Sam se echó a reír, Dean le parecían tan encantador hablando con ese tono casi infantil. "No te rías, te estoy hablando completamente en serio. Me da miedo no saber que hacer. Para mi es muy fácil tirarme a un tío y no molestarme en pedirle el número de teléfono, pero contigo es diferente, no se de lo que se trata, pero me haces sentir, totalmente… perdido." Respiró con fuerza y apoyó la cabeza contra la pared. "Y lo peor de todo, es que solo quiero decirte una cosa ahora mismo."
"¿Y es?"
"Que creo que me gustas demasiado." También por primera vez en su vida, Dean se ruborizó y las pecas que hasta eso momento Sam no había podido apreciar, salieron a la luz. "Creo que me estoy empezando a enamorar de ti."
