Parecía que por fin les habían dado una tregua. Castiel no apareció en todo el día; ahora que ya estaba recuperado dijo que tenía que marcharse para asegurarse de unas cosas que no les concretó y Meg o cualquier otro demonio no aparecieron por apartamento. Durante un solo día, parecía que volvían a ser los mismo Dean y Sam de siempre; el policía y el abogado, los dos muchachos que se habían conocido en un bar, se habían gustado, se habían acostado y ahora intentaban tener una relación.

Sam no se fue a su apartamento, incluso había llevado a casa de su perro, pese a las primera reticencias del policía. Claro que a Dean le gustaban los perros, pero no estaba seguro de que los tres pudieran caber en el apartamento con el tamaño que tenía aquella criatura. Sin embargo, en seguida se dio cuenta que el animal era el ser más bueno y tranquilo del mundo.

Por primera vez desde que toda aquella locura había comenzado, pasaron la noche viendo una película; después de haber pedido una pizza para cenar y haberse bebido un par de cervezas. Hablaron durante horas, conociéndose, si es que todavía faltaba algo que no supieran del otro.

Dean descubrió que Sam se reía con facilidad, tenía un sentido del humor casi infantil, le gustaba jugar, hacer cosquillas y aprovechar el momento para meter mano, vale eso no era muy infantil, pero a Dean le gustaba igualmente. Por su parte Sam vio que Dean era excesivamente protector; hablaba de Nick con tristeza pero con al certeza de que lo recuperaría, que Castiel se marcharía y dejaría vivir a su amigo. Hablaba de él como un verdadero hermano, Sam supuso que eso era debido a ser hijo único y que nunca había llegado a saber lo que era tener un hermano biológico.

Después de cenar, se acomodaron en el sofá, no tuvieron que decir nada para que los dos supieran como hacerlo, Sam todo lo largo que era, con las piernas apoyadas sobre la mesa y Dean con la cabeza puesta sobre las piernas de su compañero. Le gustaba como Sam le acariciaba la cabeza, como si fuera un gatito en busca del calor de su amo.

De vez en cuando levantaba la mirada y esperaba a que Sam le respondiera y uniera su mirada con la del rubio, entonces Dean sonreía y alargaba los brazos para llamar la atención de su compañero y conseguir un beso. Esos besos solían durar más que los bloques de anuncios de la película, pero les daba igual, ni siquiera estaban prestando mucha atención a la pantalla. Sin duda era mucho más entretenido enredar los dedos en el cabello del otro o dejar que sus lenguas jugaran sin para entre sus bocas.

Al terminar la película ninguno de los dos hizo mención alguna de moverse, Sam miró a su compañero, estaba deseando preguntarle algo, pero no sabía si era el mejor momento para hacerlo. Sin embargo, luego se de dio cuenta que tal vez al día siguiente uno o los dos murieran a manos de un demonio, así que no tendrían oportunidades como esa de hablar sobre ellos, con la suficiente intimidad.

"¿Es cierto eso que dijiste de que estás enamorado de mi?"

Dean carraspeó, acababan de tocar su punto más débil, las relaciones personales. Era completamente cierto eso que había dicho de que no se había enamorado nunca, porque lo que se llama enamorarse no sabía lo que era, no había sentido nunca la necesidad de estar con alguien más de una o dos noche seguidas, no pensaba en él, no soñaba con él y no se encontraba con la mente en blanco imaginando lo que estaría haciendo la otra persona.

Pero entonces apareció Sam y todo se volvió distinto, los pensamientos, los sentimientos, las necesidades, todo se dio la vuelta y Dean, el muchacho que nunca se había enamorado y que el corazón nunca le había dado problemas, se encontró con que no sabía que hacer.

"No quiero presionarte. No quiero que te sientas incómodo y si no estás preparado para contestarme…"

"Si, creo que es cierto, pero tu no dijiste nada al respecto. No se que es lo que tu sientes por mi, no se de cuantos tíos te has enamorado en la vida, si has salido con alguna chica. De repente me dio cuenta que en el terreno sentimental no se nada de ti y aún así te quiero."

Sam sonrió tontamente, mientras Dean se sentaba en sofá y lo miraba a los ojos, esperando respuestas. Le gustaba tanto perderse en ojos verdes, se parecían a un mar en calma y las pecas de su rostro, le encantaba mirarlas, contarlas si tuviera el tiempo necesario para ir una por una. Dean era perfecto, su rostro, con esa sonrisa tan embriagadora, su forma de hablar, no podía ser más sensual y su forma de ser, jamás había conocido a un hombre como él y eso que había conocido muchos tipos raros en su vida, pero nadie habías ido tan especial como Dean.

"Tienes razón." Sam deslizó por el sofá hasta el policía, como si de un enorme felino se tratara. "No te he contado nada de mi vida sentimental, principalmente, porque es una mierda y no merece la pena ser contada." Llegó hasta él y colocó cada uno de sus largos brazos a un lado de Dean. "No soy el mejor ejemplo a la hora de ligar más bien los tíos se me ligan a mi; supongo que ya te habrás dado cuenta de eso."

Dean le contestó con una sonrisa pícara, mientras se mordía el labio.

"Si, no se como es posible cuando te vi en el bar, vi que tenías el letrero de "venid a por mi" y te puedo asegurar que no lo entiendo." Lo tenía tan cerca que si se acercaba un poco más a él podría besar los labios de Sam. "Eres uno de los tíos más guapos que he visto en mi vida, si te hubieras fijado en el bar ese día, había al menos una docena de tíos mirándote y sin atreverse a acercarse a ti."

"He tenido novios, aunque cuando han sido dos no se si puedo usar el plural como si nada, pero si los he tenido, pero no han resultado ser las mejores experiencias de mi vida. Mi primer novio fue en el instituto, supongo que los dos estábamos probando, no buscábamos nada serio ni mucho menos, más bien experimentamos en la parte física. En cuanto al segundo, un compañero de la facultad, un tío que me engañó con todos los que pudo y que siempre usaba la misma excusa, decía que yo le aburría, que quería probar cosas nuevas. No duramos mucho. Desde ahí, rollos sin importancia. Así que ya ves, no soy el mejor ejemplo a nivel sentimental."

Dean se apoderó de sus labios, hasta casi dejarle sin respiración. Habían pasado unos días tan malos que ahora necesitaban un poco de descanso. Sam fue ganando terreno hasta que sus cuerpos quedaron completamente unidos, Dean estaba aplastado contra el castaño y aunque hubiera intentado salir corriendo, jamás lo hubiera conseguido. Dean gimió al sentir como el miembro de su compañero se abultaba rápidamente y clavo los dedos en su espalda para atraerlo más hacia si mismo.

"Aunque no te lo creas Sammy, ese día eras uno de los tíos más populares del bar." Le susurró al oído para luego morderle el lóbulo.

"¿Sammy? ¿Qué es eso de Sammy?"

Se miraron, los dos conocían perfectamente el significado cariñoso de esa denominación, pero parecía fuera de lugar, como si no tuviera sentido en su mundo.

"No lo se, simplemente me pareció lógico decirlo." Terminó diciendo Dean, sin estar del todo seguro de sus palabras. Aquella simple palabra, Sammy, era normal para él, de algún modo extraño y sin sentido; pero estaba allí, en su cabeza, en su vocabulario normal, en su forma de expresarse. Sammy era algo importante para él.

Después de muchas caricias y besos aquí y allá, el cansancio pudo con los dos y sin llegar siquiera a la cama, se quedaron dormidos allí mismo, al menos el sofá era lo bastante grande para que los dos pudieran acurrucarse y caer rendidos, Dean entre los brazos de su compañero.

O -

La noche pasó demasiado rápido y el nuevo día llegó por fin, la luz de la mañana entró por las ventanas del salón y despertó a Sam. Era madrugador, pero aquel día se había dormido, debía estar realmente cansado. Miró a su lado, Dean todavía dormía, con la cabeza apoyada en su pecho, el cabello revuelto y las manos rodeando la cintura del más alto. Sam sonrió, era la primera vez que se sentía a gusto simplemente mirando a un amante, nada más eso, sin preguntarse nada, sin querer saber nada, simplemente contemplando su respiración tranquila, acariciando su mejilla para hacer que se despertara lentamente.

De repente, Dean se incorporó de golpe. "¡Sammy, no!"

"¿Dean?"

Sam tocó el brazo del policía y se dio cuenta que estaba temblando, como si todo su cuerpo se hubiera convertido en gelatina. Ni siquiera parecía estar escuchándole, ni se había dado cuenta que estaba allí. Tenía las manos clavadas en el sofá y respiraba agitadamente, como si estuviera huyendo de algo.

"Dean estás empezando a asustarme, ¿Qué te ocurre?" rodeó su cintura con un brazo y con el otro rodeó su pecho. Le besó en el cuello y le miró. "¿Dean? Dime que no es uno de esos malditos demonios, porque sinceramente no tengo ni idea de cómo enfrentarme a ellos.

"Sammy, he dejado que te sacrificaras por mi. Se supone que soy tu hermano mayor, yo tendría que haberte protegido." Dean tenía la mirada puesta en la pared, como si se tratara de una película.

De repente algo humedeció la mano de Sam y se dio cuenta que se trataba de una lágrima, Dean estaba llorando. Se separó un momento de él, se puso frente a él y tomó su rostro entre las dos manos.

"Dean por favor, no se lo que te ocurre y no se de quien estás hablando, porque yo no soy tu hermano, soy tu novio. ¿Querías que te dijera eso? Pues muy bien ya lo tienes, soy tu novio y no tienes que sacrificarte por mi ni nada parecido. Somos un equipo." Le dio un beso tierno en los labios, esperando así verlo reaccionar y luego otro, como si de una mama gato cuidando a su cachorro se tratara.

"¿Sam?"

El castaño miró a Dean en silencio un momento y descubrió que el policía también le estaba mirando a él, no tenía mirada perdida, sino que había despertado, por decirlo de alguna forma.

"¿Qué ha pasado?"

"Eso mismo te podría preguntar yo a ti. Estabas hablando, como si estuvieras soñando, no me escuchabas y hablabas de mi como si yo fuera tu hermano." Dean no entendía ni una sola palabra de lo que estaba diciendo el abogado porque no se acordaba de nada.

Empezó a temblar y al tocarle la pie, Sam se dio cuenta que estaba congelado. Ahora si que no comprendía nada, pero se levantó, fue en busca de una manta allí donde le dijo Dean y le cubrió con ella. Se fue a la cocina a preparar un vaso de leche bien caliente y al regresar Dean estaba acurrucado en el sofá, llorando.

"Joder Dean, por favor, necesito que me ayudes, porque no se que hacer para sentirte mejor."

"Dame un beso."

"¿Cómo?"

"Un beso, necesito que me des un beso, eso me hará sentirme mejor, porque tengo la sensación d que estoy a punto de perderte, como si ya hubiera pasado, lo notó en el corazón." Sam se arrodilló junto al sofá y volvió a tomar el rostro del policía y junto el suyo, tan cerca que sentía su cálido y entrecortado aliento sobre él.

"Estoy aquí contigo ¿De acuerdo? No me voy a ir a ninguna parte y lo que has tenido no ha sido más que una pesadilla, solo eso, una horrible pesadilla que no se va a hacer realidad." Dean asintió, esforzándose por no romper a llorar y dejó que Sam le besara. "Y como no se si me has oído antes o no, te lo volveré a decir ahora. Te quiero y me encanta ser tu novio."