Disclaimer: Nop. Inuyasha y compañía siguen sin pertenecerme, pero la historia es de mi propiedad.
N/A: ¡Wow! Muchas gracias a todos (a) por sus reviews, la verdad es que fueron más de los que me esperaba. Créanme cuando les digo que cada uno de ellos me deja sonriendo por varias horas. Muchas gracias a todos por su apoyo.
Creo que por ahí se me confundieron un poco. Inuyasha es más grande que Kagome. Sango se volvió mentora de Inuyasha cuando tenía quince, pero han pasado tres años desde eso (Creí que lo había puesto) así que Inuyasha tiene 18 y Kagome 17. No se me confundan, lean con cuidado.
Creo que continuare con mi habitual forma de actualizar cada semana. No tengo la menor idea de el porque mi inspiración únicamente llega los fines de semana.
Sin más que agregar los dejo con el siguiente capítulo.
"Los hombres son como las palomas…vienen, te cagan y se van" Antología del albur. Autor: Victor Hernandez.
Capítulo 2
"Mentiras blancas"
− ¿Estas seguro de que en esto vamos a encontrar a alguien que nos pueda ayudar?− Sango observó incrédula el periódico en sus manos y lo dejó en la mesa.
− ¡Seguro! Las personas más capacitadas se encuentran en los anuncios clasificados.− Sango levantó una ceja y él rectificó su respuesta. −Bueno… no las más capacitadas, pero sí las que cobran menos.
Ya que Sesshomaru había reducido sus gastos a la mitad, no podían llamar a una agencia y contratar a alguien decente. Sip. Tendrían que usar el viejo método de los "anuncios clasificados" ó de la "sección amarilla". Y aún no estaban seguros sobre lo que era correcto contratar para Inuyasha. Tal vez una asistente, pero probablemente él la seduciría y terminaría en la calle al siguiente día. Tal vez un perro guardián, algo así como "Lassie", pero Inuyasha era alérgico a estos… algo realmente irónico siendo él mitad demonio-perro.
Además no había muchas personas que soportaran el humor de Inuyasha por muchos días, realmente se tenía que tener un sentido del humor bastante retorcido para poder convivir con él. Aunque a veces solía comportarse como un niño consentido, berrinchudo y caprichoso. Cuando algo se le metía en la cabeza, no había poder humano que lo hiciera desistir. Él necesitaba alguien que tuviera mano dura, y realmente ninguno de ellos se atrevía a levantarle la voz.
−Escucha esto… "Daisy; 23 años; soltera y le encanta divertirse bajo la lluvia" ¡Contratada!
−¡Dame eso!− Sango arrebató el periódico a Miroku. −¡Esta es la sección de compañía femenina, Miroku! ¡No vamos a contratar a ninguna ramera para que vigile a Inuyasha! Mucho menos a una que se llama "Daisy" y le gusta mojarse en la lluvia… suena tan sucio.
Miroku rodó los ojos. A veces Sango solía ser tan… mojigata; pero como decía su madre "¡esas mujeres son las peores!" Y vaya que su madre era una mujer sabia. −Entonces ¿Qué es lo que sugieres? ¿Un chimpancé con mameluco rosado?
−¿Para que vestir a un chimpancé con mameluco rosado si te tenemos a ti? Y créeme los chimpancés sabrían como vigilar a Inuyasha a diferencia de otras personas.− Respondió en tono irónico y le disparó una pequeña mirada sobre su hombro, mientras hojeaba el periódico.
−¡NO FUE MI CULPA QUE SE ESCAPARA LA VEZ PASADA!− Se defendió.
−¡NADIE ESTA CULPANDOTE!− Estalló ella. − ¡Solo estoy mencionando el improbable hecho de que tú pudieras vigilar bien a Inuyasha sin ser su cómplice!
− Equivócate una vez y te condenan para toda la vida− Suspiró él, llevando la palma de su mano hacía su frente con dramatismo.
−Escucha esto…− Miroku le lanzó una mirada sospechosa; obviamente ella estaba tratando de cambiar de tema. Sango hizo caso omiso a las miradas de Miroku y siguió leyendo.− "Clara; sesenta y cinco años; viuda; paciente y dedicada, le gustan los niños…"− Se detuvo cuando Miroku resopló. −¿Qué?
−Obviamente Inuyasha va a matar a la vieja de un coraje o un infarto antes de que pueda regañarlo, y además Inuyasha no es un "niño"
−Pero se comporta como uno, además…Es obvio que quieres llevarme la contraría porque no quise contratar a tu ramera "Daisy"− Sango le frunció.
−Claro qu…− Se detuvo antes de decir negar algo que realmente era cierto. Era hombre y como todos tenía sus pequeñas debilidades. −Bueno en parte; pero es obvio que una anciana no va a poder vigilar a un medio demonio adolescente. Mira que tu apenas estas entrando a la menopausia y no puedes vigilarlo.
−¡Oye!−Obviamente había captado la indirecta. ¡La estaba llamando vieja! Pero ese no era el punto, por primera vez Miroku tenía razón. −Bien, la anciana no puede con el trabajo.
−¿Qué te parece esta?− Preguntó Miroku quien ya se encontraba al otro lado de la mesa, con la "sección amarilla" abierta de par en par en la sección de "niñeras".
− Si es otra de tus rameras puedes olvidarlo, no pien…−
−¡Relájate! Esta vez es en serio.− Se acercó hasta él y comenzó a leer el pequeño recuadro con letras negras y sencillas.
¡Perfecta! Y ella que pensó que iba a ser más difícil. Tal vez la única parte difícil iba a ser el explicarle a Inuyasha que tenía nueva niñera… Ella no quería estar ahí cuando él estallara.
−"Kagome Higurashi"− Leyó Miroku en voz baja.
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¿Y ahora qué? No tenía trabajo y no estaba próxima a conseguirlo, ya que Uyiko se había encargado de difamarla por todo el vecindario. Ella no tenía la culpa de que su hijo hubiera decidido darse un atracón de chocolate… bueno, tal vez sí, pero no era como para que la hubiera corrido; era obvio que esa mujer había sobre reaccionado.
Su mamá le había dado una dulce sonrisa y un "no te preocupes" cuando le dijo que había perdido el empleo, pero era obvio que se preocupaba. Por el momento tenía algunos ahorros, pero solo los suficientes para alimentar a su familia durante un mes. Pero aún estaba la luz, el gas, el agua, sin olvidar mencionar el hospital y las medicinas de su abuelo ¿Cómo se supone que iban a sobrevivir? Su mamá había hablado sobre la posibilidad de vender el templo a unos inversionistas extranjeros, pero ambas amaban el templo, así que ese sería su último recurso.
Martilleó distraídamente sus dedos sobre el escritorio mientras miraba por su ventana. Su abuelo se encontraba barriendo algunas hojas del enorme árbol, mientras que Souta intentaba bajar a Buyo del tejado de una de las pequeñas pagodas. El teléfono se escuchó a lo lejos y antes de que pudiera correr a contestarlo escuchó a su madre levantar el auricular. Se movió pesadamente hasta su cama y se dejó caer. Necesitaba una siesta, una muy, muy larga siesta, su cerebro estaba a punto de colapsar de tanto pensar en el condenado dinero… Era demasiado para su presión sanguínea…era demasiado para su edad.
Se acurrucó con su almohada y cerró sus ojos.
−¡Kagome teléfono!− Gritó su mamá desde las escaleras.
Genial. Su descanso se podía ir mucho al infierno.
Recibió el teléfono que le daba su mamá de mala gana. La verdad era que no tenía ganas de hablar con nadie, en especial con la persona que había interrumpido lo que hubiera sido una muy reconfortante y reparadora siesta vespertina.
−¿Hola?
−¿Señorita Higurashi?− Preguntó una voz femenina, que por un momento le recordó a las maquinas que daban la hora por teléfono.
−Sí, soy yo.− Respondió con cautela. No confiaba en las mujeres que la llamaban "Señorita Higurashi" ya que la mayoría solían ser vendedoras de algún producto de belleza. −¿Quién habla?
−Usted no me conoce. Mi nombre es Sango Yamamoto− Nop. No la conocía. −Le hablo porque leí su anuncio en la "sección amarilla" y me interesan sus servicios.
¿Anuncio? ¿Sección amarilla? ¿Servicios? ¿De qué demonios le estaba hablando? Y ¿Por qué de pronto se sentía como una "mujer de la noche" siendo contratada por algún viejo pervertido? Vieja en este caso. Ya no estaba segura de querer continuar con esa llamada.
−No entiendo.− Susurró contra el teléfono.
−¿No es usted Kagome Higurashi?− Inquirió Sango en tono impaciente. −¿Es usted niñera, cierto?
−Sí, cierto.− Aún no entendía que demonios estaba pasando ¿Cómo se suponía que esa mujer la había encontrado? Ella no había puesto ningún anuncio en ningún lugar, ni siquiera tenía dinero para pagar un pequeño espacio en la "sección amarilla". Fuera lo que fuera sonaba a empleo y el empleo tenía como consecuencia automática: dinero, y el dinero significaba; más horas de sueño y menos preocupación para ella.
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−¿Por qué lo hiciste mamá? Era muy arriesgado.
Mizaki se encogió de hombros y continuó lavando los platos sucios del almuerzo −Te veías muy preocupada por conseguir el trabajo. Además uno de los que publican los anuncios me debía un favor. − La señora Higurashi le sonrió a su hija y salió de la cocina dejando a una Kagome que le daba una mirada sospechosa.
−Mamá…− Llamó Kagome a su madre, quien se las había arreglado para escurrirse hasta el patio del templo, para regar las plantas. −Eres mala mintiendo.− Declaró. A parte del improbable hecho de que alguien le debiera un favor a su mamá.
La señora Higurashi continuó regando las plantas con rostro alegre, mientras Kagome entraba a la casa murmurando algo sobre "recursos limitados".
Había veces que no entendía a su mamá… como en esta ocasión; Su mamá había gastado dinero −que no tenían− en un simple anuncio y lo peor era que había exagerado bastante a la hora de publicarlo. Ella no era ninguna "niñera con varios años de experiencia y ampliamente recomendable" no por nada la habían echado a patadas de su último empleo. Ahora tenía que ir a un lugar que estaba bastante alejado de la región donde vivía, a una entrevista que no estaba segura de poder pasar. No tenía experiencia y claramente no era una experta al cuidado de los niños.
Sip. Estaba completa y absolutamente…jodida.
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−¿Y ella aceptó así como así? − Preguntó Miroku con un timbre de incredulidad.
−¡Claro!− Respondió con una inusual alegría en la voz.
Miroku le lanzó una mirada suspicaz; y vaya que tenía pocas de esas. −No le dijiste la edad de Inuyasha ¿Verdad?
El rostro de Sango decayó rápidamente. −No… ¡pero la paga es muy buena!− Trató inútilmente de animarse, pero sabía que aquella muchacha iba a huir despavorida cuando se diera cuenta del "niño" que tendría que cuidar. Tal vez tendrían alguna oportunidad si Inuyasha fuera un chico "normal" pero en vez de eso, era un incontrolable hanyou.
−No me imagino a alguien cuidando a Inuyasha… aunque fuera por dinero.−Comentó Miroku distraídamente, mientras ambos caminaban hacía la oficina de Sango.
−Tú lo haces.− Le recordó.
−¡Cierto! Pero soy YO.
−Cierto.− Coincidió ella ¿Como negarse al hecho de que Miroku era un bastardo interesado?
−¿Y, ya hablaste con Inuyasha?
−Estaba esperando a que tú lo hicieras.− Respondió mientras aceleraba el paso para llegar a su oficina. Vaya que se le hacía lejos cuando iba con Miroku.
−¿Yo? ¿Por qué yo?− Preguntó mientras hacía una perfecta imitación de pez dorado en shock.
−Alguien tiene que hacerlo− respondió con un encogimiento de hombros.
−¿Por qué no lo haces tú?− Se detuvieron frente a la puerta de la oficina y Sango se giró hacia él.
−Porque soy tu jefa, porque te lo estoy ordenando, porque no tienes opción y porque no me viene en gana decírselo yo− "Porque si a alguien quisiera asesinar Inuyasha, mejor que el que este enfrente de él seas tú y no yo"
−Esto es TAN injusto−Murmuró entre dientes.
−La vida es injusta.− Dijo Sango con voz sería. Además ella tenía que lidiar con Sesshomaru, que era mil veces más aterrador que Inuyasha. Era justo que él tuviera que lidiar con la ira de Inuyasha.
−¿No podemos esperar hasta darle el visto bueno a la muchacha?− Sugirió él.
Hizo un gesto con la nariz. −Haces que todo suene tan sucio.−Se dio la vuelta y entró a la oficina azotando la puerta en la cara de Miroku, dando por terminada la discusión.
Ella había ganado… obviamente.
¡Oh, sí! La vida era buena.
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Su vida no podía ser mejor. Estaba perdida y lo peor es que iba tarde a su dichosa entrevista de trabajo. Lo único que rogaba era que la puntualidad no contara mucho. Dio vuelta en la esquina y se encontró de frente con otra privada con enormes casas a los lados. Se suponía que la casa que buscaba era una color beige tipo victoriana, con reja grande de metal y un gran patio… o al menos esa era la descripción que le habían dado, aunque hubiera sido fácil ubicarla, si, todas las casas no lucieran exactamente iguales… y ni siquiera sabía cual era el estilo victoriano.
Dio una rápida mirada a todas las casas, hasta que una llamó su atención. Era la más grande y elegante de todas; cada rincón gritaba "mírame soy rico". Desde fuera se podían ver los extensos jardines y una que otra pequeña fuente adornándolos. Casualmente esa casa coincidía perfectamente con la descripción de la casa que estaba buscando.
Desde que la gente era desconfiada, tuvo que mostrar una identificación para que la dejaran pasar. Si la casa se veía impresionante desde fuera, por dentro era imponente, cada detalle estaba perfectamente cuidado, no había nada que no tuviera escrito "lujo". De pronto se sintió tan fuera de lugar que quiso salir corriendo, era obvio que nadie que viviera allí iba a contratar a alguien que a kilómetros se veía que no tenía experiencia...definitivamente tenía que salir de ahí antes de que hiciera el ridículo.
Se precipitó rápidamente hacía la puerta, pero chocó bruscamente contra algo y cayó como roca golpeando su trasero contra el piso. ¡Genial! Su huida había sido truncada por su torpeza. Se levantó rápidamente mientras sacudía su falda. Lo mejor que podía hacer en esos momentos, era disculparse, salir corriendo y rogarle a Dios que nadie más la hubiera visto llegar.
Su boca se abrió, pero rápidamente se cerró y toda ella se congeló, cuando unos disgustados y penetrantes ojos dorados se posaron sobre ella.
¿Tal vez era hora de salir de ahí?
Continuará…
"Otra vez deslizó el anillo en su lugar, en el tercer dedo de mi mano izquierda. Donde probablemente estaría…durante toda la eternidad"
Fragmento de Eclipse. Autora: Stephenie Meyer.
N/A: Sí, apareció Inuyasha.
Espero que hayan disfrutado este capítulo y ya saben que pueden dejarme sus cometarios. El próximo capítulo se va a llamar: "No se puede volver a causar una buena primera impresión" (Algo largo el título)
¿Alguien vio la entrega de los Oscars? ¡Estuvo Robert Pattinson! Solo los vi por eso. Debo decir que se veía fantásticamente bien en smoking.
Bien pues dejen reviews.
XOXO Diana.
23 de febrero del 2009. Puerto Vallarta, Jalisco; México.
