Disclaimer: Sí, se que esperan que un día de estos les diga que Inuyasha en mío, pero ese día no es hoy, por lo tanto tengo incansablemente que repetir: Inuyasha y compañía no me pertenecen.
N/A: Por fin lo que todas estaban esperando.
Muchas gracias por sus reviews, leo cada uno de ellos y me encantan. No me da tiempo de responder, pero en verdad los aprecio.
Creo que no tengo nada más que decir, por primera vez me quede sin palabras.
Disfruten el capítulo.
"Y entonces continuamos disfrutando con alegría esa pequeña pero perfecta fracción de nuestra eternidad"
Fragmento de Amanecer; Autora: Stephenie Meyer
Capítulo 3
"No se puede volver a causar una buena primera impresión"
Quedó atrapada en la mirada dorada.
Como un pequeño animalillo tontamente deslumbrado por las luces de un camión. Pudo haber hecho o dicho algo, pero solo logró abrir la boca y logró verse como si fuera una retrasada mental. No era que no hubiera visto nunca un muchacho guapo antes, lo que nunca había visto era a un hanyou. No era común verlos caminar por su distrito, ni verlos asistir a su escuela u otras escuelas de su zona; Japón aún era muy atrasado mentalmente para aceptar una nueva raza en su sociedad. Había escuchado sobre ellos, incluso había visto a algunos a lejos cuando iba caminando por el distrito de Odaiba, pero generalmente se encontraban en los distritos lujosos.
Pero aún así la impresión no era menos fuerte.
Ahora no solo había visto a un hanyou, sino que estaba a unos centímetros de él.
Dio un paso hacía atrás y él la siguió duramente con la mirada. No sabía si él la estaba mirando con odio porque había invadido su casa, ó porque había chocado contra él y no se había disculpado.
—Supongo que no puedo esperar que cierres la boca, aunque te convendría hacerlo, las pobres moscas pueden quedar atrapadas ahí— Inuyasha rascó distraídamente su nariz, y salió hacia el patio trasero, no sin antes observar minuciosamente a la muchacha frente a él.
Nada que no hubiera visto antes.
Por un momento sintió indignación, que rápidamente fue reemplazada por la vergüenza ¿Así de tonta se había visto? Y ¿¡Por qué aún no cerraba la boca!?
—Le caíste bien.— Comentó una voz tras ella. La misma voz que le había hablado por teléfono. —Hola. Soy Sango, tú debes ser Kagome— La muchacha extendió su mano y Kagome la estrechó fuertemente.
—Supongo que no di una buena impresión.— Se disculpó Kagome, mientras estrujaba su falda nerviosamente.
—¡Al contrario! Inuyasha raramente habla con personas que no conoce.—La animó Sango.
Si a insultarla se podía llamarle hablar. Pensó Kagome con ironía.
— Supongo que podrás empezar hoy…digo ya que conociste al angelito.
Kagome se congeló en su lugar completamente. ¿Ese era el tierno, y lindo niño que se supone iba a cuidar?
Definitivamente tenía que salir corriendo de ahí.
-----
—¿Quién es esa?— Preguntó Inuyasha, levantando la barbilla hacía la chica desconocida.
Miroku echo un vistazo a Kagome dentro de la casa siendo guiada por Sango.
— "Esa" es Sango— Respondió simple. —¿Tantos años de trabajar para ti, y aún no recuerdas su nombre?
—¡Esa no!— Gruño Inuyasha.— ¡Esa! ¡La niña, Miroku! ¡La niña!— Inuyasha la señaló acusatoriamente a Kagome, que seguía a Sango hacía la planta alta de la mansión.
Miroku hizo un movimiento despreocupado con el hombro.
—Una niña exploradora vendiendo galletas— Aventuró Miroku. Pero Inuyasha le lanzó una mirada envenenada.—¡Podría ser!
—¿Una de tus fantasías?
—Tal vez— Respondió serio.
Inuyasha suspiró fuertemente preguntándose por qué se molestaba con ese idiota. Buscó en la bolsa trasera de su pantalón. Sacó un cigarrillo maltratado, y se lo llevó a la boca. Todo esto siendo observado minuciosamente por Miroku.
—¿No sé supone que lo estabas dejando?
Inuyasha encendió su cigarrillo, y expulso el humo directo hacía el rostro de Miroku, que tosió fuertemente.
—¿No se supone, que no deberías de meter mujeres en la casa cuando no esta Sango?— Preguntó el chico perro maliciosamente.
Miroku se estremeció con un escalofrío.
—Y ahora…— Continuó Inuyasha.— Te preguntaré de nuevo ¿Quién es esa?
Miroku suspiró, preparándose para la tormenta. Tarde o temprano se iba a enterar ¿No?
-----
¿Qué debía de decir ahora? ¿Gracias, pero no gracias? No estaba en posición de rechazar un empleo, por muy "descabellado" o "peligroso" que pudiera sonar. Sí, de acuerdo, no era muy común que alguien te contratara para cuidar a un chico de dieciocho años, mucho menos cuando este era un incontrolable hanyou. Pero necesitaba el dinero, y la paga era realmente buena. Además su mamá siempre decía que no había que juzgar a nadie por su apariencia, o por su posición económica.
¿Qué tan malo podría ser?
-----
—¡¿QUÉ?!
Miroku se encogió ante el tono, y observó a Inuyasha entrar a la casa furioso, arrojando todo lo que se encontraba a su paso. En ese momento se alegró de no ser Sango o esa pobre muchacha.
Observó la hora en su reloj de mano ¡Las siete! Su telenovela mexicana acababa de comenzar.
-----
—¿Qué te parece?
Kagome observó la habitación que se extendía frente a ella. Las paredes eran de un tono rosa tenue. Había una cama enorme a un costado de la recamara, y un tocador blanco enfrente de esta. También había un librero y un escritorio del mismo tono. En un lado contrario de la cama había un balcón con amplias ventanas francesas, y cortinas blancas azotadas ligeramente por el viento. Había una puerta a un costado del balcón, que seguramente sería el baño. Era como una recamara sacada de un catálogo de Edredones.
¿Acaso planeaban que ella se quedara a vivir ahí?
Era casi, casi como si trataran de convencerla para que tomara el empleo.
—Podemos cambiar algo si no te gusta— Animó Sango ante el silencio de Kagome.
—No— Respondió ella rápidamente. —Realmente es muy linda.
Sango sonrió con satisfacción. Pero Kagome aún no estaba muy segura.
—¿Por qué necesitan una niñera para? Tú sabes… él— No se sentía muy cómoda pronunciando su nombre, ya que realmente parecía que ella no había sido de su agrado.
La piel de Sango se erizó. Realmente no era tonta ¿Verdad?
—Inuyasha es un gran chico, pero…— Trató de encontrar las palabras más adecuadas en su vocabulario. Algo que no involucrara las palabras "grosero" "malhumorado" "egocentrista" "consentido" —Queríamos que tuviera a alguien de su edad a su lado. Alguien que le hiciera compañía.
Kagome dudó por un momento. Realmente él no lucía muy solitario, más bien parecía de esos chicos a los que les sobra confianza, y de esos que atraen las miradas instantáneamente con su sola presencia. Pero que sabía ella, tal vez era un chico que necesitaba ayuda ¿Quién era ella para negársela?
—Entonces… ¿Él lo sabe?
Sango tragó con fuerza. Y aunque una parte de ella la obligaba a no mentir, la otra parte (La que quería conservar su empleo) maquilaba mentiras a la velocidad de la luz.
—Sí, él lo sabe y esta muy emocionado.— Sé obligó a mostrar una sonrisa, pero salió más como una mueca de dolor.
Kagome quién se encontraba demasiado ocupada admirando su nueva habitación, esbozó una sonrisa sincera.
—¡Acepto!
De pronto Sango se sintió como una mala persona por engañar a niñas inocentes. Pero estaba segura que con la experiencia de Kagome las cosas saldrían bien.
Esperanzadamente.
-----
La puerta se azotó tras él, y el marco crujió con fuerza. Lanzó su librero contra el suelo, sin importarle el escándalo que pudiera causar. Quería que todo el mundo supiera que estaba molesto ¡No! ¡Que estaba furioso! Destrozó un par de lámparas, y saco toda la ropa que se encontraba dentro de varios cajones. Destendió su cama, y rasguño varias almohadas provocando que un centenar de plumas se esparcieran por toda la habitación.
¿Era una broma? ¿Una pesadilla? ¿Un maldito castigo? Sesshomaru era un desgraciado, pero hasta el momento no se había dado cuenta de cuan desgraciado era. Normalmente se burlaba de él con otras cosas. Como cuando él le exigió un coche en su cumpleaños dieciséis; Sesshomaru SÍ le había comprado un coche… uno rosado estilo "Barbie Malibú" ó cuando había exigido un viaje por el mundo; Sesshomaru le había enviado un monopolio mundial con una nota que decía "Te extrañaré hermanito, no tardes mucho"
¡Estúpido Sesshomaru! ¡Estúpida Sango! ¡Estúpido Miroku! Y ¡Estúpida señora que se le había ocurrido ponerle suavizante a sus almohadas!
¡¿QUÉ ACASO NADIE SABÍA QUE EL SUAVIZANTE HACÍA QUE SU NARIZ PICARA?!
Arrojó un par de almohadas contra las ventanas de su balcón con frustración. Y se recostó boca abajo sobre su cama (Su típica posición de pensar)
Siempre había sido tratado como un niño pequeño. Siempre habían cumplido todos y cada uno de sus caprichos, para evitar sus berrinches. Oh. Pero esto era diferente, esto era un golpe directo a su orgullo y ego (Y sabemos que su ego es lo suficientemente grande) No solo había enviado a un nuevo carcelero, esta vez era un niña, otra humana. Era otra insinuación de que él no podía cuidarse lo suficientemente bien solo, y necesitaba de tres humanos que lo vigilaran día y noche. Era otra insinuación de que era lo suficientemente débil, como para necesitar ayuda de una niña de diecisiete años.
—Niñita entrometida.
Y no era cualquier niñita. Un gruñido salió de su garganta tan solo de pensarlo.
Era su… niñera.
"Tiene unos ojos de acero, fríos y penetrantes. Después, lentamente, me sonríe. Y es una sonrisa entre taimada y fascinante. Una sonrisa que no es de este mundo".
Fragmento de "Dos velas para el Diablo" Autora: Laura Gallego García.
N/A: ¡Por fin!
No sé como la inspiración llegó, pero llegó. Espero que disfruten este capítulo. Siéntanse libres de insultarme por no haber actualizado desde hace como cuatro meses, pero les juro que la inspiración no llegaba.
Para todas aquellas que estaban esperando el epílogo de "Mi sombra" les aviso que ya lo publiqué.
Antes de que se me olvide, el siguiente capítulo se va a llamar "Primer día"
Gracias por la espera.
XOXO
Diana
29 de junio de 2009. 3:24 p.m.
