Disclaimer: Nop. Sigo sin suerte; Inuyasha aún no me pertenece.

N/A: Gracias a todos los que dejaron sus comentarios en el capítulo pasado.

Creo que no lo había mencionado antes, así que lo haré ahora. Este fic va a ser algo más digerible, para que me entiendan: No va a ser tan dramático como mi fic pasado. Este va a ser más "tierno" y algo más humorístico… en mis términos por supuesto.

Sé que les había dicho que este capítulo se iba a llamar "Primer día", pero al final el título no me convenció, así que decidí cambiarlo.

Disfruten su lectura.

Capítulo 4

"Hot cakes, baños de burbujas y cuentos para dormir"

8: 30 A.M.

—¡Hora del desayuno!

Inuyasha soltó un pequeño gruñido, y se retorció bajo sus colchas al mismo tiempo que metía la cabeza bajo un par de almohadas. Ignorando así el alegre llamado de la Kagome.

¡Tenía que ser una pesadilla!

—Traigo hot cakes y chocolate caliente— Kagome movió la bandeja que portaba los alegres hot cakes con forma y cara de osito sonriente tentativamente hacía Inuyasha, pero este seguía cubierto hasta la cabeza con los edredones. Y aparentemente se había vuelto a dormir, ya que ligeros ronquidos se escuchaban… o al menos eso parecían.

—Inuyasha…

—Piérdete– Respondió él, y se movió para darle la espalda.

Kagome frunció y soltó un suspiro.

Habían pasado dos semanas desde su llegada a la mansión, y su "relación" con Inuyasha no parecía avanzar. Por un momento había creído que no tendría que hacer mucho, ya que Inuyasha era un chico de dieciocho años, y normalmente los chicos de esa edad ya eran independientes.

Ingenua.

Inuyasha NO era un chico independiente. Tenía que llevarle el desayuno todos los días hasta su cama, porque el muchacho no era capaz de llegar al comedor todas las mañanas. Tenía que elegir su ropa. Tenía que obligarlo a bañarse y a cepillarse los dientes. Tenía que obligarlo a comer sus vegetales. Tenía que ir con él cuando salía (Y normalmente no eran lugares que ella visitaría en su sano juicio). Tenía que obligarlo a dormirse temprano.

Sip. Inuyasha era un niño de cinco años atrapado en el cuerpo de uno de dieciocho. Y lo peor de todo era que ella, era responsable de él. Sí Inuyasha hacía algo malo, inmediatamente ella era la señalada; Y desde que Miroku y Sango eran unos cobardes, ella tenía que rendir cuentas a Sesshomaru.

Y Sesshomaru, no era un conejo feliz.

Dejando la bandeja a un lado, se arremangó su alegre sweater rosado. Era hora de tomar medidas más drásticas.

¡Nadie despreciaba sus hot cakes de ositos!

Tomó el edredón por las esquinas, y lo haló hacía ella, encontradose así a un semidesnudo hanyou. Inuyasha pegó un salto y haló el edredón de regreso cubriendo el pecho y piernas pudorosamente.

Sí. Como una completa señorita.

—¡¿Cuál es tu problema?!— Escupió él. —Pude haber estado desnudo ¿Sabes?

Las mejillas de Kagome tomaron un tierno color rosado, que rápidamente se expandió por todo su rostro, haciéndola lucir como un tomate viviente. Pero antes de que Inuyasha se diera cuenta de su estado, le colocó la bandeja con su desayuno en el regazo, haciendo que la atención se desviara completamente hacía los sonrientes ositos.

—Buenos días—Saludó ella.

Inuyasha la observó neutralmente por un momento, pero no se molestó en contestarle. Nunca se molestaba.

—Normalmente cuando alguien te saluda debes responder ESE saludo. Solo por educación.

—Pues mal para ti, yo no soy educado.

—Y que lo digas—Bufó ella.

—¡¿Qué?!

—Que se te va a enfriar el desayuno, y los ositos no se van a poner contentos si no los comes.

—¿Te das cuenta que los ositos no están vivos? Y que aunque lo estuvieran ¿Quién estaría contento cuando están a punto de tragarte?

Kagome elevó los ojos al cielo tratando de controlar su genio.

—Solo cómelos.

Kagome se acercó hacía él y se sentó a su lado. Tomó una servilleta, y la colocó maternalmente en el cuello de Inuyasha. Pero él no estaba muy de acuerdo con eso, así que tomó la servilleta de su cuello y la arrojó al suelo.

—¡No soy un niño!— Gruñó.

—Bueno… Esa no fue precisamente una reacción adulta— Señaló ella, y volvió a colocar la servilleta en el cuello de Inuyasha.

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—Son cien yens por favor.

Sango extendió su mano hacía Miroku.

—No puedo creer que realmente hubiéramos apostado— Refunfuñó, y plantó una moneda en la palma de Sango.

—Tú fuiste el que dijo que Kagome no iba a durar ni dos días con Inuyasha.

—Es obvio que la niña tiene carácter… o esta completamente loca.

Sango se llevó una manzana a la boca y sonrió.

Sí. Gracias a la llegada de Kagome ella tenía más tiempo libre, y lo mejor de todo era que Kagome era la completa responsable de las acciones del chico perro. Eso significaba: No más Sesshomaru.

La manzana se atoró en su garganta cuando un grito se escucho. Aunque era más como un berrido.

—Creo que Inuyasha por fin a decidido deshacerse de ella— Murmuró Miroku, mientras ojeaba distraídamente una revista. (Sí, lo suponen bien… PLAYBOY)

Sango le dirigió una sucia mirada, pero no perdió tiempo y salió corriendo al segundo piso. Y efectivamente el grito provenía de la recamara de Inuyasha… del baño para ser más precisos. Pero al llegar ahí, no encontró a Inuyasha masacrando a Kagome, de hecho ni en sus más locos sueños hubiera podido imaginar lo que tenía delante de ella.

Y efectivamente, los gritos sí provenían de Kagome, pero no parecía estar siendo brutalmente masacrada…

Inuyasha estaba sumergido en la bañera y Kagome estaba tratando de frotar la cabeza del chico con acondicionador, pero Inuyasha no parecía muy contento con la idea; La prueba de eso era que Kagome estaba empapada de la cabeza a los pies e Inuyasha y su cabello seguían intactos. Sin mencionar que el piso del baño estaba mortalmente resbaladizo—gracias al agua y espuma que cierto hanyou había arrojado— Kagome hizo un nuevo movimiento tratando inútilmente de aplicar el acondicionador en la plateada cabellera del chico, pero nuevamente Inuyasha la empapó de cabeza a pies, y Kagome solo soltó un grito.

—¡Jesús! ¿Alguien podría explicarme qué esta sucediendo aquí?—Gritó Sango desde el marco de la puerta. Realmente no iba a arriesgarse a entrar y partirse el cuello en una caída.

—¡Sango!— Gritó Inuyasha, y por primera vez se veía realmente aliviado con su presencia.—¡Quítamela de encima!

—¡No estoy haciendo nada!— Protestó la chica, retirándose un para de húmedos mechones del rostro. —Solo estoy tratando de que esas ratas se desenreden por una vez— Kagome señaló el cabello del hanyou.

Inuyasha se vio realmente ofendido por un momento.

—Mi cabello esta perfectamente bien ¡Ahora aléjate de mí!— Inuyasha hizo un movimiento con el brazo que hizo que el trasero de Kagome se conectara con el piso.

—¡Mira lo que hiciste!—Kagome chilló, y señaló su húmedo trasero.

—¡No era como si no hubieras estado mojada hace unos segundos!

Sango decidió que era hora de salir de allí, antes de que decidieran involúcrala en su pelea de gatos. Cerró la puerta del baño con toda la delicadeza para evitar ser notada.

"¡Tienes que lavarte detrás de las orejas Inuyasha!" Escuchó a Kagome gritar, antes de salir corriendo de regreso con Miroku.

¡Realmente eran un par de locos!

¿Quién decía que los baños de burbujas eran relajantes?

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A diferencia del desayuno y el baño la noche parecía inusualmente calmada. Solo se escuchaba la televisión de la cocina encendida, y se podía adivinar que era Miroku (Nadie más veía telenovelas en esa casa). Se acercó al pie de las escaleras para escuchar algún sonido que le pudiera indicar que Kagome e Inuyasha habían comenzado una nueva discusión, pero todo lo que escucho fue silencio y más silencio.

—Que callado— Comentó Miroku tras ella, haciéndola saltar al no haberlo escuchado aproximarse.

—Tu poder de observación sigue creciendo ¿Huh?

Miroku ignoró a Sango, y se acercó hasta donde estaba ella.

—¿Crees que se hayan asesinado el uno al otro?— Preguntó Sango ansiosa.

Miroku levantó los hombros despreocupadamente.—Tal vez… o tal vez hicieron las pases.

Sango le lanzó una mirada incrédula. —El día que esos dos hagan las pases tú y yo seremos amantes.

Miroku lanzó una mirada esperanzada.

—¡Estaba señalando un hecho completamente improbable Miroku!

La sonrisa de Miroku se desvaneció, y Sango comenzó a subir las escaleras al segundo piso.

—¿Realmente vas a subir?

—Sí. Además si alguno de esos dos decidió deshacerse del otro, quiero salir de esta casa antes de que la policía llegue.

—¡Bien! Voy contigo. Realmente no tengo nada que hacer, ya que Consuelo y Raúl han decidido separarse debo buscar algo más con que entretenerme.

—¿Debería saber quienes son esos?

—No realmente. Pero si te interesa, son los protagonistas de mi novela colombiana.

—¿Creí que veías una novela mexicana?

—¡Nah! Esa finalizó la semana pasada.

Sango rodó los ojos, y subió las escaleras rápidamente. Entre más se acercaban a la recamara de Inuyasha Sango se dio cuenta de dos cosas; la primera: Ni Inuyasha, ni Kagome estaban muertos, ya que las voces de ambos podían escucharse desde la habitación del chico perro. Y la segunda: Nunca debías de avanzar en un pasillo oscuro con Miroku a tus espaldas.

—Si aprecias tu mano, mantenla alejada de mi trasero.

La voz de Inuyasha salvó temporalmente la mejilla de Miroku.

—Eso fue estúpido— gruñó Inuyasha.

Sango y Miroku se acercaron hasta la puerta de la habitación, que estaba ligeramente entreabierta. Inuyasha estaba en su cama recostado contra la cabecera, mientras Kagome se encontraba sentada en una silla a un lado de la cama de Inuyasha con un libro en las piernas.

—No lo es.

—Sí lo es. Esta claro que el lobo es una completa victima. Es obvio que nunca iba a poder ganar cuando esos tres cerdos estaban con fabulando en contra suya.

Kagome suspiró. Aquí iban de nuevo pensó.

—El lobo quería comérselos a los tres, y destruyó dos de las casas de los cerditos. Es justo que le quemaran la cola.

—No. Además ¿Quién en estos días construiría una casa de madera ó paja? Hubieran sido fácilmente destruidas con o si ayuda del lobo.

—¡Ese no es el punto Inuyasha! Se supone que te da una moraleja…

—¡Por supuesto que sí! Y la entiendo.

—¿En serio?— Kagome no pudo sino hablar con cierta esperanza en la voz.

—Sí— Asintió Inuyasha serio. —Pólizas de seguro.

—¿Qué?

—Sí. Si esos cerdos hubieran tenido pólizas de seguro, no hubiera sido necesario vengarse del lobo. El seguro les hubiera repuesto sus casas, por muy mal construidas que estas hubieran estado.

—¡No!

—¿No?

—¡No! Se supone que debes de esmerarte en todo lo que haces. No debes de ser como los cerditos que por irse a jugar construyeron mal sus casas y el lobo las destruyó.

—¿Estas segura que no es sobre las pólizas de seguro?

Kagome soltó un bufido y salió de la habitación, encontrándose con Sango y Miroku aún en la puerta.

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—Idiota— Murmuró antes de meterse en la cama.

"Don´t postpone what you want. Don´t leave anything misunderstood. Make sure the people you care know. Make sure they know how you really feel. Because just like that…

It could end…"

Fragmento de la película "Remember Me"

Narrado por Tyler (Robert Pattinson.)

N/A: Espero que les haya gustado.

Créanme cuando les digo que forcé mi cerebro al máximo.

El día martes planeo ir a visitar a mi familia a Cuernavaca, por lo tanto me será muy difícil concentrarme en el fic… pero agradezcan a su infinita suerte, que ya escribí la mitad del siguiente capítulo.

Si les gustó díganmelo, si no les gustó, también díganmelo.

XOXO

Diana.

5 de Julio del 2009.