Disclaimer: Inuyasha y compañía son propiedad de Rumiko Takahashi. No sé porque insiten en que pongan esto, ni que estuviera ganando dinero.
N/A: Siento mucho el retraso, pero ya había advertido que estaba de visita en casa de mi mamá, pero ya está aquí.
Casualmente hace unas semanas conseguí trabajo de "niñera" ¿Pueden creerlo? En verdad es una coincidencia que este escribiendo un fic sobre niñeras, cuando yo soy una de ellas. Pero antes de que crean que es un trabajo genial… No lo es; es mal pagado, nada divertido, y por supuesto no cuidas a alguien como Inuyasha.
"La verdadera belleza termina en donde empieza una expresión intelectual"
Lord Henry "El retrato de Dorian Gray"
Capitulo 5
"Día libre"
Por
Dianattz
Iba a ser un día perfecto.
Perfecto, porque por primera vez en la mañana su cabello no estaba enredado. Perfecto, porque había podido levantarse a la hora que ella quería. Perfecto, porque había podido darse un relajante baño de dos horas. Perfecto, porque iba a ver televisión todo el día y tal vez podría leer el libro que le había regalado su madre en navidad. Y si alguien haya arriba estaba de buen humor con ella, también podría ir a darse un buen masaje en los pies… ¡Vaya que lo necesitaba!
Y su día iba a ser aún más perfecto, porque no tendría que lidiar con el inestable e irritante humor de Inuyasha.
Sin sus estúpidas ordenes.
Sin su estúpido baño.
Sin su estúpido vestuario.
Sin su estúpido desayuno.
Sin su estúpida y perfecta cara.
Síp. Un día perfecto.
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Cuando bajo las escaleras toda su familia había terminado de desayunar. Souta estaba frente al televisor de la sala jugando con su nuevo videojuego. El abuelo estaba sentado en uno de los sillones de la sala, leyendo entretenidamente una revista de chismes. Y La señora Higurashi probablemente estaba regando las flores del templo, o barriendo las hojas caídas del viejo árbol, o de compras.
¡Genial!
Ahora tendría que hacerse el desayuno ella sola.
Entró perezosamente en la cocina, y hurgó el refrigerador en busca de algo que pudiera calmar su rugiente estómago.
Por un momento se preguntó si ¿Alguien recordaba que ella estaba ahí, en su día libre? ¿Y, si recordaban que eso solo ocurría una vez cada dos semanas? ¿Acaso su familia había comenzado a olvidarla, porque ella no pasaba el tiempo suficiente con ellos? O peor aún ¿Es qué estaban enojados con ella por aceptar un trabajo de tiempo completo? O simplemente se había levantado demasiado tarde, y había tardado en bajar a desayunar; Y era por eso que no la habían esperado.
Fuera lo que fuera estaba volviéndose una completa paranoica…
Igual que Inuyasha.
Sacudió su cabeza y continuó con su búsqueda ¿Por qué no podía dejar de pensar en el tonto de Inuyasha? Estaba tan contenta de estar lejos de sus garras —Literalmente— Porque estaba contenta ¿Verdad? Sí. Y si no tuviera necesidad de trabajar, no lo volvería a ver nunca más en su vida. Era tonto, necio, impaciente, gruñón, infantil, agresivo, consentido, insoportablemente grosero…
—¡Kagome!— La voz de Souta interrumpió el hilo de sus pensamientos. Lo observó con un frunce. No le gustaba que la interrumpieran cuando estaba pensando.
Souta dirigió una mirada a la puerta, y se dio cuenta que el timbre estaba sonando. Cerró el refrigerador de un portazo, y lanzó una mirada sucia hacía Souta cuando pasó a su lado.
¿Es que acaso nadie tenía piernas en esa casa? Era su día libre. Se suponía que tendría que estar descansando no abriendo puertas como una criada. Además ¿Quién visitaba un templo en Domingo?
Probablemente era su madre que había cerrado, y había olvidado las llaves de la casa.
Abrió la puerta, pero no se encontró con la mirada amigable de su madre, sino con todo lo contrario.
Observó a Inuyasha en completo shock. Lo último que esperaba era que ÉL estuviera en su casa.
—¿Voy a tener que esperar aquí todo el día, o me vas a invitar a pasar?— Preguntó con un inusual toque de amabilidad en él, y una sonrisa igualmente inusual. "Como si no hubiera matado una mosca en su vida"
—¿Qué demonios estas haciendo aquí?— No iba a ser amable. Por lo menos no ese DÍA. Quería descansar, y lo último que necesitaba era ver su estúpida y sonriente cara ¿A quién creía que engañaba?
—¿No se supone que uno debe de ser cortés con las visitas?— Respondió sin perder su sonrisa de autosuficiencia.
—No eres una visita— Dijo ella entre dientes — Además no haz respondido mi pregunta ¿Qué haces aquí?
Por unos segundos lo vio incomodarse, después rascó sus orejas distraídamente.
—Tengo hambre— Respondió finalmente.— No eh desayunado así que vine a que me dieras de desayunar.
Kagome lo observó con incredulidad, y con ira creciente ¿En verdad pretendía que fuera su sirvienta en su día libre?
No sabía si llorar o reír.
—¿Acaso te volviste loco?
Inuyasha parpadeó, y la observó como si hablara en otro idioma. Pero antes de que pudiera decir algo; Kagome explotó. E Inuyasha la iba a escuchar, palabra por palabra sin interrumpir.
—¡Te soporto en tu casa porque TENGO que hacerlo, no porque me agrade hacerlo. Te hago de desayunar porque TENGO que hacerlo, no porque haga feliz servirte. Obedezco tus órdenes, soy paciente, porque para eso me pagan. Pero estas muy equivocado si piensa que puedes venir a MI casa, en MI día libre a darme ordenes como si fueras mi dueño! ¿Tienes una idea de lo pesado y grosero que te pones en tu casa?
—De hecho…— Comenzó él, tratando de no escupirle todo su veneno de regreso. —Lo sé. Es por eso que yo no te e insultado desde que llegué, pero tú si lo haz hecho.
¡Ouch!
Inuyasha le había lanzado una cachetada verbal dura y concisa. Ahora se sentía como una desgraciada por haberle gritado todo eso. Pero él parecía no haber acabado…aún.
—Lo único que quería era comer algo decente, porque en mi casa todos parecen ser unos inútiles para la cocina. Son las doce del día y no eh probado bocado. Eres la única que conozco que sabe hacer una comida decente — Bufó soltó una risa amarga.—Pero no pareces de humor, así que mejor me voy.
Sí. Él sí que sabía como hacerla sentir como la bruja del cuento.
En cuanto lo vio dar un paso para alejarse, lo jaló por la manga de su chaqueta y lo hizo entrar en su casa.
El chico solo quería su desayuno ¿Cierto? La vino a buscar porque era la única que sabía lo que le gustaba de desayunar. En cierto sentido verdaderamente retorcido, eso era una especie de cumplido; Él insinuaba que le gustaba como cocinaba.
En un sentido muy, muy retorcido.
Kagome arrastró a Inuyasha hacía la cocina, y solo en ese momento Souta y el abuelo parecieron dignarse a notar a Kagome, más como si notaran a Inuyasha, pero Kagome no iba a perder tiempo en explicaciones. Iba a alimentar al chico, y después lo iba a enviar a casa en el primer medio de transporte que se cruzara en su camino.
Y así ella iba a poder disfrutar lo que le restara de su día libre.
No habló mientras buscaba los ingredientes para el desayuno (Comida, ya que técnicamente pasaban de las doce.) Pero sentía la mirada de Inuyasha taladrándole la nuca. No sabía por qué, pero siempre que él la miraba la hacía sentir realmente incomoda, y la incomodidad la ponía molesta, pero decidió no enfrascarse en una discusión por eso. Quería que Inuyasha saliera de su casa, y si quería que eso fuera lo más pronto posible, no debía de perder el tiempo en tonterías.
—¿En dónde esta tú papá?
Sí. El segundo nombre de Inuyasha era: Delicadeza
La encorvada posición que mantenía Kagome, fue rápidamente reemplazada por una de rigidez total. Sus manos se tensaron contra el tazón y la cuchara que sostenía.
Realmente no se había esperado una pregunta como esa, mucho menos por parte de Inuyasha; Él nunca se había interesado en nada relativo a su vida. De hecho, siempre habían mantenido esa distancia personal porque él así lo había querido.
—No lo sé— Respondió simple, y siguió batiendo la mezcla del tazón.
—¿Qué clase de respuesta es esa? ¿Cómo que no lo sabes?
¿Era realmente delicado, verdad?
Kagome se detuvo por un momento, y miró al chico firmemente a los ojos.
Lo que vio Inuyasha, lo dejó callado (temporalmente por supuesto).
Era una clara mirada de "No te metas en mis asuntos". Lo sabía porque él había utilizado esa mirada varias veces. No era que realmente le interesara la vida de Kagome, solo quería iniciar alguna especie de conversación para bajar un poco el enojo de Kagome (La chica realmente daba miedo cuando estaba enojada). El papá era lo primero que se la había venido a la mente ¿Qué culpa tenía él de que detrás hubiera una historia trágica?
Eso era lo mejor; Ella no contaba nada sobre su vida personal, y así él no estaba obligado a contar nada sobre la suya.
Una simple relación de trabajo… si es que así se le podía llamar.
—Se fue.
La mirada de Inuyasha se dirigió automáticamente hacía Kagome, que tenía un frunce en el rostro como cuando recuerdas algo desagradable.
—Decidió que una vida en familia no era lo suyo, y se fue.
¿Realmente ella le iba a contar todo eso? No era como si hubiera insistido mucho para que se lo contara... era solo para iniciar una conversación, no quería que la chica se desahogara con él.
Por un momento pensó seriamente en cubrirse las orejas con las manos, pero no creyó que a Kagome fuera a agradarle mucho la idea ¿Él era el que había iniciado con lo del papá, no? Así que lo quisiera o no, tendría que obligarse a escucharla… o ha pretender que la escuchaba.
¡Piensa algo bonito!
Giró la cabeza hacía todos lados en busca de alguna especie de milagro, o de algún meteoro que se estrellara accidentalmente sobre Kagome.
¡Piensa algo bonito!
¡Dios! Sólo esperaba que ella no se pusiera a llorar, ya era suficientemente humillante el tener que escucharla.
¡PIENSA ALGO BONITO!
Esperó que el sonido de las palabras de Kagome le taladraran el cerebro, pero curiosamente no escuchó nada; Tal vez toda una vida tratando de bloquear conversaciones desagradables por fin había comenzado a dar frutos, pero al mirar a Kagome se dio cuenta de que ella No estaba hablando como él lo suponía, simplemente se había limitado a observarlo como si de pronto se hubiera vuelto realmente loco.
—Y ya antes pensaba que eras raro— Apuntó ella con un tono de diversión en la voz. Se giró hacía la pequeña estufa dándole la espalda al chico.
Inuyasha la miró desorientado por unos segundos ¿Qué ella no estaba a punto de narrarle su trágica vida?
Kagome se giró de nuevo hacía él, y le dedicó una sonrisa, que por unos segundos a Inuyasha le pareció de burla. Pero no tuvo tiempo de protestar cuando Kagome ya se le había adelantado ha hablar.
–¿Realmente no esperabas que te contara mi vida cuando tengo dos semanas de conocerte?
¿Entonces no iba a contarle nada?
—Además sé perfectamente que no te caigo bien, y debo decir que el sentimiento es compartido.
Bueno al menos tenían algo en común, aunque no fuera algo "positivo" precisamente. Además, a pesar de ser palabras que alguien en completamente "cuerdo" consideraría ofensivas, a él le resultaban relajantes. Algo así como quitarse una máscara.
—Sigues sin caerme bien.
Ambos compartieron una larga y silenciosa mirada, que en situaciones normales hubiera hecho sonrojar a Kagome, y enojar a Inuyasha.
—Ahora… ¿En qué estábamos?— Preguntó la chica de repente, cómo si no hubieran dicho nada anteriormente.
—Mi desayuno.
—¡Oh, sí!
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Kagome había esperado que después de la confesión de desagrado por parte de ella hacía Inuyasha, el chico explotara (Como solía hacerlo la mayor parte del tiempo), que le dijera que ella era igualmente desagradable para él. Pero curiosamente habían hecho una especie de "tregua silenciosa", como, si, irónicamente comenzaran a caerse bien después de revelar la aberración del uno por el otro.
El resto del día había pasado más extraño de lo habitual para Kagome. Cuando la señora Higurashi regresó de las compras, había insistido a Inuyasha en que se quedara a comer (Para la mala suerte de Kagome). Y como si la invitación a comer no hubiera sido suficiente, la señora Higurashi había sacado humillantes fotos de Kagome cuando era pequeña en ropa interior—y algunas como Dios la había traído al mundo—, cómo sí Inuyasha fuera alguna especie de pretendiente/novio. El chico había permanecido con una sonrisa educada en los labios conforme la señora Higurashi le mostraba las fotos. Pero las miradas burlonas que Inuyasha le dedicaba a Kagome revelaban a la chica, que él le iba a recordar esto todos lo días mientras trabajara en su casa.
Inuyasha no sé fue después de comer, ya que Souta había quedado maravillado con el hanyou, como sí él fuera mejor invento que el horno de microondas. Inuyasha y su hermano habías pasado largas horas tras el televisor jugando como dos maníacos de los videojuegos.
Cuando Kagome se dio cuenta, ya era hora de regresar a casa de Inuyasha. Y su "Día libre" no había sido tan libre de Inuyasha.
¡Bien! No podía culpar a su familia de ser amables con la persona que indirectamente les daba de comer, y pagaba las cuentas.
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Ambos se despidieron, y prometieron volver en dos semanas. Inuyasha obligado por la señora a regresar para que probara su helado y pastel de chocolate caseros, y motivado por Souta para la revancha.
Kagome simplemente tenía que regresar.
Mientras caminaban hacía la estación de metros, Kagome se dio cuenta que Inuyasha tenía una sonrisa amigable en el rostro, y para su sorpresa también se dio cuenta que le gustaba verlo sonreír… pero él no tenía porque saberlo.
Tal vez su día no había sido tan malo.
—Así es que te paseabas desnuda por tú casa…
Tal vez había sido una conclusión muy apresurada.
"Cuando el vampiro entró en el bar, yo llevaba años esperándolo"
Fragmento de "Muerto hasta el Anochecer"
Autora: Charlaine Harris.
N/A: ¡Terminé! Curiosamente el día de hoy abrí una galleta virtual que decía esto: "Pon a trabajar tu imaginación que te hace un poco de falta escapar a otro mundo", tal vez eso fue lo que me motivó para terminar este capitulo.
Espero que les haya agradado este capitulo, lo hice un poco más largo como recompensa por la espera tan larga. Y discúlpenme por las faltas de ortografía, pero normalmente no leo mis capítulos después de terminarlos, ya que me gana la emoción por publicarlos.
Saludos a todos.
XOXO
Diana.
10 de Agosto del 2009.
