Disclaimer: Inuyasha y compañía son propiedad de Rumiko Takahashi.

N/A: Lo sé, lo sé… hace mucho que no actualizaba y no voy a poner excusas, simplemente me daba flojera ponerme a pensar. Ahora pueden matarme.

"—Y ahora, ¿qué se le antoja a la señorita?

¿En este momento? Probar el sabor del lunarcito de tu oreja.

A Ramiro le gana la risa.

Mire, chiquita, tal vez a usted nunca le han dicho que no se debe prender el calentador si uno no se va a meter a bañar.

Usted es el culpable: anda por ahí con una piel que pide que la besen."

Fragmento de "El amante de mi abuela"; Autora: Paloma de Vivianco.

Capítulo 8

"Sigue intentando"

Por

Dianattz

Inuyasha se levantó con la anormal sensación de haber dormido de más. Y con la normal sensación matutina de un estomago vacio.

Miró el reloj de su cabecera que marcaba las once de la mañana. Al parecer cierta niña gritona se había quedado dormida.

Se estiró para relajar sus agarrotados músculos, y se levantó de un salto. Caminó hasta el baño pensando en divertidas y múltiples formas de despertar a Kagome. Después de todo alguien tenía que alimentarlo. O simplemente podría dejarlo pasar; podría dejar dormir a la pobre niña y simplemente bajar a buscar algo decente en la cocina, y después podría distraerse en la piscina…

¡Nah! Aún seguía siendo más divertida la idea de despertar a Kagome con una buena imitación de unas hienas riéndose, o lo que fuera que a Kagome asustara.

Se vistió —Lo más decentemente que pudo sin los sabios consejos de Kagome— Realmente no entendía porque una camisa café no podía ir con zapatos negros, o porque el verde neón no era bueno para reuniones familiares, o para la vida diaria en si. Así que simplemente optó por un par de jeans, una camisa blanca, y los primeros tenis que se le cruzaron en el camino. Porque no iba a despertar a Kagome en pijama, o más como ropa interior. No quería lucir como un depravado sexual o como si ella realmente le provocara ir a su habitación en ropa interior. Después de todo la que tenía que terminar viéndose ridícula era ella.

Mientras caminaba por el pasillo hacía la habitación de Kagome, no pudo evitar preguntarse que tipo de pijama usaría Kagome, o como luciría por las mañanas, ¿Se vería como normalmente lucía en las mañanas? Toda alegre y sin un cabello fuera de su lugar, o, ¿Sería la típica chica que tiene saliva seca en barbilla por las mañanas y mal aliento?

Bien, no tardaría en averiguarlo.

Giró la perilla de la puerta como quién tiene toda la intención de no ser descubierto. Se escabulló por una pequeña rendija que la puerta dejó, e instantáneamente se tiró al suelo para no ser visto.

¡Dios! A veces se sentía tan estúpido.

Se arrastró por la alfombra hasta quedar justo debajo de la orilla de la cama, y dio un salto gritando algo así como:

—¡HAKUNA MATATA!

No se le ocurrió otra cosa.

No le sorprendió el hecho de que Kagome luciera bien por las mañanas… realmente bien para ser honestos. Tenía un sueño profundo, y dormía como cualquier otra persona; De lado y con las manos debajo de la cabeza, tenía los labios entre abiertos y una respiración pausada. El cabello lo tenía ligeramente revuelto, pero nadie podía despertar peinado.

A menos que te llamaras "Barbie" y tu casa fuera rosada.

Lo único que le sorprendió fue ver las profundas marcas negras en los ojos de Kagome, y el ligero sudor frío que le cubría la frente. Y que a pesar de su grito "Selvático" ella no se hubiera levantado, ni siquiera movido un poco.

De algún modo, cuando estaba a punto de acercarse para tocarla y asegurarse de que estaba bien; Sango apareció en la puerta con una cara que obligaría hasta a las ratas esconderse.

—¡Por Dios! ¿Qué diablos fue ese grito?— Sango le lanzó una mirada sucia cuando lo vio parado junto a Kagome— Inuyasha ¡Sal de aquí!

De alguna manera Sango se las arregló para empujar fuera a un super fuerte chico perro, y arrastrarlo hasta la sala de televisión sin hacer el menor ruido.

—¿Cuál demonios es tu problema?— Le graznó Sango una vez que la puerta estuvo cerrada e Inuyasha sentado como un pequeño niño-perro regañado.

Inuyasha le parpadeó.

—No entiendo.

—¡Gritándole no se que carajos a una pobre enferma!

—Solamente estaba tratando de animar su mañana… además no sabía que estaba enferma.

Enferma.

Realmente nunca se había puesto a pensar que Kagome pudiera enfermarse, es decir, no era algo fuera de lo común. Los humanos enfermaban, es especial los humanos pequeños y frágiles como Kagome. Pero nunca se la hubiera imaginado enferma e indefensa. Siempre había tenido energía de sobra como para soportarlo a él y a su ritmo de vida, y también le sobraba energía para gritarle, para reír con él o de él. Siempre la había imaginado como una "Super niñera" o algo parecido; De esas que no se enferman y permanecen toda la vida contigo. Por eso la simple idea de imaginársela enferma era completamente ridícula.

Es decir, ¡Ella era Kagome!

Y ahora estaba enferma.

¿Ahora qué? Debía aburrirse y esperar a cuales fueran las medicinas que le había dado Sango a Kagome, hicieran efecto.

O tal vez, y por única vez podría hacer algo desinteresado.

—¿Puedo hacer algo por ella?— Preguntó de repente, y no se sorprendió cuando Sango lo miró como si se hubiera teñido el cabello de rosado.

—Puedes no fastidiarla en todo el día— Sugirió Sango en tono impaciente.

Inuyasha le frunció.

—Yo NO la fastidio.

—¡Sí lo haces!— Y a continuación, Inuyasha escuchó una imitación suya—"Kagome, ¿dónde está mi desayuno? ¿Por qué mi ropa tiene suavizante? ¿Por qué no has cepillado mi cabello? ¿Por qué no me pones atención? ¡Kagome! ¡Kagome! ¡KAGOME!"

—¡Eso no es cierto!— Se sonrojó Inuyasha— Y no hablo así.

—Ese no es el punto—Insistió Sango— Si me dieran una moneda por cada vez que te escucho llamarla, ahora sería más rica que tú.

Inuyasha continuó con su frunce y se alejó en dirección de la puerta. A veces Sango podía llegar a ser un dolor en el trasero.

—Lo digo en serio Inuyasha. No la molestes.

¿Qué no la molestara?

¡ÉL NO LA MOLESTABA!

Simplemente se aburría bastante cuando Kagome no andaba rondándolo. Kagome siempre tenía algo que contar, o sabía de lugares divertidos a los cuales ir. Y cuando ella se iba a casa —Ahora cada fin de semana—, él no tardaba en ir a buscarla, simplemente porque se deprimía. Como si todo su pequeño mundo girara alrededor de ella, algo que era completamente ilógico, ya que antes de que ella apareciera volteándolo todo de cabeza, no se deprimía cuando no la veía y/o escuchaba por más de dos horas…

Inuyasha detuvo en seco el hilo de sus pensamientos.

No podía estar pensando de esa manera, no con ELLA precisamente. Pero ahora que se había puesto a pensar lo que significaba ella para él, ¿Significaba qué? Ni siquiera él lo sabía ¿Qué carajos estaba pensando?, por eso no le gustaba cuando ella no estaba cerca. Se ponía a pensar cosas raras y sin sentido.

Caminó molesto y confundido hacía su habitación, y no pudo evitar echar un vistazo a la habitación de Kagome cuando pasó junto a su puerta.

¿Aún seguiría dormida?

Y a él, ¿QUÉ DEMONIOS LE IMPORTABA?

Continuó con su camino y se encerró en su habitación.

¿Ahora como se iba a divertir?

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Solo un pequeño salto y un giro en el aire, y estaría del otro lado.

¡Muy fácil!

Inuyasha hizo una mueca y se preguntó si realmente debía reconsiderar su decisión de saltar de balcón a balcón. No era que le fuera a costar mucho trabajo, pero desde que los balcones del ala este de la villa daban hacía en acantilado de la playa… podía ser una caída muy dolorosa.

Pero al final era una forma segura de que Sango no lo viera aproximarse a la habitación de Kagome.

Pero eso no significaba que le temblaran las rodillas un poco al mirar hacía abajo, después de todo los perros no estaban diseñados para caer de pie.

Ya podía escuchar la voz de Kagome regañándolo por hacer algo tan estúpido. Sin embargo, Inuyasha decidió ignorar a la razón.

Saltó.

Solo fue un pequeño momento hasta que sintió el piso del balcón de Kagome en sus pies. Y también fue un pequeño momento para que la alarma de seguridad se activara y todos en la villa entraran en pánico. Ahora tampoco podría entrar a la habitación de Kagome ya que los seguros se activaban ante la presencia de un intruso.

¡Oh mierda!

Y Sango se estaba asomando por el otro balcón con cara de pocos amigos.

Ya podría intentarlo después.

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Sí Sango le había dicho no hacerlo, pero ¿desde cuando escuchaba a Sango?

Caminó sigiloso y girando su cabeza cuando creía haber sido descubierto. No estaba haciendo nada malo, simplemente iba a checar si Kagome ya estaba despierta, y si era así, tal vez podría convencerla de que pusiera los pies fuera de esa cama y lo acompañara a arrojar pan duro a las cabezas de los patos en el parque (Era divertido una vez que le agarrabas el chiste). Empujó la puerta rogando que esta no chillara, para no alertar a nadie de que estaba haciendo lo que esta haciendo… a pesar de que él insistía: NO ERA NADA MALO.

Se dio la vuelta para checar una vez más que nadie lo estaba viendo, y casi deja su desayuno en los pantalones cuando vio a Miroku detrás suyo. —¡WHOA!

—No te ayuda mucho el tener un super odio ¿Verdad?— Dijo chistoso— Ni siquiera me escuchaste acercarme.

—¿Alguien te ha dicho alguna vez que esa forma de comportarse es solo de violadores y pervertidos?

—¿Alguien te ha dicho que no debes molestar a los enfermos, sobre todo cuando están dormidos?

Inuyasha se erizó. —Solo estaba confirmando que realmente estuviera dormida, y que no estuviera fingiendo para evitar trabajar.

—O más bien como para evitarte a ti.— Miroku le sonrió divertido al ver su frunce. —Tienes que darle crédito, el soportarte las veinticuatro horas de día es como para que le den alguna medalla.

Inuyasha entrecerró los ojos, no muy divertido y se dio la vuelta para entrar a la habitación de Kagome.

—Yo no haría eso si fuera tu.

—¿Y por qué no?— Preguntó Inuyasha con cautela, obviamente alertado por el tono de voz que empleó Miroku.

—Porque Kagome esta enferma.— Le dijo Miroku lógico. — O, porque tal vez…

—¿Tal vez?— Lo apremió Inuyasha.

—Porque tal vez Sango te dijo no hacerlo, y no creo que sea buena idea hacerla enojar. El día de hoy casi me arranca la cabeza con los dientes porque hablé muy fuerte cuando le estábamos llevando la medicina a Kagome.

¡LO SABÍA!

¡Entonces sí estaba despierta! Pequeña vaca, fingiendo estar dormida para no hablar con él. Él preocupándose por ella, cuando obviamente ella había estado fingiéndolo todo para evadirlo. Hasta se le había pasado por la cabeza ir a comprar las galletas favoritas de Kagome —¿Cómo sabía cuales eran las galletas favoritas de Kagome? Ni siquiera él mismo lo sabía.—, pero esa pequeña arpía solo se merecía chocolates con nueces para que todo su bello rostro se llenara de acné.

¿Bello rostro?

De nuevo detuvo en seco sus pensamientos. Esta vez no escuchó a Miroku y entró a la habitación, yendo directamente hacía la cama de esa pequeña infeliz.

Y ahí estaba, con sus ojos de borrego, mirándolo.

—¿Por qué no me habías venido a ver?

La voz de Kagome sonó bien, o más que bien a oídos de Inuyasha, y de alguna manera lo tranquilizó; tal vez por eso había estado alterado todo el día, ¿porque no la había escuchado?

Kagome le sonrió, y entonces todos su reclamos se fueron tan rápido como habían aparecido en su cabeza.

Ahora ¿Qué era lo que se suponía estaba haciendo ahí?

—Lo había intentado— Le sonrío Inuyasha de vuelta.

Inuyasha revisó en sus bolsillos, y le extendió una bolsa de galletas.

Sus favoritas.

Después de todo SÍ se las había comprado.

"No había ira en él, y tampoco odio, sino un amor que parecía seguir y seguir eternamente.

Dolía aún más."

Fragmento de "Furia; Crónicas Vampíricas III"

Autora: L.J. Smith.

N/A: ¿Qué dijeron? Ya nos abandono, ¡Pues no! Aún sigo aquí, y ahora les toca esperar otro buen rato para el próximo capítulo.

Este capítulo como podrán haberse dado cuenta es principalmente de Inuyasha y sus pensamientos hacía Kagome. Espero que les haya gustado, y que continúen leyéndome.

Abrazos, Diana.

Peace. Love. Smile.

20 de febrero de 2010. Puerto Vallarta, Jalisco; México.