Título: Sexto sentido.
Rating: T.
Advertencias: Spoilers del 2x20, «Prom Queen».
Playlist: Barely Legal by The Strokes.

#09. «Mucho ruido y pocas nueces».

Kurt y Blaine se miran con una sonrisa pícara, llena de confidencia, mientras el joven Hummel apoya un dedo sobre los labios de su novio, pidiéndole con una significativa mirada que guarde silencio, incluso cuando para él es prácticamente imposible contener la risa. Con pasos ligeros, tomados de la mano, ambos se deslizan por el vestidor de la casa de los Hummel. Finn ha llegado ya hace tiempo, después de haberse perdido la fiesta de graduación, por lo que las luces se encuentran apagadas y en la casa reina la calma. Sólo el eco de los pasos de los dos muchachos por las escaleras interrumpe el perfecto silencio en el que la familia descansa.

Habiéndose colado en el cuarto de Kurt, el anfitrión cierra la puerta con cuidado, soltando todo el aire contenido en el momento en que la misma hace un suave sonido al trabarse. Mirándolo por sobre su hombro, le da una sonrisa de tranquilidad a su acompañante, que ya se encuentra sentado sobre la cama y luchando con los zapatos.

—Déjame ayudarte con eso —susurra Kurt, acercándose y arrodillándose frente a Blaine.

—Siento que los roles se han invertido aquí —comenta, sonriendo tiernamente—. Tú eres la reina, yo debería estar haciendo eso.

En respuesta, el joven Hummel sonríe también y, después de quitarle los zapatos a su novio, se pone de pie para sentarse junto a él. Blaine se acerca casi por inercia, hasta que sus brazos se tocan y sus narices se hacen mutuas cosquillas. El mayor sonríe antes de besar a Kurt, quien sólo puede suspirar contra sus labios y perderse en el contacto entre sus bocas.

El beso se torna demandante, mientras ambos se mueven y el más pequeño se deja tumbar sobre la cama, quedando Blaine sobre él, presionando su cuerpo y envolviéndolo con un asfixiante calor. Las manos no pueden quedarse quietas, las bocas no toman tiempo suficiente para respirar y los pequeños gemidos escapan de sus labios con naturalidad, entremezclándose con los nombres susurrados furtivamente. Después de unos cuantos besos, se separan, agitados, sólo lo suficiente como para mirarse a los ojos. Ese instante se vuelve intenso, delirante.

—Yo, Kurt… —susurra Blaine, su voz ronca y llena de promesas desmedidas.

¿Kurt, ya estás aquí?

Kurt abre los ojos como platos y empuja a su novio hacia un costado. Este gira sobre la cama, pronto llega al borde y acaba cayendo al suelo con un sonido seco, soltando un suave y casi imperceptible quejido. El joven Hummel, por su parte, respira profundamente, intentando componerse antes de responder:

—Sí, papá, ya hemos llegado —explica, con una perfecta calma—. He preparado una cama para Blaine en el suelo y ya estamos yéndonos a dormir.

Oh… vale —escucha decir a su padre—. Buenas noches, chicos.

El eco de los pasos alejándose es el único sonido que se escucha por algunos segundos.

—Tu padre debe tener un sexto sentido para cortarnos el rollo, ¿sabes? —murmura Blaine, sin siquiera molestarse en levantarse del suelo.