Jajaja XP Mary ha regresado ^w^ con el siguiente capi de su fic SasoDei.

Espero que les guste, y lamento haber "tardado" tanto, pero la tarea ¬¬ i hate mi sensei of fisik o


CAPÍTULO 3.

UN MAL PASO DEL "RESCATE"

-¿Deidara?, ¿estás bien?-

Las palabras eran no más que simples susurros que llegaban a sus oídos como más lejanos de lo que deberían de estar. Deidara trató de abrir los ojos, y descubrió que estos parecían estar pegados, o en todo caso, ahora estaba ciego.

-¡Mis ojos, hum! ¡No veo nada!- grito Deidara levantando los brazos. Alguien, además de él, soltó un alarido cuando su puño le golpeo en el rostro.

-Tranquilo Deidara. Es solo una toalla- dijo una voz tranquila y amable. Le quito la venda del rostro y Deidara pudo observar que ahí estaba Itachi sonriéndole amablemente, y Pein sobándose el rostro.

-Lo siento, Pein- se disculpo sintiendo como las mejillas se le tornaban coloradas.

-Hmph- dijo Pein mientras levantaba la cabeza, Deidara puso apreciar que le estaba escurriendo sangre de la nariz a chorros, espero no habérsela roto.

-¿Dónde estamos, hum?- pregunto mientras notaba que se hallaban en un lugar horrible y siniestro, parecía una mazmorra -¿Desde cuándo tenemos calabozo?-

-Lo han construido esas malditas ateas- respondió Hidan cruzado de brazos frente al rubio.

-¿Dónde está Tobi?- pregunto Deidara. Y su pregunta fue respondida con un aullido de dolor.

-¡TOBI SER BUEN CHICO, NO VIOLEN A TOBI!-

-Está allá fuera- respondió Itachi –Posiblemente ya le han quitado la máscara-

-¿De verdad, hum?-

A pesar de estar aquí con un problema gordo por su asquerosa popularidad, sentía curiosidad por saber quién estaba detrás de la máscara de Tobi, ya que ni en la vida real se la quitaba. Es por eso que había sido el tío perfecto para la serie de Naruto.

-Sí- respondió Itachi.

Deidara miró a sus compañeros, y previamente se miró a él. Notó que estaba solo con un taparrabos, parpadeo rápidamente, como si tratara de asimilar la idea de que tuviera una prenda tan poco protectora. Se escandalizó al descubrir que no estaba soñando y que realmente solo tenía un taparrabo para cubrirse.

-¡Qué es esto! ¿Por qué solo tengo…?-

-Yo que tú me haría el dormido rubia- dijo Hidan mientras se sentaba a un lado –No creo que se tarden mucho más con Tobi-

Un nuevo escalofrío bajo por la espalda de Deidara.

-¿Quieres decir que ellas podrían venir a por mí ya, hum?-

-No te preocupes Deidara. No te pasara… casi nada- le respondió Itachi sonriendo con compasión.

Quizá esa sonrisa era una razón más para estar asustado. Quizá Itachi había tenido algún tipo de alucinación para que fuera tan amable. Es decir, él era bueno, pero no tan bueno. Lo miro preguntándose si su salud mental estaría bien.

-¿Y Sasori?- alcanzó a escuchar que le preguntaba Hidan -¿Ese loco te ha dejado ahí tirado?-

A la mención de Sasori, Deidara se encogió en su lugar, sintiéndose desdichado. Nuevamente las palabras de Sasori retumbaban en sus oídos, hiriéndole en lo más profundo de su ser. Es que seguía sin creer que Sasori pudiera haber dicho esas cosas tan horribles.

-¿Y bien?- insistió Hidan – ¿Qué…?-

Itachi le dio un codazo a Hidan para que se callara –Cierra el pico, idiota- le susurro un tanto molesto por la poca amabilidad del peliblanco hacia el rubio.

-No sé donde esta, hum- respondió Deidara secamente –Nos ha insultado a Kisame y a mí…aunque creo que Kisame no era Kisame, hum- rectifico al recordar un poco de la chica de azules cabellos en la que se había transformado su amigo. Las manos le temblaron y sitió nauseas al pensar en Sasori.

-¿Desde entonces no has sabido de él?- pregunto Pein con dos papeles en los senos de la nariz.

Deidara negó con la cabeza, y luego hundió la cara entre sus manos. No quería llorar frente a todos ellos, pero parecía cada vez más difícil hacerlo.

-¡Bien!- grito una femenina voz que no era para nada la de Konan e hizo que Deidara levantara la vista.

La chica de cabellos azules estaba ahí parada, con las manos en la cintura. Tenía una especie de cadena que arrastraba a un Tobi amarrado de las manos y se cubría la cara con las manos.

-¿Quién va?- preguntó con una voz autoritaria. Deidara se pregunto si ella sería la mujer de las pesadillas de todo hombre que Sasori le había mencionado unas horas antes en el baño -¿Qué tal tú, Deidara sempai? ¡No hemos visto nada de ti!- sus ojos parecieron destellar en esa profunda oscuridad.

Deidara se limito a verla con expresión seria. De vez en cuando, mirando de reojo a Tobi, muy callado, eso no era ninguna buena señal. Tobi no se callaba ni aunque…

Antes de poder darse cuenta, la chica estaba metida dentro de la celda, a unos cuantos centímetros de chocar sus labios con los suyos. Escucho como Hidan lanzaba una maldición y Pein gritaba sorprendido. Él simplemente ahogó el grito que quería subir por su garganta, y volvió a mirar atentamente a la mujer con el ceño fruncido.

-¿Entonces?- pregunto ella.

-Tobi, Tobi- escucho que Itachi le susurraba al pelinegro que estaba hecho un ovillo aún cubriéndose la cara con las manos. Tragó saliva ruidosamente y volvió a mirar a la chica.

-¿Qué?- pregunto Deidara, desafiante. En el fondo, mientras una parte gritaba que estaba loco, la otra decía que no tenía sentido tenerle miedo a ella.

-Me gusta tu actitud. Y qué bueno que la tengas, Deidara sempai… porque vas a necesitarla mucho ahora- la mujer lanzó una carcajada y luego tomo de las manos a Deidara y lo levantó con violencia. Se acercó a Tobi y le quito las cadenas y luego se las coloco a Deidara en las manos.

Resignado y con la cabeza gacha, salió junto a la mujer. Miró hacia atrás, Itachi parecía preocupado, le sonrió de la mejor manera que pudo y volvió la cabeza hacia el largo pasillo, que antes te hubiera llevado a los cuartos de los Akatsuki y ahora se le antojaba pensar que lo conducían a la muerte, o peor aún, a las manos de las Fan girls.

Sasori lanzó una maldición cuando unas de las mujeres cruzaban cotorreando por el otro lado del pasillo. Le dolía el brazo de la última vez que se había encontrado con unas y se había aventado de las escaleras cuando lo habían descubierto. Definitivamente, pensó, ser realmente una marioneta no habría estado nada mal en ese momento. O cuándo lo hizo con la ventana, tratando de bajar más rápido que Tobi. Claro que lo había logrado, pero le había costado un buen tiempo en el hospital y un reproche de Kakuzu que en su vida se olvidaría, gracias a la tremenda cuenta de gastos hospitalarios.

Se escondió nuevamente y respiro una larga bocanada de aire, la sostuvo y luego la soltó lentamente. No quería ser descubierto de nuevo, quería salir de esto y rescatar a Deidara, y de paso sacar a los otros.

La parte racional de su cabeza, le gritaba que sería mejor si iba en busca de ayuda, pero en su interior lo único de lo que era capaz de razonar era que si Deidara llegaba a pasar por esa feria, no lo resistiría, y luego de haberlo tratado como lo hizo… Bueno, estaba de más decir que necesitaba recuperar su amistad.

-¿Qué pensamos hacer ahora?- susurro Kisame a su lado. Sasori lo giro a ver molesto y con el ceño fruncido -¿Sasori?-

-Rescataremos a Deidara- susurro Sasori mientras echaba un vistazo al fondo del pasillo, donde parecía, ya no había ninguna mujer.

-¿A Deidara? ¿Solo a Deidara?- pregunto Kisame, confundido, pues, según él recordaba, había todo el elenco de Akatsuki ahí encerrado. Sasori regreso su mirada un poco nervioso.

-Eh… no. Me refería a todos- contesto tratando de simular su sonrojo.

-Ah- susurro Kisame, no muy convencido –Y… ¿Cómo lo haremos?-

-No lo sé-

-Pensé que ya tendrías un plan-

-Luego de que te peguen con un palo de golf en la cabeza, ven a decirme si puedes pensar sin que te mate el dolor-

-Pero si tú siempre…-

-¡Ya sé que hago cosas extrañas siempre! ¡Pero no por eso soy un subnormal que no siente dolor! ¡Solo soy marioneta en la serie!- dijo Sasori explotando tras haber agotado su último grano de paciencia.

Kisame lo miró sorprendido. Esta era la primera vez que escuchaba a Sasori decir que sabía que no era una marioneta. El loco de Kakuzu y sus estúpidas citas al psicólogo, siendo él el profesionista, realmente daban resultado.

-¿Oíste eso?- dijo una mujer no muy lejos de los dos Akatsuki. Kisame lanzó un gritillo agudo y Sasori sintió que le bajaba un escalofrío por la espalda.

-¿Oír? ¿Qué?- pregunto otra. Sasori y Kisame se pegaron a la pared sin hacer ruido. Pasados unos segundos hubo un enorme suspiro de una de las chicas -Creo que ha sido tu imaginación-

-Si tú lo dices- contesto la otra y sus voces se fueron alejando. Ambos hombres se permitieron el lujo de suspirar con fuerza y alivio.

-Escúchame Kisame, si vuelves a hacer ruido, te juro que te golpeare con esto- dijo Sasori amenazando al azul con el palo de golf.

-Si has sido tú quien ha gritado- replicó el azul.

-¿Y por qué ha sido?-

Kisame se abstuvo de contestarle a Sasori. Era igual que hablarle a una marioneta, a pesar de que no lo fuera –De acuerdo. No te haré gritar nuevamente-

Era interesante como su vida había cambiado hace apenas tres días. No recordaba ya la última vez que había tomado el sol a gusto, y parecía claro que ahora, ni siquiera la luz del sol podría volver a ver, pasaría toda una vida encerrado, comiendo por comer y lamentando cada uno de los arranques de furia de Sasori, si es que lo volvía a ver. Hasta ahora no se decidía cual opción consideraba la peor.

Quizá se estaba preocupando demasiado. Quizá dentro de cinco días habría muerto, o dentro de un par de años, quizá diez si mucho la mala suerte le duraba, dejaría de ser guapo para esas locas y lo tiraran a la calle, nuevamente sería libre. Esta vez aprovecharía sus verdaderas dotes de artista que había abandonado cuando su padre, le había dicho que ese trabajo no tenía futuro. Definitivamente ahora podía decirle en su cara que ser actor, y ser un criminal en una famosa serie de Televisión era algo que no valía la pena cargar si no podía ni cagar a gusto.

Los gritos se hicieron presentes cuando la mujer de azules cabellos le dio una patada y lo empujo a algo que podía llamarse escenario. Claro que no podía ser llamado así porque solamente era una tarima que creía habían usado el día que Hidan había querido dar misa.

-¡DEIDARA! ¡PAPI, PAPACITO!- gritaban algunas mujeres a coro mientras levantaban sus brazos o intentaban subirse a la tarima para tocar al rubio.

-¡MI AMOR! ¡CONVIERTEME EN ARTE! ¡HAZME TUYA!-

La cabeza comenzaba a dolerle. Pero se sintió alagado de que las mujeres pidiera su… ehm… ustedes entienden, para darles un buen placer de noche. Quizá no sería tan malo si no fueran unas psicópatas que podrían matarlo.

-¡QUIERO SER LA MADRE DE TUS HIJOS!-

Aquel grito sí que había sido un poco perturbador. Hasta ese momento no había pensado en si quería tener hijo. Alguna vez creía haber soñado que los tenía. Dos pequeños niños, una niña y un niño. Ella siendo la mayor y con unos ojos color miel y cabello pelirrojo, o quizá así fuera el niño, para que cuando fuera grande fuera tan apuesto como Sasori. Aunque, sinceramente esperaba que los niños no tuvieran el coeficiente intelectual de Sasori, porque sino la casa sería un desastre tantas veces como podía ser un hogar normal y cargado de… bueno, la otra cara de Sasori, tan seria y siempre malhumorada, no es que le agradara más. Después de todo, esa era la que siempre tenía al decirle cosas desagradables.

-¡TE AMO, TE AMO, QUIERO CASARME CONTIGO!-

Pensaba que casarse con alguien tenía que llevar más que solo palabras. Y si tuviera que escoger entre alguien para casarse, posiblemente escogería a Sasori, aunque él no compartiera las mimas tendencias que él, y podría cortar su amistad. No, quizá a eso no le tenía miedo. Exponer sus sentimientos, verdaderos sentimientos, era algo muy hermoso, que sí, posiblemente dolería si no eran correspondidos. Pero el que no arriesga no gana.

Y si pensaba así, ¿por qué no le había dicho ya a Sasori que lo amaba?

Quizá fuera por Itachi. No es que lo quisiera más que a Sasori, pero cuando él decía cosas que lo lastimaban, Itachi solamente le sonreía un poco y eso le alegraba el momento. Eras esas escasas ocasiones en las que se enojaba con Sasori, que pensaba que se partiría en dos, y entonces Itachi llegaba y lo abrazaba. Posiblemente él sí fuera gay, y podría compartir con él muchas más cosas que con Sasori; pero hasta la fecha no se le había ocurrido preguntar.

-¡TOMAME A MÍ!-

A lo mejor pensar en que los niños que a veces se presentaban en sus sueños, fueran de cabellos y ojos negros… que bonita imagen se formaba. Mientras, Itachi sosteniéndole la mirada y sonriéndole, provocando esas mariposas que volaban en su estomago como siempre lo hacía.

Las manos se elevaron en un coro mientras Deidara solo pensaba en cuantas veces habría podido… pero no. Cuando veía a Sasori, todo se le olvidaba. Si tan solo él sintiera lo mismo que él.

Una mano le sujeto del pie por fin y lo tiro. El dolor en la cabeza que se hizo presente fue aturdidor, aún con las manos sujetas por las cadenas lo único que atinaba a hacer era retorcerse de un lado a otro.

Sí, cuando Sasori le había dicho que él no comprendía por lo que había pasado antes de encontrarlo, estaba completamente en lo cierto. Pensó que no se sentiría tan mal si fueran zombis que le quisieran arrancar un pedazo de piel.

¿Por qué nunca estaba ahí cuando Deidara lo necesitaba? Siempre se hallaba en otro lado, pensando en otras cosas que no tenían nada que ver con la feliz vida que llevaba desde que había decidido hacer el papel de criminal Akatsuki en Naruto. Solo recordaba aquellos verdes ojos que lo miraban con desagrado mientras se alejaban de él sus castaños cabellos, y piel nívea.

¿Por qué es que le importaba tanto? Deidara siempre iba diciendo que el que no arriesga no gana. Quizá era por eso, creía que Deidara, siempre repitiendo eso se habría atrevido a decirle si sentía algo.

¡Por Dios! Si hubiera algún tipo de solución a esos amores, si hubiera una pócima que lo hiciera olvidar todas las cosas, los dolores y angustias que había pasado antes de conocerlo.

Pero no la había. Y solo le quedaba vivir con eso.

Flash back.

-Eh… ¿Saito?- susurro un Sasori cinco años más joven mirando a un chico de castaños cabellos y ojos verdes que miraba el cielo.

-¿Qué pasa, Sasori?- pregunto mientras giraba a ver a su amigo, le dio una enorme sonrisa que provoco que el sonrojo de Sasori fuera tan grande como su propio cabello -¿Qué te pasa?-

-Yo… quería… preguntarte- Sasori comenzó a jugar con sus dedos y sentía como le costaba respirar -¿Tú… crees que…?-

Cierto era que no sabía por dónde comenzar una declaración. Hace pocos días, unos chicos de la escuela le habían dicho que Saito estaba enamorado de él, y Sasori se había sentido como una rosa en medio del desierto. Porque él también lo quería. Pero a ver… ¿por qué no podía preguntárselo? Habían sido amigos de toda la vida y si Saito no se atrevía a decirle, entonces él les haría un favor a los dos siendo valiente. Tenía que serlo.

-¡Me han dicho que estás enamorado de mí, y quería decirte que eso me alegra porque yo…!- miro a Saito que había abierto la boca y los ojos de par en par -¡Porque yo también te amo!-

Solamente al salir esas palabras se sintió como un pez que había vivido en una pecera, ahora recién lanzado al mar. Como un ave enjaulada que es liberada y emprende un vuelo libre y lejos de todo el mal y acorralamiento que le dieron. Sonreía, sabía que lo hacía.

Pero vio la cara de Saito, que mostraba confusión, incluso terror, pero no había nada que le dijera que estaba correspondiendo esos sentimientos, o quizá fuera demasiado tímido para admitirlo.

Sin poder evitarlo dejo de sonreír, hubo un pequeño agujero de dolor que se abrió paso sobre el rostro de Saito y Sasori comprendió porque sus ojos se estaban llenando de lágrimas.

-Lo siento Sasori- dijo Saito de manera triste y casi compasiva –Yo no te amo… a mí… me gustan las chicas, ¿tú entiendes, no? Yo… lo siento-

Sasori no cabía en sus sorpresa, ahora no se preguntaba cómo decirle lo que sentía, sino ¿cómo había sido tan idiota para creer eso de que Saito lo amaba? Él tenía una novia, pero bueno… Sasori también había tenido novias intentando desvanecer esas horribles tendencias que tenía.

-Eh… no importa- dijo Sasori tratando de que su voz no se quebrara –Esto… lo siento-

Fin del flash Back.

Sinceramente no recordaba un momento más humillante que ese. Sencillamente después de su no tan correspondida confesión, Saito dejo de hablarle, paulatinamente sí, pero pronto dejo de ser… no importante, porque estaba claro que lo seguía siendo. Dejo de ser su amigo. Y eso, era mucho peor.

No quería que eso se repitiera. Tan solo ahora no podía dejar de ver las muecas de asco que tenía Saito cuando lo iba a visitar a su casa, pidiendo que olvidara lo que había ocurrido.

No podía dejar de verse a sí mismo tumbado en la cama. Sin padres, sin amigos, sin amor. Sin nada, simplemente el odio de ser como era. Siempre preguntándose ¿por qué no era normal? O si él era el normal ¿por qué los demás eran diferentes?

No podía cambiar. Lo había intentado, y además ¿por qué él era el de perder? Era como era. Simplemente esta vez ya no caería en ese juego. El amor era cosa de idiotas.

Nuevamente pensó en la sonrisa de Deidara, y en sus celestes ojos.

-AAAAAHHHH- grito alguien desde el salón donde esas locas tenían la tarima de la misa de Hidan. Un cambio nuevamente radical surgió de Sasori, sin pensarlo, se lanzó hacia la puerta y sus goznes con el palo de golf en mano.

-¡Espera Sasori! ¿Qué haces?- grito Kisame alarmado.

Pero era tarde. Sasori había abierto la puerta y todas las miradas acosadoras de Deidara se volvieron hacia él.

-¡Sasori!- grito Deidara que estaba medio desnudo con el taparrabo casi cayendo a un lugar donde dejaría al descubierto sus encantos. Parecía sorprendido, parecía estar contento, ahora parecía que estaba cabreado -¿Qué te crees que estás haciendo, hum? ¿Cómo pudiste dejarte ver así, hum? ¡Debiste ir a buscar ayuda, eso es lo que tú querías hacer, y eso es lo que debiste hacer, hum!-

-¡A ti con nada se te da gusto, Deidara!- grito Sasori –Vengo a salvarte, idiota-

-¿¡Idiota! ¿Quién fue el que me ha dejado con el intento de Kisame? ¡Por tu culpa estoy en esto! ¡Por tu culpa he perdido al señor Boom, no me vengas con esas *****, hum!-

Sasori se quedo sorprendido, nuevamente se abría por su rostro aquella cara, la del personaje que representaba.

-¡Oh! Entonces regreso luego… ah, espera. ¡He arriesgado mi vida y ahora estoy en la boca del lobo para decir: "¡Eh, aléjense de Deidara!"!- grito Sasori. Estaba a punto de añadir que era suyo, cuando de pronto resonó una fuerte carcajada.

-¡Sasori!- era la mujer de cabellos azules –Veo que has regresado por tus amigos, lo cual no fue una de las cosas más inteligentes que has hecho-

-Casi nunca hago cosas muy inteligentes que digamos- respondió Sasori levantando el palo de golf.

-Créeme que lo creo. Pero es por eso que me gustas tanto…- susurro sensualmente. Sasori tuvo que recuperar el aliento por el escalofrío que le dio -¡A POR ÉL, Y ES MÍO!-

Sasori se quedo mudo mientras levantaba una ceja. ¿A por él? ¿Era suyo? Oh, jopetas, estaba en problemas.

TO BE CONTINUED.


¡Ahí esta por los que lloraban! Agradezco sus comentarios y espero subir el fin de semana jajaja. Si quieren dar respuesta a las preguntas de abajo, tendrán que dejar comen ñacañaca:

¿Será la mujer azul XD la mayor fan de Sasori danna? ¿Su rescate será el esperado o será él el que tendrá que ser rescatado D:? ¿Podrá Sasori olvidar sus miedos de antaño y confesarle a Deidara lo que siente antes de que Deidara ame más a Itachi? ¿Itachi sentirá lo mismo por Deidara? ¿Sabrán ahora cuál es la cara de Tobi?

Lamento decirles que yo se quien es... y no se los diré... cof cof, Obito, cof. ¿Qué? ¿Ya lo sabían? ¡AHHH, sois unos psicicos?

Bueno a:

: Lamento no haber puesto a Konan en este capi, tengo pensado que este sea un fic de no se... ¿ocho capitulos? Prometo que en el próximo saldrá Konan y su Pareja secretamente secreta ¬w¬

Eso es to...to...todo por hoy sempais ^^