Para el Big Bang de Harry Potter 2011.

Beta: Ahngie

Advertencias: EWE, Voyerismo.

Disclaimer: los personajes no son míos pertenecen a JK Rowling y no obtengo ningún beneficio económico con ello.

Capítulo 2

Draco estaba agradablemente sorprendido; el plan de su madre había funcionado.

Había ido a San Mungo y había esperado hasta que Granger había aparecido. Le había explicado su situación tal cual era, que si le interesaba la recuperación de Potter era porque necesitaba que testificase en el juicio. Hermione, con mirada desconfiada, le había dicho que no sabían cuando despertaría o si despertaría, ni la forma de despertarlo, que estaban investigando, pero había pocos casos como el suyo. Draco le había hablado de su gran biblioteca y de su disposición a ayudar por un beneficio común. Hermione se había quedado mirándole. Harry conocía muy bien esa mirada. Esa mirada que te hacía sentir como una de las tortugas de clase de Transformaciones de tercer año a la que analizabas antes de decidir de qué color querías tu tetera. Y supo que Draco se estaba sintiendo así por el movimiento nervioso de sus manos en los bolsillos. Por como apretaba los labios parecía estar conteniéndose para no hacerla saber que no era una de esas tortugas y ya podía dejar de mirarlo de esa manera. Por suerte, la gryffindor tomó su decisión antes de que no lo soportase más y tirase por tierra su plan.

En ese momento, se encontraba en la habitación en que estaba el cuerpo de Potter. Se había quedado parado en la puerta, impresionado al verle tendido en la cama, con esa expresión relajada en el rostro. Siempre le había visto luchando, furioso, triste, riendo, y en ese momento se veía tan indefenso que parecía irreal. Además las luces azuladas de los hechizos que monitoreaban sus signos vitales le daban un aspecto etéreo que no ayudaban mucho a mejorar la visión.

Harry también quedó afectado pese a haber experimentado en tercero como era verse a uno mismo. Odiaba los hospitales, pese a estar acostumbrado a año sí y año también acabar en la enfermería del colegio, siempre intentaba salir de allí lo antes posible. Con sólo pensar que llevaba más de dos meses tendido en esa cama se le revolvía el estómago, o se le revolvería si en ese momento lo tuviese.

–Lleva así desde el día de la Batalla Final. Esa tarde fue a descansar a la Torre Gryffindor y no ha vuelto a despertar. – explicó Hermione.

–¿Sabéis por qué? Es decir, ¿se debe a que matase a ya sabes quién o…? – preguntó Draco todavía sin despegar sus ojos del cuerpo en la cama.

–No, Voldemort no le echó ninguna maldición. – le interrumpió.

Harry pudo sentir el ligero temblor que recorrió el cuerpo de Draco al escuchar el nombre del que había sido su Señor por mucho que parecía querer controlarlo.

–Malfoy, no puedes decírselo a nadie. – continuó diciendo como si nada.

–Mi madre puede ayudarnos a investigar. Puedes confiar en nosotros, no lo contaremos. – dijo Draco y ante la reticencia de Hermione añadió – Te doy mi palabra de mago.

–Bien. – aceptó finalmente. "Lo que sea por traer a Harry de vuelta." pensó.

Hermione tomó una gran bocanada de aire y procedió a contarle lo que Madame Pomfrey les había dicho y más tarde los medimagos de San Mungo habían confirmado.

–Estos meses he estado buscando los casos de los que habían hablado y sólo en uno de esos casos el alma regresó al cuerpo, pero no dice si el alma volvió por sí sola o realizaron algún conjuro.

Draco se quedó un momento en silencio, con el ceño ligeramente fruncido, lo que le indicaba a Harry que estaba reflexionando.

Por su parte, Harry se había venido abajo después de escuchar a Hermione. Ella siempre encontraba la solución a todo. Si decía que no sabía como devolverle a su cuerpo, significaba que estaba acabado. Ya podía olvidarse de tener una vida y vivir la de Draco.

–¿En qué años se dieron esos casos? – preguntó Draco aún pensativo.

–El primer caso fue en 1346, en 1392 el que regresó a su cuerpo un año después, ambos durante la quema de brujas, el tercero en 1612 durante las revueltas de duendes y el último en 1749 cuando los vampiros infringieron el Estatuto Internacional del Secreto, al parecer se encontraba cerca del lugar del suceso. – contestó Hermione con su habitual modo acelerado de recitar datos.

–Siempre se han dado cuando ha habido una gran convulsión en la sociedad. – Draco se acarició un segundo la barbilla antes de continuar. – O quizás haya habido más casos, pero no han sido registrados. Puede que se confundiesen como un caso normal de coma.

–Es posible. – reconoció ella.

–¿Qué hechizos habéis probado para despertarlo?

–Aparte de los tradicionales para una persona inconsciente, intenté hacer un hechizo de invocación hace un mes, pero mi magia afectaba a los hechizos de monitoreo y, aparte de que no parecía surtir efecto, los enfermeros me echaron. – explicó Hermione indignada – Dijeron que si volvía a hacer algún hechizo sobre él me restringirían las visitas. Me parece absurdo. No puede ir a peor, y los hechizos que tienen puestos sobre él son sólo para comprobar sus constantes, no le ayudan a que siga con vida.

Harry podía estar seguro del día exacto en que su amiga había realizado el hechizo. Recordaba que estaban en la biblioteca leyendo como de costumbre, cuando la sensación de que alguien le llamaba y era su deber acudir había alterado la monotonía de esa tarde. Ciertamente había intentado seguir ese impulso, de hecho, pese a saber que le era imposible separarse de su hospedador, no había podido parar hasta que Draco había tomado una nueva dosis de Subigum Morbus. Harry se estremeció internamente ante los malos recuerdos que le traía esa poción. Esa fue la última vez que se esforzó demasiado en hacer algo como para provocarle dolores de cabeza al rubio.

–¿No has pensado en sacarlo de aquí? – preguntó Draco – En dos meses no ha habido ningún cambio, si no pruebas a hacer algo para que vuelva, no lo hará.

–Claro que lo he pensado, el problema es el papeleo y los estúpidos burócratas del Ministerio. – dijo Hermione y Harry supo que si ella hablaba de esa forma del Ministerio era porque debían de estar acabando con su paciencia. – Si tuviese un familiar directo o un tutor, pero no lo tiene. O como si no lo tuviese, porque sus tíos no quieren saber nada, ya intenté convencerlos.

Se mantuvieron unos minutos en silencio hasta que Draco tomó la palabra:

–Si hicieseis presión, tú y tus amigos héroes de guerra podríais acelerar el proceso.

–No sé, no creo que a Harry le gustase que abusásemos de la fama. – respondió sentándose en una silla junto a la cama y tomando la mano de su amigo.

Draco levantó una ceja escéptico. –Mira Granger, si no lo sacas de aquí te aseguro que ni le gustará ni le disgustará, porque se quedará en coma hasta el día en que su cuerpo muera; y entonces te preguntarás cómo fuiste tan imbécil como para no haber intentado traerle de vuelta.

–Puede que haya aceptado tu ayuda, pero no pienso soportar tus insultos. Estoy esforzándome por dejar atrás todos los rencores de Hogwarts a fin de que podamos trabajar juntos para curar a Harry, y tú deberías hacer lo mismo.

–Me he limitado a mostrarte la cruda realidad ya que con tus ridículos sentimientos te niegas a verla manteniéndole en esa cama. Siempre pensé que eras la más práctica de los tres, pero está claro que me equivoqué.

–¡Lárgate de aquí, Malfoy! – dijo ella con rabia en la voz y en los ojos.

–La verdad duele, ¿no? – replicó Draco mientras se dirigía a la puerta, y Harry tuvo que reconocer que había que tener agallas para enfrentarse a Hermione en ese estado de furia, ni él ni Ron se habían atrevido nunca. – Piénsalo y mándame una lechuza cuando cambies de opinión y de actitud.

Acto seguido se dio la vuelta y salió de la habitación no dando tiempo a que la furiosa gryffindor dijese nada más.

Draco llegó a su casa con una sonrisa de triunfo, incluso se sirvió una copa del mejor whisky para celebrarlo. Con ella en la mano fue al jardín donde le esperaba su madre.

–Buenas tardes. Me alegra ver que has decidido tomar un poco el aire, hace un día espléndido. – saludó Draco mientras entornaba los ojos ante el potente sol que le daba en la cara.

–Buenas tardes, Draco. – respondió Narcissa con una sonrisa, conocedora del significado del buen humor de su hijo. – ¿Cómo te ha ido?

Draco dio un sorbo a su bebida, lo paladeó lentamente antes de tragar y procedió a relatar lo ocurrido.

–Fue un poco arriesgado decirle eso. – comentó la aristocrática mujer una vez Draco hubo terminado su relato.

–Aunque me pese decirlo, Granger es inteligente y no es tan orgullosa como para no reconocer una oportunidad cuando se le presenta. Escribirá, no hay de qué preocuparse. – la tranquilizó Draco.

–Si estas seguro de eso, empecemos a investigar. – propuso su madre levantándose de la tumbona en que había estado sentada – No hay tiempo que perder.

"Cuanto antes comience a tener algo en que gastar el tiempo, antes dejará de hacer esas escapadas nocturnas que no le aportan nada bueno." pensó Narcissa.

Pasaron el resto del día en la biblioteca. Eventualmente, Draco miraba a la ventana como si esperara que una lechuza entrase de un momento a otro.

Al cuarto día de búsqueda, todavía no habían encontrado nada. Sin embargo, ocurrió lo que todos esos días Draco había esperado que ocurriese, aunque no del modo que había previsto.

Estaban en la biblioteca después del descanso de la hora del té, cuando la elfina Sadie anunció que Hermione Granger esperaba en el recibidor. Su ama ordenó que la acompañase hasta donde ellos se encontraban.

Harry se alegró de volver a ver a su amiga y de haber podido habría sonreído al ver ese brillo de emoción en sus ojos mientras recorrían las paredes cubiertas de libros.

–Buenas tardes, Granger. – saludó Draco.

–Buenas tardes Malfoy, señora Malfoy. – respondió el saludo saliendo de su ensoñación. Narcissa hizo una inclinación de cabeza.

–¿Qué te trae por aquí? – inquirió Draco.

Hermione odió que el slytherin se hiciese el desentendido. Estaba claro a lo que había ido, pero Draco parecía estar esperando una disculpa que ella se resistía a dar. Recordando su propósito de dejar Hogwarts atrás, tomó una gran bocanada de aire y claudicó.

–He sacado a Harry de San Mungo. Tenías razón. – dijo entre dientes – Allí no iba a mejorar. Me gustaría contar con vuestra ayuda.

Los labios de Draco se estiraron casi imperceptiblemente.

–Por supuesto, Granger. Sabía que acabarías entrando en razón. – dijo Draco recibiendo una mirada asesina – Hemos empezado a buscar, aunque todavía no hemos encontrado nada.

–Bien, pues ¿por dónde empiezo? – preguntó aliviada de que no siguiese metiendo el dedo en la llaga.

–Toda la pared de la izquierda son libros de enfermedades y medimagia. Tras leer un libro le ponemos un hechizo de marcado, Signum Perlego[2]. Coge el que quieras.

–¿Deseas un té? – ofreció Narcissa cuando Hermione ya se dirigía hacia la estantería.

–No, gracias. Ya tomé antes de venir.

Draco se quedó mirando a Hermione, pensando que después de todo sí había resultado ser la más práctica, y Harry aprovechó para observar a su amiga. Su pelo seguía tan enmarañado como siempre, tan largo como la última vez que la vio en la Batalla Final. Se fijó en que también estaba tan delgada como entonces y cuando se giró con un par de libros en la mano, vio que su rostro y ojeras también eran muy similares. En todo ese tiempo debería haberse recuperado y por su culpa no lo había hecho. En ese momento deseó más que nunca regresar a su cuerpo, no quería hacer sufrir a sus amigos, por bastante les había hecho pasar ya.

"Espero que encontréis la forma de sacarme de aquí." pensó.

Pasaron la tarde sin otro sonido que el pasar de las páginas y el movimiento de libros que entraban y salían de la estantería para ser depositados en la mesa.

Draco acompañó a Hermione hasta la salida y antes de dejarla marchar preguntó:

–Entonces, ¿qué has hecho con Potter? – preguntó casi sin escupir el nombre, mejora que alegró mucho a Harry – ¿Tienes un lugar adecuado, con suficiente espacio donde dejarlo?

–Sí. Tenemos espacio de sobra. Le he puesto los hechizos de monitoreo por si acaso. – respondió Hermione.

–Nos vemos mañana, Granger. – dijo Draco con un ligero deje en la voz indetectable para quienes no le conocían que indicaba su molestia. Obviamente había esperado sacar más información. – Puedes venir también por la mañana, si quieres.

–Gracias, Malfoy. Hasta mañana por la mañana. – se despidió Hermione deseando que el día siguiente fuese mejor.

A pesar de la ausencia de resultados se sentía esperanzada. En el rápido vistazo que había echado a los libros que había en la biblioteca, no había visto casi ninguno de los que había consultado en los dos meses anteriores. Los libros que había estado leyendo abarcaban ámbitos que, si bien no eran de Magia Oscura, sí se encontraban en la delgada línea que la separaba de la magia convencional. Y dado el inusual caso de Harry, se inclinaba a pensar que en esa línea había más posibilidades de encontrar alguna solución.

Los días pasaban sin resultados. Mañana y tarde buscaban sin cesar, apenas sin cruzar palabra más que para saludarse y despedirse. Hermione devoraba los libros cada día con más avidez.

Draco en dos ocasiones había pagado su frustración con los muebles de su habitación, apenas una patada o un puñetazo antes de recuperar el temple e irse a dormir. Aunque quizás el término dormir no fuese el correcto, más bien se echaba en la cama. Conforme el día del juicio se acercaba cada vez dormía menos y el tiempo que lo hacía no paraba de dar vueltas en la cama, descargando los nervios que no expresaba despierto. La cuarta y quinta noche había pasado gran parte de ella en la biblioteca. La sexta su madre le descubrió y tras una larga discusión logró que dejara sus escapadas nocturnas.

Narcissa mantenía la compostura pese a que parecía tener el sueño ligero, pues alguna vez tras la discusión había ido hasta la habitación de Draco, cuando éste, en una de sus tantas vueltas, había caído de la cama.

Por su parte, Harry pensaba en la forma de hacer que Draco se diese cuenta que había un alma más en su cuerpo a parte de la propia. Hasta el momento no había averiguado el modo de hacerlo. Intentar mover alguna parte del cuerpo era impensable, si en todo ese tiempo no lo había conseguido dudaba mucho que lo fuese a hacer ahora. La única opción posible era su magia. La verdad es que había una forma muy sencilla. Sólo necesitaba que Draco usase su firma mágica para algún documento oficial. Podía alterar su firma de forma que el resultado fuese una mezcla de ambas magias. Pero Draco no estaba por la labor de dejarse ver en el Mundo Mágico y mucho menos en el Ministerio de Magia, donde con las nuevas medidas de seguridad la entrada requeriría su firma.

Hermione cambió de libro cerrándolo, marcándolo y devolviéndolo a la estantería, y cogiendo el siguiente con la rapidez que sólo se adquiere con la práctica diaria.

Los dos Malfoy continuaba leyendo sin inmutarse. Harry había dejado de leer y se perdía en sus pensamientos mientras se relajaba con el rítmico pasar de las hojas, hasta que pasados unos minutos un fallo en el ritmo le hizo dejar sus reflexiones. Draco seguía leyendo en la misma posición y por el rabillo del ojo podía ver a Narcissa que seguía enfrascada en la lectura con el mismo porte aristocrático de siempre. Sin embargo, Hermione se había detenido en una página y se había pegado tanto al libro que apenas podía ver su pelo. Parecía haber encontrado algo. Draco seguía moviendo sus ojos sobre las líneas, era un poco mareante cuando intentabas fijarte en un punto distinto dentro del campo de visión.

–He encontrado algo. – anunció Hermione.

Harry recibió esas palabras con el doble de ilusión que el resto, porque los ojos de Draco al fin se detuvieron.

–Aquí hablan de la poción Suscitans[3]. – continuó diciendo cuando madre e hijo dejaron su lectura para prestarle atención – Antes de sacarla al mercado la probaron en veinte sujetos que llevaban años en coma irreversible. Funcionó en el noventa por ciento de los casos y en el diez restante los sujetos no sufrieron cambios. La poción fue sacada al mercado sin problemas. Sin embargo, para el profesor Somerhalder supuso un reto. Quería que su poción fuese perfecta. – Hermione pasó sus ojos por las líneas a toda velocidad antes de continuar con su explicación. – Un año después logró que uno de esos pacientes despertara. El hombre decía haber estado en el interior de un árbol del jardín del pocionista. Mucha gente creyó que había creado una poción para revivir a los muertos y le quitaron los fondos para su investigación y su licencia para elaborar pociones. Seis meses más tarde, el otro paciente despertó y dijo haber estado en el cuerpo de un surfista australiano.

–Esas dos personas no estaban en coma. – dijo Draco en tono pensativo.

–No, estaban en la misma situación que Harry. – corroboró Hermione.

–Entonces sólo tenemos que buscar al pocionista y pedirle esa poción. – dijo no pudiendo creer que fuese tan fácil.

–No va a ser tan sencillo. Aquí dice que fue asesinado en octubre de 1986. – contestó Hermione consultando el libro.

–Los Somerhalder son una familia sangre pura originaria de Gales. – dijo Narcissa – Pero ahora viven en Norteamérica. Creo haber oído que se marcharon allí cuando uno de sus hijos se casó con una hija de muggles.

–Deberíamos ponernos en contacto con ellos, quizás guarden los manuscritos del profesor. – propuso Hermione.

–Sí, no sería difícil convencerles de que nos los prestaran. Si la poción funcionase con Potter podrían restituir el buen nombre de su familia. – razonó Draco.

–Las lechuzas tardan tres días en llegar. – dijo Hermione con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado pensativa. Harry podía imaginarse su cerebro como la maquinaria de un reloj en funcionamiento. – Suponiendo que aceptasen nuestra petición, hasta dentro de una semana no podríamos empezar a elaborar la poción. Además nadie nos asegura que funcione con Harry y aunque funcione no sabemos cuánto tiempo tardaría en despertar.

–Sería mejor ir en persona. En dos o tres días lo tendíamos y mientras podemos seguir buscando. – opinó Draco.

–Escribir una carta sería una absoluta pérdida de tiempo. – convino Hermione.

–Nosotros no podemos salir del país.

–Lo sé. Iré yo. Pero no conocemos su dirección.

–Yo puedo averiguarlo, aunque los aurores revisan nuestro correo. – se ofreció Narcissa.

–Podría hablar con los aurores, ya lo hice cuando les envié el mensaje de Harry. – dijo Hermione.

–Debería hacerlo si no quiere que se acabe filtrando información a "El Profeta". – recomendó Narcissa – Y vaya lo antes posible a solicitar un traslador a Massachusetts, estoy segura de que fueron a ese estado. Mañana por la mañana le enviaré la dirección exacta.

–Genial. Gracias señora Malfoy. – agradeció Hermione y a penas se despidió antes de salir de la biblioteca como una exhalación.

Harry no podía creer que estuviese tan cerca de recuperar su cuerpo. Se decía que no debía hacerse demasiadas ilusiones, pero era misión imposible. Después de dos meses encerrado había recuperado la esperanza.

Narcissa fue a la lechucería de la mansión para contactar a unos conocidos que podrían darle la dirección.

Draco relajó su postura en la silla, descansando unos minutos antes de continuar leyendo.

Hermione tardó tres días en regresar, aunque si le preguntaran a los habitantes de la Mansión Malfoy dirían que fue una eternidad.

Harry casi podía asegurar que alguien había hechizado los relojes para que el segundero tardase el doble de tiempo en moverse a lo largo del reloj.

Draco se había convertido en el rey de los suspiros y los gruñidos al no encontrar un plan B en los libros, comía poco y dormía menos, y Narcissa parecía haber desarrollado un tic en el cuello por pasar gran parte del tiempo negando con la cabeza ante las muestras de desesperación de su hijo. Y pese a que era quien mejor mantenía sus nervios bajo control, tampoco dormía demasiado bien por estar pendiente de que Draco no retomase sus escapadas nocturnas a la biblioteca.

En consecuencia, cuando los Malfoy se sentaban a la mesa para desayunar, evitaban mirarse mucho para no ceder a la tentación de comentar las ojeras del otro y recibir una réplica por las propias. Los hechizos y ungüentos ayudaban, pero no hacían milagros, para ocultar aquello necesitarían un hechizo glamour permanente.

Era la noche antes del regreso de Hermione, los nervios eran incontrolables. Draco estaba dando vueltas en la cama. Si esa noche conseguía dormir sería de puro agotamiento. Harry trataba de tranquilizarse a sí mismo, confiaba en su amiga, seguro que traería la solución, e intentaba transmitir esa paz a Draco de algún modo.

Parecía estarlo logrando cuando unos ruidos extraños espabilaron al rubio por completo. Se sentó en la cama, cogió su varita y se quedó quieto en completo silencio. Las protecciones de la casa vibraban advirtiéndole del peligro. "¡Intrusos!" parecían gritar.

Se puso en pie y caminó hasta la puerta cuidando que sus pasos no hiciesen ruido. Abrió la puerta, apenas una rendija por la que poder ver. Un hombre y una mujer avanzaban por el pasillo abriendo una puerta tras otra. Se puso en guardia, y con él su huésped, dispuesto a salirles al paso; no les permitiría llegar a la habitación de su madre.

Salió sorpresivamente lanzando un Locomotor mortis[4] al hombre seguido de un Expelliarmus, antes de que la mujer reaccionase y comenzase a lanzar maldiciones a la vez que gritaba "¡Maldito mortífago, vas a pagar por todo lo que nos has hecho!"

Estaba a punto de vencerla cuando dos hechizos aparecieron de la nada, uno del principio del pasillo y otro por su espalda. Harry, tan concentrado como estaba en su magia y la que le rodeaba pudo sentir como se formaban los hechizos. No había forma de advertir a Draco, sólo pudo pensar lo que diría y haría de poder intervenir "Detrás de ti, Draco. ¡Protego! ¡Protego!" Y para su sorpresa funcionó.

Draco creó un escudo a su espalda y también detuvo los hechizos que venían del frente. Rápidamente, sin pensar, comenzó a lanzar Desmaius con un inusitado poder que los escudos de sus adversarios casi no podían aguantar. Los hechizos de ocultamiento de los dos hombres que habían llegado como refuerzo cayeron. Poco después el escudo de la mujer fue destruido y ésta fue lanzada por los aires hasta caer unos metros atrás inconsciente por el potente hechizo.

Los dos hombres, al verle desplegar tanto poder y notar como se debilitaban sus propios escudos, intentaron huir, pero no lo lograron. Acabaron inconscientes en el suelo como su compañera, uno abatido por Draco y el otro por su madre que les cerró el paso al regresar de la cocina, donde había ido a comer algo al resultarle imposible dormir.

Narcissa fue a avisar a los aurores que supuestamente estaban custodiando la casa. "¡Inútiles! Un trol hubiese hecho mejor trabajo." pensaba caminando hasta la entrada mientras Draco se quedaba custodiándolos.

Los aurores se llevaron a los intrusos y tuvieron que tragar con la sonrisa desdeñosa con que les obsequiaron los Malfoy por su incompetencia.

Tras una breve charla y decidirse a tomar poción para dormir, cada uno se fue a su habitación.

Pese a haber tomado la poción, Draco despertó temprano. Eran las siete de la mañana, había dormido cuatro horas y el Sol empezaba a despuntar por el valle entre las colinas.

En vez de levantarse, sincronizó sus pensamientos con los de Harry, quién había pasado la noche pensando en la lucha que había tenido lugar unas horas antes.

La experiencia era muy confusa para Draco. Él era un mago poderoso, pero podía asegurar que esa noche había luchado con el doble de poder. No sabía como había podido parar ese hechizo que le habían lanzado por la espalada. La velocidad con que había hecho cada hechizo de ataque y de defensa, luchando con los tres a la vez era imposible; al menos para una sola persona. "Una sola persona" esas palabras retumbaron en su cerebro. Se incorporó rápidamente. "¿Y si no era sólo una?" pensó Draco.

Granger le había contado como habían encontrado a Potter a la mañana siguiente a la Batalla Final, con su varita en la mano. Podía ser un poco retorcido, pero ¿y si el alma de Potter se había transferido a su varita y cuando se la habían devuelto había pasado a su cuerpo?

Una parte de él se negaba a creerlo y otra esperaba que fuese así, porque de ese modo, si la poción de Somerhalder funcionaba, Potter regresaría rápidamente a su cuerpo y habría alguna posibilidad de que llegase al juicio.

Draco supuso que su honor Gryffindor le obligaría a ir a la vista y si había estado todo ese tiempo en su cuerpo comprendería la importancia de su testimonio. Como sabría otras muchas cosas… Prefería no pensar en todo lo que podía saber Potter.

Fue al baño. Como cada mañana llenó la tina, se quitó la camisa del pijama y cogió el elástico del pantalón dispuesto a bajárselos, pero se detuvo. "Si Potter está dentro de mí, podrá verlo todo." pensó dudando si ejecutar la siguiente acción. "Por otra parte, después de dos meses es tarde para andarse con remilgos, y si al final no está, habré hecho el estúpido."

Asintió conforme con su decisión y se bajó los pantalones para meterse rápidamente en la tina. Se sumergió por completo en el agua unos segundos y después tomó una abundante cantidad de champú. La repartió por su pelo masajeando lenta y concienzudamente toda su cabeza para aliviar un ligero dolor que esperaba no se convirtiese en uno de esos martirios que le empezaron a dar ¡hace dos meses!

"Como Potter sea el culpable lo mato" aseguró.

Finalizó su baño envolviéndose con prontitud en una toalla, se vistió y bajó a desayunar.

Harry estaba desconcertado por la forma de actuar de Draco esa mañana. Podía entender que hubiese dormido poco, pero había tardado siglos en levantarse y cuando lo había hecho, había sido tan anormalmente rápido. No le extrañaba que le doliese la cabeza. ¿Nadie le había dicho que no es bueno levantarse tan deprisa? Podía haber perdido el equilibrio. Y luego en el baño se había comportado tan pudoroso…

"Habrá quedado afectado por lo de anoche" pensó encogiéndose de hombros mentalmente.

Draco desayunó solo y vagabundeó por la casa buscando a su madre hasta que la encontró examinando su amplio jardín de rosas que competiría en variedad con Regent's Park. Narcissa observaba cada flor con detenimiento asegurándose de que estuviese en perfecto estado. Las que no superaban su examen eran eliminadas.

–Buenos días, Draco. – saludó Narcissa sobresaltando a su hijo, quien se había quedado observándola a unos metros de distancia.

–Buenos días, madre. ¿Pudiste descansar? – preguntó Draco.

–Un poco. La poción para dormir hizo su trabajo. – respondió Narcissa girando la cabeza para mirarle antes de continuar con su tarea.

–Igual que a mí. He despertado al amanecer.

–No sabía de tu remolonería. – dijo Narcissa mirando su reloj que marcaba las diez de la mañana.

–Estuve pensando en el ataque de anoche. – refutó Draco – ¿Cuándo dijo Granger que vendría, al mediodía?

–Sí, eso dijo. – respondió extrañada por el cambio de tema.

Draco permaneció en silencio, pensando en como informar a su madre de sus sospechas. Finalmente decidió ir directamente al punto.

–Creo que el alma de Potter está dentro de mí.

Narcissa detuvo su inspección, se giró lentamente y elevó una ceja exigiendo una explicación.

–Anoche luché con el doble de poder, los hechizos venían a mi mente a mucha más velocidad, incluso paré un hechizo que me lanzaron por la espalda. – explicó Draco – Esa forma de pelear es imposible para una sola persona.

–Pero habrías sentido algo antes. ¿Y tienes alguna teoría de cómo acabó en ti? – inquirió Narcissa.

–Creo que por mi varita. – contestó.

–Es posible. – reconoció Narcissa tras quedar un momento pensativa atando los mismos cabos que su hijo.

–He estado pensando en esos dolores de cabeza tan intensos, empezaron cuando recibí mi varita. – dijo Draco quedando un momento pensativo recordando esos dos meses – Y cuando llegó la carta del juicio… – se interrumpió mirando a su madre un momento. Sabía que no le agradaría saber de sus pérdidas de control. – Esa noche me alteré mucho y rompí los ventanales de mi habitación. Nunca me había pasado. En casos como ese lo máximo que ocurre es que leviten objetos que tenga en el escritorio o las lamparillas.

–Parece un alma bastante pacífica. – dijo Narcissa considerando que no era el momento para recriminar a su hijo por su falta de autocontrol, quizás más tarde. – No es como una posesión. Puede que al no elegir adonde ir no sea tan perjudicial. Entonces sólo hay efectos cuando uno u otro se altera.

–Es bastante probable.

Hicieron un ligero asentimiento idéntico y simultáneo. Y quedaron pensativos un momento antes de continuar teorizando.

Harry esperaba que Draco le preguntara si él estaba ahí para responderle de la única forma que podía: con un dolor de cabeza. Casi podía sentir su magia agrupada esperando para golpear su recipiente en cuanto le hiciese la pregunta. Pero al parecer, Draco no había visto muchas películas de fantasmas. Si le provocaba dolor en ese momento en vez de aclararle las cosas podría confundirle más. Esperaba que Hermione fuese un poco más práctica y no se pasase la tarde especulando sin hacer nada como hicieron los Malfoy con la mañana.

Hermione llegó puntual a las doce del mediodía. Sus ojeras atestiguaban su cansancio por el viaje y por el cambio de horario, y su sonrisa el triunfo.

Fueron a la biblioteca y rápidamente sacó los documentos que había obtenido y dio una copia a cada uno de los presentes antes de comenzar a hablar a gran velocidad. Parecía estar dando una conferencia. La esperanza de poder recuperar a su amigo la llenaba de energía sobreponiéndose al agotamiento.

Los hijos de Somerhalder habían sido muy amables con ella y habían aceptado enseguida su petición. La lógica de Draco había sido infalible; la posibilidad de restituir el honor a su familia y nada menos que curando al Salvador del Mundo Mágico les había convencido.

La poción Suscitans tenía muchos ingredientes no usados frecuentemente y algunos desafiaban las leyes de las pociones al ser antagónicos, lo que conllevaba que la mezcla de uno con otro haría que tu caldero explotase. Pero de algún modo se había conseguido reprimir los efectos.

Se tardaba veinticuatro horas en preparar la cura. El proceso era minucioso y por ello una poción peligrosa, ya que el mínimo fallo podría matar a quien la ingiriera en vez de despertarlo. Además iba ligada a un complejo hechizo que debía recitarse al finalizar su preparación para detener las inestables reacciones y poder ser embotellada, y al ser administrada para volver a activarlas.

Draco revisó su laboratorio de pociones y comprobó que tenía todos los ingredientes menos los dos más importantes: los ojos de thestrals como unión entre el mundo de los vivos y el de los muertos, que los aurores le habían requisado, y la sangre de hipogrifo como representación de lo imposible y la magia más poderosa, el amor.

–El juicio es dentro de tres días. Debemos hacer la poción mañana. – dijo Draco.

–Intentaré por todos los medios conseguir el resto de los ingredientes. – dijo Hermione arrugando la nariz disconforme con lo que tenía que adquirir. – Aun así no sabemos cuánto tardará en despertar. Puede haber ido a cualquier sito.

–En realidad pienso que ha ido a parar bastante cerca. – dijo Draco misterioso.

–¿Adónde? – preguntó ansiosa Hermione.

–A mí.

Hermione le inspeccionó con el ceño fruncido, abrió y cerró la boca sin decir nada, la sorpresa no le permitió más que al tercer intento tartamudear una pregunta:

–¿Cómo…Cómo lo…?

Draco se compadeció de ella, esbozó una sonrisa de superioridad por haber logrado dejar sin palabras a Granger y la interrumpió para contarle lo que había sucedido la noche anterior y su teoría respecto a los dolores de cabeza.

–Estoy de acuerdo contigo. ¿Has hecho algo para comprobarlo? – preguntó Hermione tras el relato.

–No se me ocurre el qué. – respondió Draco.

Hermione se acercó un paso y le miró con un cariño con el que nunca lo había hecho. Draco sintió el impulso de retroceder un paso para recuperar su espacio personal, pero no lo hizo.

–Harry… ¿Estás ahí? – preguntó Hermione con suavidad.

Draco estaba desconcertado por la ternura que la chica parecía estar dirigiendo hacia su persona. Pero pronto salió de ese estado teniendo que llevarse las manos a la cabeza debido a un repentino fuerte dolor que segundos después comenzó a disminuir hasta quedarse en una leve jaqueca.

Hermione sonrió. –Eso parece un sí.

–Preferiría no haberlo comprobado. – protestó Draco masajeando sus sienes.

Harry se sintió orgulloso con el resultado, al fin había podido soltar esa energía acumulada. Estaba contento, se había sentido tan bien que alguien se dirigiese a él. Estaba feliz y excitado por las buenas nuevas. ¡Dentro de dos días regresaría a su cuerpo! Quería dar saltos de alegría, gritar, cantar e incluso bailar.

Se obligó a calmarse cuando Draco pasó de masajear su sien a cerrar los ojos y apretar con dos dedos el puente de su nariz.

–¿Estás bien? – preguntó Hermione.

–Sí, me volvía a doler, pero ya se me ha pasado.

–Estará contento porque hayamos averiguado que está ahí y porque le vamos a sacar. – dijo Hermione emocionada.

–Podría vivir mejor sin esas demostraciones emocionales. – repuso Draco.

Narcissa sonrió condescendiente. –Pronto podrás hacerlo.

–Será mejor que me vaya si queremos tener todos los ingredientes para hacer la poción mañana. – dijo Hermione.

–¿Nos vemos mañana a las ocho y media? – sugirió Draco.

–Sí, cuanto antes empecemos antes terminaremos. – aceptó la chica.

Draco la acompañó hasta la puerta de la mansión y ésta se detuvo al llegar allí mirándole de manera inquisidora.

–Debe de haber algún otro modo de asegurarnos de que es Harry quien está dentro de ti. Lo pensaré. – informó Hermione.

Draco hizo una inclinación de cabeza, deseando que se marchara para poder poner fin a la jaqueca.

Granger caminó rápidamente hasta la verja de la mansión para poder desaparecerse a la vez que Draco llamaba a un elfo para que le trajera una poción y se dirigía al salón donde le esperaba su madre.

Se sentó en el sofá junto a ella y tomó un té junto con la poción que ya estaba servida maldiciendo mentalmente a Potter.

Narcissa le miró durante un minuto como si lo estuviese analizando, pero finalmente volvió a mirar al frente sin decir nada.

Draco suspiró exasperado.

–Madre, lleva dos meses aquí. Es un poco tarde para cuidar nuestros actos y palabras.

–Aun así no veo adecuado continuar exhibiéndome ahora que sé que hay alguien más. – replicó Narcissa.

–Si la poción no funciona seguramente me enviarán a Azkaban, no quiero desperdiciar estos días.

–No creo que te envíen a Azkaban. Si lo hiciesen enviarían a Potter también. – repuso la mujer.

Draco sonrió satisfecho. – Tienes razón. No sé como no se me ha ocurrido. – dijo recostándose contra el respaldo.

"Confiemos en que sea así" pensó Harry. Supuso que su alma sería más fácil de ser absorbida por los dementores.

Tras unos minutos más en silencio, se dieron cuenta de que no habían comido y ordenaron un ligero almuerzo.

Las conversaciones de esa tarde fueron breves y frías. Narcisa se rehusaba a comportarse como si Potter no estuviese allí. Draco no se sentía tan agobiado por la cercanía del juicio, pues mientras tuviese a Potter en su interior tenía asegurada la libertad, aunque eso no hacía desaparecer del todo sus nervios. Y a la vez deseaba librarse de Potter para poder dejar de sentirse observado y arreglar cuentas con él. Durante los dos últimos meses habían pasado muchas cosas y no le hacía gracia que Potter lo fuese contando a sus amigos, las comadrejas y todo mago a quien quisiese decírselo.

Para Harry fue un día peculiar. La engañosa tranquilidad le invitaba a relajarse y perderse en sus pensamientos. Sin embargo, el nerviosismo que se acumulaba en el estómago de Draco llegaba a afectar a su magia, y le impulsaba a caer en su propia impaciencia por regresar a su cuerpo a tiempo para ayudar a los Malfoy en el juicio. Tenía tantas ganas de besar, abrazar y hablar con todo el mundo.

Cuando miraba en retrospectiva, se daba cuenta de la utilidad del hechizo. Esta experiencia le había hecho apartarse de todo. Mirar la situación desde fuera le había hecho valorar más las cosas buenas que habían quedado tras la guerra y dejar esa visión pesimista del mundo que le había llevado a esa situación. Ahora sabía lo importante que era seguir adelante y sobre todo no perder la fe en uno mismo. Y en especial le había ayudado conocer a Draco, una persona que se esforzaba por sobrevivir pese a las adversidades.

Al amanecer todos se levantaron de sus camas. Narcissa lo hizo por sí sola, Draco fue despertado por Sadie ya que la noche anterior había tomado poción para dormir.

El rubio despertó sintiéndose tan descansado como no lo hacía en mucho tiempo. Se lavó y vistió en tiempo record pese a que Hermione no llegaría hasta las ocho y media, y tomó un abundante desayuno aunque los nervios le cerraban el estómago.

Hermione llegó cuando Draco estaba revisando los ingredientes y utensilios necesarios para la poción por séptima vez. No estaba de buen humor, la tarde anterior había tenido que presionar más de lo que ella consideraba moralmente aceptable para conseguir la sangre de hipogrifo y recuperar los ojos de thestral.

Draco había conjurado un reloj que le avisaba de los tiempos, encendido el fuego para que el caldero se calentara y pesado cada ingrediente. Los había colocado en orden y había puesto con cada uno los utensilios que necesitaría para prepararlos; los cortes debían ser frescos.

Pesó los últimos ingredientes y los situó sobre la mesa de trabajo en su posición correspondiente en que los iba a tener que utilizar.

Draco respiró hondo durante un minuto antes de comenzar a preparar la poción.

A la mañana siguiente la poción estaba lista.

Draco había sido todo lo que se requería para hacer la poción con éxito, y Narcissa y Hermione habían estado muy atentas a cada necesidad de éste dándole de comer, de beber y preparando los ingredientes más sencillos que él les confiaba.

El rubio se fue inmediatamente a la cama cayendo rendido.

Mientras tanto, el cuerpo de Harry había sido trasladado a la mansión e instalado en la habitación contigua a la de Draco, a fin de que el alma se transfiriera con más rapidez.

Una vez que la poción hubo reposado y enfriado, Hermione pronunció el hechizo para reactivarla y se la administró a su amigo y tomando su mano se sentó en una butaca junto a la cama a esperar.

Seis horas más tarde, Harry sintió que algo tiraba de él. Era una sensación cálida llena de amor y a la vez aterradora; un lobo con piel de cordero. Aquella cosa pretendía sacarle del cuerpo en que residía, y dolía. Intentó relajarse, sabía que debía hacerlo y dejarse llevar, pero el dolor era tan intenso que la maldición Cruciatus a su lado parecería la Rictusempra. Tiraba tan fuerte que podría haberle desmembrado y la angustia y la desesperación llenaban su alma. Hubiese gritado y llorado de haber podido hacerlo.

Draco despertó de su pesado sueño gimiendo por un dolor punzante entre sus ojos. Era insoportable y sin embargo sólo era un suave eco de lo que sentía el chico en su interior.

La agonía duró horas para Harry, para Draco iba y venía fugazmente sin una pauta aparente.

Eran las tres de la madrugada del día siguiente cuando finalmente todo se oscureció para Harry y su agotada alma se dejó ir.

Draco sintió que todo a su alrededor vibraba y una suave luz blanca casi imperceptible emanó de su cuerpo. La luz se mantuvo durante un par de minutos desvaneciéndose progresivamente hasta desaparecer.

Una sensación de alivio y soledad le embargó y supo que Potter se había marchado al fin. Se sentó en la cama un momento analizando esos sentimientos que le había dejado y no supo decir cuál de los dos era más fuerte.

Intentando no pensar mucho en ello fue a la habitación en que estaba Potter. Encontró a Hermione sentada en la butaca apoyando sus brazos y cabeza sobre la cama, totalmente dormida.

Se acercó lentamente y observó el rostro de Potter y los hechizos que indicaban sus signos vitales. No parecía haber ningún cambio. Ejecutó un hechizo para que se le mostrase un historial de sus constantes, pero tampoco había variaciones.

Suspiró con resignación y volvió a mirarla a la chica. Ella había regresado de Estados Unidos tres días antes. El día siguiente a su llegada había pasado toda la tarde recolectando ingredientes, el siguiente había estado atendiéndole a él y el día anterior velando a su amigo. A saber a qué hora la había vencido el agotamiento.

Diciéndose que el gryffindor le debía de haber infectado de sentimentalismo, convocó una cama, la colocó junto a la que estaba Potter y tumbó sobre ella a la durmiente cubriéndola con las sábanas y permitiendo que su mano se mantuviese en contacto con la de su amigo.

–Más te vale despertar. – dijo al chico en coma. – Ya has llamado bastante la atención, ¿no crees? Hay mucha gente preocupada por ti.

Suspiró de nuevo y salió de la habitación procurando no hacer ruido.

El resto de la noche fue larga. No logró dormirse hasta media hora antes de que le despertaran para ir al juicio.

Nada más levantarse fue a la habitación contigua: sus invitados seguían en la misma posición que los había dejado.

Se aseó, vistió y regresó a la habitación de al lado antes de bajar a desayunar. En esa ocasión encontró a Hermione saliendo del baño recién levantada. Se acercó a la cama y observó que los ojos de Harry se agitaban tras sus párpados y su respiración era arrítmica.

–Lleva así quince minutos. Probé a hacerle un Rennervate, pero no funciona. – informó ella.

Draco suspiró resignado.

–¿Ya estás listo para irte? – preguntó Hermione.

–Tengo que desayunar. – respondió Draco aunque dudaba que fuese capaz de ingerir algo.

–¿Pues a qué esperas? Ve. Yo me quedo vigilándole. – dijo la bruja.

Se la veía bastante animada y esperanzada ante las pequeñas muestras de recuperación de su amigo.

Draco fue hasta la puerta y se detuvo antes de salir.

–¿Quieres que te suban algo de comer? – ofreció.

–Sí, gracias. Un café y unas tostadas sería fantástico. Y también poción reconstituyente. La necesitaré cuando Harry despierte. – pidió Hermione.

El rubio asintió y finalmente se marchó.

Perdió quince minutos en dar vueltas a su café y marear sus cereales sin comer prácticamente nada antes de desistir y regresar con Hermione. Narcissa había terminado antes de desayunar y no estaba para regañarle.

Al entrar en el dormitorio encontró a Hermione enjugando el sudor de la frente de Potter con un paño húmedo. En la mesilla su desayuno había sido consumido por completo.

–Creo que está intentando despertar. – dijo ella al oír la puerta abrirse sin despegar los ojos de su amigo. – Pero no lo consigue.

Draco se acercó a la cama y observó el ceño fruncido de Potter que expresaba su concentración. Miró su reloj: faltaban cinco minutos para que tuviera que marcharse. Metió las manos en los bolsillos reprimiendo el impulso de agitar el débil cuerpo de Potter hasta que éste despertara.

–No hay nada que podamos hacer más que esperar. – dictaminó Hermione.

Él se sentó en la cama sintiéndose impotente hasta que su madre pasó a buscarle para marcharse.

–No pierdas la esperanza Draco. Todavía podemos llegar – le dio ánimos la gryffindor mientras lo cogía en un sorpresivo abrazo.

Se quedó inmóvil, no sabiendo que hacer hasta que la chica le soltó.

–Confiemos en que así sea. – respondió recuperando el temple – Adiós Granger.

Hermione estaba en lo cierto. Harry estaba luchando por despertar. No podía saber el tiempo que había estado en la nada una vez que el agotamiento le hizo perder ante esa fuerza que le sacó de Draco, pero sentía que había pasado mucho tiempo hasta que había sentido que había regresado a su cuerpo.
Inmediatamente había intentado despertar, pero su organismo se negaba a obedecerle. Lo intentó una y otra vez sin lograrlo y cuando escuchó a Draco y Hermione hablar y supo que era ya la mañana del juicio, entró en pánico. La poción había funcionado, debía despertar, no podía permitir que todos los esfuerzos de Hermione y los Malfoy se fuesen por el desagüe.

Cada vez que Hermione le lanzaba un Rennervate él se aferraba al impulso de magia y podía asegurar que con cada intento estaba más cerca de despertar, pero no sabía si lo haría a tiempo.

Hermione gritó un Rennervate más, poniendo toda su fuerza y fe en él, faltaban diez minutos para que el juicio diese comienzo. Y esta vez funcionó.

Harry se incorporó bruscamente tomando una gran bocanada de aire como si se hubiera estado ahogando. No tuvo mucho tiempo más para respirar pues Hermione se lanzó a su cuello envolviéndolo en un estrecho abrazo.

–Harry… Empezaba a pensar que no despertarías. – dijo Hermione con voz entrecortada debido a las lágrimas.

Harry intentó hablar pero no logró emitir ningún sonido. Carraspeó, pero su boca estaba tan seca que de nada sirvió. Mantuvo el abrazo un momento más, acariciando la espalda y cabello de su amiga, consolándola, antes de separarla cuidadosamente. Se alegraba mucho de haber regresado y poder sentir su abrazo, pero había cosas más urgentes.

Tomó el vaso de agua que había estado utilizando la castaña, bebió con avidez y volvió a carraspear.

–Me alegro de verte, bueno, ya sabes con mis ojos. – dijo Harry con voz rasposa mientras retiraba las sábanas que le cubrían.

–Y yo a ti. – respondió Hermione con los ojos llorosos.

Harry esbozó una sonrisa al tiempo que se sentaba con las piernas colgando del lado opuesto de la cama al que estaba Hermione.

–Tenemos que irnos. ¿Qué hora…? ¡Ah! – gritó al caer al suelo cuando intentó ponerse en pie y las piernas le fallaron.

–Harry, has estado tres meses sin moverte, tus piernas están débiles, no puedes levantarte así como así. – le regañó Hermione al tiempo que le ayudaba a volver a la cama – Tendrás que hacer un poco de rehabilitación.

–No tengo tiempo para eso. Tengo que ir a ayudar a Draco. – replicó Harry.

–Lo sé. Tómate esto. – dijo Hermione dándole la poción reconstituyente. – Y ponte esto. Te llevaré.

–Gracias. – dijo Harry con una sonrisa al tiempo que cogía la túnica que había dejado su amiga sobre la cama.

Llegaron al Ministerio de Magia cuando ya habían cerrado las puertas de la sala en que tenía lugar la vista, pero los aurores que guardaban la sala quedaron tan sorprendido al ver a un resucitado Harry Potter que los dejaron entrar, al igual que había hecho el funcionario que comprobaba las varitas en la recepción.

El juicio fue largo y extenuante. El Wizengamot llevaba tres meses haciendo juicios rápidos y tenía establecidas las condenas para cada caso. No se planteaban la posibilidad de exculparles. Tras una hora Harry comprobó la veracidad de las palabras de Hermione: estaba agotado y cuando dos horas después la vista concluyó con su victoria, aunque no plena ya que los Malfoy tuvieron que reducir su fortuna, apenas tuvo fuerzas para sonreír.

Le habría gustado hablar con Draco, pero ya no tenía energía ni para mantener los ojos abiertos por completo, por lo que ayudado por Hermione, Ron y varios pelirrojos más fue a descansar a Grimmauld Place.

N/A: [2] Signum Perlego: significa marca al terminar la lectura.

[3] Suscitans: significa despertar.

[4] Locomotor mortis: Maleficio de piernas unidas que deja a tu oponente imposibilitado para caminar.