Para el Big Bang de Harry Potter 2011.

Beta: Ahngie

Advertencias: EWE, Voyerismo.

Disclaimer: los personajes no son míos pertenecen a JK Rowling y no obtengo ningún beneficio económico con ello.

Capítulo 3

Harry estuvo tres días durmiendo mucho y tomando poción reconstituyente. Se negó a volver al hospital aunque con ello se hubiera recuperado en la mitad de tiempo. San Mungo había mostrado su interés por tratarle e investigar su caso y Harry no pensaba convertirse en su rata de laboratorio.

Tras ese tiempo de recuperación, se citaron con un periodista. A Harry no le hacía mucha gracia, pero debían hacerlo para restituir el buen nombre de Somerhalder como habían prometido.

Draco y Hermione fueron quienes más hablaron. Harry respondió escuetamente a las preguntas que sólo él podía responder y el resto del tiempo se entretuvo mirando a Draco discretamente, o eso pensaba. Se notaba que no había sido el único que había dormido como un bebé esos días. Seguro que él ni siquiera había dado vueltas en la cama. Sonrió ante ese pensamiento y su sonrisa no se apagó hasta que la entrevista llegó a su fin y cada uno se fue por su lado.

Durante la siguiente semana Harry estuvo soñador y suspirante. Parecía estar todo el tiempo en su mundo. Hermione empezó a pensar que la poción podía tener un efecto secundario que dejase a su amigo tonto y de hecho le obligó a hacerse unos análisis.

No fue hasta el final de ésta que Harry se armó de valor para responder con otra cosa que no fuese un "nada" a la constante pregunta de Hermione.

–Harry. – le llamó su amiga, aquella tarde al no obtener respuesta cuando le pidió su opinión para remodelar las habitaciones de la Mansión Black.

–¿Si? – dijo saliendo de su ensoñación.

–¿Estás bien? – preguntó ella como siempre.

–Sí, claro. – respondió Harry en un tono seco como de costumbre.

–Te pasa algo. – afirmó más que preguntó esta vez.

–No…. – Harry interrumpió el inicio de su acostumbrada cantinela.

Miró a Hermione por un largo momento y después suspiró al tiempo que miraba sus rodillas. Hacía tres días que sus suspiros habían empezado a exasperarla y la hacían cuestionarse si no hubiese sido mejor dejarle unos días más en San Mungo cuando le había llevado a hacerse esos análisis.

–Es que… es complicado… – comenzó diciendo Harry no muy convencido de si debía contarle lo que le ocurría.

–Harry, somos amigos. Sea lo que sea intentaré comprenderte y ayudarte si está en mi mano. – dijo Hermione – No puede ser peor que los cosas por las que hemos pasado ya.

Harry dudó de la veracidad de esa oración.

–Es Draco. – dijo tras un extenso silencio.

–¿Qué pasa con él?

–Pues… yo… yo me he… – tartamudeó Harry antes de tomar una gran bocanada de aire y soltarlo sin más. – Me he enamorado de él.

–¿Qué? – logró decir Hermione abriendo los ojos como platos.

Harry se levantó y comenzó a andar de un lado a otro del salón al tiempo que pasaba las manos por su pelo.

–No es como yo pensaba o ha cambiado. – explicó hablando rápido sin detener su paseo – No sé, he estado estos meses con él. He visto como es realmente y no esa fachada que muestra a todo el mundo. Quiero estar con él. Lo echo tanto de menos. – paró un momento para tomar aire y se sentó en el sillón cayendo como un plomo. – Es extraño, pero desde que volví siento que me falta algo. Da igual cuanta gente haya a mi alrededor, sigo sintiéndome solo.

Hermione le miró con ojo crítico. Después de todo si había bastantes efectos secundarios. No dudaba de los sentimientos de su amigo, al menos en un principio. Malfoy había cambiado, con ella se había comportado de un modo diferente. Pero esa soledad de la que había hablado Harry estaba segura que se debía al hecho de haber estado las almas de los dos chicos ligadas a un mismo cuerpo.

Con palabras medidas a fin de no alterarle, le explicó su teoría y él no tardó en replicar:

–¡Sé lo que siento, Hermione! He tenido mucho tiempo para pensarlo. ¿Por qué siempre tienes que buscarle cinco pies al gato?

–Yo sólo te he dicho por qué creo que sientes esa soledad. Nada más. Confío en que lo que sientes por Malfoy es verdadero. – dijo Hermione no cediendo al impulso de responderle en el mismo tono acusador que él había empleado.

–Oh. Lo siento. – se disculpó avergonzado.

Pasaron unos minutos en silencio. Harry con la mirada gacha rascaba una manchita de sus pantalones vaqueros. Hermione lo miraba hasta que se decidió a hablar:

–¿Por qué no vas a hablar con él?

–No creo que le haga mucha ilusión. – dijo Harry – Seguro que preferiría no volver a verme. Debe seguir detestándome como ha hecho siempre.

–Puede que sea así, a no ser que hagas algo para que cambie de opinión. – objetó Hermione.

–Si de primeras no quiere verme, mucho menos va a querer hablar conmigo. – replicó él.

–Si no lo intentas desde luego que no conseguirás nada. – refutó ella. – Además tienes una baza a tu favor.

–¿Cuál?

–Una característica que compartís. – Harry la miró curioso, ella sonrió. – Eso es, la curiosidad.

–No sé a dónde quieres llegar.

–Ves a la Mansión Malfoy y háblale de tu experiencia estando en su cuerpo. Estoy segura que estará deseando saber todo lo que sentías y podías hacer.

Harry enrojeció al pensar en todo lo que había podido sentir.

–No creo que sea muy buena idea. – se opuso volviendo a rascar la manchita de su pantalón que casi había desaparecido.

–¿Por qué no?

–No me siento muy cómodo hablando de eso.

–Él tampoco.

–¿Ves? – dijo en tono triunfante.

–Pero podrá más su curiosidad. Estoy segura. – repuso ella.

–No puedo presentarme en su puerta y decir "Hola Malfoy. Vengo a contarte todo lo que sentí cuando estuve en tu cuerpo".

–No. Pero puedes ir a ver qué tal están y conseguir que te invite a tomar el té. – sugirió ella. – Después de estar casi tres meses con ellos y haberles ayudado en el juicio, interesarte sería una reacción normal.

Harry seguía sin estar muy convencido. Le seguía pareciendo un plan suicida.

–Piénsalo, ¿vale? – dijo Hermione dando un apretón en su rodilla. - ¿Vamos a ver de qué color pintamos las habitaciones? Ron y George llegarán de un momento a otro a echarnos una mano.

Harry asintió y la siguió escaleras arriba.

Tres días más tarde, tras haber estado pensando en todos los posibles finales a su visita a Malfoy, desde los más pesimistas en el día hasta los más optimistas en la noche, decidió aventurarse a ir a Wiltshire y ver qué ocurría.

Se apareció en la verja de la mansión y observó la puerta. No sabía como entrar. Para Draco simplemente se abrían. Debió haber preguntado a Hermione. No encontró nada que pudiera funcionar como intercomunicador o como timbre. Dio un paso al frente casi tocando la verja y sintió magia rodeándole y reconociéndole. Las puertas se abrieron y caminó hasta la siguiente puerta observando los setos, las flores y los pavos reales albinos. Fue a tomar la aldaba para llamar, pero antes de que la tocara, la puerta de madera y hierro forjado se abrió.

Dio un paso al interior pero no vio a nadie. Aquello se le hizo muy extraño. Siempre iba por lo menos un elfo a recibir a las vistas.

–¡¿Hola?¡¿Malfoy? – gritó al tiempo que se adentraba un par de pasos más.

La puerta se cerró repentinamente sobresaltándole y provocando que tras dar un bote en el sitio se girase rápidamente varita en mano. Inspeccionó todo el espacio vacío a su espalda, pero no parecía haber nadie. Se relajó soltando el aire que había contenido al tiempo que volvía a su posición inicial para continuar avanzando hacia el interior de la casa. En ese preciso instante apareció un elfo doméstico frente a él haciendo que botara de nuevo.

–¡Joder! – masculló. ¿Es que querían matarle?

–¡Buenas tardes, señor Potter! – saludó el elfo con voz chillona – Soby se alegra de verle de nuevo. Soby pensaba que el señor Potter no volvería.

–Ni yo. – murmuró antes de formular su pregunta – ¿Está Draco Malfoy en casa?

–Sí, el amo está en la mansión, señor.

–¿Podrías decirle que he venido y me gustaría hablar con él?

–El amo Draco está en el salón. – dijo Soby caminando hacia el interior. Se detuvo tras dar unos pasos. – Puede seguirme, señor Potter.

–Preferiría anunciarme antes. – dijo extrañado por el modo de actuar del elfo.

–La Mansión Malfoy le dio permiso para entrar. Soby sabe que eso significa que no necesita anunciarse, señor. – explicó el elfo – Al señor Potter no le había importado antes entrar sin anunciarse.

Harry lo miró todavía más confuso. La única vez que había estado allí como él mismo había sido cuando los Carroñeros les habían cogido e incluso esa vez, aunque de un modo distinto, había sido anunciado.

–Yo nunca he entrado sin anunciarme. – dijo concentrando en cada palabra lo perdido que se sentía.

–Harry Potter ha venido muchas veces con el amo Draco y se ha quedado a comer y a dormir. – dijo Soby.

Harry pestañeó repetidamente no pudiendo creer lo que estaba escuchando. ¡Por Merlín y todos los magos! Los elfos habían sabido todo el tiempo que él había estado dentro de Draco.

–¿Te… te refieres a cuando estaba dentro de Draco? No venía con este cuerpo. – preguntó Harry queriendo confirmar sus sospechas.

–Soby pensó que el señor Potter había perdido su cuerpo y el amo Draco le dejó un hueco en el suyo hasta que lo encontrara. – respondió.

–Soby, ¿cómo sabías que era yo quien estaba dentro de Draco? – quiso saber Harry.

–Una vez Soby le oyó referirse a sí mismo con ese nombre durante la comida. El señor Potter decía. "Vamos eres Harry Potter, has vencido a Voldemort. Seguro que puedes saborear ese pudding." – explicó Soby.

–¡Joder! Ahora sí que tengo que hablar con Draco. – dijo bastante molesto – Te seguiré.

El elfo le condujo al salón, él iba siete pasos por detrás.

–Harry Potter ha venido a ver al amo Draco. – anunció Soby lleno de felicidad.

Draco le miró extrañado. Había pensado que Potter ya le había visto lo suficiente para toda una vida. Dejó su taza de té medio llena en la mesita y apagó la música que estaba escuchando en el gramófono.

–Hazle pa…

–Buenas tardes, Malfoy. – le interrumpió Harry entrando en la estancia – Tenemos que hablar.

–¿Cómo has entrado sin permiso? – inquirió Draco enfadado levantándose del sofá.

–He estado tanto tiempo viniendo aquí que ya la mansión me reconoce como de la familia. Hasta los elfos me echaban de menos. Después de dos meses y medio aquí fue muy desconsiderado por mi parte marcharme sin despedirme. – respondió alterado y con la voz cargada de ironía.

–¿Qué estupideces estás diciendo, Potter?

–Lo que digo es que hoy me he aparecido en la verja y las puertas se me han ido abriendo sin tocarlas y que tu elfo dice que todo este tiempo pensó que había perdido mi cuerpo y tú, como todo un caballero, – dijo saturando con sarcasmo esas cuatro palabras – me habías dejado un hueco en el tuyo hasta que lo encontrara.

–Estás de broma, ¿no?

–Ojalá. – dijo en un suspiro al tiempo que se sentaba en el otro extremo del tresillo.

–Es imposible que la mansión te deje pasar así como así. – dijo Draco volviendo a sentarse.

–No sé como funcionan las protecciones, yo me limito a exponer los hechos. – repuso Harry – ¿Te das cuenta de que si a los elfos se les hubiera ocurrido decir que yo estaba ahí podría haber estado fuera antes? – dijo señalándole.

–Hummm... – murmuró Draco asintiendo.

Intentaba averiguar como podía ser posible que Potter pudiese entrar y salir como si fuese su casa e ignorar la desconcertante familiaridad con que le hablaba y sobre todo la forma desgarbada en que estaba sentado repanchingado con las piernas separadas.

Harry se dio cuenta de la insistente mirada gris que le recorría y se enderezó con un ligero sonrojo decorando sus mejillas.

Una vez quitada tanta distracción, Draco pudo concentrarse en su primer objetivo y no tardó mucho en recordar la prueba que habían hecho para asegurarse de que era Potter quien estaba dentro suyo.

–Haz tu firma mágica. – ordenó tendiéndole un pergamino que acababa de convocar.

–Malfoy estoy seguro de que aquí – aseguró Harry señalándose – estoy sólo yo.

–Sólo hazlo. – dijo en tono cansino.

–¿Para qué? – preguntó reticente el moreno.

–Hay algo que quiero comprobar. – Harry se cruzó de brazos exigiendo una explicación más precisa. Draco suspiró exasperado. – Quiero ver si hay algo de mí en ti, eso explicaría por qué puedes entrar aquí como si fuese tu casa.

Harry abrió la boca para replicar pero Draco le interrumpió.

–Deja de protestar y hazlo. – le cortó Draco.

El moreno alzó su varita con reticencia y dejó marcada su firma mágica sobre el pergamino con un simple hechizo de impregnación.

Draco lanzó un hechizo que hizo que la firma se extendiera para poder observarla mejor. La combinación de colores y ondulaciones en ella eran tan únicas como una huella dactilar.

Observó la firma con detenimiento. Tras unos minutos invocó otro pergamino y realizó la suya en él. Comparando las dos firmas pudo comprobar que en ambas había ligeras variaciones. Algunas ondulaciones en su firma habían cambiado y se correspondías con las que había en esa posición en la de Potter y viceversa.

Había resuelto el misterio, pero eso no le tranquilizaba. La idea de que Potter pudiera pasearse por la mansión como si fuese su casa continuaba sin hacerle gracia.

Harry se acercó a Draco quedando casi rozándose para observar las firmas. Nunca se había parado a mirar como era su firma, de modo que no podía apreciar si había algún cambio, pero por la cara de molestia que tenía Draco cuando despegó sus ojos del papel intuyó que así era.

–¿Hay algo? – preguntó Harry.

Draco se sobresaltó por la cercanía del otro. Esa pregunta había pasado rozando su oreja.

–Sí, están las dos mezcladas. – respondió pegándose un poco más al reposabrazos consiguiendo ganar dos escasos centímetros de espacio.

–¿Cómo puedes verlo? – inquirió Harry curioso ignorando la incomodidad del rubio.

Draco dudó si de verdad Potter esperaba que se lo explicase. Pasados unos segundos éste levantó la vista de los pergaminos al no recibir respuesta y le miró expectante.

–Recuerdo como era mi firma originalmente. – explicó Draco preguntándose porqué lo estaba haciendo, enseñar al inepto de Potter era trabajo de Granger – Por ejemplo, ¿ves esta curva que es un poco brusca? – dijo señalando un punto en su firma. Harry asintió. – Mira ese mismo punto en tu firma.

–Es igual. – dijo sorprendido.

–No me digas. – se burló Draco apoyándose en el respaldo.

–Gracias. – dijo Harry mirándole sonriendo e ignorando su burla.

Draco desvió la mirada, esos ojos verdes parecían poder ver a través de él. ¿Desde cuándo le incomodaban?

Dejó los pergaminos en la mesita de café y suspiró para inmediatamente torcer el gesto: tenía que quitarse esa mala costumbre que había cogido en esos días de espera como fuera. Miró a Potter y vio que éste le devolvía la mirada sonriendo divertido. Estaba a punto de preguntarle qué era tan graciosos pero Potter se adelantó:

–Se te irá quitando, no te preocupes. – dijo adivinando sus pensamientos – Aunque así es más fácil saber cuándo están resignado y cuándo se está poniendo a prueba tu paciencia.

–¡Qué sabrás tú! – dijo el rubio molesto.

–Después de dos meses y medio contigo creo que bastante. – repuso Harry.

–¿Podías leer mi mente? – inquirió Draco.

–No, pero aprendí a leer tus expresiones. – respondió Harry calmado controlando el impulso de contestarle en un tono tan agresivo como el que utilizaba Draco, si lo hacía le echaría de allí a patadas antes de llegar a tomar el té.

–¿Y qué más crees saber?

–Yo sólo…

–¿A qué has venido? – le interrumpió. Comenzaba a perder la paciencia.

–Quería saber qué tal estabais. – respondió Harry – Después del juicio yo no estaba en condiciones de hacer nada y en la entrevista tampoco tuvimos ocasión de hablar, te fuiste incluso más rápido que el periodista.

–Estamos bien, Potter. Ya tienes lo que querías, puedes marcharte. A no ser, claro, que quieras que te lamamos el culo como los demás.

–¡No hables de lo que no sabes! No me conoces. – dijo Harry levantándose no pudiendo controlar por más tiempo su temperamento – En cambio tú, tanto conociéndote como no, sigues siendo un auténtico imbécil.

Harry se fue a paso ligero pensando que por una vez Hermione se había equivocado: su odio hacia él era más fuerte que su curiosidad.

Pasó dos semanas con un humor de perros hasta que Hermione logró convencerle para que volviera a intentarlo alegando que Malfoy se había comportado de un modo tan agresivo porque se había sentido acorralado al descubrir que él podía entrar y salir de la mansión a placer. Sólo defendía su territorio.

De modo que allí estaba de nuevo en el umbral de la puerta de la Mansión Malfoy. En una mano llevaba los resultados de unos análisis que Hermione le había obligado a hacerse en que se mostraban unas alteraciones en sus niveles de ciertas hormonas. Hermione había pensado que podrían interesarle a Malfoy y había tenido la intención de enviárselos. Harry lo llamaba su coartada. La otra mano la tenía metida en el bolsillo de su túnica de verano agarrando su varita por si Draco disparaba antes de preguntar. La experiencia le decía que era mejor estar preparado.

Soby no tardó en aparecer ante él y tras insistir en que prefería esperar en la puerta logró que fuese a avisar a Draco.

El rubio tardó bastante en llegar. Harry no supo si fue por estar verdaderamente atareado o por el placer de hacerle esperar.

–Potter, seguimos estando bien. Gracias por tu preocupación innecesaria. – dijo Draco con ironía una vez estuvo frente a él al tiempo que cerraba la puerta.

–¡Espera! – dijo Harry deteniendo la acción con la mano que hasta ese momento se había mantenido agarrando su varita. – Tengo algo para ti de parte de Hermione.

Draco abrió la puerta y esperó en silencio con una ceja alzada dándole la oportunidad de explicarse.

–Dijo que podría interesarte. – explicó entregándole el rollo de pergaminos con los resultados de los análisis. – Son unos análisis que me hice unos días después de despertar. Los niveles de las hormonas que te ha señalado son un poco elevados. Me hicieron quedarme dos días en San Mungo hasta que volvieron a su nivel normal. – se detuvo un momento recordando esos horribles momentos antes de continuar con su ensayada explicación. – Ella cree que puede deberse a los inestables ingredientes de la poción y quizás podrías averiguar de cuales se trata. Además me hice otros la semana pasada – dijo mostrando todo su desagrado en esas palabras y diciéndose que de ahora en adelante retomaría su costumbre de dormir con la varita bajo la almohada por si Hermione volvía a intentar sacarle sangre. Había vuelto a pasar un día en observación en el hospital antes de escapar. – y los niveles volvían a ser elevados aunque no tanto como la otra vez.

Draco levantó la vista de los documentos que había estado observando mientras escuchaba y le miró con el ceño fruncido como si estuviera analizándole.

–¿Estás diciendo que después de casi un mes la poción sigue teniendo efectos secundarios? Eso es prácticamente imposible. – dijo Draco incrédulo.

–Es lo que dicen los análisis y no se nos ocurre qué puede causar esas alteraciones si no es la poción. – objetó Harry.

–Con estos cambios… – murmuró quedando pensativo observando los datos – ¿Tú estás bien?

–Sí, estoy bien. Gracias por preocuparte. – respondió Harry con una sonrisa.

Draco resopló y devolvió su mirada a los pergaminos.

–Hace un buen día, hace sol, calor, los pájaros cantan… Y tienes unos jardines muy bonitos con sus setos, sus flores y sus pavos albinos, incluso la piedra de la pared se ve bien… rústica. – dijo Harry interrumpiendo los pensamientos de Draco – ¿Pero no crees que sería mejor seguir hablando dentro, sentados…?

El rubio le miró pestañeando ante su verborrea. Suspiró. Harry sonrió y él se maldijo por su manía recientemente adquirida.

–Está bien, Potter. Pasa. – accedió Draco.

Se sentaron en el salón como la vez anterior. Draco se sentó en un sillón previendo que Potter se sentaría en el sofá aunque él prefería sentarse en el tresillo. Sin mediar palabra continuó mirando los informes.

–¿Comprendes todo? – preguntó Harry pasados unos minutos. – ¿Para qué sirve cada hormona?

–¿Tú sí? – dijo Draco escéptico.

–Sí, Hermione me lo explicó todo antes de venir. Dijo que estarías harto de tanto leer como para enviarte la explicación pudiendo aprendérmela yo y la lechuza que hubiese enviado en mi lugar con todo eso escrito también me lo agradecería. – respondió Harry.

–¿Has pasado de héroe a lechuza? Buen ascenso. – se burló Draco.

–Tampoco es que haya mucha diferencia, tengo que seguir soportándote. – repuso Harry divertido. – Aunque he ganado en nivel de vida.

–Sí, todo ventajas para mí. – dijo sarcásticamente Draco.

Harry dejó escapar una suave risa.

–¿Eso quiere decir que prefieres el "testamento" de Hermione? – preguntó Harry.

–Lo decidiré cuando termines de explicarme todo lo que te contó Granger. Comienza tu examen Potter. – dijo Draco con expresión seria reprimiendo la sonrisa que insistía en dibujarse en sus labios.

–Dispara. – le incitó Harry.

Pasaron un par de horas analizando los resultados y tomando té. Harry sacó un extraordinario en el examen, aunque Draco insistió en que era un raspado supera las expectativas, porque su modo de explicar era demasiada informal e irrespetuoso con su examinador.

Cuando Potter se marchó, Draco se encontró sonriendo ampliamente. Lo había pasado considerablemente bien, había sido todo un reto controlar sus facciones para no acabar riendo. Potter apreciaba su sentido del humor y parecía haber aprendido de su estancia en él, porque cuando se metía con él, éste le respondía con una réplica más ingeniosa de lo que le tenía acostumbrado, aunque eso tampoco era muy difícil. Antes habría respondido con un repetitivo insulto, una amenaza de duelo o se hubiese marchado lanzándole una mirada de odio. Ahora resultaba bastante difícil picarle, aunque no imposible. En un momento de la tarde Potter le había enviado esa conocida mirada de odio y cogido su varita con fuerza en el bolsillo mientras le mandaba callar entre dientes antes de tomar aire para retomar el control y continuar con la explicación. Para él había sido divertido, siempre lo era picar a Potter, y era bueno saber que podía seguir haciéndolo

Además tenía algo nuevo con lo que entretenerse, un nuevo misterio por resolver. Le hubiera gustado ser Inefable si encontrara la manera de compaginar ese trabajo con el de dirigir las empresas de su padre. Por el momento se conformaba con investigar pociones nuevas y resolver los misterios de Potter que nunca parecían terminar.

Se mantuvo un tiempo pensativo hasta que se dio cuenta de que estaba acariciando la mano con la que había estrechado la de Potter cuando se habían despedido. Eso también había sido extraño. Al tocarse había sentido un hormigueo recorriendo su piel junto con una sensación de paz, de estar completo. Por el ligero rubor en el rostro de Potter podía deducir que él también lo había sentido.

Decidió dejar el tema para otro momento y fue a buscar a su madre para cenar.

Dos días más tarde, Harry volvió a aparecerse en la Mansión Malfoy diciendo que venía a ver si seguían bien, preguntar a Draco si había descubierto algo y ofrecerle su ayuda. Draco desestimó su ayuda, no permitiría que Potter pisase su laboratorio ni por encima de su cadáver. Sin embargo, le ofreció un té mientras le contaba sus avances en el modo en que se podía contrarrestar los efectos de la sustancia que alteraba una de las hormonas. Después estuvieron hablando de quidditch y los equipos que estaban arreglando sus campos y preparando los jugadores para la liga que comenzaría dentro de un mes.

Cuando se despidieron, al igual que cuando se saludaron, y estrecharon sus manos sintieron ese hormigueo recorriéndoles, más intenso que la vez anterior, pero ninguno comentó nada.

Las semanas se sucedieron con Harry acudiendo a la mansión cada dos días. Pasaban las tardes tomando el té, comentando los nuevos resultados, hablando de quidditch, hechizos y las clases de Hogwarts pasadas y futuras que comenzarían con dos meses de retraso y a las que ninguno estaba seguro de si iba a asistir.

Después de semana y media con esa dinámica Draco comenzó a sacar pastas y algunos días pastel de chocolate y ese fue su camino a la perdición.

Ver comer chocolate a Potter era todo un espectáculo. Lo tomaba con tal placer que a Draco se le hacía imposible apartar los ojos de esos labios jugosos y no imaginarlos sobre ciertas partes de su anatomía. Se debatía entre darle chocolate cada tarde o no volver a hacerlo. Le encantaba observarle, pero no sabía hasta cuando podría aguantar sin saltarle encima.

Lo cierto era que no sólo los labios de Potter resultaban apetecibles, tras casi tres semanas, había observado que Potter tenía un culo perfecto que se moría por apretar ente sus manos y penetrar con su polla, un cuerpo delgado que día a día iba adquiriendo un poco de musculatura debido a los partidos de quidditch que jugaba con regularidad con los Weasley y las carreras matutinas por el parque que solía darse, según le había contado, y que había podido apreciar gracias a la ropa muggle que había comenzado a vestir en la cuarta visita, y unos brillantes ojos verdes que parecían traspasarle a la vez que se dejaban leer como un libro y que se iluminaban cada vez que sonreía.

Y por si fuera poco, en la última visita había conseguido que Potter le hablara de su experiencia espiritual y éste le había contado lo que le había costado aprender a controlar su magia para usar los sentidos de él. Le había hablado de lo frustrante que había sido comer sin probar bocado y después se había desviado del tema para hablar de comidas. Él se lo había permitido, pero no por ello había dejado pasar el detalle de que había hablado de utilizar todos sus sentidos, no sólo el gusto y el olfato. Pensando en ese detalle toda la inocencia que le había adjudicado a Potter se había desvanecido, porque una cosa era que no tuviese más remedio que observar y otra muy diferente que pudiese elegir cuando tocar. Con ese descubrimiento la distancia entre sus manos y el cuerpo del moreno parecía estrecharse.

De modo que dos días después se encontraba en su habitación tumbado en la cama pensando en lo cerca que estaba. Miró el reloj, faltaban diez minutos para que Potter llegara. Bajó al salón y ordenó té y pastel de chocolate. Se sentó en el sofá, esta vez quería tenerle a mano, y esperó.

Pasaban veinte minutos de la hora acostumbrada. Potter solía llegar puntual o como mucho diez minutos tarde. Pensando en eso recordó que la tarde anterior le había dado los últimos resultados de su investigación de la poción y, por tanto, ya no tendría por qué regresar. Suspiró no por esa mala costumbre que había cogido cuando investigaban como despertar a Potter, ya había logrado deshacerse de ello, sino por la aburrida tarde que se presentaba ante él.

–¿Me echabas de menos? – dijo Harry apoyado en el marco de la puerta del salón.

–¿Cuánto tiempo llevas ahí? – inquirió Draco sobresaltado.

–No mucho. – respondió Harry caminando hasta el sofá y sentándose en el extremo contrario al que estaba el rubio. – Así es que me estabas esperando. No sabía si venir, pero no tenía nada interesante que hacer y me dije que quizás tú tampoco.

–Llegas tarde. – lo reprendió Draco.

–Ya te lo he dicho, me planteé no venir. – repitió Harry.

–Si habías pensado no venir no te importará que coma yo solo el pastel. – le chinchó Draco.

–Pero he venido. – replicó Harry haciendo un mohín.

Draco esbozó una pícara sonrisa. Si Potter supiera cuán lejos estaba de impedirle comer chocolate.

–De modo que venir a verme es lo más interesante en que puedes emplear tu tarde. – dijo partiendo el pastel.

–Hermione no me deja pasarme el día en casa a no ser que sea para ponerme a estudiar como está haciendo ella. George y Ron se están preparando para reabrir Sortilegios Weasley y George piensa que si he llegado vivo hasta aquí sería un buen sujeto en el que probar sus nuevos inventos, así es que ayudarles no es opción. – explicó Harry recordando cuando dos semanas atrás George le había echado un "ángel caído" en la bebida y le habían salido unas dolorosas alas oscuras de la espalda. Había tenido que pasar tres días en casa hasta que desaparecieron por completo. – Y ya terminé de restaurar Grimmauld Place, deberías venir a verla. – ofreció con una sonrisa al tiempo que se llevaba la primera cucharada de pastel a la boca. – Mmm… Está buenísimo. ¿Crees que tus elfos me darían la receta?

–No sé, puede que se sientan ofendidos porque quieras comer la que prepare otro. – respondió Draco ya distraído en observar como la cuchara pasaba entre los labios de Potter para salir poco después casi reluciente y ver esa traviesa lengua lamer los labios dejándolos limpios de chocolate y jugosos.

–Era para hacerla yo. No me fío mucho de Kreacher. – repuso Harry al tiempo que abría los ojos tras tragar una nueva cucharada.

–¿Cocinas?

–Sí, es entretenido. Es como pociones pero sin tanta precisión. – dijo Harry.

–Perfecto para ti. Siempre estás en las nubes.

Harry le lanzó una mirada de odio, pero falló estrepitosamente al sonreír.

–¿Y tú tampoco tenías nada mejor que hacer que esperar que apareciera? – contraatacó Harry.

–Por supuesto que sí, Potter. – mintió Draco – Sólo que a diferencia de ti, yo sí sabía que vendrías. Tu pasatiempo favorito es importunarme.

–Vamos Malfoy, reconoce que te encanta mi compañía. – insistió Harry.

–No te lo creas tanto.

–Incluso me sobornas con chocolate. – dijo llevándose otra cucharada a la boca. - ¿Te creías que no me había dado cuenta de que cada vez sacas con más frecuencia pastel para asegurarte de que venga? Y por eso no quieres darme la receta. Reconócelo.

Draco le observó, intentando decidir si debía dar el siguiente paso. Verle comer una cucharada más no le dejó tomar otra opción más que la de avanzar.

–En parte tienes razón. No quiero que comas chocolate en otro lugar ni ante nadie más.

–Que no pueda comer este pastel, no quiere decir que no coma chocolate, Malfoy. Siento decepcionarte. – dijo Harry burlón.

–¿Comes chocolate delante de todo el mundo? – preguntó entre preocupado e incrédulo.

–Sí… ¿Tú no lo comes si lo hay de postre cuando quedas con tus amigos? – preguntó el moreno desconcertado.

Hermione le había dicho que debería comer chocolate con Draco porque eso haría fluir la magia y como sus magias estaban un poco mezcladas propiciaría la atracción en caso de que la hubiera. Le había asegurado que no era nada artificial como una poción amorosa. Pero por la pregunta de Draco parecía que estaba haciendo algo malo.

–Yo no soy tú. – replicó Draco. - ¿De verdad eres tan inocente? No puedo creer que no seas consciente de lo que haces.

–¿Qué he hecho mal? – inquirió Harry con los ojos llenos de duda y dejando el plato de postre sobre la mesa con un restante trozo de pastel que reclamaba su atención y parecía gritarle que no lo despreciara.

–La manera que tienes de comerlo es obscena. – contestó en un tono sedoso acercándose a su interlocutor, quedando a sólo medio asiento de distancia y pasando uno de sus brazos por el respaldo del sofá.

Harry tragó fuerte. –Yo no hago eso.

–Cada vez que te llevas chocolate a la boca, cierras los ojos y, por tu expresión, cualquiera diría que están a punto de correrte. – dijo en el mismo tono con el que cada palabra acariciaba y excitaba el alma y partes más bajas del moreno.

–Mientes. – se defendió con algo que pretendía ser indignación pero que salió demasiado tembloroso para expresar algo más que su nerviosismo.

–¿Cómo lo sabes? ¿Acaso te has visto?

–No, pero… – su réplica murió en sus labios.

No podía decir que Hermione le había dicho que comiese aquel dulce. Empezó a pensar que quizás ella sabía eso de lo que le estaba acusando Draco.

El rubio le observó detenidamente. Con los hombros caídos, la ausente sonrisa y la mirada verde enfocada en sus rodillas expresaba una gran turbación. Sintió el impulso de tomar su mentón y hacer que le mirara, de decirle que todo estaba bien y besarle. Lo sintió y se dejó llevar por él.

Tomó su barbilla con suavidad y alzó su cabeza, aun así sus ojos se desviaron a un lado evitando los suyos.

–Está bien, Harry. – dijo consiguiendo que le mirar al decir su nombre por primera vez.

Parecía perdido, desilusionado como un niño que descubre que Santa Claus no existe, que sus padres le han estado mintiendo todo ese tiempo.

Acortó la distancia entre ellos. Harry cerró los ojos exhalando suavemente cuando le sintió demasiado cerca. Draco detuvo su avance y observó sus labios rojos como fresas. En sus sueños sabían a chocolate. "Fresas con chocolate" fue su último pensamiento antes de que sus labios entrasen en contacto con los soñados.

El beso comenzó suave, lento, como si estuviese catando un buen vino. Dibujó sus labios con la punta de la lengua y Harry le dio permiso para entrar. Acarició con su lengua la del moreno que, en efecto, sabía a chocolate y esto hizo que el beso se hiciese más apasionando queriendo tomar más de ese sabor. Reconoció cada recoveco de su boca y tomándole de la nuca con una mano y la cadera con la otra le acercó anhelando más. Harry gimió dentro del beso y pasó los brazos por el cuello del rubio enredando una de sus manos en el fino y suave pelo, dejando atrás la timidez de la inexperiencia y atacando con la tenacidad y pasión de un gryffindor la boca del slytherin. Draco quedó agradablemente sorprendido con el cambio.

El beso fue parando gradualmente, ahora que se habían encontrado se resistían a dejar los labios del otro. Se separaron con la respiración agitada, no sin que antes Draco no resistiese la tentación de morder el labio inferior de Harry recibiendo un gemido a cambio y enrojeciéndolo todavía más.

Se miraron a los ojos sin atreverse a decir nada.

Draco le había besado sin estar seguro de que le fuese a corresponder. Se había lanzado como un estúpido gryffindor sin paracaídas, pero había salido bien. "Más que bien" pensó relamiéndose.

Harry no cabía en sí de gozo. Al fin podía decir que conocía el sabor de sus besos y el tacto de su pelo rubio en sus manos. Había pensado en matar a Hermione por hacerle exhibirse de aquella manera, pero después del resultado obtenido, dudaba que ni siquiera tuviese fuerzas para regañarla.

–Ven. – pidió Draco tomando su mano y poniéndose en pie.

El moreno se levantó y le siguió.

Los ojos grises le miraban cargados de deseo. Harry, en un momento de lucidez, se dijo que no quería ser uno más en su lista de polvos de una noche y detuvo sus pasos al pie de la escalera.

–Draco… yo no… – tomó una gran bocanada de aire. El corazón le latía tan fuerte que pensó que el rubio podría escucharlo. – No quiero ser uno más de tus conquistas. Yo… no podría.

Draco parpadeó sorprendido. Estaba pasando muchas cosas por alto. No había considerado que Harry le había visto en sus salidas nocturnas. Pero lo que realmente le sorprendió fue que pensase que podría ser uno más. Era Harry Potter, nunca había sido ni sería uno más en su vida. Además él nunca había invertido tanto tiempo en nadie para un polvo.

Si era sincero consigo mismo, no quería que todo terminase así.

Quería seguir hablando y riendo con él. Quería seguir bromeando y pinchándole hasta conseguir picarle. Quería seguir leyendo sus sentimientos en sus ojos y en sus gestos. Quería seguir descifrando el eterno enigma que había resultado ser, pues nunca estaba totalmente seguro de como iba a reaccionar o en qué nuevo problema se iba a meter. La idea de perder todo eso era impensable.

Deseaba conservarle como el amigo en que se había convertido, pero también anhelaba volver a besar sus labios hasta la extenuación y le quería en su cama. Sabía que había una palabra para lo que sentía, pero en ese momento no quería pensar en ello. Ya habría tiempo. Ahora debía impedir que Harry se marchara.

–No lo eres, Harry. – dijo mirándole a los ojos. Llamarle por su nombre parecía calmarle. – Nunca lo serías, te lo prometo.

Harry suspiró entrecortadamente, sus ojos estaban llenos de tantos sentimientos que se le hacían imposibles de leer.

Dio un paso hacia él y selló su promesa con un delicado y casi casto beso como sabía que en ese momento necesitaba el moreno. Se separó y no tardó en ser asaltado por la boca de la que acababa de separarse cuyo propietario mostraba su aceptación con un beso apasionado.

El rubio subió tres escalones y se detuvo girándose para mirar a Harry.

–¿Vienes? – preguntó.

Harry asintió levemente y le siguió escaleras arriba, esta vez había menos duda en sus ojos.

Y era así porque ahora podía confiar en que Draco sintiese lo mismo que él aunque no lo dijese. La verdad es que si lo hubiese hecho, habría pensado que había echado algo en su té; él no era muy expresivo.

Había tomado una decisión, iba a entregarse a él. Lo deseaba. No iba a cambiar de opinión, no acostumbraba a hacerlo.

La puerta de la habitación se cerró tras ellos, el ruido que produjo se extendió por el espacio como un recordatorio de que no había marcha atrás.

Harry eliminó el espacio que le separaba de Draco quien esperaba a los pies de la cama.

El rubio puso una mano en su nuca y enterró sus dedos en el desordenado cabello negro acariciándole tranquilizadoramente. Le miró a los ojos, gris contra verde, y le besó lento, tan lento que el beso conducía a la desesperación y reducía a Harry a una masa maleable, que le hacía olvidar sus preocupaciones. A partir de ese momento ya no hubo mansión ni señora Malfoy en el jardín de rosas bajo el balcón, no eran un gryffindor y un slytherin, enemigos consolidados. Sólo quedaron dos chicos de dieciocho años entregándose el uno al otro, adorándose con besos y caricias, amándose.

Draco metió su otra mano bajo la camiseta de Harry acariciando su espalda, su abdomen y su pecho hasta que la prenda comenzó a molestarle y se la quitó sacándosela por la cabeza, rompiendo el beso que había adquirido velocidad y comenzando a besar y morder la tierna piel de su cuello.

Harry no se quedaba atrás, una mano había quedado enredada en el fino cabello rubio que en ese momento acariciaba su barbilla y no podía evitar tirar suavemente de él cada vez que recibía un mordisco, a la vez que un gemido salía de su boca. Con la otra mano que había empezado intentando desabrochar la camisa de su compañero, ahora tiraban de ella haciendo saltar los botones hasta que consiguió quitársela y pudo volver a tocar esa pálida piel que tanto había añorado.

El rubio desabrochó los pantalones vaqueros gastados y se giró empujando a su amante sobre la cama. Observó jadeante al chico sobre su lecho. Su pelo era caótico, sus ojos verdes brillantes iban siendo oscurecidos por el deseo progresivamente, sus mejillas arreboladas exaltaban sus pómulos, sus labios rojos entreabiertos dejaban escapar jadeos semejantes a los suyos a la espera de ser besados de nuevo, sus pezones estaban duros invitándole a seguir torturándolos, una fina línea de vello negro descendía por su plano y suavemente definido abdomen desde el ombligo hasta internarse en sus calzoncillos guiándole a la erección apresada en ellos. Tiró de los pantalones enrollados en sus tobillos arrastrando calcetines y zapatillas, y terminó de desnudarse antes de agacharse para tomar de nuevo su boca y empujarle hacia el cabecero de la cama.

Se tumbó sobre él apoyando parte de su peso en su antebrazo izquierdo. Sus erecciones se tocaron y se movió repetidamente haciéndolos gemir dentro del beso.

Se separó de su boca para dejar un camino de besos hasta llegar a uno de sus pezones, el cual lamió y mordisqueó mientras su mano libre eliminaba la última barrera entre sus cuerpos.

Observó la perfecta polla erecta ante él, relamiéndose antes de bajar hasta quedar a su altura y exhalar sobre la punta. Harry jadeó audiblemente. Situó su lengua en la base del miembro y lamió hasta llegar a la punta consiguiendo que el moreno gimiera y se arqueara deliciosamente con sus manos agarrando fuertemente las sábanas. Sonrió arrogantemente y volvió a lamerlo obteniendo un nuevo gemido gutural. Alzó sus ojos y los conectó con los totalmente oscurecidos verdes que le observaban. Se alzó para robarle un apasionado beso y seguidamente regresar a su pene para, esta vez, introducirlo en su boca y comenzar a moverse arriba y abajo a la vez que su mano hacía lo mismo en la base del falo.

Escuchar gemir al chico y verle retorcerse de placer ante sus atenciones era intoxicante hasta el punto de casi hacerle olvidar que esa mamada debía ser el preludio de algo más y no el final.

–¡Draco! – gritó Harry cogiendo con una mano su pelo sintiendo llegar el orgasmo.

Draco apartó su boca de él.

–No, no pares ahora. – dijo suplicante el moreno.

–Shhh… – le silenció al tiempo que su varita volaba hasta su mano. – Te daré algo mejor.

Llevó su varita hasta el ano de Harry y susurró un hechizo de lubricación en su oído haciéndole temblar a la vez que éste sentía la tibia humedad extendiéndose por su recto.

Dejó su varita sobre la mesilla y le besó intentando transmitirle algo de seguridad y tranquilidad.

Harry exhaló entrecortadamente intentando calmarse, pero en cuanto un dedo del rubio se posó en su entrada se tensó.

–Relájate. – susurró Draco acariciando el interior de una de sus piernas separadas entre las que se encontraba – No voy a hacerte daño, te lo prometo.

Su compañero respiró profundamente y él introdujo el primer dedo despacio y se detuvo un segundo dejando que se acostumbrara antes de moverlo en círculos y dentro y fuera. Al mismo tiempo comenzó a acariciar la erección de su amante al ritmo lento con que le penetraba con su dedo. Introdujo un segundo dedo seguido de un tercero sin prisa pero sin pausa, hasta llevar al joven a un estado en que se follaba él mismo contra sus dígitos.

Retiró sus manos y el chico gimió ante la pérdida.

Draco posicionó su dura y goteante polla en la rosada entrada.

–¿Preparado? – le preguntó sobre sus labios.

Harry asintió y fue recompensado con un breve pero intenso beso.

El rubio tomó sus piernas, las colocó sobre sus hombros y se adentró en su interior lentamente hasta que Harry dejó de apretar los dientes gritando que parara. Él obedeció pese a que el canal era tan estrecho que detenerse era casi insoportable. El moreno respiraba entrecortadamente, Draco esperó hasta que volvió a asentir dándole permiso para continuar, esta vez hasta el fondo.

El más joven apretaba las sábanas con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos, sus ojos estaban cerrados y su boca abierta dejaba salir sus jadeos.

Draco le besó y comenzó a bombear su olvidada erección haciendo que el dolor se difuminase con el placer. En consecuencia, Harry movió sus caderas haciendo que se enterrase todavía más en su culo, acción que él había estado esperando. Empezó a moverse con penetraciones lentas y profundas cambiando el ángulo hasta que dio con su próstata haciéndole soltar el más exquisito gemido.

El moreno bajó sus piernas de los pálidos hombros a su cintura y soltó las sábanas para abrazarse a él buscando un mayor contacto con su piel. Su amante aumentó el ritmo y fuerza en sus embestidas enterrándose en lo más profundo de hasta ese momento virginal trasero. Se besaron alimentándose de los gemidos del otro hasta que se corrieron, primero Harry entre ellos y unas estocadas después, Draco en su interior.

El rubio se desplomó sobre él y se mantuvo así unos minutos hasta que reunió las fuerzas necesarias para salir de su interior y tumbarse a su lado. Harry giró el rostro para observarle todavía saboreando el reciente orgasmo con una sonrisa en los labios. Ver al perfecto aristócrata con el pelo desordenado, sudado y jadeante no tenía precio.

Draco le sorprendió mirándole y sonrió de medio lado. Se giró y le besó haciéndole desear un segundo asalto aunque el ardor que sentía en ese momento en su culo le pidiese lo contrario.

Harry se puso de costado y se acercó cuanto pudo al rubio y éste le rodeó con un brazo por la cintura terminando de juntarse. Suspiró contra el pálido pecho cerrando los ojos dispuesto a ceder ante el cansancio.

Draco se permitió oler el pelo negro que rozaba su cuello y acarició su espalda. El hormigueo que durante esas semanas había sentido cuando se estrechaban la mano se había convertido en una sensación de paz, ahora se sentía completo.

Sonrió ante el pensamiento de un futuro juntos lleno de besos, discusiones inevitables y sexo.

–Va a ser un año interesante en Hogwarts. – murmuró para sí mismo pensando que su acompañante ya se habría dormido.

–¿Vas a ir? – preguntó Harry levantando la cabeza para mirarle.

–Contigo. – respondió Draco.

Harry sonrió ampliamente. Llevaba meses pensando si asistir o no a la escuela de magia. En ese castillo había tantos malos recuerdos como buenos, pero los primeros parecían pesar más.

Además estaban las miradas reverenciales que recibía cada vez que iba al callejón Diagon y que no deseaba pasar el año entero viendo.

Si iba, necesitaría un apoyo aparte de Hermione quien le haría estudiar de sol a sol, ya que Ron se quedaría en la tienda con su hermano. Y ahí lo tenía delante de él.

–¿Todavía tienes esa capa de invisibilidad? – preguntó el rubio.

–Sí. – contestó Harry.

–¿Crees que cabremos los dos?

–Es un poco pequeña para dos personas. Hay que juntarse mucho. – explicó el moreno.

–Pensaba estar todo lo pegado a ti que pudiese. – dijo con una sonrisa predadora.

Harry sonrió, conocedor de las intenciones de su amante.

–Sí, va a ser un buen año. – coincidió.

Draco le besó con una sonrisa, después cerró los ojos disponiéndose a dormir y Harry se acurrucó metiendo la cabeza en el hueco de su cuello.

Así dio comienzo a una nueva etapa de su vida en la que no tenía que preocuparse por su destino, pues de ahora en adelante podía construirlo él mismo. Y ese futuro comenzaba dentro de un par de semanas en Hogwarts. Hermione se pondría contenta cuando se enterase de su decisión, pero eso podía esperar.

Se movió pegándose más al cálido cuerpo junto a él y se dejó caer en brazos de Morfeo sin más preocupaciones que el presente y agradeciendo el extraño hechizo que se había obrado y le había llevado a su salvación, a Draco.

FIN

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