La llegada de nuestros invitados.

Harry, Ron y Hermione se encontraban almorzando en el gran comedor, esta noche llegarían a Hogwarts las delegaciones de los colegios que participarían en el famoso y legendario Torneo de los tres Magos. Los chicos intentaban ignorar lo más posible el monologo que había comenzado Hermione por todo el asunto del P.E.D.D.O. Ron había intentado cambiar el tema, ya que en unas horas más llegarían las delegaciones y lo que más los emocionaba era el hecho de que las clases se suspenderían una hora antes. Pero Harry mientras recorría la mesa de Gryffindor se percató de algo que le llamo mucho.

¿Ron?- pregunto Harry interrumpiendo a Hermione- ¿Por qué Fred tiene ese aspecto tan… como decirlo serio? – una de las cosas que Harry nunca había visto era a los gemelos sin el brillo de simpatía en sus ojos y esa enigmática sonrisa que ambos poseían, ahora en cambio Fred estaba muy serio y sus ojos se encontraban envueltos en frialdad y ¿enojo? Mientras que George intentaba consolarlo ya que su mano se encontraba en el hombro de su hermano, mientras hablaba muy rápidamente algo que nadie alcanzaba a oír.

Bueno, supuestamente no debería decir nada, ya que lo escuche por casualidad cuando iba a pedirle unas cosas a su habitación- contesto Ron, y bajando la voz para que solo Harry y Hermione pudieran escuchar continuo- Al parecer mis padres le mandaron una carta informándole que hace unos años lo habían comprometido, no alance a oír con quien, pero la razón que se lo contaran ahora y no en persona, es que la chica, la prometida de Fred estudia en Beauxbatons y está entre las personas que vienen en la delegación, y al parecer ella ya lo sabe.- tanto Harry como Hermione quedaron espantados, ya que nunca se habrían imaginado que los señores Weasley podrían comprometer a uno de sus hijos sin ni siquiera consultarle primero. Harry por su parte entendía muy bien ahora el rostro de Fred, consideraba que debería ser horrible enterarse de algo así.

Pero ¿qué más escuchaste?- pregunto Hermione- recuerda si dijo algo más de la chica.

Bueno solo escuche que también se quejaba de que la chica era menor que él y que no entendía porque venía en la delegación de Beauxbatons ya que ni siquiera tenía 17 años, de hecho creo que debe tener nuestra edad.

Bueno debemos dirigirnos a nuestra clase- dijo Hermione levantándose y levantando sus cosas.

Los chicos caminaron por el gran comedor y al pasar por un lado de los gemelos no pudieron evitar sentir tristeza por él, ya que enterarse de la noche a la mañana que prácticamente habían planeado su futuro no era nada lindo.

Aquel día había en el ambiente una agradable impaciencia. Nadie estuvo muy atento a las clases, porque estaban mucho más interesados en la llegada aquella noche de la gente de Beauxbatons y Durmstrang. Hasta la clase de Pociones fue más llevadera de lo usual, porque duró media hora menos. Cuando, antes de lo acostumbrado, sonó la campana, Harry, Ron y Hermione salieron a toda prisa hacia la torre de Gryffindor, dejaron allí las mochilas y los libros tal como les habían indicado, se pusieron las capas y volvieron al vestíbulo.

Luego de que la profesora McGonagall los "ordenara" bajaron a la entrada del castillo y se alinearon frente de él. Pasaron unos minutos y todo el mundo se preguntaba cómo iban a llegaron los invitados. Cuando el profesor Dumbledore hizo que todos miraran al cielo, en el aparecía algo muy similar a una casa volante como lo llamo Dennis un pequeño niño de primer año.
Cuando el carruaje aterrizo frente a unos muy impresionados alumnos Harry se pudo dar cuenta del escudo que este llevaba marcado a los costados, constaba de dos varitas mágicas doradas cruzadas y tres estrellas que brotaban de ellas.
Un guapo muchacho y una linda joven salieron del carruaje vestidos con un uniforme de color azul pálido, el chico llevaba el pelo muy corto y se veía mucho mayor que la chica, la cual tenía su largo cabello negro azulado sujeto en una trenza de costado y sobre su cabeza llevaba un hermoso sombrero que hacía que su rostro se viera elegante y refinado. Ambos hicieron una reverencia a los alumnos de Hogwarts y el muchacho conjuro una escalinata dorada y ambos ayudaron a bajar a la mujer más grande que Harry y sus compañeros hubieran visto nunca., era casi tan alta como Hagrid y eso ya era decir bastante.

Dumbledore comenzó a aplaudir. Los estudiantes, imitando a su director, aplaudieron también, muchos de ellos de puntillas para ver mejor a la mujer. Sonriendo graciosamente, ella avanzó hacia Dumbledore y extendió una mano reluciente. Aunque Dumbledore era alto, apenas tuvo que inclinarse para besársela.

—Mi querida Madame Maxime —dijo—, bienvenida a Hogwarts.

Dumbledog —repuso Madame Maxime, con una voz profunda—, espego que esté bien.

—En excelente forma, gracias —respondió Dumbledore.

—Mis alumnos —dijo Madame Maxime, señalando tras ella con gesto lánguido.

Harry no se había dado cuenta que ahora además de los dos chicos que habían salido del carruaje primero se encontraban unos veinte alumnos que se encontraban detrás de su profesora. Ahora que los miraba a todos Harry, Ron y Hermione pudieron apreciar que la chica que había salido primero del carruaje era la más joven de la delegación, por lo que no pudieron evitar recordar la conversación que habían tenido en el almuerzo y los tres se preguntaban si estaban en frentes de la prometida de Fred.

Ahora que los tres la miraban con más atención la chica era preciosa, parecía sin duda una pequeña muñeca de porcelana ya que su piel era tersa y pálida, que contrastaba con su oscuro cabello y sus hermosos ojos azules, pero estos tenían una mirada analizadora y fría, ella se encontraba al lado de una chica que tenía puesta la bufanda como chal sobre su cabeza y a pesar que ambas tiritaban se notaba que miraban el castillo con aprensión. A pesar de ser más pequeña la supuesta prometida de Fred mostraba una actitud un poco altanera que la mostraba igual que sus demás compañeros. Harry cada vez que la veía no podía sentir otra cosa que un extraño sentimiento de familiaridad hacia aquella chica.

Luego que el profesor Dumbledore tranquilizara a Madame Maxime, sobre el cuidado de sus caballos toda la delegación de Beauxbatons entro al castillo a abrigarse. Mientras los alumnos de Hogwarts esperaban a la otra delegación que no debería tardarse en aparecer.

Dentro del castillo la delegación de Beauxbatons se dirigía hacia el gran Comedor, ya estando sentados en una de las cuatro mesas comenzaron a hablar.

Este castillo es hogipilante y además muy fio- dijo la chica que tenía la bufanda en la cabeza- y no se dé qué te gies Abbie- le dijo a su compañera que trataba de evitar una carcajada.

Hay Fleur, es que no sabes lo graciosa que te vez con esa cosa en tu cabeza, ¿no crees que estas exagerando? – le pregunto sonriéndole de una manera muy agradable- a mí me parece que aquí dentro está muy cálido además de lo acogedor que se ve el castillo.- Fleur no pudo evitar sonreírle a esta tierna niña.

Me alego tanto de que seas tú a quien escoggieron paga venig con nosotros- dijo abrazando a Abbie.

Obvio que me iban a escoger a mi querida, de todos ustedes soy la que mejor habla el inglés- dijo con aires de suficiencia.

En ese momento entraron al gran comedor todos los alumnos tanto de Hogwarts como de Durmstrang, al parecer el gran jugador de quidditch Viktor Krum se encontraba entre la delegación de este colegio. De pronto Abbie se percató de un hermoso cabello platinado que caminaba cerca de la mesa donde ellas se encontraban, su corazón dio un salto y no pudo evitar gritar.

¡DRACO!- todos los alumnos de Hogwarts se quedaron en silencio y la miraron, ella sin poder contenerse se paró y corrió hacia aquel chico y lo abrazo con fuerza, mientras que este igual sorprendido también la estrecho fuertemente en un abrazo- Te había extrañado tanto primo.

Aquella última palabra hizo que todos los personajes que se encontraban en el gran comedor se sorprendieran, que en la mesa de los leones tres personajes específicos se miraran unos a otros con incredulidad para después mirar con pena a un pelirrojo que maldecía a todo el mundo por su suerte.