Hola :D
Quiero pedirles perdón por la tardanza. Anduve muy atareada estudiando y me perdí la cuenta de los días. Perdón por tardar tanto en publicar, con el proximo capitulo no será así.
Muchas gracias a todos los que han pasado y leyeron esta historia :D Espero que les siga gustando la trama. Os agradezco que dejen reviews, el motivo es muy sencillo xDD es que la historia ya esta toda trazada en mi cabeza, el problema es que me parece demasiado obvio todo lo que va a suceder y me gustaria saber si para vosotros tambien lo es o si solo lo es para mi, ya que conozco toda la historia (: Si les da paja bueno, igual gracias por leer :D
Itzaik: muchas gracias por pasarte :D y me anima que igual que yo te guste el baile 3 Espero que te siga gustando!
Rosalie Lilian Hale: disculpa la tardanza en actualizar... muchas gracias por pasarte y espero que te siga interesando :D
Capitulo 2
"Yo sí, me acuerdo."
Los ojos verdes de Martina brillaban de alegría y entusiasmo. Quería sonreír de satisfacción, pero tenía que disimular toda esa alegría que estaba por hacerla explotar. Más una vez, como empezaba a tornarse un hábito en aquella casa, sus padres habían peleado, pero esa vez había sido por su culpa. Después de que su madrina abandonara la casa junto con Daniel, había estado hablando con su padre quien acepto de buena gana que tomara las clases, a pesar de su mirada lejana y ausente. Cuando su madre lo supo, explotó enojada, diciendo que era una estupidez y que no debería perder tiempo con esas cosas. Después de una fuerte pelea que ni ella ni Jake quisieron escuchar, Ginny terminó por ceder y se encerró en su habitación enojada y sin decir una palabra.
Él coche paró delante de un edificio de ladrillo, antiguo. Tenía como tres pisos, ventanas de madera y el tejado rojo. A los ojos de la más pequeña, era el edificio más hermoso de Londres.
- ¿Es aquí? – preguntó Harry mirando él edificio
- Si, es aquí – contestó Hermione saliendo del coche negro y colocando sus gafas de sol en la cabeza – Sigue igual que antes. Parece que el tiempo no pasó por aquí.
Martina se colocó a su lado y la tomó del brazo. Casi no había dormido y ahora empezaba a sentir su cuerpo tembloroso por los nervios. Solo tenía dos cosas en su mente: bailar mejor que Eleanor Jackson y el joven Scorpius Malfoy. Ella no quiso siquiera imaginar qué haría si en la escuela le decían que mejor hiciera otra clase de actividad que no fuera bailar.
- Sabes Martina, antes que entres allí te enseñaré dos lecciones. Nunca las olvides ¿está bien? – dijo Hermione al darse cuenta de los nervios de la chica. No pudo dejar de mirar a Harry quien estaba del otro lado del coche observándolas, esperando que fuera hora de entrar.
- Está bien…
- La primera es que mientras estés bailando no pienses en nada, nada más que no sea bailar- empezó la castaña – Todos los pensamientos que tengas, los dejas para antes o después del baile. Eso es lo que lo hace tan especial. Tu mente y tu corazón están apartados del mundo y de la realidad. Cuando lo haces estás en tu mundo y nadie más puede entrar en él. Nadie.
– Cierto. ¿Y cual es la segunda lección? – preguntó la chica con curiosidad
Hermione sonrío. – Que estar nerviosa solo empeora las cosas. Pero esto es para cualquier situación.
- Calma…esa frase tiene segundas intenciones. ¿Qué significa eso? – preguntó Harry frunciendo el ceño, percatándose del súbito cambio en la mirada de su ojimiel amiga.
- ¡Charla de mujeres, no te metas! – respondió Hermione guiñando un ojo a Martina y pasando su brazo sobre sus hombros. Parece que por lo menos la tensión había diminuido un poco. Después de haber estado casi media hora en silencio en aquél coche, unas cuantas palabras se sentían muy bien.
Harry se limitó a rodar la mirada y a seguirlas en dirección al edificio. Al entrar, se percató de que era completamente distinto del exterior. Tenía una decoración bastante moderna, utilizando apenas los colores negro y blanco. Unas mesitas cuadradas negras cada una con dos sillas blancas, varios pufs también de esos colores largados por él suelo y una mesa muy larga, blanca que hacía de recepción. Martina no cabía en sí de la alegría que aquél hogar le proporcionaba. Era todo mucho más bonito que lo que alguna vez había imaginado. Era un ambiente que desconocía completamente y se estaba dejando embriagar por él, mientras una suave melodía de piano resonaba en todo el edificio y se escuchaba una voz dando órdenes en francés.
Hermione se acercó a la pelirroja que se encontraba en la recepción, seguida de Harry, mientras la más joven seguía mirando el espacio, observando maravillada cada detalle. Se paró delante de una de las paredes observando uno de los varios cuadros ahí parados. Se notaba que era una pintura muggle en tono gris, negro y blanco, de una fotografía de una bailarina. Conocía aquél rostro joven.
- Martina, vamos. Iremos a hablar con la profesora. – dijo Hermione sacando la ojiverde de sus pensamientos.
- Esa chica… - empezó Harry decir cuando miró por primera vez la enorme fotografía en la pared.
La bailarina hacía una espargata, con uno de sus brazos erguidos con mucha graciosidad y el otro delante de su cuerpo ligeramente curvado. Su pelo esta cogido en dos colas, pero estas apenas dejaban sueltos algunos rizos. En su rostro estaba gravada una sonrisa hermosa, dibujada por los labios que parecían grises pero sabía que eran bastante rojizos y los ojos brillaban de alegría y encanto. La maia de la chica le asentaba perfectamente, haciendo denotar las curvas de la bailarina, mientras sus piernas estaban cubiertas por unas collants blancas. Sus pies en posición de puntas, como es típico en él Ballet, tenían calzadas unas zapatillas con unas cintas largas enroladas en sus tobillos.
Solo él sabía la confusión de sentimientos que lo invadían. Desde la nostalgia hasta una alegría inmensa por poder volver a ver la hermosa figura de su amiga vestida como una verdadera bailarina. Sintió su corazón palpitar con fuerza mientras los recuerdos y las memorias volvían a invadirlo. Miró a su amiga por el rabillo del ojo y pudo ver cómo sus mejillas se teñían de un rojo vivo, percatándose de que ella no sabía que aquella foto se encontraba allí. Tuvo ganas de tomarla en sus brazos, solo en un intento de descubrir si la magia de aquellos viejos tiempos se mantenía viva.
- ¿Cuántos años tenías, madrina? – preguntó Martina rompiendo la magia del momento. Por segundos él moreno se sobresaltó. Se había olvidado por completo de la presencia de su hija y deseó en su interior que ella no se hubiese dado cuenta de la incomodidad generada por aquella pintura.
- Tenía unos dieciséis. Estaba por cumplir los diecisiete. – contestó la castaña sin que el rubor de sus mejillas se disimulara.
- Eras hermosa. – empezó por decir la pequeña ojiverde – Es decir, aun lo eres, pero saliste muy hermosa en la fotografía.
- Gracias, mi niña.
- ¡Vamos! Pero quiero saber más cosas, ¿si? – preguntó Martina haciendo ojitos.
Esa niña era realmente irresistible. Siempre mostraba esa carita tierna y esos ojos verdes que para la castaña eran verdaderos mares de perdición. No podría negarle nada, así como tampoco podía hacerlo con Harry.
- Claro que sí. Sabrás muchas cosas más.
Martina asintió con la cabeza y se dispuso a caminar detrás de Hermione. Subieron unas escaleras y atravesaron un pasillo con varias puertas negras que hacían contraste con las blancas paredes del edificio. La niña no sabía que pensar o que decir. Los nervios la estaban consumiendo y su mente volaba por innumerables lugares sin siquiera fijarse en una sola cosa. ¿Y si no le caía bien a la profesora? ¿Y si definitivamente el Ballet no era para ella?
- No estés tan nerviosa, sólo hablarás con ella, no audicionarás – dijo Harry, percatándose de los nervios de su hija.
- Tengo miedo. ¿Y si no le gusto? – preguntó la niña parándose de repente, casi provocando que su padre chocara contra ella.
- ¿Y si no entras? ¿Quieres martirizarte por ni siquiera intentarlo? – preguntó esta vez Harry buscando la mirada de Hermione, pidiendo alguna ayuda.
- Martina aun no comenzaste y ya fallas la segunda lección. Nervios fuera, mirada levantada y seguir adelante. – dijo la castaña respondiendo a la mirada de Harry.
La chica asintió con la cabeza. ¿Por qué se sentía de esa forma? Una de las cosas que la caracterizaba esa su valentía y persistencia, algo que heredó de su padre. Además, por algún motivo, los colores que tenía en su tunica de Hogwarts eran el rojo y dorado, y el símbolo que la representaba: el león. Siempre había atravesado todas las barreras, siempre, sin miedo alguno, ¿Por qué ahora se sentía así? ¿Por qué ponerse tan nerviosa ante el miedo de fallar? Quizás porque si fallaba perdería algo que comenzaba a volverse realmente importante en su vida.
"Madame Rose, Directora".
La castaña tocó la puerta y desde adentro se escuchó un suave "Adelante". Los tres entraron, deparándose con un amplio espacio de trabajo, con una secretaria en el medio y unas cuantas estanterías llenas de libros y dossier llenos de papeles.
- No puedo creerlo – dijo la mujer sentada en la secretaria mientras se levantaba y sacaba sus gafas negras - ¿Hermione?
La castaña se sonrojo, cosa que tanto Harry como Martina pudieron percatarse al instante. La mujer se levantó completamente y salió detrás de su secretaria. Debía tener ya unos 50 años, era bastante alta, de tez blanca con unas cuentas pecas sobre la nariz, pelo negro, largo, todo él con hermosos rizos bien cuidados y unos ojos castaños oscuros, casi negros.
- Hola Rose…
La mujer no esperó más tiempo y se acercó a la castaña abrazándola con fuerza, mientras ésta se intentaba recuperar del pequeño shock del abrazo repentino.
- Dios mío, no puedo creerlo. Hermione estas… ¡hermosa, crecida! – dijo la mujer después de soltar la castaña y mirarla bien. – No lo puedo creer, después de tanto tiempo has vuelto aquí.
- Si bueno…algún día tenía que volver…
- ¡Qué hermosa estás! Hacen casi quince años sin verte. – dijo de nuevo la mujer sonriendo abiertamente.
- Gracias Rose. Tú sigues igual.
- ¿No me digas? ¿Ya tenía tantas arrugas cuando era más joven?
- ¡No, Rose!
La mujer empezó a reír de buena gana. Si hubiese algún momento que haya ansiado tanto en esos últimos años, era volver a ver sus antiguos alumnos. Tenía la idea de que ya estarían casados y con hijos, pero se había aferrado demasiado a ellos cuando eran pequeños. Después de tantos años con ellos, Rose se vio de repente sola y vulnerable cuando se fueron uno por uno. Fue ahí cuando comprendió que los había perdido, pero seguía sin saber las razones para ese distanciamiento. Pero ahora podía mirar de nuevo los ojos color miel de su antigua alumna, una niña que conoció con tan solo siete años y que llevaba consigo una enorme sonrisa todos los días pero que, desafortunadamente, diez años más tarde había visto alejarse de aquél lugar con la mayor mueca de dolor en su rostro. Le había dolido demasiado verla alejarse y ver cómo todos los demás niños se alejaban con ella. Siguió su carrera de profesora siempre con la esperanza de que algún día alguno de esos niños volvería a entrar en aquél gabinete.
- Bueno, cuéntame, ¿Qué haces aquí? ¿Volverás a bailar? – preguntó la morena tomando a la castaña de las manos - Qué mal educada soy. Lo siento, fue la emoción. Soy Rose, directora de Dance Art y profesora de ballet. – dijo de nuevo la mujer dirigiéndose a Harry.
- Rose, ellos son Harry y Martina, un amigo y su hija, mi ahijada. – dijo Hermione intentando ocultar el repentino cambio en su voz – A Martina le gustaría aprender el Ballet.
- ¡Me alegro mucho! ¿Qué edad tienes? – preguntó la mujer soltando Hermione por completo y acercándose a la pequeña ojiverde
- Tengo catorce.
- ¿Ya? Bueno, nunca es tarde para empezar algo nuevo. – dijo la mujer acercándose de nuevo a su secretaria - ¿Te gustaría mirar unas fotos de tu madrina? Aún las tengo por aquí…
En la boca de la niña nació una sonrisa que se alargó por casi todo su rostro, mientras Hermione soltaba un suspiro apenas audible para el ojiverde, quien se percató de la incomodidad del momento para ella. Nunca, en ningún momento, había sacado a la luz su pasado como bailarina, mucho menos mencionado las veces en que se ocultaba en la sala los Menesteres y cuando él se acercaba a ella no solo para verla bailar.
Rose sacó de de una de las gavetas un albun de fotografías y se lo tendió a Martina. La primera foto era la misma que se encontraba en el cuadro de la planta de arriba. El ojiverde no podía creer en lo que estaba sucediendo ese momento. Todo el pasado que había sido enterrado bien profundo bajo la tierra estaba ahora saliendo a la superficie, como náufrago desesperado por ser rescatado.
Flash Back ~ ~
Ese chico rebelde de pelo azabache y ojos color esmeralda, caminaba apresurado por los pasillos del colegio de magia y hechicería. Lo que menos quería era que alguien lo pillase de nuevo con aquél libro del "Príncipe Mestizo" en sus manos. Las escaleras lo llevaron hasta el séptimo piso y se dirigió a la enorme pared que ocultaba la sala de los menesteres. Se sentía frustrado y enojado consigo mismo. Tantas veces Hermione le había advertido que dejara ese libro en paz, que no tomara en cuenta lo que ahí se encontraba escrito pero nunca le hacía caso. Sabía que ella solo quería su bien, que se preocupaba por él, sin embargo en muchas ocasiones creía que ella exageraba. Le dolía cuando se enojaba con ella y paleaban casi hasta que la castaña quedase al borde de las lágrimas.
"Por favor, algún lugar donde pueda ocultar el libro", pensó mientras imaginaba el rostro de reproche de su amiga si descubriera lo que sucedía. No aguantaba estar tanto tiempo enojado con ella, pero el orgullo de ambos era demasiado fuerte como para ser dejado de lado así como así. Ahora se sentía peor. Siempre que la veía pasar sentía las mariposas en su estomago, su corazón latir con desenfreno, sus rodillas siempre temblaban cuando ella sonría y su piel quemaba de una forma terrible cada vez que tocaba su rostro o simplemente sus manos. Apenas con un día sin hablarse ya se sentía una basura. Le dolía su ausencia.
De pronto, una puerta de madera apareció en la pared y él chico la abrió mientras miraba a su alrededor, asegurándose de que nadie lo espiaba en aquél momento. Soltó un fuerte suspiro al cerrar la puerta detrás de si y se dispuso a buscar algún rincón donde ocultar el libro. Se sorprendió al percatarse que no encontró la cantidad de estanterías y cajas de las veces anteriores. Tenía una cortina roja delante de si y escuchaba una música lenta como ruido de fondo, interpretada por un piano.
Se atrevió a mirar detrás de aquella cortina y quedó sorprendido con lo que sus ojos estaban contemplando. Unas velas estaban colocadas en círculo, iluminando débilmente el suelo de madera y el enorme espejo que ahí se encontraba. Pero eso no fue nada comparado a la impresión que sintió al mirar un hermoso ángel bailar al ritmo lento de aquella música, estirando sus brazos mientras contorcía su espalda con delicadeza y dejaba que todo su cuerpo se liberara de tensiones y de las propias leyes de la física. El pelo ondulado de la chica caía sobre sus hombros, dándole graciosidad a sus movimientos bien controlados y realmente difíciles. Su corazón brincó al percatarse de la ligereza de la cintura de esa muchacha y la curva de sus pechos cuando ella se colocó de lado. Fue bajando despacio, estirando sus piernas a cada lado de su cuerpo con la mayor facilidad y arqueando su espalda mientras sus brazos descendían por su cuerpo. Se dejó caer en esa posición y mientras la canción dejaba de escucharse, se fue curvando hasta encerrar sus propios brazos junto a su pecho y tocar con su vientre en el suelo. Y así termino la canción, con esa hermosa chica enroscada en si misma y las piernas extendidas por completo.
La chica se irguió despacio, pareciendo que el mismo aire la hacía levitar de forma suave y delicada. De súbito su mirada se fijó en aquél rostro de hermosos trazos y sus ojos verde esmeralda chocaron con los castaños de ella.
- ¿Hermione? – dijo en un susurro mientras reconocía aquél color miel.
La castaña se asustó al escuchar la voz de su moreno amigo y se volteó de repente, olvidándose por completo de la delicadeza y suavidad con que se erguía.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó ella alejándose del chico, mientras tomaba su varita y hacía aparecer una ventana que iluminó todo el lugar.
- Lo… lo siento … yo …
No fue capaz de terminar la frase. Estaba demasiado impresionado con aquella escena a que acababa de presenciar. Su corazón latía con más locura que nunca y no era capaz de despegar su vista del hermoso cuerpo de su amiga, cuyas curvas eran bastante visibles debido a su ajustada ropa de ballet.
- ¿Qué es eso que traes en mano? – pregunto la castaña de nuevo intentando desviar las atenciones fijadas en ella. Seguía enojada, algo que no escapó al ojiverde debido al tono de voz que empleó. Se sentía inhibida y avergonzada delante de aquél chico al que llamaba mejor amigo y que en ese momento la hacia rabiar.
- Hermione yo…no sabía que estabas aquí y … ¿Por qué nunca lo dijiste? – preguntó Harry intentando acercarse a la castaña y percatándose del rubor en sus mejillas.
- Yo…nadie tenía por qué saberlo. – respondió ella.
- ¿Por qué? Bailas lindo, tú … tú eres linda.
Escuchar esas palabras de la boca del moreno la dejó de pelos en punta y más nerviosa de lo que ya se encontraba. Esperaba escuchar risas y burlas a su respecto, diciendo que una chica tan estudiosa, una come libros no puede tener tiempo para realizar aquella hermosa arte clásica. Nunca, pero nunca imaginó aquella frase, ni en sus más locos sueños.
- ¡Harry despierta! ¿Quién me creería? ¡Nadie! – respondió la ojimiel al borde de las lagrimas – Era y es un secreto que no quiero que nadie sepa. Es algo que guardo para mí desde pequeña y que no pienso compartir con nadie más.
- ¿Por qué? ¿Acaso no soy tu amigo?
- Eres mi amigo, pero no espero que entiendas. – respondió Hermione de nuevo soltando una lagrima. Se volteó de espaldas para el chico, sabiendo que él no entendería y se alejaría de ella – Infelizmente las personas tienen la tendencia de juzgar por las apariencias. Y cuando uno define lo que aparenta ser no puede dejar de serlo o será juzgado. En Hogwarts soy una estudiante aplicada, no puedo darme al lujo que intentar cambiarlo.
Harry se acercó a ella, rompiendo la corta distancia que les quedaba. Se percato que lloraba y la tomó de la muñeca, haciéndola voltearse de nuevo hacia él. Le besó el rostro justo donde las traviesas lagrimas pasaban, sintiendo un leve sabor a sal en su boca. No quería que llorase, mucho menos por algo como aquello. Encerró la chica en sus brazos y tocó la comisura de sus labios con los suyos, hasta que finalmente los posó en los labios de ella. La castaña cerró sus ojos abrazando el ojiverde por la cintura. Todo su interior se removió al sentirlo besar sus labios y sin que fuera su intención correspondió al beso de forma dulce y suave, casi por inercia. Mejor se sintió cuando le dio acceso a la lengua del chico, percibiendo la embriagante sensación de un "beso en serio", dejó que su propia lengua rozara la de él, descubriendo su boca y su sabor único. Era un momento inolvidable…su primer "beso de verdad".
Se separaron despacio, aguantando sus pulmones lo máximo tiempo que podían. Se sintieron demasiado bien con aquella nueva experiencia como para dejarse escapar tan fácilmente. Los dos tenían los labios hinchados y una mezcla de confusión en sus mentes. No entendían que había pasado y apenas sabían que sentían uno por el otro.
- Vete – dijo Hermione aún sin soltar al ojiverde.
Seguía dolida y él lo sabía.
- No. Yo te quiero y nunca me burlaría de ti. Nunca sería capaz de decirte que pararas sabiendo que amas lo que haces. – respondió Harry mientras le acariciaba la mejilla. –Me parece una tontería que ocultes algo así a la gente.
Hermione sonrió y se reconfortó con aquellas palabras. El miedo había quedado fuera de aquella habitación y algo nuevo nació en ese momento. Posó su cabeza en el pecho del moreno mientras se abrazaban. No necesitaban palabras para transmitir apoyo, confianza y amor.
- Te quiero y quiero estar contigo – dijo Harry mirándola a los ojos.
- ¿Cómo? ¿Y Ginny? ¿Y Ron?
- Podemos encontrarnos aquí siempre – respondió pronto el moreno – afuera somos amigos, aquí…bueno somos…
¿Qué eran ellos? No había ninguna palabra que definiera dos idiotas que se aman pero por cobardes no dejan que el mundo lo sepa.
- Amantes me parece una bella palabra – dijo Hermione terminando la frase del chico para luego sellar aquella promesa con un beso.
Fin de Flash Back ~ ~
¿Amantes? ¿Por qué amantes? ¿Por qué no decidieron de una buena vez tornar esa relación oficial a los ojos de todos? La disculpa de no querer dañar a los pelirrojos no pasó nada más de eso. Una disculpa. No fue capaz de admitirle a su amiga que no quería exponerla por culpa de los Mortifagos, que no quería que la atrapasen y la matasen por venganza. Y en su interior, sabía que Hermione nunca aceptaría esa excusa.
Mientras tanto Hermione parecía recordarse de las mismas cosas que su ojiverde amigo, cambiando un poco la forma de ver el momento. Aún no sabía contestar a preguntas como: ¿Cómo fue posible dejar toda aquella alegría escapar? ¿Cómo pudo siquiera olvidarse de aquél maravilloso mundo en que vivió cuando era una niña y luego una adolescente? Le dolía mirar esas fotos, y cuanto mas grande se veía, más se resentía. Se sentía una idiota, una autentica Magdalena arrepentida, y las ganas de echarse a llorar la invadieron en ese momento. Y se sentía impotente, más aún por saber que ya había perdido su oportunidad de ser feliz.
Y como si la situación no pudiera empeorar, se percató que Harry había notado su tristeza.
No pasó mucho tiempo, cuando Madame Rose se disculpó con ellos, anunciando que tenía una clase que dar a las niñas más pequeñas. Mismo en pleno Agosto la escuela seguía funcionando y ella seguía leccionando el ballet que tanto amaba. En el coche, Martina no podía callarse, mucho menos ocultar su felicidad y su sorpresa por mirar aquellas antigas fotos. Durante todo el trayecto hasta su casa no pudo dejar de hacer preguntas a Hermione, sin darse cuenta de la voz entrecortada que la castaña intentaba disimular.
¿Dónde tenía la cabeza cuando decidió ir de nuevo a ese lugar? Por suerte no habían pasado por los estudios, no soportaría tener que mirar aquél estudio de nuevo, ya le había bastado con las fotografías. Sabía que su silencio la denunciaba con Harry, pero no le importó, solo esperaba que el moreno no le hiciera muchas preguntas, porque en ese momento no tenía idea de cómo esquivarlas. El coche paró delante de la casa de los Potter y Martina salió corriendo en dirección a la casa vecina, luego de haber pedido permiso a su padre para ir a visitar su amiga de la escuela.
Harry entró en la casa y llamó por su mujer, percatándose que solo había un billete en la entrada. "Estoy con Jake y Daniel en La Madriguera. Volveremos por la tarde. Te amo."
Sonrió satisfecho. La verdad es que no quería encontrarla después de la discusión que tuvieron. Prefería esperar un rato, ordenar las ideas y poder pensar con claridad, antes de decir algo que más tarde pudiera arrepentirse. Pero rápidamente sus intenciones cambiaron. Quería acorralar a su amiga, meterla entre la espada y la pared y hacerla hablar. Hablar de un asunto que tenían pendiente desde hacía mucho tiempo.
