Hola :D pido perdón por la tardanza ! es que estuve de vacaciones y no tuve conección al internet ! Perdón.
Quiero tambien pedirles que tengan un poco de paciencia con estos personajes ... y que no tardare en traerles otro capi ! :D

DraAiedail: Hola, bienvenida :D muchas gracias por los halagos. Me alegra que te guste la historia! Disculpa la ardanza, espero no desilucionarte ! Saludos !
Rosalie Lilian Hale: Gracias por tu comment :D me alegro que te haya gustado! Saludos !

Capitulo 3
"Cómo Adán y Eva"

- Creo que me voy – dijo la castaña volteándose hacía la salida – Ron debe estar llegando con Daniel.Hermione se vio atrapada en una telaraña de sentimientos confusos, angustiantes y viejos. Pensó que el tiempo podía curar la herida que hizo a si propia. Sí, porque todo había sido su culpa, no podía culpar a nadie más que no fuera ella. Fue su culpa haber decidido ocultar el Ballet, fue su culpa decirle a Harry que serían amantes, fue su culpa anunciarle que iba para la Sala de los Menesteres, esperándolo, deseando esos encuentros furtivos como si su vida dependiera de ello. Fue su culpa haber salido a bailar aquél lunes por la mañana, había ya tantos años. Se percató de las intenciones del ojiverde. Él quería hacerla hablar, quería entender el porqué. Después de tanto tiempo él seguía esperando que ella hiciera su confesión y no parecía querer desistir. Hermione sabía que le debía una respuesta, una explicación. Tantas veces pudo escaparse a esa mirada decidida, a las preguntas que, estaba segura, pronto brotarían de los labios del chico.

Pero no fue capaz de moverse. Las manos de Harry se posaron en sus hombros, impidiéndola de caminar y obligándola a voltearse de nuevo en su dirección. Sintió un escalofrió percorrer su cuerpo cuando sus ojos miel chocaron con los esmeralda de Harry y no pudo evitar soltar un suspiro.

- ¿Qué pasa? – preguntó intentando disimular la tensión que quince años de alejamiento había echo nacer cada vez que estaban solos o cuando simplemente se tocaban.

El ojiverde la soltó y frunció el ceño. ¿Qué le pasaba? ¿A él? La contempló por un rato, sabiendo de antemano que empezaría a ponerse nerviosa. Le encantaba hacerlo, le traía buenos recuerdos.

- ¿A mí? Nada. A ti si que te pasa algo.

- No me pasa nada. Sólo nostalgia por volver aquél lugar. – respondió intentando disimular el dolor.

- ¿Nostalgia? No me parece Hermione. ¿Por qué quisiste salir de allí si te gustaba tanto? – preguntó de nuevo el ojiverde mientras la tomaba de la mano.

Ese gesto la pillo completamente desprevenida. ¿Qué se supone que debía hacer? Ya muchas veces le pidió que dejara el asunto, y hacía ya algunos años que no tocaban el tema. Pero lo comprendia. No era un querer saber de capricho, sino de una necesidad que Harry tenía y que mantenía por respeto a ella, por no querer dañarla. Pero estaba dispuesto a sacar el pasado fuera y arrancarse las dudas y los miedos. Ya tuvo tiempo suficiente de espera. Y al final, fue Hermione quien dio el primer paso en dirección a lo que ahora era inevitable. Ella volvió a donde nunca debió haber siquiera salido.

- Yo era lo único que lo sabía, me hiciste prometer que seria secreto – volvió a decir el pelinegro después de un largo y tortuoso silencio. – Ahora parece que quieres exponerlo ante todos.

Hermione no pudo evitar cortar el contacto visual que mantenían. No quería contestar a nada más. ¿Cómo es posible que pasado tanto tiempo Harry aún pensara en ello? Y pensar que ya todo estaba enterrado para él. No podía estar más equivocada. Se lamentó por eso.

- No intentes evadir las preguntas. ¿Por qué desististe de todo? ¿No crees que sea tiempo de decirlo? – dijo nuevamente Harry, aún sin soltarla.

La castaña volvió a no contestar, mordiéndose el labio inferior, intentando contener las lágrimas que querían brotar de sus ojos. Nunca le había contestado a esa pregunta y no sería ahora que lo haría. Le había dolido demasiado todo lo que sucedió, no quería volver a abrir esa herida que aun tenía en su corazón. Se soltó bruscamente de la tibia mano del moreno y se acercó despacio hasta una de las ventanas, apoyándose ahí mientras disimuladamente trataba de limpiar una solitaria lágrima que no pudo contener por más tiempo.

Harry trató de seguirla, pero se detuvo en medio del camino. Se recordaba de esta escena. Se acordaba de verla levantarse del suelo y correr hacía la puerta para llorar, gritándole que se fuera. Había desistido. Se acordaba. Recordaba que la había seguido y le había limpiado las lágrimas mientras la abrazaba con fuerza, haciéndola saber que estaba allí con ella. Recordaba el sabor de sus labios, el sabor de su piel, el toque suave de sus manos sobre su cuerpo…recordaba todo eso como si hubiera sido ayer y no cuando los dos tenían diecisiete años.

Se atrevió a acercarse a ella después de su palea interior pero sus manos las tenía congeladas. No sabía que hacer, si abrazarla o si mantenerse estático.

- Eres hermosa, Hermione. – dijo sin pensarlo dos veces – Aquellas fotos son hermosas.

La castaña sintió como su corazón daba un brinco y empezó a sonrojarse. ¿Qué pasaba? ¿Por qué estaría él hablando de las fotos? Eso no estaba cierto, no era cierto. Por mucho que se hubiesen querido las cosas habían tomado su rumbo y sus vidas habían sido atravesadas por un cuchillo y por las malas decisiones de adolescentes. Sabía que Harry ya la había olvidado, tuvo que aprender a vivir sin él. El ojiverde se lo había prometido, que la olvidaría y que amaría a Ginny, por ella y por el bien del bebe que vendría a camino, por Martina. Se volteó para mirarlo y enfrentarlo, no quería que la charla siguiera el camino que estaba tomando. Lo ultimo que quería era regresar al pasado, solo lo había echo por Martina, nadie más. Choco contra el pecho del chico y sus narices casi se tocaban. No se había percatado del acercamiento de él. Su respiración se detuvo un momento y su corazón casi paró, dejándola indefensa.

Harry colocó sus manos sobre su cintura acariciándola mientras la miraba profundamente. Había sido un idiota al pensar que podría seguir su vida sin ella, pero había llegado a un punto que ya no aguantaba más. Acercó su rostro al de ella besando la comisura de sus labios mientras sentía la respiración de ella volver rápida y pesada.

- Y sigues siendo la más bella de todas – le susurró al oído

- Harry pára, para por favor – le pedió ella al borde de la locura. El acercamiento de sus cuerpos empezó a generar un calor que le atrofiaba el cerebro.

Él moreno accedió a su pedido, separando su rostro del de ella pero sin apartar su cuerpo. Sentía como ella temblaba y como su corazón latía con locura y rapidez.

- ¿Por qué estas diciendo esas cosas? ¿Qué te pasa? – le preguntó la castaña.

- Tú eres la que desiste de algo que amas sin darle justificaciones a nadie, ahora de repente decides volver a ese lugar. ¿Crees que es a mí a quien le pasa algo?

Dejó de aguantar las lágrimas y empezó a llorar. El ojiverde se percató que había utilizado las palabras equivocadas para dirigirse a su amiga. Había una gran debilidad presente en Hermione, no necesitaba ser tan duro si quería finalmente aclarar alguna cosa. La abrazó con fuerza, acariciándole la espalda. Sintió las saladas lágrimas en su cuello y su corazón se encogió aun más. Estaba llorando y era su culpa.

- Me duele Harry. Me duele volver allí. Me duele mirar todo aquello que en estos años luché por olvidar. – Dijo ella con pesar aferrándose al ojiverde – Pero más que todo me duele haberte alejado de mi.

Sintió el corazón del ojiverde dar un brinco y empezar a latir con desenfreno, sin hablar de la forma apresurada con que ahora sus pulmones expelían y recibían el aire en ellos. Recostó su cabeza en el pecho del chico. Extrañaba sentir su corazón latir con desenfreno, como lo hacía después de cada entrenamiento de ballet, en la sala de los menesteres. Se estremeció al sentir las manos del moreno subir desde su cintura, pasando rente a sus pechos, tocar su cuello y posarse sobre su rostro, limpiando las amargas lágrimas que había dejado salir. Acercó sus labios a los del moreno y lo beso despacio, sintiendo de nuevo el dulce sabor de sus rojizos labios. Abrió su boca para darle paso a la lengua del chico y sintió como los recuerdos la golpeaban con fuerza, reclamándole atención. Era un sabor conocido y deseado desde había mucho tiempo, la misma vieja caricia de lenguas, los mismos roces. No resistió a la tentación de sentir el cuerpo de Harry. Recorrió su espalda con sus manos, para luego atrapar su pelo y profundizar el beso, como si con ello pudiera fundirse en él y ser un solo.

El ojiverde colocó sus manos por bajo del vestido de Hermione, acariciando sus piernas, rozando sus caderas, subiendo lentamente por su espalda y rozando finalmente sus hombros desnudos. Se separó bruscamente de ella, con la respiración entrecortada y la miró directamente a los ojos. No se dio cuenta de cuando su mirada cambió a una de deseo. Encerró los ojos cuando ella hundió la cabeza en su cuello y aspiró su aroma mientras le besaba y lamía. Se percató que no traía alzas del sostén y llevó las manos hacía el broche, desabotonándolo y sacándolo por bajo, tirándolo hacía otro lado de la sala. La ojimiel no pudo reprimir en gemido cuando el moreno atrapó sus pechos con las manos y los presionó, masajeándolos. "Harry", soltó sin querer, arqueando la espalda, buscando mayor contacto entre sus cuerpos. Volvió a buscar sus labios, subiendo desde su cuello hasta su boca, colocando una pierna en redor de sus caderas, provocando un roce entre sus sexos que los dejó casi sin aliento. Hermione lo soltó bruscamente y le sacó la camisa de un solo tirón, perdiendo por momentos su mirada en el torso del ojiverde. Éste no tardó en reaccionar y levantó el vestido de la chica hasta la altura de su vientre. Le dio un beso bruto y corto, mordiéndole su labio inferior y bajó por su cuello, lamiéndola. Siguió bajando y enterró su cabeza en sus pechos aun cubiertos por el molesto vestido, sintiendo como su respiración estaba casi descontrolada y su pecho subía y bajaba con suma rapidez. Sus manos se detuvieran en sus nalgas, apretándolas con suavidad, hasta que sus labios se posaron sobre su vientre desnudo, besándola, recordándose que ese era uno de sus puntos débiles y que la dejaba de pelos en punta. Ese fue justamente el efecto que se produjo en ella, haciendo con que volviera a soltar su nombre entre gemidos. Se colocó de rodillas y le sacó la prenda que cubría su intimidad.

Los castaños ojos de Hermione se abrieron como platos al sentir la forma como su prenda se rasgaba a las manos del moreno y la descubría. Pero la impresión pasó al momento en que sintió como la boca de Harry se posaba justo donde antes la maldita prenda cubría. Sus piernas se hicieran gelatina y tuvo que agarrarse a un mueble muy cerca de ellos, tirando las molduras de fotos al suelo antes que ella tuviera el mismo destino. Un grito de placer salio de su garganta, mientras la lujuria y adrenalina del momento hicieran con que arquease la espalda y encerrase los ojos, llevándola a disfrutar más de las caricias del moreno que lo que hubiese deseado. Sentía cada movimiento de la lengua del moreno, dejándola cada vez más deseosa de tenerlo dentro, más excitada y más vulnerable a cualquier tipo de roce.

A Harry le daba una satisfacción inmensa la forma como la castaña gemía su nombre, sentía una rara calidez invadirlo al volver a descubrir su sabor y la sangre corría demasiado deprisa por sus venas. Subió hasta su vientre, sabiendo que la dejaba más que preparada y casi sin aliento, mientras sus pantalones le apretaban de forma agobiante. Volvió a robarle otro hambriento beso a Hermione mientras la apretaba contra si, incitándola a seguir. Pero a la ojimiel, se le pararon los sentidos al percatarse que algo duro le rozaba y, cómo si le hubiesen lanzado algún Imperius, llevó sus manos hasta los pantalones del chico, buscando desesperadamente el botón. Logró desapretarlos a pesar de la torpeza, mientras Harry se desprendía del beso y soltaba un gemido de alivio y de placer, porque después de los pantalones, fue el turno de los boxers de desaparecer. Hermione lo acarició, mordiéndose el labio al escucharlo gemir su nombre. Dejó de intentar reprimir los deseos y lo besó con deseo mientras sus manos subían despacio por el pecho del chico y s apoyaba en sus hombros, clavándole las ahí las uñas.

- Harry, no aguanto más, por favor – dijo con la respiración entrecortada, rompiendo el beso.

Y él tampoco aguantó. La tomo de la cintura y la irguió, mientras ella saltaba con una graciosidad tan típica de una bailarina. Y fue en ese segundo que la penetró, sintiéndola moldarse a si mismo. La apretó contra la pared y se apoyo con ambas manos ahí, mirándola a los ojos, recibiendo esa mirada como un recuerdo que seguramente tardaría en dejarlo. La forma como sus cuerpos se movían, como encajaban tan perfectamente fundiéndose en un solo, era como si siempre hubiesen estado juntos, como dos viejos amantes que, a pesar de lo lejos que han estado, nunca olvidaron como era estar uno con el otro. Él embestía, mientras ella se aferraba a su cintura con las piernas y a sus hombros con las uñas, arqueando la espalda, recibiéndolo con infinita pasión. Ambos gemían, asaltados con viejas memorias, sensaciones y sentimientos había demasiado tiempo guardados.

Fue cuando un cosquilleo en el bajo vientre despertó una sensación de plenitud en Hermione y se entregó completamente hacía aquella fuerte ola de placer y satisfacción, gritando el nombre de su compañero que no tardó en atingir la misma sensación de enorme placer.

Lentamente, ese bienestar del pecado se fue apagando, dándole paso a una mirada profunda y callada. Se besaron de nuevo, despacio y sin soltarse, un beso corto debido al aire que aun tenían que recuperar, pero lo suficiente para callar las palabras intrometidas.

Cuando cortaron el beso, no pudieron evitar mantener sus miradas conectadas, incluso cuando con el mayor de los cuidados Harry ayudaba a Hermione a bajar y a incorporarse. Le acarició el rostro con la yema de sus dedos, mientras que con la otra mano la mantenía peligrosamente cerca de su cuerpo. Ella giró un poco la cabeza hasta que sus labios estuviesen en contacto con la mano del chico, y lo besase con cariño, sin poder evitar que las lágrimas escurriesen por sus mejillas. El moreno sintió un fuerte pinchazo en el pecho al verla llorar y la abrazó, acunándola en sus brazos, sintiendo como ella tomaba su mano y volvía a besarle.

Así quedaron largo tiempo, abrazados, sumergidos en sus pensamientos y penas, queriéndose sin palabras, recordando sin pensarlo, compartiendo cariñitos sin pudor y llenando poco a poco ese vacío que hacía tanto tiempo tenían en sus vidas. La ojimiel se apartó de él, acomodándose el vestido y el pelo, para luego buscar su varita y recoger sus ropas perdidas, bajo la atenta mirada de Harry que se limitó y cubrirse con los pantalones. Lo miró fijamente, sintiéndose súbitamente culpable cuando sus ojos miel chocaron con los esmeralda de él y pudo distinguir la infinita ternura y la maldita confusión en su mirar. ¿Se iba así como nada?

- Hasta mañana – dijo Hermione sin mucha convicción, y desapareció, dejando el chico encostado a la pared que aun contenía el calor que su cuerpo había dejado.

Entró en casa y encerró la puerta con fuerza, dejándose caer al suelo sentada. La rabia había tomado cuenta de si y de sus emociones. Sentada en el suelo con el rostro ocultado entre sus rodillas, lloró con el dolor de la impotencia y de la rabia que sentía. No podía creer que se había dejado llevar por los deseos y por sus impulsos. No podía creer que había mandado a la mierda todo lo que había construido en los últimos quince años de su vida. Toda aquella protección que había creado alredor de su mente y de su corazón para protegerse del dolor, la había echado a perder. Sollozó con impotencia mientras levantaba su mirada y limpiaba las lágrimas. Si se había sentido mal eses años todos, ahora se sentía peor. ¿Cómo pudo caer en la tentación? Había cometido él mayor pecado en toda su vida, había traicionado su marido, su hijo, su amiga de infancia, su familia y más…se había traicionado a si misma.

Había pecado de nuevo y ahora sabía que tendría que pagar. Adán y Eva igual habían pecado al probar él fruto prohibido que Dios les había colocado delante y ella también lo hizo sin siquiera intentar resistirse. Se levantó y caminó hacía su habitación, intentando por todo dejar de llorar. ¿Qué le diría a Ron cuando él regresara con Daniel de la Madriguera?

No quería reconocer aquella criatura que ció cuando se miró en el espejo. Las enormes ojeras junto con unos rojos ojos llenos de dolor y rabia le hacían recordar lo mucho que ya había perdido. Pero, ¿será que lo había reencontrado esa tarde? Se sintió de nuevo llena y completada cuando Harry la abrazó después de juntos haber tocado el cielo y vuelto a la tierra. Pensó que en todo este tiempo muchas cosas habían cambiado, pero se equivoco. Su piel aún le quemaba y estaba segura que ese efecto tardaría en desaparecer. Pero después de todo, el poder acariciar el cuerpo de Harry y el dejarse tocar y hundirse en el placer valdría la pena cualquier que fuera el castigo por ese tan apetecible pecado. ¿Valdría la pena? No se recordaba de leer que Adán y Eva alguna vez se habían arrepentido de lo sucedido. ¿Se arrepentiría? Esperaba realmente que no, aunque sabía de antemano que las cosas entre ella y Harry cambiarían. Hasta podría estar segura que su relación con el pelirrojo se degradaría un poco más y que, más una vez, la culpa sería suya, solo suya.

Sintió su corazón palpitar con mas fuerza cuando escucho la llave meterse en la puerta y la voz de su hijo llamando por ella. Limpió las lágrimas y con un hechizo trató de ocultar el llanto de su rostro.

- ¡Hola mamá! – dijo él pequeño pelirrojo entrando de repente en la habitación y corriendo a sus brazos, terminando por tirarla en la cama.

Hermione empezó a reír mientras se regalaba innumeres besos en la mejilla de su hijo. Dio por si a agradecer que hubiera sido él quien entró en la habitación, ya que no tenía la más pequeña idea de cómo mirar a su marido. En ese momento, los remordimientos la mataban. Bajó las escaleras seguida de Daniel, quienes le contaba muy alegre su día en la Madriguera con su primo y como los dos jugaron Quidditch todo el día. Le plantó un suave beso un los labios de su marido. No se recordaba de alguna vez sentir un sabor tan amargo como en ese momento. Caminó hacía la cocina para tratar de la cena, como lo hacía todos los días en que no tenía que trabajar en la noche. Se sobresaltó cuando Ron la abrazó por la cintura y le besó el cuelo. Se sintió aprisionada en un mundo que no le pertenecía, en unos brazos que no conocía a pesar de compartir con ellos la misma cama había tanto tiempo.

- ¿Dónde has estado hoy? – le preguntó sin soltarla

- Te dije ayer que iba a llevar a Harry y Martina al DanceArt. Y te lo dije por la mañana. – respondió Hermione tratando de concentrarse en la comida que preparaba.

- ¿Y el resto de la tarde?

¿Pero que pasaba allí? ¿Qué acaso ahora ya tenía que dar justificaciones de todo lo que hacía de su vida? Solo quedaba tener que decir también cuantas veces había ido al baño. Ya era una mujer y ni siquiera era libre. Se recordaba de su padre, cuando aún era una joven adolescente, siempre preguntándole que era de su vida y que era lo que había estado haciendo todo él santo día. Claro que la respuesta era más que obvia, pasaba los días bailando y las noches…supuestamente dormía en su cama, aunque muchas veces salía por la ventana de su habitación, sin que su padre se percatara. Solo su madre, de espíritu libre, la miraba en esas veces y sonría, siendo cómplice y testigo de otra escapada y sin abrir la boca. Siempre en su adolescencia deseó ser así como su madre. Vivir la vida, sin amarguras, junto con el amor de su vida. No era cualquiera que salía de su barrio, donde con mucha frecuencia los delincuentes aparecen atrapando la gente cuando menos se espera, y caminaba por la oscura y peligrosa estrada para encontrarse con un chico, su padre. Esto sin saber que él vivía en plena ciudad londrina, en la parte más rica y hermosa, en una enorme casa. Cuando lo descubrió casi se vio obligada a dejarlo ya que la familia de la parte del chico no la miraba bien…pero había salido adelante. Estudió y luchó por llegar donde esta hoy. Jane era feliz, en especial porque Adam Granger siempre la había dejado ser libre, y mantener su rebeldía. Así quería vivir. Quería que confiasen en ella lo suficiente para no tener que estar siempre justificándose a la gente. Había cometido ya muchos errores, había aprendido demasiado con su vida. Quería paz, quería finalmente obtener lo que tanto buscaba.

- Estuve en Londres, anduve a ver unas tiendas. – respondió casi fastidiada.

- ¿Qué compraste?

- Nada. Sólo mire, no compré nada.

Que mentira tan grande, ironizó para si misma. Si que ya le había escuchado llamar muchas cosas pero "mirar las tiendas" seria una nueva definición para "hacerle el amor a mi mejor amigo".

Cuando la luna ya iba en el alto, el ojiverde se acostó en su cama, mientras escuchaba los pasos de su mujer por el pasillo de la casa. Realmente deseaba que ella siguiera caminando por ahí y no se acostara. Había ya mucho tiempo que no sentía una mujer de la forma que sintió a su amiga, demasiado tiempo que buscaba aquél sabor que tanto anhelaba, aquél toque suave que solo ella tenía. Pero sabía que había roto todas las reglas y líneas posibles e imaginarias entre él y todos los demás, en especial con Hermione. Se fingió dormido cuando su pelirroja mujer entró en la habitación y se acostó a su lado. Podía jurar que había sentido repulsa cuando ella pasó él brazo sobre su cuerpo para abrazarlo por la espalda. Definitivamente le hizo mal estar con Hermione. ¿Será que ella también dormía abrazada a Ron? No quiso ni imaginarlo. Los celos lo atacaban y lo hacían sentirse mareado y con ganas de salir corriendo. Ahora tenía la prueba de que su amiga no lo había olvidado de ninguna manera y que ni él mismo lo había echo. Sentía que la castaña le pertenecía. Y él a ella. Sentía que se pertenecían como siempre lo habían hecho, en especial cuando duró la búsqueda de los Horcruxes y Ron los había dejado.

"Mierda", se recriminó cuando, de súbito, algo le llegó a la mente. Hermione no le había contestado en ningún momento a su pregunta. Había vuelto a esquivarlo.