Amor Encontrado
Eran ya las nueve de la noche en la víspera navideña cuando el tren numero 1763 de Odaiba a Shibuya finalmente llegó a su respectiva destinación. Por las calles reinaba solamente la nieve que caía lentamente desde el cielo nocturno y los pocos aventureros que deseaban pasar la fría noche de invierno festejando por las calles de la ciudad. A esas horas, la mayoría de la gente ya estaría celebrando ese día especial en la seguridad de sus hogares, lejos del frió aire del exterior. Sin embargo, saliendo de la estación central, se encontraba un joven rubio que parecía inalterado por el frió y la nieve.
En realidad, Yamato Ishida se encontraba demasiado inmerso en sus propios pensamientos para preocuparse del frío clima que lo rodeaba.
Esa ruta al apartamento de Sora era algo que en el pasado siempre lo llenaba de paz y emoción. En sus días como un estudiante en la universidad central de Tokyo, era algo que lo tranquilizaba, saber que en pocos instantes estaría junto a la chica que amaba. Cada viernes, después de una larga semana pasada estudiando y separado de ella, Yamato reunía todos sus deberes y se montaba en el primer tren destinado a Shibuya, ansioso por estar junto a ella.
Pero ese sentimiento de paz que normalmente sentía estaba ausente y en su lugar se encontraba la duda e inseguridad. En su mente podía ver miles de escenarios que resultaban en fracaso y rechazo, y habiendo ya sufrido el dolor que le causo la ruptura imprevista de su relación con Sora, Yamato no estaba muy ansioso de sentirlo de nuevo.
Sin embargo, mas allá de la inseguridad y duda que lo invadía con cada imagen que le brindaba su activa imaginación, yacía otro sentimiento. Un sentimiento que crecía con cada paso que lo llevaba mas cerca a su destinación. Y como ignorarlo? Su deseo de ver a la joven que había sido dueña de su corazón desde sus aventuras en el mudo digital era demasiado grande como para ignorar. Y aunque ella le hubiese roto el corazón, el no podía negar lo mucho que todavía la seguía amando, a pesar de haberlo estado intentando estos últimos siete meses.
Aun podía recordar las palabras que marcaron el final de su relación, y el dolor e incredulidad que sintió en el momento que termino su última conversación con Sora. Al principio Yamato estaba atónito y dolido, pero se aferró a la esperanza de que ella lo llamaría rogándole perdón y declarando que todo era una muy mala broma, por la cual el la haría pagar en su próximo encuentro en el mundo digital. Pero cuando esa llamada nunca llegó, no le quedo mas remedio que enfrentarse a la realidad.
La ira que cogió poco después fue unas de las mas profundas de su vida. La primera parte de esa noche Yamato se la pasó buscando razones por la cual Sora terminaría la relación entre ellos, y cuando no pudo pensar en una, se paso el resto de la noche y el día siguiente queriendo maldecir el día en que se fijo en ella. Pero mas que todo, se aferró a su ira para no poder sentir el dolor que le esperaba debajo de todos sus sentimientos.
Fue después de haber llegado de sus clases, por las cuales ni se molestó en prestar ni un pito de atención, cuando no pudo contenerse mas, y para su humillación, las lagrimas se les empezaron a escapar. Yamato siempre había sido una persona sentimental, y aunque después del divorcio de sus padres el se hacia pasar como el niño de corazón de hielo, abajo siempre se encontraba un niño sólo e inseguro que solo escondía su dolor. Hubo solo una vez que Yamato recordaba llorar tanto, y eso fue después de que su padre y el su mudasen a Odaiba, cuando ya el divorcio de su familia se había finalizado. Y ese dia, mientras trataba de contener sus lagrimas, no pudo evitar sentirse como si hubiese perdido a su familia una vez mas.
Las siguientes semanas Yamato se las paso arrojándose a sus estudios y deberes con el propósito de ignorar la falta y el dolor que le causaba en tan solo pensar en Sora. Trabajó y trabajó, y aunque su vida amorosa se encontraba en las ruinas, su vida académica se encontraba mejor que nunca. Todos sus profesores estaban tan encantados con el que le ofrecieron una pasantía en el Lyndon B. Johnson Space Center para observar con más oportunidad los detalles de su futura profesión. Se levantaba para asistir a sus clases, para luego dirigirse a su trabajo donde no salia hasta tarde, para después devolver a casa y estudiar hasta que su mente rogaba por descanso. En los fines de semana, cuando no tenia clases para poder distraerlo, Yamato se ofreció como voluntario para ser tutor de estudiantes.
Y así pasaron los días para Yamato, enterrado en un horario lleno y agotador, y tratando de olvidarse de la chica que tanto amaba.
Fue un Sábado mientras estaba ayudando a Jessica con su tarea de matemáticas cuando se dio cuenta de lo inútil que era tratar de olvidarse de la chica que tenia años amando.
Jessica era una compañera de clase que tenia dificultad entendiendo matemáticas. Por esa misma razón el la ayudaba, dándole extra clases en las materias y ofreciéndole clases tutoriales en los fines de semana. Ella era una muchacha muy carismática y graciosa, aunque un poco cabeza hueca, y si Yamato hubiera sido otro chico, se hubiera fijado en lo atractiva que era, y que ella estaba sumamente enamorada de el.
-..y así puedes resolver la integral por medio de sustitución, y cuando es impar, puedes apartar un factor de coseno para poder expresar los términos de más.- explicó Yamato mientras le resolvía un ejemplo por ella-¿Entiendes?
El alzo la mirada solo para ver que Jessica ni estaba mirando el papel con el problema trigonométrico, si no que su mirada estaba concentrada en el, observándolo con una expresión casi de ensueño.
-¿Te encuentras bien?-preguntó extrañado.
Ésta reaccionó como si le hubieran echado un pote de agua helada encima y se apresuro a componerse para no hacer mas el ridículo antes de el
-¡Si! ¡Claro que si! ¡Lo entiendo a la perfección!-exclamó alegremente con una mirada de admiración reflejada en su rostro-eres un tutor excelente, Yamato.
Yamato se sonrojo, abrumado por las alabanzas de la muchacha.
-Gracias, Jessica-le respondió con una pequeña sonrisa-Entonces podemos seguir con los problemas del examen pasado que te dieron dificultad.
Oyendo esto, Jessica se apresuro a plantar una nueva propuesta.
-Oye, estoy un poco cansada.-empezó con cara de mártir-¿Por qué mejor no vamos a relajarnos un poco antes de empezar de nuevo? Hay un hermoso parque cerca de aquí donde también venden unas bebidas deliciosas. ¿Podemos ir?
La primera reacción de Yamato era rechazar su propuesta, pero la verdad es que el también estaba cansado. No podía ni recordar la ultima vez que se había relajado, y había sido tanto tiempo desde que no dormía decentemente.
Decidido, Yamato aceptó la propuesta de la muchacha y juntos se marcharon al parque.
Fue después de disfrutar de unas deliciosas bebidas, mientras los dos caminaban por el parque y disfrutaban de una ligera conversación, que Jessica buscaba la perfecta oportunidad para por fin poder confesarle a Yamato sus sentimientos.
Inocentemente dirigiéndolo a un pequeño banco lejos de la muchedumbre, Jessica tomo una respiración profunda y reunió todo su valor.
Volviéndose hacia el, Jessica admiro la bonita imagen que el representaba. Se encontraba sentado el banco con las manos en los bolsillos y los ojos cerrados. Los rayos del sol que atravesaban tras las hojas de los arboles bailaban suavemente por su rostro y cabello, transformándolo en un hermoso color dorado. Parecía tan cansado. Como si no hubiera descansado por días. Era una de las muy pocas veces que ella lo encontraba totalmente relajado y tan cómodo. Casi siempre el actuaba como si tuviera una pared de hierro alrededor de el, y por lo mas que ella trataba de tumbar esa pared, nunca lo había logrado. Eso es, hasta ese día.
Sintiéndose mas segura de si misma, Jessica se preparo una vez mas para dar el discurso que había practicado miles de veces al frente de su espejo.
-Yamato-empezo tímidamente-cuando te conocí por primera vez yo sentí como si tuviéramos una conexión especial. La verdad es que siempre te he admirado, pero mi admiración por ti ha crecido desde que nos conocimos. Tu eres un chico muy amable e inteligente, y estar contigo me vuelve muy feliz, incluso si lo único que hacemos juntos es matemática. Lo que estoy tratando de decir...bueno...lo que quiero decir es que...es que..tu..tu me gustas...La verdad es que yo no soy tan mala en las matemáticas como a lo mejor piensas. Es que...quise tener una razón para poder estar contigo...y pensaba que si nos viéramos mas a menudo, tu comenzarías a fijarte en mi y ver que yo soy una chica que tu puedes amar. Y bueno...yo..quisiera poder...estar contigo y...-alarmada por el silencio del muchacho, lo único que la pobre Jessica podía hacer era hablar mas-y si te gusto pues podríamos empezar a salir y hacer cosas que, tu sabes, hacen las parejas...como ir al cine, o a comer en un restaurante...o ir de compras...o al parque...lo que tu quieras!-termino ya con pánico.
Pero su única respuesta fue el viento que resoplaba por los arboles y las voces distantes de la gente que disfrutaba del parque.
Avergonzada, Jessica se volvió hacia Yamato para recibir su rechazo solo para encontrarlo en la misma posición de antes. Es decir, con las manos en los bolsillos y sus ojos cerrados.
Viendo el rostro tan relajado del joven rubio, jessica se dio cuenta que quizás Yamato no escucho ni una sola palabra de su confesión, pues se encontraba totalmente inmerso en su suenos.
-¿Yamato?-preguntó en voz baja, acercándose un poco mas hacia el-¿Yamato, estas durmiendo?
Sin una respuesta, Jessica se quedo contemplando a el rubio en silencio. Era tan tan guapo. Con su cabello color de oro, y el rostro de un príncipe. Y sus labios. Como seria sentir esos labios contra los suyos?
De repente, una idea se formo en la mente de Jessica, y sin mas pensarlo, jessica cerro la distancia entre ella y Yamato hasta que sus labios tocaron los de el.
La sensación de los labios del chico que tanto le gustaba fue maravillosa para Jessica, a pesar de que en esos momentos el estaba durmiendo.
De repente el chico empezó a reaccionar y Jessica, alarmada y preocupada de ser descubierta, de prisa aparto sus labios del chico y se quedo inmóvil, mirándolo con alarma.
-...Sora..-Yamato suspiro, todavia atrapado en las garras de su sueño..aishiteru...yo...
Cunfundida, la chica se quedo mirando al joven rubio, queriendo saber desesperadamente el significado de esas palabras.
De repente los ojos de Yamato se abrieron de golpe y chocaron contra los de ella, poseidos de un brillo que ella jamas había visto en ellos. Pero tristemente ese brillo no duro, y tan pronto Yamato se percato de su alrededor, el brillo ya se había apagado por completo.
Confundido y somnoliento, y con las imágenes de su ultimo sueño todavía en su mente, Yamato se reincorporo, tratando de despejarse un poco.
-Yamato, te sientes mejor? Te quedaste dormido cuando nos sentamos aquí. Debe ser que estabas muy cansado.-Jessica le explico, otra vez poniendo distancia entre ella y el rubio.
-Oh...si-le contesto Yamato completamente desanimado.
-Oye, Yamato-la chica llamo tímidamente-¿me puedes trasladar algo por mi?
-¿Trasladar?-pregunto el rubio extrañado.
-Si...-le explico la muchacha-solo unas palabras que acabo de oír.
-Bueno, supongo que si-cedió el joven guitarrista.
-¡Gracias!-dijo la chica con una alegre sonrisa-¿Que significan las palabras "Sorah ashteru io"?-termino con un poco de dificultad.
Al oír esas palabras Yamato quedó completamente estupefacto con una expresión de incredulidad pintada en su cara.
Viendo la cara que puso el chico y temiendo que lo había ofendido, Jessica se apresuro a explicar la causa de su pregunta.
-Es que, veras, cuando estabas durmiendo, susurraste esas palabras y me quede con la curiosidad de conocer su significado. ¡Nada mas! Nunca te quise ofender y perdoname si lo hice.
-No, no te preocupes, no me has ofendido.-Yamato le contó, sintiéndose bastante incomodo con la situación-Oye, mejor terminamos por el día, ya se nos hizo muy tarde-y poniéndose de pie, se preparo para marcharse del parque.
Jessica, viendo como su oportunidad de declarase se le estaba escapando, actuó sin mas pensarlo.
-¡Yamato!-lo llamo tomándolo por el brazo y reuniendo su valentía una vez mas.-Pues, veras que la razón por la que quise venir aquí no era solo para descansar...si no que quize venir aquí contigo para poder decirte que...pues...que tu me gustas mucho y...bueno..quisiera ser tu novia-termino con una tímida mirada al suelo, su corazón latiendo mil kilómetros a la hora.
Yamato, por su parte, se quedo completamente tomado por sorpresa con la confesión de la muchacha. Nunca se hubiera imaginado que ella tuviera ese tipo de sentimiento hacia el, y una confesión de amor era lo ultimo que esperaba de ella. Supuso que eso explicaba las veces que ella actuaba medio extraño con el.
Buscando la forma mas sensible de rechazarla, Yamato se preparó para hacer una de las cosas que mas odiaba en el mundo.
-Jessica-empezo con suavidad-tu eres una chica increíble, y estoy seguro de que algún día tu encontraras a un chico que te aprecie y te quiera tanto como tu lo quieres a el.
Al oir estas palabras, que eran signo de un rechazo, Jessica se esforzó para poder mantener control de sus emociones y no empezar a llorar como una magdalena.
-Pero es que yo...-Yamato trato de explicarse con dificultad.
-Es que tu ya tienes a alguien que amas. ¿Verdad?
Sorprendido con la perspicacia de la chica, Yamato no sabia que mas decir.
-No te sorprendas, no soy tan cabeza hueca como parezco-Jessica le informo con una sonrisa amarga en su cara.-La verdad es que yo sospechaba de eso, pero no quise creerlo. ¿Y...la amas mucho?-pregunto, todavía con la esperanza de que la relación del rubio solo fuera una simple aventura de verano y nada serio.
Pero al ver el rostro decaído de Yamato, Jessica supo que esto no se trataba de ninguna simple aventura de jóvenes en celo.
Yamato, que odiaba hablar de sus sentimientos con gente desconocida, supuso que ella se merecía una explicación.
-La quería, pero lo nuestro ya se termino-fue lo único que se dejo admitir.
-¿Hace cuanto tiempo?-Jessica quiso saber.
Yamato, ya completamente incomodo con la situación, quería hacer lo posible para librarse de ella.
-Terminamos el mes pasado-le respondió este con una nota conclusiva en su voz.
-Ah, bueno, ahora se que yo no tengo chance. También explica tu actitud estas ultimas semanas.
-¿Mi actitud?-pregunto Yamato extrañado. ¿Acaso había estado actuando raro?
-Si no te haz dado cuenta haz estado actuando como si tuvieras el corazón de hielo.-le informo Jessica, todavía tratando de sostener la lagrimas causadas por el rechazo del chico-Como si tuvieras una pared alrededor de ti, y nadie puede tocarte.
Para Yamato, fue como si el tiempo se hubiese regresado a los días antes de su aventura en el digimundo. Cuando pretendía tener un corazón de hielo para que nadie lo pudiera lastimar de nuevo.
Soltando un gran suspiro, Yamato empezó a resumir su marcha hacia la salida del parque.
-!Espera!-lo paro la voz de jessica, haciéndolo girarse para verla.
-Me puedes concebir un solo deseo? Creo que por lo menos me lo merezco.-le pidió la chica con esperanza.
Yamato, un poco incomodo con la petición de la muchacha, se dirigió hacia ella.
-¿Que quieres?-pregunto simplemente.
-Besame-fue la única respuesta de la chica, cerrando mas la distancia entre los dos y mirandolo fijamente en los ojos.
La primera reacción del rubio fue negarle ese deseo, pero al ver la cara de ilusión de la chica, se imagino que besarla era lo menos que el podía hacer después de haberle rechazado su confesión de amor.
Y, si era cuestión de ser ser sincero consigo mismo, tambien queria demostrar que el no tenia un corazón de hielo. Que era capaz de sentir un sentimiento amoroso por alguien que no sea Sora. Demostrar que Sora no era la única que podía derretir el hielo en su corazón.
Y sin mas tardar, Yamato cerró la distancia entre ellos y procedió a darle el beso mas emocionante de su vida.
Para Jessica, ese beso era todo lo que ella se había imaginado. La sensación que recorrió por su cuerpo al sentir los labios de Yamato fue indescriptible. Nunca en su vida había sentido un beso que la transportara a las nubes y llenara su mente de estrellas como el beso de Yamato.
Pero para Yamato, la sensación no pudo haber sido mas...vacía. Desde el momento que los labios de el tocaron los de Jessica, estaba esperando por la sensación extraordinaria que lo consumía cuando besaba a Sora. El sentimiento de rayos recorriendo por todo su cuerpo, llenándolo de energía y sensación. Del fuego que lo rodeaba sin quemarlo. Pero nada llego. En su lugar, se encontraba el pensamiento de que todo estaba incorrecto y extraño.
¿Y como no? Si estos labios no eran los labios que el deseaba. Y esas manos que recorrían por su pelo no eran tan suaves y cálidas como las de Sora. Y ese perfume de tienda que lo rodeaba no era el aroma embriagador de flores que lo enloquecía y al mismo tiempo le brindaba paz. Y ese cuerpo no era el cuerpo que sus manos tenían memorizadas por completo.
Todo se sentía incorrecto y sin poder soportarlo mas, Yamato se aparto de Jessica, rompiendo el beso de un solo golpe.
Al sentirlo terminar el beso, Jessica se intento componerse, sintiéndose como si se le hubiese olvidado como respirar. En el fondo de sus pensamientos, tenia la esperanza de que este beso haría que Yamato reaccionara hacia ella y olvidase a su antigua novia. Pero al ver el rostro de Yamato, Jessica supo que el no había sido tan afectado como ella. Que el aun seguía tan enamorado de su ex a pesar del beso que acaban de compartir.
Dirigiéndole una ultima sonrisa, Jessica le dio un pequeño beso en la mejilla y comenzó su camino a casa, donde dejaría que sus lagrimas curen el hoyo en su corazón.
Para Yamato, el resto del día paso como si estuviese atrapado dentro de un sueño. Tan pronto llego a casa se dirigió hacia su armario donde en el nivel mas alto se encontraba una caja llena de sus cosas valiosas. Sacando la caja del armario, Yamato la abrió y saco su amada armónica, con la cual paso el resto del día inmerso en sus pensamientos y en su música y tratando de ignorar lo que ya estaba muy claro: Que todavía, después de un mes sin hablar y saber nada de Sora Takenouchi, aun estaba perdidamente enamorado de ella.
Y ahora, el día 24 de Diciembre, seis meses después de que su relación con Sora fue terminada, Yamato Ishida se encontraba caminando por las calles de Shibuya, para ver a la chica por la cual su corazón ha estado extrañando y deseasndo pos seis largos meses.
A diez minutos de distancia de donde Yamato Ishida se encontraba, una joven pelirroja se despertó de un sueno totalmente agotador. En vez de encontrar la paz y tranquilidad que tanto deseaba en sus sueños, su febril imaginación tomo esta brillante oportunidad para brindarle pesadillas que en lugar llenaban su mente de confusión y locura. Desde cuando Sora era reina de los numemons? Ese era un papel estrictamente reservado para su amiga Mimi.
Reincorporándose de su posición horizontal, Sora sintió como si alguien le estuviera pegando martillazos en su pobre cabeza. La verdad es que se sentía de lo peor, sin ganas de mover ni un solo dedo, y tan solo pensar en pararse era suficiente para hacerla querer pasar eternidad en su cama.
Pero necesidades eran necesidades, y en ese momento las necesidades de Sora requirian que ella se levante de una vez por todas.
Decidiendo terminar con el detestable labor lo mas rápido posible, Sora valientemente se libero de la seguridad y calor de sus cobijas y se puso de pie, solo para ser desagradablemente recordada del frío que había invadido su pequeño apartamento desde que su sistema de aire acondicionado paro de funcionar hace dos días.
Pegando un respingo, Sora saltó medio metro de altura, y lo mas rápido que pudo buscó el abrigo mas cercano y se lo tiró encima, desesperadamente tratando de conservar el calor de su cuerpo.
-Maldito sistema de calefacción-declaró Sora temblando de frio y dirigiéndose hacia el baño que gracias a Dios no estaba muy lejos de su cama.
Ya saliendo del baño, Sora se dirigió a la cocina, donde esperaba poder encontrar alguna medicina que le aliviara los síntomas de malestar que la tenían contra el piso.
Buscando por el desorden que sus amigos tiernamente le dejaron en su ultima visita, Sora se decepciono por completo al no poder encontrar ni una sola medicina que le ofrecería el alivio que tanto necesitaba. Y lo peor es que no había nadie a quien poder culpar pero ella misma y su increíble sistema inmunológico.
Por lo largo de su vida, Sora siempre pudo contar con un sistema inmunológico que nunca le fallaba. Mientras todos los estudiantes se encontraban atrapados en casa con cualquier virus, Sora era una de las pocas personas que no exhibían ni rastros del virus. Es mas, ella podía recordar solo tres veces en sus veintiún anos en los cuales ella cayo victima de un virus. En otras palabras, era un récord excelente.
La única razón por la cual ella solía insistir en tener medicinas para la gripe en casa era cuando Yamato y ella eran una pareja, ya que el chico era mas propenso a enfermarse que ella.
Esa linea de pensamientos la hizo recordar de las veces en que ella cuidaba de Yamato cuando este se encontraba enfermo. Cuanto le encantaba poder cuidarlo y mimarlo, y brindarle todo el cuidado que no fue suyo cuando vivía solo con su padre.
Soltó una pequeña risa al recordar la frustración de Yamato al encontrarse siempre con el papel de paciente y ella de enfermera y lo cuanto el deseaba poder cambiar los papeles para que el también pudiera tener la oportunidad de cuidar de ella como ella a el.
Regresando al presente, Sora dejo caer un triste suspiro. No la ayudaría en nada estar pensando en el pasado y en lo que perdió. Ahora mismo estaba desesperada por encontrar cualquier cosa que la ayudara mejorarse.
De repente, a Sora se le ocurrió una idea. La pequeña tienda de conveniencia que estaba al frente de su edificio a lo mejor aun seguía abierta. Seguro que allí encontraría las medicinas de la gripe que tanto necesitaba!
Y sin mas retardarse, Sora se apresuro a preparase para su pequeña excursión, poniéndose los abrigos mas protectores que poseía, incluyendo uno de su padre que llegaba hasta el piso y le quedaba un poco grande, y tratando de no pensar en la distancia que tenia que caminar. La idea de tener que salir y comprar medicina no le apetecía, es mas, en su corriente condición le parecía como la peor idea que jamas se le había ocurrido, pero no tenia otra alternativa.
Cogiendo su cartera, Sora tomo una respiración profunda, y salio para el frío exterior.
Los pensamientos de Yamato se encontraban congelados cuando por fin llegó a encontrarse al frente del edificio donde Sora vivía. Contemplándolo desde su distancia, Yamato se fijo que en sus seis meses de ausencia el edificio no había cambiado en lo absoluto. Era como si esos últimos seis meses nunca habían pasado y el regresaba de sus clases semanales en la universidad central de Tokyo. Como si aun el y Sora seguían felizmente enamorados y su separación fue solamente creación de un mal sueño. Pero Yamato sabia que eso eran deseos e ilusiones, y pretendiendo solo hacia que aumentara su dolor.
Aun no estaba seguro si lo que estaba haciendo era lo correcto. Su peor temor era encontrar que Sora ya no lo amaba mas y que el era el único entre los dos que aun tenia el deseo de estar juntos. Si fuera honesto con sigo mismo, pudiera admitir que el nunca perdió la fe que Sora aun lo amaba. Pero descubrir que esa fe fue solo una ilusión...pues, no quería ni imaginarlo.
No supo cuanto tiempo estuvo parado debatiendo consigo mismo sobre sus opciones, dudas, y expectativas, pero fue la campana de la tienda de conveniencia a pocos pasos de el que finalmente lo pudieron liberar de su estupor. Alzando la cabeza, Yamato se fijo como una señora torpemente se movía con las capas de abrigos que tenia encima. Un poco divertido con el espectáculo, Yamato se quedo mirándola, concluyendo que a ella no le caía muy bien el frío. El progreso de la mujer avanzaba sin ningún error hasta que en el medio de la calle la pobre vieja se tropezó con su propio abrigo y termino cayéndose, haciendo que los paquetes en la bolsa se botaran por el suelo.
Caminando hacia ella para ayudarla , le alarmó por completo cuando escuchó el sonido de una bocina. Horrorizado, observó como las luces del carro que venia se reflejaron en el cabello de la mujer, prendiéndolo en un hermoso rojo brillante.
Solo había una persona en el mundo con ese cabello!
Moviéndose mas rápido que en toda su vida, Yamato solo tuvo el chance de agarrarla por el brazo y sacarla del camino antes de que el carro realizara su peor pesadilla.
Con el corazón en la garganta, Yamato se apresuro a averiguar si sus sospechas estaban correctas, y cuando sus ojos chocaron contra esos familiares ojos rubí, su terror de lo que pudo haber pasado junto con su alivio de que nada pasó, lo hicieron reaccionar en la forma mas directa que su cuerpo podía aguantar, es decir, con ira,
Jadeando, Yamato se incorporo de su posición en el piso y tomándola por los brazos, procedió a sacudirla.
-¿Pero es que estas loca?-le pregunto a la muchacha desesperadamente.-¿Como es que no te quitas cuando viene un carro hacia ti, acaso no reaccionas?
Sora, por su parte, se encontraba sumamente confundida, como si su mente todavía no había percatado la situación.
¿Y como no? Un minuto estaba cruzando la calle y levantando sus compras del piso, y el siguiente se encontraba tendida en el suelo con Yamato, quien no paraba de gritarle y sacudirla.
-¿Acaso esto es un sueño?-se oyó preguntar en voz alta, confundida. Quizás aun se encontraba durmiendo en su apartamento y todo esto era causa de un sueño febril.
Al oír esa pregunta, Yamato se preocupo un poco. Tal vez eran los efectos de la adrenalina que la tenían confundida, pero Yamato no estaba muy seguro.
-¿Acaso te pegaste la cabeza?-le pregunto, trayendola mas cerca para examinarla mejor. Pero recibió una inesperada respuesta cuando sus manos tocaron la frente de la pelirroja. Estaba hirviendo!
-Sora!-soltó sin poder creerlo-¡estas...estas enferma!
En toda su memoria con Sora, solo podía recordar de una vez que esta se había enfermado, y eso fue antes de que ellos formaran una pareja, cuando apenas regresaron de su primera aventura en el digimundo. En su relación con Sora, con excepción de una appendectomy, siempre era el quien se encontraba afectado por malos resfriados, para su total frustración.
-Solo estoy un poco resfriada-Sora trato de explicar-pero no importa porque todo esto es solo un sueño-termino, completamente convencida mientras dejaba que Yamato la ayudara a levantarse.
-¿Un poco resfriada? Tienes fiebre de por lo menos 37 grados! Casi ni puedes mantenerte parada!-exclamo Yamato enfadado con la imprudencia de Sora.-¿Como es que estás en la calle? Deberías estar recuperándote, no paseando por las calles buscando problemas con conductores ebrios.
-Hmmm, los Yamas de mi sueños casi siempre son mas dulces, y mucho menos gritones-le informó Sora a este, apoyandose pesadamente en sus brazos.
-Y acaso tu sueñas mucho conmigo?-le pregunto el rubio sin poder aguantarse, desesperadamente queriendo saber si ella aun lo quería.
-Claro que sí-le respondió la portadora de amor, sonando mas agotada con cada palabra.
Y Yamato, viendo el estado en que se encontraba su chica, no duro en tomarla entre sus brazos y caminar hacia el apartamento de ella. Cuando ya cruzaba la entrada del edificio, esta ya estaba durmiendo.
La próxima vez que Sora se despertó deseo no haberlo echo. Se sentía como si una legión de Monzaemon la hubieran usado como una patineta y su cabeza no paraba de palpitar con dolor. Y lo peor de todo es que sus pensamientos se encontraban en total confusión. Podría haber jurado que salio a comprar algo y que se había encontrado con Yamato, pero solo pudo haber sido un sueño. En estos minutos Yamato se encontraba en Odaiba, lejos y probablemente odiándola.
Entristecida, Sora se dió la vuelta para seguir durmiendo cuando un aroma en el aire la alarmó. Alguien estaba en su cocina. Pero quien? Sus padres estaban en un crucero por el caribe, Mimi estaba en Hawaii, y todos sus demás amigos se encontrarían en Odaiba. Asustada, Sora busco el bate que guardaba al lado de su cama, y reuniendo la poca energía que tenia se levantó de la cama y lentamente se acerco a la cocina, bate listo para causar daño al sinvergüenza que se atrevió invadir su hogar cuando se encontraba indispuesta.
Llegando a la cocina, tomó una cuidadosa mirada, pero lo que vio solo sirvió en confundirla mas. La cocina, que a unas pocas horas se encontraba sucia y desorganizada, estaba completamente limpia, justo como a ella le gustaba, con un olla de lo que ella suponía era sopa cocinándose a fuego lento. Y lo mas extraño de todo es que estaba completamente vaci-
-¿Sora? ¿Que haces parada?
Sora reacciono como era de esperar, y volteándose le pegó al intruso soberano batazo que afortunadamente en su corriente estado físico no era muy duro.
Sora oyó como el sinvergüenza soltó un sonido de dolor, y preparándose para darle mas, alzó el bate por encima de su cabeza y... se fijo en esos hermosos cabellos dorado que tenía.
Congelada en su posición, Sora solo estaba consciente de los rápidos latidos de su corazón y en el joven que se encontraba doblado de dolor.
-Yamato?-pregunto sin creer.
Cayendo a las rodillas, Sora tomo el rostro del rubio para poder comprobar que lo que estaba viendo no era producto de un sueño.
-De...de verdad eres tu?
El pobre Yamato no le quedaba mas remedio que gruñir su respuesta, tratando de recuperar su aliento.
-Oh Dios, que torpe soy!- declaró Sora totalmente avergonzada. Le acaba de dar un batazo al hombre que amaba!-Te encuentras bien? Te traigo hielo?-le pregunto apurada, mientras ya se paraba para buscar el hielo.
-Sora, si alguien necesita hielo aquí, eres tú-la llamo el rubio, reincorporándose del suelo y sobando su diafragma-Perfecto...primero Taichi y ahora tú.
Sora no podía encontrar adonde esconderse. Contra todas las posibilidades aquí se encontraba el chico que amaba, y en vez de tratarlo como un príncipe y rogarle perdón, lo primero que hizo fue caerle a golpe.
-Te encuentras bien?-pregunto en voz baja como una niña regañada.
Al ver lo afectaba que se encontraba, Yamato no tardó en tranquilizarle-No te preocupes, estoy bien. Y tu? Que tal te sientes? Con toda esta emoción sin duda haz echo que tu fiebre suba-le dijo mientras colocaba una mano en la frente de la pelirroja.
Al sentir la mano de Yamato por su rostro, la fiebre de Sora si aumentó, pero ésta debido a la sensación que corrió por su cuerpo en reacción de so toque.
Yamato, por su parte, no aparto su mano del rostro de la chica, si no que la trajo hacia la mejilla de ella, mirando con ternura el rostro hermoso de ella. Sin poder aguantarse mas, Yamato la tomo entre sus brazos y la abrazo fuertemente contra el, recordando lo cerca que estuvo en perderla.
Al sentir los brazos de Yamato rodeándola con pasión, Sora se derritió, y recordó lo increíble que era poder sentir los brazos de el sosteniéndola. De esa sensación tan cálida y protectora que la invadía, como si la misma esencia de Yamato la estaba envolviendo en en capullo protector. Sintió como Yamato la abrazaba con ternura, y al mismo tiempo estaba consciente de lo importante que era para el chico que ella lo abrazara devuelta.
-Me vas a volver loco.-le admitió con una sonrisa, medio en serio y medio bromeando.-Sabes cuantos sustos me has echado pasar?-le preguntó, su voz un poco afectada por su emoción.
Sintiendo su necesidad, Sora alzo sus brazos y abrazó a Yamato con fuerza, queriendo transmitir todos sus sentimientos de amor para poder confortarlo de sus temores.
La paz que Yamato sintió en los brazos de Sora le calmó todos sus miedos y sin poder resistirse mas, buscó lo labios de ella y los atrapó con los suyos, fundiéndolos en el beso que ambos deseaban sentir por unos largos seis meses.
La primera sensación que Sora notó al despertarse fue la cálida respiración de la persona que dormía a su lado y los brazos que la rodeaban tiernamente hacia el cuerpo desnudo de su novio. Recuerdos de la noche anterior pasaron por su mente, llenándola de deseo y alegría.
Volteándose hacia al rubio que aun descansaba, Sora tomo esta oportunidad para poder admirarlo es su resplandor matutino. Los rayos del cielo tornaban su sedoso pelo rubio a un dorado mas valioso que ninguna prenda de oro y su rostro, completamente relajado, mostraba la paz que causaba una noche de amor. Sin poder contenerse, Sora corrió un dedo por el puente de su nariz, riéndose al ver la expresión de consternación que formaba el rostro del chico debido a la molestia.
De repente los ojos zafiros de su amante se abrieron y Sora se quedó hechizada, completamente capturada por esa mirada de amor que le otorgaban esos ojos azules. Se quedo ensimismada al ver como el brillo se apoderaba de sus ojos, haciéndolos aun mas hermosos que nunca.
Observando la expresión maravillada de Yamato, Sora sabia que sus pensamientos estaban siendo reflejados por los de el, y se sintió como la muchacha mas dichosa del mundo en saber que tenia a alguien que la amaba tanto como ella lo amaba el.
Y sin mas esperar, Sora se dejo envolver por esos fuertes brazos, donde juntos volvieron encontrar el sueño, sabiendo que cuando despierten encontrarían siempre al otro.
Primero que todo, les debo a todos los lectores que se quedaron con las ganas de leer una tremenda disculpa, y espero que este capitulo les sirva de recompensa. Estaba planeando escribirlo todo en un mes, pero hice un semestre de verano lleno de químicas y matemáticas que me casi me volvieron loca. En tal, cuando me senté a escribir las palabras no fluían y no quise forzarlas. Pero me siento mucho mas confidente escribiendo en español, y espero que con mas practica yo podre escribir sin frenarme tanto.
Bueno, me encanto escribir esta historia, y aunque el ultimo capitulo empezó un poco lento, todo termino fluyendo al final. Quize poner la parte con Jessica para poder darles una idea de como Yamato estaba pasando sus dias. Pero porecita, nunca tenia chance.
Espero que les haya gustado! Esta primera historia es dedicada a todos los fans de la hermosa pareja Sorato.
Y muchas, muchas gracias por esos lindos comentarios! Me mantuvieron animada por terminar Amistad y Amor para que ustedes pudieran ver el final que me imagine para Yamato y Sora. Y Marin, tu que eres una de las razones por las cuales quise escribir Sorato, muchas gracias por leer mi historia! Sorato-ai, gracias tambien por animarme tanto a escribir!
Tengo varias ideas para mis siguientes proyectos, pero mientras tanto: Que viva el Sorato!
