Galatea y Sisyphus entraron en la Casa de Acuario, que estaba silenciosa, las asistentes del caballero dorado ya se habían marchado. Se estaban preguntando si Degel había notado su presencia cuando Kardia y él salieron de entre las columnas. Degel salía sudoroso mientras Kardia hablaba muy risueño.
-¿En qué piensas, cubito de hielo? Vaya paliza te he dado…- Reparó en la pareja que estaba esperando en medio del gran salón de la Casa de Acuario.-Vaya es Sisyphus y este bombón de amazona…- Dio una vuelta alrededor de Galatea mirándola de arriba abajo- ¿Sabes? Ahora mismo le acabo de dar una soberana paliza a tu médico, ¿quieres que te deje exhausta a ti también?
-Oh ¿En serio? ¿Podrán las garras del lince con el escorpión?- Retó Galatea.
-Mi aguijón es mortal…- Le contestó con una mirada pícara.
-¿Podéis dejarlo ya?- Sisyphus empezaba a cabrearse, sabía que Galatea lo estaba haciendo a propósito- ¿Habéis olvidado las normas? Nada de líos-
-Aguafiestas, solo bromeábamos…- dijo Kardia. Galatea miro a Sisyphus pensando "Qué bien te vienen las normas cuando te interesan".- Bueno yo me largo. ¡Pasaré la noche solo y desamparado en la Casa de Escorpio!- Bromeó guiñándole un ojo a Galatea, quién bajo su máscara sonrió para sí. Le hacía gracia el Caballero de Escorpio
Degel estaba esperando que Kardia se largara de una vez para poder ver que querían aquellos dos, aunque se lo imaginaba. Sisyphus fue el primero en hablar.
-Degel, échale un vistazo a las heridas de Galatea, me ha dicho que ya no se las has mirado- Degel frunció el ceño, claro que había ido a mirarle las heridas. Miró a Galatea confuso, y captó el mensaje a la primera, sus ojos lo taladraban a través de la máscara de plata.
-Eh, claro. Lo siento he estado un poco liado preparando la misión y se me ha olvidado pasar a ver cómo iban- dijo mientras pasaban a las estancias personales de Degel. Las asistentes habían ordenado la estancia y sólo quedaban unos cuantos libros apilados sobre el escritorio delante de una chimenea apagada había un sofá- Sientate- indico a Galatea el sofá. Ella se sentó y le dio la espalda a los dos hombres. Degel se puso las gafas, retiró las gasas que cubrían las heridas y las inspecciono… otra vez.
-¿Le quedaran cicatrices?-
-Si se curan correctamente no creo que le queden marcas.-
-Pues intenta pasarte a mirarle las heridas todos los días…- Le reprochó Sisyphus a Degel, el último se trago la contestación de "¡Eso es lo que hago!". Galatea iba a tener que explicarle porqué le estaba mintiendo a su maestro.-Oye tomate él tiempo que necesites para curarle yo tengo que bajar al recinto de las amazonas a recibir a las que quedaban dispersas por europa. – Tras una despedida cordial se marchó.
-¿De qué va todo esto, Galatea? ¿Por qué le has dicho a Sisyphus que no había ido a verte?-
-Pensé que Regulus le había dicho lo de… - Degel la miró y se mordió el labio.
-¿Hay algo que yo no sepa entre Sisyphus y tú?- Degel dejó escapar la pregunta, y al momento se arrepintió. Era Sisyphus de quién estaban hablando, el justo, responsable y valiente Sisyphus, por amor a los dioses. Además no tenia la sensación de tener tanta confianza con Galatea como para preguntarle algo así.-No eso no puede ser, Sisyphus es único para las normas…- Galatea que hasta hace un momento le miraba bajó la cabeza en con aire meditabundo. Un sentimiento de certeza se apoderó de el ante el gesto de la chica, con tono seco le preguntó-¿Qué ha pasado entre vosotros?-Se le había olvidado la misión, se le había olvidado que era un Caballero de Oro, todo ahora era presa de sensaciones que no debería tener, ahora era un hombre como otro cualquiera. Una rabia inexplicable lo invadía, apretó los puños, suspiró… Sabía que ella no era una sensiblera como otras … ¿mujeres?¿Amazonas?... pero aquello lo dejó estupefacto. Galatea se dejó caer sobre su pechó y las lagrimas brotaron a través de la máscara… La abrazó como acto reflejo…
