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Capitulo 20

-Amor Apasionado-

-X-

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Mientras conducía hacia su departamento después de hablar con Takao sentía una extraña sensación de relajación y satisfacción, antes solía pensar que sus únicos amigos eran Tala y los demás idiotas pero ahora veía que estaba equivocado.

Takao y los otros siempre habían intentado ser sus amigos a pesar de su mal carácter y su insistencia en alejarlos con palabras frías y groseras. Ray en especial siempre había intentado escucharlo y aconsejarle en la medida de lo posible pero Kai nunca había estado dispuesto a ser la clase de chico sensible que corre buscando apoyo y comprensión al mínimo problema.

Claro esta podía hablar con Spencer y Tala siempre que lo necesitaba pero no eran las típicas charlas que solía escuchar entre Ray y los demás. Con Tala y Spencer la mayor parte del tiempo mientras hablaban de sus problemas eran directos y los consejos siempre estaban rodeados de ácidos comentarios mordaces.

Y así era mejor.

Siempre podía contar con que la preocupación se ahogara en una buena botella de licor y una batalla verbal con sus idiotas amigos.

Pero la charla que había mantenido con Takao había sido diferente, mas profunda si se quiere llamar así. Por primera vez habían hablado honestamente.

Desde luego que estaba sorprendido de saber que Takao estaba enamorado de Hiromi, no por que pensara que ningún chico podría amarla, pero era algo que jamás había esperado, al menos no de Takao al ver como solía tratarla.

Pero también lo entendía hasta cierto punto, estaba enamorado y no sabia como actuar con ella pues hasta donde sabia por las descuidadas conversaciones que solían tener Max y Ray frente a el por considerar que al no hablar mucho tampoco escuchaba, Takao nunca había demostrado o mencionado estar enamorado de alguna chica.

Además de eso Hiromi no era una chica común y corriente, era la clase de chica que podía resultar intimidante para la mayoría de los hombres. Siempre había sido alegre y dulce en el fondo, pero actuaba de una forma diferente, siempre gritando en ese tono mandón y arrogante que hacia que la mayoría le temieran y respetaran.

Tenia que ser honesto y admitir que eso le había gustado de ella desde el principio, le encantaba esa personalidad fuerte e independiente mezclada con esa alegría y amabilidad típicas en ella.

Y si él que era conocido por tener el corazón de hielo, y eso en el caso de que pensaran que tenia un corazón, se había enamorado de esa chica sin poderlo evitar era ilógico pensar que ningún otro chico pudiera llegar a sentir lo mismo por ella.

Recordó las muchas veces que la vio discutir con Takao, el rostro satisfecho de él cuando ella le gritaba colérica y la mirada rabiosa y dolida de ella. Entendía ahora, después de escuchar a su amigo confesarle la verdad con la cabeza gacha temiendo que lo goleara de un momento a otro por estar enamorado de su novia, que esa mirada de Takao era por saber que por un momento esa chica solo lo miraba a él, que en esos segundos solo pensaba en él.

La quería pero no sabia como demostrarle afecto.

Por un segundo se sintió culpable, después de todo fueron los desesperados e infructuosos intentos de Takao por llamar la atención de ella los que causaron que pasara mas tiempo con él. Con el paso de los años ella se había acercado más a Kai debido a que siempre estaba molesta con Takao.

Había intentado alejarla como a todos los demás, ignorándola, hablando solo unas pocas palabras forzadas y mirándola como si no mereciera respirar el mismo aire que él. Había usado los mismos trucos que usaba hasta con sus compañeros y que casi siempre funcionaban a la refección, pero ella siendo tan necia como era no lo permitió y termino siendo la única chica que podía estar a su lado y lo aceptaba incluso con su mala actitud.

Necia y encantadora como solo ella podía ser había insistido en permanecer a su lado siempre que era posible, charlaban largas horas en el jardín de la casa de Takao, bueno la verdad es que ella era quien hablaba y el solo la miraba o comentaba algo esporádicamente.

Ella cocinaba maravillosamente todos los días y preparaba sin saberlo platillos rusos que su madre le daba cuando era un niño. En muchas ocasiones prefería olvidarse de su infancia, era demasiado doloroso recordar a unos amorosos padres que jamás volverían, pero era imposible evitarlo en ocasiones, como por ejemplo mientras comía algún platillo preparado por la castaña, recordar a sus padres.

Esos recuerdos fugaces cruzaban su mente y se marchaban dejándolo nostálgico pero sin ese dolor punzante que sentía antaño. Recordaba la radiante sonrisa de su madre y la voz calida y llena de orgullo de su padre.

Jamás podría olvidarlos aun cuando lo había intentado desde el día que los perdió repentinamente cuando era solo un pequeño. Mientras había estado encerrado en la abadía solo había tenido esos recuerdos y su preciada bufanda blanca para mantenerse cuerdo.

Cada día agónico en ese asqueroso lugar era lo mas parecido al infierno que podría existir y sin embargo logro sobrevivir. Logro mantenerse cuerdo aun cuando pareciera ser imposible.

Tala, Spencer, Ian y Bryan sabían en carne propia el horror que se ocultaba tras esas murallas de roca sólida que tan inofensivas lucían desde el exterior. Los interminables días de experimentos y brutales palizas, los insultos, humillaciones y malos tratos que sufrían día y día en obediente silencio.

Manteniendo una fachada de indiferencia y fortaleza, mantener la mascara era lo único que podían hacer para sobrevivir. Por eso ellos lo comprendían incluso sin hablar, compartían un pasado doloroso y terrible que los había unido en algo mas profundo que la amistad.

Para bien o para mal, esos idiotas eran su familia.

Si Boris supiera que lejos de destruirlos logro darles algo que pensaron jamás tener seguramente gritaría de furia, o se revolcaría en su tumba para ser mas preciso. Tenía demasiado que no pensaba en ese bastardo, gran parte de su rencor hacia él se había marchado largo tiempo atrás.

Su rencor y deseos de venganza se habían calmado cuando su abuelo le había pedido perdón a su manera y les regalo algo que ellos anhelaban… al maldito miserable que los torturo hasta el cansancio.

Había sido entretenido, sus gritos y suplicas eran como la mejor melodía jamás compuesta en sus oídos ávidos de venganza. Habían disfrutado enormemente verlo llorar como un perro moribundo, suplicar por su miserable vida mientras veía aterrado como su propia sangre lo rodeaba y sentía el punzante dolor de cada hueso roto, había suplicado desesperado hasta el momento en el que su abuelo y Kuroki se lo llevaron.

Pues aun cuando lo deseban ellos no lo mataron. Su abuelo había decidido que no podían hacerlo, el viejo les dijo podían jugar cuanto quisieran mas no podían matarlo, el se encargaría personalmente de eso, tenia también cuentas pendientes con él que quería saldar.

Miro el edificio de departamentos frente a él y al portero en la entrada charlando con algún inquilino que no reconoció y se estaciono frente al edificio apartando sus recuerdos.

Salio del auto y le lanzo las llaves al portero, que lo saludaba con una sonrisa y una reverencia antes de tomar las llaves y asentir a la muda orden de estacionar su precioso auto.

Cuando llego a su departamento era la una de la madrugada y estaba agotado, al llegar se encontró a Hiromi durmiendo profundamente en la cama, sonrió al verla con su largo cabello esparcido sobre la almohada y con un gesto de tranquilidad en su bonito rostro.

Aun dudaba de su suerte, aun le parecía increíble que una chica tan dulce como ella lo amara tanto que estaba dispuesta a estar a su lado aun a pesar de todo. Era afortunado de tenerla a su lado y saber que lo amaba.

Se acomodo en la cama, la abrazo con delicadeza antes de cerrar los ojos. Suspiro dispuesto a que el sonido de su rítmica respiración junto a su perfume a rosas llenaran sus sentidos mientras que el sueño poco a poco lo vencía.

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Hacia unos minutos que los demás se habían marchado, Kai había sido el primero en marcharse después de que ese idiota lo llamara y dejo a Hiromi al cuidado de Tala.

Le preocupaba un poco que Kai fuera a ver a ese idiota por que no estaba seguro de que era lo que le diría y como reaccionaria Kai a sus palabras, además sin Hiromi presente no se contendría de destrozarle la cara de estupido a Takao.

Suspiro mientras escuchaba a la rubia gritar su nombre desde la habitación donde apenas hacia unos minutos la había dejado después de que todos se marcharon levando consigo a una castaña casi inconciente gracias a la maravillosa idea de Hikari de competir para ver quien bebía mas sin caer desmayada, a pesar de que pensaron que se negaría la castaña había aceptado sonriente.

Pasaron el resto de la cena viendo como Hiromi intentaba seguir el paso de esa rubia desvergonzada bebiendo vodca, cosa que obviamente no logro. Hikari había demostrado que tenía una tolerancia muy alta para el alcohol. No estaba al nivel de alguno de ellos pero un así podía tomar media botella de vodca sin siquiera marearse.

Claro esta que para el final de la cena Tala termino casi arrastrando a Hiromi y Spencer termino llevando a su cuarto a la rubia, después de quitarle de las manos su segunda botella de vodca, y tirándola en la cama para después salir de allí inmediatamente.

– ¡Spence! ¡Ven rápido necesito tu ayuda urgente!

Miro la puerta de la habitación de la rubia sin atreverse a mover un músculo. No estaba seguro de si era conveniente entrar a la habitación de ella por esa noche. Había bebido bastante, no estaba ebrio pero su juicio no estaba a plenitud.

Si entraba a esa habitación con esa pesadilla rubia no estaba seguro de ser capaz de controlar sus propias hormonas. Después de todo tenia más de dos meses sin sexo y esa chica era una descarada tentación. Una tentación en la que no tenía planeado caer.

No podía permitirse pasar una noche con esa chica, lo deseaba, pero no podía hacerlo. Se suponía que debía cuidarla en lo que el acosador era atrapado y no acostarse con ella por mucho que esos ojos verdes atrajeran su atención.

No podía caer en la trampa y dejarse seducir por esa chica con rostro de ángel y cuerpo de perdición. Hiromi lo mataría lentamente si lastimaba a su amiga. La veía capaz de mutilarlo lenta y dolorosamente y se atrevía a hacer que si quiera una lagrima fuera derramada por su culpa.

Tal vez fuera una mierda de vida la que tenia, pero una mierda de vida es mejor que no tener una. Tenía que ignorar los gritos de esa chica y fingir dormir hasta que se cansara de gritar y se durmiera de una vez por todas.

Pero más de veinte minutos pasaron y ella continuaba llamándolo con tanta insistencia que resignado a que, a pesar de las dos botellas de vodca que se bebió, esa pesadilla rubia no se dormiría hasta que cumpliera sus caprichos.

– ¡Spence!

Entro en el cuarto de ella de malhumor y la vio recostada, tirada era una mejor descripción, con la ropa a medio quitar y el cabello revuelto. Las mejillas rosadas por el alcohol y la respiración agitada por tantos gritos, trago saliva y procuro hablar con su mejor tono indiferente…

– ¿Qué quieres?

Pero fallo miserablemente. Su voz traicionera sonó irritada y agitada ante la visión de ella mirándolo con una sonrisa tentadora y sensual desde la cama.

–Ayúdame

Lo miro sin dejar de sonreír y noto que estaba intentando controlarse lo mejor posible, lo vio tragar saliva en un vano intento de calmarse y sonrío aun más… sabia que ninguno de los dos estaba del todo sobrio pero eso solo jugaba a su favor. Ella quería al chico en su cama esa noche y el alcohol le ayudaba a desinhibirse sin sentirse nerviosa.

Sabia que era hermosa y era imposible que el no la encontrara atractiva, además era soltero. Lo sabia por que una muy borracha Hiromi se lo había dicho antes de que Tala la sacara casi a rastras de su departamento maldiciendo a Kai por dejarlo cuidando a su amiga.

Solo tenia que provocarlo un poco mas… solo necesitaba que se acercara hasta la cama por que ella era incapaz de caminar sin trastabillar y eso mataría cualquier intento de seducción que intentara.

–Ayúdame… no puedo sacarme las botas

La miro un segundo antes de caminar hasta ella y arrodillarse en el suelo. Le quitaría las botas y se iría. Tenia que irse antes de que pasara algo que terminaría en consecuencias desastrosas para él. Tomo el piel con todo el cuidado que pudo y bajo el cierre antes de tirar de la bota izquierda y dejarla junto a la cama.

Ella se sentó y lo miro mientras repetía sus acciones con su bota derecha e intentaba levantarse pero antes de detenerse a pensar o de permitirle reaccionar al chico lo tomo repentinamente por la playera negra que usaba ese día y lo arrastro a la cama con ella. El estaba bastante aturdido y le fue fácil dejarlo bajo su cuerpo sentándose sobre las caderas del chico con una sonrisa de triunfo en los labios, lo tenía atrapado y no lo dejaría escapar.

Ella era Saito Hikari y siempre tenia lo que deseaba, los hombres la buscaban a ella, los hombres siempre intentaban meterse en su cama, ellos daban siempre el primer paso y eso era predecible… pero ese grandullón de Spence era diferente.

Sabia que le gustaba, la manera en que veía su cuerpo descaradamente cuando pensaba que no lo veía, sus mejillas coloreadas de rojo cuando le mostró un espectacular conjunto de lencería de encaje en color turquesa en la tienda para pedir su opinión, y sobre todo la manera en que esa noche respondía con una sonrisa a todas sus miradas e insinuaciones.

Pero nunca tomo la iniciativa, nunca intento nada impropio a pesar de la manera en la que la miraba en ocasiones y eso la desesperaba. Si él no daba el primer paso lo daría ella entonces. Ella lo quería y ella lo tendría.

Con solo verlo se había imaginado que no era la clase de amante dulce que te murmura dulces palabras al oído mientras recorre tu cuerpo con lentitud y cuidado, no, a simple vista podía ver que era un amante apasionado y ahora, en ese momento teniéndolo a su merced lo comprobaría.

Estaba mudo de sorpresa cuando ella lo arrastro de esa manera, ahora con ella sentada en una zona tan delicada de su anatomía estaba en un serio problema, no podía apartarla delicadamente y aun cuando una parte de él le gritaba que saliera corriendo de allí y llamara a Ian o Bryan para cuidarla también había una voz interna que le gritaba que la besara.

Esa voz lo incitaba a recorrer ese blanco cuello con sus labios, tocar esos pechos que apenas hacia unas horas vio en un sostén color turquesa, la misma prenda que le provoco mas de una fantasía salvaje en la que esa rubia terminaba gritando su nombre pero no en esos chillidos mandones que tanto le molestaban, no, ella gritaría pero en medio de gemidos mucho mas placenteros.

Esa voz interior le decía que ella no era una princesa delicada que lloraría y lo acusaría de usarla y luego abandonarla… viendo esa sonrisa triunfante y sintiendo como se acercaba a su rostro lentamente se dio cuenta de que ella lo usaría a él.

Sintió claramente como ella se recostaba sobre el con una sensualidad abrumadora y sus suaves labios rozando los suyos con delicadeza una y otra vez tentándolo a que fuera él quien la besara… vio como ella cerraba los ojos y escucho un suave gemido escapar de sus labios cuando sus manos rodearon sus caderas sin delicadeza.

Al diablo con todo.

Después de dos meses sin sexo una preciosa rubia lo estaba seduciendo y tendría que ser un idiota para no ceder ante la tentación de ese calido cuerpo femenino sobre el suyo.

Si ella quería usarlo pues entonces el se dejaría usar.

Recorrió su espalda con una mano mientras que la otra se perdía en su rubio cabello en un gesto brusco, pero sin llegar a lastimarla, acercando su cabeza y besándola con intensidad… si la rubia quería jugar entonces jugarían.

Había tenido razón, la delicadeza no era algo que a Spencer se le diera bien, la besaba con fuerza con ansias mientras que sus manos se mantenían vagando por el cuerpo de la rubia sin pudor alguno.

Un sonoro gemido se escapo de sus labios cuando las manos de Spencer tomaron sin delicadeza alguna sus muslos, sabia que probablemente tendría moretones por la fuerza con que la sujetaba pero extrañamente le encantaba esa sensación.

Quería que la besara con esa pasión salvaje y que la tocara sin miedo, con toda el ansia que demostraban sus manos, sus labios y su lengua en esos momentos. Deseaba ser tratada sin todo el cuidado con el que sus anteriores amantes la habían tratado.

Estaba harta de ser tratada como si fuera de cristal. El cuidado y la reverencia con la que otros la tocaron no lograban hacerla estremecer como lo estaba haciendo Spencer en esos momentos mientras sus manos tocaban descaradamente bajo su falda.

Ella no era ninguna muñeca de porcelana, no estaba echa de cristal. No se rompería por ser besada con ansias, no se despedazaría por que las carisias fueran mas intensas.

Un sonoro gemido escapo de sus labios cuando Spencer invirtió sus posiciones dejándola atrapada bajo su masculino y firme cuerpo. Aferro sus manos a la amplia espalda de el y rodeo su cadera con sus piernas para mantenerlo atrapado.

Lo escucho murmurar alguna frase en su oído pero no pudo entender que decía, seguramente era su idioma natal, sintió deseos de preguntarle que significaban esas palabras que sonaban tan sensuales mientras las decía contra su piel pero la sensación de sus dientes mordiendo suavemente su clavícula la obligaron a olvidar todo lo que pasaba por su cabeza y dedicarse a disfrutar de su cada momento.

Spencer la miraba de reojo, con el cabello rubio despeinado, los ojos cerrados y los labios enrojecidos dejando escapar su aliento agitado… era la imagen más cautivante que había visto en mucho tiempo.

Pero no era solo eso, era la manera tan devastadora en que sentía cada una de las caricias de la chica, el adictivo sabor de sus labios, los excitantes sonidos que hacia cada vez que tocaba alguna parte de su magnifico cuerpo.

Sentía unos deseos tremendos de acostarse con ella esa noche pero no lo aria. No cuando estaba completamente pérdida por el alcohol. Había creído que podría hacer a un lado su conciencia y tener una noche de sexo salvaje con ella sin importar lo que pasara en el futuro, pero no podía.

Si continuaba así probablemente la mañana siguiente se arrepentiría de haberlo echo y todo quedaría una noche de sexo que ninguno recordaría con claridad a causa del vodca. Pero si era paciente y esperaba hasta que ambos estuvieran sobrios entonces tal vez tendría unas noches muy entretenidas mientras estuviera en Japón. Con algo de suerte y no solo seria las noches.

La beso en los labios nuevamente pero con menos intensidad, poco a poco se fue separando de ella con cuidado hasta que solo sus labios estaban en contacto y la miro. Vio la pasión y la confusión en sus ojos verdes y maldijo a su estupida conciencia por obligarlo a dejarla sola en la cama esa noche.

– ¿Spence que pasa?

Lo vio levantarse lentamente y mirarla con una sonrisa resignada y sintió como uno de sus dedos acariciaba sus labios con delicadeza, podía ver en esos magníficos ojos color caramelo que estaba molesto por alejarse de ella, veía el deseo en esos ojos tan claramente como ella lo sentía.

Ella quería tenerlo esa noche… y obviamente el lo deseaba también.

¿Entonces por que su presa estaba huyendo?

–Otro día sin alcohol de por medio.

Hikari maldijo en voz alta al verlo salir de la habitación tras decir eso, intento seguirlo pero era cierto, estaba demasiado borracha esa noche y si le sumaba el echo de que los besos de Spence le volvían las piernas de gelatina, el resultado era que por esa noche era incapaz de caminar.

Molesta y frustrada se dispuso a dormir por esa noche… pero la mañana siguiente ese grandullón no tendría tanta suerte. Lo quería y lo tendría o dejaba de llamarse Saito Hikari.

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La luz brillante que se colaba por las cortinas entreabiertas la obligo a despertar a pesar de que cama calida y mullida la invitaba a quedarse así, perdida entre el sueño y la conciencia. Aun adormilada y negándose a despertar del todo busco el cuerpo de su novio pero al parecer era la única en la cama esa mañana.

Abrió los ojos lentamente pero aun así fue cegada por el resplandor del sol y sentía una ligera pero molesta punzada en su cabeza. Parpadeo varias veces y froto sus ojos con una mano, mientras que la otra cubría sus labios medio ocultando un sonoro bostezo amodorrado que se le escapaba.

Recorrió la habitación con la mirada buscando a su novio pero solo vio su ropa del día anterior doblada en una silla junto a la cama, el sonido algo lejano del agua llego a sus oídos y supo que Kai estaba en la ducha.

Se levanto y fue directo a la cocina por un poco de café, le dolía la cabeza un poco por haber aceptado jugar con Hikari, era obvio que la rubia le ganaría. El alcohol no era su fuerte, apenas se había tomado un par de copas y se había sentido mareada mientras que su revoltosa amiga casi se había tomado ella sola media botella de vodca y seguía sin mostrar síntomas de estar ebria.

Lo único que dejaba ver que el alcohol le estaba afectando ligeramente eran las miradas provocadoras que lanzaba a Spencer a cada oportunidad y de haber estado menos ebria tal vez habría prestado mas atención a como el chico respondía a esas miradas con una media sonrisa.

El café fue una maravilla esa mañana, aun con su humeante y revitalizadora tasa entre sus manos se recargo en uno de los gabinetes y se dedico a disfrutar de su maravilloso brebaje con los ojos cerrados.

Hiromi estaba usando una de sus camisas esa mañana, mientras se acercaba a la cocina buscándola la vio con los ojos cerrados y su camisa negra sobre su figura menuda. Le quedaba algo grande pero dejaba a la vista esas magnificas piernas e insinuaba elegantemente la suave curva de sus caderas. Amaba esa camisa en esos momentos.

El suave sonido de pasos llamo su atención y abrió los ojos lentamente, Kai estaba frente a ella, usando solo unos pantalones de chándal negros y su asombroso torso estaba totalmente a la vista.

Se quedo mirándolo fijamente sin poder evitarlo. Su piel blanca y suave, sus hombros anchos y firmes, su estupendo abdomen definido y su cabello húmedo dejando escapar pequeñas gotas que recorrían su piel lentamente hasta llegar a la tela del pantalón negro.

– ¿Te gusta lo que ves Hiromi?

Hiromi se quedo sin aliento y lo miro directamente a los ojos, podía ver ese brillo malicioso y pícaro en el fondo de sus ojos violetas y un agradable estremecimiento la recorrió, le sorprendía como Kai era capaz de hacerla estremecer de gusto y emoción solo con su tono de voz y su mirada.

Su voz suave, profunda y masculina tenía un indudable deje de sensualidad que lograba hacerla desear que susurrara en su oído mientras que sus brazos la rodeándola y el aroma de su colonia inundando sus pulmones la hacían estremecer, deseaba sentir su aliento chocando contra su piel en esos momentos mas que otra cosa en el mundo.

Antes de estar con Kai jamás había sentido algo así por un chico, nunca haba tenido esas ansias de ser tocada y besada y sobre todo nunca deseo besar y acariciar a un hombre como deseaba hacerlo con él.

Sabía que esa emoción ardiendo en su interior era lujuria, pero también estaba conciente de que no era solo eso, la lujuria a pesar de ser fuerte no era ni por asomo tan poderosa como esas emociones que bullían en su interior.

Lo que sentía era algo mas, algo intenso y profundo, algo que solo podía ser llamado amor. Estaba enamorada y eso solo amplificaba el deseo que sentía en esos momentos por su novio, por un segundo se sonrojo al pensar tan descaradamente pero una parte de su mente le decía que era algo normal.

Que era natural pensar, sentir y desear esas cosas, ya no eran una niña después de todo, era una mujer con deseos y necesidades. Estaba completamente enamorada y sabía que era correspondida con la misma intensidad. Lo sabia con certeza cada vez que lo veía a los ojos, podía ver las emociones de Kai en esos ojos violetas tan claramente como si ella misma las sintiera.

La vio sonrojarse pero sin apartar la vista de su cuerpo y se acerco lentamente hasta llegar a ella, un paso tras otro acorto la distancia hasta que solo unos centímetros la separaban de él, con calma y delicadeza la tomo por la cintura y ella suspiro.

Al escuchar ese suspiro sonrío y recorrió con parsimonia el cuello de ella con sus labios, dejando húmedos besos hasta llegar a su oído donde susurro con voz queda y profunda de esa manera que sabía que la volvía loca. De la manera que la hacia estremecerse y temblar.

– ¿Te gusta esto Hiromi?

Él sabía como hacerla perder la cordura, como lograr que todo se borrara de su mente con toques, besos y caricias en los lugares adecuados. Conocía su cuerpo mejor que ella misma y sabia la mejor manera de enloquecerla.

Kai la volvería loca si continuaba torturándola así pero eso no la molestaba, por el contrario eso solo lograba que la lujuria en su interior creciera aun mas, el la tentaba con su voz seductora, con sus expertas manos y sus labios cálidos y lograba que su mente quedara en blanco y sus labios secos, era incapaz de respirar normalmente, ni siquiera era capaz de pensar… todo era maravilloso hasta que de pronto la soltó.

Se sintió débil y vacía cuando el se alejo de su cuello y sus manos dejaron de tomar sus caderas, abrió los ojos y vio su rostro sonriente… era esa sonrisa de medio lado que hacia que sus rodillas temblaran.

Sostuvo su taza con fuerza al escuchar su voz burlona sin apartar la mirada de esa maliciosa sonrisa que en esos momentos la irritaba e incitaba por igual.

–Veo que no, si es así mejor iré a vestirme…

Dejo la taza sobre la mesa y lo miro con una muda advertencia en los ojos color chocolate. No pensaba dejar las cosas así, no después de que la hiciera sentir ese calorcillo en el bajo vientre y esas ansias por que la besara de nuevo… pero esta vez en los labios.

–Ni lo pienses Kai…

Lo rodeo con los brazos y lo beso. Lo beso con pasión, con el anhelo de demostrarle que lo amaba y quería tenerlo con ella en esos momentos… desnudo sobre ella de ser posible, le gritaba una vocecilla en su cabeza.

–No intentes escapar ahora Kai…

Le gustaba esa actitud de la castaña, le gustaba verla con los ojos oscurecidos de pasión, con las mejillas sonrojadas y sobre todo le gustaba la manera en la que lo besaba. Le gustaba ese entusiasmo que demostraba en esos momentos.

La sensación de sus manos tirando de su cabello ligeramente y el sonido de su respiración errática, su pecho subiendo y bajando a un ritmo frenético y su aroma a rosas y a café en sus pulmones.

Amaba sentir los besos de su novio, el tacto calido y firme de su cuerpo contra el suyo, sus manos recorriendo lentamente su cuerpo, los estremecimientos que le causaba cada uno de sus dedos y esos labios de perdición contra los suyos.

Sus rodillas temblaron como si fueran meras hojas de papel cuando sintió el suave mordisco que dio Kai a su labio inferior antes de descender sus besos hasta su cuello nuevamente. Nunca imagino que su piel fuera tan sensible a las sensaciones en esa zona en especial pero cada pequeño beso lograba hacerla sentir en el paraíso.

Un sonoro gemido escapo de los labios de la castaña cuando las manos de Kai recorrieron lentamente sus piernas, una de ellas hasta perderse bajo su ropa y la otra mano, que todavía recorría lentamente su piel hasta el inicio de su pierna, volvió a bajar y en un movimiento rápido y sorpresivo subió la pierna de Hiromi hasta que rodeó su cadera.

Un suspiro salio de sus labios ante el sorpresivo e intimo contacto, su respiración se agitaba aun mas al sentirlo contra ella y su corazón latía desbocado en esos momentos resonando en sus oídos, estaba a merced de Kai, pero eso no la asustaba, sabia que él jamás la lastimaría y eso la hacia sentir amada, protegida y sobre todo poderosa.

Sabia con total certeza que él la amaba y que ella tenia tanto poder sobre él como su novio tenia sobre ella. Podía sentir el amor y la lujuria en cada beso lento y estremecedor, en cada caricia torturadora y en ese intimo contacto que compartían.

En un segundo sintió la pared tocando su espalda y la suave pero firme presión de un cuerpo masculino sobre el suyo, era magnifico el momento. Nunca había tenido sexo en la cocina pero en esos instantes al sentir esas manos recorriéndola no podía imaginar llegar hasta la habitación.

––Kai… Por favor

Si tenía que suplicarle lo aria, lo necesitaba en ese momento. Necesitaba mas contacto, necesitaba sentirlo dentro suyo, necesitaba que la ropa dejara de estorbar…

–– ¿Aquí?

La miro interrogante y con una sonrisa satisfecha en los labios, estaba desesperada por que continuara, lo veía claramente en cada parte de ella. Sus labios rojos por sus besos apasionados, su respiración jadeante y los latidos frenéticos de su corazón. Y sus ojos castaños oscurecidos por la pasión del momento le gritaban las ansias que tenía su castaña por que hiciera algo más que besarla…

––Aquí… ahora…

Lo abrazo y beso su cuello mientras murmuraba entre besos evitando mirarlo a los ojos e intentando así ocultar sus mejillas sonrojadas violentamente ante sus propias palabras, pero lo necesitaba. Tenia que sentirlo dentro de ella lo mas rápido posible o se volvería loca…

––Hiromi… Ese lado controlador tuyo es muy excitante ¿Sabes?

Sonrío satisfecha al sentir como la dejaba sobre la mesa con cuidado y sus dedos viajaron por voluntad propia hasta la cinturilla de los pantalones de chándal negros de Kai.

Se sintió libre y perversa a partes iguales por estar en esa excitante situación en plena cocina pero lejos de avergonzarse se sentía como si de un segundo a otro pudiera explotar de felicidad… Kai era su novio, la amaba y la deseaba con la misma intensidad que ella a él.

Sonrío preparada para la magnifica mañana que le esperaba ese día y soltó un ahogado jadeo al sentir como su ropa comenzaba a ser apartada con deliciosa lentitud mientras que cerraba sus ojos perdiéndose así entre el conjunto de placenteras sensaciones que la invadían y que pensaba aprovechar.

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Bien aquí esta el capitulo 20 de la historia y tengo que avisar que se acerca al final. Aun no tengo muy claro cuantos capítulos mas habrá. No se cuento tiempo me tome actualizar por que como ya dije mi musa de inspiración tiene vida y conciencia propias, además de que comencé una nueva historia en el fandom de Eye Shield 21 que también debo actualizar pronto.

Bien espero que les guste el capitulo, como ven es una probadita de felicidad como preparativo para el final. Sean pacientes conmigo y no se preocupen, aun cuando tarde horrores nunca dejare la historia incompleta.

Ahora me despido deseándoles suerte y éxito a todos los que pasan a leer aun y cuando no dejan comentarios.

Si, se que estas leyendo y te piensas marchar sin comentar… soy bruja después de todo!

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