Disclaimer: Todos los personajes y situaciones que conozcan pertenecen a Akira Toriyama, el resto simplemente lo imaginé

CAPÍTULO II: SOBREVIVIR

No he desmontado desde que recibí las ordenes, hace ya diez horas. Oigo el repicar incesante de los cascos sobre las rocas y el viento corta con furia mi rostro, azotándolo con fuerza. Cabalgo demasiado cerca del borde, demasiado deprisa, pero Yasha galopa seguro y sus crines negras ondean cerca de mi cara, rozando la piel. Ha recorrido este sendero cientos de veces, siempre guiado por ese espíritu temerario que me posee y me hace cometer estupideces como ésta. La adrenalina bulle por mis venas y arterias, fluyendo a todos los rincones de mi cuerpo, llenándolo, haciéndome sentir vivo.

Es el riesgo lo que me impulsa a seguir, aunque esa luz roja que centellea en mi conciencia me dice que debo parar; detenerme ahora que aún estoy a tiempo. No lo hago, no pararé, no todavía.

A lo lejos, los destellos atraviesan los nubarrones grises, rasgándolos para caer violentamente al mar seguidos de un estallido atronador. La atmósfera se densifica, cargándose de energía que crepita en mis oídos y la ventisca arrecia a medida que voy acercándome al centro de la tormenta. Hace rato que viajo bajo la lluvia que ha empezado a intensificarse, calándome hasta los huesos, dificultando enormemente la visión y aumentando la gratificante sensación de peligro.

Arqueo mi cintura y tiro con determinación de las riendas, obligando a Yasha a detenerse al filo del precipicio. No desmonto. Me yergo orgulloso sobre su lomo cubierto por la lujosa silla de cuero rojo e incrustaciones doradas. Imperturbable ante la desatada furia de la naturaleza.

Un relámpago cae cerca de donde me encuentro y la tierra vibra a mi alrededor. Mi caballo, se remueve inquieto ante la clara advertencia de los elementos, levantándose nervioso sobre sus patas traseras y forzándome a sujetarlo con fuerza.

El relinche es acallado por los ruidos ensordecedores que acompañan el resplandor.

El mar parece enfadado, enfurecido con su némesis que no deja de atacarlo, y alza sus olas por encima de la pared de piedra como si pudiera alcanzar las nubes. La espuma blanca sale al encuentro de los rayos, recibiéndolos, arrastrándolos al fondo del océano para hacerlos desaparecer.

Desmonto y camino hasta el borde desafiando al océano, extiendo los brazos y alzo mi rostro al cielo y allí, en medio de la batalla desatada entre dos colosos, grito. Grito de rabia, de desesperación, grito de dolor, de pérdida, grito para expulsar el odio, ese resentimiento que he ido cosechando a lo largo de todos estos años. Desenvaino mi espada y amenazo con ella al cielo, y sigo gritando pero no sirve de nada. Nunca sirve, porque cuando la falta de aire acalla mi voz el rencor sigue ahí. La angustia tortura sin piedad mis entrañas y aprieta un poco más ese nudo que parece haberse instalado permanentemente en mi pecho.

Me dejo caer de rodillas, clavando la punta de mi arma en el suelo, sujetándola con una mano y apoyando mi peso en ella. Impotente, derrotado de nuevo, y la borrasca parece amainar entorno mío, dándome una tregua.

Levanto la cara, las gotas de lluvia caen tratando de borrar el gesto amargo de la derrota. Las nubes se abren dejando que el sol las atraviese, calentándome, reconfortando el frío que ocasiona el hielo perenne que corona mi alma.

Cierro los ojos y me permito recordar, sé que es lo peor que puedo hacer en estos momentos, hurgar en esa maraña de imágenes que he logrado enterrar en las profundidades pero, sin poder evitarlo, mi mente me castiga rememorando aquel aciago día en que deje atrás la infancia.

Siento de nuevo la mirada inexpresiva de mi padre clavarse en mí y un escalofrío vuelve a recorrer mi espalda. Con apenas siete años de edad, el temor que lograba imponerme su presencia era tan real como estos destellos que ahora bañan mi rostro. Impávido frente a todo lo que lo rodeaba, impasible ante cualquier hecho, incapacitado para sentir.

En cierto modo me recuerda mucho a mí, pero existe un abismo insalvable entre nosotros. Él eligió su camino mientras que yo sólo he tenido la opción de recorrer el sendero marcado.

Sobrevivir, esa ha sido mi única elección.

Al principio, me preguntaba a menudo qué hubiera cambiado de no haber tomado aquella decisión Quizás, entonces las cosas serían diferentes, quizás yo hubiera podido ser diferente. Un día encontré la respuesta. Sí, todo sería distinto. Ahora estaría muerto. Cuando logré asimilar esa verdad dejé de pensar.

"Era temprano y el frío matutino de las tierras altas y húmedas de Vegetasei se filtraba hasta el tuétano de los huesos, acalambrándolos. El rocío impregnaba las ropas que me cubrían, aumentando más aún la gélida sensación y mi cuerpo menudo tiritaba bajo la gruesa capa de lana que llevaba mientras trataba de contener el castañear de los dientes ante todos.

Mi padre, se encontraba de pie acompañado por alguien que no había visto en la vida. Un hombre de piel rosada, demasiado rosada para mi gusto, y orejas puntiagudas. La papada que se formaba en el lugar donde debería haber estado el cuello era lo único que unía su calva cabeza con la masa informe de grasa, sostenida por dos piernas excesivamente cortas, que componía su figura. Tenía los labios amoratados, en un principio pensé que a causa del frío, mucho más tarde descubrí que ese era el color natural de los mismos.

Vegeta, acércate. Me ordenó en el tono distante y autoritario con el que solía dirigirse a todo el mundo. Caminé orgulloso hasta él, intentando imprimir a cada uno de mis pasos una confianza de la que entonces carecía—. Quiero que conozcas a alguien, dijo dirigiendo la vista a la bola de sebo que tenía al lado—. Dororia es uno de los generales de confianza de Lord Freezer y está al mando del ejército de Hyogen.

El gordo pareció hincharse aún más ante sus palabras y por un momento tuve la desagradable impresión de que estallaría, más me clavó sus pequeñas pupilas negras y sentí el vello de mi nuca erizarse.

Hundidos en ojeras profundas sólo había desprecio en sus ojos.

No dije nada, me limité a saludar con la cabeza un tanto intimidado, tratando de disimular los nervios que se anudaban en la boca de mi estómago.

¡De modo que tú eres el príncipe de los saiyajins!Exclamó el tal Dororia con cierto sarcasmo. Me observó durante un rato en el que no abrió la boca y finalmente esbozó una sonrisa cruel. Volvió la vista a mi padre—. No es más que un mocoso. Afirmó a modo de reproche, ignorándome completamente. Calló durante unos segundos y finalmente habló de nuevo—. ¡Qué le vamos a hacer! Trataremos de convertir a tu hijo en todo un hombre. ¡Aunque será un esfuerzo inútil! No es más que un bruto, como el resto de los tuyos y nunca dejará de serlo por mucho empeño que se ponga en ello. Encogió los hombros con despreocupación—.Al parecer Lord Freezer tiene otras ideas... Y su carcajada estridente atronó mis oídos, como era de prever con semejante caja torácica.

Las manos de mi padre, que caían a ambos lados de su cuerpo, se hicieron puños y su mandíbula tembló ligeramente. Era más que evidente que sus palabras constituían una ofensa. Pensé que aquel individuo acababa de cavar su propia fosa y me henchí de satisfacción ante la inminente tragedia.

¡Nadie osaba insultar el orgullo de un saiyajin y vivía para contarlo!

La sonora risa de mi progenitor perforó mis tímpanos devolviéndome a una extraña realidad, más fue lo que dijo, lo que quedó esculpido en mi memoria como el epitafio se labra sobre la lápida para acompañar eternamente el recuerdo de quién descansa bajo ella. Y es que ese día, en aquel momento y sin ser consciente de ello, aquellos dos hombres componían el réquiem que sería mi vida desde entonces.

Lord Freezer ha sido muy generoso al querer hacerse cargo de él. Sólo espero que logre convertirlo en un buen guerrero, uno que sepa estar a la altura de su linaje y de su raza. Dio un paso adelante regalándome una mirada sombría y ausente—. Confío que sabrás comportante con la debida dignidad y servir fielmente a aquel que ha tenido a bien concederte el honor de escogerte como uno de los suyos. Y como tantas otras veces, aquello era una orden explicita que no dejaba lugar para la réplica. Dándome la espalda, volvió a sonreír dirigiéndose a Dororia—. Tenemos asuntos que tratar, vayamos a beber algo antes de vuestra partida. ¡Brindaremos por la alianza de nuestros pueblos! Se detuvo, girándose para mirarme de nuevo por encima del hombro—. Tú ve a buscar a Nappa y prepara tus cosas. Esta noche salís para Shakkotsu.

Vi como se alejaba.

Ni tan siquiera hoy puedo decir el tiempo que me quedé allí plantado, inmóvil al abrigo de la fría niebla que empezaba a levantarse. Mis extremidades se congelaron y mis labios se agrietaron antes de que el sol comenzara a calentarlos. Contuve las lágrimas, no lloré, ni grité, no hice nada. No podía hacer nada. Tan sólo me quedé muy quieto, esperando, ¿esperando qué? No lo sé, no lo sabré nunca."

De cómo mi padre fue capaz de arrojar un niño de siete años al infierno por la promesa de una ayuda que no sirvió para nada, es una pregunta para la que no tengo respuesta y no me importa; porque, a pesar de todo, estoy aquí y sigo dolorosamente vivo.

Ha dejado de llover y la sangre vuelve a helarse en mis venas. Frunzo una sonrisa amarga ante el momento de debilidad que ya ha pasado. Me levanto y envaino mi espada, sin ser verdaderamente consciente de lo que sucede a mí alrededor. Sujeto las bridas de Yasha y monto de nuevo, espoleándolo para que retome el camino.

No debería estar perdiendo el tiempo rememorando un pasado que dejé atrás hace mucho.

A lo lejos se distinguen las altas atalayas, revestidas de granito negro, sobre la doble muralla de basalto capaz de contener las furiosas olas que rompen contra la superficie, salpicándola de pequeñas gotas que brillan bajo las líneas de luz que escapan entre las nubes. Los pendones ondean violentamente sobre los tejados de pizarra, único vestigio de movimiento que quiebra la sobrecogedora visión que se alza en el más absoluto silencio.

Sombría, eterna, turbadora.

Enclavada en medio del mar, semeja una espectral ensoñación que parece haber brotado de las insondables profundidades del océano que la rodea. El puente levadizo, se extiende hasta la orilla de una playa desierta de arena negra. Sobre la entrada, saludando al visitante, dos gigantescas gárgolas de obsidiana reposan enseñando sus dientes amenazantes.

Bienvenido a la puerta de los avernos… Bienvenido a Shakkotsu.


Las puertas del salón se abren para darnos paso, el polvo del camino y el cansancio se encuentra impreso en nosotros, pero no hay tiempo que perder, el rey ha ordenado vernos inmediatamente.

Gyumaō abre la comitiva y camina con seguridad hacia el trono instalado en el fondo de la inmensa sala, dejando tras de sí un reguero de huellas sobre la alfombra carmesí. Yamcha y yo seguimos sus pasos sin mucha decisión.

Me veo reflejado en los altos espejos de marcos dorados que cubren las paredes de mármol blanco, las ojeras son profundas y mi armadura está opacada por la suciedad acumulada, el resto de mi atuendo no ofrece mejor aspecto, aunque no difiere en absoluto del de mis camaradas.

El general lleva una rodilla a tierra e inclina la cabeza en una reverencia respetuosa, inmediatamente imitada por nosotros. El rey se levanta, aproximándose.

—Gyumaō, amigo. —Declara descansando su palma sobre el hombro del guerrero que levanta su rostro para mirarlo—. Me alegra mucho tu vuelta. —Con estas palabras retira la mano y esa es la señal para que todos nos incorporemos.

Miro disimuladamente a mi alrededor, sin lograr ver lo que busco ansioso. TenShinHan y Krilim se encuentran ya allí. Dirijo una mirada furtiva a éste último a modo de interrogación. Mi mejor amigo comprende de inmediato y mueve imperceptiblemente la cabeza a modo de negación, desviando los ojos a las cortinas de la izquierda. Un bulto, apenas visible, se esboza tras la misma. Bulma está ahí. Debí haberlo adivinado desde el principio, al fin y al cabo son innumerables las veces en que ambos nos hemos ocultado en ese lugar.

Inhalo y el aire parece traerme su perfume, no es real pero su cercanía logra engañar mis sentidos a la perfección.

Las voces me sacan del ensimismamiento e intento centrarme en la conversación. Estaría bien qué, ahora que estoy a punto de conocer la verdad que lleva días corroyéndome las entrañas, no lo lograra. Ella tiene ese efecto en mí y me resulta realmente difícil concentrarme en nada que no sea su imagen dibujándose en mi cerebro.

—Señor. —Gyumaō habla por primera vez, respondiendo a la pregunta que se le ha formulado y de la cual no me he enterado—. Quizás… —El tono de su voz denota cierta duda— …quizás sea mejor tratar esto en privado, primero.

El silencio inunda la estancia y observo como ambos intercambian miradas clarificadoras, que sólo ellos entienden. El rey asiente, trasmitiendo a su interlocutor la certeza de que ha comprendido su punto, aún así, reflexiona unos instantes.

—Confío en cada uno de los hombres que se encuentran en esta sala y tengo la convicción de que todos se han ganado el derecho de decidir el futuro de Chikyuu. No tiene sentido postergar por más tiempo una verdad que tarde o temprano tendré que darles a conocer. —Hace una pausa y pasa la vista por cada uno de nosotros—. Lo que tengas que decirme, merece ser oído por todos. —Y con estas palabras vuelve al trono para sentarse de nuevo en él—. Adelante Gyumaō —Consiente—. Te escuchamos.

Respiro aliviado, por un momento he tenido la certeza de que otra noche de insomnio sería todo lo que obtendría de esta reunión. Aunque a veces creo que eso no es tan malo. Despierto, puedo permitirme recordarla y disfrutar de su onírica presencia, cuando duermo, sé que ella no abandona mis sueños, aunque todo es demasiado borroso después…

Ya estoy de nuevo.

Goku, haz el favor de concentrarte!" Me reprendo mentalmente al darme cuenta que el general ha comenzado a hablar.

— … aceptarán retirar sus tropas de nuestras fronteras, comprometiéndose a no iniciar ningún tipo de ofensiva, a cambio de nuestro compromiso de no entregar ni vender armas. Ni a los Namekianos, ni a ningún otro pueblo. —Hace una pausa y el rey afirma con la cabeza animándolo a continuar—. Por otro lado, Chikyuu abastecerá de armamento el ejército de Hyogen. Las cantidades previstas en un principio en nuestra propuesta han sido aceptadas, aunque debemos aumentar las mismas. Las entregas serán supervisadas por mandos de su confianza que asegurarán la calidad y el número. En unos días enviarán una expedición con el acuerdo final y un calendario rubricado por Lord Freezer que deberéis firmar.

—Bien. —Interrumpe el rey—. ¿Las cantidades y los plazos de entrega de dicho calendario son aceptables?

—En principio, Señor, no veo motivo por el que no podamos cumplir con esos puntos del acuerdo.

Una expresión de alivio se perfila en el rostro del hombre menudo, de cabello canoso y poblado bigote que nos gobierna. Parece haberse quitado un gran peso de encima con estas últimas palabras. Desvió de nuevo la vista a la cortina, tras la que se esconde, y casi dejo escapar una carcajada cuando la veo asomar descaradamente la nariz.

—Hay algo más… —Oigo las dubitativas palabras del general, pero no presto atención. Si continua así la descubrirán en apenas unos segundos— … Lord Freezer no se conformará sólo con eso, no se fía de nosotros, piensa que podemos traicionarlo.

—¿Cómo se atreve a injuriarnos? ¡Nosotros tampoco confiamos en él! —¿Es TenShinHan quién ha hablado? Así parece por la dura inflexión de la voz. Me despisto de nuevo cuando tras su nariz aparece el resto de su cara.

¡Había olvidado que es mucho más hermosa en la realidad que en sueños!

—Por favor, dejad que Gyumaō termine. —Dice el rey. Se ha dado cuenta de que la he descubierto y lleva su dedo índice a los labios demandándome silencio—. Continua.

—Lord Freezer quiere que este acuerdo sea permanente y en señal de buena voluntad… —Eso ha sonado irónico. Me sonríe desde su escondite y yo le clavo una mirada para reprenderla por su comportamiento. Ella hace una mueca enojada y me saca la lengua—… y con el fin de afianzar los lazos entre pueblos… —Creo que no podré reprimir mis ganas de reír un solo segundo más— …pide en matrimonio a vuestra hija.

Sonrío…

Un momento… he escuchado la palabra… ¡¿Matrimonio? ¿Qué diablos me he perdido?

Idiota, te dije que no te despistaras!".

Mi corazón comienza a latir con fuerza cuando logro hilvanar en mi cabeza el verdadero significado de todo. La busco y mi respiración se acelera. Tiene las pupilas dilatadas, la boca entreabierta y una expresión de verdadero pánico aflora en su semblante. No puedo evitar preguntarme si, realmente, ¿he oído lo qué he oído?


He escuchado con interés y nervios todo lo que Gyumao tenía que decir. Aún estoy enfadada porque nadie me ha invitado a la reunión. No me gusta hacer esto: espiar, pero no me han dejado otra salida. ¡Hombres! Siempre relegándonos a ser meras espectadoras de los acontecimientos. No logro comprender ese afán de protegernos de la realidad, como si fuéramos delicadas porcelanas que el más leve soplo de viento puede derribar y romper. ¿Acaso piensan que carezco de la fortaleza suficiente para afrontar la inminente guerra? Bufo ante este pensamiento. ¡Hombres! Me digo y esta afirmación, basta para suavizar mi rabia.

—Bien. ¿Las cantidades y los plazos de entrega de dicho calendario son aceptables? —Oigo preguntar a mi padre con preocupación, y el corazón se encoge dentro de mí, esperando ansiosa la respuesta, implorando porque sea afirmativa.

—En principio, Señor, no veo motivo por el que no podamos cumplir con esos puntos del acuerdo.

Respiro un tanto aliviada. La idea de entregar armas a esos desalmados me irrita y revuelve mis tripas, aunque he acabado por considerarlo un precio justo si con ello logramos evitar el sufrimiento de la gente de Chikyuu. Sé que es egoísta, que otros pagarán las consecuencias de nuestra ilusoria paz pero de momento, no será mi pueblo y eso aligera la conciencia.

Ahora sólo me queda echar una ojeada al semblante de mi padre para que la tranquilidad, aunque efímera, sea real. Asomo descaradamente mi rostro a través de la cortina. Nadie se ha percatado aún de mi presencia. Bueno, nadie excepto él. Le pido silencio mientras la conversación continua, pero dejo de prestar atención a la misma. Tiene mal aspecto. No es el cansancio reflejado en su cara o el polvo del camino acumulado, incluso, en su picudo y negro cabello. Parece más delgado y bajo sus ojos oscuros las bolsas son profundas y visibles. Ignorando todo eso me lleno de alegría, está vivo y está aquí. Sonrío.

—Lord Freezer quiere que este acuerdo sea permanente y en señal de buena voluntad… —No me ha gustado esa mirada de censura. ¿Qué pretende que haga cuando todos se empeñan en ignorarme? ¿Mantenerme en mi cuarto cómo una niña buena? Él sabe que yo no soy así. Le saco la lengua para mostrar mi enojo— …y con el fin de afianzar los lazos de ambos pueblos… —Vuelvo a centrarme en Gyumaō— …pide en matrimonio a vuestra hija.

Las palabras golpean mi rostro como si me hubieran abofeteado dolorosamente, todo se vuelve impreciso, lejano.

El silencio se me hace aterrador y difícil de soportar. Nadie dice nada. Supongo que como yo, se hallan inmersos en el análisis de la surrealista propuesta que hemos escuchado.

—¿Qué has dicho?...Eso…eso… no puede ser. —Es el susurro titubeante de mi padre el que rompe el mutismo que se ha adueñado del ambiente. Se levanta mirando al general con desesperación, suplicándole con los ojos que le saque del error. Rogándole calladamente que no confirme lo que acabamos de oír.

Éste hunde la cabeza entre los hombros que soportan, desde hace demasiados días, la pesada losa de ser el único conocedor de las verdaderas condiciones que Hyogen impone para la paz.

—Lord Frezeer desea sellar la unión entre ambos pueblos con un matrimonio. —La voz parece a punto de quebrase, lo cual resulta cuanto menos triste, muy triste, más viniendo de un hombre cuyo cuerpo es sinónimo de fortaleza—. Es una costumbre arraigada en ellos. Ella debería vivir en Shakkotsu y se trataría de un matrimonio sólo sobre el papel, no tiene por que ser consumado. De hecho Bulma sería su cuarta esposa…

—¡Desgraciado! —Murmura TenShinHan, que parece ser el primero en reaccionar, dando un paso adelante mientras aprieta sus puños tratando de contener la rabia.

El resto continua inmóvil, aunque la ira comienza a perfilarse con claridad en el semblante de Yamcha. Krilim, simplemente agacha la cabeza consternado, y Goku, no sé, parece demasiado sorprendido. Su rostro se ha vuelto mortalmente pálido y su mirada, perdida en algún punto lejano, adquiere un brillo aterrador que hace que me estremezca ligeramente.

No recuerdo ver nunca en sus ojos titilar la furia como en este preciso instante.

—¡De ningún modo aceptaré eso! Firmaré el acuerdo y entregaremos las cantidades estipuladas en los plazos previstos. ¡Incluso las aumentaremos si es necesario! Pero no entregaré a mi hija en matrimonio.

—Eso no puede ser. —Gyumaō se encoge un poco más, si es que eso es posible. Incluso mi padre parece más corpulento que él en estos momentos—. El matrimonio debe celebrarse para que el tratado tenga validez. Frezeer no lo aceptará de ningún otro modo.

Apesadumbrados, sólo las agitadas respiraciones se expanden sonoras y libres en la tensa atmósfera.

—¡En ese caso iremos a la guerra! —Exclama quebrando el silencio.

Todos fijan su vista en él, sin acabar de reconocer el tono duro que ha empleado en su declaración, extrañados por la firmeza de sus palabras. Sus puños se cierran con fuerza a ambos lados del cuerpo y las pupilas centellean fieramente perdidas más allá de esta habitación, en cuyas paredes, reverbera la ira con que han sido pronunciadas.


"Miro hacia atrás y veo los días en que me ahogaba en la neblina

Entre los combatientes y los retóricos.

En mí no hay burlas ni razones, miro y espero"

(Hojas de Hierba. Walt Whitman)


Yasha: Demonio

Shakkotsu: Cubito

Hyogen: Hielo

Chikyuu: Tierra


Bien, aquí os dejo el segundo capítulo…

Respecto a las actualizaciones, deciros que no puedo fijar un día para las mismas, ya que este fic tiene sus momentos, o lo que es lo mismo, a veces no puedo dejar de escribirlo y en otras ocasiones la inspiración me abandona un tiempo. Así que va lento, más lento de lo que me gustaría, pero en fin, que le vamos a hacer.

Mil gracias a Midory por el beteo. Gracias también a kiara, luPiiTha, any chan y Marby18 por sus reviews ¡Me han animado a seguir! Respondí los que pude, el resto lo hago desde aquí.

A kiara: Te pido perdón de antemano. Nada me gustaría más que poder contestar a todas tus preguntas. Desgraciadamente, ¡tendremos que esperar un poco para obtener respuestas! Pero bueno, si el papá de Chichi es el general de las tropas de Chikyuu… ;D

A any chan: Me encantó lo que me contaste acerca de Dorei y lo cierto es que te debo una disculpa. Todo fue culpa mía, cambie el rated en el capítulo IV por eso te costó encontrarlo. ¿Final feliz sí, final feliz no? ¡Qué sabemos lo que nos deparará esta historia! XD. Aún queda tanto camino por recorrer…

Lectores anónimos, gracias por eso, por leer.

Como dijo Romy Schneider: "La suerte no se puede almacenar". Así que ya sabéis. ¡Derrochad la vuestra en mi ausencia!

Hasta pronto…