CAPÍTULO XVI: UNA TRAICIÓN DEL PASADO

Cierro la puerta y descanso mi peso sobre la madera. La vista recorre la habitación apenas iluminada por los candelabros y el fuego vivo que prende en la chimenea. Hace frío. Me incorporo, avanzando tambaleante hasta la misma, para derrumbarme de rodillas en la alfombra. Un estremecimiento sacude mi cuerpo y aproximo las manos buscando algo de calor, las llamas refulgen devorando la leña que cruje al arder tiñendo de rojo las sombras que me envuelven.

Me siento tan cansada.

El tibio ambiente va sumiéndome en un tenue sopor e intento mantener a toda costa el estado de semiinconsciencia en que me encuentro. Los sucesos del día se confunden en mi mente como un hecho lejano del que apenas queda alguna imagen en la memoria. Tarde o temprano tengo que enfrentar la realidad, pero no quiero hacerlo. No aún.

Los parpados caen y la falta de visión parece multiplicar la impotencia que anuda el estómago. Segundo a segundo, los abotargados sentidos despiertan disipando la neblina de acontecimientos que oculta la ineludible verdad.

—"Regresaron a Namekusei esta mañana. No saben divertirse y sus caras de simios amargados hubieran arruinado mi fiesta."

Abro los ojos; apretando fuertemente los dientes con el propósito de reprimir unas lágrimas que pugno por no dejar escapar. Ya no. Ya es demasiado tarde para eso. Apenas si puedo contenerlas.

—"Regresaron a Namekusei esta mañana…"

Mis ganas de llorar se intensifican y las sienes palpitan debido a la jaqueca aguda que sufro hace rato fruto de los nervios y la indignación. ¡No puedo creer que se haya marchado sin más! Sin tan siquiera darme la oportunidad de poder explicarle el porqué, como si no le importara, como si lo sucedido no fuera más allá del simple y vacío revolcón de una noche. La idea es un aguijón que lleva horas clavado y esparciendo su veneno en mí pecho. Trago seco para suavizar la garganta ante la imperiosa necesidad de chillar. Todo parecía tan real…

"—¿Aún me tienes miedo? —Cuestiono en un murmullo, sin poder dejar de mirarlo directamente a los ojos.

Ya te lo dije. No tienes manera de que yo te tenga miedo. —Suelta con aspereza como si necesitara autoconvencerse de sus palabras.

Pues deberías tenérmelo. —Y mi aliento se entremezcla con el suyo por la proximidad de nuestros labios—. Deberías estar muy asustado. —Lo siento tensarse bajo mi cuerpo desnudo y subo despacio por su cuello hasta alcanzar el lóbulo de la oreja—. Porqué esta fastidiosa y terca mujer no va a dejarte ir jamás…"

La rabia se descontrola y los puños caen golpeando los muslos—.Estúpida! ¡Maldita estúpida!" Me recrimino furiosa conmigo misma—. "¿Cómo pudiste estar tan ciega? ¿Cómo llegaste a pensar que lo vuestro significaba algo? ¿Cuántas veces te gritó lo contrario? Nunca te prometió nada, nunca te dijo que iba a cambiar, que se quedaría por ti". —Revela desatada la razón dando rienda suelta a mis pensamientos—. "Sólo fuiste una más. Sólo alguien con quién calentar su cama y pasar un buen rato. Sólo eso". —Niego desesperada con la cabeza y las uñas se clavan con saña en las palmas.

—No… no es cierto, —balbuceo incapaz de aceptarlo. "Tiene que haber algo más… ¡Tiene que haberlo!"

Las paredes parecen girar en torno mío, mareada, cierro de nuevo los ojos buscando paliar la sensación de vértigo que me invade, por un segundo, me parece percibir bajo las yemas la textura de su piel y el tacto de sus dedos sobre la mía. Tiemblo al imaginario contacto.

"—Espero que ese destino en el que tanto confías esté colmando tus expectativas. —Dice, hundiéndose por completo en mí. Aprieto los parpados y una corriente de placer recorre mi cuerpo que se arquea, obligándome a aferrar su espalda.

Exhalo sonoramente y lo miro. En sus pupilas titila un brillo indescifrable, distinto.

Le hará falta más de una noche para lograr saciar todos mis deseos. —Confieso en un hilo de voz, bajando las manos hasta sus glúteos para volver a sentirme llena de él—. Muchas más noches…"

Ahogo con la mano un gemido de frustración y su macabra risa retumba en mis oídos.

—"…alegra esa cara. ¡Estás celebrando tu boda!

La sangre hierve en las venas focalizando mi indignación en Freezer. Me levanto de golpe, casi perdiendo el equilibrio para desatar el obi y deshacerme del kimono nupcial, removiendo con furia la tela que quema sobre mi piel. No quiero nada que me recuerde a él en mí. No quiero nada que me recuerde a ninguno de los dos cerca, ni a este día, ni a la noche pasada. Nada.

El rencor crece y ya apenas soy capaz de contener la cólera que me devora exigiendo algo, ¿pero qué, contra quién? ¡Ojala lo supiera! Lo único que registro es la impotencia anidando en el estómago y el rojo de la desechada prenda en el suelo. La recojo tratando de desquitarme en ella, tironeando con brusquedad de la tela, afanándome inútilmente en rasgarla. Es desesperante. El corazón se desboca por el esfuerzo y un pitido sordo taladra mis tímpanos perforando la cordura. Sin ser ya dueña de mis actos, camino hasta la mesita de noche rebuscando a ciegas en el interior de uno de los cajones. Sostengo el puñal cuya hoja destaca en la semipenumbra de la habitación con un brillo hipnótico y regreso a los pies de la chimenea para hundir y arrastrar su punta afilada en el tejido, desgarrándolo. Siento un momentáneo alivio y todo se vuelve negro alrededor, impreciso.

La rabia estalla con violencia inusitada y una y otra vez la descargo en el kimono, rajando la seda, destrozándolo, sin pensar, haciéndome incluso daño pero sin poder parar. Lo intento pero es superior a mí. No puedo parar. No puedo.

—"Basta Bulma. ¡Basta!" —Me ordeno. La ira se agota a cada nuevo corte, espaciando poco a poco las acometidas. En un instante de lucidez suelto jadeante la daga para tratar de recuperar el dominio de mí misma.

El dolor de cabeza es ya insoportable y la humedad en mis mejillas delata unas lágrimas que he dejado escapar en algún momento. Las restriego furiosa con el dorso de la mano mientras contemplo los restos del destrozado kimono escampados sobre la alfombra. Inhalo hondo, buscando acompasar de nuevo los latidos del corazón y tomo uno de los jirones, arrojándolo al fuego para verlo arder entre las llamas. Es relajante observar como se consume hasta quedar reducido a cenizas. Uno tras otro me deshago de ellos en la chimenea, el desengaño y el rencor se aplacan a cada nuevo trozo de tela dejando en su lugar una falsa calma. Porque nada ha cambiado ni va a cambiar, la realidad sigue siendo la misma. Él no está, no estuvo nunca y duele, por primera vez en toda la noche empieza a doler quizás porqué por primera vez en toda la noche soy consciente de lo que eso significa.

Me incorporo despacio, dirigiéndome al tocador sobre el que dejo el puñal para cubrirme con la bata que se encuentra en el respaldo de la silla. El espejo, me devuelve la imagen de mi rostro con el maquillaje corrido y empapo un algodón para limpiar y retirar los restos del mismo, procurando no dejar ningún rastro. La marca de sus dientes queda al descubierto en mi cuello e instintivamente la acaricio con la punta de los dedos. Un extraño vacío se hace en mi pecho, de repente tengo la certeza de que algo le está pasando, puedo experimentar su incredulidad, su rabia creciendo dentro mí, como si mi cuerpo nos albergara a ambos, como si… como si él estuviera aquí, conmigo y fuésemos uno solo. La sensación apenas dura un instante pero es tan intensa que me obliga a apretar la mandíbula para no dejar escapar un grito de desesperación.

Debo estar volviéndome completamente loca. Clavo la vista en mi reflejo, tengo un aspecto horrible, las ojeras destacan sobre la lívida piel y los farolillos de las horquillas tintinean aún entre mi pelo. Saco uno de ellos y empiezo a deshacer el peinado, manteniendo la atención en los mechones que van cayendo a la espalda y a los lados de la cara a medida que son liberados. Apenas soy consciente de lo que me rodea.

El sonido de la puerta al cerrarse me sobresalta devolviéndome al mundo. La figura de Freezer parado junto a la entrada se refleja en el cristal y el pánico me paraliza, los músculos se tensan y por inercia, tanteo la superficie del mueble sin dejar de vigilar sus movimientos en el espejo.


El frío comienza a hacerse notar a pesar de las llamas de la hoguera que lamen la oscuridad arrojando algo de luz y calor a nuestro alrededor. Estudio con interés al hombre que se encuentra sentado frente a mí. Hace un rato, entre los árboles, apenas si he podido fijarme en él. Su cabello es negro y picudo como el de cualquier saiyajin pero lo lleva extremadamente largo, por debajo de las caderas, las facciones duras y herméticas y las cejas se elevan desde el ceño hacia las sienes dotando su mirada de cierta ferocidad. Nappa, lo ha reconocido enseguida en cambio yo lo recuerdo muy vagamente, quizás porque las escasas veces que nos vimos en Vegetasei sólo éramos dos niños más entrenado entre otros muchos.

El sonido de un trueno hace que levante por un instante el rostro a la noche, la tormenta se encuentra cerca de nosotros y el viento parece haberse detenido dejando a su paso una masa de nubarrones grises que cubren la luna casi en su totalidad. Va a llover.

—Te sentará bien. —Dice Nappa, aún de pie, alargando a Raditz una botella que acaba de destapar. La acepta, levantándola hacia mí en un brindis silencioso antes de llevarla a sus labios, arruga el entrecejo al tragar y restriega su boca con el dorso de la mano.

—¡Argg! No está mal. —Profiere satisfecho, frunciendo una media sonrisa ladeada al ofrecérmela.

—Aún no has contestado a mi pregunta. —Escupo seco, sin inmutarme ni despegar mis ojos de los suyos que no han dejado de analizarme en ningún momento.

—Creí que ya habíamos aclarado quién era. —Contesta con despreocupado descaro y amplia su sonrisa, recogiendo el brazo para dejar de prestarme atención y retornar la bebida a su dueño que se le ha sentado al lado. Éste, da un sorbo corto antes de devolvérsela.

—Sé quién eres. —Y procuro que mi voz refleje que he captado su mal disimulado sarcasmo—. Lo que no sé es porqué me espías.

Me encara y se queda en silencio, con el fuego centelleando en sus pupilas. La tranquilidad que exhibe resulta exasperante y tengo que esforzarme para no estallar frente a la misma.

—No estaba espiando. —Declara al fin.

—¿Ah no? ¡¿Y cómo le llamas tú a seguir y observar cada uno de mis movimientos durante días? —Ahora soy yo el que se permite ser mordaz—. ¿Acaso me crees un idiota? Llevas detrás de nosotros desde el primer día que cruzamos Antei. —Revelo en un tono mucho menos ácido y la cara de Nappa es un poema. ¡Él muy imbécil no se había percatado de nada!—. Estuviste en Maboroshi. —Mis ojos atrapan los suyos tratando de vislumbrar el mínimo cambio ante el recuerdo de lo acontecido aquella noche. No lo hay, se mantiene impasible, con las llamas temblando en sus iris negros e insondables. De algún modo se parece mucho a mí—. Así que deja de intentar engañarme y contesta de una jodida vez. ¡¿Por qué diablos me vigilas?

La tensión es evidente pero no parece perturbarlo, dirige la botella a los labios con enervante calma y echa la cabeza atrás, empinándola. Paladea el licor y traga antes de hablar.

—Quería asegurarme. —Responde como si esas palabras bastaran para explicar su presencia.

—¡¿Asegurarte de qué? —Clamo a punto de tomar la espada e insertarla en su hígado. Si su intención es agotar mi paciencia, el muy cabrón lo está haciendo de maravilla.

Nappa, se agita a su lado visiblemente nervioso, me conoce y sabe que no podré aguantar mucho más. Está a punto de decir alguna cosa para distender el ambiente pero no le da tiempo a abrir la boca.

—De quién eres, de la clase de hombre en que te han convertido. —Hace una breve pausa—. De que cuando escuches lo que tengo que contarte actuarás como lo haría un saiyajin. ¡El príncipe de los saiyajins! —Oigo y una punzada de ira taladra mi pecho.

—¿Me estás juzgando? —Cuestiono sin acabar de creérmelo. ¡Prepotente de mierda! Es lo último que me faltaba y mi mano agarra con fuerza la empuñadura de la espada que sobre el suelo, descansa a mi lado.

—No. —Contesta enseguida—. Pero al igual que a ti la desconfianza me ha permitido seguir con vida hasta hoy. No te conozco y lo que tengo que desvelarte no es agradable. Tú también hubieras querido asegurarte primero.

Enmudezco, agostando los ojos fijos en él. Es puro cinismo y tiene agallas, eso me gusta así que muy a mi pesar no puedo evitar una sonrisa de medio lado.

—En ese caso, —los dedos se relajan sin soltar la espada— soy todo oídos. Comprobemos qué es tan "importante". —Y mi sardónica carcajada reverbera por sobre los truenos que se escuchan cada vez más próximos.

—Haces bien en reírte ahora, quizás en un rato no podrás hacerlo. —Murmura por lo bajo clavando sus pupilas en mí. Dejo de reír y sigue hablando sin darme opción a articular una respuesta—. ¿Qué sabéis de la guerra entre los saiyajins y los tsufurs?

La pregunta me descoloca y por unos segundos no sé que decir.

—Supongo que lo que todo el mundo. —Se adelanta Nappa atrayendo nuestro interés. Hasta el momento había procurado mantenerse al margen de la conversación—. Los saiyajins queríamos dominar las tierras de Plant y declaramos la guerra a los tsufurs convencidos de que nuestra evidente superioridad para el combate nos depararía una victoria fácil. —Expone orgulloso—. Por desgracia, ellos habían robado el secreto del acero a los maestros herreros de Chikyuu y fueron capaces de usarlo para fabricar armas. Ambos, nos enfrentamos en una cruenta lucha donde las ligeras espadas y las tácticas militares empleadas por Kumquat lograron superarnos. —Su vista se pierde en algún punto a mi espalda. Le resulta difícil recordar aquello, en realidad lo es para los dos. En todos los años que llevamos juntos jamás hemos comentado nada al respecto—. No estaba allí aquella mañana pero dicen, que los cadáveres se contaban a miles sobre la pradera después de la batalla. Muy pocos lograron sobrevivir a lo que supuso el final de Vegetasei. —Y su voz ha ido apagándose hasta quedar en completo silencio, tomándose algo de tiempo antes continuar—. Más tarde, Hyogen decidió vengar a sus aliados y exterminó a los tsufurs librándonos por siempre de esa plaga. —Concluye cargado de rencor

No puedo evitar que mi mente vuele por un instante a aquel día en los sótanos de Shakkutsu y las palabras de Freezer, se hacen eco en mi cabeza.

—"Pues déjame informarte de que te encuentras ante: Kumquat, el caído rey de los tsufurs. ¡El asesino de tu padre! ¡El responsable de que tu pueblo, haya sido aniquilado!" —Su mueca de asco se dibuja con claridad en mi mente—. "No tienes dónde volver." —Me susurra—."¡Ya no quedan saiyajins en las tierras altas! En realidad ya no quedan saiyajins en ninguna parte." —Cierro por un instante los ojos e incluso puedo sentir su aliento en mi oído, su uñas negras hundiéndose en mi hombro—. "No debes preocuparte, puedes quedarte aquí. Conmigo." —Mi mandíbula se aprieta buscando contener el recuerdo—. "Cuidaré de ti. Es lo mínimo que puedo hacer por la memoria de tu padre, eso y darte la posibilidad de vengar su muerte."— La daga me devuelve el odio que destilan mis pupilas—. "¡Acaba con el exterminador de tu raza!"

Abro los párpados, centrándome en Raditz que al igual que yo, parece haberse sumido en sus pensamientos. Respira, conteniendo más de lo necesario el aire en los pulmones y exhala pesadamente.

—No deja de resultar curioso ¿verdad? —y vuelve a beber. Le regalo una mirada inquisitiva que acentúa la arruga de mi entrecejo—. Al final, la "lagartija" resultó el único vencedor de todo aquello y… ¡Ni siquiera tuvo que pelear demasiado! —Declara con cierta burla—. Los pocos saiyajins que sobrevivimos nos refugiamos en las montañas y las esquilmadas fuerzas de los tsufurs apenas opusieron resistencia.

—¡Es un bastardo con mucha suerte! —Exclama Nappa y voltea el cuello para observarlo—. Siempre la ha tenido.

—Quizás no fue la suerte. —Me escucho, con la vista perdida en las llamas, sin ser en realidad consciente de lo que estoy diciendo, concentrado, buscando encajar la pieza que acaba de aparecer para completar un difuso rompecabezas en el que no había reparado antes—. Quizás, fue otra cosa…

Levanto los ojos para encontrar los de Raditz que esboza una casi imperceptible y rápida sonrisa en la que por primera vez en toda la noche, no hay ni rastro de sarcasmo.

—No sé el concepto que tengas de tu padre y tampoco es de mi incumbencia. —Mi estómago da un vuelco repentino. Nunca he hablado con nadie de mi padre y no empezaré a hacerlo ahora. A veces, creo que lo odio en la misma forma en que aborrezco a Freezer, puede que más incluso. Me convirtió en el esclavo de esa sabandija y jamás voy a perdonarle por ello en cambio, la mayoría del tiempo me conformo con ignorar su recuerdo y es como si no hubiera existido—. Así que digamos que era duro e inflexible, vanidoso como casi todos los saiyajins y ambicioso, demasiado ambicioso, pero no estúpido. Sabía que los tsufurs tratarían de buscar una alianza ante la inminente guerra y también que ésta sólo podían encontrarla en Hyogen, así que se adelantó a sus planes y llegó a un acuerdo con Freezer. Supongo que secretamente albergaba la intención de traicionarlo tras conquistar las tierras altas.

—Estamos al tanto de eso. —Lo corto violentamente. No quiero hablar de mi padre, no soporto tener que pensar en él. Calla, estudiando con manifiesto interés mi reacción.

—Ya. —Y esboza una mueca de entendimiento—. Supongo que si Bardock se hubiera desprendido de mí usándome como simple moneda de cambio, también estaría enfadado. —Suelta con naturalidad. Sus palabras, tardan en ser hilvanadas en mi mente que se queda en blanco antes de alcanzar a comprender el significado de las mismas. La verdad golpea mi orgullo como la peor de las bofetadas y descompongo el gesto sin ser capaz de evitarlo. Mi espada corta el aire de abajo arriba quedando extendida al frente, con la punta a un milímetro de su garganta.

—¡Vegeta! —Vocea Nappa, haciendo amago de incorporarse. Mi atención está en Raditz que no mueve un solo músculo, ni intenta defenderse. La luz de las llamas riela sobre el metal y sus ojos me devuelven la hoja teñida de rojo y naranja.

El silencio se cierne en torno nuestro e incluso la tormenta parece haber cesado en su crepitar.

—Si tu intención es hacer que te mate, estás a punto de conseguirlo. —Articulo en un tono hondo—. No me gustan los juegos y ya me he cansado de éste así que, di lo que tengas que decir o lárgate pero hazlo rápido, no voy a darte mucho más tiempo.

Sin dejar un solo segundo de enfrentarme, traga seco y la piel roza el extremo afilado al hacerlo, despacio, levanta una de sus manos a la altura de la hoja y la aparta ligeramente a un lado.

—Está bien —asevera— pero no hay necesidad de esto. Pienso mejor sin tener un arma amenazando mi cuello.

Un relámpago ilumina el cielo y el trueno que lo acompaña rompe la tensión del momento. Falta poco para que empiece a llover. Reticente, bajo mi brazo y la espada queda a sus pies extendida sobre la hierba, es lo máximo que estoy dispuesto a ceder. Parece aceptarlo y asiente antes de continuar.

—Cómo he dicho, tu padre no era estúpido. —Y mira de reojo mis dedos crisparse con más fuerza sobre la empuñadura—. Que los tsufurs tuvieran armas de acero suponía un contratiempo para sus planes. No sé si se planteó la posibilidad de una derrota pero sí que la guerra se prolongara más de lo necesario y él, quería una victoria rápida y concluyente así que solicitó ayuda a su recién estrenado aliado. La estrategia era sencilla, las tropas de Hyogen aparecerían una vez iniciada la batalla sorprendiendo al enemigo que ante la evidente inferioridad numérica no tendría nada que hacer y acabaría por sucumbir o rendirse. Poco importaba, el resultado seria el mismo. Ser erradicados por siempre de las tierras altas. —Hace una breve pausa esperando una inexistente reacción de mi parte—. Aunque hubo quién, como Bardock, se opuso a ello desde el principio.

La mención a su progenitor parece afectarle y enmudece de nuevo, bajando la vista a su regazo para encararme antes de proseguir en un tono más suave.

—Mi padre no confiaba en Freezer y pensaba que permitir a su ejército campar en libertad por Vegetasei era un error que acabaríamos pagando. Pocos le escucharon. ¡Cómo iba el rey en su soberbia a considerar la opinión de un mísero soldado de tercera! —Su barbilla tiembla ligeramente por la rabia. Se toma unos segundos y empina por enésima vez la botella buscando que el alcohol aplaque su más que evidente furia. A pesar de tener los ojos puestos en mí ni siquiera está mirándome.

—Por eso dejo a Kakarotto a salvo en Chikyuu. —Musita de improviso Nappa, que acaba de encontrar una respuesta a la pregunta, estoy seguro, lleva haciéndose desde la primera vez que vio al imbécil.

—¿Qué sabes de mi hermano? —Cuestiona volviendo en si y desviando su atención a él.

—Lo mismo que tú. —Contesto enseguida—. Nos has observado durante días de modo que no te hagas el tonto. Lo has visto junto a nosotros. —La mención a Kakarotto hace que mi pensamiento quiera volver a Bulma y eso es algo que no puedo permitirme, así que intento apartarla de inmediato del mismo—. Su presencia no es relevante. Continúa. —Ordeno imperativo ante la necesidad de distraer mi mente en otra cosa.

—La paciencia no es una de tus virtudes. —Ironiza con una falsa media sonrisa.

—Ni la parquedad de palabras una de las tuyas. —Escupo displicente—.Terminemos con esto antes de que acabemos empapados. —Y un rayo rasga las nubes sobre nuestras cabezas. El atronador estallido corrobora mi afirmación.

—A diferencia de vosotros, yo sí estaba en Vegetasei aquella mañana. —Dice evocando la anterior explicación de Nappa—. La bruma del amanecer impedía ver con claridad un ejército poco organizado y ruidoso que esperaba la orden de partida con impaciencia. Los más de dos mil soldados que lo conformaban salieron al encuentro de los tsufurs seguros de su victoria. Las ansias por entrar en combate podían leerse en todos ellos, muchos morirían y no les importaba, la posibilidad de pelear acallaba cualquier miedo o duda que pudieran tener. Los que no estaban en condiciones de luchar o éramos demasiado jóvenes, teníamos que quedarnos y mirábamos con envidia como aquellos hombres y mujeres seleccionados para la contienda se perdían optimistas entre la niebla. —Enmudece y cierra los ojos un instante—. Entonces, aún no sabíamos que no volverían nunca.

Ninguno dice nada. No hay nada que decir, nada que pueda paliar la sensación de impotencia que nos embarga. Una leve brisa hace oscilar las flamas de la hoguera y las primeras gotas empiezan a caer.

—Apenas hacía media hora que se habían marchado cuándo aparecieron las tropas de Freezer con Dororia al mando. Bardock, era el responsable de guiarlos al campo de batalla y se aproximó a ellos impaciente y confiado. Creo que los nervios le hicieron olvidar cualquier recelo. El tiempo era fundamental y cada minuto significaba un cadáver más.

—Siempre pensé que el ejército de Hyogen no llegó a tiempo. —Susurro. Sus ojos se clavan con intensidad en los míos revelándome la verdad. La lluvia es ligera pero empezará a arreciar en breve. Da lo mismo. La rabia se instala en el estómago, comprimiéndolo con lentitud. Sé lo que viene a continuación, lo sé pero tengo que oírselo decir. Necesito oírlo en voz alta.

—Dororia descabalgó y se puso frente a mi padre, esbozó una sonrisa sádica y sin darle tiempo a nada más desenvaino la espada y le atravesó el corazón. Vi la hoja asomar por su espalda y no supe que hacer, era como si el mundo se hubiera detenido. —La botella tiembla en su mano—. "Acabad con ellos y quemarlo todo" escuché y ya sólo me acuerdo de los gritos de mujeres, ancianos y niños retumbando en mis oídos, del olor a madera quemada y a sangre impregnando el ambiente, de mi padre cayendo pesadamente al suelo. Ni tan siquiera sé cómo logré escapar a aquella masacre. —Apenas le presto atención, mi alrededor se desdibuja y las imágenes se agolpan en la cabeza—. Lo siguiente que recuerdo es haberme levantado entre los cuerpos aún calientes y mutilados de algunos de mis compañeros y correr con desesperación hacia la pradera en busca de ayuda, sin aliento, sin detenerme. —Revivo cada uno de los golpes, las humillaciones, las burlas. La presión en el pecho se hace insoportable y apenas me deja respirar—. Lo que encontré al llegar no era muy diferente de lo que había dejado atrás. —Apura la bebida y su vista se extravía en las llamas que sisean por el agua—. Kunquat ganó una batalla, pero fue Freezer quién venció aquel día. Fue Freezer quién nos traicionó con el único fin de exterminar a saiyajins y a tsufurs y asegurarse el control de las tierras altas.


Mis ojos no se despegan de la silueta que el espejo delata a mi espalda, las yemas rozan el metal de la empuñadura y logro tomar la daga, volteándome con ella en la mano para encararlo.

—¿Qué… Qué...? —Titubeo—. ¿Qué haces aquí? —Cuestiono tratando de sobreponer el miedo. Su vista recorre mi cuerpo y se queda por un momento fija en el arma. Me enfrenta y esboza una torcida y malévola sonrisa llena de intención.

—¿Tú que crees? —pregunta sin dejar de mirarme—. Es nuestra noche de bodas. —Y su sarcástica carcajada se hace eco en el silencio de la habitación erizando mi piel.

—Será mejor que te vayas. No tienes ningún derecho a estar aquí. Hiciste un trato con mi padre y hasta el momento lo hemos cumplido. —A pesar de estar completamente aterrada, le recuerdo los términos de nuestro acuerdo con firmeza.

Deja de reír manteniendo en sus labios una mueca de diversión y da un paso al frente.

—Cierto. —Declara con burla y mis dedos aferran con más fuerza aún el puñal—. Pero he pensado que algunos puntos del mismo pueden discutirse. Al fin y al cabo son cuestiones de poca trascendencia que sólo nos afectan a ambos. —Expone ampliando su sonrisa. Es repulsivo.

—No hay nada que discutir así que sal de aquí. —Ordeno imperativa. La sola idea de que pueda tocarme revuelve mi estomago, quizás por eso he sonado mucho más despectiva de lo que pretendía.

Se queda serio fijando sus ojos en los míos, al parecer no le agrada mi rechazo. En sus iris centellea por un instante el enojo pero enseguida vuelve a inundarlos la lujuria y recompone su gesto habitual. El corazón se detiene un segundo y comienza a bombear aceleradamente cuándo lo veo encaminarse decidido hacia mí.

—No te acerques. —Amenazo levantando el brazo y dando un paso atrás para toparme con el borde del tocador. Se frena a escasos tres metros de distancia, mirando desdeñoso el cuchillo que sostengo al frente y que tiembla ligeramente a consecuencia de mi pulso inseguro.

—¿Vas a matarme? —Cuestiona con una indiferencia que raya el desprecio. Me mira como un depredador a su presa, controla la situación y lo sabe, sabe que no tengo nada que hacer en su contra, dudo que consiguiera siquiera herirlo. La socarrona sonrísa que luce ratifica mis pensamientos. Se está divirtiendo, esto no es más que un juego para él y mi falsa entereza no hace si no hacerlo más excitante. Mi mente se queda en blanco un instante y sus palabras resuenan con claridad en mis oídos

"—¿Te sientes mejor pensando que esto no es más que una farsa? ¿Qué todo terminará cuando llegue la primavera? Muy bien, sigue interpretando a la heroína hasta entonces. ¡Cuándo lo tengas gimiendo encima de ti, te darás cuenta de cómo concluye realmente esta función!"

Tomo oxígeno y casi, casi puedo sentir como aquella noche su aliento lamiendo mi rostro en una caricia invisible. Clavo la vista en él que sigue expectante mis movimientos. La confusión inicial ha pasado dejando que el miedo despierte mi instinto de supervivencia. No tengo nada que perder y no voy a dejar que me haga esto. No voy a dejar que esto pase.

—No. —Contesto y puedo ver la decepción titilar en sus pupilas. Quizá esperaba otra respuesta—. Pero… ¿Crees que mi padre te dará una sola espada si yo muero? —Pregunto al tiempo que llevo el cuchillo con decisión a mi cuello. Su sorpresa es tan evidente que incluso parpadea con incredulidad. Ya no hay burla en su semblante, supongo que por un momento experimenta lo que es ser el cazador cazado. Da un paso adelante reduciendo el espacio entre los dos. Ni me inmuto.

—No seas ridícula. —Afirma soltando una sardónica carcajada que denota mucha menos confianza de la que estoy segura le gustaría.

No respondo, tan sólo lo desafío sin ocultar mi animadversión y presiono la hoja en mi piel produciendo un corte superficial que escuece y deja escapar un hilillo de sangre, puedo sentirlo deslizarse lentamente hasta la clavícula. Con un ágil movimiento termina de acortar la distancia que todavía nos separa y sujeta mi muñeca haciéndome abrir los dedos. Su reacción es tan rápida que no puedo evitar soltar el puñal que él, arroja de inmediato al extremo contrario de la habitación.

Me revuelvo con violencia, golpeando y pateando pero es mucho más fuerte que yo. En tan solo unos segundos lleva mis brazos atrás, aprisionándolos con una sola mano y quedo atrapada entre el tocador y su cuerpo. El borde del mueble se hinca al inicio de mi espalda y la cabeza se recuesta en el espejo. La postura es incómoda y dolorosa, apenas puedo respirar pero no parece importarle.

Recorre mi rostro con una expresión indescifrable que no le había visto hasta ahora.

—Eres una mujer interesante. —Declara sobre mis labios y un escalofrío baja por mi columna. Está demasiado cerca, me muevo de nuevo con brusquedad intentando soltarme pero lo único que consigo es hacerme daño y que recueste más su peso sobre mí, afianzando su agarre. Siento su erección clavarse en mi vientre y el miedo y el asco me paralizan—. ¿Así que prefieres morir a que te toque? —Pregunta con sorna y hay un matiz de rabia en sus palabras. Su mano libre aprieta mi muslo con rudeza y sube dibujando mi silueta por encima de la bata hasta uno de mis senos para quedarse ahí, acariciándolo con el pulgar—. Estoy seguro de que serias capaz de hacerlo. —Afirma angostando la mirada.

Cierro los ojos para no verlo, no quiero verlo e intento gritar pero la voz muere en la garganta. "Esto no puede estar pasándome" es lo último que pienso antes de desconectar mi cerebro de la realidad. Su lengua lame los restos de sangre, subiendo desde la clavícula hasta el cuello, se detiene un instante y sus dedos se crispan en mi pecho. Me daño. Percibo su nauseabundo aliento en el lóbulo de la oreja.

—Tienes suerte. —Susurra en un tono meloso y mordisquea el lóbulo de la oreja, apenas lo escucho—. Ansío demasiado esas armas para arriesgarlas por algo así. —Y al momento me suelta y se incorpora.

Lo enfrento, aún recostada y temblando sobre el tocador. No quiero moverme, no hasta estar segura de que en verdad va a dejarme ir, así que apoyo las palmas en el mueble para sostener mi peso y lo veo caminar hasta la puerta dándome la espalda. Toma el pomo y se gira para mirarme una vez más, cortando mi agitada respiración.

—Esta noche es el solsticio de invierno así que volveremos a hablar de "nosotros" en el equinoccio de primavera. Tres meses pasan enseguida. —Sentencia con una sonrisa lasciva antes de salir de la habitación.


La rabia es algo natural para mí, siempre he convivido con ella y de algún modo he llegado a aceptarla como parte inherente de mi personalidad. Quizás por eso estoy seguro de que no es lo que en estos momentos, sentado bajo la lluvia, destroza con saña mis entrañas. No, no es rabia, ni rencor, ni odio pero su efecto es mucho más devastador. ¿Incredulidad? ¿Impotencia? No lo sé.

Todo a mí alrededor se desmorona y es cómo si estuviera desangrándome con enervante lentitud. Los diecisiete años junto a Freezer pasan ante mis ojos y por primera vez puedo ir más allá. Detrás de cada una de sus miradas en las que pensaba sólo había desprecio adivino ahora nítida la burla, la satisfacción de saberse el más astuto—. "¡Te crees muy listo!" —Se mofa en mi cara enarbolando una cáustica sonrisa. "El arrogante príncipe de los saiyajins! Tan engreído, tan pagado de sí mismo, mirando siempre a lo demás por encima del hombro y en cambio, te limitas a bailar al son que toco para ti. ¿Alguna vez has llegado a pensar que el nuestro era un duelo entre iguales?" —Pregunta ese brillo en sus pupilas que nunca hasta esta noche he sabido leer—. "¡Qué equivocado estás!

El pecho va a reventar bajo la empapada tela que se pega a la piel dibujando la tensión de los músculos y él, no cesa en su afán de mortificarme—. "¡Has matado por mí! ¡Has conquistado para mí! He robado en tus narices todo lo que era tuyo y ni siquiera te has percatado de ello." —La verdad es humillante. "¿Quién maneja las riendas? ¿Quién gana la partida? ¡¿Quién es el mejor de los dos?" — Se pavonea frente a mi estupidez. Un súbito miedo abre un hueco en el estómago y llevo los dedos a la marca de dientes, masajeándola para mitigar el pinchazo en un acto reflejo. La estoy sintiendo.

—"¡Bulma!" —Y su carcajada grotesca retumba dentro de mi cabeza. La mandíbula se aprieta en un intento desesperado por sacarlo de mi mente pero es inútil, sigo escuchándolo—. "¡Todo lo tuyo es mío!" —Revela sin dejar de reír—. "¡Todo!" —Incapaz de soportarlo, me levanto, envainando la espada para caminar mecánicamente hasta la silla que sigue cubierta por la manta.

—¿A dónde vas? —Oigo a mi espalda mientras silbo llamando a Yasha. La voz de Nappa se confunde entre las imágenes y las risas que inundan mi cabeza y tardo en reconocerla. Mi voluntad se encuentra a kilómetros de distancia y es el instinto y la sed de venganza lo único que guía mis movimientos—. No cometas una idiotez. — ¡¿Más? Estoy a punto de chillar pero me conformo con ignorarlo mientras paso las riendas por el hocico del caballo. Aunque no lo miro sé que se ha puesto en pie y se aproxima a mí—. ¡Vegeta! —Exclama cerrando sus dedos sobre mi hombro para hacerme reaccionar. Cierro los parpados esforzándome por volver a la realidad. Volteo la cabeza y observo su mano antes de levantar la vista y enfocarla en él. Turbado, deshace su agarre al instante

—Vuelvo a Sakkotsu. —Murmuro, dándole la espalda y apretando la hebilla de la cincha.

—¡Te has vuelto loco! —Profiere y se queda callado mientras remuevo la silla comprobando que esté bien sujeta—. ¿Es… es por ella? —Pregunta dubitativo en un tono bajo. No quiere alterarme más aunque se está buscando que lo degüelle. Me paralizo e inhalo en profundidad pero el oxigeno no me ayuda—. Porqué si es por ella…

—¡Es por mí! —Exploto enfrentándolo. La rabia ha vuelto con más intensidad que otras veces, instalándose en el abdomen para extenderse en rápidas embestidas a cada uno de los nervios que se crispan dolorosamente a su paso.

—Si peleas contra Freezer sin estar preparado te matará. ¡¿Es eso lo que quieres?—Trata de razonar, algo que para su desgracia yo no estoy en posición de hacer.

—¡Qué me importa! —Grito enloquecido, apretando y conteniendo los puños a ambos lados del cuerpo. Sentir su miedo me está matando y no debería importarme así que necesito descargar la frustración —. No debí marcharme. —Confieso mirándolo directamente a los ojos

El tiempo parece detenerse y un pesado silencio cae sobre nosotros, roto sólo por el sonido de mi agitada respiración que se escucha a pesar de la intensa lluvia.

—Así que lo dejarás ganar otra vez. —Declara fríamente Raditz. Enfoco mi poca lucidez en él que sigue sentado junto al fuego ya casi apagado. Había olvidado por completo su presencia.

—No te metas en esto. —Le advierto cargado de rencor—. Sabes la verdad hace años y no has hecho nada por vengarte. ¡Eres tan cobarde como tu hermano! —Escupo con desprecio y por la manera en que muta su gesto mi acusación parece remover algo en su interior.

—¡Y tú, eres tan soberbio como tu padre! —Vocea indignado irguiendo su imponente figura. Desenvaino la espada, extendiéndola hacia él que continúa hablando sin inmutarse—. ¿Supones que sólo tú quieres verlo muerto? ¿Piensas que no he soñado mil veces con hacerlo yo mismo? —Demanda alzando la voz—. Te creía más inteligente. ¿De que mierda nos va a servir tu sacrificio? —Está realmente enfadado. Hace una pausa estudiando mi reacción y parece calmarse—. Ve a enfrentarlo y deja que acabe contigo. —Concede condescendiente—. Dale su ansiada victoria. Al fin y al cabo, que importancia tiene un saiyajin más o menos en su lista de victimas.

—Y que sugieres, ¿qué haga lo mismo que tú? ¿Qué lo ignore? ¡¿Qué actúe como si no pasara nada? —Le increpo con encono sosteniendo aún la espada al frente.

—Ven conmigo. —Contesta tranquilo, dando un paso adelante. Mi ceño se frunce en una mueca de sorpresa evidente—. ¿Quieres resarcirte? Entonces ven conmigo. —Repite—. Los saiyajins nos hemos hecho fuertes en las montañas. —Explica sin darme opción a preguntar nada—. Muchas tribus nómadas se han unido a nosotros. Saben que después de Namekusei y Chikyuu les toca a ellos y están dispuestas a luchar. Apenas somos unos seiscientos pero en cuanto llegue la primavera pelearemos hasta el final. —No puedo dar crédito a sus palabras. Ignorando el acero, camina decidido hasta mí mientras continúa hablando—. Conoces la guerra y el ejército de Freezer mejor que él mismo —dice sin dejar de avanzar—, a sus generales, sus estrategias. —Se detiene delante del filo—. Te necesitamos. Contigo al frente tendremos una oportunidad. —Sus pupilas están fijas en las mías—. Por eso estoy aquí, por eso he estado observándote. —Confiesa finalmente.


"Es el pasado el que nos impulsa, a ti, a mí, a todos precisamente,

de la misma manera.

Y lo que aún no se ha experimentado y que de inmediato

vendrá para nosotros, para ti, para mí, para todos, será

precisamente de la misma manera."

(Hojas de Hierba. Walt Whitman)


Me demoré un poco o mucho según se mire. Podría dar mil excusas, algunas muy buenas pero a decir verdad me he dormido en los laureles a la hora de escribir la continuación. En fin, que le vamos a hacer, os pido mil perdones porqué sé que es difícil retomar la lectura después de tanto tiempo. El capítulo puede resultaros interesante o puede que no, y estamos de acuerdo en que la escena de Nappa, Raditz y Vegeta es demasiado larga y tendría que haberla acortado, pero es necesaria y da ciertas explicaciones. Ya sabemos porqué Goku está en Chikyuu, quién mató a Bardock, que pinta Raditz en esta historia, lo que piensa Bulma y bueno, que al parecer todos sin excepción ansían la llegada de la primavera. A partir de ahora encaramos el final, eso no significa que vaya a terminar en la siguiente actualización, aún quedan unas cuántas pero digamos que todas las cartas están sobre el tapete y sólo hay que jugar la partida. ¡DORORO! Ponte a escribir escenas de verdad y déjate de metáforas tontas, pensareis. Está bien, tenéis razón para la próxima prometo hacerlo mejor y si puedo (será difícil), más rápido. ;-D

Como siempre gracias a Midory por betearme. Gracias también a: vsq81, any chan, MaTuR3, Sakura-dono Blacklady, Dramaaa, BASS, sakuno y LEO98 por sus reviews

A any chan: ¡Cuanto entusiasmo! Me alegro de que te gustara el capítulo y sí, a veces los sentimientos también hay que esconderlos, aunque a nosotros no nos engañan y sabemos que están ahí. Un abrazo y mil gracias por el comentario.

A MaTuR3: Pues aquí tienes la respuesta acerca del papel de Raditz en esta historia. Bueno, nuestros protagonistas tienen que luchar contra ellos mismos pero también contra las circunstancias que les rodean así que veremos si es cierto eso de: El amor todo lo puede (¡Dios, cada día soy más cursi! :P ) o la cosa se queda en agua de borrajas. En cuanto a Goku y Chichi que puedo decirte, no sé si él sea capaz de centrarse porque de momento el pobre anda un poco desorientado. Mil gracias por el review y un fuerte abrazo.

A Sakura-dono Blacklady: No me des las gracias, gracias a ti por dejarme un review. ¿Así que el despertar te pareció triste? Bueno, supongo que a veces es duro enfrentar la realidad y como mínimo ellos han tenido su momento. ¡No iba a ser todo un camino de rosas! Hay que pelear por lo que se quiere. Un besazo y un abrazo. Pasa una buena semana y cuídate mucho.

A sakuno: Tienes razón a veces el tiempo se detiene y nos quedamos como hibernando, sin darnos cuenta de que los días y las semanas van pasando a nuestro alrededor. He tenido esa sensación, quizás por eso me costó tanto acabar el capítulo. Eso y alguna que otra dificultad a la hora de encarar las reacciones de los personajes. A lo mejor debería dejarme llevar y volver a emocionarme en lugar de tratar de mantener a raya a los protagonistas. ¡Era más fácil cuando escribía así! En fin, siento la demora pero todo llega. Un abrazo y mil gracias por el review.

A LEO98: Estimada Leo, tu pregunta me ha hecho cuestionarme si en verdad no estoy dando por sentado cosas que igual no he explicado suficientemente. Verás en este fic no hay ki, ni fuerza de combate pero los hay que son mejores que otros en el manejo de la espada. La espada es como si fuera el Ki, contra mejor espadachín seas más fuerza tienes aunque también depende del peso y la dureza del arma, no es lo mismo una hoja de acero que otra de hierro, esta última pesa mucho más y es más difícil de manejar. Vegeta no puede matar a Freezer porque en un duelo éste último lo derrotaría. Además a diferencia de Chikiuu y Namekusei, Hyogen posee un gran ejército. Respecto a tu otra duda es posible que este capítulo pueda resolverla. Los tsufurs vencieron a los saiyajins en una batalla en la que sufrieron muchas bajas así que fue sencillo para Freezer y su poderoso ejercito acabar con ellos. De hecho es Vegeta quién mata al último de los tsufur en las prisiones de Sakkutsu. Lo de los planetas me ha descolocado un poco, te he escrito un resumen de los escenarios del fic pero es un poco largo, si aún tienes interés escríbeme y te lo enviaré. Bien, espero haber resuelto tus dudas. Pregunta lo que necesites saber que yo estoy encantada de contestarte. Bienvenida, un abrazo y mil gracias por tu review.

Gracias a los lectores que leyeron ocultos entre las sombras.

John Ruskin dijo: "No existe el mal tiempo, sólo diferentes clases de buen tiempo." Lo mismo que no existe la mala suerte, sólo la buena fortuna que a veces se camufla entre rayos y truenos para despistarnos. No os dejéis engañar y salir a buscarla aunque sea bajo la lluvia. Ella os está esperando.

Hasta pronto… espero…