Capítulo cinco

Severus pasó los próximos dos días confinado en su habitación, de la misma manera antes de que Lily hubiese regresado. Le era mucho más fácil engañarse a sí mismo que estar pensando que ella estaba lejos. Cuando empezó a sentirse especialmente inquieto por su soledad, casi estuvo tentado a ir a su casa y disculparse por su comportamiento de unos días atrás… casi lo iba a hacer. Su orgullo lo mantenía en alto.

Severus se preguntaba si Lily iría primero por él. Porque ella lo había juzgado muy rápidamente después de todo ¿no? Ella apenas le había dejado que se explicara su estado de ánimo del asco que tenía ese día. Por supuesto se había retenido, estaba demasiado avergonzado de decirle la verdad pero fue Lily… ¿Creía que no podría decirle nada, después de todo?

Caminó por su habitación de lado a lado como siempre solía hacer, y gruñó frustradamente, Severus le dio pataditas a la pared. Agradeciendo que su padre aún seguía en el trabajo. No le importaba si tenía problemas con él; si su padre se atrevía a molestarlo de nuevo, probablemente lo embrujaría.

¿Por qué actúas de manera tan inmadura, Lily?, pensó por enésima vez.

Frunció el ceño, se detuvo en seco. Sabía la respuesta a su pregunta. ¡Ella tenía dieciséis años! Bueno y él, en su última mentalidad, tenía treinta y ocho. Sus recuerdos de ella habían sido que obviamente ella era mucho más joven que él. Y una parte de él, sabía que no había actuado muy maduramente, aunque, bueno, una vez más, su maldito orgullo no lo dejaba admitir su error e ir a pedirle disculpas a Lily.

Su estómago gruñó fuertemente, y Severus apenas si se había dado cuenta que no había probado bocado en los últimos dos días. De hecho él había dejado de ir… sólo olía la comida. Tampoco se había bañado, junto a la falta de alimentos, y apenas había dormido. Estaba hecho un caos.

Suspiró, se fue hacía la puerta y bajó las escaleras de la cocina. Encontró a su madre sentada en la mesa, mirando inexpresivamente en la superficie. No había un plato de comida, ni una taza de café, ni tampoco había un periódico, o algún libro, se sentó enfrente de ella. Ella sólo estaba mirando… la nada.

- ¿Mamá? – se aventuró Severus.

Eileen no respondió. Ni siquiera había reconocido que había otra presencia en la cocina, ni que hablar de su hijo. ¿Realmente ella estaba creciendo de manera tan callada al mundo exterior?

Una punzada de culpa sofocó a Severus. En su otra vida, cuando él se había preocupado por su madre, cuando él era un niño. Su yo viejo se había encerrado, dejando las molestias de su madre aun lado. Él se había encerrado para sí mismo, sintiendo lástima por él mismo, y negándose a sentir compasión hacía otra persona, aunque la única excepción había sido Lily… hasta que finalmente la había alejado lejos de él. Su madre se había convertido en una mancha sucia en la pared, una pared en donde la cual él había pasado hacía el patio y había construido muchas murallas en frente, separándose de su misma realidad de dolor, demasiado avergonzado, demasiado orgulloso, demasiado débil para confrontarlo.

Ahora, viendo a su madre en ese estado, Severus se dio cuenta que la había descuidado tanto, como ella a él. Ella no había sido más que una madre en su época de adolescencia, pero lo recuerda con cariño, y con tristeza, ya que una vez ella lo amó. Como un niño, ella hizo todo lo que pudo para protegerlo de Tobías. Había sido amable con él.

Olvidándose de su hambre, Severus se acercó un poco más a su madre, se acercó a su mano y la cogió – Madre – imploró –. Es que… ¿incluso no puedes ver tu propio hijo?

Severus pensó que había visto el pequeño parpadeó de la vida en sus oscuros ojos, esos oscuros ojos como los suyos. Su largo pelo negro, caía limpio alrededor de su delgada cara, como si se tratara de ocultarse. Severus sabía que podía entender sus rasgos faciales y su compostura. Él no sólo había heredado varias de sus rasgos físicos, pero sabía que había sido forzado hasta el punto de sentirse insensible. Sabía, sin embargo, que no importaba cuán estoico y cerrado era el mundo, sus sentimientos habían sido enterrados muy profundamente. Sabía que su madre debía de estar viva en algún lugar… en algún lugar oculto.

De repente, una lágrima cayó suavemente por la mejilla de Eileen. Su cara, no traicionaba ningún sentimiento, sin embargo. Severus sintió el peso de su sufrimiento, la lágrima fue un torrencial de ahogamientos, afligiéndolos pretendiendo ahogarlos.

- Mamá, por favor – Severus casi suplicó, tratando de que su voz no se quebrará. Llevó su mano hacía la cara de su madre, para que lo viera.

- Severus – Eileen suspiró, sus labios delgados apenas se habían movido.

- Si mamá, esta bien. Es tu hijo, Severus.

Eileen no dijo nada.

- Escúchame mamá, tienes que salir de este caparazón – pausó un momento, pensando en lo que le podría decir para ayudarla - ¿Qué te hizo él?

Severus pensó que había visto algo y registró de nuevo sus ojos.

- ¿Tobías? – ella dijo débilmente, sus cuerdas vocales apenas se habían movido.

- Sí, él – dijo Severus con desdén –. Él te arruinó mamá, y lo sabes. ¿Por qué sigues con él? Él se destruye solo, pero también destruye su familia. Se supone que tiene que responsabilizarse de nosotros, pero tira el tiempo y el dinero en sus bebidas… y sé que te pega. Inclusive agarró tú varita mágica para que no pudieras utilizarla. Te esta quitando tu cordura… Te esta llevando, mamá, ¿por qué le permites hacer esto?

La angustia de Eileen era evidente, ya que se le había distorsionado las facciones en dolor y quitó la mano de su hijo – Él es mi esposo, Severus – dijo suavemente –. Él no puede ayudar a… él tiene un problema… él – se detuvo, pero cuando iba a hablar de nuevo, habló más duramente y se pudo a la defensiva - ¿Cómo… cómo puedes…?

Sintiéndose traicionado, Severus dijo dolorosamente - ¿Lo amas? ¿Crees que él te ama sinceramente? – Escupió, a su altura total, por encima de ella – Ningún hombre que actúa como él, merece algún respeto, y sin embargo tú dejas que tenga el control de todo, dejándote ser su marioneta. ¿En qué te has convertido, madre? ¿Qué te hizo él? – La voz de Severus se quebró una vez más, pero se negaba a llorar – Tú… tú podrías dejarlo, lo sabes… podríamos dejarlo. Vamos, mamá, ¿qué nos detiene? Podríamos dejarlo antes de que… - Antes de que sea demasiado tarde.

Eileen, estaba parada en la pared ahora. ¡Qué vida había visto en sus ojos momentos antes de que se fuera! Severus suspiró en derrota, sabiendo que estaba demasiado lejos de que se fueran de ahí. Algunas cosas parecían que eran imposibles de que cambiaran. Resignado a otro golpe en su cara de la realidad, regresó a su cuarto, su hambre había desaparecido, pero en su mente estaba pensando en los giros crueles que dan las cosas.

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Severus no estaba seguro del cómo se las había arreglado de estar aislado cinco días, pero finalmente había cedido y fue a hablar con Lily. Antes de que dejará su cuarto. Hechó un vistazo a su desaliñada apariencia en el espejo. Si hubiese estado de un buen ánimo, probablemente se hubiese cuidado más, bañándose y cambiándose de ropas, pero se veía sucio para los vecinos, y esas fueron sus últimas preocupaciones, ya que él caminó calle abajo, hacia la casa de Lily.

Lily vivía en la mejor parte del vecindario, quien vivía a varias cuadras lejos de él. Sabía que su calle destacaba mucho, todo estaba muy verde, el césped largo y bonito, las casas estaban muy lindas en Saint Webber.

Severus encontró la casa de Lily y se detuvo en la parte inferior de la calzada. El señor Evans probablemente debía de estar en el trabajo y parecía que el auto de la señora Evans no se encontraba ya que no se hallaba en la calzada.

Severus caminó a grandes pasos la calzada para llegar a su casa. Por lo menos sus padres no van a estar aquí, pensó.

Estaba parado, en frente del porche delantero, con algunas dudas, tocó el timbre de la puerta. Escuchó el zumbido, y unos minutos después escuchó el sonido de pisadas que se aproximaban a la puerta. Aguantando la respiración, esperando que fuese Lily y no su infernal hermana, Petunia.

No existía la suerte. La cara de caballo de Petunia lo miraba, frunciendo el ceño profundamente - ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó fastidiosamente.

- Estoy aquí para ver a Lily – trató de mantener su voz con calma.

- Bueno, pues ella no quiere verte – dijo antipáticamente - ¿Qué le hiciste esta vez? Sea lo que hallas hecho, esta vez aprestaste los botones equivocados.

- Mira – Severus dijo firmemente –. No estoy interesado en jugar a intercambiar insultos contigo, Petunia. Necesito ver a Lily… ahora.

Estuvo a punto de empujar a Petunia y entrar a la casa, pero se detuvo al escuchar la voz de Lily que venía dentro de la casa – Petunia, ¿quién es?, ¿quién está en la puerta?

- Nadie – dijo Petunia indiferente.

- No te creo – dijo Lily con un toque de impaciencia en su voz. Lily llegó a ponerse al lado se su hermana. Sus ojos verdes se ampliaron ligeramente de sorpresa al ver a Severus.

- Como te dije, Lily – Petunia se mofó –. Nadie.

- Oh, cállate Petunia – rodó sus ojos.

Petunia la miró indignada, dejando a Lily con Severus. Lily alzó sus cejas – Bueno – dijo - ¿Quieres algo, Severus?

Al notar que había ocupado su nombre completo, cuando realmente ella rara vez lo ocupaba. Severus suspiró internamente. Ella aún seguía molesta con él, después de todo. Incluso con Petunia ya no era 'Tuney' aunque había pensado que el apodo ya era demasiado infantil después de todo.

- Si – dijo rígidamente poniéndose a la defensiva –. Vine a… disculparme.

Las cejas de Lily podrían haber desaparecido y perdido en su cabello, si es que eso podría ser real – ¿En serio? – Preguntó sardónicamente – No sonó como si realmente lo sintieras.

Severus estaba a punto de darle la espalda, pensando que había sido un erro haber ido ahí. Se había preguntando toda la semana, si había sido un error colosal haber 'reencarnado' de nuevo. ¿A quién engañaba? Pensando que podría cambiar algo, reteniendo una simple palabra, inclusive algo como 'Sangre sucia' no podría haber cambiado las cosas de su vida. Sabía que no sería simple su vida y ese era el momento en el que todo se había ido cuesta abajo. Sabía que tenía que trabajar duro y hacer mejores decisiones en esta 'nueva vida' esperaba ser el mejor. Las cosas no caían en su lugar.

Como Severus, miró esos ojos verdes, sin embargo, recordaba la mirada de Harry antes de que él se muriese. Extraño, pero en otra vida parece tan distante y lejana ahora. No había un Harry Potter en este mundo.

- Por favor, trata de entender – insistió –. No quería hablar de lo que me preocupaba ese día porque… porque no es nada nuevo ¿esta bien? Ya sabes que mis padres siempre están pelando todo el tiempo, y las cosas están peor ahora. No me gusta hablar de mis problemas familiares.

La expresión de Lily se suavizó un poco cuando ella salió de la casa. Examinó el pelo desaliñado de Severus con el sucio aspecto, no pudo abstener a arrugar la nariz.

- ¿Cuándo fue la última vez que te bañaste? – le preguntó sin rodeos. Sonrió sólo un poquito más.

Severus torció la boca de lado a lado por su cara – Probablemente no quieras saberlo – dijo irónicamente.

Lily agarró su mano hacía a la mecedora de Evans que estaba en frente del porche. Se sentaron uno al lado del otro – Sabes, si hubieses venido una hora después de lo que pasó aquél día, hubiese hablado contigo, ¿por qué tuviste que esperar tanto tiempo?

- Lo siento Lily, estuve esperando a que vinieras por mí. No quería ser el primero en aceptar la derrota… creo.

- No se trata de admitir la derrota, Sev – dijo suavemente –. Tú haces que suenes como si nunca quisieras hablar conmigo.

- Bueno eso yo… no lo sabía – murmuró.

- En serio Sev – dijo seriamente - ¿Qué puedo hacer para que me permitas ser tu amiga?

Puedo pensar en varias cosas.

No contestó esa pregunta. Realmente no quería. Lily no le había dicho en palabras que lo perdonaba y al mismo tiempo él quería que una parte de ella le pidiera disculpas por dejarlo solo ese día, no quería arruinar su amistad por un simple mal entendido. Sabía que él era una difícil persona de entender pero con Lily a su lado, sintió que las disculpas no necesitaban ser dichas.

Al menos, por ahora, eso había sido suficiente.

Continuará…