Capítulo 2
- Señora, el señor Taiyo ha regresado. La está esperando en la sala principal -anunció una sirvienta a la pelinegra.
- En un momento voy, gracias -los nervios de Atsuki invadieron cada parte de su cuerpo. Trataba de tranquilizarse, pero no podía dejar de pensar en cómo tomaría su esposo la noticia- "Sera mejor que le avise a Shiyo" -así tendría un soporte, por si perdía el control en sobrellevar la situación. La pelinegra se puso de pie, después de estar sentada casi toda la mañana en una banca y se encamino para darle el aviso a su hija.
Cuando estaba por llegar al pasillo que conectaba a la habitación, vio a la princesa caminando en dirección contraria y la llamo.
- Shiyo, tu padre ha llegado -dijo la pelinegra haciendo que la muchacha volteara para verla.
- ¿En serio? -pregunto la castaña. Su madre asintió haciendo que su hija soltara un suspiro- Sera mejor que vayamos.
- ¿Quién se hará cargo de Inuyasha mientras estamos con tu padre?
- ¡Rayos!...Hn… ¡Ah, claro! Kotaro y Haru ya llegaron. Le pediré a Haru que lo cuide -y sin más que decir, corrió para darle la instrucción a su amigo, dejando a su madre plantada en el pasillo.
Después de unos minutos, Shiyo regreso donde había dejado a su madre. Para sorpresa está todavía seguía en el lugar.
- Pensé que te habías adelantado.
- No quiero llegar sola con tu padre. Vámonos -la pelinegra tomo el brazo de su hija y se encaminaron hacia la sala principal.
Estando ya en la puerta, Atsuki miro a su hija y esta le sonrió; la pelinegra esbozo una pequeña sonrisa en respuesta y deslizo la puerta. Adentro de la habitación estaba un hombre fornido y de mediana edad sentado en una tarima, a quien al verlas, se le ilumino el rostro. Las mujeres se pararon en frente de él e hicieron una reverencia como saludo.
- ¿Cómo están las mujeres que más amo? -dijo el hombre abriendo sus brazos para envolverlas.
- Muy bien, padre -dijo Shiyo sonriéndole. Taiyo le devolvió la sonrisa y le planto un beso tierno en la frente. Atsuki lo miro y lo besó en los labios.
- ¿Cómo te fue? -pregunto la pelinegra separándose poco a poco de su esposo.
- Excelente. ¿Por qué no primero comemos y luego les platico? -respondió Taiyo
Cuando la comida estuvo servida, los tres se sentaron en la tarima y se dispusieron a comer. Taiyo se sentía en el cielo con la comida, ya que no había probado nada desde la mañana; solo había algo que lo incomodaba: el silencio. Así que decidió romperlo preguntándole a su hija sobre el intercambio de hierbas. Shiyo con su peculiar sonrisa le dijo que todo había estado tranquilo.
Atsuki, por una parte, estaba muy tensa, sentía un nudo en la garganta que le impedía pasar la comida. Veía a Shiyo platicando y comiendo con mucha tranquilidad…como si nada hubiera pasado. Ella trataba de imitarla, pero simplemente no podía. Nunca había sido buena para ocultar lo que le preocupaba y temía que su esposo se diera cuenta.
Terminaron de comer y de nueva cuenta hubo silencio. A Taiyo se le hacía muy raro que su esposa no hablara, ella siempre iniciaba la conversación y cuando Shiyo se le unía, no había persona en el palacio para callarlas. En esta ocasión, estaba en silencio total y su rostro mostraba preocupación. El silencio empezaba a desesperarlo, así que decidió romperlo de nueva cuenta.
- Díganme, ¿Hay algo que les preocupe? -pregunto Taiyo queriendo averiguar lo que pasaba.
A Atsuki la pregunta le cayó como balde de agua helada y rápidamente escondió su rostro en un mechón de cabello. Mientras tanto, Shiyo formulaba una mentira y veía a su padre directamente a los ojos. A comparación de su madre, ella podía controlar muy bien sus emociones y sentimientos.
- Hn… bueno, es que mi madre quería discutir con el padre de Hiroshi algunos aspectos sobre la boda, pero… -la princesa se detuvo un momento al sentir la mirada de confusión de su madre, en secreto le guiñó para que se tranquilizara-… fuimos a buscarlo y no estaban. Ya sabes como es mi madre de ordenada y precisa, tiene la urgencia de resolverlo de inmediato -terminó de decir.
- ¿Es cierto Atsuki? -inquirió Taiyo con escepticismo. Atsuki empezó a temblar, respiro profundo y trato de tranquilizarse.
- S-si, es ci-cierto. Esa era mi preocupación -confirmo la pelinegra aun nerviosa. A Taiyo no se le hizo raro que su esposa se pusiera de esa manera así que la abrazo para tranquilizarla. Atsuki se dejo llevar por el dulce abrazo de su esposo.
- Bueno, iré a descansar un poco. Nos vemos hasta la cena -dijo Shiyo saliendo de la sala, dejando a la pareja envuelta en brazos.
Cuando Shiyo llego a la habitación donde estaba Inuyasha, vio a Haru jugando con una gatita muy linda. La pantera no andaba por ningún lado. La muchacha se sentó junto al comandante y sostuvo a la gatita en sus brazos.
- ¡Qué bonita eres! -exclamó- ¿Dónde la encontraste Haru?
- Princesa, no me lo va a creer pero…es la pantera.
- ¿En serio? -pregunto la muchacha con una ceja levantada. Haru al ver que la chica no le creía, le pidió a la gatita que se transformara y esta obediente lo hizo dejando a Shiyo sorprendida. Después la pantera se volvió a transformar y se acurrucó a un lado de Inuyasha.
- Aun no despierta -dijo la muchacha con pesar.
- No se preocupe, ya lo hará -respondió Haru palmeándole la espalda con delicadeza.
Haru le pidió permiso a la princesa para quedarse con ella y esta le concedió lo pedido. Mientras Shiyo esperaba la hora de cenar, le contaba al comandante la pasada amistad que tuvo con el peli plateado y la razón por la cual lo creía muerto.
La noche cayo lentamente sobre el palacio, las estrellas poco a poco fueron asomándose en el firmamento y la luna creciente lo iluminaba. Ya era hora, eso lo sabía perfectamente la princesa. De un momento a otro tuvo miedo de contarle a su padre…pero haría todo lo posible para revelar la noticia con tranquilidad. Dejó a Haru al cuidado de su antiguo amigo y se dirigió a la habitación de sus padres.
Llegó a la puerta y pidió permiso para entrar. Oyó un "pasa" y entro decidida para encarar a su padre.
- Padre yo… -no sabía por dónde empezar-…tengo que mostrarte a alguien.
- ¿Tiene que ser ahora? -pregunto Taiyo.
- ¡Sí! -respondió Atsuki muy alterada.
- Por sus expresiones, puedo ver que es de suma importancia -las dos mujeres asintieron- Vamos, entonces.
Madre e hija salieron primero seguidas de él.
El patriarca estaba intrigado por la misteriosa persona. Desde que el llego, Atsuki y Shiyo habían estado muy extrañas; la única razón que el encontraba culpable era esa persona. Tal vez sería un aldeano o su futuro consuegro, que querían hablar con él, así que no tenía porque estar alarmado.
Taiyo pudo ver a Haru recargado en un barandal con la mirada perdida, junto con Kotaro. Para que el General y el Comandante estuvieran reunidos, quería decir que algo grave estaba sucediendo. Shiyo saludó a Kotaro y Atsuki la imitó.
- ¿Qué está pasando aquí? -pregunto el patriarca, con la confusión desbordando su voz.
- Taiyo, primero que nada, quiero que me des tu palabra en que te controlaras y permitirás que te expliquemos lo sucedido ¿De acuerdo? -dijo Atsuki con seriedad
- Pero Atsuki…
- Prométemelo -Taiyo miraba los profundos y serios ojos de su querida esposa. Esta tenía una mirada seria y llena de preocupación que hacía que Taiyo se entristeciera.
- Lo prometo, pero ¿Qué pasa?
- Velo por ti mismo -dijo Shiyo deslizando la puerta que estaba enfrente de ella.
Taiyo ahora estaba asustado, pero se armo de valor y entro. Gracias a la luz penetrante de una antorcha pudo visualizar a un muchacho de cabellos plateados recostado en el suelo. El patriarca se quedo petrificado al verlo mientras que los otros iban entrando en la habitación. Se acerco un poco más para asegurarse de que su vista no estaba fallando, pero estaba bien. Se volteo para ver a las dos mujeres sumamente molesto.
- Esto es una broma de muy mal gusto -dijo Taiyo mirando a su esposa e hija y luego al General.
- Padre, no es una broma -reprochó Shiyo, provocando que su padre caminara de un lado a otro.
- Señor quédese quieto que va a provocar un agujero en el piso -exclamó Kotaro- deje que le expliquemos la situación…
- Kotaro, no-quiero-oír-tus-ridículas-bromas -gritó exaltado Taiyo haciendo que Kotaro desviara avergonzado la mirada.
- Padre tranquilízate, te aseguro que Inuyasha debe de tener una respuesta -puntualizó Shiyo.
- ¡Si, claro! -respondió Taiyo con sarcasmo
- Cuando despierte el nos aclara todo -aseguró Atsuki
- ¿¡Como quieres que nos aclare si está muerto?
- ¿Acaso no lo estás viendo?, es Inuyasha y está vivo -replicó su esposa.
- ¡Basta! -Taiyo tomó de los antebrazos a Atsuki y la sacudió- No sé si te acuerdes Atsuki, pero tú y yo ordenamos matarlo ¿Ya te acordaste? -pero al ver que su esposa desviaba la mirada gruñó y la soltó provocando que cayera al piso. Shiyo levanto a su madre con cuidado- ¿Es que se olvidó lo que pasó esa noche?
La luna llena iluminaba todo a su alrededor y aún así en el bosque no se podía ver nada, ya que las grandes matas de los arboles impedían que la luz de la luna iluminara el lugar. Un grupo de soldados estaban escondidos en los arbustos esperando la señal de ataque. Mientras, un hombre joven y fornido estaba montado en su caballo observando con inquietud a una joven de cabello negro que estaba completamente quieta y seria.
- ¿Segura que van a pasar por aquí Atsuki?
- Si. Ya están muy cerca, Taiyo, no desesperes.
Después de unos minutos, oyeron a lo lejos unas risas.
- Ya es hora -dijo la mujer.
Los soldados se pusieron en sus posiciones esperando a que las risas se acercaran más. Cuando las oyeron lo suficiente cerca, cada uno saltó de entre los arbustos y rodearon a dos indefensos niños. El hombre montado en su caballo salió de los arbustos seguido por la pelinegra, que veía fijamente a los niños. El joven se bajo del caballo y le pidió a la niña que se acercara a él.
- Shiyo, sepárate de ese semi-demonio -dijo Taiyo.
- No voy a dejarlo -respondió la niña.
- Te prometo que no le hare nada -contestó el joven con una pequeña sonrisa.
- ¿Lo prometes? -pregunto la pequeña. Al ver que su padre asentía, abrazó a su amigo y poco a poco se alejo de él. Cuando llegó con su padre, este la envolvió en sus brazos.
Mientras Taiyo abrazaba a la niña, le guiño al General que estaba a su lado y este dio la señal de ataque. Todos los soldados sujetaron al niño y lo empezaron a golpear, mientras su amiga trataba de escapar de los fuertes brazos de su padre.
- ¡No padre, no le hagas daño! -la princesa golpeaba el pecho de su padre sin obtener resultado- ¡Lo prometiste, lo prometiste! ¡Mamá detenlos! -Taiyo le paso a la pequeña a su madre.
Atsuki miraba los suplicantes ojos con lagrimas de su hija, realmente le partía el corazón verla de esa manera, pero lo que estaban haciendo era por su bienestar. No iba a permitir que ese niño se llevara a su indefensa pequeña.
Después de que dejaron casi inconsciente al semi-demonio, Taiyo ordenó que lo quemaran vivo. Kotaro ayudó a los soldados a formar una caja alrededor del niño con una cuerda y después encendieron el fuego. Todos los que estaban presentes ya no podían ver el cuerpo del pequeño. Ni las suplicas ni los llantos amargos de la princesa dieron resultado.
- Vámonos…ya no tenemos nada que hacer aquí -ordenó Atsuki aún sujetando a su hija.
Taiyo quiso cargar a la niña, pero esta lo rechazo diciéndole "Te odio". Atsuki cargó a Shiyo durmiéndola con una luz rosada proveniente de sus manos. La pareja junto con la niña montaron al caballo y dejaron el lugar.
- ¿¡Ya recordaron? -pregunto Taiyo- Al día siguiente, los cuatro vimos lo que quedó de Inuyasha: sus huesos. Solo eso quedó de él -finalizó Taiyo.
Atsuki se separo de Shiyo para tomar entre sus temblorosas manos el rostro del patriarca; inmediatamente una luz rosada cubrió a la pareja. Taiyo no pudo decir nada, sintió una paz en su interior, tómo la mano de su mujer y le dio las gracias. Se sentía como un total tonto, se dejó llevar por su enojo y no permitió que le explicaran nada, por eso su esposa tuvo que utilizar ese método para tranquilizarlo.
- Mi Señor, entiendo su confusión pero…en vez de verlo como algo malo hay que verlo como bueno. Usted y yo nos dimos cuenta tarde de el grave error que habíamos cometido -dijo Atsuki aún con el rostro de Taiyo en sus manos- Sentimos la necesidad de oír el perdón de Inuyasha ¿no? Bueno, ¡aquí esta! Está vivo y cuando despierte se lo pediremos.
Al principio, Taiyo no sabía que contestar, al final le dio un beso a su esposa y a su hija. Le pidió disculpas al General y le estrecho la mano.
- Entonces tenemos que esperar a que despierte para que nuestras almas descansen en paz -dijo el patriarca a su esposa y el general- Por cierto, ¿Cómo lo encontraron?
- Yo sentí su presencia en el bosque, ahí fue donde lo encontré. Decidí traerlo porque tenía heridas muy graves y fiebre -contesto Shiyo- Yo me quedaré con él.
- Está bien. Ahora que se aclaró esto, será mejor que vayamos a descansar -pidió Taiyo- Si Inuyasha despierta no dudes en avisarnos -la princesa le asintió a su padre, éste salió de la habitación junto con Atsuki y Kotaro.
Unas lágrimas brotaron en los ojos de la princesa, no pudo evitarlo, ya que el recuerdo de esa noche la lastimaba mucho. Se sentó al lado de su amigo y pudo observar a la gatita saliendo de los cabellos del muchacho. La chica la tomó y la dejó en su regazo. Limpió las lágrimas de su rostro y se quedo contemplando al peli plateado, deseando que despertara pronto.
Continuara…
¡Hola a todos! Espero que este capi haya sido de su agrado :)
No olviden dejarme su comentario, son importantes para mí… así puedo saber si les está gustando XD. Gracias Sensei por aconsejarme y ayudarme.
Hasta la siguiente actualización!
