Capítulo 3
Sentía el pecho y varias partes del cuerpo arder como si estuviesen torturándolo con carbones encendidos. Estaba seguro de que tenía los ojos cerrados, pero no podía abrirlos, es más, no podía moverse. Desesperado, luchó con todas sus fuerzas para recuperar el control de sus extremidades, hasta que por fin consiguió llevarse torpemente la mano al rostro. Se obligó a abrir los ojos. Lo último que recordaba antes de desmayarse era un frondoso bosque, pero ahora estaba en una habitación mediana, recostado en algo mullido. ¿Qué demonios había pasado?
Las cortinas que estaban enfrente de él le impedían ver el resto de la habitación. Necesitaba averiguar en donde estaba así que poco a poco fue incorporándose, pero al estar totalmente de pie sintió como su piel se desgarraba en el abdomen. Se dejo caer sin fuerzas quedando recargado en la pared. Llevo su mano derecha a la herida y al sentir un líquido tibio la retiro para verla completamente ensangrentada. ¿Cómo fue que ocurrió? Trato de alejarse de la realidad para hacer memoria, pero el espasmo cada vez se volvía más insoportable y era difícil concentrarse. Lo único que podía recordar era un bosque cubierto de niebla.
El dolor que producía la herida empezó a afectar el resto de su cuerpo. La fiebre comenzó a aumentar, la vista se nublaba, el corazón latía velozmente y la fuerza lo abandonaba. Pero no todo acababa ahí, percibía dentro de él impotencia y un vacío aterrador. No entendía porque se sentía así y eso lo impacientaba. Tal vez las respuestas que buscaba las encontraría afuera de esa habitación y sin pensar en su estado se puso de pie con las pocas fuerzas que le quedaban y atravesó las cortinas.
Lo que parecía la puerta estaba enfrente de él. Su vista cada vez se nublaba más. El piso parecía como si se estuviera levantando. Todo daba vueltas lo que ocasionó que sufriera mareos y jaqueca. Su equilibrio comenzaba a fallar haciendo que cayera sobre sus rodillas. El silencio que inundaba la habitación era abrumador. Podía escuchar los latidos acelerados de su corazón y las gotas de sangre escurriendo de su ropa. Quería gritar, pedir ayuda, pero un nudo en la garganta se lo impedía.
A lo lejos se escuchaban unos pasos que se detuvieron en frente de la puerta. La sombra de una persona se reflejaba en aquella puerta y lentamente la fue abriendo. El peli plateado no pudo ver el rostro de esa persona pero notó por su voz que era un hombre. Las palabras que decía el muchacho las oía lejanas. Sintió como el recién llegado lo levantaba y lo recostaba. Todo comenzaba a verse más borroso; solo pudo ver los movimientos desesperados de aquel joven y luego todo se torno oscuro.
La sensación de dolor en todo su cuerpo hizo que recobrara el sentido. Miro a su alrededor con dificultad. Se sorprendió al ver que seguía en la misma habitación. Trató de levantarse pero una mano se lo impidió. Dirigió su vista a la izquierda y vio una figura borrosa; parpadeo varias veces para despejar la mirada encontrándose con una joven sentada junto a él. El peli plateado volteo hacia el otro lado y vio otras personas sentadas en torno a él.
- ¿Cómo te sientes Inuyasha? -preguntó la joven.
- ¿Dónde estoy? -dijo el muchacho con una voz casi inaudible.
- Estás en mi palacio -respondió la chica sonriendo- ¿Te acuerdas de mí? Soy Shiyo, fuimos amigos hace mucho tiempo.
Inuyasha se levantó sorprendido para ver el rostro de la muchacha. En verdad era ella. No lo podía creer. Después de tanto tiempo, su rostro no había cambiado en absoluto…solo que ahora era una adulta.
- En verdad eres tú -contestó el ambarino- has cambiado. Ha pasado mucho tiempo ¿no crees?
- Si, mucho tiempo. Déjame decirte que me tienes atónita. Pensé que tu…
- ¿Sabes, que fue lo que me paso? -preguntó el peli plateado cortante.
- N-no. Te encontré ya herido.
- Hmm…es que no recuerdo.
- No te preocupes. El olvido debe ser pasajero, iras recordando poco a poco -la princesa trato de animarlo pero no dio efecto.
El ambarino torno su vista a la derecha para encontrarse con una mujer y dos hombres. A pesar de la poca luz que había, pudo notar que la mujer tenía los mismos ojos esmeraldas que tenia la princesa. También, pudo observar que uno de los hombres tenía el mismo cabello castaño y ondulado como su vieja amiga. Acaso… ¿Ellos eran los padres de Shiyo? Miro a la chica de reojo para cerciorarse. Estaba en lo correcto. Aún no podía creer como es que había llegado hasta allí. No recordaba estar por los alrededores del palacio, al contrario, recordaba estar lejos.
Toda la familia estaba reunida y tenía la sospecha de por qué. Ya se imaginaba la reacción de todos ellos al volver a verlo. No estaba de humor para explicar lo ocurrido, lo único que tenía en mente era recordar. Incorporó la parte superior de su cuerpo recargando la espalda en la pared.
- ¿Inuyasha? -dijo Atsuki tímidamente- yo sé que no es el momento apropiado para…
- ¿Quiere que explique lo que sucedió esa noche? -respondió el ambarino con una pregunta- no me interesa hablar del tema; eso fue hace mucho, mucho tiempo y no veo el caso de recordarlo. Pero, supongo que de alguna manera se merecen una respuesta -soltó un suspiro y continuo- Después de que ustedes se fueran, yo corte las cuerdas y escape de la trampa…
- ¡Ja, lo sabía! -dijo Taiyo. Al sentir las miradas de su hija y esposa, se dispuso a guardar silencio.
- Como iba diciendo escapé. Al día siguiente en la mañana, encontré enterrado el esqueleto de un niño. Para no darle problemas a Shiyo con ustedes, puse el esqueleto en el lugar donde estaba atrapado por el fuego. Así ustedes pensarían que morí quemado vivo… eso fue todo lo que hice -terminó de decir Inuyasha con una mueca de disgusto.
- Así que eso fue lo que paso. Ahora entiendo -dijo Shiyo. Taiyo se arrodillo a un lado de Inuyasha.
- Qui-quiero que perdones a mi esposa, a Kotaro y…principalmente a mí. Lo que te hicimos fue malvado, pero tan solo entiéndeme…tenía miedo de que le hicieras algo a mi hija…-Inuyasha iba a reprochar pero Taiyo pidió que lo escuchara- …nos arrepentimos por ello. Perdón -finalizó el terrateniente.
- ¡Keh! Miren, hablar de esto realmente me está fastidiando y si no se levanta me fastidiare más -el muchacho se sentía ridículo. ¿Darles perdón? No era una deidad para hacerlo, pero si no había otra forma de cambiar de tema lo haría y lo hizo.
Taiyo no estaba convencido de que Inuyasha se los había dado verdaderamente. El peli plateado al ver el rostro del terrateniente soltó un pequeño gruñido y se dispuso a decir que realmente no sentía rencor, al contrario le agradeció, ya que, si no hubiera pasado por eso el jamás habría entendido el tema de ser un semi-demonio y lo que conlleva. Una sonrisa de satisfacción se dibujo en el rostro del terrateniente, realmente se había quitado el gran remordimiento que llevaba cargando. Kotaro casi bailaba de felicidad y Atsuki abrazaba fuertemente a su esposo diciendo "Hemos sido salvados" una y otra vez. Shiyo miraba divertida la escena mientras que Inuyasha aguantaba los deseos de salir corriendo.
- Cambiando de tema…-empezó a decir Shiyo mientras que Inuyasha soltaba un suspiro de satisfacción-… te presentare a alguien. Espera -la princesa se levanto y cruzo las cortinas.
Después de unos segundos regreso sosteniendo a una gatita en sus brazos. Se sentó en el lugar donde estaba. La gatita al ver al ambarino, saltó de los brazos de Shiyo a las piernas de esté. Inuyasha la sostuvo en sus manos mirándola fijamente.
- Ella nos ayudo a traerte aquí -dijo Shiyo sonriendo.
- ¡Kirara! -exclamo Inuyasha. No lo podía creer, se sintió muy feliz al ver una cara realmente conocida. La gatita lamía afectuosamente las mejillas del ambarino y este solo se reía.
- ¿Ya se…conocían? -preguntó Shiyo desilusionada. El peli plateado asintió.
- Por eso ella nunca demostró quererse irse -afirmó Kotaro cruzándose de brazos.
- Tienes razón -respondió la castaña decepcionada. Pensó que la gatita no tenia dueño así que había decidido quedársela- ¿Desde cuándo te pertenece Inuyasha?
- No me pertenece -contesto él ambarino jugando con la gatita- ella es solo mi amiga.
- Y, ¿Se puede saber de quién es? -preguntó la castaña.
El semblante del ambarino cambio. Dejó de jugar y la recostó en su regazo. La pregunta de la muchacha lo había dejado pasmado. No sabía cómo responder. Observó detenidamente a la gatita hasta que una visión lo obligó a tornar la vista. En esa visión, una mujer de cabellos largos y cafés abrazaba cariñosamente a Kirara. El muchacho al ver nuevamente a la mujer sintió que, de alguna forma…la conocía. Si, no había duda de que la conocía. La incertidumbre de saber más de esa joven lo invadía. Tenía que hacer un esfuerzo por recordar. No saber de esa mujer y lo que le había pasado lo desesperaba.
El silencio crecía en la habitación. Atsuki se acercó al peli plateado y colocó su mano derecha en el hombro de este. La peli negra le preguntó si se encontraba bien a lo que el ambarino afirmó distraídamente.
- Sera mejor que descanses Inuyasha, ha sido un día muy pesado -sugirió Atsuki.
- Es cierto -acordó Taiyo- nosotros también lo haremos, ya es tarde -el terrateniente se levanto seguido de Kotaro y le tendió una mano a su esposa para que se levantara. Los tres se despidieron y atravesaron las inmensas cortinas.
Cuando la princesa escucho la puerta cerrándose se volteo para abrir un pequeño mueble para sacar un futon. Después de acomodarlo en el suelo se quitó el broche que recogía sus cabellos castaños y comenzó a hacerse una trenza. Tenía la necesidad de preguntarle a su viejo amigo lo que había pasado, pero decidió preguntarle al día siguiente. Apagó la llama de la lámpara de papel a su lado y se recostó. Antes de cerrar sus ojos miró al peli plateado de reojo, este no se había movido y la veía de forma extraña.
- Duerme, te hace falta -le dijo la princesa al peli plateado.
- ¿Te vas a dormir aquí? -preguntó el ambarino extrañado.
- Si -respondió la castaña con suma tranquilidad -alguien tiene que supervisarte.
- ¿Supervisarme?
- Tengo que supervisar tu estado durante la noche. La fiebre todavía no baja y tu herida sigue sangrando.
- ¡Keh! créeme Shiyo, no es la primera vez que sufro una herida como esta, es más, he tenido más graves. Además, no puedes quedarte porque…
- Buenas Noches -irrumpió la castaña dejando al ambarino con las palabras en la boca.
El peli plateado soltó un gruñido, odiaba que lo interrumpieran. Se recostó aún gruñendo y depositó su enojo en el tejado. Kirara se acurruco en su pecho y lo observo durante unos segundos para después cerrar sus rosados ojos. Inuyasha seguía con la mirada perdida y sus pensamientos estaban en el mismo estado. No dejaba de pensar que tenía que encontrar las piezas para resolver el misterio que lo envolvía.
Una sensación de vacío le oprimía todo el pecho. Era aterrador. A causa de esto se sentía triste y sumamente solo. Se llevo una mano a su pecho para aferrarse a su traje. ¿Por qué sentía eso? No era una sensación muy agradable. Trató de distraerse con sus pensamientos hasta que una idea surgió. ¿Y si no tratara de recordar lo que le paso, si no, lo que sucedió antes? Tal vez lo ayudaría a comprender. Cerró sus ojos y se adentro en lo más profundo de su mente. Luego de estar rascando en cada esquina, pudo visualizarse con otras personas. Dos mujeres jóvenes, un hombre de la misma edad y un niño estaban alrededor de él. Una de las muchachas estaba aferrada a su brazo derecho y la otra era la misma que había recordado anteriormente. Estaban sentados en un campo contemplando la hermosa vista que les daba. Las montañas deslumbraban con el color verde y la neblina en sus cimas inspiraba curiosidad. Hasta ahí terminaba su recuerdo.
Después de ver la imagen una y otra vez, su cuerpo comenzaba a clamar descanso. Sus parpados se cerraban sin su permiso hasta que finalmente cayeron como pesas sobre sus dorados ojos. Ya no sentía el dolor en su abdomen y la fiebre fue desapareciendo. Su ritmo cardiaco era lento y sus respiraciones profundas. Puso su mente en blanco para poder dormir pacíficamente y despertar con fuerzas al día siguiente.
El ambarino esperaba impaciente al monje. Finalmente, la esperada persona entró a la cabaña y le entregó un paquete. El peli plateado rasgó la cobertura que lo envolvía y sacó de este un kimono negro. El muchacho lo apuró para que fueran a la purificación. Se montaron en una pantera y partieron hasta adentrarse en una montaña. Siguieron la ruta hacia una cascada a pie. Cuando llegaron, el peli plateado se quitó su traje para sustituirlo por una bata blanca. Se sentó en una roca en medio de la cascada concentrado en sus pensamientos. Finalizando, se volvió a poner su traje rojo y volvieron a la aldea.
El peli plateado entró a la cabaña mientras que el monje se quedaba afuera. Más tarde, el ambarino salió de la cabaña usando el kimono negro. La cara de sorpresa y emoción no se hiso esperar en el monje y entre risas y bromas caminaron hacia una colina. Las personas que estaban ahí voltearon las miradas para fijarlas en el ambarino. Todos se veían emocionados y lo estuvieron aún más cuándo una joven apareció. Estaba usando un kimono rojo con estampados blancos, su cabello azabache estaba sujeto por un complicado pero hermoso peinado y estaba adornado por unos broches dorados y flores. El ambarino se dirigió emocionado hacia ella y la tomó de las manos provocando que se sonrojara. Los presentes aplaudieron al verlos juntos. Inmediatamente, seis mujeres jóvenes comenzaron a repartir bebidas y bocadillos mientras se acercaba la hora de la ceremonia.
La esperada hora había llegado. La peli negra junto con el ambarino, se subieron en la pantera, mientras, un mapache se transformaba para que las personas que iban a ir a la ceremonia subieran. Más tarde, partieron hacia un templo. Estando allí, la pelinegra que iba acompañada por el ambarino, se quitó el kimono rojo para dejar ver un kimono blanco que tenía a los costados una franja roja. Una joven de cabellos largos y cafés le acerco un gorro grande del mismo color del kimono para que se lo pusiera escondiendo su elaborado peinado. En la puerta del templo se encontraba un sacerdote acompañado de dos sacerdotisas y un hombre que sostenía una gigantesca sombrilla de color coral. Este, cubrió con la sombrilla a la peli negra y al ambarino. El sacerdote les dio la bienvenida y después se tornó para caminar hasta la entrada del templo. Las sacerdotisas lo seguían, acompañadas del dúo que estaban tapados por la sombrilla y atrás de estos estaban los invitados. Entraron al templo y cada persona ocupo su respectivo lugar. El sacerdote nuevamente les dio la bienvenida y empezó a hablar. Pasaron unos minutos muy largos hasta que el sacerdote le pidió a la pareja que individualmente leyera sus votos. Luego el sacerdote le sirvió al dúo sake para que lo tomaran. Finalmente, el oficiante dio unas palabras de felicitación y después les pidió a los presentes que aplaudieran. Todos los reunidos salieron del templo para entrar al patio de este. Ahí, se encontraba un joven que amablemente les pidió a los invitados y a la pareja que se juntaran para recordar el momento. El joven se hiso cargo de poner a cada persona en el lugar que le correspondía. Cuando todos estaban listos, el joven sacó de su bolsillo un espejo. Lo posesiono enfrente de las personas y les pidió que no se movieran. Al cabo de unos segundos el joven les dio las gracias y antes de retirarse se acerco a la pareja para comentarles que en cinco días les llevaría la pintura terminada.
Al atardecer, regresaron a la aldea, donde los aldeanos ya tenían preparado el banquete. La fiesta duró todo el atardecer y parte de la noche. La comida estaba exquisita, la música tenía buen ritmo y el ambiente transmitía alegría. El atardecer pinto las aguas que estaban alrededor de la aldea de colores anaranjados y rosados. Más tarde el firmamento se fue enrojeciendo para darle paso al ocaso, este despidió los colores violetas y azules fuertes. La primera estrella se hiso presente y la pelinegra al verla cerró sus ojos de color chocolate. El ambarino se le acercó para abrazarla y mirar juntos la evolución de la noche.
Las estrellas poco a poco empezaron a visualizarse. Al caer la noche, los aldeanos pasaban a retirarse, no sin antes despedirse de la pareja. Los mejores amigos de estos se quedaron un momento con ellos para despedirse y desearles lo mejor. La pareja se quedo mirando el rumbo por el que sus amigos salían hasta que se quedaron completamente solos. La peli negra volteo para ver los ojos de su compañero y tomo su rostro con sus cálidas manos. En cambio el ambarino rodeo con sus brazos la cintura de su compañera acercándola a su cuerpo. Gracias a la llama de las antorchas, podían verse uno al otro perfectamente. Las miradas de los dos reflejaban felicidad, pasión y amor. Poco a poco sus rostros fueron acercándose y cada uno fue cerrando los ojos. El la acercaba más a su cuerpo, mientras que ella lo acercaba con sus brazos. Estaban tan juntos que podían sentir el aliento del otro. Sus labios se rosaron hasta que se unieron completamente. El beso era lento, cada uno disfrutaba el sabor de la boca contraria. El amor puro fluía en sus cuerpos como una descarga eléctrica. Se fueron separando disfrutando hasta el último roce. Juntaron sus frentes para cruzar sus miradas, él acaricio una mejilla de ella y ésta hiso lo mismo. Se unieron de nuevo con un beso y luego se separaron. Una sonrisa sé dibujo en el rostro de cada uno. El peli plateado cargo a la chica y giro con ella hasta que las risas de cada uno se unieron para hacer una sola, la dejo en el suelo delicadamente y de nueva cuenta se besaron.
Pesadamente fue abriendo los ojos, se sentó y se llevó una mano a la cabeza. Observó que Shiyo y Kirara seguían dormidas así que se levanto silenciosamente y cruzo las cortinas, en seguida llego a la puerta y la deslizo para abrirla, salió de la habitación y cerró la puerta. Recorrió todo el pasillo hasta ver unas diminutas escaleras que conducían a un estanque. Cuando las bajo, sus pies descalzos podían sentir lo frío y húmedo que estaba el pasto y un escalofrío recorrió todo su cuerpo, a causa de esto, prefirió regresar a las escaleras y sentarse en ellas. Ningún alma rondaba por el lugar en el que estaba, solo se escuchaba el cantar de los grillos y el susurro del viento. Realmente el lugar estaba en paz y el necesitaba sentirse así. El olor floral y del rocío llegaba hasta su nariz gracias al viento, lo inhalo profundamente y una sensación de frescura y tranquilidad lo invadió. Levantó la vista para observar el mar de estrellas y la luna creciente. Por ella, todas las plantas tenían un color platinado combinado con el azul. Se mantuvo observando el firmamento, perdiéndose en sus pensamientos.
Volvió a recordar el sueño que había tenido, le parecía extraño lo que sucedía en él. Tan solo de recordarlo la felicidad lo invadía, pero también lo hacia la confusión por no saber el porqué de esa sensación. Sentía… como si lo hubiera vivido anteriormente. Tenía la sospecha de conocer a todas las personas que aparecieron en el sueño, aun así no podía decir con seguridad quienes eran. La única persona que pudo identificar, era la mujer de cabellos cafés que había recordado anteriormente, pero tampoco sabía a ciencia cierta quién era.
Por otra parte, la mujer que tenía el cabello negro lo había dejado impactado. Sus ojos de color chocolate lo invitaban a sumergirse en ellos. Eran grandes y profundos, demostraban ternura, inocencia, calidez y un sinfín de emociones. Lo más extraño, era que él se había besado con aquella chica… ¿Acaso tenía alguna relación sentimental con ella? Sacudió la cabeza para quitarse esa idea. Era solo un sueño, no tenía porque darle vueltas a ese asunto sin importancia. Suspiro aliviado por quitarse esa idea. Hizo un rápido recordatorio de aquella visión, de acuerdo con la vestimenta que él estaba usando junto con el kimono de la chica y la ceremonia significaba que se estaba celebrando una boda. Aunque, pensar en que estaba casado le ocasionaba una fuerte carcajada. Por otra parte, cuando volvía a ver en su mente la boda, una inmensa alegría lo invadía y cuando volvía a recordar aquel beso una descarga eléctrica recorría todo su cuerpo y su corazón latía velozmente, todavía podía sentir el sabor de aquellos labios. ¿Acaso fue un recuerdo y no un sueño? No tenía sentido, si fuese real lo recordaría ¿o no?
Fijó la vista nuevamente en el cielo estrellado, buscando alguna respuesta o alguna señal. Tenía que buscar las piezas para completar el rompecabezas, lo inquietaba no poder encontrarlas. Soltó un suspiro y subió las escaleras para recorrer el pasillo que conducía a su habitación. Quería descansar y poder olvidar por un momento lo que lo agobiaba.
- ¿Se puede saber para qué quieres ese cuerpo?
- No
- ¿Y esa tina y todos esos recipientes?
- No puedo decírtelo hermanita. Recuerda que no sería sorpresa si te dijera. No te impacientes, cuando estén consientes…lo sabrás.
Continuara….
Perdón por haberme tardado, tenía muchos pendientes y mi musa se le daba la gana de ayudarme cuando quería jiji. Espero que les haya gustado, ya ustedes me dirán si valió la pena mi esfuerzo y la espera :) Muchísimas gracias amigas por sus comentarios, ustedes son las que me alientan a seguir XD. Mil gracias Sensei, eres la mejor!
Hasta la siguiente actualización. Las quiere, JaTeRi ;)
