Capítulo 4

El lugar en el que estaba era muy cálido y cómodo, y aun así no encontraba una posición correcta para su cuerpo. Abrió sus ojos y lo primero que vio fue el color blanco de las sabanas. Asomó su cabeza y observó por la ventana el color azul claro que tenía el cielo. Se sentó bostezando y estirando sus extremidades. Escuchó muy cerca de él un maullido y comenzó a recorrer con la mirada toda la habitación buscando al responsable del sonido. Volvió a escucharlo, solo que ahora lo acompañaba un ronroneo. Miró de reojo su hombro izquierdo y ahí estaba lo que ocasionaba los maullidos. La gatita acarició la mejilla del muchacho y él le rascó con mimo la cabeza.

En las cortinas se reflejaba una sombra que se aproximaba al hanyou. La perteneciente de la sombre era Shiyo, que llevaba dos bandejas con el desayuno. La muchacha saludó al ambarino y le acercó una de las bandejas que contenía tres tazones con comida. El muchacho no quería comer, pero su estomago pedía a gritos la comida, así que tomó un tazón de arroz no sin antes darle las gracias a la chica y los dos empezaron a comer; la gatita comía lentamente un pescado que le había dado la princesa. Comían en silencio y despreocupadamente. Al finalizar, la princesa le sirvió té al muchacho y después se sirvió para ella.

- ¿Descansaste? -preguntó Shiyo. El ambarino asintió llevándose la taza de té a la boca - ayer en la noche te levantaste, ¿No podías dormir al principio?

- Solo salí a tomar aire fresco. Pensé que no te habías dado cuenta -la princesa le sonrió y se sirvió mas té.

Platicaron hasta que la tetera quedó vacía, después, solo cruzaron miradas sin saber que decir, hasta que Shiyo saltó sorprendida en su lugar.

- ¡Es cierto! Mira lo que te traje -la princesa llevo su brazo derecho detrás de su espalda, tanteando el suelo. Al regresar su brazo hacia adelante Inuyasha se percató de que en la mano sostenía una espada- La tenías en tu cintura cuando te encontré -dicho esto, le entregó la espada al ambarino.

- Gracias. Es Colmillo y es muy preciada para mí -dijo Inuyasha. Shiyo le sonrío gustosa.

- ¿Quieres salir a caminar? -preguntó la muchacha

- Si, me hace falta -repuso el ambarino.

Los dos se pusieron de pie. Shiyo tomó del brazo a Inuyasha, cosa que a él no le incomodó. Es que la sensación le era tan familiar… Kirara saltó al hombro derecho del muchacho y así salieron de la habitación. Bajaron por unas pequeñas escaleras para seguir caminando por el camino que conducía hacia el jardín. El camino empezaba a abrirse dejando ver el inmenso jardín trasero. El ambarino se detuvo para contemplarlo y la castaña lo incitó a continuar caminando. Había cuatro árboles de cerezos en cada esquina y había otro más en el centro, el pasto era de un color verde bandera brillante y había muchas flores de todos los tamaños y colores. Del noreste al suroeste del jardín, pasaba un riachuelo donde habitaban peces Koi. Inuyasha y Shiyo caminaron por el puente que atravesaba el riachuelo para llegar al árbol de cerezo del centro y se sentaron en sus raíces. Aquel árbol era el único que tenía sus flores blancas, los demás las tenían de color rosado y daba una sombra muy fresca por su tamaño al igual que los otros. Desde donde estaban sentados, se podía apreciar mejor el palacio, su gran tamaño se debía a su forma alargada y puntiaguda. Realmente era relajante estar en aquel lugar, solo se escuchaba el correr del agua y las hojas que se movían por el viento.

Inuyasha recargó su cabeza en el tronco y cerró sus ojos, no pudo dejar escapar una sonrisa por lo pacifico del lugar, pero pronto su sonrisa se borro al recordar el sueño que había tenido la noche anterior. Miró a Shiyo, necesitaba decirlo en voz alta. La princesa al sentir que la observaban, abrió sus ojos y se encontró con los de su amigo.

- ¿Ocurre algo? -preguntó Shiyo. El hanyou agachó su mirada rápidamente y comenzó a jugar con sus dedos- ¿Inuyasha?

- Es solo que…

- Que…

- Mhmh, ayer tuve un sueño muy… extraño -dijo finalmente Inuyasha mirando a la princesa.

- ¿Qué sucedía? -dijo Shiyo con sumo interés.

- Bueno, yo me… -las mejillas de Inuyasha se tornaron de un color rojizo y se rascaba la nuca, inhaló y espiró lentamente hasta controlarse-… yo me estaba casando.

La princesa no daba crédito a lo que escuchaba, imaginarse a su amigo casándose le resultaba muy difícil y aquello se plasmó en su rostro, cosa que al ambarino desesperó. Shiyo le pidió que contara el sueño y al término de este, Inuyasha soltó un bufido y desvío su mirada.

- ¿Cómo te sientes al respecto? -preguntó Shiyo.

- Extraño -contestó el ambarino- siento… como si ya lo hubiera vivido. Todas las personas me resultan familiares; cuando lo veo en mi mente, me inunda una inmensa alegría y cuando veo a esa mujer de ojos cafés, una llamarada me recorre el cuerpo. Es…extraño.

- Por la forma que describes esa sensación, diría que estás enamorado de ella.

- ¡Feh!, enamorado de una mujer que veo en sueños. Ridículo -dijo el ambarino.

- Si, ridículo -contestó Shiyo con ironía.

Shiyo iba a decirle otra cosa, pero una sirvienta la llamó desde el barandal de una escalera. La princesa se levantó y fue hacia donde estaba la muchacha; después de unos segundos, Shiyo regresó con Inuyasha y le dijo que se tenía que ir con su padre para ver a su prometido.

- Seguiremos hablando de esto cuando regrese -dijo la castaña al peli plateado.

Este solo asintió y la siguió con la vista hasta que se perdió en una esquina del palacio. Se quedó sentado bajo el árbol pensando en el sueño. Después de unos minutos, decidió ir a su habitación y descansar un rato, así que tomó a Kirara y se encaminó al palacio.

Ya adentro, acomodó un futon y se metió en el. Tomó su espada para recargarla en la pared, pero una sensación que provenía de ella lo detuvo. La observo detenidamente y con extrañeza la tomó del mango para sacar solo la mitad de ella. Pudo verse a sí mismo reflejado en Colmillo. Kirara maulló suavemente atrayendo la atención del ambarino y este solo le sonrió para tranquilizarla. Volvió a tornar la vista hacia su espada y en ella unos ojos intimidantes de color amarillo lo observaban. Inuyasha se puso de pie rápidamente y volteo para ver lo que había en sus espaldas, pero no se hallaba nada. Recorrió la habitación, buscando alguna presencia. Nada. Cuando observó su espada, pudo verse de nueva cuenta en ella, pero ya no sentía ninguna presencia maligna en aquel lugar… ¿Acaso lo había imaginado? Se quedó sentado, dándole vueltas a lo que acababa de suceder. Tal vez es solo el cansancio, se dijo; dejó a Colmillo recargada en la pared y después se metió al futon junto con Kirara para poder descansar.

Todo el grupo estaba sentado en una colina que daba una vista hermosa hacia las montañas. Un zorrito se encontraba jugando con una gatita y junto a ellos, se encontraba un joven de ojos azules abrazando cariñosamente a una muchacha de cabello café, mientras tanto, otra pareja se encontraba también con ellos en la misma posición: una joven de cabello negro profundo, envuelta en los brazos de un peli plateado.

- Sango, ya no puedo aguantar la espera…ya quiero verlo -dijo el ojiazul.

- Pues vas a tener que aguantar, porque todavía faltan cinco meses -contestó la muchacha acariciando su vientre. El ojiazul solo suspiró- ¿Y ustedes? -preguntó este mismo a la pareja que también estaba junto a ellos.

- ¿Nosotros qué? -preguntó el peli plateado.

- No se hagan. ¿Cuándo van a tener los suyos?

Los dos se miraron sonrojados y luego volvieron sus miradas a las montañas, la otra pareja se rieron por eso.

- Bueno, voy a descansar un poco…los veo al rato -dijo la castaña poniéndose de pie ayudada por el ojiazul.

- Te acompaño -le respondió este y juntos se dirigieron hacia la cabaña seguidos por la gatita y el zorrito.

La pareja seguía viendo las montañas. Un viento frío recorrió la colina donde se hallaban provocando que la joven temblara. El ambarino entonces dejó de abrazarla para poder quitarse su traje rojo y se lo colocó sobre la espalda tapándole también la cabeza. La joven sonrió alegremente y aceptó gustosa el traje del peli plateado. Inmediatamente el calor que le producía la prenda inundó todo su cuerpo, como si estuviera cerca de una fogata. El calor incremento aún más cuando los brazos de su amado acompañante la envolvieron. El ambarino recargó su barbilla en la cabeza de la joven; el aroma de ella llegó hasta sus fosas nasales invadiendo todos sus sentid. Realmente lo volvía loco y cada vez que lo percibía una llama candente recorría todo su cuerpo provocando el sentimiento de nunca querer dejar a la joven.

- ¿Inuyasha? -llamó la joven.

- ¿Qué pasa?

- Ahora, después de haber derrotado a Naraku, después de que la Perla de Shikon desapareciera para siempre, después de haber pasado tres años sin vernos…ahora estamos juntos, sin que nadie ni nada se interponga -la joven volteó para ver al joven que la miraba con esos ojos dorados que tanto le gustaba apreciar - Te amo -dicho esto, la joven se acerco al rostro del muchacho, sus frentes se juntaron, la mano de ella: suave y cálida, acaricio la mejilla de él. Una sonrisa de ternura surcó el rostro del ambarino, se miraron gustosamente y lentamente acercaron sus labios para fundirse en un beso que les demostraba a cada uno todo lo que sentían. Se separaron y juntaron sus frentes de nuevo- Nunca me dejes.

- Eso jamás, Kagome.

Abrió sus ojos repentinamente y así como los abrió, así se levantó. Un dolor punzante recorrió todo su cuerpo que se originaba en el abdomen, justamente donde tenía su herida. Se había levantado tan bruscamente que su herida se había abierto dejando escapar un río de sangre que salía lentamente. Tomó un retazo de tela y con ella oprimió su sangrante herida.

Caminó un rato en la habitación mientras los colores del atardecer la iluminaban. No dejaba de pensar en el sueño que había tenido, no podía. El nombre de esa chica retumbaba en su cabeza; su corazón latía rápidamente por la ansiedad que empezaba a tener. "Kagome, Kagome, Kagome" Su mente la reproducía una y otra vez, mientras que al mismo tiempo recordaba su sonrisa, sus gestos, sus ojos…hasta podía recordar su aroma floral. Se sentía realmente angustiado al no saber o recordar quién era y de la misma forma se sentía con las otras personas que aparecieron por igual. Las conocía, de alguna forma las conocía, pero no acertaba en recordar.

Esa mujer estaba haciendo todo un revuelo en su interior, "¿Por qué?" Eso se preguntaba. ¿Por qué sentía la desenfrenada urgencia en saber de ella? Cerró sus ojos y se sentó sobre sus rodillas, una mano sostenía el retazo de tela y la otra daba masajes a la sien del peli plateado. "¿Quién es? ¿Quién es? ¿Quién es? ¿Quién es? ¿Quién e…" Entonces recordó. Recordó cómo se conocieron, lo que hicieron, las aventuras que tuvieron, los problemas y alegrías que pasaron…Todo, todo lo estaba recordando; su mente parecía un casete en la función de "Adelantar", pasaba tan rápido que su cuerpo se fue hacia atrás. Se llevó las manos a la cabeza, no lo podía creer.

Kagome. Así se llamaba su esposa. La mujer que estuvo con él en todas las situaciones, la mujer que todo el tiempo lo apoyaba y que sobretodo le demostraba cada día lo mucho que lo amaba. Sonrío. Y la sonrisa después se convirtió en risa. ¿Y por qué no reír? Después de haber recordado las discusiones insignificantes que antes de estar juntos tenían, de la paciencia que tenía la muchacha con él…pero sobretodo, se reía por todos los momentos que había pasado al lado de su querida Kagome y sus amigos. Quería gritar de la emoción al haber recordado, quería abrazar, saltar, hablar, reír a más no poder. Aparte de la alegría, sentía enojo. ¿Cómo es que pudo haber olvidado a sus amigos y a su querida Kagome? Todos ellos eran vitales para él, siempre lo apoyaban, eran su hogar. Kirara lo miraba preocupada, no entendía lo que le sucedía así que maulló para atraer su atención, y lo consiguió. Inuyasha parpadeaba varias veces y miró a Kirara con los ojos muy abiertos.

- Kirara… -llamó el peli plateado, pero la gatita no se le acerco-…ya recordé. Recordé a Kagome, Sango, Miroku y a Shippo, Kirara. ¡Recordé!

Entonces Kirara se convirtió en una pantera y se le subió encima provocando que Inuyasha se cayera. Lamió sus mejillas y acaricio con su cabeza la cara del ambarino.

- ¡Tra-tranquila, tranquila! -decía Inuyasha, pero sus palabras no se entendían a causa de la risa- ¡Auch! -el ambarino se llevo una mano al abdomen, la herida le punzó.

Al mirar su mano, que estaba cubierta de sangre, la tristeza sustituyó a la alegría que sentía. Era una tristeza profunda que estaba acompañada por melancolía. Quien lo viera de esa forma pensaría que era bipolar, pero no lo era, así se sentía. Pasar de repente de la alegría a la tristeza era preocupante y otra vez la pregunta del ¿Por qué? Era como si le hubieran arrebatado una parte de él. Se sentó recargado en la pared mirando todavía su mano y entonces una nueva sensación atrapó todo su cuerpo: Miedo, pero… ¿Miedo a que? Gruño al no saber la respuesta. En su interior sentía un vacío que le perforaba el corazón. Enojo. Otra emoción que empezaba a surgir. Sacudió su cabeza para alejarse esas sensaciones. Tenía que estar feliz. Había recordado a SU Kagome y a sus amigos. La preocupación fue otra sensación. Pero esta se podía justificar.

- "Kagome debe de estar preocupada por mí. De seguro está como una loca buscándome. Mañana mismo iré a buscarla" -se dijo el ambarino.

Miró a Kirara, que estaba sentada en sus patas traseras. Le sonrió ampliamente y le indicó que durmiera. La pantera se convirtió de nuevo en gatita y se acostó al lado del peli plateado. Este hizo lo mismo y cerró sus ojos esperando a que ya fuera el día siguiente. Tenía muchas ansias de empezar con la búsqueda y con esa idea se quedó dormido.

Blanco. Era lo único que veía. La densa niebla lo probocaba. Todo el lugar se encontraba en silencio, un silencio que estremecía. Ahí estaba, de pie, empuñando a lo alto a Colmillo. No veía absolutamente nada y tampoco oía. Todo el lugar estaba rodeado por un silencio aterrador. Parecía como si estuviera parado en medio de la nada. Gruñó en su interior al no poder ver y oír. Esa criatura…en algún lugar debía de estar escondida. Giraba en su lugar lentamente, tratando de observar y escuchar algo que le demostrara la ubicación de aquella criatura.

Detrás de él, se había movido algo y volteó. Nada. El viento habló y giró a su izquierda, pero el sonido murió. Ese maldito estaba jugando con él. Sus cinco sentidos estaban esperando a captar lo que fuese. ¿Estaba oscureciendo? No podía ser posible, apenas era mediodía. No, no estaba oscureciendo. Era la sombra gigantesca de ese maldito que cubría la luz del sol y estaba justamente detrás. Un aire helado recorrió la espalda del ambarino. Este estaba petrificado por la inmensa sombra. Volteo rápidamente para quedar cara a cara. Los ojos de esa criatura lo miraban detenidamente. Eran de color amarillo con una rendija en forma de rombo en medio y alrededor de esta, estaba el verde y tenían una forma ovalada. Luego de un minuto de intercambiar miradas, los ojos amarillos se expandieron; eran unos círculos perfectos. Al igual que ellos, la rendija también se expandió; ahora parecía que los ojos habían cambiado el color amarillo por el negro.

El ambarino dejó ver su repentino temor ante el cambio. Gruñó de nuevo y saltó hacia atrás para guardar distancia, pero no pudo lograrlo. Antes de que tocara el piso, una gran cola lo embistió hacia algo de superficie dura. El peli plateado había salido disparado como una bala y golpeado tan fuerte, que la cosa donde se había estrellado colapso junto con él. Los ojos, ahora negros, lo habían perdido y la causante de su desaparición era la niebla; disipo la masa blanca con su cola, provocando un sonido estridente…y ahí lo vio. Estaba tendido en el pasto junto a un árbol que estaba en la misma posición. Al ambarino le dolía todo el cuerpo. Se levantó poco a poco, soltando a veces quejidos que demostraban el dolor. Estaba pasmado ante la rapidez del ataque y aliviado de poder ver. Cuando estuvo totalmente erguido, empuño a Colmillo y con facilidad atacó a la bestia, pero solo logro rozarle la cabeza. La bestia le sonrió socarronamente y de nueva cuenta lo embistió y el ambarino se estrelló contra el piso.

- ¡¿Es todo lo que tienes? -dijo la criatura tomándolo del cuello con su cola- Debo decir que me decepcionas, Inuyasha. Creí que esta batalla iba a ser más interesante, pero me equivoqué -la bestia lo estaba asfixiando y el joven no podía soltarse del agarre que lo aprisionaba; por más que Inuyasha lo hería con sus garras, la criatura no lo soltaba. Solo veía los ojos grandes y negros de ese maldito- ¡Qué pena! -dijo la bestia con ironía- No vales nada hibrido, pensé que tenías más para mostrar. ¿Sabes? Me divertiré mucho con esa humana. ¡Ah! Y no te preocupes, no me he olvidado de los otros -su risa resonó en todo el lugar, casi un rugido brotando de su garganta.

Inuyasha simplemente estaba desesperado por zafarse de su prisión y también tenía miedo de que ese maldito cumpliera con lo que había dicho. No… ¡Eso nunca! No lo iba a permitir. La adrenalina invadió sus músculos, dándole la fuerza necesaria para arrancarle la cola que lo oprimía. Inmediatamente la sangre de la bestia empezó a correr, cayendo al piso como un río. La colosal criatura gimió ante el dolor y maldijo a todo pulmón al ambarino. Este aprovechó el momento para tomar a Colmillo, avanzó rápidamente hacia el monstruo y lo atacó con "Viento Cortante". La criatura se desplomó, llevándose con él los arboles que estaban alrededor y provocando un ligero temblor. El silencio reinó. La criatura no se movía ni producía ningún sonido. Inuyasha quiso dar una risotada para burlarse, pero todavía sentía la opresión en su garganta y solo se quejó ante ello. Caminó hacia la cola que le había cortado, era gigante y la sangre era de un color rojo brillante. Suspiro al haber terminado con esa alimaña, ahora solo tenía que encontrar a sus amigos; ese maldito los había separado. Antes de guardar a Colmillo en su funda, la tierra empezó a temblar y solo significaba una cosa. Volteó empuñando su espada y pudo ver a la bestia serpenteando en el aire y luego esconderse entre los árboles.

De nueva cuenta se estaba ocultando. Entonces apareció. Estaba tapando el sol con su colosal tamaño, miró al peli plateado y cayó en picada sobre el muchacho. Inuyasha pudo escaparse del ataque saltando hacia atrás, pero mientras estaba en el aire, la parte superior de la cola del monstruo lo embistió hacia el suelo. Inuyasha se iba a estrellar fuertemente en la tierra de no haber sido por salirse de la ruta, saltó en el aire dando una voltereta y aterrizando en la copa de un árbol. El ambarino miró a la criatura. El azul marino resplandecía ante la luz del sol, sus ojos seguían negros y su tamaño era el mismo. Su cola comenzaba a crecer, ¿Acaso tenía la habilidad de regenerarse? Parecía que sí. Inuyasha volteó hacia abajo. Una mujer estaba atrapada en un campo de energía, se veía asustada. Hacía movimientos desesperados con sus brazos y abría constantemente la boca. ¿Gritaba? No lo sabía, al menos el no los escuchaba. La bestia también notó a la mujer y la tapó con su cola y en el momento ataco al peli plateado. Este lo evitó y atacó a la serpiente con unos torbellinos de aire que salieron de su espada. Los torbellinos le tajaban la piel a la serpiente, giraban a tal velocidad que podían cortar hasta el acero. Gritos desesperados salían de la boca de la bestia, clamaban el alto total del violento ataque y así sucedió. Los torbellinos poco a poco se disiparon y cuando desaparecieron por completo dejaron ver a una criatura irreconocible. Su cara estaba deformada, estaba roja por la sangre y por la carne que se notaba a simple vista; su cuerpo estaba en la misma situación, pedazos de carne quedaban colgando de su cuerpo.

Los ojos negros parecían que se iban a salir de sus orbitas por la furia. Lentamente, la carne que colgaba de su cuerpo regresaba a su estado normal. Estaba regenerándose. Inuyasha atacó de nuevo, pero rápidamente un campo de energía envolvió a la bestia.

- No puedes atacarme -rugió la serpiente aún regenerándose.

- ¡Feh! Claro que puedo -dijo el ambarino.

Colmillo se torno rojo y destruyo el campo de energía. La serpiente se abalanzó hacia atrás rugiendo fuertemente. Inuyasha volvió atacar, solo que ahora utilizó sus garras y volvió a herir a la bestia. La serpiente ahora estaba en un gran aprieto. Si, se estaba regenerando, pero muy lentamente y lo que se había regenerado volvió a estar en el pésimo estado por el nuevo ataque. Necesitaba fuerzas y rápido. Volteo a ver a la mujer, que tenía cabello naranja y un vestido liviano pero con una armadura encima. El rostro de la joven se torno serio al ver los ojos negros puestos en ella. La muchacha parecía entender las intenciones de la serpiente, suspiró en modo de derrota y miró a la bestia. Entonces, de repente, la joven se desplomó en el suelo y la serpiente se regeneró por completo. La bestia fijó sus ojos en el ambarino y una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro.

Inuyasha estaba aturdido. ¿Cómo era posible que se pudiera regenerar? Hace un momento lo estaba haciendo muy lento, no tenía posibilidad en lograrlo. Algo tenía que ver la muchacha. Ella había perdido el conocimiento y al instante ese maldito estaba recuperado. Pero no se daría por vencido, nunca lo hacía. Corrió empuñando a Colmillo hacía la serpiente, pero este lo recibió con un latigazo de su cola. Colmillo salió volando, perdiéndose entre la maleza y el ambarino rodó por el suelo. El silencio reinó de nuevo. La serpiente estaba erguida, expectante a que Inuyasha hiciera algún movimiento. Pasaron dos minutos y el ambarino no se movía. Finalmente lo hizo. Se apoyó en sus manos y rodillas para levantarse; al momento de erguirse sobre sus rodillas, sintió que en su abdomen algo se abría. Soltó un quejido por el inmenso dolor y volvió a apoyarse sobre sus manos. Un líquido tibio le salía del cuerpo, se llevó una mano para sentirlo y cuando la miro sus ojos se abrieron ante el descubrimiento. Sangre.

Se fue gateando hacia un árbol para apoyarse y levantarse. Más quejidos. Finalmente, recargó su espalda sobre el tronco. Estaba sudando y jadeaba como si hubiera corrido un maratón. Puso su mano sobre su abdomen; para su sorpresa, tenía una herida que le recorría todo el abdomen diagonalmente. Cerró los ojos a causa del fulminante dolor y volvió a abrirlos para encontrarse con los ojos del enemigo. Ahora ya no era una serpiente colosal que tapaba la luz del sol. Su cuerpo era largo, de unos 7 metros, estaba ancha y musculosa, pero seguía teniendo los ojos negros. Se había encogido.

La cola se enrosco en el cuerpo de Inuyasha, oprimiéndolo por completo. El ambarino sentía que sus huesos se iban a fracturar. La herida ya no le dolía y ya no sentía su sangre correr. La serpiente se enroscaba cada vez más fuerte e Inuyasha se le dificultaba respirar. Su cuerpo empezó a entumecerse por la falta de oxígeno y la cabeza le iba a estallar si no hacia un esfuerzo por respirar, pero no podía moverse. Su vista comenzó a nublarse, su cuerpo se relajo y un frío recorrió todo su cuerpo. La niebla volvió a inundar el lugar, no se podía ver nada. Inuyasha quiso gritar, pero solo consiguió expulsar un susurro. La risa de aquella bestia que lo aprisionaba se hiso escuchar en todo el lugar. Una risa fría y calculadora.

- ¿Qué pasa hibrido? ¿No puedes respirar? Te noto algo pálido -comentó la serpiente burlonamente- Eres débil y tu debilidad te llevará a perder más cosas que tu insignificante vida.

¿Qué quería decir con eso? Se preguntó el ambarino. No entendía nada, o acaso era por la falta del vital aire en su cerebro. La cabeza le dolía, le punzaba. Abría la boca y trataba de inflar sus pulmones sin ninguna respuesta positiva. Sus ojos, a causa de la presión, en algún momento se saldrían de sus orbitas. ¿A caso ese iba a ser su final?

La serpiente oprimió aún con más fuerza, pareció como si hubiera reservado esas fuerzas para… ¿El final?

La cabeza del ambarino miraba al suelo y la serpiente lo giró para quedar frente a frente.

- ¡Veme a los ojos! -exclamó la serpiente- Quiero que te lleves esta imagen, nunca lo olvides. Fue un verdadero placer haber tenido esta batalla contigo -la serpiente se irguió demostrando su altura, su lengua partida en dos y sus blancos colmillos- Adiós, Inuyasha -dicho esto, le clavó sus colmillos en el brazo izquierdo, perforándolo. Lo soltó completamente y lo dejo tirado en el suelo, casi sin vida, mientras ella se escabullía.

Al momento de estar libre, la sangre que estaba detenida en su herida, salió como un río a toda velocidad y el aire, le causaba ardor. Respiraba con dificultad, pero respiraba. Su situación se estaba complicando. Tenía una herida en el abdomen que lo atravesaba diagonalmente y tenía perforado el hombro izquierdo. Al igual que su herida en el abdomen, el aire atravesaba el agujero en su hombro y por igual, le ardía y sangraba. Pero eso no solo sentía. Su vista estaba nublada, tenía muchos escalofríos, la jaqueca presionaba su cerebro y todo le daba vueltas.

Algo dentro de él lo estaba quemando. Un líquido recorría rápidamente las venas y los órganos. Sus piernas se entumecieron y luego dejó de sentirlas. Después siguió su tronco, sus brazos, el cuello y la cabeza. Esa serpiente le había inyectado ese líquido, que lo paralizó. ¿Veneno? No lo sabía, pero lo que si sabía era que no iba a salir solo de ese aprieto. De pronto, una sensación de ahogo lo cubrió y tenía dos respuestas. Una, se estaba ahogando por no poder respirar y en consecuencia su cuerpo comenzó a entumecer. Dos, la sangre era la responsable en llevar el oxigeno hacia todo el cuerpo y por no tener la suficiente cantidad estaba en ese problema. Se suponía que lo poco que respiraba le serviría, pero por desgracia, tenía una hemorragia y no podía oxigenar su cuerpo. A parte de esto, también participaba el extraño líquido en su interior.

El crujir de las ramas lo sacó de sus pensamientos. Con lo poco que veía, pudo observar dos criaturas apareciendo de entre la niebla. Una era del tamaño de un caballo, color carne, cuatro patas y dos colas. La otra era larga, ancha y serpenteaba en el aire. Inuyasha reconoció a las dos. La primera estaba de parte de él y la otra en contra. El ambarino solo observaba como se atacaban. Quería advertirle a Kirara sobre la serpiente, quería pedirle ayuda, pero las palabras no salían de su boca paralizada.

Sin previo aviso, el pecho se le oprimió. Su corazón latía rápidamente al tiempo que sus pocas fuerzas lo abandonaban. Los parpados se cerraron lentamente y cuando lo lograron, imágenes de sus seres queridos invadieron su mente. Era el final de todo, no pudo y ya no podía hacer nada. Su corazón dejo de latir desenfrenadamente y volvió a latir normalmente. La profunda desesperanza estremecía su débil cuerpo. Dentro de él surgía el enojo, la desesperación y el miedo. Miedo de morir y por dejar a sus seres queridos. ¿Se merecía la muerte? El no había hecho nada malo para merecerla.

Su preocupación a morir aumento cuando su corazón comenzó a latir cada vez más lento. Podía sentirlo y oírlo. Ya nada se podía hacer.

"Kagome" Era la palabra que resonaba en su cabeza. La imagen de ella, sonriéndole y llamándolo lo estremeció. Su corazón ahora palpitaba, dejando un tiempo de pausa de tres segundos entre cada palpitación. Una lágrima corrió por su fría mejilla. "Perdón" Fueron las seis letras que siguieron en su mente como un eco. Dejó de respirar y su corazón dio las últimas dos palpitaciones antes de detenerse… por completo. Tinieblas.

Continuara…

Hola amigos! Si lo sé, ha pasado mucho tiempo y lo siento por eso. Para remediar mi falta hice este capítulo más largo y muy próximamente estaré actualizando. Espero que les haya gustado este capi. Dejen reviews. Su opinión es muy importante para mí, así sabré si les gusta para seguir adelante.

Besos, JaTeRi ;)