REENCUENTRO CON MI VIDA
Capitulo 3
Alemania no pudo evitar que su respiración se acelerara aun más ante la sola visión de Italia frente a él.
Por otra parte Feliciano aun miraba embelesado el cielo estrellado cuando de pronto sintió una mirada sobre él, volteó y soltó un gritito asustado al ver a un imponente hombre rubio de ojos azul claro mirándolo fijamente, seguramente era un extranjero.
-Ve~…- masculló el castaño al notar que el otro hombre no le quitaba los ojos de encima ¡Tenía miedo! Aquel tipo era demasiado intimidante.
-¿pu… puedo sentarme?- preguntó Alemania ¡¿Qué diablos estaba diciendo? ¡Debería estar sofocando a Italia en sus brazos! ¡Decirle lo mucho que lo había extrañado! Que su vida no había sido más que una tortuosa rutina desde que dejó de ser una nación… que no había dejado de pensar en él ni una sola noche, que cada amanecer era amargo gracias a su ausencia, que había esperado ese reencuentro durante una insoportable década ¡Que lo haría recordar para nunca más dejarlo ir! Pero sobre todo… debería estarle diciendo lo mucho que lo había querido en un maldito secreto.
-¡no me haga nada!- chilló Feliciano apenas escuchó la voz del Alemán, justo como la primera vez en que se vieron hacía casi 90 años
-no lo haré pero ¿puedo sentarme a tu lado?- ¡En serio era idiota! Después de todo ese discurso mental se comportaba como un vil desconocido.
-cla… claro- accedió el castaño moviéndose y dejándole espacio en la orilla de la fuente a Alemania el cual se sentó con los nervios a flor de piel.
El murmullo del agua era lo único que se escuchaba y el germano seguía examinando al italiano que parecía incomodo.
-disculpe… ¿Nos conocemos de algún lado?- preguntó entonces Feliciano aun temeroso, el corazón de Alemania dio un salto con un atisbo de esperanza -¡ah, lo siento! Lo digo porque no ha dejado de mirarme, por eso pensé que me conoce, además yo no tengo muchos recuerdos de antes de un accidente que tuve…- comenzó a explicar alterado Feliciano al ver la cara sorprendida del rubio a su lado.
-¿En serio es por eso?- le preguntó ahora Alemania
-¿Eh?- Feliciano no sabía a qué se refería con esa frase
-te digo que si en serio perdiste la memoria a causa de un accidente- repitió el rubio a lo cual el dolor de cabeza del castaño se intensificó repentinamente
-s… si- el castaño contestó dudando de su propia respuesta.
-no pareces muy seguro- Alemania siguió presionando
-Ve~ no le estoy diciendo mentiras- se quejó el de ojos almendrados haciendo pucheros
-eso lo sé pero ellos si te mintieron…- le dijo pasando su mano inconscientemente por la mejilla del otro que se la quitó de encima manera violenta.
Dolía… el tacto de ese hombre era doloroso.
-no sé de qué me está hablando, y ya es tarde, tengo que irme- dijo asustado Feliciano levantándose, ya no quería estar ahí con esa persona solo hacía que la cabeza le doliera mas.
-¿Y qué hay de las cicatrices en tu cuerpo?- dijo Alemania también levantándose haciendo que el otro se detuviera en seco. Alemania sabía muy bien que una nación siempre cargaba con diferentes heridas y estas dejaban cicatrices por pequeñas e imperceptibles que fueran siempre estaban ahí.
-¿Cómo sabe eso?- preguntó Feliciano… nunca le había dicho a nadie de las marcas que había en su piel las que a pesar de que le dijeron que eran a causa del "accidente" siempre se preguntaba si en realidad era por eso.
-ya te dije que ellos te mintieron. No tuviste un accidente, esas cicatrices son producto de diferentes guerras- le explicó acercándose al castaño a la vez que este retrocedía.
-nunca he estado en una guerra- ¡Que dejara de hablar! Por alguna extraña razón las palabras de esa persona lo hacían sentir mal.
-claro que si, has estado en guerras has vivido tantas cosas ¡recuerda Italia!- le pidió tomándolo de la mano jalándolo hacía él estrechándolo en sus brazos. Oh, su cuerpo era el mismo, pequeño y frágil.
-no sé de qué habla, suélteme- forcejeo Feliciano queriendo separarse del rubio antes de que su cabeza reventara
-no, no te soltaré de nuevo- le susurraba al oído poniendo más fuerza cada vez que el castaño trataba de escapar de su abrazo
-por favor… suélteme- ¿Porqué su voz se estaba quebrando? No tenía miedo, no estaba asustado ante el hecho de que un desconocido lo estuviera abrazando en contra de su voluntad… solo se sentía triste, inmensamente triste.
-Italia- dijo Alemania en voz suave inhalando el aroma del cabello de la ex nación
-¡no me llamo así!- exclamó Feliciano; las lagrimas rodaban por sus mejillas a la vez que la cabeza le daba fuertes punzadas de dolor.
-sí, ese es tu nombre, Italia, mi Italia- volvió a insistirle el ojiazul pero a cambio solo recibió un par de golpes en el pecho que lo obligaron a soltar al italiano que retrocedió varios pasos negando con la cabeza y aun llorando sin saber la razón.
-¿Italia?-
-¡Que no me llamo así!- le gritó esta vez llevándose la mano a la cabeza. Ya no aguantaba pues el dolor se había vuelto tan intenso que la vista se le estaba nublando.
Alemania se acercó buscando ayudar al castaño
-no me toque- le dijo esta vez von la voz débil pero el germano lo ignoró
-¿Estás bien?- le preguntó notando que el italiano estaba pálido
-no…- y fue lo último que dijo antes de caer desmayado.
Alemania logró atraparlo justo a tiempo, lo sacudió un poco esperando que reaccionara pero el otro seguía inconsciente.
-Italia, ¡oye Italia!- le llamaba sin recibir respuesta.
El germano tomó a Feliciano en brazos y aun inconsciente lo llevaba a su hotel pues no tenía ni idea de cuál era el nuevo domicilio de Italia.
Tenía que pensar en algo. Primero que nada tenía que ocultarle a sus superiores el hecho de que había ido en contra de sus órdenes y había hecho contacto con Italia, y segundo y más importante: no dejar que Romano se enterara de ese encuentro.
Llevó a Feliciano en su espalda, la gente que pasaba a su lado se le quedaba viendo raro pero a Alemania no le importaba, había pasado muchos días extrañando aquello, sentir el peso de Italia en su espalda como en los viejos tiempos.
De nuevo volvió al hotel ahora solo había un pequeño detalle ¿¡Cómo haría para entrar y llegar a su habitación sin que nadie lo viera! Era obvio que si alguna otra nación lo descubría llevando a cuestas a Feliciano se armaría un lío tremendo así que trató de poner su cabeza fría aunque aquello le parecía casi imposible al tener el aliento tibio del castaño chocando en su nuca provocando que se le erizaran los vellos de la nuca.
-piensa, piensa…- se decía a sí mismo el germano recordando entonces que Italia no era su único amigo -¡Japón!- exclamó como si este fuera una revelación divina.
Como pudo sacó su celular y marcó al oriental, se puso el teléfono entre el hombro y el oído mientras seguía cargando al italiano.
Pasaron unos segundos antes de que la siempre educada voz del japonés se escuchara.
-¿Diga?- dijo el moreno
-Japón buenas noches, soy Alemania ¡por favor dime que estás en el hotel!- dijo Alemania demasiado ansioso
-eh… si, estoy en mi habitación ¿Necesita algo?- preguntó Japón en tono preocupado
-si necesito que vigiles a los demás, no dejes que nadie me vea ir a mi cuarto- aquella petición le pareció extraña al pelinegro
-¿Sucedió algo?- le preguntó mas extrañado que preocupado
-te lo explico cuando esté en mi habitación- y Alemania colgó rápidamente, guardó el teléfono y aun con Feliciano en su espalda entró con cautela al edificio. Optó por usar las escaleras pues era más probable que todos usaran el elevador aunque era algo difícil subir hasta el quinto piso con un cuero en su espalda… ¡No! Él era un soldado, eso no era nada comparado con sus entrenamientos diarios.
Por fin el último peldaño de la maldita escalera, volteó a ambos lados del pasillo cerciorándose que no hubiera nadie cerca, bien, Japón había hecho lo que le pidió, así que con cautela fue hasta la puerta de su cuarto la abrió con algo de dificultad, entró y la cerró con el pie, por fin pudo respirar tranquilo. Con mucho cuidado recostó a Feliciano en la cama, lo observó viendo como su pecho subía y bajaba en una respiración acompasada, se sentó en la orilla del colchón, de nuevo pasó su mano por el rostro del castaño y sin poder evitarlo recargó su frente en la del italiano, rozó su nariz con la pequeña y respingada del latino.
Miró a detalle las largas pestañas obscuras de Feliciano, sus labios en ese momento entreabiertos que por momentos se movían como si estuvieran murmurando algo entre sueños.
Alemania puso su mano bajo la barbilla del castaño haciendo que este abriera un poco mas su boca, aun mirándolo acercó más su rostro… sin embargo el celular en su pantalón sonó de pronto acompañado de esa rara vibración logrando que Alemania se sobresaltara (por no decir asustara) y de la sorpresa cayó de la cama, aun en el piso sacó su celular y enfadado contestó.
-¡¿Qué?- espetó a quien fuera él que hubiera interrumpido
-ah, lo siento Alemania-san ¿interrumpí algo?- era Japón que sonaba asustado por el tono de voz del germano que respiró profundo tragándose su frustración, de todos modos ¿Qué diablos estaba a punto de hacer?
-no, perdón Japón… yo… estoy algo alterado- se disculpó sentándose en flor de loto en el piso, recargando su espalda en la base de la cama.
-ya veo ¿Todo salió bien?- le preguntó Japón –estaba preocupado porque todos salieron por unas copas y no sabía si regresarían pronto- explicó el oriental
-que bueno… necesito que vengas rápido- le pidió Alemania.
Pasaron por lo menos cinco minutos antes de que Japón llamara a la habitación del alemán, el rubio abrió un poco la puerta revisando que el oriental estuviera solo, después lo dejó entrar
-¿Qué pasa Alemania-san? ¿Por qué tanto secretismo?- dijo el japonés entrando al cuarto pasando de ver a su rubio amigo al bulto en la cama. El moreno abrió mucho sus ojos y su boca, señaló al muchacho que dormía plácidamente en la cama, después al germano y así sucesivamente.
-¡¿Secuestró a Italia-kun?- dijo tras recuperarse de su shock
-¡no secuestré a nadie! Solo… sucedieron cosas- dijo Alemania avergonzado.
El alemán le explicó a Japón acerca de su encuentro, de cómo Feliciano se había desmayado y de que no podía dejarlo ahí tirado a mitad de la calle. Japón soltó un suspiro al terminar el relato, Alemania se había metido en un grave problema.
-creo que lo mejor será esperar a que despierte, le diremos que todo fue un malentendido y esto quedará entro nosotros- propuso Japón mirando de reojo al castaño que dormía ajeno a toda aquella situación.
-¿y si le decimos la verdad?- también propuso Alemania viendo el gesto incrédulo de Japón –yo sé que si le decimos todo el recordará…-
-¿Para qué?- le interrumpió Japón con su rostro inexpresivo
-para que vuelva a ser una nación, por supuesto- le explicó Alemania
-de nuevo pregunto ¿Para qué?- insistió el oriental
-pues para volver a como era antes, yo sé que Italia no quería renunciar- Alemania casi aprecia suplicante.
-no Alemania-san, Italia-kun tomó la decisión sólo… él escogió el camino que quiso y nosotros no tenemos porque intervenir- le regañó el moreno
-¿Cómo puedes decir eso? ¿Qué acaso Italia no es tu amigo también?- le recriminó Alemania -¿Por qué esa actitud tan fría?-
-¡no es frialdad!- exclamó Japón alzando la voz lo que sorprendió de sobremanera a Alemania que nunca había escuchado así a Japón por tanto guardó silencio. -Italia-kun… fue el primer amigo que tuve, cuando me enteré que dejaría der ser una nación me sentí traicionado, abandonado, triste… nunca pensé que perder a alguien podía provocar tantas emociones pero aun con ello y a pesar de que él no me recuerde yo todavía lo considero mi amigo es por esa razón que yo apoyaré cualquiera que haya sido su elección… Alemania-san debería hacer lo mismo y no dejarse llevar por su egoísmo- Alemania miró al piso apenado pero no por eso aceptaría tan fácilmente las palabras de Japón.
-Esperemos a que despierte, yo me aseguraré de que nadie venga a o los vea al salir- y dicho esto el japonés salió de ahí.
Feliciano otra vez soñaba, estaba en una casa de estilo oriental, el italiano sentado en el piso frente a una mesa que tenía una gran frazada, había más personas con él… dos para ser exactos; comían mandarinas mientras platicaban, era un ambiente cálido y agradable a pesar de la nieve que se acumulaba afuera, todos reían… un momento divertido que se iba ennegreciendo.
Feliciano intentó removerse entre las cobijas pero alguien tenía aprisionada su mano, abrió sus ojos y miró a ambos lados aun algo adormilado encontrándose con una persona rubia que dormía con la cabeza sobre el brazo apoyado en la cama y el resto de su cuerpo en el piso sujetando con fuerza la mano de Feliciano.
El castaño tardó unos segundos en reconocer a la persona a su lado y no tardó mucho ya que los recuerdos de la noche anterior llegaron rápidamente lo que provocó que el italiano zafara su mano repentinamente del desconocido que despertó gracias al gesto tan brusco.
Feliciano se arrinconó en una esquina de la cama cuando vio como el rubio se incorporaba.
-ve~ ¿Dónde estoy?- preguntó asustado el moreno viendo todo el lugar
-tranquilo, estás en un hotel- explicó Alemania levantándose y tratando de arreglar su ropa y cabello.
-¿Un hotel?- repitió el italiano bajando la mirada a su cuerpo palpándolo todo algo espantado.
-¡no te hice nada, lo juro!- Intentó tranquilizarle el germano poniéndose rojo al darse cuenta de que Feliciano se estaba haciendo ideas raras en la cabeza –te desmayaste ¿recuerdas? Como no sé dónde vives te traje aquí- le explicó aunque al parecer sin muchos resultados ya que Feliciano aun mantenía su gesto asustado.
-s… si, si me acuerdo… entonces creo que es hora de irme, gracias… supongo…- dijo el castaño tomando sus cosas de manera apresurada, intentó ponerse los zapatos mientras se encaminaba a la puerta apoyándose sobre un solo pie pero solo logró perder el equilibrio y tropezar, para su buena suerte Alemania alcanzó a tomarlo de la mano antes de que cayera.
Una punzada de dolor atacó a Feliciano cuando el ojiazul hizo contacto con él así que por reflejo el chico se hizo para atrás evitando al rubio lo que descolocó un poco a la nación.
Italia nunca haría eso… ¿Porqué la persona frente a él lo evitaba? Y fue en ese momento en que Alemania cayó de golpe en la realidad: ese muchacho frente a él ya no era Italia, solo era un habitante más, un humano entre los muchos; su Italia Veneciano ya no estaba ahí.
-perdón- se disculpó Alemania haciendo que Feliciano se sintiera ligeramente culpable pero antes de que el italiano comenzara a decir algo Alemania volvió a hablar –perdóname por esto- e inmediatamente después tomó al castaño de la muñeca y lo aventó a la cama poniéndose sobre él sometiéndolo
-Ve~ ¡no me haga daño!- suplicó Feliciano con lagrimas en sus ojos, estaba aterrado.
-lo siento Italia pero tengo que hacer que recuerdes- le dijo el alemán haciendo presión en sus muñecas
-pero le dije muchas veces que no me llamo…- intento replicar el moreno
-¡cállate!- le gritó el rubio con voz autoritaria haciendo que Feliciano se petrificara del miedo y asintiera muchas veces con la cabeza –no me importa cuántas veces lo niegues tu nombre es Italia Veneciano, eras la parte Norte de este país ¡eras una nación!- le dijo Alemania yendo contra todo: sus superiores, sus compañeros, su amigo e incluso su propia cordura
Feliciano soltó una risita, Alemania sintió como el cuerpo del castaño se relajaba a medida que la risa del otro iba en aumento.
-¿De qué te ríes?- le preguntó el germano extrañado aun sin soltarlo.
-es que es muy gracioso ¿Cómo una persona puede ser una nación? Ja ja ja- seguía riendo Feliciano. Alemania frunció el seño molesto.
-si eso crees entonces contéstame: ¿Qué sucedió con el Imperio Romano en el año 476 después de Cristo?-
Feliciano parecía confundido por la pregunta.
-contesta- le ordenó Alemania
-La caída de Imperio Romano… hubo demasiadas invasiones bárbaras…- recitó Feliciano aun sin saber el porqué de la extraña pregunta
-así es, tu abuelo, el Imperio Romano, se hizo demasiado grande, sus superiores se volvieron negligentes y los barbaron tomaron oportunidad de ello. Tú me contaste un día que estuviste presente en una de esas invasiones y viste a tu abuelo pelear, me contaste de cómo él estuvo de pie protegiéndote a pesar de todas las heridas que estaba recibiendo- dijo Alemania y Feliciano sintió como su cabeza comenzaba a doler y un escalofrió le recorría cada extremidad de su cuerpo junto con un frío glacial ¿Qué era ese sentimiento?
-ahora dime ¿Qué sucedió aquí en tu casa entre 1494 y 1559?- le preguntó una vez mas
-la… las Guerras Italianas… Francia, España, el Sacro Imperio Romano Germánico e Inglaterra… se peleaban por territorios italianos…- respondió Feliciano escuchando de pronto y muy a lo lejos gritos, sonidos como de metal chocando y suplicas… apenas eran pequeños murmullos que salían de su cabeza… susurros que venían de la nada. El italiano alcanzaba a percibir un ligero olor a tierra mojada… sangre oxidada… el frío seguía extendiéndose sin piedad por su cuerpo y un nudo en la garganta no lo dejaba respirar.
-Al final fue Austria, en ese entonces parte del Sacro Imperio Romano, quien te tomó, viviste en su casa sirviéndole… llevabas una vida tranquila pero no libre sin embargo amabas ese lugar… siempre me decías lo mucho que te gustaba escuchar el piano de Austria- le decía una vez más Alemania suavizando su tono de voz. Feliciano vio a los ojos al rubio, los gritos habían dejado de escucharse en cambio una silueta le venía a la mente… la de una persona bajita que usaba una gran capa negra.
Las lágrimas ya estaban saliendo al sentir un enorme hoyo en su pecho sobre todo al tener aquel par de ojos celestes sobre él… Dios… que nostalgia, que dolor…
-En 1870… ¿Qué sucedió?- preguntó por tercera vez el alemán sin soltar a Feliciano, sin doblarse ante sus lagrimas… tenía que hacerlo recordar costase lo que costase
-Resorgimento… o la Unificación Italiana…- contestó en un hilo de voz del castaño tratando de detener el llanto, las muñecas le dolían, el cuerpo entero le dolía, su cabeza parecía a punto de explotarle y el pecho… en el pecho sentía como si le hubieran puesto una gigantesca piedra que en cualquier momento lo aplastaría.
-Si… tú libertad… mi hermano me contó que en ese momento estabas radiante…- comentó Alemania tratando de imaginar la cara sonriente de Italia sin embargo solo veía un rostro lloroso frente a él.
-Ahora dime ¿Qué pasó en 1914?- le insistía el germano tratando de seguir adelante aun sabiendo que estaba lastimando a Italia.
-ya basta por favor…- pidió el Italiano cerrando sus ojos con fuerza evitando ver al alemán que seguía diciéndole que era un país.
-no, responde, qué fue lo que sucedió en 1914, en territorio Italiano, cerca de la frontera, en medio del bosque… no solo fue la Primera Guerra Mundial…- Feliciano seguía con sus ojos fuertemente apretados sollozando de vez en cuando -¡mírame! Dime que esa fue la primera vez que tú y yo nos vimos...- pero antes de poder seguir fue interrumpido por un repentino estruendo, el de la puerta de su habitación siendo abierta.
-¡Hora de levantarse bastardo patatas! Que fastidio, tener que venir a despertarte- se quejaba Romano al cual todos le habían obligado a ir por Alemania pues ya era tarde y había que continuar con la reunión del día anterior, así que el castaño había tenido que ir a pedir la llave del cuarto a la gerencia ya que el rubio no contestaba su teléfono.
Alemania volteó a ver al italiano y sintió como su alma se escapaba de su cuerpo, seguro hasta había palidecido sobre todo cuando vio como Romano descubría a la persona que estaba en la cama.
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Si, soy una perra por dejarlo hasta aquí JOJOJOJOJO.
¡GRACIAS POR TODOS LOS REVIEWS! En serio que me emociono mucho cada vez que abro mi bandeja de entrada y veo todos sus comentarios y también mil gracias por seguir leyendo.
Fuente bibliográfica: Wikipedia (Oh si, siempre fiel Wiki… no me culpen, quien sabe donde dejó madre los libros de historia ¬_¬)
