REENCUENTRO CON MI VIDA
CAPITULO 4
Feliciano abrió con miedo sus ojos al no escuchar ruido alguno, vio que sobre él aun estaba el desconocido sin embargo este miraba con ojos muy abiertos a alguien; el de pupilas almendradas también volteó hacía la misma dirección encontrándose con una persona que tenía un asombroso parecido con él… eran casi gemelos.
Todo siguió en silencio, Alemania esperaba a que su corazón volviera a latir, Feliciano examinaba al otro extraño y Romano…
-¿Qué hace él aquí?- solo eso preguntó tratando de mantener la calma que no tenía
-Romano… antes que nada tranquilízate- le pidió Alemania hablando con cautela soltando a Feliciano lentamente
¡¿Tranquilizarse? ¡¿Cómo coño iba a tranquilizarse teniendo a la razón de todos sus males frente a él, al bastardo que lo abandonó, al traidor que alguna vez llamó "hermano tonto"… al que literalmente fue su otra mitad? Y tanto que había evitado ir a Venecia, a los lugares que "ese tipo" frecuentaba y ahora se lo encontraba frente a frente por mero capricho del bastardo patatas.
Feliciano mientras tanto seguía sin poder despegar su mirada del castaño, podía notar que todas sus facciones eran idénticas a las de él: su boca, nariz, la forma de sus ojos y si no fuera por el color de su cabello e iris serían una copia exacta.
-¿quién eres?- preguntó por inercia Feliciano, el tipo volteó a verlo y casi lo atravesaba con la mirada.
Romano lo vio con ojos iracundos, ofendido por la pregunta se acercó a la ex nación.
-no hagas una tontería- le ordenó Alemania antes de que el otro se acercara más, el italiano lo ignoro y lo empujó quitándolo de encima de Feliciano al cual tomó del brazo con demasiada fuerza obligando a este a levantarse de la cama.
-ouch, duele- se quejó el muchacho intentando quitarse la mano de Romano que solo lo jaló forzándolo a caminar evitando mirarlo para así poder seguir reprimiendo todos los insultos y maldiciones que había guardado por tanto tiempo.
-¿A dónde lo llevas?- preguntó Alemania siguiendo al par de hermanos que salían del cuarto, el menor prácticamente era arrastrado entre quejidos.
-fuera de aquí- contestó secamente Romano llamando al ascensor.
-Italia no se va a ningún lado- contradijo el ojiazul con firmeza agarrando del brazo libre a Feliciano que comenzaba a asustarse
-este tipo no es Italia- espetó Romano entrando al elevador jalando a Feliciano y con ello a Alemania, una vez más ignorando el gritito de dolor del muchacho
-no te hagas tonto Romano, sabes bien que él es tu otra parte- Le regañó el alemán que se vio obligado a entrar al ascensor también.
-ya no digas otra palabra o te vas a arrepentir- amenazó el sureño soltando por fin al otro acercándose de manera peligrosa al rubio que no se inmutó
-¿Desde cuándo tienes el valor de amenazarme? ¿Te asusta que te diga la verdad?- le retó el ojiazul mirándolo altivo -¿O te da miedo que Italia recuerde y vuelva a ser una nación y termine desplazándote?- siguió provocándole
-¡te dije que te callaras!- gritó Romano a punto de soltarle un puñetazo a Alemania.
-¡deténganse!- se interpuso entonces Feliciano echándosele encima al otro italiano –no peleen- dijo rodeando con sus brazos al mayor que no soporto el contacto… demasiados sentimientos encontrados.
-¡no me toques!- dijo Romano empujándolo haciéndolo chocar contra la pared. Se llevó el brazo a la frente cubriendo sus ojos en el acto, respirando profundo –sácalo de aquí antes de que los demás lo vean- le ordenó Romano a Alemania tratando de componer su voz temblorosa bajando la cabeza y mirando a otro lado para que ninguno de los dos viera su rostro.
-no, Italia se queda, lo haré recordar todo- declaró Alemania viendo como el mayor de los hermanos apretaba los dientes furioso.
-¡no hagas lo que se te da la gana! Él ya no pertenece aquí- gritó señalando dramáticamente a Feliciano
-¡claro que sí! Aun es el mismo- debatió Alemania, Romano estaba a punto de contestar cuando Feliciano se le adelantó
-¡Basta! Estoy aquí- gritó de repente haciendo que los otros dos se callaran y voltearan a verlo algo sorprendidos –no entiendo nada pero dejen de discutir acerca de mí… mejor explíquenme ¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué me conocen? ¿Qué pasa? ¡Tengo derecho a saberlo!- exigió Feliciano justo al instante en que las puertas del elevador se abrían, sin darse cuenta habían llegado a la planta baja.
Todas las naciones estaban ahí reunidas, de hecho esperaban a Romano y a Alemania pues eran los únicos que hacían falta, sin embargo no contaban con encontrar a una tercera persona.
-con cuanto maldito cinismo exiges ese derecho- le dijo Romano a Feliciano arrastrando la voz que casi tenía un tono gutural.
Feliciano se asusto por aquel tono de voz y sobre todo por la mirada penetrante y llena de resentimiento
-¿Yo… te hice algo malo?- preguntó entonces el menor temiendo la respuesta.
Dicho esto por primera vez el desconocido lo miró directamente a los ojos acercándolo a él aun tomándolo por el brazo.
-No vengas a pedir explicaciones de nada, tú decidiste renunciar así que sigue con tu vida y nunca regreses a la mía ¡Lárgate!- dijo Romano hablando, sin darse cuenta, en un italiano muy arcaico, usando palabras que Feliciano solo conocía gracias a varias novelas clásicas, también mezclando acentos de varias regiones de las que predominaba un acento del sur.
-pero…- iba a hablar de nuevo el castaño pero era empujado bruscamente por Romano que se hacía paso entre las naciones que miraban curiosos la escena clavando sus ojos en Feliciano que no soportaba tener toda esa atención puesta en él.
-Romano, espera- le decía Alemania que iba siguiéndolo a pocos pasos también empujando a uno que otro país.
-¿Ita-chan?- preguntó de pronto alguien entre el tumulto de gente, era España que intentaba acercarse al mencionado.
-Ita-chan, de verdad eres tú- dijo a punto de llegar formando una radiante sonrisa en sus labios
-¡NO! ¡Él no es Italia, no lo es, no lo es! ¿Cuántas malditas veces tengo que decirlo?- gritó Romano jalando de la camisa a Feliciano que había comenzado a sufrir una intensa migraña -¡Esta persona que ven aquí es solo un maldito desconocido! ¡YO SOY ITALIA!- Romano gritó a todo pulmón mientras se ponía una mano en el pecho señalándose a sí mismo queriendo hacerles ver a todos su equivocación ¿Por qué no lo veían solo a él?
Todos vieron a Romano y los murmullos comenzaron, cuchicheando palabras entre ellos, señalando de vez en cuando al país que ahora era un humano, a veces viendo con desaprobación al mayor de los italianos
-vete… sal de aquí- dijo en voz baja el mayor, su voz se escuchaba ronca gracias a los gritos antes dados, Feliciano solo lo miró algo preocupado –que te vayas- y a empujones lo sacó del edificio.
Todos seguían viendo a Romano que no tenía ni idea de donde esconderse o de cómo escapar de esa situación, sentía los ojos de todos en su nuca, sabía a la perfección lo que todos murmuraban a sus espaldas… solo quería desaparecer…
-ósea, como que la función ya terminó, no hay nada que ver así que ósea despejen el área y a sus asuntos, la junta se pospone hasta nuevo aviso porque como que esto se puso súper feo ¡shu! ¡shu!- los corrió Polonia haciendo ademanes con sus manos –y tú Romano como que te regresas a tu casa y te tomas un té de tila ¿no? Estás como que totalmente fatal- le recomendó el rubio viendo como ya todos iban dispersándose excepto España que parecía estar discutiendo algo con Francia el cual no lo dejaba acercarse a Romano.
El italiano caminó arrastrando los pies lejos de ahí; mientras tanto Alemania estaba dispuesto a continuar con su misión si no fuera porque Polonia lo detuvo poniéndole una mano en el pecho.
-¿Y tú como que a dónde vas?- le dijo no muy feliz el ojiverde
-no te importa- le contestó secamente el alemán
-ósea claro que me importa, porque como que ni creas que te voy a dejar que vayas tras Italia- le advirtió de manera autoritaria, cosa rara en alguien como Polonia.
-déjame pasar- le ordenó el ojiazul queriéndose mover pero el polaco se lo impidió
-súper por supuesto que no, ubícate Alemania, ya hiciste mucho daño- el germano lo miró dudoso sin saber a qué diablos se refería. Polonia rodó los ojos y dio un dramático suspiro.
-¿Acaso te molestaste en ver la cara de miedo que se cargaba Italia? Ósea, el muchachito estaba aterrado y ni que decir de Romano, por Dios, que si no se moría de una ulcera por el coraje al menos si de la tristeza- comentó el rubio notando que Alemania seguía sin saber a qué se refería
-Aish, no te diste cuenta porque piensas demasiado en ti. Ósea es como que totalmente obvio que Italia te importa un bledo, solo buscas tu propia felicidad; apuesto mis zapatos Jimmy Choo a que nunca te has planteado el hecho de que Italia tal vez es feliz como humano- le sermoneó Polonia cruzándose de brazos, al parecer Alemania ya había recapacitado, lo sabía por la forma en que las cejas del germano se arqueaban en una profunda expresión de dolor. –No me lo tomes a mal ni pienses que soy una perra insensible, quiero a Italia así como que mil por ciento pero si él quiso dejar de ser una nación a notros solo nos queda aceptarlo, eso se hace cuando se quiere a una persona- terminó de decir Polonia dándole una palmadita en el hombro al más alto y alejándose de ahí.
-Alemania-san… pe… perdón, no pude impedir que Romano-san descubriera a Italia-kun- llamó tímidamente Japón acercándose al germano, notando como los hombros de este dejaban ese porte fuerte y poco a poco se iban dejando caer, casi encorvándose.
-ya no importa Japón…- contestó Alemania aun dándole la espalda al oriental –creo que ya me di cuenta de mi error… tal vez Italia de verdad es feliz así- dijo el ojiazul –estaría mal interferir en eso- dijo encarando al oriental.
Mentiras, Alemania-san está mintiendo, se decía Japón notando la expresión firme que Alemania aun quería aparentar
-Vámonos, aun hay trabajo que hacer- y dicho esto se alejó también de ahí.
Mientras tanto Romano volvía a su habitación de hotel, esperaría hasta la noche para regresar a Nápoles.
Aunque ya eran mas de las diez de la mañana volvió a meterse a la cama, llevándose las cobijas hasta debajo de la nariz, cerrando sus ojos esperando que cuando los volviera a abrir todo volviera a la normalidad y esa escenita que había armado se olvidara, aunque sabía que eso no iba a pasar.
Tocaron a su puerta, una, dos, tres, cuatro, cinco veces.
-Romano se que estás ahí, ábreme- le decía el bastado español a lo que el italiano solo lo ignoró
-Romanooooooo- seguía llamando España haciendo que el castaño frunciera el seño tratando de conciliar el sueño de nuevo
-Romano, Romano, Romano- llamaba una y otra vez el hispano y aun con eso el mencionado no se dignaba a abrir la puerta así que España haciendo uso de algunos trucos que Francia le había enseñado forzó la cerradura de la puerta de la habitación y entró.
-hasta que pude entrar- se dijo feliz cerrando la puerta siendo ignorado por el italiano que fingía dormir así que con una risilla traviesa el español se metió a la cama y abrazó a Romano por detrás acercando su boca al oído de este.
-Roma ¿estás bien?- le preguntó en voz baja
-no- contestó el de ojos chocolate
-¿Es porque viste a Ita-chan?- volvió a preguntar acercando la espalda del italiano a su pecho
-ya te dije que…-
-no lo niegues- le interrumpió España aun tratando de sonar alegre –no digas eso de que no tienes un hermano… el que perdió la memoria fue Italia no tú- dijo el ojiverde mas como una petición que como una regaño, manteniendo un brazo alrededor de la cintura de Romano mientras que con la otra acariciaba su cabello con cuidado de no tocar cierto rizo.
Todo se quedó en silencio por un rato hasta que finalmente la nación más joven habló.
-Odio a Veneciano- dijo en un murmullo pronunciando el nombre que se había vuelto un tabú para él mismo, dejando que su flequillo cubriera sus ojos mientras sentía los dedos tibios de España recorriendo sus mechones castaños –todos lo ven como la víctima, la pobre criatura que se sacrificó por el bien de su gente- una risita amarga se escapó de sus labios –pero no ven la realidad: ese tipo se escapó como el cobarde que siempre fue y me abandonó sin ningún escrúpulo y aun así es visto como un mártir- se aferró a su almohada sintiendo su voz quebrarse, percibiendo el calor de las manos de España en su vientre y cabeza, la respiración de este que seguro lo estaba mirando con lastima pero que no decía nada.
¿Por qué Veneciano si podía olvidar y Romano no? Hasta en ello Dios, la vida, el destino, lo que fuera, favorecían al menor.
El Domingo llegó a su fin y dio paso al Lunes así que como cada inicio de semana Feliciano se dibujó una eterna sonrisa en el rostro dejando en closet todos los recuerdos del fin de semana, fingiendo que nada pasaba.
Se miró en el espejo, su mueca alegre era impecable, solo lo hinchado de sus ojos no cuadraba con su rostro radiante pero ya inventaría alguna excusa y diría un "Estoy bien" porque él siempre estaba bien, sin importar que no tuviera recuerdos de la mitad de su vida o que un montón de extraños parecían saber todo acerca de él, Feliciano seguía estando bien.
El castaño tomó sus cosas, cerró con llave y se dirigió al trabajo; en el metro repasaba sus notas de la clase del día el ver las diferentes laminas con famosas pinturas lo hacían animarse un poco.
Renoir, Van Gohg, da Vinci, Rubens, Eakins, Krichner… era como si perderse en los hábiles pincelazos y colores de aquellas imágenes fuera su escape perfecto de toda realidad, aunque tuvo que interrumpirse cuando llegó a su destino,
Salió del metro y como todos los días llegó a la escuela, saludó a sus compañeros, algunos alumnos etcétera, fue al salón de clases en donde los jóvenes lo recibieron de buen humor.
-Ve~ buenos días- saludó con su sonrisa bobalicona dejando sus libros en el escritorio recibiendo otro "buenos días" al unisonó
-espero hayan disfrutado el fin de semana y hayan estudiado para su examen de la próxima semana- le decía a los chicos mientras comenzaba a escribir cosas en el pizarrón –recuerden que si todos tienen más del 80 por ciento de los aciertos los invitaré a comer pasta- todos los alumnos vitorearon por la propuesta a lo que Feliciano rió con ellos dando inicio a la clase.
Todo iba de la manera más normal, los muchachos ponían atención y de vez en cuando bromeaban por alguno que otro comentario
-el Romanticismo fue una corriente con muchos seguidores y autores aquí en Italia, pero también en algunos países vecinos, de hecho el hermanito Francia era fanático de este estilo, tanto en pintura como en música- explicaba Feliciano escuchando algunas risitas discretas entre sus alumnos.
-¿Qué pasa? ¿Dije algo raro?- preguntó viendo a dos chicas diciéndose cosas entre ellas en voz baja
-es solo que usted es muy gracioso profesor- dijo una de ellas siendo regañado por lo bajo por su compañera.
-je je je pero no recuerdo haber dicho algún chiste, ve~- dijo Feliciano ladeando la cabeza
-bueno, quiero decir que es gracioso porque siempre se refiere a los países como personas, por ejemplo ahora mismo acaba de decir "hermanito Francia"- dijo su alumna
-es verdad- le apoyó otro muchacho sentado en la esquina del salón –la semana pasada se refirió a Viena como "la casa del señor Austria"- todos coincidieron con el joven, pero a lo que ellos les parecía gracioso a Feliciano comenzaba a darle miedo.
-n… no es cierto- trató de contradecir riendo nervioso
-claro que si, hasta una vez cuando nos comentó que hubo una gran exposición de arte internacional en Estados Unidos antes de que este "se resfriara" ja ja ja creo que quería decir antes de la "Gran Depresión"- agregó otro alumno. Todos rieron recordando aquel día pero su maestro solo los miraba atónito
-no es gracioso- susurró sin ser escuchado
-pero nada mejor que la vez cuando hablábamos de las pinturas clásicas en Inglaterra y dijo que ese país era un "cejudo que no sabe cocinar"- agregó otro alumno y todos seguían riendo.
-no… claro que no, las personas no son países- dijo Feliciano tratando de sonreír y sonar normal
-eso ya lo sabemos pero…-
-las naciones son territorios no humanos, es imposible que algo así sea real- Le interrumpió el castaño a la muchacha que había comenzado a hablar –eso no se puede, es ridículo ja ja ja- decía mientras se forzaba a reír, todos sus alumnos fueron quedándose en silencio viendo la extraña expresión del maestro ¿Qué diablos le pasaba?
-profesor ¿está bien?- Preguntó un joven que se sentaba hasta el frente
-disculpen… vuelvo en un momento- y Feliciano salió del salón sin dar más explicaciones, caminando rápido por el pasillo ignorando a todo el que se le ponía enfrente, llegó al baño de maestros y le puso el pestillo a la puerta para después dejarse caer sobre sus rodillas en el piso y se llevó las manos a la cabeza.
-¿Quién soy?- se preguntó de la misma manera en que lo había hecho hace diez años tras despertar de un supuesto accidente pero a diferencia de una década atrás esta vez no había quien respondiera su pregunta. Tal vez era hora de que él mismo buscara una respuesta… ahora la cuestión era ¿Tenía el valor de enfrentar ese pasado?
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Ah… voy a llorar… ¡quiero que España me abrace cuando esté en depresión! Ah, lo siento es que mi corazón se rompió en mil pedazos escribiendo las partes de Romano.
¡Un millón de gracias por los reviews! También por seguir leyendo. Se aceptan todo tipos de comentarios y sobre todo sugerencias para continuar esto jujuju
