REENCUENTRO CON MI VIDA
Capitulo 5
-¿¡Cómo diablos se te ocurrió esa estupidez! ¡¿Sabes en cuantos problemas nos metió tu imprudencia? ¡Casi perdemos varios tratados importantes con los italianos! Tienes mucha suerte de que Italia hubiera intercedido. Tú no eres así Alemania ¿Qué diablos te pasa? Ya pasaron diez años ¿Cuándo piensas superarlo? ¡Recupérate ya o estos arranques sentimentales tuyos nos van a costar muy caro!- le regañaba uno de los jefes de Alemania al rubio que tan solo sostenía el teléfono con una expresión de pesadez preguntándose cómo diablos querían sus jefes que hubiera reaccionado ante esa situación ¿Fingiendo que no había visto nada ni a nadie? Y esa tontería de que Romano (al que se empeñaban en llamar "Italia") había intercedido por él… como si eso fuera posible, el castaño solo lo había defendido para terminar con el asunto y no tener que seguir hablando de Italia, se notaba que el solo mencionarlo hacía que las tripas de Romano se le revolvieran.
Dejó el teléfono en su lugar y dio un suspiro sabiendo que otro regaño igual o peor le esperaba regresando a casa pero en esos momentos prefería mil veces escuchar los sermones de sus superiores que seguir en esa ciudad, y si por él fuera jamás regresaría.
Mientras tanto en otros lados como en un restaurante cercano, varias naciones se encontraban en una acalorada discusión.
-Ahhhhhhhh ¡es que sencillamente no puedo soportar ver a Italia así! El hermanito Francia tiene un corazón sensible- se quejaba exasperado Francia perdiendo así toda su elegancia
-¿Y qué quieres que nosotros hagamos wine freak?- le reclamó Inglaterra tomando un sorbo de su té negro
-tal vez ayudarlo a recordar- comentó con tono somnoliento Grecia a lo cual los presentes voltearon a verlo extrañados
-¡qué buena idea Grecia!- le apoyó España sabiendo que podía hablar con tranquilidad pues Romano no estaba ahí
-en serio todos ustedes son unos grandísimos idiotas- intervino Austria cruzándose de brazos -¿en verdad creen que Italia nos va a creer si un día llegamos y le decimos "Hola, ¿Sabes? Hace diez años eras una nación pero un día se te ocurrió renunciar y ahora eres un humano normal"? Está bien que Italia siempre ha sido un idiota pero no tanto como para tragarse eso- discutió el austriaco sin saber que Alemania ya había intentado hacer lo mismo
-Entonces ¿qué les parece si lo llevamos a diferentes lugares para que recuerde? Cómo su antigua casa o la de Romano- propuso Hungría
-no creo, esta última década ha vivido aquí en Venecia sin recordar nada y Romano lo mata antes de que ponga un pie en Roma o Nápoles- apuntó Bélgica –pero ¿Y si hacemos que platique con los que fueron sus amigos cercanos?-
-Polonia ya se negó, Japón también y Alemania dijo que hoy mismo se va a su casa- dijo un desilusionado España
-si las cosas están así ¡Construyamos una máquina del tiempo y retrocedamos 10 años para impedir que Italia renuncie a ser una nación!- propuso nada más y nada menos que el autoproclamado héroe.
Todos los países reunidos lo miraron raro; el americano no podía estar hablando en serio ¿o sí?
Fingiendo que América no había hablado, los demás continuaron con la conversación como si nada.
-¿Qué les parece si secuestramos a Italia y que mi hermano lo golpee hasta que recuerde?- propuso entonces Belarús causando escalofríos en todos sobre todo al ver como Rusia ensanchaba su sonrisa ante la idea mientras comenzaba acariciaba su tubería de manera un poco sospechosa.
-¡nadie va a golpear a nadie!, mon Dieu ni siquiera pueden pensar en algo decente- se quejó Francia dejando caer su espalda en el asiento de la silla pesadamente
-¿Y a ti porque te importa que Italia recuerde? Han pasado diez años y hasta ahora te interesa- preguntó una voz queda la cual la mayoría ignoró
El galo volteó encontrándose con Canadá el cual abrazaba a Kumajirou y tenía el entrecejo ligeramente fruncido seguramente algo celoso por el hecho de que el francés no había dejado de mencionar a Italia en todo el fin de semana.
-¿Eh? Eso no es cierto mon petit, Italia siempre me ha importado, es como mi hermanito… es solo que cuando lo vi en el hotel me trajo recuerdos- dijo recargando su mejilla en la palma de su mano, la sonrisa galante que siempre adornaba sus labios se fue desvaneciendo lentamente dejando un gesto que hacía ver que el francés se había perdido en sus propios pensamientos.
-Aun a veces… me pregunto si de verdad fue decisión de Ita-chan dejar de ser una nación…- continuó España apoyando los brazos en la mesa bajando la mirada
Todos guardaron silencio un momento haciéndose la misma pregunta hasta que escucharon a China aclararse la garganta llamando la tención de los demás.
-perdón por interrumpir el momento cursi pero creo que lo que están planeando es una mala idea aru- comenzó a decir el oriental
-lo dices porque Italia nunca fue tu amigo- dijo Finlandia con algo de recelo siendo apoyado por Suecia que asentía con la cabeza
-eso es cierto, nunca fui cercano a él y aunque lo hubiera sido no me voy a arriesgar a que mis superiores descubran que voy contra sus ordenes aru- explicó China metiendo sus manos en las mangas anchas de su atuendo notando las caras asustadas de las otras naciones –Y no solo sería un regaño o una llamada de atención, puede que Romano lo tome muy mal y quiera cortar todo tipo de relación con nosotros aru. Aunque ahora esté en crisis es una potencia aquí en Europa y llevarnos mal no nos conviene así que yo no voy a hacer nada que perjudique mi casa y mis relaciones económicas aru- declaró finalmente China; todos tragaron saliva al escuchar los posibles riesgos que conllevaba aquello
-además… si Italia recuerda y por alguna razón vuelve a ser una nación puede que entre en conflicto con Romano- agregó Holanda cruzándose de brazos –ahora mismo Europa no está preparada para mas crisis- continuó el holandés con su rostro inexpresivo
-básicamente a ninguno de nosotros nos conviene que Italia recuerde- concluyó despreocupadamente Dinamarca enlazando sus manos detrás de la nuca sonriendo pues a él en realidad el problema de la ex nación no le importaba en lo absoluto.
Al final todo se resumía a eso: política, una vez más las naciones tenían que dejar de lado sus intereses personales por el bien de su propia casa. Parecía increíble que después de cientos de años aun no pudieran acostumbrarse a aquello ¿Entonces para que habían nacido con sentimientos?
Todos se quedaron callados otra vez…
-pero ¡Puede que Ita-chan y Romano se reconcilien! No tenemos por qué ser tan pesimistas- España trató de aminorar el ambiente tan tenso
-¿Y porque no solo dejamos las cosas como están? Tal vez hasta le estaríamos haciendo un favor a Italia- propuso Rusia sonriendo como siempre a lo que todos voltearon a verlo con algo de duda
-seamos honestos con nosotros mismos al menos una vez- el ruso clavó sus ojos en todos los presentes –si a nosotros nos hubieran dado la misma oportunidad de renunciar hubiéramos aceptado ¿Verdad?- les preguntó a los demás aun risueño provocando que Cuba se levantara enfadado azotando sus manos contra la mesa
-¡eso no es cierto!- recriminó el moreno mirando con fiereza al rubio que soltó una risita inocentona
-claro que lo es, todos hemos pasado por muchísimas cosas: invasiones, guerras, epidemias, crisis ja ja ja todo está en los libros de historia así que no tengo que decir más, por tanto no pueden negarme que cada uno de nosotros hemos pensado al menos una vez "¿Porqué a mi?" Sentimos todo lo que le pasa a nuestro territorio y aun así nuestro cuerpo no puede morir a menos que quede aniquilado por completo, nos lastiman una y otra vez, tenemos sentimientos como los humanos pero no somos como ellos- seguía diciendo Rusia poniendo una mano enguantada frente a él como si estuviera examinándola a detalle –así que si un día alguien nos ofreciera una vida normal, lejos de todos nuestros dolorosos recuerdos… la aceptaríamos sin dudar, o por lo menos yo lo haría así que pienso que esta reunión es una pérdida de tiempo- dijo soltando una risita juguetona y levantándose para irse de ahí seguido de Belarús y Ucrania.
Los demás solo se quedaron en silencio con la mirada clavada en el piso, no podían contradecir las palabras de Rusia pero al mismo tiempo no estaban de acuerdo con él.
-Ah, yo también me voy aru- dijo entonces China y así uno a uno fueron retirándose sin llegar a nada o mejor dicho fingiendo que no habían llegado a nada pues al final sin tener que haberlo dicho en palabras habían decidido dejar las cosas tal y como estaban.
Por otro lado Romano estaba por fin en casa, el italiano daba vueltas en su cama revolviéndose entre las cobijas sin lograr conciliar el sueño aunque ya eran cerca de las doce de la tarde no tenía planeado salir de la cama en todo el día, había tenido un pésimo fin de semana y no tenía ánimos de absolutamente nada pero al parecer su cuerpo no estaba de acuerdo con sus emociones ya que no podía dormirse ni quedarse en paz en su cómodo colchón.
El castaño dio un gruñido de frustración y tras dar otra vuelta enredándose con las cobijas se incorporó, como siempre, con el seño fruncido, se revolvió el cabello y se quedó mirando a su pared pensando en un montón de cosas pero a la vez en nada en especial ¡Odiaba estar así! Todo ansioso y confundido, enojado con el mundo y consigo mismo sin siquiera saber el porqué de lo ultimo ¡Él no había hecho nada malo! Todo era culpa del bastardo macho patatas y su absurda fijación con su her… no, ese tipo no era su hermano…
Aun sentado en la cama Romano flexionó sus piernas apoyando sus brazos en sus rodillas, relajó un poco el entrecejo dándole una expresión neutra, volteó a ver de reojo el cajón de la mesita de noche que estaba a un lado de su cama y lo abrió sacando de ahí una cadena de la cual colgaba una cruz de hierro.
La que antes solía ser una pulida y brillante cruz ahora estaba opaca y con rasguños que se alcanzaban a apreciar en las partes que aun lograban salvarse de la negrura que había adquirido por los años de abandono en aquel cajón.
El castaño alzó la cadena dejando que el dije se meciera de un lado a otro a veces dando vueltas
-Hasta el último momento solo pensaste en él- dijo en voz alta dejando caer su brazo con la cadena y escondiendo su rostro entre sus rodillas recordando que aquella cruz se la habían dado sus jefes después de que Feliciano dejó de ser una nación.
-Por seguridad nacional no podemos dejar que conserve esto, puede que logre recordar algo si lo tiene- le dijo el hombre de traje entregándole la cruz que le habían quitado a la antigua parte Norte y que a la vez le había sido regalada por Alemania.
-por eso te odio más- volvió a decir Romano apretando la cadena que no había podido tirar al igual que las otras cosas de "él".
Al mismo tiempo pero en Venecia Feliciano estaba sentado en una de las bancas de un pequeño parque (tras haberse escapado del trabajo). Un discreto olor a pasta le llegó a la nariz pues había un restaurante cerca, intentó sonreír al percibir el aroma pero ni siquiera pudo hacer eso, ya casi temía nunca jamás poder sonreír…
El italiano pensaba en sus memorias perdidas mientras veía a la gente ir y venir ¿Para qué preocuparse de algo que ya había pasado? -no, algo falta- se dijo en voz alta. ¡No podía seguir viviendo una vida incompleta! Necesitaba tantas respuestas como el porqué de aquellos sueños que siempre lo hacían llorar, o de donde provenían esas cicatrices que le causaban dolor de vez en cuando, porque se ponía tan nostálgico cuando iba a ciertas partes de su país que jamás había visitado, porque por más que intentara iniciar una relación amorosa algo se lo impedía, como un sentimiento de responsabilidad… igual a tener que cumplir una promesa o esperar por alguien pero sobre todo… ¿Por qué aquellas personas tan peculiares que estaban en ese hotel parecían conocerlo? ¿Por qué ese hombre de ojos azules le provocaba tanta tristeza y ese chico de cabello castaño parecía estar tan resentido? ¡Tenía que saberlo para poder saber quién diablos era él mismo! Al que todos llamaban Feliciano Vargas pero habían quienes le decían… "Italia"…
Fue mientras pensaba en todas esas cosas cuando de pronto alguien le golpeó en la nuca con la mano abierta
-¡Ouch!- lloriqueó Feliciano echando su cabeza para enfrente y llevándose las manos al lugar golpeado el cual le comenzaba a arder
-¡Eres la persona más desesperante e inútil que he conocido en todos mis siglos de vida!- le gritó un hombre (el mismo que le había golpeado) de ojos verde esmeralda, cabello rubio y cejas pobladas además de un marcado acento ingles
-Ve~ ¿¡Quién es usted! Me da mucho miedo- lloró Feliciano haciéndose un ovillo en la banca
-solo soy "alguien" que viene a decirte lo idiota que eres, God, you are so stupid…- masculló el tipo cruzándose de brazos fulminando con la mirada a Italia el cual ya tenía unas pequeñas lagrimitas en los ojos provocadas por el miedo
-pe… pero yo no lo conozco ve~- intentó defenderse el italiano
-pues yo a ti si y solo vengo a decirte unas cuantas cosas: Antes que nada ¿Tienes una maldita idea de todo el ajetreo que has estado armando? Primero vas y te largas para renunciar a todo, luego por una razón que ni siquiera quiero enterarme te vuelves a aparecer en nuestro hotel pidiéndole explicaciones a Romano ¡a Romano!- repitió como si la sola idea fuera inaudita –y ahora hasta el imbécil francés cara de sapo está interesado en hacerte entrar en razón cuando tú estás aquí llorando como lo has hecho toda tu maldita vida y no tienes una idea de cuánto me irrita eso, en serio que si tú y el emancipado americano hicieran una competencia de quien es mas idiota no sé quien saldría ganando- dijo mas para sus adentros sospechando que tal vez el "americano emancipado" sería el ganador hasta se lo imaginó con su sonrisa de Héroe y todo
-¡¿Y qué quiere que haga?- gritó de pronto Feliciano con las lagrimas comenzando a escurrirle -¡solo puedo llorar porque no sé que mas hacer, quiero saber quien soy pero nadie me lo dice y yo no tengo la respuesta!- siguió gritando con las mejillas rojas apretando sus puños y sus ojos desquitando toda su frustración con el desconocido que solo lo miró aburrido
-¿Pero qué tonterías estás diciendo?- le preguntó entonces el ojiverde haciéndose a un lado y extendiendo su brazo señalando toda la hermosa ciudad de Venecia que se extendía ante ellos –aquí tienes tu respuesta, toda tú vida está frente a ti- le dijo como si fuera la cosa más obvia del mundo. Feliciano abrió con cautela sus ojos… no entendía a que se refería aquel hombre
-pero como eres tan lento como para comprenderlo por ti mismo ¿Por qué no buscas ayuda? estoy seguro que hay alguien ansioso de que recuerdes quien eres- le dijo por último el inglés dándose media vuelta deteniéndose un momento
-por cierto… ¡esto no lo estoy haciendo por ti ni nada por el estilo!- le exclamó aun de espaldas sin embargo se alcanzaban a ver sus orejas rojas –es solo que me irrita ver a todos tan preocupados por tus idioteces- dijo finalmente caminando rápido.
-Auuuuu Iggy, eres tan lindo cuando te lo propones- le alagó América que había estado escondido escuchando todo y abalanzándosele en un abrazo al inglés que intentó quitárselo de encima
Mientras tanto Feliciano se quedó en su mismo lugar aun con rastros de lágrimas en sus pestañas y mejillas…
-yo… quiero saber quien soy- dijo levantándose de la banca y comenzando a correr tan rápido como podía
-¡quiero saberlo!- se gritó para sus adentros forzando a sus piernas a correr aun más rápido.
En otros lugares como el aeropuerto Alemania sacaba su boleto y pasaporte del bolsillo de su gabardina, ya estaba en la fila para abordar el avión… una vez más se despedía de Italia. Frunció el seño recordando los sucesos del fin de semana, había estado tan cerca de traer de vuelta a su amigo, su amor… pero no, después de todo Polonia tenía razón, seguramente Italia estaba llevando una tranquila vida feliz lejos de todos los problemas de ser una nación, tal vez tenía un aburrido trabajo normal, con amigos normales, una pareja normal.
El alemán soltó un gruñido al pensar en lo ultimo: una pareja que hacía feliz al italiano llevándoselo lejos, a un mundo completamente diferente al suyo ¡Robándole a su Italia!
Arrugó su boleto junto con su pasaporte sintiendo su sangre hervir
-señor, su boleto por favor- le pidió una aeromoza con amabilidad sacando de su ensimismamiento al rubio que la volteó a ver como si no le entendiera
-su boleto- Le insistió la señorita
-no voy a subir- dijo Alemania como si alguien más estuviera controlando sus palabras
-¿perdón?- dijo la chica
-que no voy a subir el avión- repitió Alemania dándose media vuelta caminando en dirección contraria a la fila apresurando el paso, empujando gente, ignorando los reclamos e insultos, comenzando a correr entre el gentío tratando de salir de ahí sin importarle a cuantas personas golpeaba o empujaba.
Estando en la calle comenzó a correr aun más rápido ¿Dejar a Italia vivir la vida de un humano? ¿Permitirle irse a los brazos de alguien más? No, por supuesto que no. Pensaba mientras seguía corriendo sin dirección alguna, solo movía sus pies que apenas si tocaban el piso por segundos
¡Recuperaría a Italia! Si, estaba pensando otra vez solo en sí mismo, era un maldito egoísta que solo buscaba su propia felicidad sin importarle lo que pensara Romano, ni siquiera lo que fuera a pensar Italia o las otras naciones ¡Era un egoísta al que no le importaban los demás!
Alemania corría, corría y corría sintiendo el aliento abandonarle, no tenía idea a donde iba solo corría; cerró los ojos aun corriendo y cuando sus piernas ya no le respondían, el pecho y los pulmones le ardían y tenía que jadear para tomar aliento abrió los ojos… solo para ver que frente a él, con la cara roja por el esfuerzo, respirando dificultosamente a punto de desfallecer por el cansancio, estaba Feliciano.
-dígame quien soy, por favor- dijo Feliciano apenas logrando articular la frase.
Porque Alemania era un egoísta que solo quería escuchar a Italia llamarlo una vez más…
