REENCUNETRO CON MI VIDA
Capitulo 6
Alemania y Feliciano seguían intentando tomar aire, mirándose el uno al otro hasta que el italiano reaccionó
-¡perdón por aparecerme de pronto! Ve~ - dijo ligeramente apenado aun respirando con dificultad gracias al esfuerzo
-¿Cómo supiste donde estaba?- preguntó Alemania también dando largas inhalaciones tratando de recuperar el oxigeno viendo como Feliciano volvía a sonreír como de costumbre
-Fui al hotel y pregunté si había algún huésped alemán y me dijeron que si pero que acababa de salir hacía el aeropuerto así que iba para hayá pero me lo encontré en el camino ve~- explicó con su sonrisilla tonta a lo que Alemania también sonrió levemente hasta que otra pregunta se le vino a la mente
-¿Y cómo sabes que soy alemán?- Feliciano se llevó la mano a la barbilla pensando en su respuesta
-mmmmmmmmm… no lo sé… una corazonada, tal vez- dijo sin darle mucha importancia sonriendo de nuevo para después comenzar a jugar de manera nerviosa con sus dedos –aunque… volviendo a lo anterior… ¿Me dirá quién soy?- dijo retomando el tema y la razón por la cual había buscado a ese hombre. Alemania arqueó sus cejas algo sorprendido por la petición pues hasta ayer el italiano parecía renuente a todo contacto con él
-perdón por haber sido tan grosero la primera vez que nos vimos… es solo que estaba muy asustado… los extranjeros me dan miedo- dijo Feliciano juntando sus manos y alzándolas a la altura de su rostro en un gesto de disculpa
-¡no te preocupes! Yo también tuve la culpa por haberme precipitado- dijo Alemania rascándose la mejilla igualmente apenado. Todo se quedó en silencio por un momento mientras el alemán intentaba procesar lo que estaba sucediendo ¡El destino le estaba dando una segunda oportunidad para traer de vuelta a Italia!
-Entonces ¿Qué le parece si comenzamos de nuevo? Je je je me llamo…-
-Feliciano- Alemania terminó la frase en lugar del italiano que pareció sorprendido pero a diferencia de la última vez no se asustó, al contrario sonrió de manera alegre
-¡sí! Eso quiere decir que usted si me conoce- el italiano se acercó unos pasos al alemán que estaba tan nervioso que tuvo que obligar a su cuerpo a mantenerse en paz y no volver a abrazar a la fuerza a Feliciano justo como la ultima vez –Dígame quien soy, ¿Dónde nací? ¿Quiénes son mis padres? ¿Qué he hecho todo mi vida hasta antes de olvidarlo todo? Por favor- le pidió acercándose un paso más al rubio por cada pregunta haciendo que el ojiazul retrocediera
-espera… antes que nada ¿Estás seguro de querer saberlo? Ahora tienes una vida completamente nueva… ¿qué tal si todo eso desparece cuando te enteres de quien eras?- le preguntó Alemania intentando tranquilizar los ánimos del chico que se le quedó mirando por un momento con sus enormes ojos almendrados que hacían sonrojar al otro europeo
-Acaso yo era…- comenzó a decir Feliciano a lo que Alemania tragó saliva ¿Sería posible que el italiano por fin fuera a aceptar que solía ser una nación? -¡yo era un jefe de la Mafia!- dijo el castaño entre sorprendido y asustado haciendo que Alemania se llevara una mano a la cara frunciendo el seño por el susto que le había dado el chico
-¡por supuesto que no!- le gritó exasperado a lo que Feliciano rió como un chiquillo logrando que el ya de por si acelerado corazón de Alemania latiera más rápido, ¡Había extrañado tanto esa risa juguetona!
-je je je entonces… dígame quien era- dijo aun soltando risitas por la reacción del rubio sin embargo segundos después se puso un poco más serio –pero no me mienta ¿sí?- le pidió al alemán que lo miró dudoso
-me refiero a que no vuelva a decir eso de que era una nación. Ya sé que soy muy tonto y despistado, pero hasta yo sé que algo así es imposible…- dijo metiendo sus manos a los bolsillos de su pantalón y mirando con algo de tristeza el piso.
Bien ¿Y ahora que se supone iba a hacer Alemania? Si le volvía a decir a Feliciano que este antes era la parte Norte de Italia está vez el castaño no iba a querer verlo de nuevo nunca jamás en su vida. El germano soltó un suspiro tratando de pensar en algo viendo como Feliciano mecía uno de sus pies adelante y hacia atrás esperando una respuesta del ojiazul; después miró todo a su alrededor… no, ni siquiera llevándolo por toda Italia este iba a creerle, necesitaba pruebas solidas.
Alemania frunció el seño aun mirando la ciudad, las estrechas calles de loza, los callejones, los tejados rojos… las casas… ¡Es cierto! Hasta que por fin Romano le sería de ayuda. Alemania acababa de recordar que Romano nunca pudo deshacerse de su antigua casa ni de las cosas que había en ella y la cual aun estaba en Venecia.
-Feliciano- le llamó Alemania al castaño que volteó a verlo -¿Te gustaría ver el lugar donde vivías?- le preguntó algo ansioso por la respuesta a lo que el otro en vez de dar una sonrisa o una risita solo miró con decisión al rubio y asintió con la cabeza.
Tal vez las palabras no servían con el italiano, pero ¿Qué tal un montón de recuerdos representados en cosas y viejos tesoros? Así que tanto Alemania como Feliciano emprendieron el camino.
Tras una hora de caminata y el parloteo incesante de Feliciano llegaron a una calle la cual parecía realmente vieja y antigua por las casas y edificios que le rodeaban ya que aún conservaban su fachada original la cual pertenecía a varios siglos atrás, a pesar de eso la calle era muy pintoresca y agradable a la vista lo que hizo sonreír de inmediato a Feliciano el cual se preguntó cómo era que nunca hubiera ido a ese barrio cuando era él quien presumía conocer Venecia como la palma de su mano.
Caminaron calle abajo cuando se toparon con una casa que no cuadraba para nada con el resto del paisaje ya que la construcción estaba totalmente abandonada; el jardín de la vieja vivienda estaba descuidado, con el pasto absurdamente crecido y mala hierba por doquier, las paredes llenas de grafitis, la puerta principal tenía tablones clavados para impedir el paso y más aparte tenía una cadena oxidada con un enorme candado mientras que las ventanas también estaban cerradas con tablones excepto por una a la que al parecer habían roto la madera con una piedra.
-¿Seguro que quieres esto? Aun puedes retractarte- preguntó Alemania rezando a todos los cielos que el italiano no se fuera echar para atrás ya que podía notar las manos temblorosas de este y como se mordía el labio nervioso.
-vamos a entrar- respondió Feliciano respirando profundo preparándose para lo que fuera a pasar.
Una vez decidido ambos se infiltraron al jardín, Feliciano soltó un chillido al ver por la ventana rota lo obscuro que estaba adentro sin embargo se armó de valor así que con ayuda de Alemania logró entrar a la casa por el pequeño espacio cayendo de bruces en el piso, comenzando a toser y a estornudar gracias a la nube de polvo que se había formado por su aparatosa caída.
-¿Estás bien?- le preguntó Alemania que había logrado entrar sin ningún problema ofreciéndole una mano al italiano que se levantó sacudiéndose la ropa y el cabello y con una mancha de polvo en la punta de la nariz
-Ve~ si- dijo tosiendo y forzando un poco la vista para ver mejor el obscuro lugar.
Feliciano pensó que la casa estaba vacía así que se llevó una sorpresa al ver que aun había muebles dentro pero estos estaban cubiertos por sabanas blancas o alguna vez fueron blancas ya que ahora estaban entre grises y amarillentas por el paso del tiempo. Con pasos cautelosos caminó por lo que supuso era la sala, paseó sus dedos por las paredes con un sentimiento reconfortante… definitivamente esa había sido su casa, lo sabía por la calidez que se había formado en su pecho.
-¿Yo vivía aquí solo?- preguntó recorriendo con sus ojos cada rincón de las paredes cuarteadas y los lúgubres pasillos
-eh… no…- contestó Alemania suponiendo que no era prudente decirle a Feliciano que tenía un hermano y era el mismo loco que lo había sacado a jaloneos y empujones del hotel. –Ven, hay algo que quiero que veas- le indicó Alemania caminando hasta una puerta de madera con una vieja cerradura
-¿Qué hay aquí?- preguntó Feliciano teniendo que resistir la tentación de explorar toda la casa
-Tú desván de recuerdos- respondió Alemania…
Mientras tanto una vez más nuestras naciones favoritas estaba todas reunidas en la recepción del hotel pues se habían puesto de a cuerdo para salir a comer algo rico en su ultimo día en Italia, fue entonces que Japón llegó algo apurado.
-Disculpen ¿Alguien ha visto a Alemania-san?- preguntó a los ahí reunidos que se voltearon a verse los unos a los otros.
-¿No fue al aeropuerto? Dijo que hoy regresaba a casa- contestó Austria acomodándose los lentes
-se supone que sería así pero unos de sus superiores me acaba de llamar, dice que Alemania-san no abordó el avión- explicó con preocupación el oriental a lo que todos los demás comenzaron a preguntarse a donde pudo haber ido el germano.
-Hay ósea, como que esto no puede ser, seguro se fue a buscar a Italia otra vez- sospechó Polonia algo molesto
-No lo creo, Alemania-san no parecía tener esas intenciones de nuevo- dijo Japón recordando la actitud depresiva que el rubio había tenido el día del encuentro con Italia.
-mmmmmmm puede que esté con Romano, tal vez fue a pedir disculpas o algo así… aunque lo dudo mucho- propuso Francia encogiéndose de hombros.
-tal vez tienes razón, le llamaré a Romano- y España fue hasta el lugar donde la recepcionista atendía a los huéspedes para pedir prestado el teléfono, marcó el número que se sabía de memoria y esperó a que contestaran; tras un par de timbrazos el italiano atendió la llamada
-mas te vale que sea algo importante maldito bastardo- contestó automáticamente el de ojos castaños
-Wow Romano, ¿Cómo supiste que yo te llamaba?- preguntó España pensando que aquello era obra del amor o algo así
-ah, no lo sabía, así le contestó a todos- dijo Romano desde el otro lado de la línea que sonaba aun más molesto al escuchar la voz de España -¿Y? ¿Para qué me llamas?-
-solo quería saber si Alemania está en tu casa o ha ido a visitarte- le cuestionó el hispano enredando el cable del teléfono en su dedo índice escuchando el gruñido que Romano había soltado al escuchar el nombre del rubio
-¿Para que vendría el imbécil patatas a mi casa? Ese bastardo ni siquiera se ha dignado a pedirme perdón por las estupideces que hizo el fin de semana- reclamó el italiano
-oh… ya veo- contestó el español teniendo un mal presentimiento, al parecer Polonia tenía razón y el alemán había ido en busca de Italia otra vez
-¿Por qué preguntas? ¿Qué pasó con el idiota?-
-¡nada! Je je je je es solo que olvidé decirle unas cosas pero al parecer ya se fue a su casa ja ja ja- dijo España riendo. Era pésimo diciendo mentiras y más cuando se las decía a Romano el cual guardó silencio unos segundos
-¿Me estás ocultando algo?- preguntó Romano haciendo que la piel de España se le erizara al escuchar el tono amenazante del italiano, que bueno que no estaba viendo su cara.
-claro que no, yo jamás haría algo como eso- respondió el ojiverde con un tono fingidamente meloso
-no te creo que nada- dijo Romano para después soltar un suspiro –de todos modos no me importa si es algo relacionado con el macho alemán-
-Je je je je no te preocupes Roma, no te oculto nada, pero es hora de irme ¡te quiero!- y España colgó apresurado antes de soltarle la verdad a la otra nación.
-¿Si estaba con Romano-san?- preguntó Japón viendo a un afligido español regresando con los demás negando con la cabeza
-pues es súper obvio que fue tras Ita, como que Alemania estaba totalmente desesperado, así como que hasta parecía acosador- se burló Polonia aunque a nadie le hizo gracia mucho menos a Inglaterra que estaba escuchando sin decir nada
-O puede que Italia haya ido a buscar a Alemania, después de todo ayer Iggy se lo encontró y le dijo que…- comenzó a decir América pero Inglaterra se le fue encima cubriéndole la boca al americano con la mano y de paso la nariz
-ja ja ja ja América está diciendo idioteces otra vez- rió nervioso el ingles ignorando los manotazos de Estados Unidos que intentaba quitarse la mano de Inglaterra para poder respirar
-pareces alterando mon amour ¿Acaso sabes algo que nosotros no?- le preguntó en tono burlón Francia acercándosele demasiado al ojiverde que frunció el seño aun sin soltar a Estados Unidos que comenzaba a ponerse azul
-lo único que me altera es tu asquerosa presencia y no les oculto nada. No tengo idea de qué diablos estará haciendo Alemania o Italia, tal vez solo se fue a emborrachar para ahogar sus penas o algo así, están haciendo demasiado alboroto por una tontería- dijo enojado el británico que aun no dejaba hablar ni respirar al americano que estaba al borde la inconsciencia
-Inglaterra tiene razón, nos estamos preocupando por nada, mejor vamos a comer, si Alemania no aparece ya lo buscaremos- propuso Corea restándole importancia al asunto, todos parecieron dudosos pero al final aceptaron y salieron en grupo del hotel.
-eso estuvo cerca- murmuró Inglaterra soltando un largo suspiro dejando libre por fin al ojiazul que dio una gran bocanada de aire.
Pero regresando con nuestros protagonistas, Alemania le dio una fuerte patada a la puerta que estaba cerrada con llave, la puerta cedió y se abrió chocando contra la pared haciendo un tenebroso eco en el resto de la casa lo que hizo temblar aun más a Feliciano.
-ten cuidado, no vayas a tropezar- le advirtió Alemania haciéndose paso en la habitación que olía a humedad y encierro.
Feliciano entró cuidando sus pasos, viendo que el cuarto estaba repleto de muebles antiguos, cajas y baúles del que sobresalía uno en especial pues era enorme y muy viejo.
-¿Todo esto era mío?- preguntó viendo las montañas de cosas.
-si- y también de Romano pensó Alemania para sus adentros buscando algo en especifico mientras que el castaño curioseaba las cosas que en su mayoría eran viejas pinturas de paisajes italianos.
-aquí está- murmuró el alemán indicándole a Feliciano que se acercara. El muchacho hizo caso y saltando unas cuantas cajas llegó hasta donde estaba el rubio que le extendió un viejo álbum de fotos el cual el italiano tomó entre sus manos; recorrió con sus dedos las portadas forradas en cuero, volteó a ver a Alemania como pidiéndole permiso para hojearlo, el rubio solo le respondió con la mirada de manera impasible así que Feliciano buscó un pequeño espacio en el piso para sentarse pues ya estaba algo cansado de correr y caminar.
El italiano volvió a ver el álbum, respiró profundo y lo abrió; el hecho de encontrar fotografías en blanco y negro lo descolocó un poco, él esperaba ver fotos a color.
-¿Qué es esto?- preguntó viendo las maltratadas y amarillentas imágenes.
-son tuyas… míralas bien- respondió Alemania que aun estaba de pie.
Feliciano no le creyó ¿Cómo podrían ser suyas si esas imágenes eran casi del siglo XIX?... pero entonces algo lo aterró: él mismo aparecía en una de esas fotos, se veía de unos 16 años abrazando al muchacho que días antes había conocido y lo había corrido del hotel; ambos usaban trajes exageradamente elaborados, guantes, sombreros de plumas y en la mano un antifaz… tal vez era el festival de las mascaras de Venecia, pero la ciudad y la calle que lucía tras ellos se veía diferente…
Feliciano bajó la mirada encontrándose con la siguiente foto, está vez él de nuevo rodeado de muchas jovencitas, todas ellas envueltas en llamativos vestidos que solían usarse en los burdeles para bailar Can-Can, a su lado abrazando a una de las chicas, un hombre de cabello largo y escasa barba, a sus espaldas un enorme letrero que rezaba "Moulan Rouge".
Comenzando a asustarse aun mas, Feliciano cambió la página de manera brusca, ahora aparecía en el escenario de un gran teatro, recargado en un elegante piano de cola, frente al piano un hombre de anteojos que tocaba de manera solemne el instrumento. Otra foto, está vez Feliciano vestía de blanco y llevaba una pañoleta alrededor del cuello, estaba llorando mientras al parecer iba corriendo a un lado de otro chico que llevaba el mismo atuendo y este a su vez corría tomado de la mano al mismo muchacho que aparecía en la primera foto… Romano, había escuchado que ese era su nombre, los tres eran perseguidos por tres enormes toros mientras que mucha gente observaba desde los balcones de las casas vecinas.
Con sus manos temblorosas y asustadas Feliciano fue pasando las páginas del álbum con más velocidad, entre la desesperación y el miedo veía diferentes imágenes antiguas de él mismo en diferentes lugares y se atrevería a decir que épocas.
Aun asustado sacó las fotos del álbum casi con violencia, en el reverso de ellas escrito a mano estaban las fechas, lugares y personas, sus ojos iban de un lado a otro leyendo y mirando atónito dándose cuenta que sin lugar a dudas esa era su letra.
"Londres 1865. Romano, Inglaterra y yo" decía uno de los pedazos de papel y efectivamente en la foto de nuevo aparecía Feliciano, el tal Romano y alguien más de espesas cejas… los tres vestidos con elegantes trajes frac y sombreros de copa, atrás de ellos el Big Ben; el castaño sacó otra foto leyendo el reverso: "1885 Navidad en casa de Finlandia y Suecia" Otra vez aparecía él sentado en una gran mesa con dos personas, una de ellas parecía demasiado intimidante, la otra sonreía amable usando un gorro navideño.
Feliciano botó lejos la foto; sacaba una tras otra llenando el piso de viejas anécdotas. ¡Año nuevo 1900, siglo XX! Y esta vez había un montón de personas, todos con copas levantadas, las mismas que había visto en el edificio del hotel.
El castaño comenzaba a respirar con dificultad a medida que seguía viendo y leyendo… eso no podía ser cierto… "1914 La Gran Guerra" Era él una vez más, ataviado con un uniforme militar correspondiente a la fecha marcada, cargaba una bandera completamente blanca, otra vez el tal Romano aparecía a su lado con el seño fruncido pero cargando la bandera italiana, detrás de ellos había más hombres, todos soldados. Tomó otra foto, está vez decía "1940 Segunda Guerra Mundial. Alemania, Japón y yo" Feliciano dio un jadeo al ver a la persona que ahora mismo estaba a su lado también aparecía en la foto, los tres con uniformes militares llenos de vendajes y heridas pero aun así sonrientes. El italiano vio otra foto… aquella solo decía "Alemania" con su mano temblorosa le dio la vuelta y de nuevo estaba el hombre rubio usando el uniforme de gala alemán de la Segunda Guerra, con su cruz de hierro bien pulida, sus medallas resaltando en el pulcro uniforme, su espalda recta, el cabello bien peinado y la mirada tremendamente seria.
Aquella era la foto mas maltratada, estaba arrugada y con manchas que parecían haber sido gotas de agua… o lagrimas.
-¿qué significa esto?... no puede ser- se negaba a creerlo el italiano sintiendo como se le iba el aire de los pulmones y la cabeza le taladraba sin piedad; volteó a ver uno de los baúles y en un arranque de desesperación lo volcó ¡Quería respuestas! ¡Una razón lógica!
Las cosas cayeron desparramadas a sus pies. Los vestidos de sirvienta, el traje blanco que había visto en sus sueños, libros, crucifijos, cartas, pinturas.
Tomó una de las cartas que eran casi pergaminos escritas con una letra cursiva e infantil en un italiano muy antiguo todas dirigidas a un lugar en España. Negando con la cabeza Feliciano siguió escarbando entre las cosas y entre los cuadros encontró retratos de él, de unos ocho años con ese supuesto Romano.
Más y más retratos al oleo todos ellos con una mujer de cabello largo y castaño, un hombre de anteojos y lunar bajo el labio usando exagerados trajes de finales de la Edad Media y renacentistas y finalmente uno tan solo dibujado con carboncillo de él mismo vestido como sirvienta durmiendo en una silla.
Demasiado asustado y conmocionado para asimilar aquello intentó levantarse pero solo logró resbalar y caer sobre su trasero alejándose aun en el piso de todos esos objetos que le provocaban migraña, como si el solo tocarlos le fueran a lastimar.
-no no no no ¿Qué es eso? No puede ser- decía atemorizado negando efusivamente con la cabeza que seguía doliéndole sin piedad -¡Es imposible!- gritó por fin soltándose en llanto -¿¡Quién soy! ¡¿QUÉ SOY?- preguntó en un alarido producto de su frustración cubriéndose la cara con las manos
-¡Eres Italia Veneciano, una nación!- le dijo entonces Alemania agachándose, tomándolo por los hombros haciendo que su voz retumbara por toda la habitación.
-pero es ilógico ¡una persona no puede ser un país!- le contradijo el italiano sin detener sus lagrimas
-claro que si- y Alemania tomó una de las manos del otro –siente, recuerda- puso la mano de Feliciano sobre el propio pecho del castaño –Aquí estaba Venecia- pasó la mano del humano hacía su estomago –aquí estaba Bologna- subió la mano hasta los ojos almendrados de este –estos de aquí eran Génova- por ultimo puso la mano que temblaba en los labios del latino que soltaban susurros inentendibles –y estos… estos eran Verona…-
-pero… no…- Feliciano aun intentaba negarse pero la mayor parte de su razón parecía estarle gritando: "¡Tiene razón, créele!"
-mira, yo también- y sin soltar la mano de Feliciano la llevó hasta su mejilla pálida –aquí está Hesse- dijo dejando que el castaño acariciara su mejilla para después poner la mano del castaño en su boca –estos son Hamburgo- bajó la mano de Feliciano hasta su pecho, justo en su corazón y este es…- pero antes de decirlo el castaño abrió primero la boca
-Ber… lín- pronunció con la voz ronca sin estar seguro de lo que decía. Lo sabía, sabía que esa parte del cuerpo del rubio era un estado, que toda la anatomía del ojiazul era la representación de una nación. No lo creía ¡lo sabía!
Su cabeza se sentía como si fuera a explotar en cualquier momento, la sangre comenzaba a salir de su nariz por lo intenso del dolor pero no le importó porque una verdad se estaba revelando ante él. Poco a poco sus ojos fueron abriéndose desmesuradamente como si estuviera despertando de un largo sueño, abrió la boca intentando pronunciar algo, sus labios articulaban palabras pero su voz no las reproducía hasta que sus cuerdas vocales reaccionaron.
-A… ¡Alemania!- gritó entonces arrojándose a los brazos del rubio como si fuera la primera vez que lo veía después de varios años… aunque en realidad si era así.
-¡Alemania eres tú!- el germano trató de reaccionar -¡Perdóname! ¡Perdón por haberte olvidado!- se disculpaba Italia hecho un mar de lagrimas mientras se aferraba a la ropa del otro y lo jalaba hacía él queriendo rodearlo por completo con sus brazos.
-Italia- dijo el alemán en un suspiro respondiendo el abrazo escondiendo su rostro en el cuello de este.
Su Italia estaba de vuelta…
/
¿Y qué les pareció el capitulo? (Escondida detrás de una piedra)
