REENCUENTRO CON MI VIDA
Capitulo 7
Tras la sospechosa llamada de España, Romano se decidió a prepararse algo de comer; por alguna extraña razón tenía un mal presentimiento no solo porque era obvio que el español le estaba ocultando algo, como si no conociera al muy bastardo, sino que también tenía la sensación de que algo iba a suceder.
Sin darle más importancia a cosas irrelevantes siguió con su tarea en la cocina. Después de cómo una hora de meticulosa preparación de la salsa para su pasta la nación se estiró quitándose la pereza de encima fue entonces que sintió un mareo tan fuerte y repentino que casi cae al piso si no logra detenerse antes de la mesa, un sudor frío le recorrió la espalda y el airé le faltó por unos segundos.
¿Qué diablos había sido eso? Se preguntó sentándose en el piso pues sus piernas le temblaban como si no tuviera huesos en ellas, sus manos estaban heladas y aun le costaba un poco respirar así que decidió quedarse un poco más en el piso sintiendo su corazón latir más rápido de lo normal, el castaño respiró profundo intentando normalizarse…
-No debí levantarme hoy- dijo frunciendo el seño adjudicando el extraño sentimiento a todo el estrés que se había ganado durante el fin de semana.
Aun sentado en el azulejo del suelo cerró los ojos recargando su cabeza y espalda en la pared dándose cuenta de que a pesar de sus temblores involuntarios y el repentino frío en su cuerpo… se sentía tremendamente ligero…
Mientras tanto en Venecia, Italia aun lloraba como si sus lágrimas no tuvieran fin a la vez que Alemania le acariciaba la espalda tratando de reconfortarlo pues el italiano ya llevaba más de media hora llorando
-perdón- se disculpaba por milésima vez Italia escondiendo su cara en el ahora empapado hombro de Alemania que a pesar del molesto lloriqueo estaba tan feliz que no le importaba en absoluto convertirse en un pañuelo humano.
-perdón ve~- se volvió a disculpar el castaño por fin encarando al germano pero sin soltarlo el cual tan solo le limpio las lagrimas con las mangas de su chaqueta.
-no te preocupes- le dijo Alemania en voz queda terminando de limpiarle la cara al otro para después tomar su rostro entre sus manos –lo importante es que pudiste recordar- Italia sonrió levemente también poniendo sus manos sobre las de Alemania y asintiendo con la cabeza
-te extrañé mucho- dijo Italia aun con su voz ligeramente cortada sacándole una expresión dudosa al rubio
-¿Cómo si no tenías recuerdos de mi?- preguntó el ojiazul
-je je je je lo sé… pero siempre soñaba contigo, aunque antes no podía ver tu cara yo sabía que te extrañaba- explicó Italia sonriendo de nuevo haciendo sonrojar al alemán que tragó saliva de manera sonora
-Ah… Italia… yo… hay algo que quiero decirte- comenzó a decir Alemania ¡Aquella era su oportunidad para confesarle sus sentimientos al castaño!
-¡Espera!- le dijo Italia interrumpiéndolo de pronto a lo que Alemania lo miró algo asustado por el tono de voz alterado del italiano
-¿qué pasa?- preguntó esperando que fuera algo realmente importante
-¡Mi hermanito! Romano tiene que saber que recuperé mis recuerdos- dijo levantándose del piso jalando de la mano al germano para que este también se parara
-espera, no creo que sea una buena idea decirle a Romano aun- recomendó Alemania dejándose llevar por el italiano
-claro que si, debe estar muy preocupado- decía Italia sin soltar la mano de Alemania dirigiéndolo fuera de la habitación
-yo no diría eso- comentó el rubio sabiendo que el sureño había estado de todo tipo de ánimos excepto "preocupado"… tal vez "enojado" "furioso" y "resentido" eran las mejores palabras para describir a Romano durante aquellos diez años.
-claro que si, Romano siempre ha visto por mi desde que éramos niños y aunque vivimos separados muchos años todo el tiempo estaba al pendiente de lo que pasaba conmigo… mi hermano es una persona muy amable ve~- explicó Italia con una sonrisa soñadora
-aun así… no creo que sea una buena idea- murmuró Alemania recordando todas las veces que Romano había negado a Veneciano como su propio hermano; después de todo, lo que Italia le había hecho al mayor no era algo que se solucionara con una sonrisita y un "lo siento"
Los dos amigos caminaron por el viejo y descuidado pasillo cuando de pronto el teléfono celular de Alemania comenzó a sonar
-¿Quién es?- preguntó Italia al ver que Alemania parecía algo renuente a contestar
-ah… es Japón- dijo viendo la pantalla luminosa que indicaba quien le estaba llamando fue entonces que Italia le arrebató el móvil contestando
-¡Japón hola!- saludó Italia eufórico.
Al mismo tiempo en un restaurante Japón parpadeaba algo incrédulo
-¿Quién habla?- preguntó el oriental al escuchar la voz al otro lado de la línea ¿Acaso sus oídos lo estaban engañando o esa persona era…?
-¡soy yo, Italia ve~!- contestó el castaño tan feliz que apenas podía contener su emoción
-¡¿Italia-kun?- preguntó el asiático captando así la atención de todos los demás que estaban en el lugar –pero ¿Cómo?- cuestionaba un incrédulo Japón
-¡Acabo de recordar todo!- contestó Italia mientras que la voz de Alemania se escuchaba pidiéndole que le devolviera el teléfono.
-¿Es… es en serio?- preguntó Japón tomando asiento en una silla cercana a lo que las demás naciones se acercaron algo curiosas
-por supuesto que si ¡perdóname por haberte olvidado todo este tiempo Japón!- se disculpó Italia a lo que el moreno tomó con sus dos manos el teléfono sonriendo levemente y soltando un suspiro que más bien pareció una discreta risa
-no te preocupes por eso Italia-kun… estoy feliz de que hayas regresado- dijo Japón
-¡¿Qué ósea, como que estás hablando con Italia? ¡Dame eso!- y Polonia que estaba cerca le arrebató el teléfono al oriental
-Ósea Italia ¿súper en serio eres tú? Como que me lo juras por tu vida porque me va a dar un infarto como que totalmente horrible en este momento- decía Polonia paseándose con el celular de Japón mientras que todos los demás iban tras el rubio tratando de escuchar la conversación
-je je je je claro que soy yo- dijo Italia reconociendo la peculiar forma de hablar de su viejo amigo que soltó un gritito de niña por la emoción
-¡qué felicidad, como que te extrañaba así como que a horrores! Siempre estuve insistiéndoles a todos de que lo mejor era que recuperaras tus recuerdos- decía con voz melosa el polaco
-¡no es cierto! Hasta le dijiste a Alemania que lo dejara en paz- le reclamó Lituania que había escuchado eso último
-Osea Lit, no me hagas quedar mal ¿Si?- reclamó el ojiverde molesto y en su descuido Francia le quitó el teléfono
-Italiaaaaaaaaaaa- gritó dramáticamente el francés con las lagrimas resbalándole por las mejillas –Italia pequeño tonto ¡al fin regresaste! ¡Tú hermanito te extrañó mucho!- gritaba Francia armando todo un teatro en medio del restaurante a lo que España lo empujó quitándole también el teléfono
-Ita-chaaaaaan ¿Dónde estás? Queremos verte ahora mismo- decía España también con las lagrimas escurriéndole sin control
-Mi teléfono…- dijo Japón tratando de acercarse al par de europeos mientras que veía como las otras naciones se amontonaban, todos turnándose el teléfono para hablar hasta que Suecia tuvo la grandiosa idea de poner el altavoz.
-yo también los extrañé a todos, estoy muy feliz de poder hablar con ustedes otra vez- escucharon que el castaño les decía a todos que sonrieron por las tiernas palabras –por cierto ¿Inglaterra está por ahí?- preguntó a lo que los países giraron la cabeza hacía una de las esquinas del restaurante para ver que el mencionado tan solo tomaba su taza de té tranquilamente ajeno a todo aquel alboroto
-si, aquí está- contestó Estados Unidos viendo al ingles
-díganle por favor… que muchas gracias por todo…- todos guardaron silencio mirando con sospecha al ingles que comenzaba a toser atragantándose con la infusión y su cara pintándose de un brillante rojo al escuchar las palabras de Italia
-¡no se dé que está hablando ese idiota!- se defendió el rubio ante las miradas acusadoras de los otros países.
-¿Por qué le das las gracias a ese idiota?- preguntó Francia mirando con recelo al británico
-eh… por nada en especial… ah, es cierto… ¿Alguno de ustedes sabe si mi hermano aun está en Venecia?- dijo el castaño fue entonces que todos los presentes se quedaron callados formando una muy incómoda atmosfera
-¿Aun están ahí?- insistió Italia al no escuchar nada
-si… aquí estamos- dijo España en un tono ya no tan animado
-je je je je pensé que la llamada se había cortado, entonces… ¿Dónde está mi hermano?- cuestionó de nuevo y de pronto ya nadie quería contestar
-pues… Romano está en su casa- contestó el español
-¿Eh? Pero si ahora mismo estoy en nuestra casa, aunque parece que estuvo abandonada todo este tiempo- dijo Italia al mismo tiempo que todas las demás naciones iban alejándose poco a poco del teléfono como si no quisieran involucrarse en la conversación.
-je je je es que eso se debe a que Romano ya no vive ahí, se mudó a su casa de campo en Nápoles- explicó el español viendo que hasta Francia se alejaba de él con pasos disimulados mientras silbaba una canción
-oh… ya veo… bueno…- respondió un desilusionado italiano
-no me digas que quieres ir a verlo…- preguntó España temiendo la respuesta
-¡sí! Voy ahora mismo para Nápoles- contestó Italia y se alcanzó a escuchar también una exclamación de sorpresa por parte de Alemania que no se esperaba ese plan.
-Creo que no es una buena idea- opinó el castaño
-¿Porqué también tú dices eso? Alemania tampoco quiere que vaya- dijo algo decaído Italia
-es porque conozco a Romano y no creo que vaya a tomar muy bien la noticia-
-mmmmm… no creo que el hermanito España de verdad conozca tan bien a mi hermano como dice- murmuró Italia
-¿Qué dijiste?- le preguntó el hispano que no alcanzó a escuchar bien la última frase.
-nada, bueno, tenemos que irnos. Ustedes no se vayan aun de Venecia ¡Quiero verlos a todos! Ciao- y cortó la comunicación.
Italia sonrió devolviéndole el teléfono al germano con una gran sonrisa
-entonces… creo que eso de ir a ver a Romano es en serio- adivinó Alemania a lo que Italia dio un saltito alegre dándole la razón al ojiazul. Ya no podía esperar más por darle la noticia a su gemelo, casi le parecía divertido imaginar la cara que este pondría.
-vamos, no podemos perder más tiempo tenemos que tomar el primer vuelo que encontremos a Nápoles ve~- le decía Italia tomando una vez mas de la mano a Alemania apresurándolo para salir de la vieja casa saliendo de nuevo a las calles.
Para cuando Alemania se dio cuenta ambos ya estaban abordando un avión, era increíble la facilidad que tenía Italia para tomar decisiones y ponerlas en práctica sin pensar antes en las consecuencias pero el italiano se veía tan feliz y emocionado que Alemania no se atrevió a detenerlo… le gustaba demasiado ver esa sonrisa en su cara como para arrebatársela.
Tras unas cuantas horas de viaje las cuales sirvieron para que tanto Alemania e Italia se pusieran al corriente de lo que habían hecho de sus vidas, el avión aterrizó. La ciudad ya estaba a obscuras y las estrellas comenzaban a asomarse por entre el cielo que se tornaba de un color rosado hasta irse destiñendo de un profundo azul obscuro; Italia respiró profundo, aun se acordaba que Romano lo había corrido del hotel cuando él todavía no recordaba nada y no negaría que el mayor parecía estar algo enojado pero aquello era completamente normal, de todos modos Italia estaba seguro que tras hacerle saber a su hermano que ya era el mismo de antes este lo recibiría con los brazos bien abiertos… sin embargo no podía deshacerse de esos nervios que lo estaban traicionando a último momento.
-Italia ¿Estás bien?- preguntó Alemania viendo como el castaño no se mantenía en paz, movía sus manos sus piernas, mordía su labio, jugaba con su cabello pensando en que le diría a su hermano
-s… s… si- respondió el castaño caminando con sus músculos tan tensos que casi parecía una cómica imitación de un robot
-no tenemos que hacer esto, podemos esperar o que alguien más le dé la noticia- propuso Alemania
-¡No! Yo tengo que decírselo… además ya estamos aquí y tengo muchas ganas de ver a mi hermanito- dijo alegre Italia tratando de olvidar sus nervios y siguiendo con su camino… o mejor dicho a su segundo reencuentro.
Sin embargo había alguien que no estaba del mismo humor. Romano se paseaba de un lado a otro de su casa sin poder quitarse esa ansiedad que le estaba devorando los órganos y la paciencia. Desde el amanecer estaba sintiendo aquel mal presentimiento el cual se intensificó por su mareo de la tarde; el castaño casi podía sentir que le iba a salir salpullido si seguía con esos nervios inexplicables.
Por fin arto de no encontrar en que distraerse decidió quedarse en el sillón esperando que la bendita televisión tuviera algo bueno para mantener su mente concentrada en algo; una hora después sus parpados se cerraban lentamente, pero antes de caer dormido alguien llamó al timbre de su casa, con una maldición y un bostezo arrastró los pies hasta la puerta… fue en ese momento cuando su corazón se detuvo por una milésima de segundo.
-indietro, fratello (regresé, hermano)- anunció Italia con la sonrisa más dulce que su rostro inocente podía poner.
Los ojos de Romano no podían abrirse más porque sus parpados ya no se lo permitían, todos los músculos de su cuerpo se tensaron y su pecho se hinchó tanto como pudo pues intentaba tomar de nuevo el aire que había perdido. Italia mientras tanto veía la expresión estupefacta de Romano, tal vez este lo abrazaría después de salir de su shock o quizá lo insultaría mientras le sonreía… después de todo Italia sabía bien que su hermano era una de las personas más cálidas que conocía a pesar de que nadie lo creyera… lástima que todos esos buenos pensamientos se fueron al carajo cuando el puño de Romano dio de lleno en la boca de Veneciano tan fuerte que le partió el labio al menor provocándole un sangrado instantáneo al mismo tiempo que este caía al piso por la fuerza del golpe.
Italia apenas iba a quejarse cuando Romano se le aventó encima golpeándolo con más fuerza y con los dos puños al mismo tiempo.
-Auch, hermano… espera…- pedía Italia llorando y poniéndose los brazos frente a su cara tratando de protegerse de los puños de Romano que golpeaban cualquier lugar del cuerpo del otro castaño, ya fuera su cara o su cuerpo, la lluvia de golpes no se detenía, amoratando el cuerpo de Italia, dejando marcas por todos lados y hasta sacando sangre ya fuera de la piel de Veneciano o los propios nudillos de Romano.
-¿Qué te pasa? Detente- suplicaba Italia sintiendo golpes en sus costillas y mandíbula junto con un río de sangre que salía de su nariz y boca. El mayor no contestaba solo seguía golpeando, soltando gruñidos, poniendo más fuerza en su desenfrenado ataque.
-¡Te digo que te detengas, me duele!- gritó Veneciano logrando agarrar las muñecas de Romano
-¡A MI TAMBIÉN ME DUELE!- gritó en respuesta el mayor que daba respiraciones entrecortadas y miraba iracundo a Veneciano que le regresaba la mirada asustado aun sin soltar sus manos
-herma…-
-¿A qué viniste… "Feliciano"?- preguntó Romano pronunciando aquel nombre humano con desprecio, como si quisiera escupirlo fuera de su sistema.
-yo… acabo de recuperar mis recuerdos…- contestó temeroso el menor viendo como una sonrisa socarrona se formaba en los labios del mayor que no se molestó en liberarse del agarre de su mellizo
-Wow, el perfecto final para tu perfecta tragedia, no creí que te gustara tanto ser el protagonista de todo. –comentó Romano de manera sarcástica -ya puedo imaginarme las caras de todos cuando te vean llegar después de diez años… aunque conociéndote seguro ya les fuiste con el chisme y preguntaste por mí diciendo alguna estupidez como "Tengo que hacerle saber a mi hermanito"- dijo imitando el meloso tono de voz de su gemelo el cual desvió la mirada apenado haciendo que Romano soltara una carcajada llena de desprecio
-eres tan transparente; de todos modos ¡Felicidades! Lograste ser el centro de atención durante una década entera justo como tú lo querías- le decía aun sonriéndole de esa manera extraña y fría
-no digas eso… yo no quería que esto sucediera…- murmuró Italia aflojando el agarre pero sin soltar del todo al otro que volvió a reír con la misma carcajada estridente
-Casi me lo creo "Feli", parece que has practicado tu entrada triunfal durante este tiempo- se burló el mayor haciendo que su hermano frunciera el seño
-¡no es cierto!- le gritó Veneciano levantándose y obligando ahora a su hermano a caer en el piso y poniéndose sobre él, el otro lo miró desafiante –yo no quería que las cosas se dieran así ¡pero no tenía opción!- se justificó Italia
-¡si tenías opción!- le contradijo Romano tratando de mantener su cara enfadada pero de vez en cuando sus cejas temblaban curveándose en una expresión de profunda tristeza
-claro que no… yo solo… quería hacer lo correcto y que nadie quedara involucrado, sobre todo tú- explicó Italia notando que Romano volvía a reír.
-en serio eres un imbécil ¿Verdad Feliciano? Nunca te pusiste a pensar en las consecuencias de tus estupideces porque solo has logrado hacer mi vida miserable estos diez años ¡¿Acaso tienes una maldita idea de lo que todos decían a mis espaldas? Ellos me miraban y murmuraban diciendo que yo te había obligado a renunciar, claro, si el tonto Italia del Sur siempre ha tenido envidia de Italia del Norte, es más que obvio que fue él quien le obligó a dejar de ser una nación, desde que son niños lo ha odiado- soltó otra risa pero las lagrimas comenzaban a salir mientras reía –JA JA JA JA JA… pero el único que me odió todo este tiempo fuiste tú- le dijo tratando de mantener sus sonrisa a pesar de que sus lagrimas escurrían por las esquinas de sus ojos
-¡Yo no te odio!- trató de contradecir Italia
-¡Si me odias! si no fuera así no me hubieras abandonado, a pesar de que te dije que no lo hicieras me dejaste- le recordó Romano liberando por fin sus manos golpeando está vez con sus puños el piso que tenía manchas de sangre gracias a los golpes antes propinados.
-No quería abandonarte, ni quería causarte problemas- se justificó Italia poniendo ambas manos a cada lado de la cabeza de su hermano también comenzando a llorar dejando que sus lagrimas se mezclaran con la sangre de sus heridas recientes –Eres mi hermano… yo solo quiero lo mejor para ti- le explicó con su llanto aumentando
-¡¿Y que sabes tú acerca de lo que es mejor para mí! ¿Acaso me lo preguntaste? ¡No! ¿Me pediste ayuda? ¡Tampoco lo hiciste! Por Dios Veneciano, pudimos haber encontrado una solución entre los dos- le reclamó el sureño a lo que Italia no supo que decir solo vio como su hermano poco a poco se levantaba quedando sentado en el piso y él aun sobre el mayor
-Siempre eres así, hablando y hablando todo el tiempo y cuando de verdad necesitas abrir tu estúpida bocota te quedas callado queriéndote llevar todo el peso encima- dijo Romano tomando repentinamente por los hombros a Veneciano que se cubrió con sus brazos pensando que este lo volvería a golpear, incluso cerró los ojos esperando los golpes, al no recibir nada abrió lentamente uno de sus ojos notando que Romano ya no sonreía ni parecía enojado solo lo miraba con un dejo de tristeza
-¿O acaso fui tan mal hermano? ¿De verdad era tan difícil confiar en mí?- le preguntó asustado por la respuesta, ya ni siquiera se molestaba en ocultar el temblor de su voz o que las lagrimas escurrieran sin control por sus mejillas –todos dicen que no se puede estar conmigo… hasta el bastardo España a veces ni siquiera me soporta… pero yo pensaba- el sureño agachó su cabeza aun tomando a Veneciano por los hombros –yo creía que tú eras diferente ¿Por eso te quisiste convertir en humano? ¿Por qué ya no aguantabas vivir conmigo?- le preguntaba tan asustado que Italia sentía el temblor involuntario de las manos de su hermano sobre su cuerpo así que sin resistir mas se le aventó al mayor volviendo a tirarlo pero esta vez lo abrazaba con fuerza
-¡Perdóname hermanito! Yo no quería ser un humano, yo quería vivir por siempre contigo y los demás ¡Perdón!- lloraba y gritaba Italia aferrándose al cuello de Romano mascullando disculpas entre sollozos
-¿Qué haces idiota? ¡No llores, el que se siente mal soy yo!- le gritó en respuesta Romano también llorando y respondiendo el abrazo aun en el piso
-perdón- se volvió a disculpar Italia
-no te voy a perdonar, hermano tonto- le advirtió Romano abrazando tan fuerte a Italia que escuchó un leve quejido por parte del menor pero no le importó solo seguía rodeándolo con sus brazos, como tanto deseó hacerlo durante esos diez años…
Mientras tanto Alemania estaba un poco más lejos de la casa de Romano esperando a Italia pues este había insistido en que quería hablar a solas con su mellizo. Mirando las estrellas recargado en una pared el ojiazul pensaba que tal vez el reto más grande que les esperaba no era comunicarle la noticia a Romano… sino esperar el veredicto de los superiores de Italia… ¿Qué futuro le esperaba a Veneciano ahora que había recordado quien era?
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¿Verdad que Romanito es un amor?
