Cap 5
NOCHE DE RECUERDOS Y DE DESEOS.
Harry Potter regreso a su casa. Y para su satisfacción, Miqueas el elfo domestico había cumplido sus ordenes a cabalidad.
-La señorita Hera dejo esto para usted, señor...dijo el elfo mientras le entregaba a su señor una pequeña carta...Miqueas se pregunta si desea cenar, señor.
-No Miqueas, ahora no...dijo Harry Potter mientras entraba a una habitación cuyas paredes estaban cubiertas por estantes, donde miles de libros descansaban y estaba decoraba con pinturas al óleo y finas estatuas.
Sobre una pequeña chimenea habían dos
pinturas, de un mago y de una bruja: Eran los padres de Harry
Potter.
Lanzo a las llamas que ardían silenciosas, la carta
arrugada y sin leer de Hera.
Cerro sus ojos al tiempo que posaba
sus manos sobre los lienzos, que le recordaban el rostro de su madre
y de su padre.
Una lagrima rodó por su mejilla. Suspiro
profundamente. Dentro de dos días, se cumplirían diez
años...diez años de aquel día.
Y sin querer
evitarlo, comenzó a recordar.
Aquel día aún
tenia diez y seis años. Pronto iba a cumplir la mayoría
de edad.
Ese día llegaba a la estación 9 y ¾,
procedente de terminar su sexto curso en el colegio Hogwarst de magia
y hechicería.
Ese día iba en el carro, al lado de
aquel desconocido que había usurpado la identidad de su tío
Vernon. Miro la manija de la puerta, pasando por su mente la
posibilidad de abrirla y salir así del carro.
-Eso no dará resultado Harry, porque las puertas están selladas...dijo el hombre con una sonrisa triunfante en sus labios.
Harry pudo ver su dentadura. Era blanca y reluciente.
De repente sus facciones comenzaban a cambiar. La poción
multijugos dejaba de tener efecto en aquel hombre.
La contextura
robusta de su tío Vernon, daba paso a una silueta esbelta, la
ropas muggles se convertían en una fina y colorida túnica
de mago. La cabellera negra y poblada se había convertido en
una de finos cabellos rubios graciosamente acomodados sobre los
hombros de aquel hombre que ya no resultaba ser un desconocido. Y sus
ojos, sus ojos eran azules.
-Profesor Gilderoy...Gilderoy Lockhart?...pregunto Harry tratando de recuperar la calma.
-Si Harry, soy yo. He regresado...dijo Lockhart con su fastuosa sonrisa...y creo que daremos un paseo.
Harry volvió a sentir el mismo presentimiento, que desde hacia varios días lo inquietaba.
-Pero yo no quiero dar ningún paseo, profesor Lockhart...dijo Harry sin poder disimular su angustia...yo solo quiero ir a casa de mis tíos.
-No Harry, me temo que no. Nunca más volverás a ver a tus tíos...y quizás...quizás más nunca vuelvas al sitio de donde has partido...dijo Lockhart mientras se salían de la carretera y se adentraban por un camino de tierra.
Harry trataba de que la desesperación no se apoderara de el. Miraba de reojo a Lockhart, tratando de pensar que podía hacer. Y algunas veces veía a su lechuza blanca. El sabia que si ella lograba escapar iría a buscar ayuda.
Cruzaron un puente
angosto de hierro, y al llegar al otro lado, el paisaje había
cambiado drásticamente. Harry miro hacia atrás, por la
ventanilla trasera del auto y ya no había camino, no había
puente, no había rastros de nada.
De repente, todo empezó
a dar vueltas y vueltas, cerro los ojos al sentir muchas nauseas.
Y
así como todo había comenzado, así había
terminado.
Sintió un bamboleo, por lo que se vio obligado a
abrir los ojos.
El carro se había detenido frente a un
pantano.
Sin estar completamente conciente de todo lo que estaba
pasandole, fue sacado bruscamente del auto y llevado a rastras por
dos hombres que Harry no reconoció.
Gilderoy Lockhart
caminaba detrás de él.
De pronto se vio dentro
de una rustica y agreste cabaña, los hombres lo soltaron
dentro de una habitación oscura y fría, y cerraron la
puerta, dejando a Harry sumido en la oscuridad y con un enorme
desasociego.
Allí en esa lúgubre habitación,
Harry Potter cumpliría su mayoría de edad, y pasaría
dos años de su vida, comiendo poco, durmiendo menos y saliendo
solamente por pocos periodos de tiempo.
Solo para tratar de
doblegar su espíritu y su alma al servicio de su enemigo Lord
Voldemort.
Y en vano espero, espero y espero a que sus amigos
vinieran a buscarlo.
Pero pronto se dio cuenta que Lord Voldemort
tenia razón, ellos jamás vendrían.
Y
desde ese momento descubrió que él, solo él
podía salvarse a si mismo.
Así que puso en practica
lo aprendido y dejo que su captor creyera que lo había
vencido. Que por fin había doblegado a Harry Potter.
Por eso se dejo entrenar en artes oscuras, y trataron en vano de borrar su memoria, pero los recuerdos gravados en Harry Potter eran imborrables y los nuevos sentimientos que nacieron en su corazón durante esos dos años, fueron su escudo protector.
Lord Voldemort comprendería más tarde, que con toda la magia negra que había usado para vencer a su enemigo, lo que había logrado era que Harry Potter, se convirtiera en un mago mucho más fuerte y poderoso.
Unos ruidos hicieron a Harry Potter
volver a su presente, a su realidad, a su triste realidad.
Harry
Potter miro a su alrededor, pero descubrió que esos ruidos,
eran solo relámpagos que anunciaban tempestad. Y es que afuera
de su lujosa mansión caía una lluvia torrencial.
Se
levanto del sillón que ocupaba. Se sobresalto al ver una
sombra. Pero era el elfo domestico.
-Señor, disculpe a Miqueas, señor...no fue mi intención asustarlo señor...dijo el elfo al ver la expresión en el rostro de su señor Harry Potter.
Harry Potter no respondió, estaba muy cansado, como para lidiar con un elfo domestico. Tomo en su mano una pequeña botella y le quito la tapa.
-Señor, usted no debería...Harry Potter no debería tomar eso... dijo el elfo estrujándose nerviosamente las orejas de murciélago.
-Es solo una poción para dormir sin soñar...dijo Harry Potter sin prestar atención a la actitud del elfo.
-Harry Potter no debe tomar lo que ese hombre le ha traído, señor...Miqueas sabe que ese hombre no es de fiar...dijo el elfo con más angustia.
-Bueno, si es un veneno...dijo Harry Potter sonriendo mientras miraba el contenido de la botella...será mejor...así dormiré para siempre.
Y de un solo trajo se tomo la poción, ante los ojos desorbitados del elfo domestico.
Ginny
Weasley estaba contemplando el cielo nocturno, desde el pequeño
balcón, ubicado en el piso superior de la casa de su hermano
Ron.
La luna estaba en la fase cuarto menguante, y estaba rodeada
de muy pocas estrellas, algo raro en esa época del año.
El verano hacia varias semanas que había comenzado.
"¿Harry
donde estas?...será verdad...será que no quieres que te
encontremos", pensó Ginny con profunda tristeza, al recordar
las palabras de Dumbledore y de Lupin.
Y le costaba reconocer, que
esa idea parecía lógica. Porque durante tantos años,
en que se había invertido tanto esfuerzo, por parte de
muchísimas personas en encontrar a Harry Potter, no era
posible que diez años después de su desaparición
de la estación 9 y ¾, no había ningún
vestigio de su existencia.
Y cada día que había pasado durante esos diez años, ella no lograba conciliar el sueño, sin antes pensar en él, sin recordar sus besos y sus caricias. Sin imaginárselo convertido en un hombre, sin soñar con dormir entre sus brazos.
Un reloj dejaba sonar sus campanas. Era más de media noche. Ginny se acurruco entre las sabanas, y apretó la almohada contra su pecho, ahogando en ella sus lagrimas y un grito desesperado, por ver como había pasado otro día sin saber nada de Harry Potter.
Harry Potter se despertó sobresaltado. Un
grito lo había despertado. Su corazón latía
rápidamente. Pestañeo, tratando de recordar algo, pero
su mente estaba vacía. No había en ella ningún
sueño.
Pero el sabia que había escuchado un grito.
Podía jurar que había escuchado el grito desesperado de
una mujer.
De repente sintió un inmenso deseo. Lo
medito por unos minutos, mientras estaba tendido en su cama entre
sabanas de satén.
Había una forma de cumplir su
deseo, pero no estaba permitida.
Pero el quería y podía
hacerlo.
Y el era Harry Potter. Y para él nada estaba
prohibido.
Se dirigió a la biblioteca. Saco de un pequeño
cajón, ubicado en uno de los estantes principales, una esfera
de cristal. La coloco sobre el escritorio.
Pronuncio unas palabras
casi inaudibles y al tocar la esfera con su varita, su trasparencia
se transformo en un color verde con tonalidades azules. Y poco a poco
se fue formando a su alrededor un halo de luz rojiza.
Y pudo ver a
través de esa luz, como se proyectaba una habitación.
Traspaso
el halo de luz.
Era una habitación pequeña,
sencilla pero decorada con buen gusto. Había poca luz, solo
ardía una lámpara, sobre una mesita. Encima había
una ventana, por donde entraba una brisa calurosa que alborotaba unas
cortinas, que tapaban solo la mitad de la ventana. Más allá
una cama, en donde reposaba una persona.
Sigilosamente se acerco.
Era una mujer joven. Cubría su desnudes con un camisón
de dormir, que dejaba al descubierto gran parte de su blanca piel.
Una cortina de rojo cabello caía parcialmente sobre su rostro.
Sus labios estaban entreabiertos. Su respiración era
tranquila.
Harry Potter no pudo resistirse. Poso con mucha
suavidad su mano sobre aquella piel femenina, sintiendo su calidez y
su suave tersura.
Sin poder evitarlo comenzó a deslizar su
mano, recorriendo la piel descubierta y sin querer evitarlo,
introdujo su mano por debajo del camisón.
Se detuvo al
darse cuenta de que era observado por unos hermosos ojos
castaños.
Ginny pestañeo y aquellos ojos verdes
desaparecieron.
Se incorporo rápidamente y se sentó
en la orilla de la cama. Recorrió con la mirada la
habitación.
Estaba casi segura. Había visto a Harry
Potter. Harry Potter había estado allí.
Su corazón
latía rápidamente y aún podía sentir
sobre su piel, la sensación de haber sido acariciada. En su
pierna...en su espalda...en sus senos.
O... todo había sido
tan solo un sueño?.
Harry Potter caminaba de un lado para otro, en su lujosa biblioteca. Su corazón y su respiración no lograban calmarse, porque aún las llamas del deseo estaban consumiendo su razón.
