Cap 6
ENTRE AMIGOS
El joven Mark Evans, estaba esperando a su jefe, el avión salía en poco menos de dos horas y si querían llegar a tiempo al aeropuerto, seria mejor que partieran.
-Señor Potter, creo que ya demos partir, el avión sale dentro de dos horas...dijo Mark, cuando Harry Potter, entro en la lujosa oficina...y usted sabe como es el trafico.
Harry Potter lo miro fijamente. Mark Evans se sintió como si su Jefe le estuviera leyendo la mente
-Cuantos boletos compraste?...pregunto Harry Potter fríamente.
-Dos señor...dijo Mark algo sorprendido por aquella pregunta.
-Y tu madre no esta en la ciudad?...pregunto Harry Potter sin cambiar su tono de voz.
-Si señor...dijo Mark aún más sorprendido de que su jefe supiera eso, cuando su madre solo hacia un par de horas que había llegado.
-Y piensas dejarla aquí sola?...Nos vemos en Atenas...dijo Harry Potter sin inmutarse ante la cara del joven Evans...la reunión es a las 21 horas del sábado...estaré en el lobby del hotel, esperándote.
A Harry Potter le gustaba mucho aquella ciudad. Caminar bajo aquel radiante sol, en lugares tan ricos en historia y misterio, como el Partenón, la Acrópolis, hacían que su espíritu se llenara de la energía de los antiguos magos griegos. Visito las ruinas del templo de Apolo, el dios profético por excelencia.
El sábado se despertó temprano, y mientras se duchaba. Recordó que día era.
Un grupo de jóvenes magos y brujas, estaban reunidos en un bar, poco ortodoxo, con un nombre muy singular : El Caldero Chorreante.
Se habían sentado en una mesa apartada, del bullicio de la barra, donde un cantinero desdentado, servia diferentes bebidas.
Cualquiera que reparara en ese grupo, pensaría que era una reunión de ex alumnos del colegio Hogwarts de magia y hechicería. Pero no estaban allí por eso. Estaban reunidos, para recordar y conmemorar un año más, de aquel episodio que había ocurrido hacia ya diez años.
Habían pedido cerveza de mantequilla, menos Hermione que pidió jugo de uva. A su esposo le extraño, pero no le doy mucha importancia.
-No puedo creerlo, diez años...diez años sin saber nada de nada...dijo Seamus, quien ahora era asesor financiero del Ministerio de Magia.
-Es increíble, parece como si la tierra se lo hubiera tragado...dijo Dean quien trabajaba en el Ministerio de Magia francés.
-Eso mismo dijo Dumbledore en la última reunión...dijo Ron quien era el asesor legal del Ministerio de Magia.
-También Dumbledore, piensa que Harry tal vez no quiere ser encontrado...dijo Hermione quien trabajaba en el departamento de Cooperación mágica internacional.
-Que, esta loco. Yo no me lo creo. Y en que se basa en el para decir eso...dijo Pavarti quien trabajaba como reportera del diario El Profeta.
La conversación continuo. Solo había alguien que permanecía en silencio.
Ginny Weasley, escuchaba las opiniones de cada uno de los presentes. Sin embargo no podía apartar de su mente una idea, que la acompañaba desde hacia dos días.
Harry Potter había estado en su habitación, aquella noche. Ya no tenia dudas. No había sido un sueño.
Aún no lograba entender, porque se había ido, porque se había marchado tan pronto, sin hablarle, sin explicarle, dejándola con un sentimiento amargo en su alma.
Pero porque no había intentado hacer contacto con ella, durante todos esos años.
O tal vez todas esas veces que había soñado con el, no habían sido solo sueños.
No creyó conveniente contarle nada a nadie, ni a su hermano ni a su cuñada, hasta que lograra encontrar la manera de hacer contacto con Harry Potter, para que evitar una nueva desilusión.
La reunión había sido todo un éxito. Los empresarios muggles, no habían dudado en confiar en aquel joven empresario. Aunque quizás ayudaron algunos toques mágicos.
Mark Evans estaba muy contento con el acuerdo alcanzado.
-Señor Potter esto hay que celebrarlo...dijo Mark de forma eufórica.
-Nos vemos el martes en la oficina...dijo Harry Potter con su habitual tono frío...espero que tu madre disfrute de su estancia aquí.
Se marcho por la calle muggle, luego de haber abandonado el restaurante, donde se había llevado a cabo la reunión.
Caminaba lentamente, observando a todos esos muggles que iban y venían.
Cruzo en una callejuela. Habían pequeñas casitas a ambos lados, con flores multicolores adornando los balcones.
Llego ante una puerta de madera, algo desgastada, y que si no fuera porque ya otras veces la había aporreado con sus nudillos, hubiese pasado desapercibida.
Un hombre alto, algo robusto de pelo y barba entrecana, apoyado en un bastón, vestido con un túnica amarilla, apareció en el umbral.
-Harry Potter, querido muchacho, pasa, pasa, bienvenido a mi casa...dijo con tono efusivo mientras tomaba al joven mago por un brazo y lo empujaba hacia adentro.
Todo estaba decorado, con motivos del mar. Una imagen del Dios Poseidón reinaba en el centro de la sala. Y los muebles asemejaban pequeñas embarcaciones antiguas. Las cortinas que cubrían las ventanas, eran redes, algo que usaban los muggles para atrapar pescados.
Harry Potter había conocido a aquel mago de unos sesenta años, hacia ocho años cuando Lockhart lo había ayudado a escapar. Y él le había dado refugio, sin preguntas, ni prejuicios.
Su nombre Baco Termopolis, era un hombre desenfadado, quien cultivaba la vid, amante de la danza, de la tragedia y de las fiestas. Y ayudo a Harry Potter ha liberarse del odio que Voldemort había sembrado en su corazón. Le había hecho recordar y entender donde estaba su lealtad.
-Mujer, mujer...aquí esta Harry, comida, prepara comida mujer...gritaba Baco mientras caminaba nervioso desde la sala hasta otra habitación, de donde salía una bruja de cabello cenizo, vestida con una túnica parecida a las que los muggles dibujaban al representar a las brujas malvadas. Era Artemis la esposa de Baco y quien también había aceptado a Harry Potter en su casa sin vacilaciones.
-Bienvenido a tu casa Harry...dijo Artemis mientras abrazada fuertemente a Harry Potter, quien no pudo safarse de aquellos robustos brazos y de ser besado con euforia en cada mejilla.
Sentados a la mesa, Baco no dejaba de hablar, contándole a Harry Potter, sobre sus odiseas en el mar, y de todos los oráculos que había logrado descifrar, de los antiguos templos helénicos, para el museo cultural de la comunidad mágica de Grecia.
-Pero hombre deja hablar a Harry...dijo Artemis algo molesta con su marido...vamos Harry cuéntanos, ¿qué es de tu vida, ¿qué tal tu vida en ese país tan frió?. Veo que no te has congelado aún...dijo la bruja mientras apretaba con fuerza unos de los muslos de Harry Potter, logrando que sus mejillas de sonrojaran débilmente, como siempre que ella estaba a su lado.
-Déjalo mujer...pobre muchacho...dijo Baco blandiendo la cuchara con la que tomaba la sopa, con lo cual salpicó todo a su alrededor.
-Bahh, como eres mojigato, es solo cariño...le gritaba Artemis levantando el puño en forma amenazante hacia su marido.
Harry Potter no pudo evitar sonreír, ante aquella escena, que tanta veces había observado y que aún le hacia olvidar por momentos su tristeza.
De nuevo en la sala, Harry Potter les contó a medias, la razón de su visita a Atenas.
Una vez que Artemis, se había despedido, dándole un sonoro beso a Harry Potter en los labios, Baco adquirió una postura más seria.
-Te estaba esperando...dijo Baco serenamente.
-Lo se, por eso estoy aquí...dijo Harry Potter fríamente.
-Te acuerdas sobre lo que hablamos la última vez...dijo Baco con tono preocupado.
-Si, sobre lo del oráculo...dijo Harry Potter con algo de expectativa, ante las palabras de su amigo.
-Bueno, no he podido descifrarlo...dijo Baco con preocupación...estas atravesando momentos cruciales en tu vida, los cuales no pueden sufrir variación...sabes que fuera de esos momentos cada uno va forjando su propio destino, cada uno va eligiendo el camino a seguir y los oráculos pueden ser de gran ayuda al necesitar respuestas concretas ante situaciones límites ya que pueden facilitarnos a ver nuestro camino espiritual.
Harry Potter guardo silencio. Recordó la profecía que un año antes de su nacimiento había predicho el destino de sus padres y el suyo propio.
Baco se paro con dificultad de la silla que ocupaba, apoyado en su bastón camino hasta un destartalado armario, de donde saco una pequeña pirámide de cristal con incrustaciones de bronce.
La coloco en el centro de una mesa en forma de pescado y con un toque de su varita, la pirámide se separo de la superficie rugosa y levito por unos minutos.
Baco la miraba con ansiedad, pero al parecer no paso lo que el mago griego esperara que pasara, porque con desilusión dijo:
-Pensé que con tu presencia bastaría...pero me equivoque.
-Realmente, Baco, no me interesa conocer que tiene que decirme ese oráculo, creo que ya he tenido suficiente con las profecías...dijo Harry Potter parándose de su asiento, con tono aburrido.
-No Harry debes...tienes que saber...porque aquí esta la respuesta...dijo Baco mientras tomaba la pirámide es sus manos y la volvía a guardar.
-Pero por lo visto no quiere ser descifrado...dijo Harry Potter con tono despectivo.
-Tal vez halla que hacerlo a la forma antigua. Como hicieron mis antepasados. Durante el séptimo día, por ser ese día el nacimiento del Dios Apolo...y que mejor que durante el séptimo mes...dijo Baco alegremente, sin embargo su rostro se ensombreció un poco...pero necesitamos una Pitonisa.
A Harry Potter todo lo que Baco decía, le era incomprensible, pero al escuchar sus últimas palabras no pudo dejar de recordar a Luna Lovegood, que había servido de Viajante...pero rápidamente aparto esos recuerdos de su mente, porque eso era parte del pasado y allí debían quedarse.
-Soy un hombre muy ocupado Baco, no puedo quedarme aquí, hasta el día siete...dijo Harry Potter algo molesto, tratando de librarse de todo ese asunto.
-Pero por Zeus, Harry, no eres acaso un mago...para ti no es ningún problema irte en este instante y regresar el siete, o acaso ya se te olvido desmaterializarte...dijo Baco con tono burlón y pícaro.
Harry Potter no tenia el más mínimo interés por ningún oráculo, sin embargo no quería discutir con su amigo y mucho menos menospreciar la ayuda que tan desinteresadamente, una vez más le ofrecía.
-Esta bien Baco, aquí estaré...dijo Harry Potter con resignación.
-Debes llegar al despuntar el alba, porque debemos ir al templo del Dios Apolo...dijo Baco muy alegre y entusiasta.
Harry Potter abandono aquella pintoresca casa, una hora después y al llegar a la calle transitada, desapareció tras un movimiento de su capa.
