Cap 10

EL ORÁCULO

Harry Potter esperaba a Baco, en la pequeña callejuela. Miraba absorto las tonalidades que los rayos del naciente sol pintaban sobre las blancas nubes del cielo Griego.

No podía evitar sentirse expectante, ante lo que estaba apunto de presenciar en las ruinas del templo del Dios Apolo, a donde iría junto a su amigo Baco.

El viejo mago griego, quien vestía una túnica blanca con bordes dorados, recordaba a los antiguos moradores de la Grecia imperial, donde los Dioses del Olimpo dominaban los designios de una nación.

Caminaron hasta llegar a la calle muggle, llamando la atención de los pocos que a esa hora usaban esa vía para llegar a su destino.

-Por qué tenemos que caminar por aquí?...pregunto Harry Potter algo molesto de que la gente se volviera para verlo.

-Creí que te gustaría la idea, ¿acaso en Suiza no estas rodeados de muggles?... pensé que no te molestaría...dijo Baco apenado.

-Pero en Suiza, cuando camino por la calle, visto como muggle...dijo Harry Potter tratando de ser paciente.

-Lo siento amigo, lo siento...pero eso tiene remedio...ven vamos...dijo Baco alegre, apresurando el paso, doblando en la siguiente callejuela.

Pronto se hallaron frente a una pared, que tal vez en un pasado pudo haber sido blanca. Baco la toco con su varita; la pared vibro y compenso a formarse un arco. Harry Potter no pudo evitar recordar al Caldero Chorreante y la puerta de acceso al callejón Diagon.

Atrás del arco, se veían varias casas de diferentes tamaños y colores, parecía una especie de suburbio.

Harry Potter siguió a Baco, por una calle empedrada. Las personas que por allí caminaban saludaban a Baco muy amigablemente.

-¡Hola!...¡Hola!...¡Buenos días señora Bucorlis!...Hey Dionisio y tu mujer que tal?...¡Hola Apila, el jueves nos vemos!...y así prosiguió Baco mientras continuaban calle abajo.

Llegaron hasta una especie de plazoleta.

Allí los esperaba una mujer muy anciana, con unos impresionantes ojos negros, muy brillantes, vestía una túnica escarlata que cubría parcialmente sus brazos surcados por profundas arrugas. Y sobre su cabeza un manto que hacia juego con su túnica, cubría su pelo blanco como la nieve.

Al ver a Harry Potter la anciana mujer le sonrió.

Harry Potter se estremeció al ver aquellos ojos que no parecían tener pupilas, era como verse ante un espejo, pero lo impresionante era sentir como aquella mujer le desnudaba el alma.

-Buenos días Madame Osiris, gracias por aceptar ser nuestra pitonisa...dijo Baco mientras besaba respetuosa y cariñosamente la mano de aquella impresionante mujer.

-Siempre estoy dispuesta a ayudarte Baco Termopolis...dijo la anciana mujer cortésmente...me imagino que tu eres Harry Potter.

Harry Potter solo pudo hacer un movimiento de cabeza, de forma afirmativa.

-Eres grande muchacho, un ser muy especial...dijo Madame Osiris, colocando la palma de su mano sobre el rostro de Harry Potter...por tus venas corre la verdadera esencia...la más pura esencia...y aunque han tratado de enmansillarla...no han podido.

Harry Potter sintió que toda su arrogancia y prepotencia se esfumaban, ante la presencia de aquella extraña mujer.

-Estamos listos Madame, usted nos orientara... díganos... ¿que debemos hacer?...dijo Baco tratando de distraer la atención de la vieja bruja, al ver la cara de su amigo.

-Si, si, vengan...el tiempo apremia...dijo Madame Osiris caminado delante de ellos.

Harry Potter miraba de reojo de Baco, pero este estaba muy concentrado leyendo una especie de folleto, que parecía un mapa.

Comenzaron a subir por una colina, y llegaron a una especie de meseta, donde había plantado un hermoso y frondoso árbol.

-Hemos llegado, aquí tengo todo preparado...dijo Madame Osiris señalando un caldero, varios frasquitos de diferentes tamaños y una esfera de cristal...no me pareció conveniente hacerlo en el actual templo, esta en ruinas y hay muchos muggles...no, no...mejor en el antiguo templo.

Madame Osiris se arremango la túnica, saco su varita y con un toque de ella sobre una especie de brazas, un pequeño fuego surgió de la nada. Sobre ese fuego, coloco el caldero y fue agregando poco a poco el contenido de cada uno de aquellos frasquitos. Con una cuchara de plata removió su contenido, mientras la poción burbujeaba en el interior del caldero adquiriendo una consistencia espesa de color anaranjado.

-Abreus Portus...dijo Madame Osiris mientras introducía su varita en el caldero.

Y mientras removía iba sacando lentamente su varita, la cual tenia a su alrededor la poción, como si fuera un espiral.

Luego coloco la poción en forma de espiral sobre la esfera de cristal siendo envuelta por aquella sustancia anaranjada.

La esfera estallo en varios fragmentos, que luego fueron juntándose a medida que Madame Osiris hacia florituras con su varita, y para asombro de Harry Potter y de Baco, se formo frente a ellos un túnel perlado y muy brillante.

-Vamos, el tiempo apremia...volvió a decir Madame Osiris sin vacilaciones, mientras con un toque de su varita cambiaba el color de su túnica a blanco con bordes dorados.

Harry Potter y Baco se miraron, y siguieron a Madame Osiris, por aquel túnel.

Al llegar al final del túnel, Harry Potter sintió que había regresado al pasado, a miles de siglos atrás.

Estaban frente a una enorme e imponente edificación. Subieron unas escalinatas que conducían a un templo, donde decenas de columnas de mármol, precedían la entrada al templo del Dios Apolo, cuya imagen flanqueaba la entrada a ambos lados.

Varias personas, antiguos griegos, hacían cola para entrar al templo.

Pero los dos magos y la bruja no eran visibles para aquellos ojos, por lo que entraron al templo sin ningún problema.

Llegaron al centro del templo, donde había un patio central, varias personas estaban sentadas en bancos blancos que formaban un circulo alrededor del patio. Y desde allí se podían ver varias entradas, cubiertas con hermosas cortinas de seda.

-Detrás de esas cortinas, están las pitonisas que descifran los Oráculos...dijo Baco señalando las cortinas...me imagino que estas personas deben estar esperando.

-Si así es. Vengan...el tiempo apremia...dijo Madame Osiris, conduciendo a Harry Potter y a Baco por un pasillo lateral a la última cortina.

Se adentraron y llegaron hasta una especie de altar, donde una imagen del Dios Apolo esculpida en mármol reinaba en la pequeña sala. Varias lámparas ardían a su alrededor, emanando de las llamas suaves y aromáticas esencias.

-Trajiste las pirámide Baco...pregunto Madame Osiris, mientras cubría su cabeza y parte de su rostro con la túnica blanca.

-Si, si, aquí esta...dijo Baco mientras sacaba de las profundidades de su túnica, una pirámide de cristal con incrustaciones de bronce.

Madame Osiris hizo aparecer con su varita un pequeño taburete de madera labrada. Allí coloco la pirámide y mirando con sus penetrantes ojos negros a Harry Potter dijo:

-Estas preparado Harry Potter, para conocer el designio del Oráculo?

-Si lo estoy...dijo Harry Potter adoptando una postura firme y decidida.

El momento había llegado. El momento de conocer su destino había llegado.

-Expresionateus...dijo la bruja al tiempo que tocaba a la pirámide con su varita.

La pirámide tuvo una pequeña sacudida. Se elevo a unos centímetros del taburete y quedo suspendida en el aire. Lentamente se fue abriendo, como el capullo de una flor. De su interior surgió una bruma grisácea que fue adquiriendo matices azulados y rojizos.

Poco a poco fue adquiriendo la forma de una esfinge, muy parecida a aquella que Harry Potter había tenido que enfrentar durante la tercera prueba, del torneo de los tres magos, cuando cursaba el cuarto curso en el colegio Hogwarts de magia y hechicería.

Harry Potter aparto rápidamente su mente de los recuerdos y se centró en el presente.

Con una voz potente y gruesa, la esfinge se dejo escuchar:

"Una vida fue engendrada en el décimo mes y su alma surgió del amor al morir el séptimo mes... Esa vida rescatada ha sido... Y escondida del mundo fue... Un ser oscuro su fuerza transformo... Por eso al filo del abismo esta...Y la razón para seguir debe encontrar... buscarla deberá, en donde su razón interferir no podrá... Allí donde el amor lo vuelva a rescatar... a rescatar de la maldad... de su profunda soledad... Porque solo, no podra encontrar la luz de su verdad"

Al finalizar aquellas palabras, la esfinge desapareció, tras volverse a cerrar la pirámide, mientras volvía a colocarse suavemente sobre el taburete de madera labrada.

Harry Potter sentía que su corazón chocaba contra sus costillas, su vista estaba nublada, gruesas gotas de sudor mojaban su espalda. Aunque hubiese querido de su boca no podía salir sonido alguno.

Madame Osiris, lo miro y sus ojos negros se tornaron de un color blanco azulado. Una brisa entro al recinto y las llamas de las lámparas fueron extinguidas, dejando que la penumbra se adueñara del lugar.

La vieja bruja suspiro profundamente y con una voz ronca dijo:

-Harry Potter el Oráculo ha hablado... Tu eres esa vida, tu eres esa alma... El Señor Oscuro quiso dominarte...y te aparto de tu mundo...solo en ti esta el aceptar la derrota...pero deberás dejarte ayudar para encontrarte...para que el amor que una vez te salvo...renazca en ti nuevamente...eres el único dueño de tu destino.

La brisa ceso. Un profundo silencio se abrió paso. Las extintas llamas surgieron nuevamente alumbrando desde sus lámparas y la claridad se abrió paso entre las penumbras de la habitación.

Madame Osiris volvía a adquirir su semblante y el color negro volvía a sus ojos.

Baco estaba algo retirado, un su rostro pálido y sudoroso dejaba ver los sentimientos de respeto y temor que todo aquello le inspiraban.

Harry Potter sintió un gran peso en su corazón y en su alma. Respiraba con dificultad, su mente estaba en blanco. Cerro los ojos, porque todo a su alrededor comenzó a dar vueltas, era como estar dentro de un huracán.

Porque era muy duro reconocer la verdad...reconocer lo fácil que ha sido culpar a otros... reconocer que ha sido un cobarde... reconocer que el mismo ayudo a destruir a Harry Potter...