Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo Dos

Isabella Swan era conocida como una chica dulce y educada, que siempre trataba todas las personas con toda la educación que su padre le inculco, aún si se tratara de un simple sirviente, ella era respetuosa y amorosa, por esta razón era querida y amada por todo el pequeño pueblo llamado Maine ubicado en el norte casi hasta la punta del estado de Nueva York.

Quizás Isabella no era la más sociable y audaz en lo que se refiere en incitar a que un chico la besara, no entraba dentro de sus prioridades de vida hacer ese tipo de cosas, prefería entrar en la abarrotada biblioteca de su padre, y perderse en algunos tomos de viejos libros, que después de tantos años si siquiera ser tocados, una gruesa capa de polvo los impregnaba.

-Iré por un poco de hilo y tela, ¿Quieres algo de la mercería cariño?—La voz calmada y apacible hiso que saliera la joven de sus cavilaciones, proceso por un segundo lo que su madre acaba de decir, y poco falto para que una mueca de desagrado se impregnara en su gesto ¿Cuándo entendería que detestaba bordar?

-No muchas gracias madre, estoy perfecta con mi libro.—Contesto, reanudando su lectura, como si nadie la hubiera interrumpido en ningún momento. La madre de Isabella, Renee, miraba a su hija con una mueca de reprobación, era una chica hermosa, con su hermoso cabello de un reluciente cabello caoba, y su piel blanca como la nieve que hacia un perfecto contraste con sus ojos del color del chocolate, era solo… que su actitud hacia que Renee pasara interminables noches en vela, ¿Cómo iba a estar tranquila si a sus dieciocho años su hija no tenia siquiera un pretendiente? Ya ni pensar en prometido, los jóvenes le hacían caso a su hija, era solo que ella simplemente los…alejaba.

-Hija, pienso que sería buena idea que me acompañaras, no es bueno que leas tanto, eso es básicamente una actividad muy varonil.— Hubo un silencio por un momento, Renee pensó que su pequeña hija la había ignorado, o simplemente no la había escuchado, pero la voz de Isabella pronto surgió de esta.

-Yo no comparto es tipo de ideas contigo madre, pero, si es que te hace sentir mejor, con mucho gusto te acompañare.—Esta se levanto de la silla, vestida de una fina seda, se alisó el vestido, disponiéndose a salir.

Todo fue tal como Isabella pensó, su madre se encontraba cada dos por tres pasos a alguien conocido, deteniéndose a saludarlo con enjundia, dedicando una breve platica con cada persona, mostrando su exquisita educación que poseía. Una vez llegando a el local, la señora Maddien se dispuso a atender a la señora Swan como si su vida dependiera de ello, mostrando cada extraño color de hilo que esta pedía, y desplegando cientos y ciento de rollos de telas caras.

-¿No crees que es un poco excesivo?—Murmuro Isabella con los dientes apretados, al ver que su madre no se detenía a ordenar y ordenar más y más tonos de azul para la creación de su elegante vestido, que lo llevaba en la mente desde hace semanas.

-Hija, para de hablar ¿Por favor? Me la estoy pasando fabuloso ahorita, vete a otro lado, tú y tus número.— Fue lo último que le dijo Renee en todo la tarde, hasta que por fin de un tiempo interminablemente largo para Isabella llegaron a pisar el piso de mármol de la mansión Swan.

-Cariño, pide ayuda para cambiarte, los señores Newton nos invitaron a un pequeño baile por los veinte años de su hijo ¿No te parece fabuloso?.—El tiempo para contestar a esto no fue posible, ya que sin siquiera darse cuenta, su nana de toda la vida, la señora Darmy la empujo a su cuarto, donde una enorme tina se encontraba llena de agua caliente, llenando el cuarto de un delicioso aroma de fresas, los aromatizantes que en la casa Swan se usaban para el baño.

Cerró los ojos por un momento, el agua caliente del baño, desengarrató lentamente todo los músculos contraídos, resultado de una tarde llena de compras con su madre, la señora Darmy, masajeaba su cuero cabelludo, enviando pequeñas olas de placer a Isabella, los ojos le pesaban debido al nivel de relajamiento que experimentó, pero como bien dice el refrán, todo lo bueno dura poco, pronto se encontraba con un vestido azul marino siendo ajustado, peinando su pelo delicadamente, y maquillando su cara con esmero.

-Quedo esplendida señorita.—El reflejo en el espejo de la habitación, pensó Isabella, no mostraba su cara ni su cuerpo, era el de alguien desconocida que no tenía ni idea de quien se trataba, un belleza tan exquisita que ni el mismísimo rey de Inglaterra era merecedor, eso era justamente lo que el espejo exponía.

Con timidez bajo las escaleras y se montó en el carruaje, donde una impaciente Renee y un malhumorado Charles, el padre de Isabella, la esperaban, se disculpó con una pequeña sonrisa, manteniendo el resto del camino la cabeza gacha lo que restaba del camino, hasta que el vehículo se detuvo en frente de una casa muy parecida a la suya, la mansión Newton.

Caballerosamente, y representando el papel que jugaba en la familia, Charles ayudo a bajar a su mujer e hija del carruaje, ofreciéndoles una mano, entrando a la casa, con una mujer en cada uno de sus costados, poco le falto a Isabella para poner los ojos en blanco, ante tal escena que han de ver puesto al hacer tal entrada triunfal.

La cena empezó rápido, sirviendo lomo de cerdo a la ciruela y una rica sopa de cola de langosta, platillo que a Isabella le pareció en exceso extravagante, más eso fue solo lo que escogió ella para comer, ya que miles de platillos circulaban alrededor de la mesa.

Mike Newton, no perdió la oportunidad para intentar algo con Isabella, invitándola a bailar unas cuantas piezas, esta ante la mirada letal de su madre, no se atrevió a declinar ningún ofrecimiento del joven, si lo hacía podía escuchar la voz chillante de su madre recordándole que era un excelente partido, que bajo ningún motivo podría desperdiciar, lo que ella no sabía era que la palabra "matrimonio" figuraba al final de la lista de las prioridades de Isabella.

Y casi un chillido de alegría brota de entre los labios de ella, cuando sus padres le informaron, cerca de la una de la mañana, que se tenían que retirar debido a que el padre de esta, tenía una cita importante con los dueños del banco más importante de "Nueva York", casi corriendo abordo el lindo carruaje jalado por unos caballos blancos, acomodándose en su lugar y esperando que sus padre se subieran rápidamente, estos, se quedaron despidiendo de los anfitriones del baile.

El viento soplaba con fuerza en el momento que la pequeña familia Swan arribó a su hogar, cerrando la puerta de la entrada, los sirvientes con cierta dificultad a causa de las fuertes ráfagas de viento, que luchaban con entrar a la casa e interrumpir el ambiente cálido que se respiraba a causa de las chimeneas, mantenidas prendidas durante todo el mes de diciembre.

Isabella con pesadumbres subió las escaleras, sus pies dolían, solo pensaba en llegar a su habitación y deshacerse de sus zapatos que portaban grandes tacones, provocando que sintiera dos agujas enterrándosele en cada pie.

Al llegar a su cuarto, con la ayuda de su nana, de despojo de toda su ropa, quedando en un ligero, pero caliente camisón, su pelo se le cepilla frente a un gran espejo, que a su lado exponía a ventana, donde se alcanzaba a divisar el mar, enojadas y furiosas, así pensó ella que las olas se veían, como si el mar quisiera advertirles, con su agitado movimiento que algo malo asechaba.

Mientras tanto, en ese mar que parecía enojado, Edward se encontraba en un barco, no muy lejos de costa, tal como le había dicho el capitán.

El ambiente del lugar, esa casi como cualquier barco pirata se podría esperar, algunos trabajaban con ahincó y esfuerzo, y otros, sin embargo, dedicaban las horas a embriagarse y quejarse por el mal clima que había, como era el caso de Alec Vulturi, el hijo del capitán. Edward llevo la botella de ron que sostenía entre sus manos a su labios, dándole un generoso trago, si, Edward en estos momentos, a pesar de la adversidad de el clima, fuertes gotas de lluvia empezaban a golpear la cubierta, y el viento rugía con fuerza, tomaba tranquilamente, perderse por un momento de la realidad no se le hacía mala idea.

-¡Tierra a la vista!—Grito alguien desde el carajo*, todos los tripulantes se comenzaron a mover, la mayoría ebrios y muy pocos sobrios, sin embargo Edward no movió ni un dedo, debido al gran estado de embriague que poseía en estos momentos, no percibía nada, a excepción de la gran casa contraída en la cima de una colina que alcanzaba a divisar.

-Nos espera un gran botín.—Comentó a Jacob Black, la persona, quizás, sobre el mundo, que tenía mayor rivalidad, lo que comprobaba otra vez el precario estado en que se encontraba, el nunca le dirigiría una palabra a el, al menos no amigable.

-Pues que el que pueda se quede con lo mejor.—Le contesto el aludido, con voz perversa.

¡Hola! Ya sé, ya sé, soy una mala persona que no publico nunca, enserio perdón.

¡Espero que les haya gustado el capítulo!

Hasta el siguiente(:

Atte::valeriana25