Cap 18

ANTIGUOS RECUERDOS.

Una vez más Harry Potter caminaba por una calle empedrada, bajo un radiante sol griego. Pero no iba solo. Albus Dumbledore iba con él.

-Gracias por aceptar, profesor... dijo Harry Potter con respeto... realmente quiero que conozca a Baco Termopolis y a su esposa

-Para mi será un honor conocer a quienes te protegieron y te ayudaron a sobreponerte... dijo Dumbledore mientras caminaba con seguridad al lado de Harry Potter.

Llegaron ante una pequeña casita, cuyo balcón estaba decorado con flores multicolores. Harry Potter llamo a la puerta y esta casi inmediatamente fue abierta.
Baco Termopolis, un mago alto, algo robusto de pelo y barba entrecana, apareció apoyado en su bastón y su rostro se ilumino al ver al joven mago.

-Harry, muchacho, que alegría... dijo Baco tomando a Harry Potter de un brazo... pasa, pasa, no te quedes afuera.

-No he venido solo, me he tomado el atrevimiento de traer a alguien más... dijo Harry Potter mientras señalaba detrás de él.

Baco abrió mucho sus ojos mientras observaba a Albus Dumbledore, parado en el umbral de la puerta. Su sorpresa era tanta, que no pudo evitar que su boca se abriera unos cuantos centímetros y por ella se escapara un gran silbido.

-Por las barbas de Poseidón... dijo Baco sin poder disimular su asombro... Albus Dumbledore en mi casa... pero... pero que gran honor... pero que placer conocerlo.

El mago griego, tuvo que apoyarse sobre su bastón para no perder el equilibrio, al retroceder ante la imponente presencia de Dumbledore, quien le dirigió una amable sonrisa, mientras sus ojos azules detrás de los lentes de media luna, lo miraban con beneplácito.

-Amigo, no haga ruborizar a este viejo... dijo Dumbledore con tono afable... que ya no estoy para esas cosas... el placer y el honor son míos al conocerlo.

-No, no, Señor Dumbledore, como va a decir eso... dijo Baco apenado... en esta comunidad mágica su nombre es respetado y admirado... muy lejos de mi imaginar siquiera... que mi humilde hogar se enriquecería con su presencia.

Albus Dumbledore entro hasta la peculiar sala, mientras Harry Potter lo invitaba a tomar asiento, en aquellos muebles en forma de embarcaciones muggles.

-Harry ha querido que yo conozca, a quienes tanto lo ayudaron en los momentos difíciles que le toco vivir... dijo Dumbledore amablemente, mientras Baco tomaba asiento frente a él... y he aceptado gustoso... porque quiero que cepa, que jamás podré encontrar la forma de agradecérselo.

Baco miro con orgullo a Harry Potter y sonriendo ampliamente dijo

-Puedo asegurarle Señor Dumbledore, que si tuviese que volver a hacerlo, no lo dudaría ni por un instante... porque el tener con nosotros a Harry Potter, significo para mi esposa y para mi un gran privilegio... y el contar aún con su amistad ha sido un gran regalo de los Dioses.

Harry Potter bajo la mirada. Aquellas palabras eran un bálsamo para su alma. Un bálsamo que día tras día, desde el primer momento que había pisado esa casa, luego de escapar de Voldemort, había curado en gran medida sus heridas, y que aún en su presente seguía reconfortándolo.

-¡Mujer...mujer!... dijo Baco a gritos, mientras se paraba con dificultad de su asiento... ¡ven mujer... tenemos visita... y que visita!.

Aquella actitud hizo sobresaltar a Dumbledore, quien parecía no esperarse una reacción así, y Harry Potter no pudo evitar sonreír.
Una bruja apareció en la habitación llevando un delantal floreado sobre una túnica celeste, y al ver a Albus Dumbledore también grito efusivamente.

-Rayos... Albus Dumbledore en mi casa... pero Baco... porque no me avisas... mira como estoy... como una loca.

-Tranquila mujer, que el Señor Dumbledore no vino a verte a ti... dijo Baco haciendo un gesto con su mano, sin darle importancia a las vestimentas de su esposa... Señor Dumbledore, mi esposa Artemis.

Albus Dumbledore se levanto de su asiento, y con mucha elegancia y caballerosidad se inclino un poco ante Artemis y con poso sus labios en el dorso de su mano.

-Un placer conocerla.

-Ves Baco esto si es un caballero... dijo Artemis con una riza boba... aprende... aprende.

El resto de la velada, fue muy agradable para los tres magos y la bruja, quienes compartieron alrededor de la mesa, abundantes y suculentos platos de la gastronomía griega, junto al más exquisito vino de uva pasa.

Harry Potter se sentía feliz, algo que no había experimentado desde hacia mucho tiempo, por haber compartido el día de su cumpleaños, con quienes significaban mucho en su vida. Cansado se despidió y fue hasta la habitación que siempre, desde hacia ocho años, estaba preparada para su hospedaje en aquel humilde pero acogedor hogar.
Además él sabia, que Dumbledore quería hablar con Baco, por lo que decidió que lo mejor era dejarlos solos.

Al llegar a la habitación, vio sobre la cama una lechuza gris, que al verlo ululo y se le erizaron las plumas.
Harry Potter se sentó al borde de la cama, y la lechuza se acerco a él. Le extendió una pata.
Él pudo ver un rollo de pergamino atado con un hermoso listón dorado.
Al tomarlo en sus manos, no necesito abrirlo, para saber quien se lo había mandado.
El pergamino permaneció cerrado entre sus manos por varios minutos, luego de que la lechuza se había marchado, mientras su corazón latía rápido y en su mente luchaban dos sentimientos: el de seguir ignorando su pasado o el de comenzar a aceptar su presente.

Al final abrió el pergamino con manos temblorosas. Y leyó

Querido Harry:

Hoy, como todos los días de tu cumpleaños, desde hace diez años, te escribo unas palabras. Unas palabras que hasta ahora han regresado a mi, dejando a mi alma y a mi corazón sumidos en el más profundo abismo de soledad y de desesperanza.
Hoy espero con anhelo, que lleguen a tus manos y aunque no las leas, ni respondas, estaré agradecida a la providencia, porque se que aún estas presente. Tan presente como lo has estado, lo estas y siempre lo estarás en el corazón de quienes te amamos...

Harry Potter arrugo el pergamino sin terminarlo de leer. Porque nuevamente las lagrimas habían empañado su mirada, y el sentirse tan débil y vulnerable no le gustaba.
Sin embargo, se arrepintió y trato con sus manos de alisar la carta, pero los pliegues que se habían formado, eran muy profundos y habían logrado desfigurar la elegancia del pergamino.
Aunque no termino de leerlo, lo doblo y lo guardo entre su túnica.
Se tendió en la cama, dejándose vencer rápidamente por el sueño y el cansancio, y con el liston dorado aun entre sus manos, las dejo descarzar sobre su pecho.

En la sala, aun Dumbledore y Baco, permanecían hablando y consumiendo su bebidas.

-Creo Señor Dumbledore, que las palabras se quedarían cortas... dijo Baco mientras apoyado en su bastón, caminaba hasta un viejo armario... por lo que, lo invito a que usted mismo sea testigo, de lo que nuestro amigo Harry Potter sufrió y contra lo que tuvo que luchar por recuperar, su verdadera esencia.

Baco coloco sobre la vieja mesa, con forma de pescado, un recipiente de cristal, con una sustancia grisácea, que como un pequeño remolino, daba vueltas, chocando suavemente contra las paredes del recipiente.

-Este pensadero, fue un regalo de Madame Osiris... dijo Baco mirando absorto el interior del recipiente... un viejo e inculto mago como yo, no puede manejar tan fácilmente los designios de los Dioses... y lo que he vivido al lado de Harry, ha sido muy fuerte... para mi pobre alma.

-Lo comprendo, y lo admiro... dijo Dumbledore mientras colocaba su mano sobre el hombro del mago griego... no todos tiene el valor de enfrentarse a Voldemort y menos por un desconocido.

-Cuando Gilderoy, a quien conocí hace muchos años, me pidió ayuda... dijo Baco sonriendo... luego de darse cuenta del error que había cometido... lo consulte con los Dioses... y ellos me dieron un mensaje... que debía ayudar ...para rescatar al elegido... al único con el poder para vencer al que- no-debe-ser-nombrado.

Dumbledore se sorprendió ante las palabras de Baco. Porque aquel humilde y alegre mago griego también conocía la profecía.

-Y déjeme decirle, que lo aceptamos en un principio por respeto y obediencia... dijo Baco mirando a Dumbledore... pero cuando conocimos a Harry, lo hicimos por amor.

Baco se aparto un poco de la mesa y con un movimiento de su mano, invito a Dumbledore a perderse entre sus recuerdos, dentro de aquel pensadero.
Dumbledore se inclino y con la punta de su larga nariz, toco aquella sustancia gris, mientras sentía como caía en un vació, dando suaves vueltas, hasta que sus pies tocaron un suelo fangoso.

Era de noche, y una fuerte lluvia caía y dificultaba ver un poco más allá que unos pocos centímetros. Sin embargo Dumbledore se dio cuenta que estaba en un lugar pantanoso, el mismo que había visto entre los pensamientos de Harry Potter. Una voz lo hizo volver la miarada.

-Gilderoy, por aquí...decía Baco un poco más joven, con apremio en su voz... aquí estoy.

-Gracias al cielo... dijo Lockhart asustado... ya se han dado cuenta... creo que no tardaran en llegar hasta aquí.

Lockhart quien se había bajado del bote y el agua llegaba hasta sus rodillas, junto a Baco llevaron al bote hasta la orilla. Baco volvió su mirada y contemplo a un chico sentado en el bote, con la mirada perdida.
El chico se voltio y lo miro con unos fríos ojos verdes, enmarcados por un rostro muy joven pero con una expresión triste.
Baco se estremeció, al darse cuenta que aquel chico parecía estar escudriñándole, con aquella fría mirada cada rincón de su mente y de su corazón, por lo que Baco aparto rápidamente la mirada, y se concentro en ayudar a Lockhart.

-Vamos Harry, debemos salir de este lugar cuanto antes... dijo Lockhart mientras tomaba del brazo a Harry y lo ayudaba a salir del bote.

-Por aquí, ya todo esta listo... dijo Baco sin atreverse a mirar nuevamente al chico, porque le inspiraba un profundo temor, y porque sentía que tal vez su decisión de ayudar a Lockhart no había sido muy acertada.
Pero continuo caminando con determinación, porque sus creencias y su fe así lo imponían.
Llegaron hasta un pequeño claro, donde los árboles y arbustos se separaban, para dar inicio a un sendero.
Allí, en el suelo había un objeto oblongo, de metal, que relucía cuando algunos relámpagos iluminaban el cielo.

-Harry, esto es un traslador... dijo Lockhart mientras señalaba al objeto oblongo... nos llevara lejos de aquí.

Baco no pudo evitar volver a ver al chico, quien con actitud indiferente miro al objeto. Parecía que le daba igual irse en el traslador o quedarse allí y esperar la muerte.
El rostro del chico, aquella mirada perdida y vacía, sumió a Baco en una profunda lastima, comprendiendo que lo que estaba haciendo era realmente algo muy importante y valioso para rescatar aquella joven vida. Por lo que no dudo en tomar a Harry Potter por el brazo y llevarlo cerca del traslador. Y para su sorpresa, el chico no puso ninguna resistencia, solo volvió a mirarlo con sus fríos ojos verdes.

-Se que esto debe ser difícil... dijo Baco con tono paternal, sosteniendo con todas sus fuerzas aquella fría mirada... pero confía... soy un amigo que quiere devolverte a donde perteneces.

Harry Potter siguió mirándolo, mientras los tres magos tocaban al mismo tiempo el objeto oblongo.

Dumbledore sintió como se elevaba y volvía dar vueltas por leves minutos. Y tocando otra vez suelo, se encontró en una habitación, donde en una sencilla cama, ubicada bajo un pequeña ventana, yacía el chico Harry Potter.
Se movía violentamente de un lado para otro, su rostro estaba sudoroso y entre quejidos su voz entrecortada se dejaba oír

-No, no... otra vez no... piedad... mátame... pero otra vez allí no... no, no... eso es mentira... ellos son mis amigos... no...no... no pueden olvidarme... déjame... mátame...madre... madre...

Dumbledore contemplaba la escena, mientras su corazón se sumía en la tristeza y en la pena. Era muy doloroso ver como aquel cuerpo joven se contorsionaba y se estremecía, mientras bajo un profundo sueño, los recuerdos se adueñaban de su mente y lo dominaban.
Se sobresalto, al ver como de repente, el chico despertaba, estremeciendo las paredes con un grito profundo y desgarrado.

Allí estaba Harry Potter balanceándo su cuerpo como un péndulo, sentado a la orilla de la cama, con la cabeza entre sus manos. Un llanto ahogado rompía el silencio sordo que reinaba luego de aquel aterrador grito.
Baco apareció procedente de otra habitación, traía en sus manos un periódico. Contemplo por un rato a Harry Potter y suspiro profundamente, mientras se acercaba a él con cautela.
Coloco su mano sobre el hombro del chico.
Dumbledore supuso, por la actitud de Baco, que aquella no era la primera vez que aquellas pesadillas atormentaban el alma de Harry Potter.

Harry Potter levanto su cabeza y dirigió su mirada hacia otro lado, mientras frenéticamente secaba sus lagrimas.

-Harry, no tienes porque reprimir tus lagrimas... dijo Baco con dulzura... esa es una forma de que tu alma logre deshacerse de todo aquello que la agobia.

Harry Potter siguió sin mirar a Baco, de repente se paro, y comenzó a alegarse. Baco lo tomo por el brazo y le entrego el periódico.

-Toma lee las paginas centrales... dijo Baco... hay noticias que te interesan.

Harry Potter miro con desprecio el periódico por unos minutos. Luego lo lanzo sobre un mueble.

-Pero Harry, allí hay noticias de tu gente... dijo Baco preocupado tomando de nuevo entre sus manos el periódico... aquí dice que te han estado buscando... esta es la oportunidad... si quieres ahora mismo puedo escribir...

-NO... usted no va ha hacer nada... dijo Harry Potter con un tono de voz frió.

Baco se estremeció al ver reflejados en aquellos ojos verdes, sentimientos de rabia y odio.

-Pero Harry, son tus amigos... dijo Baco abriendo el periódico y pasando una a una las paginas mientras se las trataba de mostrar al chico... lee, aquí dice... ellos están muy preocupados...

-Ya se todo lo que tengo que saber... dijo Harry Potter conservando aquel tono frío... y no me interesa regresar... he tomado una decisión... y ellos no están en ella... así como yo no he estado en las de ellos.

-No Harry, estas equivocado... dijo Baco con valor, mientras se acercaba al chico... durante todo este tiempo tu gente te ha buscado... pero el-que-no-debe-ser-nombrado uso un hechizo de magia negra muy poderoso, para que nadie pudiera encontrarte... sino hubiese sido por Gilderoy nunca hubieses podido salir de ese lugar...

-Estoy cansado... dijo Harry Potter con insolencia, mientras le daba la espalda a Baco.

-Eres un cobarde Harry Potter... dijo Baco molesto.

Harry Potter se detuvo, y sin que Baco pudiera darse cuenta, el chico había sacado su varita y con ella le apuntaba demasiado cerca de su corazón.
Baco comenzó a respirar con dificultad.

-Usted no es quien para llamarme cobarde... dijo Harry Potter en un susurro... he tenido que luchar contra dos años de encierro... contra el hambre y la soledad... contra el dolor y el odio... y yo solo tuve que aprender a defenderme... yo solo tuve que descubrir como sobrevivir a Voldemort.

-Y por eso te crees con derecho a juzgar a los demás... dijo Baco mientras apretaba la muñeca de Harry Potter y lo obligaba a bajar la mano que empuñaba la varita... por eso te crees con derecho a despreciarte y despreciar a los demás... ya deja ese papel de victima... y asume que vales mucho... y que hay un mundo detrás de tu amargura, que pende de un hilo por la maldad de un hombre... una maldad que tu has conocido en carne propia... una maldad que puede acabar con todo lo que una vez amaste y que te hizo tan feliz.

Harry Potter lo miro asombrado, se soltó bruscamente.
Dumbledore vio como el rostro del chico palidecía, aquellas palabras dichas en un tono firme pero amable, parecían haber movido los cimientos de una vida atada al dolor y al odio.
Harry Potter bajo la mirada. Luego miro su varita, miro sus manos. Se toco la cicatriz de la frente.
Recorrió lentamente con su mirada la habitación en la que estaba. Se acerco a la pequeña ventana y por allí contemplo el cielo, y una brisa cálida acaricio su rostro y alboroto su cabellera azabache. Cerro los ojos y respiro profundamente.
Baco se acerco a él y una vez más coloco su mano sobre el hombro de Harry Potter y mirando también por la ventana le dijo:

-Se que has sufrido mucho... dijo Baco manteniendo su tono amable... es muy fácil llorar y lamentarte por el resto de tu vida... sumirte en el abandono y en la conformidad... pero debes sobreponerte, yo estoy aquí para ayudarte... debes recordar que tienes una misión que cumplir... por eso has sobrevivido y estas aquí... nunca debes olvidar de donde vienes... no debes olvidar quien eres... eres Harry Potter... y ni mil Señores Tenebrosos podrán doblegarte, ni vencerte... si tu así lo decides.

Harry Potter volvió sus ojos al mago griego, su mirada aunque seguía siendo fría, ahora reflejaban algo más... reflejaban deseo de justicia.
Y lo contemplo por unos minutos silenciosos, Baco lo miro y sus labios dibujaron una amigable sonrisa.
Harry Potter hizo un movimiento con la cabeza, de forma afirmativa y con voz decidida dijo:

-Usted tiene razón... yo soy Harry Potter... y desde ahora, en adelante, ese nombre será temido y respetado...