¿Otra vez? Inuyasha no me pertenece, es de Rumiko Takahashi... La historia en cambio si ¡Disfruten!
Miré el viejo edificio que estaba ante mí, la Todai, la más prestigiosa e importante universidad de Tokio.
-Bueno, otro día más-dije suspirando, entré con tranquilidad, total llegaba media hora tarde ya no podría entrar a mi primera clase del día, la situación era así y no tenía remedio, por lo que ¿para qué darme un mal rato corriendo?, muchas veces me pregunto porque entré en esta universidad, vale esta muy bien, es la más prestigiosa y todo lo que quiera la gente.
Pero siempre me dio un poco de miedo.
-¿Señorita Higurashi qué hace aquí fuera?
Esa voz hizo que un escalofrío me recorriera la columna, la secretaria del director me acababa de descubrir llegando tarde, la verdad, por mucho que ya tuviese veintiún años aún me daba miedo llegar tarde a las clases, aunque fuese una adulta.
-Esto…me quede dormida señora Hakitawua –le respondí sonriendo intentando parecer más despistada de lo normal-
-Si sigue así perderá la beca y lo sabe –me amenazó la mujer-
-No volveré a llegar tarde, es que me surgieron unos contratiempos-le dije recordando mi situación actual, mi familia es dueña de un templo shinto cerca de aquí, más bien en un pueblo, yo no quería acabar trabajando como sacerdotisa en el templo, así que después de mucho estudiar en el instituto y de conseguir las mejores notas de mi curso, obtuve una beca, sinceramente me estaba costando mucho mantenerla, tenía ya ojeras bajo mis ojos y una migraña enorme, todo gracias a la falta de sueño.
-Sabe que no hay excusas señorita, ahora vaya a la biblioteca y espere a la siguiente clase.
Miré a la vieja bruja con mala cara pero me dirigí a la biblioteca, era el lugar que más me gustaba de la universidad, era realmente grande, y tenía tantos libros…
Entré sigilosamente, al parecer no había nadie en ella, y era normal todos estaban en clase.
Dejé mi mochila sobre una mesa y fui hacia las estanterías, recorriendo con la mirada cada uno de los libros que las rellenaban, pase mis dedos sobre los lomos de algunos y sonreí tontamente.
-¿Señorita Higurashi?-dijo una voz a mis espaldas, esto hizo que me sobresaltase, pero al girarme y ver quién era, suspiré tranquila-
-Profesor Shurossame, buenos días.
-Buenos días señorita Higurashi, ¿no debería estar en clase?
Sonreí forzosamente, ¿porque todo el mundo se metía en mi vida?, asentí con la cabeza y comencé a pensar en una escusa, no quería repetir de nuevo "me he quedado dormida, y sí, van dos veces en la semana".
-Bueno da igual, ¿me podría hacer un favor?
-Claro-le dije sonriendo deseando poder deshacerme de esa situación tan comprometida-
-Abajo en el sótano hay un par de cajas con documentos y papeles, ¿le importaría subírmelos? Es que ahora mismo no puedo ir yo.
Sonreí y asentí con la cabeza, ¡ese hombre se había creído que yo era una mula de carga!, pero no quería caerle mal, así que deje mi mochila en la biblioteca y me encamine hacia el sótano.
El sótano, normalmente nos estaba prohibido bajar, más que nada porque lo que hay son cosas de los profesores, recorrí el pasillo central, el cual estaba totalmente vacío, oía de lejos el murmullo de la explicación de algún que otro profesor.
Seguí andando hasta llegar a una puerta de metal, en la cual estaba escrita la frase "sótano, acceso prohibido al alumnado".
Abrí la puerta y encendí la luz, comencé a bajar los cinco o seis escalones que había.
Recorrí el lugar con la mirada, todo estaba desordenado y lleno de polvo,
empecé a buscar las dos cajas, revolviendo un poco la habitación, sintiendo de vez en cuando un escalofrío por lo que deduje que había corriente.
Me giré al oír como algo caía al suelo y ante mi vi una cortina de color verde oscuro, me acerqué y recogí una caja que se había caído, esa era una de las dos cajas que estaba buscando, descorrí la cortina y miré desconcertada la pared, tapiada con unas tablas de madera, que estaba ante mi.
-¿Y esto?-susurré tocando una tabla-
Lo siguiente que ocurrió fue muy extraño, la tabla vibró, aparté la mano y de pronto los clavos que la sujetaban volaron fuera de ella, haciendo que cayera al suelo.
Pero no me quede hay para averiguar que demonios había pasado, subí rápidamente las escaleras alejándome del sótano y cerré la puerta.
-¿Ocurre algo señorita Higurashi?
Me giré y vi al profesor Shurossame mirándome, ese hombre siempre me había dado mala espina, tal vez era ese semblante tan serio.
-No…esto, no encontré las cajas, mejor me voy esta a punto de comenzar mi clase…-salí corriendo dejando al profesor solo frente al sótano, juraría haberle visto sonreír.
-.-
-Vamos Kagome ¿pretendes qué creamos ese disparate?
Miré a mi buena amiga Sango, acababa de contarles a ella y a su novio mi ¿cómo decirlo?, ah si, incidente en el sótano. Pero ella decía que eso era una trola y Miroku me tachaba de loca, hay veces que odio a mis amigos.
-Sango te juro por lo mas sagrado que no te estoy tomando el pelo, te prometo que la tabla salio disparada sola.
-Claro Kagome, claro.
-Sango no me lo puedo creer, piensas que te miento.
-No, pienso que realmente necesitas un descanso.
Solté un suspiro, ni mi mejor amiga me creía, la vida es un asco.
-Bueno si es verdad lo que dices ¿por qué no bajamos esta tarde?, sobre las ocho, cuando no haya nadie.
Miré a Miroku asustada, ¿de verdad querían bajar?
-¿O… acaso es mentira?-me preguntó él-
-No lo es, esta bien bajaremos, así vereis que digo la verdad.
Estaba aterrada, nunca me gustaron los fenómenos paranormales, pero mi orgullo no me dejaba echarme atrás, les demostraría que Kagome Higurashi nunca miente.
-.-
Eran las ocho menos cuarto, y ya estábamos dentro de la universidad, andamos por los pasillos en silencio intentando no alertar al guarda de seguridad, yo tenía el corazón en la boca, este asunto me daba mala espina, no me hacía nada de gracia volver al sótano.
-Venga vamos-dijo Miroku abriendo la puerta y encendiendo la luz-
-Venga Kagome haber si es verdad-me dijo Sango provocándome-
-Veras como si-le conteste mientras intentando buscar algo de valor comencé a bajar las escaleras, miré la habitación un par de veces y fijé la vista en la cortina verde, como había hecho esta mañana me acerqué temerosa y la descorrí, las tablas seguían en su sitio, alcé la mano y toqué una.
No ocurrió nada.
Dejé de tocar la tabla y me di la vuelta para encarar a mis amigos, no nos dio tiempo a reaccionar cuando algo desde el otro lado de las tablas explotó, y todas las tablas salieron volando, me agaché pero una me dio en el brazo clavándome un par de astillas, miré detrás de mi , hacia donde Sango y Miroku, ambos estaban ilesos y se encontraban mirando el lugar donde habían estado las tablas solo hace unos segundos, con los ojos abiertos como platos.
-¿Qué pasa…?-volví a dirigir mi mirada a las tablas y enmudecí, un hombre de un metro noventa y cinco o así estaba ante mi, tenía el cabello blanco, el cual le llegaba hasta más debajo de la cintura, poseía un cuerpo de vértigo, o al menos eso pude apreciar pues las sombras le ocultaban casi totalmente el rostro, solo alcance a ver unos ojos dorados, iba a decir algo cuando de pronto sentí un pinchazo tras mi cabeza y todo se volvió negro.
-.-
Cuando todo acabe y el silencio hable sólo tus pupilas sabrán que fue verdad... Y entre los cristales.
Abrí los ojos de golpe sobresaltada y miré el despertador, la radio había comenzado a sonar, era hora de levantarme.
Salí de la cama, no se porque pero sentía que la cabeza me explotaría en cualquier momento, fui hacia el baño me lavé la cara y miré mi reflejo en el espejo.
-Menuda cara tengo-dije examinando mi rostro, tenía unas oscuras ojeras bajo los ojos, la nariz roja por el resfriado que había cogido hacía casi una semana y que aún no se había curado, mi cabello estaba revuelto y a lo afro, necesitaba ir a la peluquería, y pronto.
Volví al cuarto y me puse unos pitillos vaqueros y unas converse negras junto con un cuello vuelto negro y una chaqueta gris, cogí la mochila y me la eche al hombro.
Salí de mi casa comiéndome un croissant y bajando las escaleras, no recordaba bien lo que había echo ayer, simplemente creo que llegué a casa me puse el pijama y me acosté, pero no recuerdo nada más, nada anterior a eso, realmente tengo alzhéimer prematuro.
Cerca del instituto me encontré con mi amiga Sango.
-Buenos días Kagome.
-Hola Sango, ¿qué tal?
-Bien-me dijo con mala cara-
-Sango…
-Vale vale, me he peleado con Miroku.
-¡Cómo no!-exclamé poniendo los ojos en blanco-
Dejé de escuchar a mi amiga Sango relatarme su discusión con su novio y comencé a pensar en el extraño sueño de anoche, parecía más un recuerdo que un sueño, aunque lo único que podía decir que sabía con certeza es que había tablas de madera y astillas, bueno y un hombre, un hombre increíblemente guapo.
-¿Kagome me estas escuchando?
-Claro.
-Muy bien ¿qué te estaba diciendo?
-Que…que Miroku es un idiota.
Mi amiga bufó y siguió contándome cosas hasta que entramos en la universidad, me despedí de ella y anduve por los pasillos hacia mi clase, como estaba ensimismada en mis pensamientos, por lo que no me di cuenta de que alguien venia corriendo, y choque contra esa persona.
-¡Auch!-me quejé sintiendo un pinchazo en el brazo, y preparándome para echarle la bronca a la persona que me había golpeado, levanté la vista y me quede muda, un chico de ojos dorados y cabello negro y corto me miraba, él era mi "agresor".No pude decir ni una palabra, y lo único que pasaba por mi mente era que el chico estaba como un tren.
-Lo siento-se disculpó y me pareció muy dulce- pero cierra la boca se que estoy bueno pero no hace falta que babees el suelo.
Le miré indignada y abrí la boca para decirle tres cositas, pero no me dio tiempo se había ido.
-Será imbécil-dije mientras me tocaba el brazo, aun me dolía, así que me quité la chaqueta y como era un chaleco de manga larga tuve que sacar mi brazo por abajo, lo que vi me dejo sin palabras tenía el brazo algo amoratado, además podía ver un par de astillas incrustadas en mi piel, entonces lo de anoche no había sido un sueño…
-.-
Vale, los que siguen mis historias pensarán ¿perdona? no has terminado las demas.
Que conste que nada de lo escrito en este capitulo es nuevo. Simplemente tuve un mal dia (un examen horrible) me metí en mi carpeta
de fanfics, y encontre a Madness, junto con Stolen Kisses es mi fanfic preferido. Aviso tengo 74 paginas escritas en word (viva yo ^^)
asi que las continuaciones seran una vez a la semana o asi.
Solo digo que amo como he puesto al Inuyasha de esta historia (cuando me lei las 74 paginas era como si yo no lo hubiese escrito no se porque)
Bueno espero que les guste y posteen que es gratis y a mi me hace feliz (haganme feliz suspendi Calculo numerico (un parcialillo horrible)).
Les quiero!
Amnii
