Inuyasha no me pertenece, es de Rumiko Takahashi... La historia en cambio si ¡Disfruten!
Le miré.
Negué con la cabeza y volví a fijar mi vista en el libro de ciencias.
Pero irremediablemente volví a levanta la vista y mirarle.
¡Demonios se estaba convirtiendo en una costumbre estar con él!
-¿Te pasa algo?
Me estaba mirando directamente, podía ver sus ojos dorados, esos hermosos ojos que mostraban desconfianza hacia todo, esos ojos en los que podía ver su tristeza, su melancolía y su dolor.
-No nada-le dije volví a mi libro, pero no podía concentrarme, millones de preguntas recorrían mi cabeza, así que cerré el libro y le miré-
-¿Podemos salir a hablar?-le pregunté, y para mi eterna sorpresa él asintió y guardó su libro en la mochila de color verde oscuro, no me dijo nada solo se limitó a caminar a mi lado en cuanto yo terminé de guardar mis cosas.
Llevaba…conté con mis dedos distraídamente, ¡ah sí! Tres semanas y media intentando entablar una amistad con él. Los primeros días habían sido horrorosos, por Dios, creía que me demandaría por acoso, le seguía a todos lados intentando que me respondiese cuando le preguntaba algo, finalmente he conseguido que me soporte lo suficiente para que no intente echarme de su lado.
Seguimos andando hasta llegar a los jardines de la universidad y nos sentamos bajo un árbol.
-¿Por qué sigues intentando estar conmigo a todas horas?
-¿Tanto te molesto?
-Prefiero no responder a eso-me dijo cerrando los ojos y dejando que el viento le moviera el cabello.
Hermoso.
-¿Por qué estás aquí?-le pregunté-
-Porque tú me has hecho venir.
-Tonto, me refiero a porque estas en esta universidad pareces estar aburrido.
-Mi hermano es profesor.
-¿Eh? ¡¿Tienes un hermano aquí?
-Si el profesor Shurossame.
-Odio a ese profesor, no quiero ofenderte-me apresuré a decir-
-Tranquila yo tampoco le soporto.
Seguí mirándole, era tan misterioso, y yo adoraba lo misterioso, lo inexplicable, desde niña me habían encantado las historias raras, aunque mi abuelo solía exagerarlas, mi querido abuelo -aunque quizás está un poco loco-. Pero eso sí, que me encantara escucharlas no significa que quiera vivirlas, ya que me producen escalofríos.
-Kagome ¿crees en los monstruos?
La pregunta me sorprendió, ¿a qué venía eso?
-Mmm ¿monstruos? No, creo que no. Pienso que son cuentos para niños.
-¿Y en fantasmas?
-En eso sí, pero no me simpatizan…
-¿Y entonces porque no en los monstruos?
-Porque no he visto ninguno-le dije sonriendo, acababa de recordar algo, una historia que me contaba mi abuelo de niña, una historia sobre monstruos.
Inuyasha me miró y sonrío misteriosamente.
-Pues deberías creer-me dijo mientras se levantaba y se iba con su mochila colgada al hombro haciendo un gesto con la mano a modo de despedida.
Un escalofrío me recorrió la espalda y me giré rápidamente, no había nadie…Pero juraría que alguien me había estado observando…
-¿Entonces ya te has ligado al morenazo?
Miré a Rin aburrida, estábamos en la cafetería, en nuestra mesa hablando de nuestras cosas, pero al parecer Sango y Rin se divertían picándome y preguntándome por "el morenazo" o más bien dicho "Inuyasha". Me llevaban preguntando lo mismo desde que empecé a seguirle a todos lados, ¡creían que me había encaprichado de él!
Realmente estaban locas.
-No me lo quiero ligar ¿cuántas veces os lo he dicho?
-Tantas que ya ni hace gracia-respondió Sango- anda cariño búscate una mentira mejor, esa no cuela.
-No miento.
-Haber Kagome, dime con cuantas chicas le has visto.
Me puse a pensar, realmente Inuyasha nunca estaba con ninguna chica, le había visto hablar alguna vez con Miroku y Houjo –parecía caerle mejor Miroku- pero nunca con ninguna chica, bueno salvo yo…
Pero eso es porque le persigo, solo por eso, Sango y Rin me están metiendo ideas raras.
-No me fijo tanto en él-mentí mientras tomaba un sorbo de mi Nestea-
-Ya claro –Rin me envío una mirada divertida-
-Bueno ya que estamos a viernes… ¿qué vamos a hacer esta noche?
Miré a Sango, mi respuesta era más que evidente.
-Dormir, mañana tengo que trabajar.
-¡Aburrida!
-No todas tenemos la matrícula pagada fácilmente.
-¡Yo me la pago sola!
-A mi me la paga la beca.
Era cierto, Sango trabajaba los fines de semana en la empresa de su padre y Rin…Tenía la mejor beca de todas, al tener muy buenas notas se la habían concedido, realmente la envidiaba.
-Venga Kagome vente, yo invito a refrescos.
-¿A refrescos? No yo quiero una copa-le exigí-
-Bueno, vale pero tienes que venir.
-Eso está hecho.
Acordamos la hora y el lugar donde quedar, y nos fuimos cada una a nuestras respectivas clases.
Entré en casa y tiré la mochila bien lejos, libre por fin, al menos por el fin de semana.
Comencé a recoger algunas cosas del suelo, una chaqueta, una bufanda, tenía que aprender a ser más ordenada.
Esa noche podría olvidarme de todo, dejaría de pensar en mi "investigación" sobre los sucesos que ocurren a mi alrededor, todo perfecto, maravilloso, e irreal. La vida no es perfecta ni maravillosa y eso es lo que la hace tan emocionante y real.
-Quizás digan algo de los asesinatos…-encendí el televisor, bingo, hablaban de ello-
-Se han encontrado dos cuerpos, ambos en Tokio cerca del metro. Los dos cadáveres presentan signos de maltratos, como si hubiese sido un animal el que lo hubiera despedazado. Las victimas que ya han sido reconocidas son…
-Dios…-susurré sentándome en el sillón, más muertes, ya iban 4 víctimas-
-Al parecer el asesino puede tener preferencia por las chicas de 19 a 26 años, morenas y de complexión delgada, también…
Apague el televisor temblando, si eso no era una prueba de que algo raro estaba pasando, que me matasen en este mismo momento.
-Seguro que lo de las chicas morenas es una coincidencia, si seguro.
Maldije un segundo después, ¿para qué engañarme? La cosa que estaba matando iba a por mí. Y no tardaría en encontrarme.
Un momento, quizás todo esto es una paranoia de mi cabeza, solo estrés, nada más, seguramente todo son imaginaciones mías, con un poco de suerte tal vez sólo estoy loca.
-Sí, eso es, estoy como una cabra, nada más-me dirigí al baño necesitaba una buena ducha, había quedado a las once en la boutique de ropa frente al parque-
Más tranquila salí de mi casa, las once menos cuarto, iba bien.
Moví un poco el tobillo izquierdo los tacones me matan, pero son tan bonitos, después de mucho pensar decidí ponerme unos pantalones pitillo vaqueros, una camisa marrón y una chaqueta de cuero beige.
Pero tendría haberme puesto mis botas de tacón ancho, no estos molestos zapatos de pitiminí, beige con pequeñas tira que se agarran al tobillo, realmente molestos.
Llegué a la boutique, allí estaba Rin, hablamos animadamente durante unos diez minutos –el tiempo que tardó Sango en llegar-.
Nos dirigimos a el Pub de moda en la ciudad, a la vez que escuchábamos a Sango quejarse de que Miroku la había dejado plantada para ir a por un amigo, realmente a veces me pregunto cómo es que están juntos, pero en cuanto les veo me doy cuenta del por qué.
-No comprendo cómo puede dejarme plantada…
Volví a desconectar no quería escuchar las quejas de Sango, ya no sabía ni que decirle para tranquilizarla. Gracias a Dios llegamos al Pub y la música hizo que Sango tuviese que dejar de hablar.
-Miroku dijo que iban a estar en la mesa del fondo-nos informo Sango-
-Vale.
Esquivando a la gente llegamos hasta la mesa y mis ilusiones de olvidarme de mis problemas se fueron a la mierda.
Ahí estaba él.
Intentando no parecer molesta me senté en una silla a su lado izquierdo.
-Vaya que sorpresa, Inuyasha Taisho tiene vida social.
-Muy graciosa, pero realmente mi vida social existe gracias a Miroku y a ti, realmente les aborrezco.
-Yo también te quiero-le dije dulcemente sonriendo mientras le decía a Sango que copa quería.
-Como para no quererme-dijo arrogantemente bebiendo un sorbo de lo que parecía coca cola-
-¿No bebes alcohol?
-Tengo que conducir.
-¿Tan lejos vives?
-¿Por qué siempre estás haciendo preguntas?
Me encogí de hombros y vi como Sango y Miroku volvían y me entregaban mi bebida.
-¡Hola!
Miré a Rin, me daba miedo cuando irrumpía así de golpe, y más me aterró cuando vi como cogía una silla y se ponía entre Inuyasha y yo.
-Soy Rin y no me preguntes el apellido odio las formalidades
-Inuyasha Taisho.
-¡Oh lo sé! pero Kagome, Sango y yo preferimos llamarte morenazo.
Me atraganté, empecé a toser y dejé la copa sobre la mesa, mi cara estaba rojísima no necesitaba verme en un espejo para saberlo, miré a Inuyasha con miedo y vergüenza él solo me miraba con una ceja levantada.
-¿Morenazo?
-Se lo inventaron ellas –le dije sonrojada- yo siempre digo Inuyasha.
-Mentira ella dice…
Le cubrí la boca a Rin con mi mano, ¡a saber que trola iba a soltar! y no quería pasar más vergüenza.
-Me da igual como me llames enana.
-¿Cómo que enana?
-Tú me llamas morenazo ¿no? Pues yo te llamaré enana.
-Qué bonito ya empiezan los sobrenombres.
Miré a Rin con enfado.
-¡No digas tonterías!-exclamé sonrojada-
El resto de la noche fue relativamente agradable, Inuyasha aparentaba estar a gusto, aunque realmente ese chico nunca parecía totalmente relajado, Sango discutió con Miroku por las mañas de este, Miroku salió con una marca de un arañazo en su mejilla derecha, Rin intento ponerme nerviosa, y yo…
Simplemente disfrute del momento.
-¡Bueno adiós!-me despedí de todos con la mano y me giré, sin hacer caso a las protestas de Sango y Rin de que me fuera sola.
-¿A dónde crees que vas?
Me gire y vi a Inuyasha.
-A mi casa.
-Te acompaño.
-¿Estás intentando saber donde vivo?
Me miró con una expresión neutral.
-Sí, esta noche entrare en tu casa e intentare violarte.
-Bueno al menos eso desharía la teoría de Sango.
-¿Qué teoría?
-Que nadie me violaría nunca. Según ella tengo muy mal carácter.
-Menuda estupidez.
-¿Insinúas que si soy violable?
-Tómalo como un cumplido si quieres.
-Bueno entonces supongo que gracias, aunque creo que eso de que sea violable es algo malo.
Entonces algo llego a mis oídos, un sonido, la risa de Inuyasha, una risa ronca y sensual, no era normal para mí escucharle reír.
-Kagome te aseguro que no es algo bueno.
Parpadeé varias veces él lo había dicho como si fuese algo muy real.
No le pude preguntar nada, habíamos llegado a mi casa y en un tiempo record, él simplemente me empujó hacia la puerta y cuando se aseguró que la había abierto, se despidió con un gesto de la mano y siguió andando por la oscura calle.
-Extraño…
Decidí que ya pensaría sobre su comportamiento por la mañana, ya que a las tres y media de la madrugada no eran horas y menos teniendo que trabajar en unas horas. Simplemente me acosté.
-Mmm...-me giré otra vez sobre la cama y mire la hora las cinco menos cuarto, Dios en dos horas me tenía que levantar, pero ahora tenía sed.
Con torpeza me deslicé de entre las mantas y caminé descalza hasta la cocina, llené un vaso con agua y me lo bebí rápidamente, lo posé sobre el mármol de la cocina y me quede pensando un minuto. Inuyasha me había dicho que él tenía que conducir, pero en cambio me trajo andando hasta a casa, maldito mentiroso, ya le interrogaría el lunes.
-No son horas para ponerme a pensar en tonterías-me dije-
Caminé por el salón hacia mi cuarto, y entonces pise algo mojado.
¿El suelo estaba antes mojado?
Miré hacia abajo, al tener la persiana subida pude ver qué era lo que había pisado.
Sangre.
Roja, caliente, y espesa.
Una gota cayó sobre el charquito que estaba ante mí, lentamente y con miedo moví la cabeza y miré hacia arriba.
Grité.
Y lo que estaba en el techo se tiró sobre mí, haciendo que ambos cayéramos al suelo.
Cubrió mi boca con una mano y con la otra me sujetó.
-Grita y juro que te matare antes de que puedas siquiera pestañear.
Me quede quieta de golpe y miré a mi agresor.
Tenía un largo cabello plateado y lo más impresionante eran esas orejas que tenía sobre la cabeza, no podía ver su rostro por la oscuridad de la noche. Me era vagamente familiar.
Pero lo importante es que ese monstruo estaba sobre mí, y que con un simple movimiento me podría matar, con un solo movimiento…
Me besó.
Por un segundo no supe que hacer, quería gritar, patalear, intentar zafarme de su agarre; pero algo no me dejó, y de forma inconsciente comencé a besarle yo también.
Me besaba de una forma inhumana, saboreándome, tentándome, arrancándome suspiros, pude sentir sus colmillos, sus labios sabían dulces, eran embriagantes, me sentía borracha, él olía condenadamente bien alcé un brazo para tocarle, no pude porque un segundo después…
No estaba.
Me levanté sobresaltada del suelo y encendí las luces, el charco de sangre seguía en el suelo.
Me agarré la cabeza con las dos manos y me senté en el suelo apoyando mi espalda en la pared, sentí mi camiseta mojada y parte de mi pantalón, bajé la mirada y vi horrorizada como estaba llena de sangre.
Pero no era mi sangre.
Era la del monstruo.
Intente subir este cap hace 3 dias pero entre una cosa y otra no pude, muchas gracias a Virginia260 y Smiling girl por sus comentarios
Gracias a todo el mundo que leyó, espero que se animen y comenten; cuanto más comentarios mas feliz soy y antes actualizo ^^
Saludos!
Amnii
