Capítulo 4, listo! Esta vez, sí que lo hice laaaaargo xD ¡Espero que esto tenga suficientes dosis de emoción para todos! ^^
Inazuma Eleven no me pertenece, si no a Level5. En cambio, Ylea y demás personajes ajenos a la serie en la realidad sí lo hacen, tanto como el nombre de algunas técnicas
Eso es todo, ¡lean y diviértanse!
De nuevo era de día y los primeros rayos de sol se colaban por los huecos que dejaban la persiana del cuarto de Ylea. Iba decir buenos días cuando se despertó, pero se acordó de que, ahora, estaba sola. A pesar del incesante y molesto ruido del despertador, no se levantó. Demasiado era que Isa se hubiese ido y encima tuviera que asistir a las clases, por muy rápido que pasara el tiempo; ella sólo tenía la mente para la hora de salir de la escuela y encaminarse hacia el entrenamiento de los Raimon Eleven. Ya no tenía a nadie con quien hablar antes de irse a dormir o en los ratos libres, nadie a quien contar los problemas, nadie con quien sentarse y ver pasar a la gente por el patio... Ylea pensó mejor; ahora tenía a los chicos del equipo, además de Aoi, Akane y Midori y los animales del bosque, pero éstos últimos no contaban. El sonido del despertador le perforó los oídos y se dignó a levantarse y apagarlo. Con gran rapidez, se vistió y aseó, lista para asistir a unas horas infernales de clase.
Por otra parte, Minamisawa hacía ya tiempo que se había levantado. Durante el desayuno había evitado la mirada de sus padres y las preguntas que éstos le hacían sobre la extraña reacción que tuvo la noche pasada.
-Si tan rápido te marchaste a tu cuarto, algo de razón tengo que tener... -Se burló su padre, revolviendo el pelo de su hijo.
-Ya, padre... -Minamisawa apartó la mano de su padre. -Tan sólo me sorprendió tu comentario... Eso es todo.
-¿Y por eso te sonrojaste tanto? -Intervino su madre desde el salón.
-¡Mamá! -Masculló él, con los dientes apretados.
-Como digas... -De nuevo, la voz de su madre desapareció en el salón.
Mientras él terminaba su desayuno, no oyó otra cosa que las risas de su padre y los comentarios que hacía sobre su reacción la noche anterior, las cuales éste las asociaba con los cambios hormonales. Lo único para lo que sirvieron esos comentarios fue para que Minamisawa aumentara (si era posible) su rubor, que intentaba esconder con su cabello, obviamente inútilmente.
-Padre... La he conocido ayer. -Dijo, deslizando la mirada hasta clavarla en los ojos de el hombre que estaba de pie a su lado. -¿Cómo va siquiera a... atraerme por lo más mínimo?
-¿Nunca has pensado en el amor a primera vista?
-No creo en eso. -Minamisawa suspiró. -Es sólo un enamoramiento tonto, algo pasajero... no tiene ninguna base realista...
-Tú hablando siempre tan complicado... Apresúrate o no llegarás a tiempo al colegio.
A regañadientes, Minamisawa se levantó despacio de la mesa, oyendo a lo lejos la débil risa de su madre. Sin pensárselo más, cerró la puerta principal tras de sí y comenzó a andar por las calles.
Pensaba. Realmente, en demasiadas cosas. En lo que debía hacer ese día, en el entrenamiento de ese y sobre todo... una chica de cabello castaño se negaba en rotundo a abandonar su mente. Se mordió el labio inferior, deseando por dios que fuese algo que, en poco tiempo, dejaría de pensar y vería a Ylea como veía a Akane o Aoi. O incluso, como las demás chicas de la Escuela que no tenía interés en hablarles...
Pasó la calle que conducía a la estación. Se paró justo en la esquina, contemplando la calzada con gran interés, aunque en realidad, no había nada que le ayudara a librarse del recuerdo de todo lo sucedido, su no lo contrario; sólo consiguió aumentar la insistencia del pensamiento. Con esfuerzo, dejó aquella calle para irse a su escuela. Llegó allí en pocos minutos, y cuando miró la hora, descubrió que no habían pasado más de diez minutos desde que salió de su casa.
Ylea descubrió con asombro que llegaba la primera a la clase. Bueno, la segunda, pues la profesora ya estaba allí, sentada en su mesa y corrigiendo algunos papeles de cursos superiores. Nada más verla, la chica sonrió; se trataba de Marie Bielik, la profesora de Biología y proveniente de Polonia; su cabello dorado y sus ojos azules verdosos eran sinceros e inigualablemente amables. Para Ylea, había sido como un familiar en quien confiar... casi como la madre que nunca tuvo.
-Buenos días, Marie-chan. -Saludó.
La joven mujer levantó la vista y sonrió, claramente feliz de verla.
-Buenos días, Ylea... -Qué temprano has venido hoy.
-Juré que era la misma hora que todos los días... -Rió la chica castaña, haciendo reír también a su profesora.
Durante varios minutos estuvieron hablando y compadeciéndose de la marcha de Isabelle, además de que Marie adelantó a Ylea que pronto tendría a alguien nuevo con quien compartir cuarto.
-¿Deseas ser adoptada, Ylea? -Preguntó de repente Marie.
Aquella pregunta pilló desprevenida a Ylea, pero rápidamente contestó:
-¡Por supuesto! ¡Quiero tener una familia, como la mayoría de los niños! -Luego, su tono de voz adquirió algo más de tristeza. -Quiero tener una mamá y un papá que me cuiden y yo cuidarles a ellos... es lo que hacen todos los niños... Isa tiene suerte de haber encontrado una familia tan buena.
Marie guardó silencio y buscó algo entre su cartera de trabajo. Hizo entrega de una llave a Ylea.
-¿Podrías ir al departamento de profesores y traerme mi carpeta? Me la he olvidado... te lo agradecería mucho.
-¡Claro! -Ylea salió corriendo por la puerta, con la llave en la mano derecha.
Cuando la chica se esfumó de la sala, Marie quitó un papel que cubría otro, cuyo título era: HOJA DE ADOPCIÓN. Suspiró y se apresuró a escribir su nombre y el de Ylea Hiroshi, para luego seguir marcando las diferentes opciones que daba la hoja.
-"Si tanto desea tener una familia..." -La mujer sonrió para sí misma, mientras pensaba a la vez que escribía. -"...y yo deseo una hija... ¿Por qué no?"
Las clases se hicieron largas, tanto para Minamisawa como para Ylea. El primero no dejaba de maldecir a su profesor de matemáticas por poner ecuaciones con incógnita "y" y no ayudarle a olvidar el pesado recuerdo de cierta chica castaña. Por su parte, ésta no dejaba de mirar el reloj, esperando incansables segundos y escuchando las explicaciones de la profesora Bielik.
La campana sonó y, como si de un atleta se tratara, Ylea se escabulló por los pasillos con gran agilidad y velocidad. Observó, con horror, cómo el tiempo corría en su contra para coger el tren que le llevaría los kilómetros necesarios para ver por fin a los chicos de Raimon.
-¿Vendrá, cierto? -Preguntó Aoi a Tenma, el cual estaba calentando para empezar el entrenamiento.
-Dijo que sí... -Luego, el pelicastaño se giró hacia Minamisawa, que acababa de llegar. -¡Eh, Minamisawa! ¿Sabes si Ylea vendrá hoy?
¡¿Incluso sus compañeros se lo preguntaban? ¿Acaso se habían unido todos para hacer que no la olvidase?
-No lo sé... -Masculló. -Dijo que sí, pero yo no soy ella y no sé lo que hará... Tampoco es que me interese demasiado lo que haga... ¡La acabáis de conocer ayer y ya habláis de ella como si fuese alguien de toda la vida!
De repente, todas las miradas se centraron en él.
-¿Estás seguro, Minamisawa? -Insinuó Kariya.
-¿De verdad que no te importa lo que haga Ylea? -Intervino Hamano.
-¿No te importaría que se fuese... no sé... con otras personas "no deseadas"? -Incluyó Shinsuke.
-¡Desde luego que no, así que callaos! ¡No me importaría que...!
-¿No te importaría qué, Minamisawa-kun?
El mencionado se giró y calló al ver a una jadeante Ylea tras de sí. La cinta azul que adornaba su cabello hoy estaba inclinada hacia un lado debido a la carrera que la chica había hecho desde la estación hasta el campo. Todo el resto del equipo empezó a murmurar y a especular sobre lo que Minamisawa contestaría. El chico se aclaró la garganta.
-No me importaría que... te cambiases de escuela y vinieras a Raimon. A todo el mundo le caes bien.
Todo Raimon tuvo que aguantar la risa mirando hacia otro lado; estaba claro: ¡Alguien había sufrido los efectos de una presencia femenina!
-¿En serio pensáis eso? ¡Nya! -Ylea se lanzó al cuello de Minamisawa, abrazándolo con gran alegría. -¡Algún día pienso venir a estudiar aquí, no importa qué!
De repente, todos callaron. La chica los miró a todos y dijo, sin más:
-¿Qué?
-Ylea... -Murmuró Minamisawa, completamente ruborizado y dando unos golpecitos a los brazos de ella. Inmediatamente, Ylea le soltó, avergonzada.
-Disculpa... -Intentó proferir una excusa, pero no salía ninguna palabra que pudiera poner un pretexto para su repentina acción. Una mano se posó en su hombro: era Midori.
-¿Qué tal si dejamos al equipo entrenar tranquilo? -La pelirroja sonrió pícaramente.
Desde que empezó el entrenamiento hasta casi su fin, nadie se había percatado de que, dos personas les miraban desde lejos.
-¿Nos vamos ya señorita? -Preguntó un señor mayor, cuyo rostro estaba surcado de arrugas y el pelo canoso revelaban su edad. Sonreía dulcemente a una niña que rondaría la edad de todos los integrantes del equipo, la cual miraba el partido con atención. -Debemos irnos ya... creo que lloverá. -Comentó, mirando el cielo.
-Sí, Tei-sama... -Dijo, levantando ligeramente el ala del sombrero que llevaba puesto para mirarle con ojos de color almendra. Centró su atención en Ylea. -¿Se parece a mí, verdad? -Finalizó, mientras cogía de nuevo la mano del anciano señor y éste la sacaba de allí.
Un trueno resonó por lo lejos, haciendo que los chicos pararan de entrenar.
-¿Oíste eso? -Preguntó Akane a Shindou, que paró su balón con el pie.
-Sí... y mucho me temo que lloverá.
Nada más acabar de decir esto, comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia. De momento, era una llovizna ligera, así que a todos les dio tiempo de recoger las cosas.
-El entrenamiento queda anulado. -Sentenció el entrenador Endou.
Ylea apenas tuvo tiempo de despedirse de todos, pues si tardaba mucho en irse a la estación, perdería el tren y acabaría empapada... por no contar el camino por en medio del bosque hasta la escuela, que estaría totalmente embarrado. Cuando se disponía a salir por la valla del colegio, algo que parecía una chaqueta cayó sobre su cabeza, resguardándola de la lluvia.
-Quédate con esto... al menos, no te mojarás.
La voz que tan familiar le resultaba no pertenecía a otro que Minamisawa. Esta allí a su lado, parado bajo la lluvia y mirándola, como si las gotas de agua no existieran. Aunque sabía que él lo había hecho para que no acabara mojada, no podía ver cómo su amigo también era rociado por el agua. Ylea cubrió tanto su cabeza como la de Minamisawa con la chaqueta.
-No pienso dejar que te mojes tampoco...
Se sonrieron, mirándose.
-Te acompaño a la estación entonces.
Ella asintió, feliz de no realizar el trayecto sola.
¡Alabado sea Dios! DX ¡Por fin lo terminé! Creí que no salía viva de esta ~~ En fin, espero que les haya gustado... ¡Necesito nombre para la chica misteriosa! ¿Me ayudarán? Espero que sí x3 ¡Aguarden al Capítulo 5!
