Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, y perdón mil veces más T_T he sido una mala persona al no escribir en tanto tiempo pero el instituto apenas me ha dejado tiempo con tantos exámenes…
Agradezco a todos que han esperado… aquí tienen su merecido cap.
Inazuma Eleven no me pertenece, si no a Level5. En cambio, Ylea y demás personajes ajenos a la serie en la realidad sí lo hacen, tanto como el nombre de algunas técnicas
Eso es todo, ¡lean y diviértanse!
La joven que observó el entrenamiento antes de que la lluvia cayese sobre el campo, fue recibida con alegría en aquella enorme casa de campo, situada a pocos kilómetros de allí. El señor mayor que la acompañaba, Tei Hizowara, desapareció pronto por el vestíbulo y fue a avisar a los padres de la niña que tanto se asemejaba a Ylea.
Nada más terminar de colgar su sombrero, de una gran puerta que quedaba al fondo del corredor, una mujer (claramente la madre de la joven) se lanzó a recibirla. Eran tan similares en físico, que quedaba claro su parentesco.
-¡Haru! –Exclamó, fundiéndola en un abrazo. -¿Cómo has sido tan imprudente de salir con esta lluvia?
-Fui con Hizowara-san…–Haru arrugó la nariz, mirando a un lado del vestíbulo.
La mujer hizo desaparecer su sonrisa, al recibir la fría respuesta de su hija.
-¿Qué te sucede? –Preguntó. La chica de cabello rizado apartó a su madre.
-Nada mamá. Me gusta esta nueva ciudad.
-Eso está bien… Esperamos que tu nuevo colegio te guste. Y ad…
-¿Crees que mi gemela perdida puede estar aquí? –Interrumpió Haru, con una sonrisa de esperanza. Su madre palideció de pronto, recordando los engaños de los médicos cuando les dijeron que una de sus hijas había fallecido en el parto.
-Lo dudo, cielo. Lo más probable es que esté muy lejos de aquí…
-¿Y si la encontrase por un remoto casual? –La niña tuvo muy en cuenta que alguien tan parecido a ella podía ser una coincidencia, pero… ¿Por qué no? Estaba segura de haberla encontrado.
-Escuela Riverside-
En otro lugar, a varios kilómetros de allí, el director de la Escuela/orfanato Riverside, miraba con una expresión seria unos informes que acababa de recibir. No acababa de acertar unas cuentas cuando alguien llamó a la puerta y al levantar la vista, vio a Marie Bielik entrar por ella. Sin intercambiar una sola palabra, le plantó una hoja encima de la mesa. Se la veía tensa y nerviosa. Lentamente, el director cogió las hojas y las examinó. Sin poder evitarlo, la sombra de la sonrisa tiró hacia arriba de las comisuras de sus labios.
-¿De verdad quieres hacerlo, Bielik? –Dijo, con voz apagada pero feliz. Marie asintió, con los ojos verdes centelleando. -¿La quieres? –Preguntó de nuevo.
-Como una hija, señor.
El director sonrió y con un sello, estampó un APROBADO en la hoja de adopción.
-Pasa a recoger a Hiroshi cuando quieras y llévatela a casa… -Sentenció el director, guardando la hoja.
Marie hizo una pronunciada reverencia, dando las gracias y yéndose de allí lo más rápido que pudo, sin acertar a contener la emoción.
-Habitaciones del Ala Oeste-
Apenas en cuanto llegó y se quitó la chaqueta de Minamisawa de la cabeza, Ylea sacudió la cabeza, mojando todo con ligeras gotitas de agua. Suspiró y miró afuera, con cara de evidente fastidio.
-¡Maldita lluvia! –Exclamó, apretando la chaqueta mojada contra su pecho. -¡Me has separado de los chicos! ¬¬" ¡Me has separado de M…!
Se mordió la lengua, literalmente, cuando se dio cuenta de que todo lo que estaba diciendo lo pregonaba a los cuatro vientos y el sentido del mensaje. Enrojeció ella sola, bajando la cabeza. Hasta ahora, se había reído de lo tontitas que se volvían las chicas del colegio cuando se enamoraban, pero jamás pensó que tendría que verse en una situación así. Salió de su trance cuando su móvil, heredado de las chicas más mayores del centro, que iban cambiando cada poco de celular, recibió un mensaje. De Aoi.
-¿Qué querrá?
"Su número" Decía el mensaje, acompañado de lo que parecía un número de teléfono. Le pareció extraño. Ylea pensó que se habría equivocado y esperó a ver si recibía una réplica de su amiga peliazul, pero no hubo nada en los siguientes diez minutos. Seguía con el teléfono en la mano, y la chaqueta en la otra, mirándolos alternativamente.
-¿Podría ser que…?-Pensó de repente, saltando como un muelle de la silla en la que se había sentado. Le daba cierto… ¿miedo? No, quizás fuese nerviosismo llamar a aquel número. Comenzó a teclear, despacio, como si no conociese los números del teclado. Cuando hubo iniciado la llamada, se llevó una mano a la cara, tapándose la boca y con el corazón a cien.
-¿Quién es…?
Contestó una voz, claramente aburrida. La reconoció, pero no respondió hasta que la voz volvió a preguntar.
-¿Hay alguien?
-¡Ylea! –Rió, pero calló cuando escuchó un fuerte golpe a través del auricular. -¿Minamisawa? ¿Estás bien?
-¡Tan sólo me he caído de la silla! ¡Literalmente! ¿Cómo es que llamas tú?
-Aoi me dio tu número.
-¿Cuándo? –Preguntó Minamisawa, agradecido de que ella no pudiera ver su expresión completamente sonrojada.
-Hace unos diez minutos, creo ^^"
-Qué… bien ¿no? –Rió levemente, recobrando el mismo tono de siempre. -¿Llegaste mojada a casa?
-Bueno… tu chaqueta se mojó más que yo, la verdad. –Ambos rieron a la vez. Luego, Ylea resopló.
-¿Qué te pasa? –Se oyó por el auricular cómo repiqueteaba el lápiz contra la mesa.
-Tendría que hacer deberes… pero me resulta imposible. Soy demasiado vaga.
-Puedo ayudarte… -Se ofreció, sonriendo, aún sabiendo que ella no podía verle. –Si quieres, claro…
De repente, el corazón de Ylea se encabritó como un caballo joven. Sin apenas darse cuenta, se encontró respirando a un ritmo frenético. ¿Por qué su tono le había sonado tan sugerente? Sacudió la cabeza y apartó el teléfono de ella, esperando a calmarse. Temblaba de manos a pies, y apenas podía mantenerse quiera en la silla.
-Hey, ¿estás ahí?
De nuevo, la voz de Minamisawa la sacó de su estado de atontamiento.
-Perdona… me he mareado. –Mintió.
-Entonces, ¿quieres ayuda?
-No gracias… presiento que no conseguiría hacer la tarea incluso con tu maravillosa ayuda.
Justo para su salvación, llamaron a la puerta.
-Tengo que dejarte… Alguien me llama a la puerta. –Finalizó, dando tiempo al pelivioleta a recuperarse de un subidón de sangre a sus mejillas. –Hasta luego.
Una breve despedida. Muy corta, en su opinión. Ylea se levantó y fue a abrir la puerta. En frente suya se encontraba Marie, su profesora de Biología. Parecía eufórica y en cualquier momento daba la sensación de ir a desmayarse.
-¿Qué sucede, Marie-sempai? –Exclamó preocupada la niña castaña. Comprobó que a Marie también le temblaban las piernas.
-Recoge todo tu cuarto. –Logró balbucear.
-¿Por qué, si puedo preguntar?
La profesora rubia clavó los ojos en los de Ylea, dejando escapar una enorme sonrisa.
-Te vienes conmigo. A vivir. Considera que éste es tu regalo de cumpleaños… una adopción.
Ylea se quedó allí, mirándola. ¿Lo decía en serio? Su boca se abrió para articular algún sonido, pero no pudo más que pegar un enorme grito y echarse a abrazar a Marie. Hablaba atropelladamente, y pareció que estuviese hablando en otro idioma.
-Ya, ya… -Marie acarició la cabeza de Ylea. –Te ayudo a recoger tus cosas, pero tranquila…
La mencionada levantó la cabeza. Marie sólo sacaba a Ylea unos escasos centímetros. Notó cómo su, ahora, hija, estaba llorando. Incluso ella se echó a llorar cuando pronunció.
-¿Puedo llamarte mamá?
-Mucho más tarde-
Le resultaba imposible creérselo. Ya no le importaba mojarse. Bajo la lluvia, subía al maletero la única maleta que se llevaba a su nuevo hogar, con todas sus pertenencias de hacía 14 años. Incluyendo la chaqueta de Minamisawa, su bolsa apenas pesaría kilo y medio. Marie la esperaba dentro del coche. Mientras estaban haciendo la maleta, su nueva madre le había contado todo sobre su nueva vida. Ella vivía sola, aunque la acompañaba una gata negra llamada Tambria. Ylea adoraba a los animales, así que no vio ningún prejuicio. Subió al coche lo más rápido que pudo, sin dejar de sonreír a Marie y moverse en el asiento.
-¿No vas a llamar a tu amiguito y contárselo? –Soltó de repente, riéndose, su "madre".
-¿Quién? –Preguntó, de manera retórica.
-Ese con quien hablabas… antes de que entrara.
-No es nadie. –Enrojeció sin querer.
-Ya… -Soltó unas palabrejas en polaco y volvió a mirarla. –No me engañas, hijita. ¿Cómo es…? Espera… es alto, guapo, saca buenas notas… practica algún deporte ¿verdad?
-¡MAMÁ! –Estalló, completamente teñida de color rojo.
-Acerté… -Marie empezó a reírse y puso el coche en marcha, aguantando las quejas de Ylea durante todo el camino.
Ruego disculpas de nuevo T_T Merezco ser golpeada, atomatada o bateada… como quieran… No prometo nada, pero intentaré tener pronto el capi 6!
Se despide, Love-chan :D O Ale-chan, como quieran x3
